Nada que perder
Summary: Rose dio el primer paso hacia Scorpius por culpa de unos tragos de más y una melodía ridículamente pegadiza. Y Scorpius dio el siguiente, por una esperanza renacida. Cada historia tiene un final. Pero en la vida, todo final es sólo un nuevo comienzo. Reto El iPod de Rose para el foro El Escorpión que Coleccionaba Rosas.
Disclaimer: El fantástico universo de Harry Potter le pertenece a Rowling. A mí me pertenece la imaginación, que ni siquiera son mías las canciones.
Gracias a aradia110, gina lara, Roulimystic, AmyGlml, Pabel Moonlight, Dominique Jackson, Isagraterolg y ChocolaFudge por sus Reviews. Este va a ser el capítulo más largo de todo el fic, y siendo franca, mi favorito. Creo que es lo más adulto y realista, más…consistente que haya escrito hasta ahora. Es muy real, o eso espero. ¡Gracias por leer! Muchos besos.
Este fic participa del Reto El iPod de Rose del foro El Escorpión que Coleccionaba Rosas.
Nunca volveremos a estar juntos
We Are Never Ever Getting Back Together, por Taylor Swift
Las cosas se volvieron más complicadas. Más aún. Se habían mudado juntos, con todo lo que eso conllevaba. Scorpius había perdido su empleo. Rose trabajaba demasiado. Scorpius dejaba la tapa del inodoro arriba. Rose dejaba pelos en el lavamanos. Scorpius gritaba cuando estaba enojado. Rose daba portazos dramáticos. Scorpius seguía sin hablar con su padre. El padre de Rose se metía demasiado.
–Estoy reventada–Masculló Rose al llegar a casa aquella noche, dejándose caer en el sofá. Cerró los ojos, deseando poder relajarse un poco.
–Hola–Scorpius se había sentado a su lado, y ahora le tocaba el cabello. Rose frunció el entrecejo y se apartó un poco, arisca.
–Estoy cansada, Scorpius–Le dijo, y lo oyó suspirar.
– ¿Ni siquiera vas a decirme "hola"? –Le preguntó con acritud, y Rose abrió un único ojo.
–Perdóname–Se acomodó sobre él, cerrando los ojos de nuevo–. Es que estoy reventada…
–Hoy subió Vincent–Le contó Scorpius, refiriéndose al dueño del edificio–. Nos subió el alquiler.
Rose abrió los ojos de golpe, sintiendo como un peso nuevo se cernía sobre ella.
– ¡Maldito sea! –Exclamó– ¡Ya nos robaba suficiente con la renta anterior! ¿Y ahora qué vamos a hacer?
–Supongo que tendremos que recortar gastos–Repuso Scorpius con sensatez, y Rose respiró hondo, intentando alejar una repentina sensación de agobio.
–Tienes razón, tienes razón. Hay que economizar, eso es todo.
Por eso Scorpius puso el grito en el cielo al día siguiente, al verla aparecer con una bolsa muy pituca que parecía gritar "provengo de una tienda carísima".
– ¿Qué es eso? –Le espetó apenas la vio entrar, agotada pero toda sonriente.
– ¿El qué? –Y entonces reparó en la bolsa– ¡Ah! Pues unos zapatos. ¿No son preciosos? –Los sacó de la caja, enseñándoselos a su ahora furibundo novio–Y con la tarjeta de crédito tenía un diez por ciento de descuento…
– ¿Usaste la tarjeta de crédito? –Exclamó Scorpius, haciéndola detenerse en seco–Rose, ¿Qué parte de "recortar gastos" no te quedó clara anoche?
–Son sólo unos zapatos…
– ¿Sólo unos zapatos? ¡Tengo una madre, Rose, sé cuánto cuestan esta clase de zapatos!
– ¿Tanto vas a molestarte? –Rose empezaba a molestarse también– ¿Sólo porque me di un pequeño gusto?
– ¡No estamos en condiciones de darnos gustos!
– ¿En serio? –Rose dejó la bolsa sobre la mesa, enojada– ¿Y qué me dices de esas ridículas púas de los Angry Birds?
–Eso…ya hablamos de eso–Scorpius se rascó la cabeza, momentáneamente ofuscado–. ¡No estábamos mal económicamente entonces!
– ¡Nunca compro nada para mí! –Le chilló Rose a su vez, pateando el suelo como siempre hacía cuando estaba al límite– ¡Pago la renta, compro la comida, llevo tu maldita ropa a la lavandería y la semana pasada cambiamos las cuerdas de tu maldita guitarra! ¿Quieres que siga? ¿Qué haces tú para solventar todo esto, Scorpius, eh? ¡Nada! ¡La única que trae dinero a esta casa soy yo!
Rose se detuvo, agitada, intentando recuperar el aliento. Miró a Scorpius, y entonces algo en sus ojos le dijo que se había pasado.
–Oh, Merlín. No quise decir eso.
Pero Scorpius ya se iba a la habitación.
–Sí que quisiste.
– ¡No, no quise! –Rose lo siguió hasta el cuarto, y se quedó de piedra al verlo meter sus camisas favoritas en una mochila– ¿Qué haces?
–Dejar de ser una carga–Scorpius tomó su guitarra y la metió dentro del estuche–. Dejar de ser un parásito.
