Un chico, perdido para siempre
Capítulo 11 – Sueños para espiar a hurtadillas
Estaba parado en el medio de lo que reconoció como el recinto en el que practicaba con Nicolas, pero era mucho más grande, casi tan grande como el Gran Salón. Igualmente las paredes estaban cubiertas de estantes y había un sinfín de objetos en ellos.
Avanzó con cautela, sus pasos resonaban con ecos extraños.
Estaba soñando.
Se detuvo y miró alrededor. Se preguntaba qué podía hacer. Otros sueños simplemente se desarrollaban. Pero en ese sueño, el de la poción, sabía que en realidad estaba acostado en su cama y tenía control sobre sus pensamientos. Y quizá de otras cosas.
¿Qué podía hacer? ¿Podría volar?
Se echó a correr y saltó para tomar vuelo. Planeó en el aire durante un par de segundos y volvió a caer al suelo. Cerró los ojos y se concentró. Se forzó a flotar en el aire… y un momento después estaba volando. Dio una amplia vuelta y luego descendió hasta aterrizar.
¿Qué más podía hacer? Al parecer podía controlar todo. ¿Podría hacer aparecer personas? ¿Podría hacer venir a Malfoy para una prolongada y tórrida sesión de sexo? No, mejor no. Después iba a tener que escribir todo y Perenelle y Snape lo iban a leer.
Bueno, la poción de sueño lúcido había sido combinada con otra de vínculos, quizá le convendría probar cómo funcionaba ese aspecto. ¿Estaba listo para intentar entrar en la cabeza de Voldemort?
Se le ocurrió una idea. Miró hacia un estante deseando que estuviera allí y naturalmente allí estaba… —Accio espejo. El espejo pequeño voló a su mano.
—Sirius, ¿estás ahí?
Sonrió. La imagen también sonriente de Sirius había reemplazado a la suya. —Hola, Harry, ¿cómo estás?
—Muy bien. Estoy dormido.
—Ya lo había notado.
—¿Realmente estás acá?
—Me llamaste y vine.
—¿Siempre podés hacer eso? Quiero decir… ¿venir cuando yo te llamo?
Sirius frunció el ceño. —Es un poco difícil. Pero voy a tratar de venir siempre.
Harry sonrió. —Sirius, hay un millón de cosas sobre las que quiero hablar con vos. No sé por dónde empezar.
—Bien… empecemos por algo importante. Aceptaste la profecía.
Harry cerró los ojos y pensó en la noche en que había perdido a Sirius.
—Yo no te culpo, Harry. —Sirius sabía lo que estaba pensando— Nunca lo hice… así que no empieces con eso.
—Pero es que… ¡es tanto lo que te extraño!
—Pibe, yo también te extraño mucho. Ah… antes de que me olvide… tu mamá y tu papá te mandan saludos.
Harry abrió grandes los ojos. —¿¡Están ahí?!
—No, no en este momento. Pero les conté de la última vez que habíamos hablado y quieren que te diga que te quieren y que están muy orgullosos de vos. Todos te cuidamos, pibe, lo sabés, ¿no?
—No me había puesto a pensar en eso.
—Bueno, entonces te lo digo, te queremos y te cuidamos. Te esperan tiempos muy duros.
—Lo sé… Sirius, ¿vos sabés más?... quiero decir, ¿podés ver?... ¿sabés lo que va a pasar?
Sirius sonrió apenas. —La profecía es real, Harry. Vos tenés el poder para vencer a Voldemort. Todo depende de cómo utilices ese poder.
Harry lo miró reprobador. —Supongo que sos consciente de que con esa respuesta no me estás diciendo prácticamente nada.
Sirius rió. —Incisivo como la garra de un dragón. Por el momento no te puedo decir mucho más. Pero sí puedo decirte que con tu nueva relación… deberías andarte con mucho cuidado.
Los ojos de Harry relumbraron verdes como una luz roja de peligro. Abrió la boca para advertirle pero Sirius se le adelantó.
—No te inquietes, sé que no debo mencionar el nombre. ¡Decile al cretino grasiento que me chupe un huevo! ¡y que no espere que le vaya a revelar los secretos de mi ahijado!
Harry rió. —¿A vos no te molesta?
—Por supuesto que no. Pero no te olvides nunca de a quién elegiste… tenés que mantener siempre los ojos bien abiertos.
—¿Me estás sugiriendo que use Legilimencia para saber lo que piensa?
—Eso es algo que tenés que decidir vos.
—De vos no voy a obtener respuestas o consejos concretos… —dijo Harry con una sonrisa sarcástica.
—No… a menos que quieras que le revele tus secretos a ese narigón, grasiento…
—…amigo mío. —completó Harry con una mirada de reproche— Pero tenés razón, no quisiera que le revelaras mis secretos.
—Vos y Snape… amigos. —Sirius rió— ¡Quién lo hubiera imaginado! Contame, ¿cómo va el asunto de los encantamientos sin varita?
—Bastante bien. ¿Por qué nunca me dijiste que mi mamá también poseía esa habilidad?
Sirius se encogió de hombros. —Yo no lo sabía. Aparentemente Lily había decidido mantenerlo en secreto. Sólo se lo dijo a James y a Dumbledore… Nicolas y Perenelle también lo sabían, ellos vinieron a Inglaterra específicamente para entrenarla. Pero no tuvieron mucho tiempo… —Sirius prefirió cambiar el tema— ¿Cómo vas con la Legilimencia?
—Bien, creo… Quiero decir, creo que le voy agarrando la mano… pero me siento muy culpable cuando la uso en otro que no sea Snape.
—Bien… eso es señal de integridad. Pero no tengas ningún prurito de usarla con Voldemort.
—Perdé cuidado… ése es otro cantar.
—¿Ya pudiste metértele en la cabeza?
—No todavía. Primero quería hablar con vos.
—¡Pero qué honor!
—Hacés bien en sentirte honrado.
Los dos estallaron en risas.
—Supongo que ya debería tratar… Sirius, quiero pedirte disculpas por no haber usado el espejo.
—No te sientas mal, entiendo por qué no lo usaste.
El recinto empezó a oscurecerse.
—Harry, antes de que me vaya… vos tenés fortaleza y valentía… y un gran corazón. Usá todas esas cualidades… aunque a veces duela, dejate guiar por ellas.
Harry asintió. —Sirius… yo… —quedó a oscuras, el espejo se desvaneció.
…te extraño.
.
