Blaine, Kurt y Warblerlandia nacieron de otra mente (RM) y pertenecen a otros dueños. Yo nada más los hago caminar por otros mundos :D


Capitulo 11. Dreaming out loud.

"Ha llegado el cumpleaños de mi vida, mi amor ha venido a mí." Christina Rossetti.

Quizá ninguna mañana te habría parecido tan hermosa como aquella, quizá ni siquiera el mundo había tenido antes ese profundo sentido de ser, quizá hasta tu corazón late de forma distinta al sentir los primeros rayos de sol tocando tímidamente tu piel. Tu piel y la suya, la misma piel que tocaste toda la noche, la misma piel que ahora te pertenece y en la que se dibujan todas las promesas de un mañana que a veces parecía tan lejano, tan imposible, tan lleno de dudas y de sombras que sin embargo han desaparecido con la luz de esa mirada que ahora duerme, que sueña quizá contigo, que descansa a tu lado ajena al mundo externo que seguramente sigue y seguirá hablando de ti.

Pero ya no importa. Todo el ruido del exterior vale muy poco ahora que te rodea esa silente y sutil calma, la cercanía del cuerpo desnudo de Kurt, su piel suave, su respiración acompasada, su todo… lo miras y el corazón te da un vuelco de pura dicha. Eres tan feliz, eres tan completamente dichoso que esta vez ni siquiera tienes miedo de que sea un sueño, porque ningún sueño puede compararse a esa realidad, tu realidad, tu vida al lado del hombre al que amas y al que amaste, al que amarás seguramente hasta que tu corazón deje de latir, al que amarás incluso después de volver a ser polvo, y aún cuando polvo seas sabes que vagarías por el universo entero para encontrarlo a él de nuevo. Otra vez, todas las veces que sea necesario.

Él suspira en sueños y tú sonríes. Sabes que es hermoso saber que alguien como él existe, que alguien como él está en el mismo mundo que tú y quizá, lo más sorprendente de todo es que esté en tus brazos, que esté a tu lado cuando podría estar en los brazos de cualquier otro. Pero él te eligió a ti, un ser humano lleno de defectos, de dolor, de arrepentimientos…. Alguien que a simple visa no podría merecerlo jamás.

Y sin embargo, cuando los ojos de Kurt se abren poco a poco, enfocándose en ti, sabes que él no mira eso, que él ve y siempre ha visto más allá de ti. Él ve en ti cosas que ni tú mismo sospechas porque te ama, porque cada una de las cosas que te hacen ser tú, son amadas por él y eso es así porque sin ninguno de tus defectos, sin una sola de tus virtudes no serías tú y Kurt Hummel te ama a ti. Y tú lo amas a él por el simple hecho de que ha despertado en tus brazos y de que el mundo a su lado es nuevo, es brillante, es tu mundo por fin y en ese instante, tu corazón sabe que nunca había estado más agradecido por estar vivo, que ese amanecer que poco a poco los envuelve en su luz, así como tus ojos envuelven el cuerpo de Kurt y tus brazos vuelven a acercarlo a ti al tiempo que él sonríe y te abraza también. Son felices. Probablemente los seres más felices que el universo haya visto en mucho tiempo.

¿Qué será lo más maravilloso de ese nuevo mundo?, te preguntas. ¿Será acaso sentir de nuevo la suavidad y el calor de ese cuerpo que se pega al tuyo como si jamás fuera a alejarse de ti? ¿Es la risa de Kurt resonando en toda la habitación cuando besas su cuello y le provocas cosquillas? ¿Son los suspiros de los dos en cada nuevo beso, el calor que provoca cada nueva caricia, el aroma de los dos mezclado en su piel, tus manos reconociendo de nuevo cada centímetro de su ser?

Quizá sea todo eso y también tal vez sólo sea la constante promesa de que es apenas el primer día de una vida que les había pertenecido siempre y que apenas hoy pueden disfrutar, es sólo el inicio y como todo nuevo inicio tiene en sí la dulce perspectiva de un mañana que se extenderá por muchos días, por muchas horas más. Horas que se medirán en besos y no en segundos, horas que se llenarán de los dos irremediablemente.

