[8]
Perdón, admiración y amor
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Sangre. Veía sangre.
Rodeada de un lugar oscuro e infinito, solo apreciaba la sangre caer de un punto y fundirse en los dedos de sus pies descubiertos, escurría entre ellos y seguía su camino, perdiéndose en la nada.
La opresión en el pecho la obligaba a llevarse una mano ahí, intentando descifrar las sensaciones abrumadoras que opacaban su mente. Tenía un dolor en los ojos y cabeza, no quería recordar…
Escuchó sonidos extraños, eran lejanos y precisos. Alzando la vista, observó con temor lo que se acercaba. Corrió al sentido contrario con desesperación, no quería ver de nuevo la desgracia, no quería sufrir una vez más.
Sin embargo, los recuerdos la persiguen. Siempre lo hacen. Porque frente suyo apareció un joven rubio de ojos verdes que luchaba contra un par de individuos sin rostro. El rubio los repelaba mientras hablaba a gritos.
—¡VAYANSE YA! —ordenó el rubio a otro grupo de sombras sin rostro.
Ellos marcharon fundiéndose en la oscuridad, sin mirar atrás.
Sakura dio unos pasos en reversa al intuir lo que sucedía. Cuando ellos marcharon… las sombras sin rostro atacaron al rubio.
Clavándole un kunai en el corazón, arrebatándole la vida.
—¡No! —gritó Sakura corriendo directo al cuerpo del rubio que caía en picada. Intento sostenerlo, pero se escurrió entre sus manos como el aire.
Con los ojos temblorosos, se miró las manos cubiertas de sangre, temblando, empezó a hiperventilar y lamentarse por la sensación de vacío en su pecho. Volvió a tocarlo.
Y de nuevo escuchó ruidos.
Eran diferente, metal contra metal y muchos gritos.
El recuerdo se acercaba a ella, y esta vez no tuvo el valor y las fuerzas para huir. Dejo que llegará a su ser.
Se apreciaba dos hombres, el mayor poseía una cabellera corta y roja acompañado de ojos grises tan fríos como su corazón; y el menor tenía una larga cabellera azabache, cuyos ojos amarillos revelaban odio y despreció contra su oponente.
Ambos luchaban entre sí, chocando armas y palabras ofensivas.
Sakura no apartó la mirada cuando fueron alejándose de ella. Vio hasta el final. Donde el hombre pelirrojo le clavó la espada en el estómago del pelinegro, ingiriéndole una herida mortal. La sangre salió a borbones cuando fue sacada por el mismo herido.
Lloró, la chica lloró cuando lo vio, porque sabía que vendría después. Desaparecería aquello apreciado para ella.
Y todo por su culpa.
El pelinegro sonrió socarrón al hacer unos sellos rápidos.
—¡ESPERO QUE CON ESTO TE PUDRAS EN EL INFIERNO HIJO DE PERRA! —gritó colérico el pelinegro al finalizar los sellos, y al mismo tiempo el pelirrojo mostró una mueca de horror.
Sakura gritó intentando detenerlo, pero no podía.
Solo era un recuerdo.
El cuerpo del pelinegro brillo intensamente convirtiéndose en una explosión severa y duradera, dejando una marca en la mente de la Haruno. El brillo la aturdió por unos segundos hasta que llegó la infinita oscuridad.
La chica cayó de rodillas en el suelo y las lágrimas cayendo por la quijada. Intentando controlar su respiración errática, apoyo una mano en su rodilla y contempló la otra con desagrado. La sangre escurría entre sus dedos. Al mirar un poco más abajo, una poza carmesí se extendía alrededor de su silueta, manchando su piel.
Se levantó de sopetón retrocediendo con rapidez, su rostro se deformó en una capa de remordimiento y temor, al dar el siguiente paso, chocó con algo duro. Aguantando la respiración, volteó lentamente temiendo por lo peor.
Inmediatamente una mano ensangrentada le cubrió la boca intentando asfixiarla, y otro par rodeo su pequeño cuello. Sus ojos jades se tornaron desesperados cuando reflejaron el rostro de los dos jóvenes que vio morir: el rubio y el pelinegro. Ambos con sangre por todos lados y sus propias heridas expuestas. Las cuencas de sus ojos eran oscuras y no se podía ver con claridad sus rostros.
—¡Tú tienes la culpa! —gritaron ambos con voz distorsionada.
Sakura negó con la cabeza mientras trataba de zafarse del agarre, sus ojos se llenaron de lágrimas cuales derramo sin misericordia. Negaba el hecho de que fue su culpa cuando era cierto, y lo peor es que dolía como arder en llamas de remordimiento.
Intento con todas sus fuerzas deshacerse del agarre, los dos no paraban de repetir la frase. Creyó haberse librado, pero no fue así. Más manos salieron de la oscuridad aferrándose a todo su cuerpo, diversos dedos con uñas calvadas en su piel, provocándole mucho dolor.
Horror. Fue lo que expresó en su rostro al ver rostros conocidos entre la multitud de manos, de aquellos que asesino en su momento, de tantas vidas arrebatadas, la cuales no deseo, fue obligada.
—¡Tú nos mataste! —se unían en coro las voces calando en su mente.
Y ella intento gritar, pero toda la oscuridad y la sangre la atrapo ferozmente intentando ahogarla en sus emociones contraídas de amenaza y desesperación.
Lloro y lloro sin parar, intentando respirar… y sobrevivir con sus demonios personales.
Despertó de la espantosa pesadilla respirando agitadamente, sentada en la cama, el sudor frío caía por la frente. Llevó una mano a su pecho al cerrar los ojos e intentar calmar su respiración frenética.
Lloraba incluso por fuera, su corazón lo expresaba.
Tantas noches de insomnio provocadas por diferentes recuerdos, las pesadillas como ese tipo de escenario no eran frecuentes, pero cuando las tenía le provocaba escalofríos y unas inmensas ganas de llorar a todo pulmón. Porque es la representación de su mente: la culpa.
—Ah… ¿Qué pasa conmigo? lo había olvidado —murmuró recostándose en la cama.
Abrió los ojos lentamente virando el rostro, captó el álbum de fotos a un lado de ella, se había quedado dormida apreciándolas, tal vez por eso volvieron las pesadillas. Lo contempló inmóvil por unos segundos antes de tomarlo entre sus manos. Sin prisas, mantuvo sus ojos jades calvadas en la foto expuesta.
Estaba ella de un aspecto de siete años esbozando una sonrisa inocente. Detrás, se encuentran dos gemelos que rondaban alrededor de doce años, ambos con el cabello negro, pero con características diferentes: el de pelo lizo poseía unos ojos azules, y el de cabello alborotado unos ojos jades. Al cotado de este, se hallaba una joven de similar parecido a Sakura del presente, pero poseía una abundante cabellera negra y ojos jades, lo más notable era su barriga de nueve meses de embarazo. Del otro lado, era evidente que la mujer de cabello rosado y ojos azules era la madre de Sakura.
Su familia fue bastante grande, porque no eran las únicas en la foto.
En medio de la pelinegra y la madre de Sakura, estaban los dos hombres que salieron en su reciente pesadilla, pero no se veían abrumados o pálidos, si no portaban una enorme sonrisa en su rostro… o bueno, nada más el rubio.
También aparecía Ayame con su apariencia actual, sentada en el suelo a un lado de un chico pelirrojo de ojos azules; y cargaban en las piernas a un par de niña, gemelas. En ambas su cabellera era corta y lo que diferenciaba de una a la otra era de igual manera sus ojos, azules y jades.
Recordó que la foto fue tomada un día antes de que empezará la desgracia para su familia.
Los extrañaba terriblemente.
¿Y dónde estaban ellos?
—En un lugar mejor —dijo en voz alta dejando que el álbum cubriera su rostro, quería dormir esa noche sin más pesadillas, mañana debía doblar turno en el hospital— o eso quiero creer.
"*"*"
Entrada la madrugada, la lluvia cayó sobre la tierra de una forma brutal que se podía escuchar el impacto.
Y entre el aguacero, Sasuke estaba escondido detrás de unos arbustos, alejándose de la vista de los enemigos que podrían acechar entre las sombras. Esperaba un equipo ANBU que recurriría a él como apoyo porque ya había encontrado la aldea del Bambú.
