Por la noche Caroline no quiso quedarse en su propia casa, completamente triste, asaltada por el recuerdo de su madre. Stefan se había ofrecido a quedarse en su casa como lo había hecho incontables veces a lo largo del último año, pero fue ella quien negándose había preferido quedarse en la mansión Salvatore.
Fue ella también quien había decidido quedarse en la habitación de Stefan y le había pedido que se quedara con ella. Él la había abrazado en la obscuridad, sólo interrumpida por las luces navideñas que adornaban el exterior y gracias a las cuales podía observar la piel pálida de Caroline quien aquella noche había vuelto a llorar sobre su pecho.
Él la aferró con fuerza durante un tiempo que le pareció indefinido mientras ella se acomodaba entre sus brazos. Él limpió las lágrimas de su rostro, mirándola fijamente, recordando en un segundo cientos de momentos. Pensó en la primera vez que había tomado su rostro de esa forma y la había mirado directamente. Había sido cuando le había dicho cómo controlar su ansiedad de sangre y serenar su rostro, hacía tantos años ya.
De alguna forma supo que Caroline pensaba en exactamente lo mismo. Y entonces ella se acercó a el y lo besó. Simplemente rozó con suavidad sus labios y casi de inmediato se separó. Pero él no pudo evitar romper esa pequeña distancia y esta vez fue él quien la besó.
