Sigo reescribiendo y ampliando escenas, rellenando algún hueco que quedaba cojito.

Posiblemente queden otros dos o tres capítulos más antes de darlo por terminado. Ya sabeis que me encanta que dejeis opiniones, me ayudan a corregir y seguir con la historia :D muchísimas gracias por los reviews, como siempre y espero no estar metiendo la pata (mucho) con la reescritura.


Alfred se levantó antes que Toris, quien había llegado muy tarde en la madrugada aunque no acompañado por la rubia con la que estuvo hablando por la noche. La sombra de ese polaco seguía planeando sobre la mente de su amigo, pero eso simplemente era cuestión de tiempo, Alfred sabía que el desamor siempre se terminaba curando. Además como dice el viejo dicho, hay muchos peces en el mar para elegir. Lo más seguro es que a Toris le fuera a costar superar lo suyo, pero esa chica podía ser la clave que le ayudara a conseguirlo.

Mientras daba sorbos al café dio un giro a la muñeca para mirar la hora. Tenía que coger el avión después de las seis, así que se tomó el desayuno con bastante tranquilidad, pues ya comería en el aeropuerto. Sólo el sonido del teléfono del salón le sacó de sus pensamientos, y a pesar de casi matarse al correr hacia el otro lado de la sala llegó tarde, quien estuviera llamando ya había colgado.

Al menos Toris seguía dormido como un bebé en su cuarto.

Le echó un vistazo al número de teléfono, que era más largo de lo habitual, y comprobó que no constaba en la base de datos del aparato, listándolo como "desconocido". A Alfred le pareció extraño y como sabía muy bien lo despistado que podía llegar a ser, arrancó una hoja de papel de una libreta y lo apuntó con cuidado para que no se olvidara decírselo a Toris. No estaba seguro si podía ser algo importante o de trabajo, así que se veía en la obligación moral de avisar a su amigo.

"Han llamado desde este número de teléfono: 48-…"

Una vez hizo la buena obra del día, volvió a la cocina de un brinco, tirando al suelo sin querer la hoja de papel que se ocultó debajo del mueble de la televisión.

Cuando Toris despertó con la expresión más triste que Alfred había visto en su vida, ni le vino a la cabeza el darle el recado. Tampoco en el aeropuerto ni al subir al avión; A su lado se encontraba otra persona se había encargado de hacerle olvidar todos los días que había pasado en Vilna, y de recordar todos los momentos vividos unos años atrás, cuando era más joven y despreocupado.

La nota quedó escondida debajo del mueble, sin que nadie la pudiera rescatar.

oOo

A comienzos de mayo el tiempo seguía siendo fresco en Vilna, pero se atisbaba un poco de verano por las calles. Toris había pasado otro mes anodino y sólo salió del aburrimiento cuando Natalia le llamó por teléfono para pedirle un poco de tiempo para encontrarse con ella. Él estaba seguro de no haberle dado ningún dato de contacto y tenía miedo de averiguar cómo ella había conseguido su número.

Era mediodía cuando se encontraron en el parque Vingio, un sábado por la mañana. Él iba con su chaqueta y ropa de calle pero Natalia había puesto mucha atención en su vestuario y maquillaje, tanto que destacaba como si fuera una hermosa muñeca de porcelana.

No se habían vuelto a ver desde el incidente en al pub y Toris no estaba tranquilo con ese encuentro. Natalia en cambio, parecía como si no se acordara de nada.

O en realidad si, pues su saludo fue un rápido beso en los labios.

–Natalia, creo que no es adecuado que hagas eso – Toris paró los pies de la chica y se alejó un paso. Ella no se inmutó y, recta como un palo, se limitó a mirarle con una expresión seria.

–Ivan me tiene miedo y necesito olvidarle. Tú eres el único que me puede ayudar.

–Sinceramente, eso no es así – Y era cierto, Toris no la entendía, así que no podía apoyarla como era debido. Ella era una persona que vivía obsesionada por su amor y, al contrario que él, aún no había asimilado que tenía que seguir con su vida –. Lo que quieres es dar celos a Ivan y yo no voy a dejar que me uses.

–Nos podemos aprovechar de las ventajas. Nos olvidaremos de ellos, ¿No lo entiendes? Yo tendré cariño e Iván no estará intimidado, volverá a acercarse a mí. Tú podrás acostarte conmigo, ¿no estabas interesado en mi?

Toris no dudaba que una relación por provecho entre los dos pudiera resultar beneficiosa, aunque su atracción hacia ella era puramente física. Las circunstancias hicieron que al final terminara prendado de otra persona.

–No es buena idea forzar las cosas.

–Si no funciona lo dejamos. No nos dará pena hacerlo si no estamos enamorados. Mucha gente comienza así su relación, ¿verdad? Lo nuestro puede funcionar.