Unos cincuenta metros al frente, el camino era obstruido por una pared de energía que simulaba un paisaje falso. Lo cierto era que repelía cualquier ataque del exterior mandando pequeñas descargas eléctricas al cuerpo.
Vigiló durante un par de horas y solo vio salir y entrar a varios Enokis. También diversos ninjas renegados merodeando por la zona. Nada incauto que vislumbrar, en comparación de él, las piernas empezaban a entumecerse por su posición actual: de cuclillas con la potencia del agua golpeándolo en los hombros, espalda y cabeza.
En su hombro derecho, Drako gruñó por debajo al sentir unas presencias acercarse a ellos. Y el joven azabache viró su rostro interceptando las miradas detrás de las cinco máscaras de animales representantes a ANBU. Los refuerzos no tardaron mucho en llegar.
Los ojos negros observaron sin expresión a los recién llegados.
—Uchiha. El Hokage no mando como refuerzos. Asegura que has encontrado la entrada de la aldea —habló el líder del escuadrón cuya máscara era de gato, el agua se filtraba por ella y caía en gotas por la quijada.
—Así es —Sasuke hizo un ademán con su cabeza dirigido al frente. El grupo de ANBUS pudieron visualizar el movimiento de la barrera al recibir las gotas—. Es un campo de ilusión óptica, refleja lo exterior. Al tocarlo lleva una descarga eléctrica al cuerpo.
—¿La información es confiable? —preguntó otro del grupo entregándole un comunicador.
Sasuke se colocó el transmisor en la oreja yDrako miró de una forma nada grata al grupo de Shinobis. Él habló sin inmutarse.
—Una persona que está a punto de morir no dice mentiras.
Los ANBUS no comentaron nada al respecto.
—¿Y sabes cómo entrar?
Está vez Sasuke negó con la cabeza.
—Será mejor acercarse para averiguarlo —ordenó el líder.
Los seis Shinobis recorrieron el camino frente a ellos con cautela, tratando de que su chakra no fuese notoria. La misión debía tener éxito.
Al pasar un par de árboles, Sasuke junto con el líder y uno de máscara de ratón se acercaron a la barrera mientras que los demás cubrían sus espaldas.
—Alguien debe ser causante de este campo de protección —dijo Sasuke enfocando su reflejo en la barrera
—En todo caso, deberíamos matarlo. Pero estaría dentro de esto, protegido —aportó el líder del escuadrón mirándolo.
En ese momento Drako dejó de admirar su reflejo y gruñó ligeramente a sus espaldas, y el Uchiha supo que era una mala señal.
Ante todo pronóstico, un ataque sorpresa les vino de frente. Una cola gruesa apareció al filo de la barrera golpeando a los tres Shinobis enviándolos al suelo.
Sasuke rápidamente reaccionó al sentir la cola del lagarto enrollarse en su pierna y ser jalado al interior y Drako mordió insistentemente la ropa del joven. La desesperación del grupo por perderlo fue grande que el ANBU de máscara de ratón se aferró a su ponchó y terminó siendo arrastrado al interior de la barrera junto al azabache.
—¡Uchiha!
Fue lo último que escuchó el aludido al ser traspasado por la barrera junto al ANBU. De un movimiento desvaino la katana cortando la mitad de la cola e inmediatamente fue liberado junto con un grito brutal.
Se levantó inmediatamente posicionándose alado del ANBU. Sus ojos se activaron al Sharingan y Rinnegan. El cuerpo le pesaba, ese Enoki le absorbió una buena cantidad de chakra. A su lado, Drako se puso en guardia y su cuerpo creció en un segundo, soltó un rugido feroz que no intimido al lagarto. Este de igual manera le devolvió el gesto de manera hostil.
Drako no dio aviso y se abalanzo al lagarto sin darle tiempo de defenderse, enterró sus garras en la piel gruesa del lagarto sacándole un bramido de dolor. A cambio, el Enoki le mordió su lomo con gruesa agitando su cabeza para lanzar a Drako lejos de él. Inmediatamente corrió para embestir a Sasuke y compañía.
El Uchiha blandió la katana para partirle un brazo, pero el lagarto lo esquivó sin pestañear y mostro sus colmillos con intención de arrancarle la cabeza. Previamente el azabache se hizo a un lado para evitar el combate de cuerpo a cuerpo. Todavía los efectos seguían en su cuerpo.
Al mirar a su lado, el ANBU intento esquivar el veloz ataque del lagarto, pero fue inútil. Las garras trapazaron su pecho arrebatándole la vida, la sangre salpico brutalmente manchándole la mitad de su rostro.
Sasuke volvió a saltar esquivando a la criatura que blandió sus garras de cuchillas a su persona. Recuperando un poco de chakra, invocó las llamas negras del Amaterasu dándole fin a un asesino que se consumió lentamente y desapareció en un susurró.
Restregó su mano libro contra el rostro quitando la sangre con la ayuda del agua. Después de suspirar, se acercó al cuerpo inerte en el suelo y lo contempló en silencio.
—¡Uchiha! ¿aún siguen vivos? —la voz del líder de los ANBUS resonó en su oreja.
Se llevó una mano al transmisor sin apartar la mirada del cuerpo.
—Tu compañero perdió la vida —informó despegando la vista del ANBU fallecido para posarla en el camino estrecho que se abría paso entre los bambús, miró de soslayo a Drako aparecer entre las ramas, agitaba la cabeza, y tras comprobar que él estaba bien, se encogió de tamaño—. Me encargaré de quitar el campo de energía, esperen mi señal.
Obtuvo la aceptación de los ANBU que aseguraron esconderse y esperar indicaciones, con el campo activado era como andar a ciegas en un campo minado, en cualquier momento morirías.
Antes de partir, Drako se subió a su hombro al mismo tiempo que Sasuke se agachaba para quitarle la mascará al ANBU dejando al descubierto un rostro impávido con ojos muy abiertos, se tomó la molestia de bajar los parpados y quitarle sus protectores. A continuación, agarró los brazos y arrastro el cuerpo inerte para esconderlo entre los tallos de los bambús, para que no quedará expuesto.
Sin más, avanzó entre el bosque ocultándose ligeramente entre las ramas y las hojas, rodeo con cautela y no apartó la vista del centro, que apenas y lograba vislumbrar alguna persona debido a la lluvia. No tardó en llegar cerca de las primeras casas. Asomando la cabeza por el costado, admiro un grupo de ninjas renegados guiar de una manera violenta a un grupo de esclavos; estos tenían las muñecas y tobillos envueltos en grilletes y eran unidos entre sí por dos gruesas cadenas, pesaban más que su propio cuerpo.
Se obligó a soportar el escozor de sus manos para liberarlos, y desvió la mirada pensando que una vez que acabara con el engendro que controlaba el campo, sería probable que quedarán libres. El pensamiento se evaporó ya que siguió su camino.
Tras haber leído los informes, memorizo las calles de la aldea, no era muy diferente a Konoha —más por el tamaño—. Había una calle principal que no medía más de cien metros, y de ahí se desviaban a otras pequeñas, el punto de referencia era la casa del jefe, un poco más grande que el resto pero nada extravagante. En sí, la aldea no era de proporciones grandes, sino, parecía ser más un lugar el cual pasar una noche en alguna posada. Seguía sin comprender que buscaban ahí.
Siguió su trayectoria sin complicaciones más las gotas de agua golpeando su rostro, corrió por el techo de unas cuantas casas y aterrizo en medio de dos, escondió su cuerpo detrás de unas cajas mientras observaba desde la orilla a los lagartos ingresar a la casa del líder de la aldea.
Una ventaja era que, como la aldea no era grande, no se le complico mucho la tarea de contar cuantas personas había en el territorio: los que escoltaban a los esclavos, los que merodeaba por las calles; no pasaban de diez. Y de lagartos solo había visualizado tres —sin contar al que asesino—. Ahora, no era consiente de cuantas se encontraban en el interior de la casa.
Era vital saber aquello.
Sus ojos se desviaron al sentir un movimiento en su hombro. Drako le daba golpecitos en dicha parte para posteriormente apuntar con su patita a sus espaldas. Entrecerrando los ojos, giró medio cuerpo visualizando que, en medio de la lluvia y agazapado en las cajas del fondo, había un ovillo que temblaba de pies a cabeza.
