Holo, sinceramente sé que la gran mayoría debe tener los puños cerrados pensando en Elsa, y me da gusto, haha, no quiero hacer spoiler ni nada, pero quiero agradecerles que a pesar del capítulo rompe venas de antes sigan leyéndome y comentándome, lo valoro mucho, hay reviews que realmente me hacen sonreír mucho y me motivan a seguir escribiendo, se los agradezco.
Ahora bien, creo que el título de este cap dice mucho… La verdad me agarro inspirada este capítulo, así que espero que ustedes sientan mi feeling, hay muchas cosas que aclarar y lo sé, pero les aseguro que todas y cada una de las respuestas que buscan se irán dando.
Mientras tanto ¡Disfruten!
HACERTE EL AMOR
Siempre quise acercarme… La veía todas las mañanas en el edificio de la editorial, tenía tantas ganas de cruzar palabra con ella, quería que me mirara. Pero siempre parecía tan distante, nunca la veía hablando con nadie que no fuera su manager, o con algún otro por cuestiones sólo laborales. Jamás la veía reírse… Me preguntaba cómo es que podía existir una persona que se pareciera tanto… Al… Hielo, frío, sobrio, duro, y tan… Tan hermoso.
Hice de todo… Cada día me esmeraba más en mi atuendo, el perfume, el maquillaje, quería ser perfecta para ella, quería que me notara… Y era tan extraño… Podía conseguir la mirada de quien fuera… Pero Elsa… Jamás se detuvo a verme.
Yo sabía desde la primera vez que la vi… Que… Mi corazón… Latiendo así de rápido… Estaba seguro… Era ella… Mi verdadero amor, el amor por el que todos esperamos… Lo sentí en mi pecho. Así que no podía rendirme, sin embargo… A pesar de todas las notas, los obsequios que le enviaba… Ella no parecía si quiera saber de mi existencia.
Pero un día… Las cosas cambiaron…
La noche en la que la editorial celebro su aniversario, dado que tenía trabajo a la mañana siguiente me escabullí para salirme sin que nadie lo notara, baje, pero la calle estaba desierta, no había si quiera un taxi, era muy tarde ya… Me preocupe cuando empezó a llover, trate de cubrirme con mi bolso, pero sabía que estaba perdida… Se empezaban a hacer charcos sobre el pavimento cuando un auto paso veloz frente a mí, cerré los ojos con todas mis fuerzas, encogí el cuerpo, sabía que terminaría empapada… Pero… En realidad no fue así… — Giselle sonrió con ilusión, un brillo especial cubrió sus ojos. — Sentí un par de brazos rodearme, y girar mi cuerpo…Yo escuché el auto pasar sobre el charco, escuché el agua salpicar con fuerza… Pero… Ni una sola gota de aquella agua me había tocado… Cuando abrí mis ojos lo primero que vi fueron esos cabellos rubios, tan blancos… Tan cerca de mí, sentí su cuerpo contra el mío… Estaba abrazándome… Y… Goteaba… Toda su gabardina goteaba… Elsa… Elsa me había protegido… Se había interpuesto para que el agua no salpicara sobre mí…
No dijo nada… Lo primero que hizo fue buscar mi rostro, estaba tan inquieta, tan ansiosa… Tan ansiosa por mirarme… Buscó en mis ojos algo… Me miró como si tratara de reconocerme… Como si tratara de encontrar a alguien en mi rostro… — La pelirroja coloco ambas manos cerradas contra su pecho y dejó salir un vago suspiro. — Entonces lo entendí… Ella al igual que yo… Había dado con su verdadero amor… — Giselle terminó recargando el cuerpo sobre una de las columnas. — No pude contenerme… La abrace con todas mis fuerzas… Y desde ese día… No me he apartado de su lado…
Olaf había escuchado boquiabierto la historia de "amor" que Giselle le había contado, le pasaban tantas cosas por la cabeza, pero tantas… Quería creer que la posibilidad de que existiera otra Elsa Arendelle rubia, y trabajando para una editorial fuera muy alta, pero… Era casi imposible, no… Era simplemente imposible. A pesar de ello, el chico hizo un par de preguntas tontas quizá.
E-Entonces… La gran… La gran escritora Elsa Arendelle y usted… — Olaf carraspeó tratando de sonar normal. — ¿Son pareja?
Bueno… — Giselle miró hacia la derecha, y se rascó el codo, cambiando su semblante por uno ligeramente menos animado. — No podría decirlo así… A Elsa le cuesta un poco dar rienda suelta a sus sentimientos… Por ahora… Creo que sólo estamos saliendo… — Explicaba Giselle, quien en realidad parecía no estar muy segura del tipo de relación que tenía con la rubia. — Pero… Aunque no es formal… Sé que sólo es cuestión de tiempo para que Elsa me acepte como su verdadero amor… Y podamos vivir felices por siempre. — Asintió la editora, tratando de recuperar la seguridad que no había tenido hacía un instante.
