Card Captors Sakura pertenece a Clamp.
Primero que nada quiero pedirles una disculpa por todo el tiempo que tarde en actualizar. No quiero poner escusas, pero por una u otra cosa me había sido imposible hacerlo. Bueno este capítulo se supone que debería ser el último, pero quedo un poco largo, así que decidí dividirlo. Si todo sale como lo espero (y si no vuelvo a alargarme más de la cuenta) en unos días podrán leer el último capítulo. Ténganme un poco de paciencia por favor. De igual forma, no quiero perder la oportunidad de agradecer a todas las personas que han seguido la historia. Muchas gracias y espero no defraudarlos con el final (siento que es una gran responsabilidad haha). Gracias por su paciencia, por sus reviews y por todas sus muestras de cariño. Espero que disfruten este capítulo y nos leemos pronto.
11. Emboscada
Era media noche y el frío que se sentía en la ciudad indicaba que pronto llegaría el invierno. El cielo estaba completamente obscuro, ni una sola estrella podía verse en el firmamento. Sin embargo, el frío, la obscuridad y los fuertes vientos que se sentían a esas horas de la noche no parecían molestar a los soldados que se arremolinaban en las calles para tomar y festejar sus últimos días de libertad. Todos ellos sabían que en unos días se verían obligados a partir en la guerra sin la certeza de si volverían de ella o no, es por esto que estaban empeñados en disfrutar al máximo, los que podrían ser, sus últimos días de vida.
Un soldado, envuelto en capa roja caminaba por las calles intentando esquivar a los borrachos que con mucho esfuerzo, luchaban por mantenerse en pie. Caminaba muy aprisa. Hacía más de una hora que había quedado con unos amigos en una taberna no muy lejos del castillo del rey. A pesar de sus esfuerzos, le había resultado imposible librarse de sus deberes antes, así que esperaba con todas sus fuerzas que sus amigos aun continuaran en el lugar predicho. Giró en una pequeña calle empedrada a la derecha y continúo caminando derecho unos metros más hasta que finalmente llegó a su destino. Al entrar a la taberna su sorpresa fue grande al darse cuenta que, a diferencia del resto de los locales en la ciudad, aquel lugar se encontraba casi vacío. Un grupo de tres hombres ocupaban una mesa al centro del local. Era más que obvio que llevaban un buen rato tomando. Por el otro lado, en una esquina de la taberna se encontraba sentado entre las sombras, un hombre solitario el cual llevaba puesta una capa negra y una capucha que cubría su cabeza, lo cual hacia casi imposible observar su rostro. Comía lentamente un pedazo de carne que, para ser sinceros, se veía muy poco apetitosa. Cerca de su mano derecha había un tarro de madera, el cual seguramente contenía cerveza. Aquel hombre se veía tan tranquilo, ignorando por completo el ruido que hacían los hombres que se encantaban a unos cuantos metros de él. El soldado sintió una extraña curiosidad por aquel hombre: ¿Quién era? ¿De dónde venía? ¿Por qué estaba solo? ¿Era acaso un soldado? Si era así, ¿Por qué no estaba festejando como lo hacía el resto de ellos?
De pronto una voz interrumpió sus pensamientos. Uno de los hombres que se encontraban sentados en la mesa del centro lo estaba llamando casi a gritos.
-¡Hey Takumi!, ¡Por aquí! Llegas tarde, pensamos que ya no vendrías.
-Lo lamento- respondió el soldado acercándose a la mesa de sus amigos olvidándose por completo del misterioso hombre.- Pero tenía que arreglar unas cosas antes de la guerra. En estos momentos las cosas en el castillo están muy revueltas.
-Claro, debe ser difícil ser uno de los allegados del rey – dijo uno de los hombres con una mezcla de sarcasmo y broma.
-Tienes razón- continuó otro de los hombres en la mesa- con todos los privilegios que tienes, pobre de ti- una vez dicho esto el hombre empezó a reír mientras intentaba dar un largo trago a la cerveza.
-Ustedes saben a la perfección que es cercano al rey es el esposo de mi hermana- respondió Takumi mientras hacia una señal al dueño de la taberna para que le trajera un tarro y más cerveza.- yo solo ayudo a mi cuñado en algunas cosas.
-Tienes razón- respondió uno de los hombres- tu cuñado es el importante, tu solo haces su trabajo sucio. – ante estas palabras los tres amigos de Takumi empezaron a reír.