Unos ojos rosas le miraron y se alejaron instintivamente dejando en evidencia el miedo que sentía dicha persona.
—Drako, vigila —ordenó el Uchiha terminando de girarse hasta la persona. Drako asintió con la cabeza saltando a la caja, otra pequeña le cubría el pequeño cuerpo.
Sin reparos, Sasuke fue acercándose a la persona sin cambiar su semblante. La figura respingo de miedo y sacó sorpresivamente un cuchillo de alguna parte.
El joven se detuvo.
—Si te acercas más no dudare en rebanarte la cabeza —la voz femenina salió en un lastimero intento de amenazarlo, su voz y manos temblaba.
Desde su posición, Sasuke apenas pudo admirar con la luz de la luna el rostro de la femenina, parecía joven, acercada a su edad. El cabello le caía a cascadas risadas sobre sus hombros y sus ojos rosados parecían determinante a matarlo si era necesario. Lo que le intrigo fue ver que ella portaba un blusón blanco, manchado de barro y sangre seca.
Él movió un poco su cuerpo y la chica respingo.
—¡No te acerques! —bramó.
Sin el menor esfuerzo, Sasuke llegó frente a ella arrebatándole el cuchillo, posteriormente la tomo del brazo obligándola a levantarse. Por instinto, la joven le mordió la mano. Él la soltó de inmediato por el descozor y la joven retrocedió con lágrimas en los ojos.
—¿Disfrutas verme sufrir? Como no, es obvio si eres uno de ellos, de la misma calaña. Interesados en obtener poder y placer. Son capaces de lamerle las pelotas a su jefe por una "muñeca" —siseó cargada de ira la chica, se notaba el despreció en su voz—. ¡No sabes cómo te detesto!
—No creo que hacerlo haga mucha diferencia —habló Sasuke soltando un suspiro. No esperaba encontrarse con una chica—. Y no, no soy uno de ellos.
—Mientes, si no, ¿Qué más haría un hombre como tú por los alrededores? —siguió insistiendo ella.
—¿Eres una esclava de Tsumibito? —le preguntó sin responder la cuestión principal.
Y ella le reclamó a medio grito.
—¡No tengo porque responderte! Además, no hiciste lo propio conmigo.
—¿Cómo te llamas?
La chica respondió cautelosa.
—Shiro.
—Mi nombre es Sasuke, y soy ninja de Konoha —reveló al mismo tiempo en que Drako se posicionaba en su hombro derecho y negaba con la cabeza dando a entender que nadie los había descubierto.
De pronto, la chica permaneció estática en su lugar sin dar crédito a lo que recibió de información. Por un segundo no hizo movimiento alguno. Luego apretó los dientes y juntó las manos.
—Mientes… ¡Eres uno de ellos! —chilló exaltada.
Sasuke no tenía tiempo de lidiar con ella, así que, sin decir media palabra, se acercó a ella y la arrastro con él al bosque que se encontraba a cincuenta metros de distancia. La chica se negó a contribuir al retorcerse y exigiéndole que la soltará, pero él la ignoró.
Al llegar a lo profundo, la soltó e inmediatamente la chica se agazapo en la roca, pegando la espada en la superficie plana y fría.
—Mira, no estoy para perder el tiempo. Tengo unos aliados afuera esperando que deshaga esta barrera para que puedan entrar y extraer a los esclavos. Si no cooperas, entonces quédate aquí y espera a que la barrera se deshaga.
Tras decir eso, empezó a alejarse de ella sin dirigirle mirada alguna. Sabía que donde se encontraba no la atraparían si no se movía. Debía ser duro para ella pasar por esa situación debido a que Shiro era una esclava, lo supo desde el momento que vio sus ojos.
Lo cierto era que no sabía cuanta información poseía la muchacha porque no paso por alto un detalle: estaba semidesnuda. Y no fue por morbosidad o lascivia, para nada, no es difícil de advertir al verla fijamente. ¿Qué podría saber ella?
Avanzó unos metros tras pisar el lodo que se formó por la lluvia, hasta que escuchó el crujir de las ramas, no tuvo que voltearse para saber de quien se trataba.
—Te dije que esperaras ahí, te atraparan si te ven —aconsejo deteniéndose, dándose la vuelta, observó a la chica y su respiración errática.
—Si es cierto lo que dices… —tragó grueso—. Te ayudaré, sé cómo funciona la barrera —un trueno acompaño sus palabras.
La lluvia no le permitió ver a la chica el rostro de Sasuke, la oscuridad se apodero del entorno después del trueno, pues las nubles cubrieron de nuevo la luna sin remordimientos.
Sasuke extendió su mano para atrapar a la chica y jalarla de vuelta por donde estaban, llegaron justamente al mismo lugar escondiéndose de los enemigos.
—Dime todo lo que sepas —pidió él mientras Drako olisqueaba en busca de enemigos a la redonda.
Shiro se desplomó en el suelo y respiro por la boca. De soslayo observó a Sasuke ponerse de cuclillas frente suyo para contemplarla.
—¿Sabes cómo se destruye la barrera?
—La crea y controla un lagarto en particular, posee una gran cicatriz en kanji en el torso encerrado en un círculo. Matándolo, naturalmente la barrera se destruye.
—No vi ningún lagarto así en las calles, entonces debería estar dentro de la casa —dedujo el Uchiha.
—Así es.
Sasuke la miró fijamente.
—¿Escapaste de la casa grande?
—Por supuesto, he había intentado varías veces pero es la primera en que tengo éxito. No es fácil escapar de ellos, tuve que memorizar muchos detalles.
—¿Cómo cuantos lagartos y ninjas hay dentro de la casa?
Shiro asintió.
—Dos lagartos y cinco personas, una de ellas es un hijo de puta y es el que está a cargo de todo esto. Los esclavos están en el sótano, deberían ser una docena.
El Uchiha permaneció en silencio ideando una estrategia. Al momento que se adentrara en la casa debía matar primero al lagarto con la cicatriz para que la barrera se desintegrara y los ANBUS acudieran a su ayuda, contando que los renegados llegarían a escena una vez que se dieran cuenta del ataque. Ahora eran cinco contra quince ninjas y seis lagartos.
Si atacaba descuidadamente lo capturarían. Aquí la misión en sí era rescatar a los sobrevivientes y obtener información, no acabar con los renegados.
Ideo una nueva estrategia.
Eliminaba primero al lagarto para que los ANBUS pudieran ingresar cautelosamente y extraer a los esclavos, y para ello debía distraer a los enemigos el tiempo suficiente para que fuera un éxito. Contaba con que los ANBUS fuesen fuertes, no por algo eran la élite.
—¿Por qué estarán aquí? —se preguntó en susurró. La cuestión planteada que formulo en voz alta sin percatarse fue respondida por la chica.
—Buscan algo importante —objetó Shiro.
Sasuke volteó a ella de forma violenta.
—¿Sabes algo al respecto?
—Escuche por casualidad que buscan un pergamino importante. No comprendí del todo, pero al parecer uno de los capitanes lo escondió aquí y ellos vinieron a recuperarlo y de paso hacen de esta aldea como un ganado de esclavos y muñecas, o como prefieren decirlo: "mercancía" —soltó una sonrisa amarga—. En serio, nos tratan como objetos.
De repente a Sasuke le llegaron unas punzadas de dolor en la cabeza cual se agarró con una mano, entrecerrando los ojos, sonidos extraños resonaron en su mente, como si escuchara y recordara una situación en particular.
«—¿Y está cicatriz?
—Uh… no es nada.
—Pero dice "muñeca" …
—Una apuesta loca, nada más. No le tomes importancia»
Reconoció esa voz: Sakura.
¿Qué tenía que ver? Se preguntó al mirar fijamente a la chica frente suyu. Suspirando, dejo de pensar en la Haruno y se quitó el poncho para dejarlo caer sobre Shiro mientras le hablaba.
—Rescataremos a los esclavos, permanece oculta aquí —indicó Sasuke, era hora de irse. Tomó a Drako entre sus brazos y lo dejó a un lado de la chica—. Cuando la barrera se disuelva, Drako te llevará a un lugar seguro.
Shiro frunció el entrecejo ante sus palabras, no confiaba del todo pero algo le dijo que él era sincero.
—¿A dónde?
—Un orfanato. Serás bien recibida, pero para entrar debo hacer esto.