Oh… Ya… Ya veo… Es una… Una hermosa historia…— Olaf estaba completamente sorprendido, no sabía cómo responder a eso; pero sintió la fuerte necesidad de buscar a Anna y marcharse de ahí cuanto antes. Después tendría que convencerla para negarse a trabajar con Giselle, pues eso significaría que su amiga podría encontrarse nuevamente con su hermana y sabía que eso no sería para nada bueno.
Gracias, siempre que la cuento me siento más enamorada, adem… — Giselle seguramente iba añadir algo más sobre lo encantada que estaba con Elsa, sin embargo el móvil de la misma interrumpió el momento. — Oh, disculpa un momento Olaf. — La pelirroja tomó la llamada sonriente tras ver el nombre del llamante. — ¿Eugene? Que gusto me da oírte, estaba muy preocupada… Dime ¿Qué es ahora? — Giselle preguntó, suponiendo que su amada y su amigo y agente habían tenido un asunto por el cual la primera se había retrasado. — ¿Va a llegar cierto? Me lo prometió. — Siguió la pelirroja sin girarse, manteniéndose cara a cara con Olaf, quien estaba más que estupefacto, Giselle parecía tener una relación estrecha con Elsa y además con Eugene, cuando Anna y él habían perdido comunicación entre ellos. — ¿Ah? ¿Lo dices en serio? ¿Hace cuánto salió? La he buscado por todas partes y aquí no ha llegado… ¿Le habrá sucedido algo? — Se cubrió la boca con una mano asustada. — ¿Debemos llamar a la policía? Ah… Si, si… Estoy tranquila… Sólo que… — Parecía que del otro lado del teléfono, Eugene trataba de calmar a Giselle. Al final este le dijo que no se preocupara y esperara un poco más. Se despidieron y terminó la llamada.
Era el agente de Elsa… Me dijo que ya había salido para acá… Esperaré un poco más… Si no, creo que saldré a buscarla… — Continuó exageradamente preocupada la pelirroja.
Seguro que está bien, no se preocupe… — Dijo Olaf dejándole un par de palmadas incomodas sobre el hombro. — Hablando de gente perdida… No veo a Anna por ningún lado… — Dijo el chico pálido, mordiéndose el labio mientras la buscaba entre la multitud, debía buscarla y luego encontrar un pretexto para marcharse pronto.
¿Ah? Creo que… Me pareció verla salir hace un rato por la puerta trasera… Se veía algo acalorada… Debió haber ido por un poco de aire fresco… — Giselle se abanicó y suspiró. — Creo que yo también lo necesito, ¿Vamos a buscarla?
¡Claro! Debe sentirse muy sola… — Olaf asintió varias veces, muy apresurado, si Giselle, Anna y él estaban opuestos a la entrada no podrían ver llegar a Elsa, quien según el pelirrojo podría llegar en cualquier momento, y su deber ahora era evitar a toda costa que ambas hermanas se encontraran.
Quiero irme, sólo quiero irme… Por favor… Déjame ir… — Decía Anna evitando a toda costa la mirada de su hermana, tratando de avanzar y pasar de ella.
No, Anna… Espera… Por favor espera… — La rubia no se lo ponía fácil, se interponía en su camino, tratando de tomar las manos de Anna, y hacer todo lo posible por que no siguiera avanzando.
Basta, basta… No quiero, no necesito vivir esto de nuevo. — Anna luchaba con todas sus fuerzas por no caer nuevamente en las palabras de su hermana mayor. No quería detenerse, no quería mirarla, no quería doblegarse, estaba siendo fuerte, pero… Le estaba costando.
Anna… Espera… Espera… Maldición, espera. — Dijo Elsa un poco exaltada sujetando con fuerza a la pelirroja por los hombros, obligándola a detenerse; haciendo que su propia hermana se sobresaltara, jamás había escuchado a la mayor usar una palabra impropia.
Anna abrió los ojos grande, se detuvo, pero no miro a su hermana, dejo su cuerpo flojo, bajó la cabeza y murmuro por última vez…
Déjame ir… Por lo que más quieras… Déjame ir… — Pidió Anna baja y dolorosamente.