Conocía esa sensación, le resultaba muy familiar. Estiró una mano y acarició a la serpiente que estaba enrollada en una gruesa rama que bajaba del techo. Estaba sentado en su escritorio, pensando. Excepto por Nagini estaba solo en su estudio.
A Harry le hubiese gustado introducirse más profundamente en los pensamientos de Voldemort. Pero recordó la advertencia de Snape. Se quedó en la superficie tratando de acostumbrarse a la sensación. Quería adaptarse bien, de esa forma le iba resultar más fácil cuando quisiera volver.
Se puso de pie y fue al baño. Era muy amplio y lujoso. Con una gran bañera circular de más de dos metros de diámetro. Abrió las canillas y ajustó la temperatura del agua. Se paró frente al espejo de cuerpo entero y comenzó a desvestirse.
Harry se despertó.
—No hace falta que vea eso.
oOo
Estaba sentado desayunando mirando hacia la mesa de Slytherin. La noche anterior no había podido estar con Malfoy… quería por lo menos intercambiar una mirada, para pedirle disculpas… y quería verlo reaccionar ante su nuevo corte de pelo.
Filch lo había acorralado en un rincón cuando iba a entrar al Gran Salón y le había dicho que iba a tener que cumplir con las penitencias durante tres noches seguidas. Se lo había comunicado con una sonrisa maliciosa, rebosante de regocijo. Harry anticipó que lo esperaban tres largas noches por delante. Probablemente iba a tener que hacérselo saber a Malfoy… pero no se le ocurría cómo…
—Te levantaste temprano. —dijo Ginny y le sacudió los cabellos cortos.
—Mal sueño. —respondió escuetamente.
—¿Cómo fue? —preguntó Hermione.
—Bien, al principio. Pude hablar con Sirius… —procedió a contarles todo detalladamente. Estaba muy fresco en su memoria porque se había pasado una hora escribiendo todo.
—¡Ajjj…! —exclamaron sus tres amigos al unísono cuando llegó a la parte de Voldemort desvistiéndose para el baño.
—Así que ya se darán cuenta por qué no pude volver a dormirme. Tuve que escribir todo, describir cada detalle de su cuerpo, incluyendo su…
—¡Suficiente! —protestó Ron y alejó el plato con la mano.
Harry rió y le hizo un guiño a Ginny extendiendo la mano. Ella le entregó un sickle. Durante el verano habían hecho una apuesta, para ver quién de los dos era el primero que podía asquear a Ron a tal punto que dejara de comer. Habían puesto en juego durante semanas distintas tácticas, y habían logrado asquear a casi todos los demás pero no a Ron. Ya casi se habían dado por vencidos pero de vez en cuando hacían algún nuevo intento. Y Harry finalmente había logrado éxito, ocho meses después.
Alzó la vista y vio entrar a Malfoy, que venía acompañado por una Parkinson que lucía feliz y fascinada, rodeándole la cintura. Malfoy traía dibujada en los labios una de sus habituales sonrisas arrogantes. En ningún momento desvió la mirada hacia la mesa de Gryffindor y tomó asiento dándole la espalda a Harry.
Harry gruñó para sus adentros y bajó enojado la vista al plato. Pero recordó lo que le había dicho Snape, que en todo momento debía mostrar fuerza de carácter. Se sobrepuso a la frustración, cambió la expresión a una más jovial y volvió a sumarse a la conversación de sus amigos.
oOo
Los Gryffindors tenían planeadas prácticas de quidditch ese sábado y domingo por la tarde. Y Harry tenía asignadas además penitencias esas noches. Poco era el tiempo que le iba a quedar para cumplir con los deberes ese fin de semana.
Filch estaba más que contento de que Harry se hubiese ganado tres penitencias, le venían como anillo al dedo. Tres de las torres necesitaban limpieza.
Era una labor aburrida, ardua, fastidiosa y que de poco servía porque todo se volvía ensuciar enseguida. Con magia hubiese podido limpiar las tres torres en menos de una noche, pero tenía prohibido usar magia y la señora Norris se le apostaba al lado mientras trabajaba presta en todo momento a ir a denunciarlo si no cumplía la orden. La noche del sábado sólo pudo completar la Torre Este.
Esa noche Harry volvió a la mente de Voldemort, que tampoco esa noche estaba haciendo nada que valiera pena conocer. Harry aprovechó para estudiar a fondo el entorno y para acostumbrarse más a la sensación.
Mucho más tarde entraron varios mortífagos. Le informaron que no habían tenido éxito en ganar control sobre Fudge, no habían podido acercársele lo suficiente como para usar Imperius. Voldemort se puso muy furioso, Harry sintió un agudísimo dolor en la frente y se despertó antes de que empezara a torturarlos.
Escribió todo lo que recordaba del sueño. Recién empezaba a aclarar, pero no creía que pudiera volver a dormir, juntó sus útiles y bajó a la sala común para dedicarle algo de tiempo a los deberes. No demoró en quedarse dormido con la cara apoyada sobre la tinta todavía fresca.
Ginny se rió mucho cuando bajó y lo despertó. —¿Estás probando pintura para danzas rituales indígenas?
Harry la miró con fastidio, junto todo y subió a lavarse rezongando por lo bajo.
Una vez más Malfoy apenas si lo miró y volvió a sentarse dándole la espalda. Harry disimuló como el día anterior, no dejó traslucir ningún signo de disgusto.
Dedicó la mañana a hacer los deberes, la tarde a la práctica de quidditch y por la noche, hasta horas muy avanzadas, estuvo limpiando escalones. Para cuando terminó estaba exhausto y le dolía todo el cuerpo. Rogó que Voldemort no estuviera de talante violento esa noche y que tampoco se le ocurriera tomar un baño. Lo que quería era poder dormir durante toda la noche.
No tuvo suerte. Voldemort estaba muy agitado cuando entró en su cabeza. El dolor quemante en su frente empezó apenas llegó. Pero Harry logró sobreponerse al dolor cuando se dio cuenta de que Snape estaba presente. No parecía que el profesor estuviera en una situación de riesgo, pero quería estar seguro de que no le pasara nada malo.