Luego le agarró la mano sin aviso y se mordió el pulgar sacando un poco de sangre, escribió en la palma femenina el Kanji de "Homonsha" ante la mirada sorpresiva de Shiro.
—Di que yo te he enviado —ordenó apartando su mano. Después se viro a Drako y lo miró a los ojos—. Protégela, y cuando ella lo indique llévala al orfanato. Luego regresa con Sakura.
Drako lo observó fijamente y asintió con la cabeza. Empero, le lamio la cara y pronto hizo un sonido con el hocico.
Sasuke le acarició las orejas y se incorporó. Dando la media vuelta, empujo unas cajas para cubrir el resto de la calle y no se dejará ver a Shiro. Posteriormente los miro de soslayo y partió por los tejados.
—Gracias, Sasuke.
Fue lo que escuchó al partir, pero no se detuvo a responderle, tendría tiempo para hacerlo. Sobre todo, porque ella iría al orfanato, y ahí no podría escaparse de un interrogatorio. Descubrió que incluso los esclavos sabían mucho más de lo que dicen.
Procedió a explicarles el plan a los ANBUS por el comunicador mientras recorría la distancia que lo separaba de la casa roja bajo las gotas de lluvia, pronto se encontró más empapado. No fue impedimento para colarse en una de las ventanas de la gran casa. Cayó con delicadeza dentro de una habitación vacía, la puerta estaba abierta. Asomándose en la orilla, descubrió a un renegado caminar cerca de ahí, pero le daba la espalda.
En un movimiento, lo tomó de la boca y coloco la katana en el cuello, susurrándole al oído que si no se quedaba quieto moriría, regresó a la habitación solitaria con el chico en manos.
No tardo en dejarlo inconsciente para poder revisar su memoria. Lo que descubrió no fue demasiado: los esclavos estaban en el sótano de la casa, eran quince en total. La información de Shiro era correcta porque el número de enemigos era el mismo, y el hombre al mano que menciono la chica se llamaba Ray, un rubio de ojos amatistas.
Pero este chico no sabía nada del pergamino.
Dejó el cuerpo escondido y sigiloso, recorrió la casa en busca del lagarto. Lo encontró inmediatamente al detenerse en una puerta abierta, pegó la espalda a la pared y miró de reojo al interior. Lo que vio lo dejo anonado.
En el centro se encontraba el lagarto que Shiro mencionó, sentado con las piernas cruzadas y las manos apoyadas en las rodillas. Tenía los ojos cerrados y se veía concentrado debido a que, alrededor de su cuerpo, lo cubría una esfera de campo de energía roja. No era nada perturbador, lo que lo dejo sin habla fue ver que, frente a él, un par de mujeres degolladas.
Intentó no vomitar, debido a que suponía que el lagarto había devorado parte de ellas, lo enfermo que llegaba a hacer una criatura le parecía una aberración.
Sin perder tiempo, se deslizo al frente del espacio y lanzó un par de kunais con hilos atados en los orificios, pero estos chocaron al contacto de la barrera.
El Enoki abrió los ojos lentamente para enfocar al Uchiha y su mirada serena.
—¿Un esclavo? —preguntó el engendró con voz rasposa y sonriendo—. O más bien, mi comida.
—Pensé que estas mujeres lo eran —expresó el Uchiha apretando el mango de la katana.
—Solo fueron el aperitivo, pero tú serás el plato fuerte —el lagarto abandono su lugar y estuvo frente a Sasuke tan rápido como un parpadeo con la intensión de desgarrarle el estómago con sus afiladas garras.
Sasuke interpuso inmediatamente la hoja de la espada, el golpe fue potente que para detenerlo tuvo que ejercer fuerza en todo su cuerpo. Una pequeña onda expansiva hizo eco en la habitación y en la sangre del suelo.
—Eres fuerte para ser un simple esclavo —rugió el Enoki ejerciendo más fuerza de su parte provocando a Sasuke apretar los dientes.
Está vez el azabache no contestó, se limitó a cubrir de electricidad su arma para embestir al Enoki, pero este contratacó con una patada alta. Logró esquivarlo al agacharse y empuñó la punta de la hoja metálica el brazo de la bestia. Recordó entonces, que para derrotarlos era necesario descuartizar su cuerpo.
Sasuke logró perforarle el brazo y a cambio recibió un golpe en el estómago que lo mando lejos del Enoki. Atravesó las paredes de papel hasta llegar a una enorme sala con pilares de madera, terminó por chocar con una de ellas. Se encontró en una de las peores situaciones: tres Enokis más lo miraba estáticos.
No tuvo tiempo de procesar, solo esquivó con movimientos agiles a los lagartos que se abalanzaron a él para matarlo. Parecía una danza el dar vueltas y correr por el techo. Enfocando sus ojos, cambio lugar con el que estaba cerca de la puerta, y así, el lagarto que iba a tacarlo terminó por destrozarle la cabeza al otro.
—¡Mátenlo! —ordenó el líder de los Enokis al llegar a la habitación.
Sasuke pronto se vio en el centro de los tres Enokis que quedaban —contando el jefe—. Utilizando su velocidad y la katana, corrió por el techo invocando unas de las variaciones del Chidori: Eiso.
La espada de electricidad corto a la mitad a los dos Enokis dejándolos fuera de combate por unos minutos. Sus ojos observaron al que quedaba de pie, anticipo sus movimientos con el Sharingan y pasó a su lado cortándole el brazo.
El Enoki soltó un bramido de dolor al mismo tiempo que agitaba la cola hacia el Uchiha, este recibió el impacto sin poder evitarlo y terminó cayendo al suelo con una herida expuesta en la espalda. No bastando con eso, el nivel de chakra bajo considerablemente. Supuso que, como es el líder, podía ejercer un efecto mayor porque el antiguo Enoki le había quitado un poco de chakra.
Tosió efusivamente escupiendo sangre por la boca. Un golpe de esa magnitud logró romperle unos huesos. Apretando los dientes, rodeo su cuerpo de electricidad cuando vio al lagarto frente suyo para golpearlo. Los rayos salieron de su cuerpo e impactaron en la bestia que rugió de dolor.
Aprovechó el momento para rodar por el suelo y medir distancias. Sus sentidos en alerta captaron como el lagarto pudo moverse dentro de la técnica al utilizar el chakra que le había quitado. Lo embistió de nueva cuenta, pero esta vez los dos perforaron la pared de concreto hasta rodar por el suelo del patio trasero, manchándose de lodo y agua.
Sasuke quedó de pie cerca de los árboles, respirando agitadamente, intercambio lugar con el lagarto usando el Rinnegan, por lo que el Enoki se desoriento un segundo, tiempo que aprovechó para sacar el pergamino de sus armas con hilos y lanzarlos para clavarlos en los troncos.
El lagarto volteó a verlo con ojos furiosos al verse atrapado en la trampa de los hilos. Soltó un rugido estremecedor que daño los oídos de Sasuke pero no logró aturdirlo lo suficiente porque, al ver que su enemigo blandía las garras de su único brazo, retrocedió jalando con las manos y boca los hilos para enrollar el cuerpo de la bestia.
Al instante, el lagarto quedó totalmente inmovilizado mientras gritaba. Sus ojos reflejaron la silueta del Uchiha y su mirada estremecedora.
—¡Katon: Gokakyu no jutsu! (¡Elemento Fuego: Jutsu Gran bola de Fuego!) —exclamó Sasuke con una mano cerca de la boca, infló su pecho y luego soltó la respiración y con ello, las llamas abrazadoras se dirigieron por los hilos hasta la bestia.
El Enoki chilló de dolor al no poder defenderse de las llamas, sintió su piel ligera y en pocos segundos, las cuerdas se apretaron a más no poder hasta que trapazaron su carne, partiéndolo en pedazos, estos cayeron al suelo quemándose, sin esperanzas de poder unirse de nuevo.
Agitado, Sasuke se enderezó controlando su respiración y desactivando sus ojos. El nivel de chakra de su cuerpo se reducía. El problema con esos lagartos es que son rápidos, poseen una fuerza bruta y absorben el chakra si te tocan con su gruesa cola. Él estuvo expuesto a esos ataques y por ello estaba débil.
Trastabilló dando pasos en el lodo que se formó bajo sus pies, la lluvia no cedía, parecía ser que era un acontecimiento que marcaría el rumbo de la noche. La oscuridad palpaba en su piel.