Basta… Estoy cansada de esa actitud… — Elsa buscó la mirada de Anna, pero la menor seguía evitándola, por la que con ligera brusquedad, sujetó su mentón con la mano derecha y le forzó a elevar la vista y encontrarse con la propia— Anna… Sé sincera… Por favor… — Inició con severidad, pero pronto el tono de voz de la rubia terminó pareciendo suplicante. — ¿No me extrañabas? ¿No querías verme? Anna… — Elsa tragó largo, como si con ello pudiera deshacerse del nudo en la garganta que se había formado en ella. — Anna… ¿No me necesitas…?
El corazón de Anna se detuvo al oír aquellas preguntas, oírlas mientras tenía la mirada rota de Elsa encima. Podía ver la fragilidad pintar el iris azulado de su hermana mayor, le dolía… Le dolía tanto… Elsa parecía estar sufriendo, sufrir exactamente como ella lo había estado haciendo… Anna estaba cayendo… Caía una vez más… Caía frente a esos ojos, esa voz, esas palabras frente a las que estaba simplemente indefensa.
Sin embargo, a pesar de estarse doblegando, Anna no podía si quiera formular palabra, sus ojos se habían aguado lo suficiente, apretaba sus labios, su barbilla temblaba. Miraba a Elsa con los ojos empañados, llenos de lágrimas que temblaban queriendo caer… Lo único que pudo hacer la pelirroja fue asentir pausadamente y luego bajar el rostro y lanzarse repentinamente contra el cuerpo de su hermana, abrazándola con fuerza, estrechando su cuerpo contra el propio, arrugando la gabardina de Elsa con los puños desde atrás, humedeciendo por encima del hombro de la misma prenda con sus desconsoladas lágrimas, escondiendo el rostro en el cuello de Elsa, tratando de encontrar el cobijo que había deseado durante todas sus noches de soledad… Todas las noches en que la mayor venía a sus pensamientos y no podía sacársela de la cabeza. Aunque se había esforzado por no dejarse llevar, era imposible… Su amor por Elsa era más grande que cualquier cosa.
Anna… Mi Anna… — Elsa no dudo en responder el abrazó, girando un poco el rostro para besar la sien de su hermana, pasar la mano derecha por su espalda, acariciándola repetidas veces en forma de consolación y usar la mano izquierda para sostenerle por la nuca, en modo de protección.
Te he extrañado… Tanto… He querido verte… Saber de ti… Elsa… — Los hombros de Anna subían y bajaban, guiados al compás del llanto. — Te necesito… Elsa… T-te necesito… Y-y… No puedo dejar de hacerlo… — Anna confesó en medio de su llanto, respondiendo al final las preguntas que la mayor le había hecho hacía un momento.
Vámonos… — Se escuchó la voz fría de Elsa decir.
. . . — Anna pestañeó y su llanto recibió una pausa momentánea, en la que trató de interpretar la propuesta ajena. — ¿Q-Qué? — La pelirroja alzó la vista y miró con el rostro de lágrimas y confusión a su hermana.
Vámonos… Tú y yo… De aquí… Ahora… — Elsa explicó con la misma entonación, inyectando quizá un poco de determinación a su tono de voz.
¿D-De que estas hablando? — Anna no comprendía bien sobre lo que "irse" podría significar, de pronto pensaba en Olaf, en Giselle, la fiesta, los invitados…
Recuperemos… Recuperemos el tiempo perdido Anna… — Elsa de pronto parecía tener una actitud retadora, segura. — Anna… ¿Quieres ir conmigo? ¿Sólo tú y yo?
. . . — Anna no supo que responder, quedó con los labios a medio abrir como si buscara las palabras en algún lado, estaba sorprendida. Elsa se percató de su indecisión y no dudo en actuar, apegó la frente con la de su hermana, ladeó el rostro y sin avisar rosó aquellos húmedos y sonrosados labios, haciendo tan sólo que el cuerpo de Anna quedará completamente tenso.
Sólo tú y yo Anna… — Repitió Elsa, cerró los ojos y con lentitud fue sobreponiendo sus labiales contra los de la más joven. — Sólo nosotras… — Elsa pasó saliva una vez más, sin abrir los ojos y sin separarse de los labios contrarios, temiendo recibir una respuesta negativa. — Por favor…
Giselle y Olaf habían sido entretenidos por algunos invitados más, pues la pelirroja había presentado al joven a algunos diseñadores que habían oído de su trabajo. Sin embargo después de un par de risas, elogios e intercambio de números, ambos pudieron seguir su camino.
Olaf abrió caballerosamente la puerta de la entrada trasera y así Giselle fue la primera en salir, dio un par de pasos apresurados hacía afuera, pero paró en seco, sus ojos se abrieron un poco más de lo normal y su boca dibujo una "o" grande, impactada. Olaf le siguió un poco más tranquilo o al menos hasta que vio lo mismo que ella, quedó hombro a hombro junto a Giselle e igual a ella sus ojos se abrieron completamente sorprendidos.