Toris no tenía nada que ganar, tampoco nada que perder. Feliks había desaparecido de su vida y Natalia pedía estar con él, aunque sus razones no fueran sensatas. El recuerdo que tenía yendo como un desesperado detrás de ella le parecía en esos momentos un sinsentido. El cambio de tornas tenía aún menos lógica.

–Vale. Te ayudaré.

Natalia necesitaba sentirse querida, pero no por él. Fuera del ambiente del club, sin el humo de la pista y casi a oscuras, dejaba en evidencia la poca experiencia que la chica tenía en cuanto a relacionarse con la gente. Volvieron a salir tres veces más y solo en la última cita ella se dejó coger de la mano a pesar de estar tensa. Tampoco hacían nada especial más que pasear y hablar o tomar un café. Se estaban conociendo poco a poco, el contacto físico entre ellos reducido al mínimo.

No tenían nada en común.

No tenían el mismo gusto en libros, tampoco en música. Toris era adicto al cine y Natalia se quedaba dormida en el momento de empezar la película. Él comía mucho dulce, ella ni los probaba.

Había veces que solo quedaban para estar en silencio el uno al lado del otro. Así pasó casi un mes, veintiocho largos días en los que cada vez era más evidente que eso no iba a salir adelante.

Por lo menos, Ivan perdió el miedo y llamaba a su prima para ver que tal estaba y eso consolaba a Toris, pues quería decir que en parte, su relación con Natalia estaba sirviendo para algo.

oOo

En verano era muy fácil verse y quedaban casi a diario a pesar de que Toris siempre tenía la sensación de estar con una conocida en lugar que con su novia. Cuando decidió contárselo a su familia, su padre le dio la enhorabuena, y le dio por fingir que lloraba de alegría por poder ser abuelo algún día hasta que su madre, con voz divertida, le recordaba que su hijo mayor ya le había dado un nieto.

Tener novia no era tan malo al fin y al cabo, aunque aún recordara a Feliks de tanto en tanto y no de una manera tan frecuente como antes. Sus pensamientos estaban llenos de preocupación por intentar encontrar un lugar perfecto para la cita del día o por intentar pensar en una forma de hacer que Natalia sonriera aunque fuera sólo una vez.

Zita, por desgracia, se las arreglaba para recordarle que no iba a llegar a ninguna parte con Natalia. Su hermana pequeña le conocía mejor de lo que cualquiera pudiera esperar y el tono grave de su voz a través del teléfono dejaba clara su postura sobre esa relación. Aparentemente, argumentaba que el aura de su hermano se podía sentir a través de los cables telefónicos y esta parecía inestable y deprimida. Además, su creciente amistad con Elka, la chica que Toris conoció en Varsovia, no hacía más que agravar las peleas, ya que el no quería recordar nada de aquel viaje.

–¡Y tu eres idiota! – La oía chillar al otro lado de la línea – Tengo una amiga en Varsovia y ella puede averiguar cosas por mi y presentarme a gente. ¿Y si encuentro a Feliks y tu sigues con esa desgraciada?

–¡No hables así de mi novia! Los dos somos felices así, además si él hubiera querido encontrarme, lo habría hecho ya. Natalia no tuvo muchos problemas en conseguir mi número de teléfono.

Las conversaciones siempre terminaban con Zita colgando el auricular de golpe. Si no fuera poco la postura de su hermana, Alfred tampoco parecía muy convencido. Así como fue él quien le animó a Toris a cambiar de aires, ahora se mostraba más prudente y no parecía querer hablar del tema cuanto más sabía sobre la relación de su amigo con Natalia. La respuesta la obtuvo un tiempo más tarde; se había reencontrado con una chica que le gustaba en sus primeros años de facultad. Toris había oído hablar de ella, una muchacha de Ucrania cuyo nombre se acortaba a Katya y era la chica más dulce y hermosa que jamás su amigo había conocido. Alfred nunca pensó en que pudiera volver a verla, menos en el aeropuerto de Vilna en el mismo avión que él tomó para volver a su país. Los sentimientos que guardaba volvieron a él con mucha más fuerza, como si nunca hubiera olvidado los pocos momentos que vivió con ella. Después de hablar y pedirle el teléfono, ella accedió a una cita, que luego se hicieron frecuentes hasta formar un bonito noviazgo que poco tenía que ver con lo que Alfred leía por el chat todas las noches cuando hablaba con Toris sobre Natalia.

Evidentemente no quería contárselo, era una historia con final feliz y ahora que estaba viviendo la experiencia estaba convencido que su amigo estaba cometiendo un gran error.

oOo

Toris no tenía dudas acerca de que estaba obrando bien. Era lo que Natalia quería, era lo que él necesitaba. Sus padres estaban contentos, Ivan estaba más cerca de su novia ahora que ella no suponía una amenaza. Todos ganaban.