—Uchiha, la barrera ha desaparecido. Proseguiremos en seguir el plan —habló por el comunicador el líder de los ANBUS.
Llevándose una mano al comunicador, empezó a caminar hacía el bosque con el fin de recuperar el aliento. Había más enemigos cerca y en esas condiciones no podía darles pelea adecuadamente, por ello necesitaba sus fuerzas para distraer a Ray para que los ANBUS sacaran a los esclavos.
—Háganlo con cautela, yo… —no terminó la oración porque sucedió un imprevisto.
Sintió como algo le perforaba la parte del estomagó, soltando un jadeo de sangre, vio hacia abajo notando que una especie de raíz atravesaba la carne. La raíz se ajustó dolorosamente a la piel de su estómago con cuatro espinas abiertas.
—¡Uchiha Sasuke, te he atrapado! —exclamó una voz entusiasmada a sus espaldas.
El aludido apretó los dientes al virar su cabeza, el cuerpo empezó a pesarle más y sus piernas flaqueaban, pero no lo demostró. Observó finamente al hombre joven detrás suyo, bajo las gotas dulces de la lluvia. Poseía una larga cabellera rubia y unos ojos amatistas que revelaban auto eficiencia.
—Ray —espetó Sasuke.
—Oh, conoces mi nombre —dijo el rubio fingiendo sorpresa, pronto visualizo las heridas de la espada del ojinegro—. Veo que los lagartos hicieron un buen trabajo quitándote el chakra, entonces me será más fácil capturarte —al decir aquello, sonrió de lado mientras movía su mano hacia atrás.
Sasuke se percató de una raíz que sobresalía del suelo, era como una cuerda, la misma que tenía clavada en su pecho cuyas espinas se contrajeron en su piel obligándolo a gritar de dolor. Sus piernas ponían resistencia para evitar ser atraído al rubio.
—Tks, no te resistas —espetó el rubio jalando más las raíces.
Maldición, pensó Sasuke cuando sus piernas empezaron a ceder. No podía hacer nada al respecto, desafortunadamente con el último ataque del lagarto le redujo casi todo su chakra y lo poco que quedaba lo utilizo para matarlo. Había pensado esconderse entre los árboles y formar una trampa con sus hilos y emplear el Amaterasu tras recobrar un poco de fuerza.
La misma que le faltaba.
Alzó un poco la vista y pudo notar a los ANBUS escondidos entre las ruinas de la casa, el líder lo miraba con incertidumbre y con intenciones de rescatarlo. Pero si hacía eso, no podrían recatar a los esclavos. La misión consistía en conseguir información y rescatar a los aldeanos.
Aún seguía un poco lejos de Ray, por lo que no podría escucharle hablar. A cuestas, se llevó una mano al comunicador.
—Concéntrense en salvar a los esclavos. Informen a Kakashi todo lo que les conté —susurró y supo que los ANBUS lo escucharon puesto que el líder seguía totalmente tensó y sin salir del escondite.
—¿Qué tanto rezas? ¡Ven aquí de una vez! —exclamó irritado Ray ejerciendo fuerza en sus manos.
El dolor se propago por el cuerpo del azabache al ser jalado con brusquedad al suelo, cerca de los pies de Ray. Su cara se manchó de lodo, agua y sangre cual escupió brutalmente cuando tuvo oportunidad alguna, apenas podía mantener los ojos abiertos, escuchaba su risa, esa maldita risa desquiciante.
Sasuke enserió pensó que era su último momento de vida. Y sus pensamientos se dirigieron a una persona.
Sakura… perdóname si no regreso.
"*"*"
Ray miró con deleite el cuerpo de Sasuke tendido en el suelo, apenas y podía respirar. Tenía ordenes de capturarlo con vida, pero eso no quitaba que disfrutará lastimarlo.
Pasó una mano por su cabello intentando que el agua no se filtrara en sus ojos, no le gustaba la sensación de sentirse mojado. Se sentía sucio.
—¡Dejen todo, ya tengo por lo que vinimos, así que larguémonos!, —gritó Ray haciendo señas a sus subordinados, que de por sí no eran muchos debido a que tanto como Sasuke y los ANBUS se encargaron de asesinarlos.
Solamente había cinco ninjas renegados cerca suyo asintieron con la cabeza y procedieron a levantar el cuerpo del Uchiha. Lo despojaron de su poncho y arma cuales lanzaron lejos de ellos, cerca de un gran charco de agua sucia. Entre dos lo cargaron y se posicionaron alrededor de Ray.
Este procedió a hacer unos sellos y susurrar el nombre de una técnica, al instante, varias raíces salieron bruscamente del suelo agitándose y formando una especie de protección alrededor de los ninjas. Al ser sellado, las raíces empezaron a sumergirse en el suelo llevándose consigo a los que yacían dentro del espacio.
Cuando desaparecieron, el líder ordeno a los tres de sus subordinados ir a la parte baja de la casa. Al quedar solo, se adelantó a donde se encontraba el poncho y la katana de Sasuke, la lluvia hizo su trabajo y limpio la suciedad de los objetos.
El ANBU los sujetó con firmeza y los apretó con impotencia.
—Uchiha…
"*"*"
No tenía prisas al andar por la casucha donde se encontraba, solo podía admirar la lluvia golpear con ímpetu en las ramas de los árboles, haciendo eco en el mundo, provocando una limpieza profunda en los que la necesitaban.
Había dejado de contemplar la lluvia y los relámpagos porque lo único que deseaba era leer el pergamino que tenía entre sus manos, el que trajo Ryo de parte de su tía junto con una pequeña bolsa negra de plástico con contenido sospechoso. De seguro era informe para su tío, Tadashi, por eso no debía leerlo. Pero le picaba la espina de la curiosidad. Siempre ha sido curioso y esta ocasión no sería la excepción.
Inconscientemente se llevó una mano a su pecho, donde alrededor de su cuello caía con gracia una cadena y un dije en forma de "S". Un recuerdo apreciado de su tía. Por ello se aferraba al objeto. Más que un recuerdo, es una promesa que tenía cerca suyo la vida que anhelo desde pequeño.
Miró de reojo a la criatura que tenía a un lado, uno de sus protectores. Parecía un animal pequeño, de no más de medio metro. Poseía una piel verde con escamas y unos grandes ojos rojos, además de una cola y un par de alas. Lo cierto era que Ryu podía crecer en tan solo un momento y atemorizar a cualquiera.
—Lo abriré, pero no le digas a Tadashi —le advirtió el chico con la mirada. Ryu solamente alzó un poco la mirada y volvió a cerrar los ojos, aparentando desinterés.
Tragando grueso, el chico rompió la cuerda con la que la bolsa se unía al pergamino y procedió a desenrollar este con delicadeza, temiendo encontrar algo que no debía. Pero grata fue su sorpresa al ver su nombre escrito en la primera línea.
Satoshi:
Feliz cumpleaños pequeño, trece años pasaron volando, apenas y recuerdo que eras una mota roja en brazos de tu madre Akira. Tus mejillas rojas y muy llorón. Pero lo más importante es que recuerdo tu sonrisa, espero que no hayas olvidado la mía.
Ahora mismo estarás cuestionándote muchas cosas las cuales Tadashi y yo te hemos ocultado por tu bien, no nos odies. Lo más importante para nosotros es que sigas con vida, ese fue el último deseo de Akira: tu futuro.
Sé que te has de sentir muy solo en una fecha como hoy, mayormente lo estás, pero siempre recuerda que estoy contigo, para cualquier cosa u situación. Eres lo más importante en mi vida y siempre será así. Te amo, Satoshi, como si fueras mi propio hijo. ¿Lo sabes verdad? Akira estaría muy orgullosa de ti.
No desesperes, muy pronto estaremos juntos. Tadashi, tú y yo. ¿Suena fantástico?
En la bolsa vienen unos presentes, espero que los pruebes.
Con amor, Sakura.
—Como no enojarme contigo madre, cuando me hablas de esta forma —expresó el chico pelirrojo negando con la cabeza, resignado.
Para Satoshi, Sakura era una mujer fuerte y capaz, que ha soportado tantas cosas sin caer en la autodestrucción. Él mismo se sorprende de su fuerza integra. Por eso le decía "madre" pase que era su tía, prácticamente ella estuvo más tiempo de su vida junto a él, cuidándolo.