N-no… No puedo creerlo… — Giselle fue la primera en tomar la palabra.
Nunca… Nunca había visto algo así… — Olaf añadió, sin poderse creer lo que sus ojos veían.
Es que… La luna esta tan… — La pelirroja continuó, sin quitar esa cara de asombro.
Brillante… Y… Y… — El pelirrojo prosiguió la descripción.
Y redonda… — Terminó por decir Giselle, haciendo que los dos asintieran con suavidad, maravillados con la hermosura que ofrecía el cielo de esa noche.
Las luces de las farolas, de los autos, de las tiendas, de los espectaculares y algunos otros anuncios más pequeños. Todas ellas se esforzaban por traspasar pasajeramente el interior de aquel taxi que una vez más, tenía por pasajeras a una rubia y una pelirroja que simplemente no podían detener sus sentimientos.
Anna sabía que esa escena se había repetido muchas veces en el pasado, como si fuera otra noche en la que se fugaba de casa para encontrarse con Elsa, estaban de nuevo sentadas en la ocasional oscuridad que el asiento trasero del taxi los ofrecía. Elsa nuevamente sujetaba su mano con fuerza, mirando a la frente, segura de sí, firme… Y ella, pequeña, indefensa, ante su hermana y cualquiera de sus encantos; desde esa perspectiva, podía deducir sin problemas lo que pasaría después, sabía que el final no sería grato, sabía que iba volver a doler… Sin embargo una parte de ella se esforzaba por creer que esta vez sería diferente, que esta vez… Podría acabar como siempre lo soñó.
Si, si, si… He llamado ya, pero su teléfono parece estar apagado, quizá le paso algo realmente, ¿Es momento de llamar a la policía ahora sí, verdad? — Decía una Giselle muy preocupada, con los dedos sobre los labios y una expresión de angustia que ni el cielo le quitaría.
Tranquila, tranquila… Quizá se detuvo en alguna tienda… O algo… Se pudo haber quedado sin batería… Esas cosas pasan… No pienses cosas trágicas… — Decía Eugene al otro lado de la línea, quien aún no parecía ni la mitad de preocupado que Giselle. De hecho parecía tranquilo, ocupado firmando algunos documentos sobre su escritorio. Que en realidad, eran cartas de los admiradores de Elsa y que el mismo Eugene respondía.
Pero y si está en problemas, sabes que es una figura pública, quizá un fan loco, o un asesino en serie, o… — Giselle seguía dramatizando, mientras por su mente aparecían las escenas más extremistas posibles.
No, no, no… Por favor… Haces que me asuste… Esperemos un poco más ¿Quieres? Las malas noticias son las más rápidas en llegar, si algo le hubiera pasado… Lo sabríamos ya, te llamaré en cuanto sepa algo ¿Si? Saliendo de la oficina la iré a buscar al departamento, sólo tranquilízate ¿Bien? — Terminó por decir el castaño.
Vale… Vale… Por favor, mantente al contacto conmigo, gracias por todo. — Giselle terminó la llamada llevándose el teléfono a la boca, pensativa, golpeando repetidamente el suelo con su tacón derecho.
¿Nada? — Preguntó Olaf con las cejas inclinadas hacía arriba.
No… Lo siento Olaf, creo que… Tendré que dejarlos por hoy… Por favor… Despídeme de Anna ¿Si? Tengo… Tengo que salir a buscar a Elsa… No puedo simplemente quedarme con los brazos cruzados. — Dijo la pelirroja muy apenada.
Ah, no, no, no… — Olaf alzó las manos y negó apresuradamente con ellas. — No tiene que disculparse… Esto es… Bueno… Yo lo entiendo, por favor… Siéntase con la confianza de partir… — Contesto el chico, quien ya tenía más de una teoría en la cabeza, teorías que esperaba no pudieran ser ciertas. — Y… Por favor… Tranquilícese… Estoy seguro de que ella está bien. — Concluyó el pelirrojo, dejando una pequeña caricia de ánimo contra el hombro ajeno.
Ah… Muchas gracias… — Giselle abrazó repentinamente al joven, quien respondió inseguro el abrazo y añadió algunas palmadas más sobre la espalda de la editora, mientras alzaba la mirada al cielo, como si tratara de comunicarse por el pensamiento con Anna y en su mente repetir "Dime que no estas con quien creo que estas Anna, dime que no".