Tú lo sueltas sin ganas de hacerlo, pero quieres contemplarlo. Ver su rostro sonriente, sus ojos brillando para ti y por ti. De algún modo quieres comprobar que todo es real ahora, que nadie entrará por la ventana y se llevará tu felicidad, la felicidad que tiene el nombre de esa persona que acaricia tu rostro tratando también de creer la maravilla que es tenerte a su lado. En ese momento los deberes de los dos no importan, no se deben a nadie más que al otro. Quizá ese día el mundo pueda continuar sin que tú y él abandonen esa cama, sin que él y tú caminen por las calles. Y es que no hace falta que el mundo sepa de su felicidad, es suya solamente, tan profundamente suya que sería casi un insulto compartir ese secreto con los demás, con esa gente que no sabrá entenderlo y los cuestionará.

Por eso, el plan de hoy que se dibuja en su mirada es escapar de todo eso. Sí, llegará el momento en el que habrán de enfrentarse a todo, a todos, pero no ahora, no este día que parece ser el día que la eternidad les estaba debiendo. Ser felices, morir de amor a base de besos y caricias, esa es la única consigna del día de hoy y nada ni nadie podrá impedir que vayan a ningún lugar que no sean los labios y la piel del otro.

Sus almas están colmadas de amor esta fragante mañana de abril y cuando el alma se alimenta de la fuerza de ese sentimiento, todo parece estar en su lugar. Kurt y tú están en el lugar al que siempre pertenecieron, al lugar donde siempre prometieron volver. Están cerca, el uno en los brazos del otro y esa, es la única casa de lego que, como la que dibujó tu padre, los dos juraron proteger.

Y dibujas ahora esa casa sobre su cuerpo. Sigues haciéndolo mientras él se levanta lentamente de la cama y te invita a hacer lo mismo. Lo miras sin temor porque es tuyo a final de cuentas. Tocas su mejilla con tus dedos, volviendo a sentir en un solo segundo ese calor que parece nacer en la parte izquierda de tu pecho y que de ahí se expande por tus venas hacia cada pequeña célula y partícula que te componen. Sabes que esa sensación se llama vida pero es una vida distinta. Se trata ahora de una vida llena de amor y ese amor tiene la misma dulce sonrisa que Kurt Hummel.

Por eso, mirándolo a los ojos, incapaz de llenar esa mañana de palabras innecesarias, besas sus labios de forma lenta, pausada, no hay prisa alguna que pueda empujarte a hacer aquello de forma rápida. El mundo es de los dos y por una vez en la historia del universo, el tiempo también parece pertenecerles y nadie se sentirá molesto por ello.

Después de un rato, te separas de él y sin dejar de mirarlo comienzas a cantarle una cancioncilla dulce que ha vagado en tu mente toda la mañana y quizá toda la vida. Recuerdas el día en que la escuchaste, recuerdas que en ese entonces llegaste a casa sonriendo y tu madre te recibió con un abrazo cálido como los labios de Kurt que ahora sonríen en calma al haber posado su cabeza en tu pecho. Tú lo cubres con tus brazos y cierras los ojos. Tu madre sonriendo en tu recuerdo, te dice que no dejes de cantar esa canción, porque le ha gustado mucho. Tú le dices que es la canción que cantarás para aquel que pueda hacerte creer en la posibilidad de lo imposible. Y esa persona respira ahora al lado tuyo, esa persona tiene ese hermoso rostro donde ya no hay huellas de tristeza ni de culpa. Y sabes, cuando tus ojos vuelven a abrirse y lo miran otra vez, que él es ese desafío a lo imposible que estabas buscado y que encontraste desde que siendo niño, tu corazón comenzó a amarlo, cuando tus labios pronunciaron su nombre y lo hicieron único y especial para ti. Y son esos labios los que ahora, comienzan a cantar sólo para él:

I fell in love next to you, burning fires in this room.

It is just fits light and smooth like my feet in my shoes.

Little one fly with me, sew you heart to my sleeve.

We´ll stay quiet underneath shooting stars if it helps you sleep.

And hold me tight don´t let me breathe feeling like you won´t believe.

There´s a firefly loose tonight better catch it before it burns this place down.

And I lie if I don´t feel so right but the world looks better through your eyes.

"No dejes que se vaya", piensas, no sabes muy bien a quién estás pidiéndoselo, "no dejes que vuelva a irse, no dejes que yo vuelva a dejarlo ir, no me quites esto, no me importa qué tenga que pasar después pero al menos por hoy, no lo alejes de mí".