Por eso le dolía tenerla tan lejos.
—Veamos… —hizo posesión de la bolsa que mencionaba la carta. Al abrirlo, sus ojos verdes brillaron de emoción. Dentro se encontraba un ramen instantáneo de sabor limitado y un par de cajas con dangos.
La sonrisa se extendió en su rostro.
—¡Ryu, Sakura envió dulces! —dijo emocionado vaciando el contenido de la bolsa y casi se lo restregó al animal que alzó inmediatamente la cabeza—. Oh, también ramen, bendito seas ramen. No sé qué haría sin ti —beso el bote instantáneo con adoración.
En momentos como este agradecía cualquier detalle.
Procedió a hervir un poco de agua en la estufa de la casucha, iba de un lado a otro en plena oscuridad buscando unos palillos, el encontrarlos el agua estaba en su punto, así que vertió el agua al bote del ramen y puso los palillos encima. Contó impaciente y en voz alta los tres minutos que tenía que esperar por ley, y cuando terminó de contar, fue a sentarse al mismo lugar del principio.
—Kami, gracias por la comida, sigue trayendo más ramen a este cuerpo —se dijo juntando las manos y frotándolas entre sí, rezando.
Quitó el papel de encima y enredo los palillos en los fideos, sopló ligeramente y estuvo a punto de llevárselos a la boca si no fuera que su oído capto el sonido de unas ligeras pisadas. Cerró de inmediato la boca y alzó su cabeza para mirar por la ventana, su cuerpo se tensó lentamente y apretó las piernas.
Sus ojos verdes apenas podían distinguir algo debido a la lluvia, la oscuridad de la casucha y la del exterior no le ayudaban en nada. Fue entonces que cayó un rayo que logró alumbrar ligeramente los árboles y con ellos una sitúela desconocida y unos ojos rojos mirándolo fijamente provocándole un escalofrío infernal.
—¡Ryu! —reaccionó en lanzar el ramen por un lado y abalanzarse hacia la criatura para abrazarlo.
Al mismo tiempo, picos de hielo impactaron ferozmente en la parte frontal de la casucha destruyendo por completo la estructura y todo lo que había dentro.
Satoshi salió de ahí entre la capa de polvo que se alzó al impacto, con la respiración errática, dejo a Ryu en el suelo para que este creciera a su tamaño normal. Al hacerlo, Ryu se posicionó frente a él enderezándose y extendiendo sus alas dos metros para luego soltar un potente rugido.
Entonces apareció la figura que intimidaba al chico, se trataba de una mujer esbelta, una larga cabellera negra caía sobre la espada y sus ojos rojos expresaban sadismo. Una sonrisa insinuante quedó plasmada en el rostro mientras acariciaba su cabellera.
—Satoshi-kun, es bueno encontrarte solo —su hablar parecía ser la de un cazador a punto de atacar. Alzando sus ojos, vislumbro al chico pelirrojo detrás de Ryu—. Es una lástima que Tadashi se haya ido en un momento como este, ¿verdad?
El pelirrojo concordó con el pensamiento. Se suponía que su posición era segura por eso su tío no lo llevó con él, aparte de que la misión era peligrosa porque se trataba de robar el pergamino que Ray recuperó, prefería dejarlo al margen de las batallas que involucraban a secuaces de Takeshi.
—A buena hora decidiste dejarme solo, tío —pensó temeroso al moverse a un lado con precaución.
Sabía que esa mujer era demasiado fuerte como para hacerle frente. Su mejor estrategia —una cual no le agradaba para nada— era idear un plan para escapar. No tendría oportunidad contra sus jutsus de hielo. Moriría sin darse cuenta.
—Hagamos algo, no pongas resistencia y prometo ser gentil contigo —dijo ella con voz melosa, pero Satoshi sabía que estaba fingiendo.
—No volveré a confiar en ti, Natsumi. Sigo insistiendo que eres una enferma. Estar en esa organización te corrompió el alma —expresó fríamente el chico desvainando la katana que traía consigo, la misma que Sakura le regalo cuando se separaron. La que le cuidaba siempre—. Y pondré toda resistencia necesaria, así que prepárate porque no te la pondré fácil —el filo de la hoja reflejo el cambio de semblante de Natsumi, mientras que Ryu abría el hocico y una luz azul emergía de su boca.
—Recuerda que tú lo quisiste así, Uchiha —el rostro de la mujer se deformó en una sonrisa siniestra.
Natsumi agitó ambos brazos donde salieron desprendidos picos de hielo directo a Satoshi, este saltó hacia atrás al mismo tiempo que Ryu lanzaba bolas de fuego azul a las estacas más grandes para que el chico contrarrestará el resto.
Satoshi maniobró el arma con firmeza y movió los pies con sutilidad, al terminar la horda, Natsumi lo alcanzó de un solo pasó para golpearlo en el pecho, el chico le devolvió el golpe con una patada en las costillas y pronto se desencadeno una batalla cuerpo a cuerpo.
Naturalmente la mujer era más experta y fuerte, pero ella reconocía que el chico pase a su corta edad, es digno de mantener una pelea con ella sin rendirse, recibiendo arañazos, rasguños de kunais y las dagas de hielo. Y eso que no había sacado a relucir su poder.
Al querer esquivar una patada alta de Natsumi, Satoshi, mojado, fatigado y lleno de rasguños, resbaló en el lodo, pero por fortuna su fracaso evadió el golpe y le dio tiempo de rodar sobre sí y alejarse de ella. Corrió hasta Ryu que había permanecido lejos de él lanzando bolas de fuego a la azabache, y el animal se alzó en vuelo una vez que el chico estuvo sobre su lomo.
Natsumi alzó la mirada al cielo mientras hacía sellos, luego se llevó una mano a su boca y de ahí salió una ventisca helada en forma de remolino que se dirigió al chico.
—¡Ryu, aléjate! —jadeo Satoshi agitando su mano.
El animal agito con ferocidad sus alas al mismo tiempo que la ventisca de aire lo jalaba al interior del remolino. Ambos cerraron los ojos mientras sus cuerpos eran agitados. Los espasmos llegaron al chico cuando sintió su piel empezar a congelarse.
Asustado, sintió como Ryu sacudió su cuerpo lanzándolo lejos del remolino. Gritó desesperado por su amigo al ver como el remolino lo tragaba a él. Lo último que vio fueron sus ojos rojos suplicantes.
Satoshi impacto en las copas de los árboles saltando gemidos de dolor. Tuvo que bajarse inmediatamente debido a que la azabache no le dio tiempo ni para respirar. Había lanzado más dagas y no dejaba de llamarlo por "Satoshi-kun" cosa que le provocaba escalofríos.
Al llegar al suelo, la lluvia había intensificado por lo que le era difícil ver más allá de cinco metros. Pego el cuerpo al tronco y preparo unos sellos por debajo. Agudizo su oído y al ver a Natsumi cerca de él soltó el jutsu.
—¡Katon: Gokakyu no jutsu! (¡Elemento Fuego: Jutsu Gran bola de Fuego!) —exclamó revelando una gran cantidad de llamas abrazantes dirigidas a la mujer.
Esta se detuvo de sopetón y levanto un muro de hielo para protegerse, el fuego impacto en la superficie sólida y logró provocar un efecto en ella reduciendo su grosor.
En guardia, la mujer se percató que Satoshi estaba detrás de ella así que agito su codo hacía atrás pero el chico se agachó esquivando el golpe por lo que su codo golpeo el hielo. Por un segundo desesperó porque la extremidad quedó ahí, y al quitarla ya había recibido una patada en el rostro por parte del chico.
—¡Eres malo! —exclamó ella retrocediendo mientras se tocaba el rostro.
Él no contesto porque el chico blandió el arma dispuesto a matarla si lograba hacerlo, la pupila brillaba con intensidad revelando el Sharingan de un aspa.
La mujer dobló su cuerpo hacia abajo y la hoja le pasó rozando sus pechos, luego impulsó sus piernas hacia atrás al mismo tiempo que escuchaba el sonido de un millar de pájaros, al alzar la mirada, visualizo a Satoshi frente a ella con su mano derecha rodeada de electricidad.
—¡Chidori! —exclamó él impactando la técnica en el pecho de Natsumi.