Por supuesto Anna no recibió el mensaje mental de Olaf, incluso y aunque tuviera la facultad de comunicarse por esa vía con el pelirrojo… Justo en ese momento, sería imposible, su mente estaba siendo invadida únicamente por una persona. Elsa, Elsa, Elsa… En ese momento era sólo ella, y era imposible que algo más que no fuera la rubia se pasara por la mente de menor de las hermanas Arendelle.
¿P-Podemos apagar la luz? — Se escuchó la voz de Anna musitando de pronto, ladeando el rostro para evitar mirar a Elsa y evidenciar su vergüenza.
¿Te apena…? — Preguntó Elsa, apoyando las manos sobre la cama a los costados de la cabeza de su hermana, flexionando los brazos sólo un poco para poder apartarse un poco y ver el rostro avergonzado de su hermana menor.
U-un poco… — Asintió Anna, con las mejillas echas un verdadero volcán.
No debería… — Elsa sonrió con ternura, mirando desde arriba a Anna, tan pequeña, tan indefensa, tan frágil, tan niña… Se inclinó un poco de nuevo. Anna tembló cerrando los ojos cuando la sintió acercarse nuevamente. Esperaba que Elsa continuara ignorando su petición sobre la luz, pero apenas sintió los labios de la rubia sobre su frente, al mismo tiempo sus parpados dejaron de sentir esa ola de luz cálida chocar contra ellos.
Anna abrió los ojos y se encontró con un ambiente completamente diferente que el de hacía un momento. Tuvo que pestañear un par de veces para poder visualizar las cosas nuevamente, como si aquel clic en la lámpara al apagarse, hubiese sido un chasquido mágico de dedos que la hubiese llevado a otro sitio.
Era la misma habitación de hacía un momento, pero parecía ser completamente distinta de pronto, aquel vestido escarlata que llevaba encima seguía en el suelo a los pies de la cama, justo de lado del calzado propio y el de su hermana. La gabardina de Elsa también cubría espacio en el suelo, pero al costado de aquella extensa y confortable cama, cubierta por sábanas blancas.
Su propio cuerpo estaba recostado sobre la cama, sentía la fría brisa de la noche que entraba por la ventana acariciar su piel, pues sus prendas íntimas eran lo único que la mantenía protegida en ese momento. Sin contar claro el cuerpo de Elsa sobre ella, quien por cierto se encontraba mucho más cubierta, conservando la camisa y falda grisácea que llevaba cuando se encontraron.
Las piernas de Elsa encerraban el delicado cuerpo de Anna entre sus muslos, haciendo además que aquella falda formal se elevara algunos centímetros más, suficiente como para quitarle el aire oficinista a la prenda y convertirla en un elemento propio de un ambiente erótico e íntimo, tal y como el que vivían ambas jóvenes ahora.
Ninguna de las dos recordaba el nombre del hotel, o si quiera el número de habitación, de cualquier modo, para lo que harían, no era necesario.
Estas más bella… — Susurró Elsa sobre el oído de Anna, mientras dejaba un pequeño beso sobre su oreja y como si sus labios debieran seguir un camino previamente trazado, descendió los besos por la mandíbula de la menor, siguió por su cuello e hizo una especial pausa en aquel sitio. Presionando los labios contra la piel de su hermana, dejando una serie de húmedas y muy lentas caricias labiales, que hacían a Anna sujetar con fuerza las sabanas, empuñándolas temblorosamente. Arrugando el ceño como si estuviese preparándose para recibir la peor de las sensaciones, cuando en realidad… No podía haber cosa más contraria.
Los labios de Elsa pintaban húmedas curvas sobre su cuello, que tan sólo podían hacer su corazón latir con fuerza, y elevar la temperatura de su cuerpo. Había algo diferente en esta ocasión. No eran más un par de estudiantes jugando a los besos, jugando a acariciarse, a pasar la noche juntas, había algo diferente en Elsa, y Anna podía darse cuenta…
La noche del "Rainbow Paradise" se había grabado en las memorias de Anna, sabía que para Elsa esa había sido la noche en la que había arrebatado la 'inocencia' de su pequeña hermana, pero lo cierto era que… Ninguna de las dos estaba segura de que hacer, el alcohol en su sangre les había robado además de su consciencia, cierta coordinación. Si bien sus primeros besos fueron entregados esa noche a Elsa, no había pasado a mayores.
Las noches de fuga junto a Elsa resultaban ser muy parecidas, quitando el alcohol de sus venas. Después de una ronda de besos, algunas caricias y quizá sólo algunas prendas fuera, las dos terminaban quedando dormidas en medio de un cálido abrazo.
Anna no había podido si quiera intentar una relación después de eso, claro que recibía invitaciones, todas y cada una de ellas resultaban rechazadas. No se podían imaginar caminando a lado de alguien que no fuera Elsa, tomando la mano de alguien que no fuera Elsa y mucho menos besando a alguien que no fuera la mayor.