Snape estaba informando que los Flamel eran huéspedes de Dumbledore en Hogwarts, que iban a quedarse durante cierta cantidad de tiempo no determinado y por razones, si alguna había, que no habían sido especificadas. Todo lo que Dumbledore le había comunicado era que sus amigos sólo estaban de visita. Tanto Flamel como su esposa se habían mostrado muy interesados en el laboratorio de Pociones de Snape. Eran los dos muy poderosos y podían afectarlo de manera muy extraña provocándole compulsiones incontenibles que lo obligaban a sonreír y a mostrarse amable contra sus propios deseos. El profesor expresó además sus temores de que pudieran darse cuenta de su lealtad hacia el Señor Oscuro.
A Voldemort le resultó muy interesante el hecho de que los Flamel se hubiesen instalado en Hogwarts bajo la protección de Dumbledore. Se le ocurrían dos razones probables. Quizá iban a recrear la Piedra Filosofal o quizá, de algún modo se habían enterado de que Voldemort planeaba secuestrarlos para la recrearan para él.
Voldemort había tratado afanosamente de ubicarlos durante meses, ahora conocía el lugar preciso donde estaban. Empezó a considerar la posibilidad de un ataque a Hogwarts para apoderarse de ellos. La otra alternativa era organizar un operativo menos directo, valiéndose de sus muchos agentes y espías en la escuela. O quizá todo podría ser más fácil, si Snape lograba ganarse la buena voluntad de los Flamel existía la posibilidad de que se apoderara de la Piedra Filosofal una vez que la hubiesen recreado.
Harry instruyó a Snape para que estrechara los lazos de amistad con los Flamel y que tratara de averiguar si planeaban recrear la Piedra Filosofal. Snape asintió obediente y Harry lo autorizó para que se retirara.
Volvió a su estudio y empezó a caminar de un lado al otro muy excitado con la prospectiva. La posibilidad cierta de lograr la inmortalidad parecía una vez más estar al alcance de la mano. El dolor de la cicatriz fue disminuyendo segundo a segundo. Harry se animó a espiar superficialmente las ideas de Voldemort. Alcanzó a ver atisbos de sus planes para el futuro, eran confusos pero algo tenían que ver con lograr el control del mundo para enderezar muchas cosas que habían ido desviándose de sus cauces apropiados durante largo tiempo. La idea de poder alcanzar la inmortalidad le causaba gran regocijo puesto que de ese modo iba a contar con el tiempo suficiente para arreglar el mundo, para transformarlo en un lugar mejor.
Harry se despertó indignado… y muy confundido. ¿Realmente Voldemort estaba convencido de que todo lo que hacía era por el bien del mundo?
Susurró un Lumos, tomó la pluma y una hoja de pergamino y se puso a escribir todo. Todos los pensamientos de Voldemort respecto de Snape, los Flamel, Hogwarts, la Piedra Filosofal y sus planes para el futuro.
Cuando concluyó miró la hora, apenas las tres pasadas, sospechaba que no iba a poder volver a dormir. Se vistió, juntó las hojas que acababa de escribir, se cubrió con el Manto y partió hacia los subsuelos.
Cuando llegó a la serpiente de piedra siseó: —¿Está el profesor Snape?
—Hola, Invisible. —respondió la serpiente— ¿Quieres que te lo llame?
—Por favor. —contestó Harry.
Espero unos minutos preguntándose si Snape ya se habría acostado y cómo iría a reaccionar a la visita. Finalmente un Snape de rostro somnoliento y en ropa de cama abrió la puerta, si bien no lo veía le hizo una seña y se hizo a un lado para permitirle entrar. Luego salió al pasillo y gritó en voz bien alta. —¡No hay nadie aquí, serpiente infernal! ¡Nunca más vuelvas a despertarme con bromas estúpidas como ésta!
Volvió a entrar, cerró la puerta y puso de inmediato un encantamiento silenciador. Harry se quitó el manto y fue hasta la mesa a dejar las cosas. Snape lo observaba con ojos malhumorados… pero luego su mirada cambió a una que expresaba más bien preocupación.
—Harry… te ves… extenuado.
—Estoy extenuado. Con la poción sólo puedo dormir unas pocas horas.
Snape asintió. —Suponía que podía presentarse ese efecto colateral. Y esas pocas horas no son siquiera de sueño reparador.
—Puesto así podría decirse que no he dormido como se debe desde la noche del jueves. Asistir a clases mañana va a ser una tortura.
—Especialmente la mía. —dijo Snape alzando una ceja.
—¿Sabía Ud. que Voldemort tiene planeado secuestrar a los Flamel?
—No específicamente. Pero era una posibilidad que habíamos barajado desde que recuperó forma corpórea. Los Flamel habían estado ocultos desde entonces bajo Fidelius, hasta que vinieron a la escuela; en Hogwarts están seguros.
Harry negó con la cabeza. —Voldemort sospecha que han venido a recrear la Piedra Filosofal y quiere apoderarse de ella. O alternativamente está considerando mandar mortífagos disfrazados con polijugos para que los secuestren. Una vez que los tenga en su poder va a torturarlos para obligarlos a que le recreen la Piedra.
Snape se masajeó el puente de la nariz y tomó asiento, Harry también se sentó. —No le va a resultar tan sencillo. De todos modos ya presumíamos que tarde o temprano iba a intentar un avance sobre Hogwarts.
—Vine más que nada para traerle las notas. Después de que las lea dígame qué es lo que puede serle de utilidad a la Orden, así se lo informo a Dumbledore. Será mejor que vuelva ahora, quizá logre dormir un poco.
Snape asintió y ambos se pusieron de pie.
Cuando lo conducía hacia la puerta, Snape preguntó. —Señor Potter, ¿tuvo Ud. algún problema con la serpiente que guarda mi puerta?
Harry negó con un movimiento de cabeza y bajó la mirada, ocupándose de desplegar lentamente el Manto para cubrirse, no quería delatarse con los ojos. —¿Por qué me lo pregunta?
—¿No le dijo nada… extraño a Ud.? —preguntó Snape con suspicacia.
—No. —dijo Harry y se cubrió de inmediato con el Manto para ocultar la sonrisa que ya no podía contener— Aunque parece gustarle que sea invisible, me llamó "amigo invisible" o algo por el estilo.
La expresión perturbada y desconcertada de Snape era algo digno de verse. La serpiente debía de estar haciéndolo pasar un muy mal rato.
oOo
Snape había mencionado que su clase iba a ser particularmente dura. Estaba cansado por la falta de sueño y el doble de irritable y odioso que en sus días "normales".