-En lugar de tu hermana, creo que tu eres el que debió haberse casado con él- comento otro de los soldados de la mesa. – siempre estrás tras de él, como un perro faldero- las risas volvieron a estallar en la mesa.
Takumi estaba empezando a ponerse rojo de furia. Detestaba que sus amigos se burlaran de él, pero en cierta forma sabía que tenían razón. Su cuñado, uno de los generales del rey Tetsu, siempre le pedía que lo ayudara con el papeleo y organización del ejército, pero al momento de repartir la gloria y fortuna, a él nunca le tocaba nada. ¿Entonces por qué seguía haciéndolo? Porque a pesar de todo, aquel trabajo tenía sus ventajas, y la más importante de todas era que estaba dentro del catillo y cerca del rey Tetsu. Takumi guardaba la esperanza de que cualquier día el rey se percatara de su habilidad para la guerra y lo ascendiera de puesto, como había ocurrido con su cuñado. Sin embargo ya habían pasado años desde que trabajaba dentro del castillo y aun no había logrado ni siquiera ver al rey en persona. Takumi se sentía completamente frustrado, y la cosa empeoraba en situaciones como aquella en la que sus supuestos amigos lo bombardeaban con verdades incomodas y burlas que no lograba soportar. Sin embargo Takumi se consolaba pensando que lo que él tenía era mejor que lo que tenía cualquiera de sus amigos. Lo que él tenía era información. Estando cerca del castillo le permitía a Takumi enterarse de las decisiones del rey antes que el resto del reino. De igual forma, en algunas ocasiones su cuñado, quien estaba perfectamente consciente de las habilidades militares de Takumi, le contaba algunos planes y estrategias para saber su opinión y posteriormente hacer pasar las ideas como suyas ante el rey. En realidad, en aquella ocasión Takumi tenía en su posición información muy importante y, según la había dicho el esposo de su hermana, clasificada. Tenía tantos deseos de contárselo a sus amigos, mostrarles que no era tan inútil como ellos pensaban, hacerles ver que a pesar de su patética situación, él seguía entando mejor posicionado que ellos, a tal punto de conocer secretos reales. Sin embargo algo en su interior le decía que no lo hiciera, si aquello llegaba a saberse podría significar el fracaso de la guerra y sobre todo su propia muerte. No, Takumi no podía contar lo que sabía. Era demasiado peligroso. Sin embargo eso no impedía que pudiera presumir un poco, claro, sin llegar a contar nada comprometedor.
-Búrlense todo lo que quieran, saben que a pesar de todo mi situación en mil veces mejor que la suya. Ustedes son simples soldados y nunca tendrán la posibilidad de llegar a más, en cambió yo…figúrense que mi posición dentro del palacio ha mejorado tanto que he sido capaz de conocer el pequeño secreto del rey Tetsu en esta guerra.
-¿Secreto? ¿Qué secreto?- pregunto uno de los soldados en la mesa.
-Uno que hará que esta guerra contra el rey Li no sea más que un juego de niños. – contesto Takumi- Es más si quieren apostamos cuanto durara. Yo digo que un mes cuando mucho.
-¿Un mes? – Preguntó otro de los amigos de Takumi- ninguna guerra puede durar un mes, ni siquiera con la mejor estrategia.
-Esta si lo hará. – Respondió Takumi altaneramente- Es solo para que se den una idea de lo importante que es la información que conozco.
-¿De qué se trata Takumi? Cuéntanos que es lo que sabes. Somos tus amigos.
-No puedo- dijo Takumi tras soltar una sonora carcajada- es información confidencial
-Anda Takumi, cuéntanos, sabes que puedes confiar en nosotros- insistió el hombre
-Ya déjalo Kaito – dijo el hombre sentado a la derecha de Takumi- que no te das cuenta que Takumi no sabe nada, solo esta alardeando. Intenta hacerse el interesante, pero la verdad es que no es más que un pobre diablo igual que nosotros.
-Eso no es verdad- dijo Takumi sintiendo como la rabia se volvía a apoderar de su ser. – yo sé algo que ustedes no, algo muy importante para esta guerra. Algo que cambiara en curso de la historia.
-Y si lo sabes ¿Por qué no nos lo cuentas?