Sin embargo, con temor… El corazón de Anna parecía estar haciendo un importante descubrimiento. Para su hermana… Seguramente no había sido igual, pues había una habilidad, una facilidad en sus besos y caricias que no había sentido antes. Una soltura corporal que probablemente, sólo la experiencia podría haberle otorgado a la rubia.
Temía… Tenía mucho miedo de no haber sido la única que sus manos hubieran tocado, tenía miedo de haber dejado de ser la única en el mundo de su hermana; tenía miedo de que en esta ocasión no fueran sólo besos y caricias infantiles… Pero mucho más miedo tenía de no poder complacerla como quizá estaría acostumbrada.
¿E-Elsa? N-Nosotras estamos… — Habló con la respiración entrecortada, la menor de las hermanas. Pero no recibió respuesta precisa de la mayor, quien tan sólo continuó con el camino de besos lentos, ahora sobre las clavículas de su hermana. — E-Elsa… Nosotras… N-nosotras de verdad… D-De verdad… ¿Vamos a…? — Anna no sabía ni si quiera como preguntarlo, le ardía la piel. Cada beso de Elsa era como elevar diez grados más la temperatura de la habitación.
Anna… — Elsa se detuvo por un momento, sonrió un poco enternecida y se fue irguiendo lentamente, quedando sentada sobre su hermana. Llevando con delicadeza las manos sobre los botones de su camisa, y comenzar a deshacerse uno a uno de ellos. — Creo que… Todavía no lo entiendes… — Susurró Elsa, dejando ver su bien proporcionado busto, contenido en aquel sujetador negro, de media copa y tela traslucida, era demasiado provocativo… El corazón de Anna se sintió a punto de estallar nada más verlo. — Pero… Aún…— Ahora el perfecto y plano abdomen de su hermana quedaba completamente a la vista, jamás había visto un cuerpo tan perfecto. — Y por si te queda duda… — Una vez los botones estuvieron deshechos, la rubia dejó caer lenta y sensualmente la camisa hacía atrás, deslizándose por sus hombros hacía abajo hasta caer contra sus brazos y tener que hacer sólo un par de vagos movimientos para que estuviera completamente fuera de su cuerpo. — Anna… Yo voy a… — Elsa se inclinó nuevamente hacía su hermana, apoyó una mano sobre el colchón y usó la otra para sujetarle el mentón suavemente, acercó los labios a nada de tocar los de la pelirroja y sobre ellos susurrar. — Voy a hacerte el amor…
El cuerpo de Anna volvió a temblar, esas palabras resonaron en su mente de forma estrepitosa, era la primera vez que se encontraba con este lado de Elsa, seguro, dominante, no titubeaba si quiera un poco.
Quizá habían sido los años, las experiencias, pero sin duda su hermana mayor de poco en poco había dejado de ser esa adolescente temerosa, perfecta, dispuesta a complacer a todos con su comportamiento y acciones, ahora parecía más bien una adulta que… No necesitaba la aprobación de nadie más que la propia.
Con torpeza Anna trataba de seguir el beso que Elsa le ofrecía, los movimientos labiales de la pelirroja eran imprecisos, cortos, casi infantiles, mientras que por el contrario Elsa guiaba el momento, sabía cómo, donde y en que momento… Sin ninguna clase de tropiezo, la rubia fue bajando las manos nuevamente por el cuerpo de su hermana, dejando pequeñas curvas pintadas sobre su cuello, su clavícula y para cuando llegó a la curvatura que anunciaba el busto de Anna; tanteó con sus dedos hasta dar con el broche frontal del sujetador ajeno. No le costó más que un par de segundos para abrirlo. Haciendo que un rojo abrazador se hiciera de las mejillas de su hermana, apenas sentir como sus blandos y suaves senos eran liberados, rebotando sólo un poco sobre su propio torso. Fue tan vergonzoso para Anna, no pudo evitarlo… De prisa se llevó las manos hacía el pecho y lo cubrió con ambas, en un abrazo apenado así misma.
Elsa tuvo que abandonar los labios de su hermana al notar tal acción, sonrió nuevamente, incrédula… ¿Cómo Anna podría verse tan sexy y tierna al mismo tiempo? Negó sin borrar la sonrisa y volvió a erguirse, mirándola desde arriba.
No te cubras… — Pidió con suavidad la mayor.
E-Esto es muy vergonzoso… — Anna respondió con el rostro hacía un lado, los ojos cerrados y los labios tensos.