Gruñó las instrucciones, insultó a prácticamente todos los alumnos y le sacó más puntos a Gryffindor que en sus peores días. Cuando Harry le espió los pensamientos por un segundo pudo comprobar lo agotado que estaba, pero no pudo prolongar el sondeo porque se volvió hacia él y le empezó a gritar desaforado que estaba revolviendo con demasiada lentitud y en castigo le quitó otros veinte puntos a Gryffindor. Además lo hizo quedar después de clase y volvió a gritarle hasta que el último alumno se hubo ido.
Después cambió por completo de actitud y le comunicó en voz baja que las notas les habían servido a Perenelle y a él para decidir modificaciones en la formula de la poción, le indicó que en los días siguientes no la bebiera al acostarse. Finalmente le sugirió que fuera a hablar con Dumbledore para informarle de las intenciones de Voldemort con respecto a los Flamel.
Su actitud cambió una vez más y recomenzaron los gritos. Lo echó del aula bramando pestes sobre alumnos botarates que no tenían la menor idea de cómo preparar una poción decente.
Ron y Hermione lo estaban esperando afuera. De soslayo Harry alcanzó a detectar a Malfoy y a Zabini que estaban charlando un poco más allá en el mismo corredor. Harry habló en voz bien en alta para asegurarse de que Malfoy lo oyera.
—Ron, ¿podrías reemplazarme como capitán en la práctica de esta noche? Me toca la tercera penitencia con Filch y sé que me va a tener horas fregando escaleras como ayer y antes de ayer.
Ron lo miró extrañado. —Cumpa… ya me lo habías pedido el viernes y te había dicho que sí.
—Harry, ¿te sentís bien? —le preguntó Hermione preocupada.
Harry hizo correr los dedos por los cabellos cortos, justo cuando pasaban al lado de Malfoy y Zabini. —Sí, supongo… un poco cansado… —le dirigió una breve mirada a Malfoy pero el Slytherin estaba mirando para otro lado.
oOo
Esa tarde fue a estudiar a la biblioteca con Luna. Harry ya había comprobado que a pesar de sus rarezas, Luna era brillante en cuestiones de estudio. Tenía una capacidad de asimilación increíble, incluso más que Hermione. Estudiar con ella siempre era interesante porque enfocaba las cosas de manera totalmente heterodoxa. Cuando Harry le preguntaba algo a Hermione generalmente obtenía una respuesta detallada y abrumadora que incluía todo lo que decían las teorías serias comúnmente aceptadas. Luna siempre le presentaba teorías que no venían en los libros y sus explicaciones siempre eran más interesantes y muchas de ellas memorables.
Luna estaba enfrascada en una explicación sobre la evolución de los usos de las escamas de dragón cuando entró Ginny precipitadamente y vino a sentársele enfrente, parecía muy fastidiada.
—¿Pasa algo, Ginny? —inquirió Harry.
—¡Sí! —contestó ella bruscamente.
Luna la miró con una sonrisa afable. —Las escamas de dragón pueden usarse también en filtros para resolver problemas. Esto se descubrió en 342 A.D. cuando Kermit, el Inquisitivo estuvo cinco días sin dormir tratando de resolver la cuestión del significado de la vida. Hay quienes dicen que su frustración fue lo que lo empujó a probar prácticamente todos los ingrediente conocidos para poder crear un filtro que le permitiera resolver el problema pero yo pienso que la falta de sueño fue lo que….
—Yo no necesito un filtro para resolver problemas. —la interrumpió Ginny enojada— Lo que necesito es que Harry le escriba a Viktor Krum y que le diga a ese búlgaro hijo de puta que se deje de molestar a Hermione escribiéndole, presionándola para que le consiga una reunión con Harry.
Harry se llevó una palma a la frente. —Me había olvidado por completo. ¿Volvió a escribirle?
—Es muy impaciente. Y muy pelotudo… "Hola: ¿Cómo estás? Te extraño. ¿Por qué no me tramitaste todavía una reunión con Harry? ¿Sigues enojada?" ¿¡Se puede acaso ser tan imbécil?! ¡Sólo hace dos semanas que la plantó!
—La extraña. —dijo Luna con su habitual tono soñador— Y está inquieto. Pero no sabe cómo expresarlo. Lo de la reunión con Harry no es sino una excusa quizá no muy feliz… pero es su forma de decirle que quiere que siga siendo su amiga… y que siguen teniendo cosas en común… como por ejemplo que los dos quieren ayudar a Harry a luchar contra el Señor Oscuro.
Harry y Ginny se quedaron mirándola perplejos. Sonaba muy sensato…
Harry se recuperó primero, sacó una hoja nueva de la mochila y dijo: —Bueno, ya mismo le voy a escribir.
—Luna… —intervino Ginny algo insegura— ¿vendrías conmigo a hablar con Hermione? Ella está convencida de que a Viktor no le importa ella para nada… creo que le podría hacer bien escuchar tu punto de vista.
Luna accedió, juntó sus cosas y las dos salieron. Harry se puso a redactar la carta. Le explicó de manera amable que Hermione era una persona muy ocupada y le sugirió que le escribiera directamente a él en cualquier oportunidad que quisiera reunirse. Agregó que a Hermione le encantaría recibir periódicamente noticias suyas pero que era mejor que no le escribiera si se trataba sólo de asuntos de "negocios". Le propuso que se reunieran el siguiente fin de semana de salida a Hogsmeade, o, en el caso de que concurriera a la escuela para una audiencia con Dumbledore que solicitara que lo convocaran a Harry al despacho del director.
Releyó la carta, la guardó en la mochila, juntó los útiles y partió hacia el Gran Salón para la cena. Pero no había avanzado un par de pasos por el corredor cuando un Crabbe furibundo se le interpuso.
—¡Ya te había advertido que no te le acercaras a Luna! —aulló y le propinó un violentísimo puñetazo en la sien.
Todo se puso negro de repente.
oOo
Harry se perdió la cena pero recuperó la consciencia a tiempo para cumplir con la penitencia. Estaba muy dolorido. Madame Pomfrey le informó que había que tenido que repararle un par de costillas fisuradas y curarle muchas magulladuras, algunas bastante feas. La sanadora le aseguró que el dolor cedería por completo durante la hora siguiente.
Por el lado positivo, no lo habían atacado con ninguna maldición y su varita había sido hallada intacta a su lado. Concluyó que se había tratado simplemente de un ataque de Crabbe motivado por los celos.
Dumbledore entró a verlo cuando ya estaba por marcharse. Se sentaron un rato y Harry le contó lo que había visto en la mente de Voldemort referente a los Flamel. El director le dijo lo mismo que Snape, que no lo sabían con certeza pero ya lo venían sospechando.