Tú suspiras y Kurt sonríe porque la canción le ha gustado mucho. Te besa otra vez, tan profundamente que el contacto de su boca con la tuya parece elevarte hasta la luna. Cuando el beso se termina, Kurt envuelve su cuerpo desnudo en una de las sabanas blancas que a esa hora de la mañana son un revoltijo, prueba absoluta del amor y la pasión que los cubrió por la noche. Tú piensas que Kurt no tendría por qué cubrir su cuerpo de ese modo, puedes decir que aunque fue la primera vez, conoces esa piel desde siempre, incluso desde antes de tocarla, besarla y morderla como lo hiciste la noche anterior. Aún así, Kurt sonríe y se levanta de la cama, camina con rumbo a la cocina, dice que para preparará un café.

La danza hipnótica de su caminar te mantiene quieto por un instante, sólo un par de segundos que en seguida te animan a levantarte y seguirlo porque hoy no puede estar lejos de ti, ni siquiera por tonterías como una taza de café que de todos modos puede esperar un poco más, unos segundos, horas, quizá lo que le queda a la eternidad. Te levantas tú también y te das cuenta de que Kurt tampoco ha llegado a la cocina. Se ha quedado de pie frente al enorme ventanal de su apartamento que da directamente hacia Central Park. Mira en silencio el amanecer que asoma tímidamente sus luces en el horizonte. Miras a Kurt, absorto en ese espectáculo natural que nunca antes le había parecido tan asombroso y encuentras a tu corazón derritiéndose de amor por la simplicidad y belleza que esa imagen encierra.

Sin que él lo espere, te acercas a él y rodeas su cintura con tus brazos, volviéndolo a acercar a ti. Él pasa un brazo por encima de tu hombro y también vuelve a rodearte y es que se lo ha pensado mejor. No necesita café para recobrar energía, toda la fuerza que él necesita eres tú.

Sonríes cuando lees ese pensamiento en sus ojos azules y te sientes feliz de estar escuchándolos nuevamente, de saber que nunca por muy lejos que estuvieron, dejaste de entenderlos, de soñarlos, de buscarlos en cada paso aún cuando ni siquiera eras consciente de esa búsqueda. Tus manos se cuelan entonces por debajo de la sábana blanca, dejan que caiga lentamente al suelo. Kurt tampoco parece tener objeción en que eso pase, simplemente se acerca un poco más a ti buscando el calor de la sabana en tu cuerpo que reacciona inmediatamente al sentirlo cerca. Sabes que el deseo despertará de nuevo pero hay tiempo para intentar calmarlo. Por eso sólo tocas su piel, la acaricias con calma, reconociéndola, sabiéndola tuya. Y sin dejar de tocarlo, sin que él deje de hacerlo, puedes seguir cantándole tu canción, sabiendo que sin embargo, el concierto en tu cuerpo es por ahora, mejor que el de tu voz:

Teach my skin those new tricks, warm me up with your lips.

Heart to heart melt me down. It´s too cold in this town.

Close your eyes lean on me face to mouth, lips to cheek, feeling numb in my feet.

You´re the one to help me get to sleep.

And hold me tight don´t let me breathe feeling like you won´t believe.

There´s a firefly loose tonight better catch it before it burns this place down.

And I lie if I don´t feel so right but the world looks better through your eyes.

It´s only been one night of love and maybe that is not enough.

Don´t let me breathe feeling like you won´t believe.

Y tus manos vuelven a estar perdidas en él, perdidas sí, pero también en el lugar donde deben de estar. Él susurra tu nombre una y mil veces al compas de tus manos haciéndolo tuyo, te besa, te atrapa, su lengua recorre también todo tu ser.

Y no son sólo sus cuerpos los que vuelven a unirse, no es sólo el sonido de su nombre en tu voz entrecortada por el placer lo que te llena de una alucinante dicha que no se irá: son sus corazones que han vuelto a fundirse, a encontrase, que han iniciado un viaje que sólo tiene por destino la eternidad…


Has pasado la noche en vela. Desde hace un mes no has podido volver a conciliar el sueño, parece que has olvidado cómo hacerlo. Arrojas el decimo cigarrillo de la mañana sobre la alfombra de la sala sin que te importe y apuras también el vaso de ginebra que es el… bueno, has perdido la cuenta. Sabes que estás acabado pero hay algo en ti que se niega a dejar ir lo que sabes has perdido. Parece que es la terquedad que siempre te ha caracterizado o es simplemente que por primera vez en tu vida te niegas a dejar ir la mejor cosa que pudo pasarte…