Tengo… Tengo muchas ganas de verlo… Tu cuerpo… — Explicó Elsa, mientras llevaba las manos hasta el abdomen de la pelirroja y dibujaba con los pulgares pequeños círculos, que por supuesto causaron un cosquilleo estremecedor en Anna.
P-Pero Elsa… — Las palabras de su hermana sólo incrementaban su vergüenza y por supuesto su temperatura.
Está bien… — La mayor de las dos sonrió con dulzura, fue retrocediendo un poco y luego se levantó de encima de su hermana, quedando sentada de rodillas en la cama, a un lado del cuerpo de Anna. — Afortunadamente… Dudo que tus manos basten para cubrirlo todo… — Sonrió casi con cierta malicia la mayor de ambas, quien ahora se había hecho de los extremos de la prenda inferior ajena y empezaba a tirar con lentitud de esta hacía abajo.
¡E-Elsa! — Por supuesto que la pelirroja se sobresaltó al sentir como sus bragas pretendían ser despojadas por su hermana mayor. Se levantó en un dos por tres, quedando sentada sobre la cama, aun cubriéndose el pecho.
¿Qué pasa, Anna? — Preguntó la mayor con suma naturalidad, sin preocuparse por detenerse, bajando de poco en poco aquella prenda que ya se deslizaba por los muslos de la pelirroja, quien sólo temblaba mirando incrédula como segundo a segundo parecía quedar completamente desnuda frente a Elsa.
E-Esto… N-No es justo… — Respondió Anna ya con las bragas fuera de sus piernas, apretando las mismas como si así pudiera evitar que su entrepierna quedara completamente expuesta a la vista de Elsa.
¿Ah? — La rubia alzó ambas cejas sin entender.
T-Tú… T-Tú aún conservas tu ropa… — Se quejó la menor de ambas con la mirada gacha y algo parecido a un puchero en los labios.
Oh… Eso… Entonces… — Elsa volvió a sonreír, ahora con un toque de picardía. Se acercó al oído de su hermana y susurró en él al tiempo que introducía la mano derecha entre los muslos de su hermana, acariciando con lentitud de arriba hacía abajo. — ¿Quieres que me la quite, Anna?
. . . — Los ojos de Anna se abrieron casi como platos, su corazón se detuvo por un momento… Elsa estaba siendo demasiado cruel, si seguía así seguramente le daría un ataque cardiaco a la pobre pelirroja. No tenía palabras para responder eso.
¿O…? ¿Prefieres quitármela tú…? — Elsa continuó con el juego, estaba llevando a los límites a su hermana. La mano que había conseguido escabullirse entre las caras internas de los muslos de Anna, viajaba con fluidez de arriba hacía, abajo, casi a punto de tocar aquel punto intimo en Anna.
L-Lo haré… — Asintió Anna en medio del temblor, con una pizca de determinación que nacía de sus deseos de no quedarse atrás.
¿Ah? — La mano que acariciaba las piernas de Anna se detuvo, y los ojos de Elsa miraron a la menor sorprendida. — ¿En serio?
L-Lo haré… — Anna volvió a asentir, apartando lentamente las manos de su busto… Dejando que ambos senos cayeran apenas un poco sobre su propio torso, quedando expuestos, ante la mirada aguda de Elsa que no pudo evitar clavar la mirada en ellos.
Elsa quiso pronunciar el nombre de su hermana una vez más, pero le fue complicado, se quedó con la garganta seca, esa redondez modesta y esas cumbres rígidas y sonrosadas le parecieron tan… Cielos, sólo quería besarlas. Sin embargo tuvo que contenerse, siguiendo con la mirada las manos tiritantando contra su falda, bajando con timidez el cierre y luego pasarse a los botones… Las manos le sudaban, sus dedos resbalaban, Elsa se mordía el labio inferior tratando de no reír, es que Anna lucía tan hermosa así, temerosa, tímida, apenada… Sólo quería lanzarse a ella y comerla a besos.
Cuando Anna terminó con la falda, la dejó cuidadosamente a un lado de la cama, incluso la hubiera doblado de no ser que Elsa volvió a abalanzarse encima. Esta vez, haciéndose espacio entre las piernas de Anna, obligando a la pelirroja a abrirse de par en par, sintiendo un aire hormigueante cubrir su zona intima.
Anna… Tu cuerpo… — Elsa se mordió los labios sin saber cómo terminar la frase. Estaba admirando la majestuosidad que ofrecía la desnudez de su hermana menor, cada espacio de piel que veía era como una invitación desesperaba a ser probado.
La rubia no resistió más y se lanzó a besar el cuello de su hermana, aunque en realidad no tardó mucho tiempo ahí, ansiosa y desesperadamente bajo por las clavículas de su hermana y sin mucho preámbulo hasta el espacio entre sus senos. Dejó una vaga capa de saliva, hasta que guio los labios hasta el pecho izquierdo de Anna y sin pensarlo dos veces, atrapar entre sus labios el erguido y ligeramente rígido pezón de su hermana.