Dumbledore le ofreció la posibilidad de dispensarlo de la penitencia. Harry lo pensó un momento y decidió cumplirla igual si se le daba permiso para usar magia.
Terminó en la cuarta parte del tiempo usando magia. Pero igual estaba agotado cuando regresó a la torre. Por suerte no tenía que tomar la poción, se durmió apenas apoyó la cabeza en la almohada y no se despertó hasta el día siguiente.
La noche siguiente después de la práctica de quidditch se escurrió hasta el lago. Esperó a Malfoy más de dos horas pero no apareció. Enojado y frustrado volvió a la sala común.
Hermione se había quedado dormida en el sofá junto a la chimenea. Rodeada de libros. Harry notó que uno de los libros abiertos no era un libro sino una caja que simulaba serlo. Estaba llena de cartas.
—Hey, Hermione… —susurró acariciándole una mejilla con rastros de lágrimas. Se despertó algo sobresaltada y lo miró con ojos rojos congestivos— Parece que vos y Viktor se escribían mucho.
Ella asintió, se enderezó en el asiento y empezó a juntar sus cosas. —Siempre me las mandaba con el correo de la tarde… para que pudiera leerla a la luz de las velas… decía que así las palabras parecían más románticas.
—¿Y era cierto?
—Sí. —susurró ella y los ojos volvieron a llenársele de lágrimas. Harry se sentó al lado y la envolvió en un abrazo.
—Todo va a estar bien. —le dijo Harry al oído.
—Ya sé… ya se me va a pasar… —dijo tratando de componerse— es sólo que… nos contábamos todo… y creo que Luna tiene razón cuando dice que él quiere mantener la comunicación abierta… pero creo que para mí sería más fácil si fuera todo o nada.
Harry asintió y se apoyó sobre el respaldo. —Entiendo muy bien lo que querés decir.
Ella lo miró y se secó una lágrima. —¿A vos te pasa algo parecido?
Harry volvió a asentir. Cuánto le hubiese gustado poder hablar con ella abiertamente del asunto. —Él no quiere hablarme. —confesó con tono sombrío tratando de resumir en esas pocas palabras todo el dolor, la confusión y la frustración que sentía.
—¿Él? —repitió ella sorprendida— Harry, ¿vos sos gay?
Se encogió de hombros. —No sé… creo que no… quiero decir… las chicas me siguen gustando… —se rió con sorna— Después de Cho creo que en el área femenina mi desempeño no es muy bueno… pero parece que tampoco tengo suerte en esta otra área.
—¿Quién es?
Sacudió la cabeza lentamente. —No quiere que se lo diga a nadie.
—¿Es nacido de muggles? —Harry la miró raro y se obligó a refrenar una sonrisa, ella aclaró: —Lo digo porque se me ocurrió que podría arrastrar prejuicios o tabúes muggle.
—No, no se trata de eso… es sólo… creo que se trata de mí.
Hermione asintió apenas. —Se podría llegar a pensar que te está usando. —Harry fijó la vista en el fuego; en el sentido en que lo había dicho se equivocaba, pero sus palabras le habían producido un impacto certero— ¿Vos creés que él te esté usando?
Harry no respondió, los ojos siempre fijos en las llamas.
Ella le reclinó la cabeza sobre un hombro, y no agregó nada más, sus ojos también derivaron a las llamas. Permanecieron en silencio pero Harry la sintió muy cerca, acompañándolo, compartiendo juntos un dolor muy parecido que les lastimaba el corazón.
oOo
El miércoles después de la práctica de quidditch, Harry se cubrió con el Manto y bajó al tercer piso para la clase de encantamientos sin varita con Nicolas.
—Bueno, parece que estamos de muy malhumor. —comentó Nicolas jovial cuando lo vio entrar.
Harry hizo un esfuerzo para sonreír pero no lo logró.
—Ah… penas del corazón… ¿querés hablar sobre eso?
—No, para serle franco.
—Está bien, entonces, pasemos directamente al trabajo. De poco sirve regodearse en el pantano de la desolación.
Harry se preguntó por qué Nicolas no hacía uso del recurso para levantarle el ánimo como había hecho Perenelle. A como estaban las cosas, se sentía herido y frustrado y la jovialidad de la que hacía gala Nicolas no hacía sino irritarlo más.
—Es bastante tarde y debés de estar cansado además por la práctica de quidditch… así que creo que podemos saltearnos el repaso de lo ya visto y encarar nuevos encantamientos más complejos. —Harry asintió su acuerdo— ¿Qué tal sos en Transfiguración?
—Aceptable.
—No es lo que opina la profesora McGonagall, dice que has logrado mejorar muchísimo en los últimos tiempos.
Harry se encogió de hombros. —Digamos que soy bastante bueno.
—Así está mejor… ¿qué te parece si empezamos con algo sencillo? —estiró una mano y la estatuilla de la gárgola voló hasta él— Veamos si podés transfigurar esta gárgola de piedra en un ratón de madera.
Harry ahogó desdeñoso una risa. Para él eso era una pavada… levantó una mano con displicencia… pero lo pensó un segundo y decidió hacerlo más difícil y transfiguró la estatuilla de piedra en un ratón de verdad.
Nicolas pareció encantado. —Ni siquiera necesitaste calentamiento… ¿has estado practicando?
—Un poco. — dijo como al descuido restándole importancia. Lo recorría interiormente una mezcla muy confusa de emociones. Seguía con el dolor de cabeza originado por su problema Malfoy, Nicolas con su talante entusiasta le resultaba sumamente exasperante y sentía que tenía que alardear un poco de sus habilidades. No sabía por qué de pronto lo atacaban esos impulsos, ese deseo repentino de querer impresionarlo. —¿No podría presentarme algo más desafiante? —gruñó. ¿Por qué le estaba gruñendo?
Nicolas se puso de pie de inmediato. —Transfigurame esta mesa en un caballo. —ordenó.
Le bastó mirar la mesa para transfigurarla en un caballo. El caballo estaba muy nervioso y empezó a dar de coces contra el suelo. Con otra mirada Harry lo transfiguró en un vaso de agua. Eran cambios muy difíciles de lograr incluso con una varita.
Nicolas se había quedado mirándolo con ojos desorbitados de asombro.
Harry sintió que sus emociones se apaciguaban, se quedó con la mirada fija en el vaso de agua.