-Blaine…

Pronuncias su nombre otra vez, lo susurras, piensas que si lo dices sin descanso quizá él lo escuche y regrese a ti. Sabes que no volverá, de sobra estás seguro de ello pero la necia esperanza, o la necia obsesión no permiten que tu corazón se libere. ¿Qué es lo que esperas realmente? Si en el fondo de tu corazón sabes que uno no puede perder algo que nunca fue suyo, que uno no puede renunciar a lo que nunca fue, a lo que nunca estuvo en sus manos. Sí, Blaine creyó que te amaba y eso es todo, eso le pasa a la gente todo el tiempo. Pero aún así, tu alma se rebela contra esa verdad, no quiere aceptarla, no lo hará y es eso precisamente lo que la sigue torturando, lo que te tortura a ti y te ha convertido en ese reflejo roto de ti mismo que ni tú puedes reconocer.

Es cierto que sigues actuando bien, sigues apareciendo ante todo mundo como ese ser al que nada le importa y la prensa se lo ha creído. Nadie ha dicho nada porque todos saben que así eres tú: un ser egoísta al que no le importa nadie más que sí mismo, alguien que dejó expuesto a la humillación pública a la persona que decía amar sin defenderla, sin hacer algo porque los chismes y los ataques hacia él se terminaran.

Y a pesar de que te sientes orgulloso de haber resguardado tu imagen de los buitres de la prensa, también te odias por eso. El odio parece colarse por todo tu ser pero no por ello tu mente deja de defender tu actitud diciendo que era la única forma de hacer que la obra no se viniera abajo. La prensa está acostumbrada a ti, si decías algo, seguramente habrían atacado con mayor intensidad a Blaine y no defenderlo también fue una forma de protegerlo ¿verdad?

-Blaine…

El nombre vuelve a repetirse en tus labios y el vaso de cristal se estrella contra la pared. Miras al vacio dándote cuenta de una sola vez de la soledad que te rodea, nunca en tu vida habías estado tan solo como hoy. Aiden no quiere verte, te lo ha dejado muy en claro todas las veces que has intentado visitarlo en el hospital y sabes, que aunque él hubiera accedido a que fueras a verlo, la señorita Sophie Miller te lo habría impedido.

Tampoco los bailarines parecen querer volver a dirigirte la palabra, y Alex Taylor, quien es para ti el culpable de todo, ha accedido a salir a tomar una copa contigo de vez en cuando, pero la publicidad que le ha dado el escándalo que para ti representó tu ruina, representó para él un impulso en su carrera de modelaje. Todos quieren ver el rostro y el cuerpo de la persona que destruyó el mejor cuento de hadas que Broadway había tenido en muchos años. Y vaya que lo han visto, todos conocen ese cuerpo mejor de lo que tú crees, todos vieron el video, todos saben la clase de cucaracha que eres…

Tomas el teléfono y marcas el número de la casa de Blaine en Italia. Has intentado que alguien te conteste desde el primer día buscando consuelo y consejo en la voz cantarina de Hailey Anderson, pero la única vez que Hailey te contestó fue para mandarte al diablo de una forma bastante más elegante de la que hubieras esperado. Sabes que es lo menos que mereces, pero también es tu necia esperanza la que te dice que quizá esta vez recibas una respuesta distinta porque el tiempo ha pasado y si el paso del tiempo cura cualquier herida ¿no pueden todos perdonarte y ya como siempre lo hacen? ¿No pueden aceptar de una vez que lo que hiciste fue sólo una tontería pero que en realidad no importa tanto y que todo puede volver a la normalidad?

-Hola, Sebastian…- dice una pacifica voz del otro lado de la línea.

-¿Isabella?- dices tú sin poder creerlo del todo.

Tu corazón se ha acelerado al oír el timbre de voz de la madre de Blaine del otro lado de la línea, en primera, porque no entiendes cómo pudo saber que eras tú y en segunda, porque esa voz es la misma con la que se llenan tus pesadillas en los momentos en los que el cansancio invade tu cuerpo y es que cada vez que la recordabas y al estar escuchándola ahora de nuevo sus palabras , esas malditas palabras que te persiguen desde el momento en que fueron pronunciadas por primera vez, vuelven a cobrar vida dentro de ti "él le pertenece a alguien más…".