-Yo… ya les dije que no puedo. – Respondió Takumi.- Si esto llega a saberse…
-Nosotros no le contaremos a nadie.- respondió uno de los soldados muy ansioso.
-Pero…- Takumi no sabía qué hacer. Sus amigos no le creerían hasta que les contara lo que sabía. Miro fijamente a cada uno de ellos. Los conocía desde hacía años. Se habían acompañado durante innumerables entrenamientos y batallas. ¿Qué daño podría hacer contarles lo que sabía? Estaba seguro que ellos no contarían nada, después de todo ellos también querían que la guerra terminara lo antes posible. – Esta bien, se los diré. Pero la información no puede salir de estas cuatro paredes.- Los tres hombres alrededor de Takumi asintieron.
-Pues resulta- empezó a contar Takumi- que hace unos días una mujer fue a visitar al rey Tetsu, y según parece, esta mujer había vivido en el castillo del rey Li, era una sirvienta o algo así. Bueno la cosa es que esta mujer estaba muy enojada por algo que le había hecho su rey, así que decidió robar unos papeles que contenían las estrategias de guerra del ejército de Li y se las entrego a nuestro rey como venganza.
-¿Quieres decir que el rey Tetsu conoce todos los movimientos de nuestros enemigos?- interrumpió uno de los amigos de Takumi.
-Así es – dijo el joven soldado. –Es por eso que esta guerra la tenemos prácticamente ganada. Con esa información es prácticamente imposible perder. A decir verdad, en tres días el ejército del rey Li partirá con la mitad de su ejército a las planicies del sur. Ahí se reunirá con uno de sus generales, Yamazaki y el resto de su ejército, el cual se encuentra en la costa. Después todos juntos emprenderán camino rumbo al paso de Taiyo y es ahí donde el rey Tetsu planeo una emboscada. Como ellos no esperan nada de esto, deberá ser muy sencillo vencerlos y capturar a Li. Una vez con el ejército destruido, tomar el reino será cosa fácil, sobre todo si su rey está muerto.
-Vaya, en ese caso, será muy sencillo- dijo uno de los amigos de Takumi- Esta de verdad que es información importante.
-Se los dije- contesto Takumi sintiéndose orgulloso de sí mismo.
-¿Y esa mujer que trajo la información quien era?
-No sé, lo único- respondió nuevamente el soldado. Le encantaba que la intención se centrara en él. – que oí decir es que trabajaba en el castillo y que…
El hombre en la esquina no pudo escuchar más. Ya había terminado su cena y no tenía ningún caso quedarse en aquella taberna. Después de todo había sido una buena idea ir a comer a aquel lugar; el mal sabor de la carne había sido compensado por la interesante charla que había logrado oír entre los amigos. Saco de entre sus ropas unas cuantas monedas de plata y las coloco sobre la mesa. Acomodo su capa y se levanto de la mesa sin hacer ruido, no quería interrumpir la animada discusión que los hombres estaban tendiendo sobre la identidad de la mujer que había entregado los papeles. Camino unos pasos y salió de la taberna. ¿Así que Shaoran había sido tan idiota como para perder unos papeles tan importantes? Respiró hondamente dejando que el frío aire de la noche llenara sus pulmones. Empezó a caminar por la calle desierta sin un rumbo fijo, dejando que sus ideas lo inundaran. Aquel hombre… el tal Takumi tenía razón. El reino de Li y el mismo Shaoran estaban perdidos. Tetsu ganaría aquella guerra rápidamente, no había oportunidad, nada que hacer…nada.
El hombre se detuvo en seco a mitad de la calle. Una ligera sonrisa se dibujo en sus labios. Era el momento de saldar una cuenta que tenía pendiente con Shaoran Li.
….
Sakura estaba en la sala observando cómo su marido iba de un lado a otro del palacio, terminando de arreglar todos los preparativos para su partida. La vida era muy injusta, apenas unos días atrás había recuperado la memoria y ahora tenía que despedirse de Shaoran sin saber cuándo lo volvería a ver.
-Bien, ya está todo listo. – dijo el rey después de un rato de estar caminando alrededor del castillo. – Es momento de que me vaya- dijo sin dirigirse a nadie en especifico.
Shaoran caminó unos pasos más y se coloco frente a Sakura. Ella tenía la cabeza gacha, mirando al piso. Shaoran tomó delicadamente su rostro con su mano derecha lo cual obligo a la princesa a mirarlo a los ojos.