—¡La puta, Harry! —exclamó Nicolas— Y perdón por el lenguaje.
—¿Qué fue lo que hice? ¿Estuvo bueno?
—¿Bueno decís? Hasta hace un par de semanas tenías problemas con la convocatoria de objetos simples… y ahora… con una simple mirada transfiguraste un caballo en un vaso de agua… ¡es un avance colosal… titánico!
Harry lo miró y se dio cuenta de inmediato de que no le estaba diciendo todo. Volvía a sentirse amigable hacia él, la irritación de unos minutos antes se había esfumado. Se sentía muy tentado a leer lo que estaba pensando…
—¿Qué fue lo que me hizo? —demandó.
Nicolas no contestó enseguida. Desvió los ojos al vaso de agua, lo retransformó en mesa y tomó asiento. Le hizo un gesto a Harry para que hiciera otro tanto. Harry se avino y se sentó.
—Le di impulso a tus emociones… un leve estímulo bastó porque ya estaban aceleradas.
—¿Quiere decir eso que ustedes dos pueden manipular a las personas a su antojo?
Nicolas frunció el ceño. —No… es decir… podríamos si fuera ése nuestro propósito. Generalmente influimos con lo que brota naturalmente de nosotros… paz, amor, amistad y todo eso. Sí poseemos la habilidad de disminuir el control que tienen las personas sobre sus emociones. Generalmente usamos esas dos habilidades al mismo tiempo. Para tratar de dirimir conflictos, para ayudar a la concordia.
—A veces es necesario pelear.
—Pero en la mayoría de las ocasiones no es necesario. Snape y vos no necesitan pelearse en este momento, por eso Perenelle los ayudó a suavizar asperezas la semana pasada.
Harry asintió.
—Pero este incidente me ayudó a percatarme de algo que no había notado hasta ahora. Cuando tus emociones se desatan tus poderes aumentan dramáticamente. O quizá sólo se trate de que vos te sentís más liberado y los pones en juego al máximo de tus posibilidades… que son extraordinarias. Lo único que hice fue disminuir un poco tu control sobre las emociones, lo que omití hacer, ex profeso, fue rodearte con lo que podríamos llamar… emociones apaciguadoras. Y el resultado fue que me dejaste boquiabierto ante un despliegue inusitado de poder, plasmado en trasfiguraciones increíbles.
Harry ya sospechaba cuál iba a ser la respuesta pero preguntó igual. —¿Y por qué no me lo explicó antes?
—No hubiera dado resultado si te lo hubiera anticipado.
—Naturalmente.
—No… en serio. No me hubieras creído si te decía que podías hacerlo. Pero ahora que lo lograste, tenés una prueba irrefutable. Ahora tratemos de ver si podemos lograr los mismos resultados pero sin que tus emociones corran desbocadas.
Harry lo miró con desconfianza, Nicolas le sonrió. Harry no pudo evitarlo, le sonrió a su vez.
—¿Está tratando de ponerme de buen ánimo? —preguntó Harry acusador.
—No estoy influenciándote de manera deliberada, pero lo cierto es que hay ciertas ondas que normal y constantemente emanan de mí.
—¿Lo jura?
—Lo juro.
Pasaron a encantamientos más complejos y Harry tuvo que convencerse de que tenía mucho más poder del nunca pudiera haber imaginado. Encantamientos que siempre le habían resultado difíciles con varita, podía lograrlos ahora sin esforzarse siquiera. Y sólo porque sabía que podía lograrlos.
Cuando terminaron, Harry estaba exhausto. Igual se escabulló hasta el lago.
Pero Malfoy no había ido.
oOo
El jueves y el viernes pasaron en un torbellino de clases, deberes académicos, prácticas de quidditch. Y también de frustración y congoja… porque el Slytherin rubio que lo obsesionaba en todo momento se negaba siquiera a dirigirle una mirada.
Harry trataba de encontrar alguna forma de poder hablarle a solas. Pero cuanto más pensaba más imposible le parecía. Después del ataque de Crabbe siempre había varios miembros del ED a su alrededor. Y Malfoy iba siempre acompañado de sus dos roperos guardaespaldas y con Parkinson colgada del cuello.
Durante la clase de Adivinación los Slytherin los acosaron, a él y Ron, con insultos susurrados ininterrumpidos. A Harry se le ocurrió una idea. Espero un ataque verbal de Malfoy y replicó con un susurro furibundo. —¡Ya basta de obsesionarme Malfoy!
Malfoy estalló en carcajadas como el resto de los Slytherin. Harry decidió que de poco valía tener tanto poder si no podía usarlo. Fijó los ojos en los de Malfoy que lo estaban mirando burlones. Nada de la ternura y la afabilidad que solía mostrarle cuando estaban solos se traslucía en los ojos grises en ese momento.
Le bastó un pestañeo y unos pocos segundos para lograr su cometido. Dibujó una sonrisa pícara y la de Malfoy vaciló. Había estado pensado en cuánto quería abalanzarse sobre Harry y cogérselo hasta partirlo al medio, lucía tan sexy y provocador con ese nuevo corte de pelo que le sentaba de maravillas. Cuando Harry le sonrió, un tropel de pensamientos igualmente libidinosos le inundó la cabeza.
Harry se apoyó contra el tronco del árbol. Para disimular la sonrisa de oreja a oreja que ostentaba, le susurró a Ron: —Imaginate a Hermione en una lección privada con Trelawney.
Ron ahogó una risotada. Y susurró en respuesta. —Acordate de este pronóstico que te hago, Hermione va a terminar comiéndosela cruda tarde o temprano.
Harry alzó las manos y apoyó la cabeza sobre ellas. Miró de reojo a Malfoy y sin dejar de sonreír respondió. —No lo dudo ni por un instante, Ron.
oOo
Cuando Harry llegó a desayunar al día siguiente antes del partido con Hufflepuff, el equipo de Gryffindor en pleno ya estaba sentado a la mesa. Tomó asiento entre Ginny y Christopher y procedió a servirse.
Estaba cansado, a pesar de que les había ordenado a los del equipo que fueran a acostarse temprano, él se había escapado sigilosamente al lago… inútilmente porque Malfoy no había aparecido.
—¿Estás comiendo? —preguntó Ginny sorprendida.
—Sí… ¿por qué?
—Vos nunca comés antes de un partido.
Harry se encogió de hombros. —Supongo que he aprendido a controlar mejor mis nervios.