A-Ah… Elsa… — Anna sintió un escalofrío brutal, que altero su cuerpo por completo, obligándola a encorvar ligeramente la espalda, dibujando un medio circulo contra la cama, haciendo además que su busto se alzara hacía arriba algunos centímetros más, como si se ofreciera todavía más a Elsa.
Anna… — Elsa murmuró sobra su pecho y entonces supo cómo terminar su oración previa. — Tu cuerpo… Tu cuerpo… Me excita demasiado…
El corazón de Anna estaba oficialmente deshecho… ¿Qué había dicho? ¿Realmente había oído bien? Jamás creyó escuchar de los labios de su hermana salir una frase tan salvajemente fulminante como esa.
Elsa volvió a apresar aquel pezón, pero esta vez ejerciendo una succión especial, que devolvió el temblor en el cuerpo de Anna, quien se aferraba con fuerza a los hombros de su hermana mayor, que a pesar de ser pálidos, ya pintaban algunas huellas rosadas, propias de los apretones que Anna le propinaba para liberar la tensión de su cuerpo.
Anna no era capaz de hacer o decir algo cuerdamente, los labios de Elsa le impedían pensar propiamente, todo lo que sentía era la lengua de su hermana movimientos en círculos sobre su areola izquierda, que de pronto se volvió la izquierda, las caricias con los labios, con la lengua… En cuestión de instantes se convirtieron en inofensivas y ardientes mordidas. A las que Anna sólo podía reaccionar con vagos jadeos, exhalaciones entre cortadas, apretones sobre las sabanas, tal y como si quisiera arrancarlas de la cama.
Hay algo… Que siempre… Que yo siempre… — Una confesión empezaba a salir por los labios de Elsa, los cuales ya habían abandonado los senos de su hermana y parecían tener un diferente objetivo, uno que se encontraba más abajo. — Algo que… Que siempre he querido hacer… — La boca de la rubia pasaba del abdomen de su hermana, hasta llegar a la zona pélvica. Fue entonces cuando el cuerpo de Anna quedó inmóvil, y en un tonto intento por 'protegerse' quiso cerrar las piernas, pues el rostro de Elsa estaba demasiado abajo, demasiado cerca, de esa zona propia de pliegues sonrosados, húmedos y una cumbre parecida a un botón demasiado inflamada y palpitante ya.
E-Elsa… P-por favor… No mires ahí… — Pidió con un hilo de voz la pelirroja, estirando los brazos lo más posible para poder si quiera sostener a Elsa por los hombros, tratando de hacerla volver hacia arriba.
¿Por qué no…? Yo… Jamás vi… Nada tan… Hermoso… — Susurró la rubia segura de sus palabras, a pesar de que las luces de la habitación estaban apagadas, la poca iluminación que lo ofrecían las luces de la ciudad, pero sobre todo la fuerte luz plateada que se filtraba por las cortinas, propia de la luna llena que adornaba el cielo aquella noche. Elsa podía distinguir con facilidad la hermosura que tenía frente a sus ojos.
Tal y como si se tratara de una rosa rosa, cubierta por el rocío de la mañana, con los pétalos húmedos, suaves, limpios… Era ese modo en el que Elsa miraba la intimidad de su hermana, como una verdadera obra de majestuosidad y belleza.
Quería tocarla, quería morderla, quería… Quería hacer tantas cosas, pero lo que más deseaba sobre todas las cosas, probarla…
La rubia pasó con suma lentitud el pulgar por encima de aquella humedecida flor, justo en medio de los labios íntimos de Anna, separó los mismos y sin avisar o preguntar acercó aún más el rostro, hundiendo los labios contra el sexo de su hermana y así, pasar la lengua desde el principio de su tibia entrada hasta centímetros por encima de esta, donde se encontraba aquel rojizo y palpitante botón, mismo que atrevió a engullir y luego succionar un poco.
Anna no podía con tanto, sus manos temblaban con fuerza contra su boca, quería taparla, quería evitar que cualquier sonido vergonzoso saliera de su boca, pero aún si tenía las manos cubriendo sus labios era imposible. Elsa podría escuchar fuerte y claro como su hermana gimoteaba debajo de sus dedos, podía sentir el cuerpo de Anna retorcerse contra sus labios, sentía esa humedad fluir y fluir más en ella. Sabía que la tenía, sabía que ya no había escapatoria, esa noche Elsa haría con Anna todo lo necesario para poder llamar a Anna… suya.