-¿Por qué tienes que ir tú?- pregunto la princesa con una voz tan suave que muy apenas pudo ser oída por su marido.
-Sakura, tengo que ir. Es mi deber como rey. No puedo pedirle al pueblo que luche por el reino si yo mismo no voy a la guerra a luchar por él.
-Lo sé. – dijo Sakura tras un suspiro. – Pero es que tengo miedo de perderte.
-Eso no pasara. Tengo mucho porque luchar, mucho por que vivir- tras estas palabras Shaoran deposito un suave y tierno beso en los labios de su mujer.
-Prométeme que volverás a mí. – dijo la joven una vez terminado el beso.
-Te lo prometo.- dijo Shaoran. A pesar de la seguridad que aparentaba en el exterior, Shaoran también tenía miedo, un miedo terrible de no poder llegar a cumplir la promesa recién hecha. – Bueno, será mejor que me marche de una vez, de lo contrario no alcanzare a llegar a tiempo a las planicies del sur.
-¿Es ahí donde te reunirás con el capitán Yamazaki? – pregunto Sakura
-Así es querida y de ahí partiremos al paso Taiyo, así que si no llego a tiempo, todos nuestros planes se verán afectados.
-Está bien – posteriormente Sakura se levanto en puntillas y dio un último beso a su marido antes de tener que verlo partir rumbo a la guerra.
….
Los bosques de sur del reino de Tetsu se caracterizaban por dos cosas. La primera de ellas era el terrible frío que llenaba cada rincón y que se veía intensificado por la caída de indescriptibles nevadas y la segunda era lo engañoso y peligroso que podía llegar a ser el terreno para aquellas personas que no lo conocían bien. Muchos valientes exploradores que habían intentado demostrar su hombría decidían internarse en aquellos bosques, sin embargo eran pocos los que lograban salir de ahí y ganar la gloria que habían buscado inicialmente. Aquel lugar montañoso tenía precipicios, peñascos y otra gran variedad de trapas naturales las cuales habían convertido aquel lugar en el escondite perfecto para bandidos. Muchos hombres que se veían perseguidos por la ley se internaban en aquel bosque donde fácilmente podían encontrar una cueva y adoptarla como un hogar. Estos hombres aprendían a vivir en las difíciles condiciones que presentaba el bosque. Aprendían a encontrar alimento, a defenderse de los animales peligrosos que habitaban ahí y a burlar las trampas que curiosamente la naturaleza había colocado en aquel lugar. En una de las tantas cuevas que había en este bosque se encontraba un hombre con una capa negra que cubría su cabeza. Este hombre relataba a un grupo de amigos su reciente visita a la ciudad y sobre todo, la curiosa conversación que había llegado a oír en una taberna donde se había detenido a cenar.
-Y eso es lo que aquel hombre estaba contando a su grupo de amigos. – terminó por decir el misterioso hombre de entre las sombras. – Es por eso que quería saber si podía contar con ustedes para ejecutar el plan que llevo en mente.
-Hermano- dijo uno de los hombres presentes en la reunión. – tu salvaste mi vida en una ocasión. Sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites. Y estoy seguro que todos los aquí presentes piensan lo mismo que yo.
Un gran grito de afirmación se oyó entre los presentes.
-Bien- dijo en hombre de de las sombras al grupo que estaba conformado por no más de 10 personas.- Gracias
-Pero, entonces ¿Cuál es tu plan?- preguntó el hombre que anteriormente había demostrado valientemente su apoyo incondicional
-Bueno Soma, necesitaremos formar dos grupos. El primero de ellos de encargara de Yamazaki. Si aquel soldado tenía razón y el general se encuentra en las costas, necesitará el puente de Ogota para llegar a las planicies en las que se reunirá con Li. La tarea de este primer grupo será destruir el puente Ogota, quemarlo sería lo más sencillo. Sin el puente, el ejército comandado por Yamazaki tendrá que rodear el río y tardará cinco días más de lo planeado para llegar a las planicies. El segundo grupo se encargara de Shaoran.
-Y supongo que tu serás parte de ese segundo grupo ¿no es así?- preguntó Soma sabiendo de antemano cual sería la respuesta.