– ¡Oh, por favor, no! –Exclamó Rose, horrorizada– ¡Nunca dije algo así!
–No hace falta–Y se echó la guitarra al hombro, y la apartó suavemente para salir por la puerta. Rose volvió a correr tras él.
– ¡No hagas esto! ¡Lo siento! –Pero Scorpius ya había salido, dando un portazo. Rose se dejó caer de rodillas en el suelo, y se echó a llorar.
A la mañana siguiente estaba Rose en la puerta de la casa de Matt. El joven abrió la puerta, en pijama y con cara de dormido, y se espantó al ver a la chica en el umbral, con el maquillaje corrido y el pelo alborotado.
– ¡Rose!
–Hola, Matt. ¿Puedo hablar con Scorpius? –Suplicó ella, con voz ronca.
Matt se alzó de hombros, y la dejó pasar. Scorpius estaba sentado sobre la pequeña encimera, comiéndose una porción de pizza vieja. Su rostro se volvió inexpresivo al verla.
–Hola–Murmuró Rose.
–Hola–Scorpius se apartó de la encimera, dejando la pizza a un lado. La miró con ojos preocupados–. No has dormido, ¿Cierto?
Rose sacudió la cabeza.
–Soy una mierda.
Scorpius ladeó la cabeza, soltando un suspiro.
–No eres una mierda.
–Sí, soy una mierda. Una mierda que te ama, y que lo siente–A Rose le temblaba el labio inferior, y la voz también–. ¿Podrías perdonar a una mierda arrepentida?
Scorpius se acercó a ella, y le dio un beso con sabor a pizza. Oyeron a Matt bufar a sus espaldas.
–Estaré mirando la tele, por si me necesitan.
–Te perdono–Le dijo Scorpius finalmente, ambos pasando del pobre Matt–. Anoche llamaron. Creo que tengo trabajo.
Y así Scorpius, su guitarra y sus camisas favoritas volvieron al departamento. La armonía y felicidad de la reconciliación dudaron un par de semanas, pero luego todo volvió a cernirse sobre ellos. Simplemente, peleaban demasiado.
Scorpius entró esa noche, definitivamente reventado, y se encontró a Rose esperándolo en el sofá con cara de pocos amigos.
–Amor, ¿Qué haces despierta?
– ¿Dónde has estado?
–Vaya bienvenida.
– ¿Por qué llegaste tan tarde? –Insistió ella, cruzándose de brazos.
–Pues porque trabajo.
–Pues a mí no me gusta este trabajo.
–Primero te quejabas porque no trabajaba, y ahora que trabajo te quejas igual.
– ¡No es tan así! ¡Pero ya ni siquiera te veo!
– ¡El dinero no viene gratis! –Le espetó Scorpius– ¡Hay que hacer sacrificios!
– ¿A qué precio? ¡Nunca te veo, y cuando nos vemos, peleamos!
–A ver, ¿Y dime quién tuvo la culpa la última vez?
– ¡Oh, no empieces! –Rose se levantó del sillón, yendo a la habitación, y Scorpius fue tras ella.
– ¡Sólo te pedí que plancharas una camisa, Rose, una maldita camisa!
– ¡Se me olvidó! –Le gritó, volviéndose a mirarlo– ¿Cuándo vas a entenderlo?
– ¡No puedes olvidarte de algo tan…! –Scorpius se llevó una mano al pelo, terriblemente estresado– ¡Merlín! Eres tan desordenada y dispersa… ¡Es imposible organizar una vida contigo!
Sus palabras le sentaron a Rose como puñaladas, pero no dejó que se le notara.
– ¿Ah, sí? ¿Imposible? –Repitió acaloradamente–Bueno, si vamos a ir por ahí, también es imposible organizar una vida con un hombre que no tiene las pelotas para luchar por lo que quiere. ¡Tu jefe te tiene de trapo, te da todo el jodido trabajo pesado, y no tienes las agallas para quejarte aunque sea un poco! ¡Siempre soy yo la que tiene que pelear hacia adelante! ¿Pero sabes qué? Me rindo. Se acabó.
– ¿Dices qué? –Exclamó Scorpius, viéndola abrir el ropero y empezar a sacar sus vestidos, como enloquecida.
– ¡Que se acabó! Basta–Rose abrió una maleta y empezó a meter los abrigos–. Estoy harta–Y los vestidos–. Harta de toda esta situación de mierda–Y los zapatos–. ¿No encajo en tu vida? ¡Pues bueno, tú en la mía tampoco!
– ¿Te vas? –Le gritó Scorpius, yendo tras ella de regreso a la sala-cocina-comedor-vestíbulo– ¿Sólo así?
– ¡Sí, me voy sólo así! –Rose abrió la puerta de salida, y se volvió a mirarlo en el umbral– Y te juro, Scorpius, y te lo recontra juro, que nunca volveremos a estar juntos. ¡Jamás!
Rose llegó a casa de sus padres toda llorosa y sintiéndose patética. Le dieron asilo en seguida, y, por su petición expresa, se negaron a pasarle ninguna llamada de Scorpius. Scorpius habló con sus primos, habló con sus amigas, habló hasta con sus padres. Pero Rose estaba decidida. Lloraba cada noche, pero estaba decidida. Ellos nunca volverían a estar juntos. Nunca.