No, claro que no. Todo tu cuerpo se subleva a ese recuerdo, Blaine no puede pertenecerle a nadie más, no puede. Es más, Isabella se equivoca porque en todo el tiempo en el que has estado separado de él, Blaine no ha vuelto a buscar a Kurt, si la sentencia de Isabella fuera cierta él ya habría corrido a los brazos a los que se supone que pertenece pero no lo ha hecho y si es así, hay esperanza para ti, claro que la hay, claro que…

-No, Sebastian- dice Isabella con firmeza, adivinando tus pensamientos- le tomó un poco más de lo que yo hubiera imaginado darse cuenta, pero él ya está con quien tiene que estar, con la persona correcta, con su verdad y tú ya no tienes lugar en su vida.

-Pero Isabella…- dices tú sintiendo que tu voz se eleva dos octavas- eso no es verdad, Blaine no está con él, yo los he visto y… no, no…

-Acéptalo de una vez- dice la mujer llenando de infinita paciencia cada nota de su voz- por favor, deja de hacerle daño a mi hijo, me prometiste que nunca le harías daño y tú… tú sólo te has encargado de humillarlo, has intentado destruir su carrera, una carrera que apenas empieza y parece que aún no estás satisfecho… por un momento creí que de verdad lo amabas pero me equivoqué, así que… déjalo en paz, déjalos en paz a él y a Kurt porque ellos dos son algo que tú no puedes entender…

-Ellos no están juntos- dices tú violentamente- no lo están y no lo estarán, no me importa que usted trate de lastimarme con sus cuentos, no me importa porque Blaine es…

-Blaine es de Kurt- dice Isabella tajantemente- nunca fue tuyo, Blaine es de Kurt porque Kurt también es suyo y dime ¿cómo vas a enfrentarte tú solo a un designio como ese? No puedes, si ni siquiera la distancia que yo puse de por medio pudo con tanto amor ¿cómo vas a hacerlo tú? ¿Con más mentiras y engaños? Sé que eres experto en eso pero no podrás…

-El único engaño que hubo aquí fue el que Kurt planeo- dices tú con una calma furiosa que hace temblar tu cuerpo- sé que él está detrás de todo esto, sé que él planeó todo, no sé cómo lo hizo pero yo lo descubriré y cuando lo haga, Blaine se dará cuenta de que yo nunca lo hubiera engañado si Hummel no se hubiera metido en esto y…

-Blaine habría vuelto a Kurt a pesar de todo- dice Isabella con un suspiro resignado- eso es lo que debes de entender, que hicieras lo que hicieras, con o sin engaños, la única verdad es que Blaine y Kurt deben de estar juntos por un poder que es más grande que tú y yo. Así que deja de luchar contra lo inevitable, me dices que te hago daño pero eres tú quien más está hiriéndose. Sebastian, si de verdad amas a Blaine, déjalo en paz, libérate a ti mismo.

-No lo haré…- dices tú, tus ojos centelleando de una mortífera convicción- no me pida que entienda esto porque no lo hago y no quiero hacerlo. Usted no entiende nada, no puede entenderme…

-Te entiendo tanto- dice Isabella con su voz calma- que ya he perdonado lo que le has hecho a mi hijo. A veces la gente confunde el amor con el brillo efímero de una obsesión, Sebastian y la verdad es que el amor que intentas encontrar en Blaine, tú ya lo tienes en otro lado…

-Eso no es cierto…- dices tú, volviendo a sentir el abrazo de la soledad que te rodea.

-Lo es…- dice Isabella- es tan cierto que lo único que tienes que hacer es querer verlo y aceptarlo en tu corazón. Buenas noches, Sebastian.

El timbre que indica que Isabella ha colgado el teléfono resuena en tus oídos haciendo tu dolor de cabeza un poco más fuerte. Claro que no, nada de lo que ha dicho esa mujer demente puede ser cierto. Ella está loca, Blaine te lo ha dicho. Está enferma y sigue perdida en aquella fantasía que ella misma creó al respecto de Blaine y Kurt. Sí, está completamente loca por la culpa, por el miedo, por todo. Esa mujer no sabe nada de ti ni de su hijo que si ya dudó una vez de su amor por Kurt, lo hará de nuevo y volverá a ti. Por eso tienes que desentrañar el misterio, averiguar quién tiene la llave que te permitirá ser feliz la vida entera, con Blaine, con la única persona que te ha amado porque no, no hay nadie más para ti, no lo hay…

El teléfono que anoche aventaste sobre el sillón suena de repente y corres a él como si tu vida dependiera de ello. De seguro es Blaine, tiene que serlo. Te llevas el teléfono al oído sin mirar el nombre de la persona que te llama y te sorprendes un poco cuando la voz de Sophie Miller saluda al otro lado de la línea.