-Por supuesto. – Contesto el hombre
-Entonces yo iré contigo en ese segundo grupo. – dijo Soma decididamente. Tras obtener una afirmación por parte de su amigo, el joven continuó hablando- Creo que para ejecutar tu plan necesitaremos más personas. Tal vez los grupos vecinos estén dispuestos a ayudarnos.
-Tienes razón, tal vez sea buena idea, entre más personas mejor.
-Entonces hermano, ya está decidido- dijó Soma mientras estrechaba la mano de su amigo. – partiremos rumbo a las planicies del sur.
….
El sol empezaba a ponerse cuando Shaoran y su ejército llegaron a la planicie esperada. Tras varios días cabalgando, finalmente había sido capaz de llegar y a pesar de que se ejercito estaba exhausto, el rey se sentía aliviado de saber que Yamazaki aun no llegaba a su encuentro; aquello le daría un día más para permitir que sus hombres descansaran antes de llevar a cabo el resto de su plan.
-Señor- dijo uno de los soldados, - lamento interrumpirlo, pero el ejército espera sus órdenes.
-Si claro, diles que empiecen a acampar. Nos quedaremos aquí hasta que el General Yamazaki llegue con el resto del ejército.
-Sí Señor, así lo hare.
Mientras el soldado se alejaba Shaoran descendió de su caballo y miro a la luna que empezaba a salir. Respiro hondamente el aire fresco de las planicies y cerró los ojos. Se sentía muy cansado y aquella guerra apenas estaba comenzando. ¿Cómo iba a hacer para aguantar todo lo que le faltaba por vivir? Y más importante aun ¿Cómo iba a hacer para continuar su camino estando lejos de ella? Cuando Shaoran volvió a abrir los ojos la obscuridad ya se había apoderado de todo lo que lo rodeaba. A sus espaldas, los soldados empezaban a montar el campamento que sería su casa hasta la llegada de Yamazaki. Shaoran volvió a cerrar los ojos. Esperaba que el General no tardara en llegar. Entre más rápido realizaran su enfrentamiento, más rápido podría llegar el rey a los brazos de su esposa. Sin embargo Shaoran no era capaz de imaginar, que Yamazaki jamás llegaría a su encuentro en las planicies y sobre todo que el final de aquella guerra se encontraba aún muy lejos.
…..
-Señor- dijo uno de los capitanes que acompañaban a Shaoran.- Los hombres están muy impacientes. Hace tres días que el General Yamazaki debió haber llegado y aun no tenemos noticias suyas. Empiezan a correr rumores de que fue capturado. -
-Esos rumores son infundado- respondió el rey con fuerza- Si algo le hubiera pasado a Yamazaki y al resto de nuestro ejército ya nos habríamos enterado. Las malas noticias corren rápido.
Shaoran se levanto de su silla y dio la espalda a los hombres que lo acompañaban en aquella reunión. Aquellas palabras las había repetido él mismo mil veces en su mente, intentando convencerse de que eran verdad y que nada malo había ocurrido con Yamazaki, sin embargo en aquellos momentos ya no estaba seguro de nada.
-Lo sé Señor- dijo uno de los caballeros presentes con la intención de no contradecir a su rey. – Pero no es solo el retraso del General lo que inquieta a los hombres. Estamos muy cerca de la frontera del Reino de Tetsu, y en esta planicie somos blanco fácil mi Señor. Es peligroso quedarnos más tiempo aquí.
-¿Pero qué podemos hacer?- pregunto Shaoran dando nuevamente el frente a los hombres encargados de aconsejarlo y luchar a su lado en aquella guerra. – No podemos enfrentar nosotros solos al ejército de Tetsu. Es necesario que esperemos la llegada de Yamazaki.
-Pero no podemos esperar más tiempo su llegada mi Señor. Estamos poniendo en peligro nuestras vidas y la de todos los soldados. No sabemos cuánto tiempo tardara en llegar el General. Ni siquiera sabemos si está vivo.
-Lo está- repitió nuevamente Shaoran, no podía perder la esperanza en aquellos momentos.
-Sí señor, pero es necesario que hagamos algo.
-¿Qué recomiendas entonces?- preguntó el rey con curiosidad.
-Continuar según lo planeado. Mantenernos en movimiento e ir al paso de Taiyo.
-No podemos enfrentar a Tetsu sin el resto de nuestro ejército. – respondió Shaoran a quien aquella idea no lo convencía mucho.