Justo en ese momento entró un grupo grande de Slytherins, Malfoy entre ellos, portando pancartas con el dibujo de un gran tejón devorándose a un leoncito. Uno de los carteles tenía una leyenda, "Potter y sus gatitos", otro era mucho más agresivo, "Los Gryffindor son maricones". Y empezaron los gritos: —¡Potter es maricón!, ¡Weasley es maricón!, ¡Billings es maricón!
Ninguno de los Hufflepuff se sumó a la algarabía anti Gryffindor, por el contrario todos se habían sonrojado avergonzados.
Ernie MacMillan saltó de su asiento, corrió hasta la mesa de Gryffindor y declaró con vehemencia. —¡Los Hufflepuff no tenemos nada que ver con este vergonzoso escándalo!
Harry hizo un gesto restándole importancia al asunto. —Por supuesto que no, Ernie, está todo bien. Son cosas de los Slytherin, ya todos sabemos lo descerebrados que son.
Ginny le tendió la panera con amabilidad. —¿Gustás un bollito?
—Eh… bueno… gracias. —Ernie se sirvió un bollito y volvió a su lugar. Los Hufflepuff habían empezado a levantarse y comenzaron a retirarse del Gran Salón.
Un Slytherin de cuarto año gritó a vos en cuello. —¡Los Hufflepuff se la dan por detrás a los Gryffindor!
La profesora McGonagall se adelantó indignada, le quitó veinte puntos por uso de lenguaje obsceno y le impuso una penitencia. Varios Slytherin protestaron a los gritos. La profesora les quitó cincuenta puntos por insolencia y repartió una docena de penitencias más. Luego los conminó a que abandonaran el Salón llevándose sus repugnantes carteles.
Los Slytherin obedecieron pero aprovecharon para ametrallar con insultos susurrados cuando pasaron al lado de la mesa de Gryffindor. Cuatro alumnos tuvieron que retener a Ron y dos a Ginny para impedirles que se les abalanzaran para desollarlos vivos.
Harry y otros se ocuparon de reimponer la calma en la mesa. Terminaron de desayunar y enfilaron al campo de juego.
La táctica de los Slytherin para perturbarles el ánimo a los Gryffindor no resultó; peor, el tiro les salió por la culata. Fueron los Hufflepuff los que quedaron muy mal, y jugaron pésimo, Gryffindor iba ganando por paliza cuando finalmente Harry capturó la snitch. El resultado final fue de 260 a 30.
A pesar del triunfo, nadie tuvo ganas de celebrar.
oOo
Harry pasó el resto del día en la biblioteca estudiando con Hermione y Neville. A la noche después de cenar bajó a los subsuelos para la clase de Legilimencia. Entró en el aula de Pociones y fue directo a la oficina. Se paró frente al escritorio de Snape y le flameó un claro pensamiento al frente. —¿Por qué les permitió hacerlo?
Snape suspiró. —Para enseñarles una lección. Tendrían que haberse dado cuenta de que la táctica elegida era contraproducente… deberían haberla cambiado, aunque fuera sobre la marcha. Esperemos que la próxima vez no cometan el mismo error.
—No fue justa la forma en que ganamos. —agregó Harry con tono hosco.
—Su victoria fue debida a la torpeza de los Slytherin, señor Potter. Debería sentirse contento. —replicó Snape sarcástico.
—Bueno, si Ud. lo pone de esa forma hasta puedo llegar a olvidarme de que los Slytherin apabullaron con su conducta a todos los integrantes del equipo de Hufflepuff. Si… creo que si lo pienso de esa forma ya me voy sintiendo mejor.
—El sarcasmo no le sienta, señor Potter.
Harry revoleó los ojos.
—Tenés demasiado corazón, Harry. Aceptá tus victorias y disfrutalas.
Snape se puso de pie y enfiló hacia la puerta. Harry lo siguió.
Cuando llegaron a la serpiente de piedra Snape se detuvo y la miró con odio. Harry empezó a regocijarse con anticipación, si lograba esa pequeña victoria sí que la iba a disfrutar.
—Quiero cambiar la contraseña. —bramó Snape autoritario.
—Lo lamento. —replicó la serpiente— Esa opción no está disponible en este momento.
Snape maldijo por lo bajo. Harry contuvo la risa.
—Ésa no es la contraseña correcta. —le hizo notar la serpiente.
—Soy más que consciente al respecto. —masculló Snape destilando veneno— Y soy también consciente de que es mi prerrogativa cambiar la contraseña cuando lo juzgo apropiado.
—Lo lamento, ésa opción no está disp…
—¡Oh, por el gran Merlín! —aulló Snape y cruzó los brazos fulminando a la serpiente con los ojos.
¡Uy, si las miradas pudieran matar!, pensó Harry.
Snape se dio por vencido y apretando los dientes pronunció. —Me encanta esa fresca sensación a dragón.
Harry tuvo que taparse la boca con las dos manos para no explotar en carcajadas.
La serpiente se deslizó a un costado, Snape abrió la puerta y entraron. Harry se dejó caer al suelo desternillándose de risa. Snape observó indignado los dos pies sin cuerpo que asomaban en el aire.
—¡Oh, ya basta! ¡Póngase de pie!
Harry se quitó el Manto, se sentó y se secó las lágrimas de risa. —Gracias profesor, realmente necesitaba algo así.
—Me alegra que mis pesares le resulten tan divertidos, señor Potter. —Snape flameó la varita y conjuró un servicio de té.
Harry se puso de pie y se adelantó presuroso. —Por favor, permítame… —dijo y procedió a servir el té— ¿Qué vamos a ver hoy, señor?
Snape le puso malacara y tomó asiento. —Hoy le voy enseñar algo de sutileza.
Harry lo miró con aprensión. —¿Me va a doler?
Snape sonrió con malicia. —Después del pequeño despliegue de recién… que no le quepa la menor duda.
La única forma de enseñarle la técnica de invasión sigilosa de la mente era demostrándosela. Snape empezó con una incursión salvaje a lo bestia y se retiró de inmediato. Luego volvió a entrar pero de puntillas. Y le explicó las diferencias de técnica en cada caso.
Practicaron deslizándose por turno en la mente y las emociones del otro. Actuaron con mucha prudencia para no revolver nada que fuera demasiado personal. Harry se sentía mucho más seguro. A pesar de las barreras podía inmiscuirse y navegar sondeando hasta cierto punto.
