+STAGE 011: ESPALDA+
Ahora que ya habíamos llegado a éste punto crítico de la historia, ¿todavía creías en las casualidades?
Bueno... a decir verdad, yo tampoco, lamentablemente.
Que ya empezase a encontrarmelo y hasta cruzarmelo en cualquier lado, no parecía ni estar cerca de lo que se entendía por "casualidad", la verdad.
Que volviesemos a buscarnos y a encontrarnos de la misma manera, que lo hicimos aquí y en casa de Kid-kun, obviamente no era casualidad.
¿Cosa del destino, quizá? Bueno... no me importaba, la verdad.
No podía pensar en otra cosa que, no fuera el preguntarme si él me había escuchado, si mis palabras habían entrado en su cabeza.
Porque seguía quieto casi sin respirar, como si yo le hubiese disparado tras la espalda y él sólo estuviese demorando, el tiempo en que empezaría a sangrar.
¿Estaría sorprendido, acaso? ¡Pero si yo había sido más que obvia, por Dios!
Más bien, había sido bastante específica y hasta marqué inconsientemente, cada letra del "TE QUIERO..." que mostré.
Que se dio cuenta, se dio cuenta, pero... que no quisiese aceptarlo, ya era otra cosa, querido.
Si le temblaban las piernas porque, idiotamente, me le declaré... entonces, no tenía lo necesario para, llamarse "MI HOMBRE".
Si sólo por eso estaba dudando, en qué hacer o no... entonces, los dos estabamos perdiendo el tiempo, otra vez.
Si él tenía tan puesta la idea, ésa que estabas en el medio... entonces, no era más que un maldito "sacerdote", que no se animaba a traicionar al "papa".
Si no podía agarrarse a la "monja", en la iglesia otra vez... entonces, mejor me iba a un convenio de hermanas y listo, corazón.
Pero era más que obvio que la opción era espantosa, meterme donde no quería meterme y tampoco tenía ganas de meterme, ciertamente no era una de mis opciones posibles.
Porque si ya te molestaba que anduviese metida con otro hombre, más te iba a molestar que estuviese metiendome con una mujer, ¿o no?
ENTONCES, OPCIÓN DESCARTADA.
Y lo que no pude descartar esta vez, fueron las ganas de volver a involucrarme con él, salvajemente.
¿Me ibas a culpar? No, porque no entendías lo que yo sentía, cuando estaba tan cerca de él.
Así tampoco entendí yo la situación, por qué él me desprendió a la fuerza y me miró con esos ojos violentos, que parecían haber dejado la violencia atrás. Pateticamente, me quedé quieta esperando una de sus palabras y mis ojos lloraron casi reprimiendose, para darle la leve sensación de ayuda.
Sus ojos se encogieron y se hizo apenas para atrás, para después tomarme del rostro y profanar de mi boca, exactamente lo mismo de la otra vez. Me besó casi con dolor y respirando hasta forzado, sus labios se entumecieron apenas tocaron los míos y su cuerpo comenzó, extrañamente a enfriarse.
Inexplicablemente, tuve la misma sensación y hasta sentí exactamente lo mismo que él, llegué a pensar lo mismo que él y le tuve miedo, a la misma persona.
Pero tú no ibas a impedirnos nada, porque a mí no me tenías tan pero tan asustada y esta vez me iba a revelar, frente a tus estúpidas reglas.
Antes de que pudiera empezar a hacer lo mío, se las arregló para llevarme a la cama y se tiró sobre mí, sin esperar absolutamente nada de mí. Así tocó cada centímetro de mi piel y se especializó en mis piernas, que acarició casi con cariño y marcando inconsientemente, el camino que él recorría seductoramente.
Entonces me mezclé con él asquerosamente, busqué aire donde él no quería darmelo y apreté los ojos, para intentar comunicarme con él.
¿Cómo se las ingenió para desvestirme? Bueno... ni yo supe cómo se dieron las cosas, la verdad.
Sólo una vez me soltó para mirarme a los ojos, para quedarse quieto desabotonando mi camisa casi con paciencia, atreviendose a rozar sus dedos contra mi piel descaradamente.
Alcanzé a respirar y hasta quejarme gloriosamente, cuando sentí sus manos bajando mi falda y sus intrepidos dedos, jalando despacio de mis bragas.
Moví inconsientemente las piernas y las acomodé para que a él se le fuera más fácil, me levanté apenas un poquito para darle una mano y me convertí instantaneamente, en su víctima otra vez.