-Los se Señor, y no lo haremos. Lo único que digo es que debemos movernos de aquí. Cerca del paso de Taiyo hay unas montañas donde podríamos acampar y escondernos hasta que tengamos noticias del General. Una vez que lo volvamos a encontrar retomaremos la estrategia según lo planeado. En estos momentos lo importante es movernos de estas planicies. Llevamos demasiado tiempo aquí y siendo sinceros, en este lugar cualquiera podría atacarnos con facilidad.
Shaoran se quedo callado pensando unos momentos en lo que su capitán acababa de decirle. Sin embargo la idea aun no lo convencía por completo. Tenía un mal presentimiento con respecto a avanzar por el paso de Taiyo dejando atrás a Yamazaki. Un reencuentro más adelante con el General sería más difícil de lograr, sobre todo si Yamazaki no sabía de los movimientos que la mitad del ejército comandado Shaoran había realizado.
-También tome en cuenta señor que esto podría tranquilizar un poco a nuestros hombres. – Agregó el estratega dándose cuenta de la duda del rey.
-¿Los tres están de acuerdo con esto?- Dijo Shaoran a los tres capitanes que lo acompañaban en aquella junta. Los tres hombres asintieron.
Shaoran respiro profundamente y se sentó en su silla. Esperaba no arrepentirse en un futuro de la decisión que estaba a punto de tomar.
-Está bien. Dígales a los soldados que se preparen. Saldremos al amanecer. – Los hombres hicieron una reverencia y si dirigieron a la salida con la intención de cumplir las órdenes de su gobernante, cuando una voz decidida los interrumpió. – Aun no termino de hablar.
Los tres hombres se quedaron helados en su lugar y voltearon a ver a su rey.
-Partiremos, pero uno de ustedes se quedará aquí con parte del ejército esperando la llegada del General Yamazaki.
-Pero Señor…-intento reprochar uno de los capitanes.
-He tomado la decisión. – contesto Shaoran antes de que el capitán pudiera dar su opinión. – Un número reducido de soldados llama menos la atención y es más fácil de comandar. Además, será más factible que decidan seguir a la parte del ejército en la que va el rey, por lo que los hombres que se queden aquí no correrán ningún peligro.
-¿Pero porque desea dejar atrás a parte de su ejército mi señor?-pregunto uno de los hombres.
-Es necesario que alguien espere a Yamazaki. Le informe de nuestros planes y nuestra ubicación, decirle que todo continúa según lo planeado. De lo contrario, el General podría llegar a pensar que algo malo nos pasó o que decidí cambiar de estrategia.
-Pero Señor, eso me parece muy peligroso.
-Pues es lo que haremos. – dijo el rey sin dudar
-Pero Señor…
-Decidan cual de ustedes será el que se quede y los hombres que lo acompañaran.
-Está bien Señor, se hará como usted ordene. –dijo uno de los capitanes derrotado. Después de estas palabras los tres hombres salieron a cumplir las órdenes que acababan de recibir.
…
Aquella mañana era una de las más frías que habían tenido que enfrentar los soldados de Shaoran. Era como si el clima intentara prevenirlos de algo malo, como si intentara hacer que se quedaran. Sin embargo la tenacidad y valentía de aquellos hombres era más fuerte que cualquier viento helado, y a pasear de las terribles condiciones, el ejército partió, con su rey a la cabeza.
Shaoran iba montando un caballo blanco, fuerte y obstinado como su amo. A pasar de las fuertes corrientes de aire el animal no se dejaba doblegar y avanzaba con paso firme rumbo al destino predicho. La entrada al paso Taiyo se encontraba a unas cuantas horas de la planicie donde habían acampado por un poco más de 4 días.
El camino estaba en muy mal estado, y el frío no mejoraba la situación, sin embargo los soldados no dejarían que aquello doblegara su espíritu y avanzaban entre platicas, risas y uno que otro canto, después de todo, se encontraban ahí para defender su tierra, sus familias y su reino.
De pronto, al llegar a la entrada del paso Taiyo todos guardaron silencio. Aquel lugar les generaba cierto… miedo. Todos dejaron de cantar y hablar. El aire se volvió aun más pesado y los pasos más difíciles de dar. Llevaban unos minutos en aquel lugar cuando Shaoran se paró en seco, ocasionando que el resto del ejército también lo hiciera.