-Buenos días- dice ella sin ninguna emoción- sólo llamo para avisarte que Kurt ha suspendido el último ensayo de hoy. No haremos nada hasta mañana por la mañana, dice que no podemos hacerlo mejor de lo que ya lo hemos hecho…

-¿Sabes por qué suspendió el ensayo?- dices tú, sintiendo un frio intenso en todo tu cuerpo por la fuerza de una sospecha que nubla todo tu interior.

-Porque está con Blaine- dice Sophie a quemarropa- pasaron la noche juntos y creo que quieren seguir así todo el día, así que, les daremos su espacio.

El mundo parece haber perdido su color de pronto. Nada tiene sentido en medio de esa espiral en la que te encuentras totalmente perdido y asustado de la oscuridad como un niño pequeño. Las palabras de Sophie, palabras que fueron dichas con una satisfacción malsana, siguen dando vueltas en tu mente como si de una sentencia a muerte se trataran.

Pero aún así, la rabia que hay en tu pecho te saca a flote, es la que no permite que te hundas del todo en ese pozo profundo que quiere tragarte en él. No, no importa. No importa que Kurt esté con él, claro que no, porque todo acabará cuando Blaine sepa qué clase de persona es él y lo que hizo para separarlos, sí, es eso, eso es pero ¿quién va a ayudarte ahora? ¿Quién es el que sabe cómo ayudarte a salir de ese abismo al que te niegas a pertenecer?

-¿Por qué me dices esto?- dices tú intentando vencer al nudo en tu garganta- ¿por qué me odias tanto, Sophie?

-No te odio- dice ella, su voz de nuevo vacía de todo sentimiento- odiarte sería invertir en ti una energía que no mereces. Sólo estoy diciéndote lo que Kurt me dijo, lo que tú me preguntaste. A mí no me importa cómo te sientes al respecto, pero si estás sintiendo dolor me alegra mucho ¿sabes? Porque por fin sientes lo mismo que Aiden siente por ti cada día de su vida y… no me importa sonar como una mujer vengativa pero, no sabes cómo me alegro de que Kurt y Blaine sean felices y de que tú te encuentres en la más completa miseria del universo…

-Sophie, ¿nunca podrás olvidar lo que hice? - dices tú sin saber cómo contrarrestar el efecto de sus mordaces palabras.

-Olvídate de mi, Sebastian- dice ella- no habrá nada que puedas hacer para que pueda perdonarte pero… Aiden sale hoy del hospital y me ha dicho que quiere verte. Mi hermano es un estúpido, claro, pero ese es su problema y en todo caso, no puedo hacer nada contra lo que él siente así que, si quieres dejar de ser la basura que eres al menos con alguien ¿podría su real majestad, venir a ver a Aiden, por favor?

-La ironía no hace falta, Sophie- dices tú con un poco más de esperanza en la voz- yo hubiera ido a ver a Aiden aún si él no me lo hubiera pedido.

-Mentiroso- dice Sophie- pero aún así, él quiere que seas tú quien lo lleve a casa, así que no tardes. Yo desapareceré de aquí en un rato así que, cuídalo bien, si no llega a casa sano y salvo, te mataré y no estoy bromeando ¿entiendes?

-Sí, Sophie…

-Claro que no entiendes nada- dice ella con un suspiro enormemente cansado- sé que estoy pidiendo un milagro pero, deja de hacer estupideces ¿quieres?

-Eso no puedo prometerlo- dices tú, ahora un poco impaciente.

-Olvidaba que prometer algo y respetar esas promesas no es tu fuerte- dice ella riendo despectivamente.- al menos no seas tan estúpido. Adiós Sebastian.