-Black Star...-interrumpí, casi sin aire-¿Qué te gusta de mí?-
-¿Eh?-reaccionó, lento-¿El qué?-
-¿Qué te gusta de mí?-repetí, lo obvio-Digo, algo tiene que gustarte, ¿no?-supuse, confiada-Si no, no estarías haciendo esto, ¿verdad?-
-Bueno, ésa es una pregunta difícil-esquivó, el tema-¿Realmente TENGO que responder ahora?-se rascó, la cabeza-ESTOY bastante ocupado, ¿sabes?-e hizo señas, de que todavía seguía vestido
-Te ayudaré con eso después...-respondí, a ésa cosa obvia-Sólo quiero que me respondas, nada más...-
-¿Crees que te dejaré DESVESTIRME?-levantó, las cejas-No SÉ si te enteraste, pero una mujer no hace el trabajo de un hombre, Maka-
-¿Estás diciendo que no puedo darme el gusto de sacarte la ropa?-jugué, a su mismo juego-¿No me vas a dejar?-
-¿No es más entretenido MIRARME?-dijo, provocandome-¿O es que quieres echar un vistazo más de cerca?-
-Tal vez, no quiera desvestirte para mirarte-me pasé, la lengua por los labios-¿Me entiendes?-y levanté, las cejas
-Heh...-casi se rió, con aires de confianza
-Te gusta que te hable así, ¿verdad?-seguí, sucia-Te gusta que te diga cosas de este estilo, ¿cierto?-repetí, desde otro lado-Eso te gusta de mí, ¿no?-
-Quién sabe-se hizo, el ganador-Sigue intentandolo y quizá, consigas algo-
-¿Sexo?-descubrí, obvia
-Lo que tú quieras-y sonrió, con malicia
Y lo que quise justo en ese instante, fue que él volviera a tomarme como lo había hecho antes, como si sólo fueramos él y yo.
Como era de esperarse, arruinó mi única esperanza de deleitarme de cerca con su cuerpo y se desvistió solito, mirandome fijo todo el tiempo.
Otra vez quedé a merced de este chico tan bien formado, esos brazos musculosos que podían levantarme y volverme a tirar, en un abrir y cerrar de ojos.
Nos besamos casi desesperandonos y esquivamos cualquier cosa que pudiese llegar a interrumpirnos, que en este caso, sólo eras tú.
Él tocó y hasta manoseó los lugares más insolitos de mi flacucho cuerpo, se especializó en mis planos atributos y coqueteó intrepidamente, con mis pezones. Acarició casi pellizcando y hasta apretando, cosa a la que yo respondí intentando zafarme de su lengua, para dejar ir por mi boca el goce.
Bajó a mi cuello como si estuviera bebiendo mi sabor y así también bajaron sus manos, para que sus largos dedos comenzaran a frotarse contra mi intimidad, cadentemente.
Suspiré grata entonces, me enrredé en su cabello y eché la cabeza hacia atrás, dejando escapar soniditos roncos de mi seca garganta.
Su actuación estaba marchando a la perfección y se apoderaba maliciosamente, de cada rincón de mi sedosa piel, sin prestarle atención a la resistencia que ni alcanzé a poner.
Entonces llegamos a ese punto del encuentro, ése en que él debía concretar el asunto de la mejor manera, acabando dentro de mí.
Retiró la orgullosa mano y se metió sin pedir permiso, dando por hecho que yo ya estaba más que acostumbrada, a vivir con "algo" metido entre las piernas.
Obvio, acepté ese trato casi sin chistar, pero... lo extraño del asunto, éste en que él me puso dentro de la categoría de prostituta, fue que casi ni me molestó.
Al contrario, volví a disfrutar de la misma manera que antes y dejé que él se estampara conmigo, contra las húmedas sábanas.
Se movió ágil y hábilmente, aprovechó cada centímetro de mi estrecho agujero e hizo buen uso, del acceso que abiertamente le cedí. Entonces me dio golpes más fuertes y más profundos, llegó hasta mi fondo incontable número de veces y gimió al mismo tiempo que yo, con la misma sensación espléndida de placer.
Hasta que en un momento, se prendió de mis muñecas y me sujetó, tan fuerte que casi dejó de correr sangre por mis venas.
Fue en ese mismo momento que se empujó contra mí violentamente, se apoyó contra mis quebradas muñecas y usó mis débiles huesos, como propulsor. Me invadió completamente entonces, se metió a la fuerza casi sin avisarme y obligó a mi estrecho agujero, a extenderse y hasta abrirse a su antojo.
Inexplicablemente, me encantó y hasta adoré esa manera animal que tenía para atacarme, obvio que él me hizo delirar en cuestión de segundos.
Así entonces clavó sus intensos ojos en mí, miró cada una de mis gloriosas expresiones y no se perdió ni un solo detalle, de mis ojos chispeantes. Que lo obligaron a mezclarse conmigo, suspiró y hasta gimió siguiendo mi ritmo, haciendome compañía en ése exitoso y candente baile. Para que se depositara casi dentro de mi boca, enredara su húmeda respiración con la mía y corriera el mismo calor, por su lujosa y mojada espalda.