Natsumi escupió sangre en la cara de Satoshi, y este no se permitió esbozar una sonrisa de lado o triunfal porque sentía en sus nudillos, mientras la electricidad prevalecía, una capa áspera. Se trataba de la protección de ella, y nada podía penetrar a más de sus músculos para matarla.
—Me duele tu indiferencia Satoshi-kun —bramó ella evadiendo su mirada y pateándolo en el estómago para alejarlo.
El ojiverde salió disparado a unos de los troncos, apenas pudo ponerse de pie cuando sintió dos dagas de hielo interponer su andar, sobresalían del suelo en forma diagonal, una por detrás y la otra de frente, aprisionándolo. Intento apoyarse con sus manos libres, pero no sentía su cuerpo de la cintura para abajo.
Escuchó una risa. Esa mujer lo había atrapado. Por eso reía. Maldición…
—Lo siento pequeño, pase a que lograste herirme nunca podrás matarme —ella habló con naturalidad mientras se incorporaba con cierta dificultad. Ignorando el dolor, miró hacia donde estaba el pequeño Ryu apenas logrando ponerse de pie—. Veamos… matemos al bicho ese.
El pánico entro en Satoshi. Si era su fin nadie lo sabría. Estaba seguro de que Ryu podría informar a sus tíos, además, nade tocaba a Ryu porque se las vería con él.
Espero a que ella le diera la espalda para poder mover sus manos y sacar unos kunais y shurikens, estas tenían hilos que podrían detenerla, así que los lanzó hacia la mujer pero no dándole directamente, sabía que no le haría mucho daño.
Natsumi advirtió de las armas pasar a su lado, y como dos shirikens chochaban entre si desviando la trayectoria formando un semicírculo. Tarde se dio cuenta de que los hilos la rodearon y fue cuestión de segundos para verse rendida de rodillas en el suelo.
—¡Eres un estúpido! —gritó ella colérica.
—¡Vete Ryu! ¡Ve con mis tíos! —ordenó a gritos el chico mientras hacía un enorme esfuerzo por apretar los hilos en Natsumi pues ella empezaba a convertirlos en hielo y ejercer presión para romperlos.
Ryu dudó un momento al ponerse de pie, su cuerpo apenas y podía moverse, el remolino lo había arrastrado y lastimado severamente. Por eso vacilo ante la orden de Satoshi, era inteligente y sabía que había posibilidades de que el chico muriera. Pero tenía la obligación de advertir a Tadashi y Sakura sobre el secuestro de Satoshi.
Con dolor, el animal estiró sus alas y las agitó con rapidez, si se iba más rápido, el esfuerzo de Satoshi sería menos.
Satoshi, al ver a Ryu partir tras dirigirle una mirada de preocupación y desaparecer entre la torrencial del fenómeno natural, la lluvia no había cesado ni siendo testigo de su captura.
Echo la cabeza para atrás dejando de ejercer fuerza sobre los brazos. No tardó ni dos segundos cuando sintió una bofetada en la mejilla derecha, Natsumi lo había golpeado, luego agarrado de los labios y plantarle un beso.
Lo venció de la peor manera, no logró sacar a flotes todas sus técnicas. Deseaba ser más fuerte. Pero por lo menos logró darle batalla y salvar a Ryu, todo gracias a las técnicas que le enseñaron y aprendió a dominar en el menor tiempo posible. Porque la vida se trataba de sobrevivir, y él buscaba como hacerlo.
Daba gracias al cielo por la vida de la persona que le enseñó la mayoría de las técnicas que sabía.
Di lo mejor de mí, Sasuke-sensei.
*"*"*
Resbaló al aterrizar en una rama, su cuerpo no logro dar una voltereta y cayó boca arriba en la nieve húmeda y fría. Suspiró frustrada de la poca movilidad que le permitía su cuerpo y se agarró el estómago ensangrentado. Era un milagro que pudiera moverse, por poco y la decapitaba su enemigo pero logró librarse de la muerte una vez más, bufó al recordar la batalla que tuvo unos momentos atrás, la horda de ninjas contra ella y ninguno pudo matarla solo herirla de gravedad.
—Con que así moriré —susurró soltando un suspiro. En sus labios cayeron copos de nieve que se volvieron agua al contacto, sintió su sabor… nada.
Estiró el brazo esperando atrapas varios copos, con la esperanza de que se disolvieran en su mano. Alguna vez le dijeron que si se derretían en las palmas quería decir que estabas viva, porqué el calor que emanaba tu cuerpo efectuaba. El terminó en sí es simple, pero para ella llegaba a ser mucho más que palabras vacías, si era así… sus manos que cargaba muchos pecados podían salvar a su cuerpo.
—No, tengo que vivir por ellos, por mí —se dijo bajando la mano.
En ese instante obligó a su cuerpo rodar para quedar boca abajo, apoyando las manos en la nieve, logró levantar el torso hasta quedar sentada con ayuda de sus piernas. Cerró los ojos tomando aire por la boca y abrió los parpados, preparada para incorporarse.
Su cuerpo se sobresaltó al escuchar un leve crujido, se alteró visiblemente como una presa escapando del depredador. Lo único desagradable aquí es que ella era la presa, y como toda presa sentía el miedo y desesperación.
Y vio a su cazador, de pie en las raíces de los árboles. Moribundo y jadeante, el lugar donde estuvo su brazo derecho arrastraba un pedazo de carne sin forma y ensangrentada; la mano izquierda empuñaba una espada, la misma que utilizó ella para destrozarle el brazo.
Los ojos vacíos la enfocaron y ella sintió desesperación.
La pelirrosa trato desesperadamente en ponerse de pie para evitar la hoja de la espada en su corazón, sin embargo, sus brazos flaquearon, no podía sostener su peso por mucho tiempo. Así que con su último esfuerzo se puso de pie contra al árbol y la espalda chocó en el tronco.
Suspiró un poco aliviada, pero no tanto al pensar que ese día tal vez sería el último. Miro fijamente como el Tsumibito alzó el arma dispuesto a matarla.
—¡Muere desgraciada!
Ella interpuso sus brazos ante el grito soltado con odio, así por lo menos amortiguaría el golpe, no iba a morir sin antes luchar primero, eso sería una muerte indigna. Cerró fuertemente sus ojos esperando lo peor.
Se maldijo internamente y pidió que Ayame la perdonará por no encontrarse con ella.
Iba a morir.
—¡Chidori Eiso!
Abrió los ojos de golpe al escuchar el nombre de aquella técnica, sobre todo por el portado de esta.
Al instante, una lanza de electricidad pura atravesó el corazón del Tsumibito. Éste abrió los ojos de la impresión al sentir el dolor en su pecho, soltó la espada y convulsiono en su lugar hasta perder la vida en un segundo.
El cuerpo inerte cayó sobre Sakura provocándole un respingo ante la acción. Estuvo a punto de vomitar por la sangre que se impregno en sus labios si no fuese porque el cuerpo fue apartado con brusquedad.
Y ella no creía lo que sus pupilas reflejaban con atención.
Sasuke se encontraba frente a ella mirándola fijamente cuyos reflejaban cierta chispa de preocupación, la enfocaban con insistencia, deseaba saber si no había actuado tarde y se lo preguntaba con la mirada.
Pero muchos sentimientos golpearon el pecho de Sakura como para responder la cuestión: felicidad al ver al hombre que ama con todo su ser; preocupación porque la encontró justo en ese momento donde ella era perseguida por Tsumibito; alegría por otra parte, por tenerlo de frente y querer decirle tantas cosas...
Qué quedaron al aire al recordar lo importante.
—Sakura, ¿estás bien? —al parecer Sasuke decidió formular su pregunta mientras se acercaba unos pasos.
La pelirrosa parpadeo varias veces para poder reconocer que no era una ilusión.
En verdad estaba frente al Uchiha.
Se obligó a procesar rápidamente la información, sobre todo porque tenía una herida en el estómago.
—¿Sasuke-kun? —pregunta sorprendida, luego reaccionó a su pregunta—. ¿Eh? C-claro... —murmuró a dolorida al agarrarse el estomagó. Aún no recuperaba su chakra y la herida sangraba un poco—. Gracias por ayudarme —torpemente hizo una pequeña reverencia sin saber realmente cómo reaccionar.