Snape no era tan poderoso, pero tenía mucha más experiencia y muchísimo más control. Algunas cosas que llegó a ver de pasada eran terribles, Harry no ahondó en ellas pero estaba seguro de que las cosas que había visto hubiesen destrozado la mente de una persona con menos entereza y control que Snape. Harry tuvo el buen tino de poner barreras impenetrables alrededor de todo lo que tenía que ver con el affaire con Malfoy y con la broma de la serpiente.
A pesar de sus veladas amenazas del principio, Snape no abusó en ningún momento y le dio explicaciones detalladas de todo lo que iba haciendo.
El progreso de Harry durante esa clase fue extraordinario. Snape quedó muy bien impresionado y le aseguró que a ese paso para el verano iba a poder ponerse el Manto, caminar directo hasta ubicarse frente al Señor Oscuro y leerle sus más profundos pensamientos sin que él se diera cuenta.
—Mucho lo dudo. —apuntó Harry con escepticismo.
—Yo no. —ratificó Snape.
Snape lo acompañó hasta la puerta. Harry se colgó el Manto en un brazo, se dio vuelta y miró directo a los ojos al hombre con cuya mente había estado enlazado tan íntimamente durante dos horas. Snape seguía siendo un poco más alto pero ya no tenía la altura y presencia intimidante que lo había aterrorizado durante sus primeros años en la escuela.
El profesor le tendió la mano. —Ha sido un placer, Harry.
—Como siempre, Severus. —respondió Harry estrechándosela.
Harry sintió que lo invadía una profunda emoción… algo que podría haberse catalogado de "pena"… y sabía que eso era lo que sentía Snape y que se lo había trasmitido al estrecharle la mano.
Sin pensarlo ni un segundo se adelantó y lo rodeó en un apretado abrazo. Snape quedó como paralizado por un momento y luego le devolvió el abrazo con firmeza.
Se separaron y Harry se cubrió con el Manto.
—Nos vemos en clase, profesor.
—Buenas noches, señor Potter.
oOo
Se le ocurrió una idea cuando emergió de los subsuelos. Miró la hora e hizo un rápido cálculo. Tenía tiempo suficiente. Subió al lechucero. Sacó una trozo de pergamino y una pluma que llevaba en un bolsillo, no tenía tinta pero conjuró un poco.
Garrapateó la nota rápidamente.
Encontrémonos a medianoche en los vestuarios del lado más alejado del campo de quidditch. Vení solo.
Fantasma
Hedwig había bajado y se le había posado sobre un hombro. Harry le ató la nota a la pata y le indicó que se la llevara a Malfoy en los subsuelos.
La lechuza lo miró con reproche. —Ya sé, ya sé… pero, ¿me harías el favor?
Ella le indicó que accedía mordisqueándole apenas el lóbulo de la oreja y emprendió el vuelo.
Harry bajó a dar un paseo alrededor del lago para hacer tiempo hasta que se hiciera la hora. Era una noche muy fría y soplaba una brisa helada. Enfiló hacia los vestuarios unos minutos antes de las doce. Forzó una puerta, entró y se quedó esperando sin sacarse el Manto… se preguntó si Hedwig iba a poder ingresar en la Casa de Slytherin… parecía algo imposible… pero lo cierto era que las lechuzas se las ingeniaban de una forma u otra para llegar a todos lados y…
Un ruido de pasos lo arrancó de sus cavilaciones. Era Malfoy. Harry se quitó el Manto de inmediato y lo guardó en un casillero vacío.
—¡¿A qué puta estás jugando, Potter?! ¡Todo el mundo en la escuela conoce a tu maldita lechuza? ¡¿Querés lograr que mi padre me mate?! —trinaba de furia.
Harry se adelantó y lo asaltó. Malfoy trató de sacárselo de encima pero Harry no cedió. Lo tenía fuertemente rodeado con los brazos y Malfoy ahogó la resistencia cuando le encontró los labios.
Malfoy respondió de inmediato, también lo rodeó con un brazo… la otra mano subió, le aferró los cortos cabellos, le tironeó la cabeza hacia atrás y le mordió el cuello. Harry contuvo un grito. Deslizó las manos por la espalda de Malfoy, le agarró firmemente las nalgas y lo levantó en vilo. Malfoy le rodeó la cintura con las piernas. Harry giró y lo estampó contra los casilleros. Un bang estruendoso resonó en el vestuario.
Harry acometió sacudiendo las caderas. Malfoy le clavó las uñas en la espalda. Harry retrocedió un paso y lo hizo bajar. Los dos se arrancaron toda la ropa en cuestión de segundos y volvieron a abrazarse, apretándose uno contra el otro.
Lentamente fueron descendiendo al suelo, con forcejeos algo desesperados, tratando de ganar algo de aliento entre un beso y otro. Luchando asimismo por la dominancia.
Harry logró imponerse, lo puso de espaldas contra las duras y frías piedras del suelo, le hizo separar las piernas y lo penetró con ímpetu y sin contemplaciones. Malfoy dejó escapar un largo gemido cargado de dolor y de deseo. Harry inició un rápido vaivén embistiendo implacable en cada ciclo… era lo que los dos querían… No había lugar para pensar en las consecuencias… Malfoy le invadía la boca con la lengua con igual violencia… Harry no demoró en acabar con un gemido satisfecho y se le desplomó encima como un muñeco de trapo. Malfoy lo hizo rodar a un lado, se incorporó, lo hizo poner de pie y lo llevó hasta una de las duchas.
Abrió las canillas ajustando la temperatura del agua y se apoyó contra la pared. No tuvo que decir nada, Harry sabía lo que quería. Se arrodilló y lo tomó con la boca. Draco se estremeció, una mano fue a juguetear con los cortos y negros cabellos, la otra con la palma abierta iba golpeando la pared a intervalos regulares que se fueron acortando a medida que su excitación remontaba en una hélice ascendente. Acabó el también poco después sacudiéndose espasmódico.
Harry se puso de pie y volvieron a abrazarse y las bocas se fundieron una vez más en un beso apasionado bajo el chorro de agua caliente.
Cuando finalmente se separaron, Harry retrocedió un poco para contemplar mejor a su bellísimo amante rubio con varias mechas mojadas que le cubrían en parte el rostro.
Malfoy estiró una mano y le sacudió los cortos cabellos empapados.
—La próxima vez, Potter. —dijo Malfoy remarcando las sílabas— Usá otra lechuza.
oOo