Algo no andaba bien. Shaoran había cruzado el paso Taiyo en pocas ocasiones, pero era capaz de recordar que aquel lugar nunca había estado cubierto por tanto silencio. En definitiva algo no andaba bien. No sabía decir con exactitud que era, pero algo en su interior le decía que no debía estar ahí, que todo aquello había sido una mala idea. ¿Pero qué podía hacer ahora? ¿Darse la vuelta y regresar? ¿Seguir avanzando? De pronto, un ruido interrumpió su concentración revelando ante sus ojos que era lo que estaba mal con aquel lugar.
-¡Ahora! – Gritó una vez de en medio de la nada.
En ese momento cientos de soldados, con la espada desenvainada salieron de entre los árboles, rocas y distintos escondites. Todos dispuestos a atacar y asesinar a quien se les pusiera en frente.
-¡Es una emboscada! – gritó uno de los capitanes de Shaoran mientras desenvainaba su propia espada.
Shaoran tardo unos segundos en reaccionar. Sacó su espada justo en el momento en que un hombre que corría hacia a él intentaba atacarlo. Él se defendió de su agresor con gran habilidad. A pesar de ser un hombre pacífico, siempre había sido muy hábil con la espada y finalmente había llegado el momento de demostrarlo. A lo lejos Shaoran era capaz de oír los gritos de batalla, los alaridos de dolor y los reproches de sus capitanes.
-¡No huyan!- decía una de ellos a sus propios hambres-¡Quédense a pelear! ¡Por su rey! ¡Por su reino!
Shaoran deseaba saber lo que ocurría a sus espaldas, así que mientras intentaba voltear, algo lo embistió fuertemente haciendo que perdiera el equilibrio y que cayera del caballo. Rápidamente se levanto y tomo nuevamente su arma. Estaba un poco adolorido por la caída, pero no era el momento para lamentarse, en aquellos momentos tenía que pelear. Un soldado enemigo se acerco a él y empezaron a pelear arduamente. Este soldado tenía un mejor dominio de la espada que su contrincante anterior, pero a pesar de ello Shaoran fue capaz de vencerlo. Mientras asimilaba su reciente victoria Shaoran escucho como uno de los soldados junto a él llamaba a sus compañeros.
-¡Este es! ¡Es el rey compañeros! ¡Contra él!
Shaoran vio rápidamente como tres hombres se le acercaban con obvias intenciones de aniquilarlo. El rey empezó a pelear valientemente, pero cada vez más soldados se unían a aquella batalla. A pesar de resistir y luchar valientemente un hombre le llegó por la espada hiriendo su brazo y ocasionando que perdiera su arma. Instintivamente Shaoran toco su herida sintiendo un profundo dolor y observando como la sangre corría sin parar. A su alrededor todo estaba lleno de cuerpos, la mayoría soldados suyos, sin embargo algunos de sus hombres aun peleaban valientemente. Lentamente un hombre se acerco a él abriéndose camino entre los soldados con los que unos segundos atrás había estado peleando.
-¿Así que este es el famoso Rey Li?
Por su armadura Shaoran pudo deducir rápidamente que no se trataba de un simple soldado. Debía de ser un general. Uno de los encargados de llevar a cabo aquella emboscada.
-¿Quieres decir unas últimas palabras? – preguntó el hombre con cierto tono de burla en la voz. - ¿No? Eso me imagine.
En el momento en que Shaoran vio como aquel General levantaba su espada, cerró los ojos. ¿Así que así se acababa todo? Ese era su final. Toda su vida, sus errores, alegrías y sufrimientos. Todas sus decisiones lo habían llevado a aquel momento en el que el frio metal de la espada tocaría su cuerpo. Se arrepentía de tantas cosas, tantos errores cometidos, tiempo desperdiciado. Había tantas ideas en su mente, pensamientos, sueños, reproches…Y de pronto todo se quedo en blanco. Ya no había pensamientos ni ideas flotando en su mente. Nada. Y frente a sus ojos aparecieron dos rayos de luz verdes, dos estrellas que conocía a la perfección, que tiempo atrás lo habían cautivado y que ahora sabía que no sería capaz de volver a ver. Ya nada la importaba, ya nada dolía, ya nada lo perturbaba; con excepción de una única cosa: el saber que no sería capaz de cumplir su última promesa.