Solemne, el Uchiha asintió con la cabeza.
—Estás herida —confirmo el Uchiha al escanearla con la mirada.
—Si, pero no es nada grave —soltó de repente nerviosa evidenciando lo contrario, no tenía chakra y era consciente de que causaría problemas.
Después del intercambio de palabras, el silencio los envolvió, ninguno de los dos se atrevió a emitir preguntas. Sólo se miraban mutuamente hasta que Sakura rompió el contacto visual al componer una mueca de dolor. Ahora su atención se dirigió a la herida y tratar de sanarlo, sentía punzadas de dolor que no eran normales.
Tenía una racha de mala suerte, y lo supo al momento de escanear su herida y descubrir que tenía veneno paralizante. Pero uno que no era mortal.
—Genial, simplemente genial —masculló de forma sarcástica en voz alta suspirando con pesadez y emanando el poco chakra para cerrar la herida.
Tenía que conseguir los ingredientes para preparar el antídoto o por lo menos quedar en reposo completo un tiempo para que los efectos pasarán, pero dudaba que la segunda opción fuese a funcionar.
Sasuke sólo la observó en silencio antes de hablar.
—Puedes venir conmigo —ante lo dicho, Sakura alzó su vista mirándolo como si le hubiese salido dos cabezas o que le haya dicho alguna idiotez, por eso Sasuke frunció el ceño un poco irritado—. Me quedo en una cabaña cerca de aquí, podrás descansar hasta que tus heridas sanen.
Sakura sonrió apenada por su ayuda, sin duda podría confiar en Sasuke. Él no parecía albergar odio en su corazón, sus ojos no lo revelaban.
El viaje de rendición le sirvió de mucho. Sus ojos ya no reflejaban odio ni sentimientos negativos, tampoco había alegría ni felicidad, sino... Una paz —no del todo— y calidez. Y se veía diferente físicamente, más alto y su fleco solo cubría su ojo izquierdo cuál poseía el Rinnegan.
—Gracias por el ofrecimiento —dijo de nuevo apoyándose del tronco del árbol. Cerró sus ojos suspirando—. Pero...
—Estás herida y en cualquier momento desfallecerás —acertó el pelinegro y Sakura odio que tuviera la razón.
—Lo sé —Sakura hizo un puchero infantil.
Sasuke negó con la cabeza, un poco divertido, mas no lo demostró.
—Te ayudo —alzó su brazo con intenciones de ayudarla y Sakura negó con la cabeza.
—Yo puedo caminar —terca, se enderezo con dificultad.
—Tks. Eres necia —fue lo último que Sakura escuchó antes de caer a la inconciencia.
Despertó al escuchar unos golpes en la puerta, pero está vez se enderezó con lentitud del sillón. El día fue bastante agotador en el hospital que cuando llegó a casa solo atino a quitarse los zapatos y caer rendida en el sillón de la sala.
Tras restregarse los ojos, se permitió ver por la ventana para luego esbozar una sonrisa cálida.
Como amaba tener esos sueños, o más bien recordarlos, pues marcaba el inicio de muchos recuerdos felices que compartió con Sasuke. Y aunque él no estuviese cociente de ello, los atesoraba con cierto recelo.
Recordó entonces que tocaban la puerta, se levantó sin problemas y la abrió revelando la figura de Kiba, parecía ser que había corrido demasiado rápido porque se le veía agotado.
—¿Kiba? —murmuró adormilada.
—Sakura, el Hokage solicita tu presencia en la Torre, ocurrió un problema —informó nervioso el Inuzuka.
Tal cosa no paso desapercibido por la joven que abrió los ojos un poco más para enfocarlo.
—¿Un problema? Debe ser grave para que me busquen en la madrugada —se dijo mientras caía sentada para colocarse sus botas—. ¿Sabes de que se trata?
No escuchó nada, lo que le extraño y alzó la mirada para pillar a Kiba mover sus manos, un poco nervioso.
—Creo que es mejor que lo sepas allá.
—¿Qué impide a que me lo digas? —cuestionó ella enarcando las cejas.
—Pues…
—Kiba.
—Sasuke fue secuestrado por Tsumibito —soltó de sopetón cerrando los ojos. Se lo advirtieron: "no decirle nada", literalmente se lo dijeron—. Fue durante la noche de ayer.
A respuesta, la Haruno dejó sus acciones al aire, solo le faltaba abrochar el zapato. Sus ojos adormilados se abrieron de par en par enfocando, inquieta, la puerta. Sintió un vuelco en su corazón al ver a Sasuke de pie en el umbral, sonriéndole ligeramente para después caminar hacia la oscuridad, desapareciendo de su vista.
—No… Sasuke-kun no pudo ser capturado —dijo agarrándose el pecho con insistencia.
—No debes preocuparte, Hokage planea hacer una misión de rescate —aliento el pelicafé dándole palmadas en la cabeza.
Ambos dieron un respingo de alerta al escuchar golpes en la ventada de la sala, al voltear, vieron que se trataba de una criatura similar a Drako, pero su piel era verde y sus ojos rojos.
—Ryu… —murmuró Sakura encismada.
Kiba reaccionó al escuchar el nombre en boca de Sakura, inmediatamente fue a abrir a la ventana y dejo pasar al animal. Ryu no esperó ningún momento y como pudo se acercó a la joven.
—¿Qué ha pasado? Estás herido pequeño —preguntó preocupada la joven, se apresuró a tomarlo entre brazos. Se percató del papelillo que tenía colgando del cuello.
Antes que nada, lo sacó y leyó atentamente. Solo fueron cinco simples palabras que casi derrumbaron su mundo.
"Satoshi fue secuestrado por Tsumibito"
—¿Sakura? —inquirió Kiba estático cerca suyo. No quiso intervenir pero tuvo que hacerlo, pues la mano de la Haruno que sostenía el papelito temblaba de una forma desquiciante. Además, el animal se veía mal herido.
No dudó en quitarle el papel y leerlo en su mente, al hacerlo, abrió los ojos de par en par y miró de forma brusca a la ojijade. ¿Era mucha coincidencia?
—Oye…
La chica salió de su estado de ensoñación al parpadear varias veces. Agitó la cabeza y se levantó de sopetón con Ryu en brazos. De un movimiento le quitó el papel a Kiba y dejó que Ryu lo quemará con su fuego azul.
—Kiba, por favor, no… no digas nada de esto —pidió la chica apretando a Ryu entre sus brazos, le dolía verlo así porque eso quería decir que Satoshi estaba en peligro… al igual que Sasuke—. Yo… te lo pido… ¡no quiero involucrar a nadie más en mis problemas! —exclamó cerrando los ojos y casi lloró de coraje y frustración.
Las dos personas que amaba estaban en peligro, y ella está lejos como para poder hacer algo en ese momento.
Sintió cierta confortación al sentir como Kiba le acariciaba la cabeza con dulzura, ella alzó la mirada para toparse con la sonrisa comprensiva de su amigo. Que le ofreció su ayuda sin dudarlo.
—Si planeas algo, no pienses que me dejaras fuera. Porque ya sé que tramas y quiero participar —le alentó con una sonrisa.
Entonces Sakura por primera vez se arrepintió de no contarle a nadie de sus problemas. ¿De esta ayuda se perdía? Si era así… muchas cosas podían pasar. Sus amigos le podían ayudar para rescatar a Satoshi y Sasuke. Ambos fueron secuestrados por las personas que propicia sus desgracias.
No quería perder a los amores de sus vidas, y quería salvarlos a toda costa. No importaba si después Kakashi la condenaba como renegada, que las naciones la tacharan como traidora, no importaba nada de eso. Su deseo era más fuerte que nada.
Rescataría a quienes la han amado. No desfallecería en el camino.
Los rescataré, Sasuke-kun, Satoshi-chan… juró que lo haré.
Hola~~~ perdonen la tardanza, tarde demasiado con este capítulo. Enserio que tuvo un bloqueo horrible, pero decidí ponerme manos a la obra y escribirlo. Aquí entre nos, me gustó mucho como quedó.
No tengo mucho que decir, solo que agradezco infinitamente su paciencia, y su apoyo en todos los comentarios que me dejan. Me motivan a seguir con este fic en restauración. Espero que se tomen la molestia de dejarme su opinión.
¡Alela-chan fuera!