La opinión de las dos personas que más le importaban aún resonaba en su cabeza. No podía creer que las palabras de otros fueran tan primordiales para él, hasta el punto de no dejarle dormir bien. Podía vivir con su novia así, acostumbrándose poco a poco. Ella no le tocaba mucho, se besaban lo justo, pero eso tenía poca importancia.

"¿Qué podía importar?" Se preguntaba.

"¿El amor es tan necesario?"

Aún se seguía planteando las mismas cuestiones aquella tarde de Julio, cuando Natalia llegó a su casa para ver una película. Hacía un tiempo inusualmente caluroso y él no tenía ni un simple ventilador en casa, en el salón el ambiente era tan agobiante que no podía concentrarse en la película. Natalia en cambio se había dormido como era costumbre, con la cabeza ligeramente apoyada en su hombro.

En un momento estaba mirándola pensativo, al siguiente estaba recostando a la muchacha con cuidado, despertándola un poco.

Terminaron enrollándose encima del sofá.

Solo se habían besado así una vez, hacía muchos meses. Los dos necesitaban ese tipo de contacto, llevaban demasiado tiempo sin experimentarlo y adicción era tan fuerte que se olvidaron de todas esas citas fallidas por tener miedo el uno del otro.

¿Eso tenía algo que ver con el amor? Ansias si que había cuando ambos se levantaron y corrieron sin soltarse a la habitación de Toris, evitando la mesita para no caerse al suelo. Al final se derrumbaron encima de la cama, sobre las sábanas frescas ya que el cuarto había estado en penumbra todo el día.

Natalia había rodeado la cadera de él con una pierna mientras con una mano se levantaba la falda. Él no sabía que hacer en realidad, colocado encima de ella aún la seguía besando por el cuello, mientras acariciaba su cabello casi con vergüenza.

–Me puedes tocar las tetas también, capullo.

Natalia no estaba contenta, más bien desesperada por tener que alentar a su pareja a que hiciera cosas. Toris bajó los tirantes del vestido y el sujetador hasta dejar los pechos de la chica al descubierto, pero él no podía mirar; la visión de Natalia medio desnuda no le estaba excitando como se supondría que tenía que pasar. En invierno fantaseaba con ella, ahora le costaba reaccionar, tanto que sabía que no iba a poder satisfacerla.

Cerró los ojos e intentó relajarse.

La cama se movía crujiendo con fuerza, haciendo un fuerte contraste con el silencio de ella. No dijo nada cuando él lamió sus pezones, ni cuando bajó la mano por el abdomen, aunque si notó que se estremecía. Ella ya le había bajado los calzoncillos, y él jugueteaba con sus bragas, sin lograr ni un triste gemido.

Ya no había ropa entre los dos, el calor era sofocante y se hacía más evidente en la manera en la que jadeaban por falta de aire. Ambos no sabían hacia dónde les iba a llevar esa situación, y no importaba tampoco lo que fuera a pasar después.

Y con los ojos aún cerrados, Toris pudo verlo.

Feliks a su lado, con el rostro sonrojado, dejándose dar pequeños besos por la cara. Sentía con todo detalle cómo le abrazaba para no caerse del sofá y su boca sabía a uva que acababa de comer. El recuerdo era tan vívido que parecía estar pasando en ese mismo momento.

Toris se paró de golpe, mirando a Natalia, que estaba debajo de él desnuda y asustada. Los ojos casi se le salían de las órbitas, sujetaba las sábanas con las dos manos con tal fuerza que los puños estaban casi blancos. Sus piernas, que le rodeaban la cintura, se relajaron y cayeron en el colchón como si fueran un peso muerto. Abrió la boca, casi balbuceando, dejando a Toris con más remordimientos de los que ya tenía.

–Natalia, mírate, no quieres acostarte conmigo. Yo no quiero hacerlo tampoco, no quiero usarte mientras pienso en otra persona.

–T-Toris, no lo entiendes. Yo… – Ella tomó aire, como si luchara por no llorar – Esto es una prueba y si la pasamos querrá decir que ya he olvidado a Iván ¿no?

Las palabras de Natalia resonaron en el cuarto. La luz del atardecer se colaba entre las cortinas, iluminando su cuerpo pálido con tonos anaranjados. Toris se incorporó y le ayudó a sentarse también, tapándola con cuidado con las sábanas.

–Si seguimos, no nos lo perdonaremos nunca. Al final nos hemos caído bien, pero eso es todo lo que puede haber entre nosotros dos.

Natalia asintió con la cabeza como si fuera una niña pequeña.

–Creo que es mejor que me vista y regrese a casa.

–Si, también creo que es mejor – Toris le arregló la cinta que decoraba su cabeza y cuando terminó, ella se puso la ropa rápidamente para salir casi corriendo del apartamento.

Sería la última vez que Toris viera a Natalia y aún sabiendo esto, el peso que se quitó del pecho le dejó aliviado por primera vez en meses.