Cuelgas el teléfono y corres a la ducha como si tu vida dependiera de ello. No sabes a qué se debe el cambio de actitud en tu mejor amigo pero sin duda alguna él sabrá que es lo mejor que puedes hacer. Te cambias rápidamente y sin arreglar tu cabello, usando sólo una gorra y un par de lentes oscuros, sales a la calle dispuesto a correr hasta el fin del mundo si es necesario para poder recuperar a Blaine. No, no te importa que ahora esté en los brazos de Kurt Hummel porque eso no durará, claro que no.

Sin esperar ni un segundo más, tomas el auto y lo llevas lo más rápido que puedes hasta el hospital donde Aiden espera. Al llegar al imponente edificio, te olvidas de los elevadores y simplemente subes a prisa a la habitación de la que has sido despedido sin miramientos en la última semana. Llegas a la habitación de Aiden como un tornado y abres la puerta sin preguntar si puedes pasar.

El muchacho de los ojos grises está parado delante del pequeño buró sobre el que descansa una pequeña maleta negra y una pequeña maceta de barro que tiene una planta que está llena de pequeñas flores de un intenso color purpura. Aiden sonríe al verlas y al mirar su sonrisa, algo de la agitación que te ha acompañado en todos estos días desaparece un momento, sólo el tiempo en que tarda en durar un suspiro pero aún así, tu corazón agradece ese respiro. Los ojos de Aiden no te miran pero sabes por la paz de su expresión que se encuentra bien en todos los sentidos y te sientes un poco menos culpable por todo lo que le has hecho.

-Aiden…- lo llamas, y su sonrisa no desaparece de sus labios cuando te mira.

-Hola Seb- dice él como si nada hubiera pasado- llegaste muy pronto ¿sabes? No te esperaba sino hasta la tarde.

-¿Por qué pensaste eso de mí?- dices tú acercándote a tu amigo.

-Porque te conozco- dice él con una sonrisa tranquila- en fin ¿te molestaría ayudarme con mi maleta? Sé que no lo parece pero me siento algo mareado al caminar, yo llevaré las flores.

-¿Las mandó un admirador?- dices tú un poco receloso, tomando la maleta de Aiden y ofreciéndole tu brazo que él toma sin decirte nada.

-No…- dice el chico con una sonrisa feliz- Blaine las trajo ayer que vino a visitarme. Son orquídeas, su flor favorita, dijo que un poco de color podría alegrarme la estancia en el hospital y no se equivocó, son flores realmente hermosas ¿no crees?

Tú miras a tu amigo y no ves en su sonrisa ninguna intención de dañarte. Él sólo está relatando los hechos tal y como sucedieron, ni siquiera pensó en algún momento que la mención de ese nombre podía incomodarte. Y tú lo entiendes así también, pero saber que Blaine es amable y cariñoso con todos menos contigo es algo que hiere en lo más hondo. Aiden se da cuenta de eso y su sonrisa aunque triste, se hace un poco más profunda.

Todo el tiempo que ha pasado hospitalizado le ha servido para pensar las cosas desde una nueva perspectiva y puede decirse que el joven Miller está por fin dispuesto a dejarte ir. Evidentemente, no va a negar que se le irá media vida en ello pero se ha dado cuenta de que todo en el mundo tiene un lugar y él ha de respetar y honrar el suyo, honrar también su destino. Un destino que no vivirá a tu lado, pero, es mejor así. Él mira tus ojos tristes, tu rostro descompuesto y sabe muy bien el motivo por el que estás a su lado, sabe que no fuiste por él. Y eso, que antes habría bastado para romperlo hoy le hace ver que su decisión es la mejor. Te dejará ir y él también será libre y además de eso, te dará la oportunidad de recuperar lo que perdiste.

-Tienes que ayudarme- dices tú con verdadera suplica en la voz- por favor Aiden, sé que no debo pedírtelo pero ya no sé qué más hacer.

Aiden te mira fijamente. No pregunta nada, sabes que él lo sabe todo.

-Lo haré- dice él sin perder su sonrisa que hoy parece cosida a sus labios- pero antes ¿puedes hacerme un favor?

-El que quieras- le dices sin pensarlo- lo que tú quieras Aiden, pero por favor, ayúdame, ayúdame con esto y nunca volveré a pedirte nada, lo juro, no volveré a lastimarte pero por favor, por favor…

-Primera parte del favor- dice el chico de los ojos grises dando el primer paso de su necesario adiós- guarda silencio y dame tu mano.

Tú no sabes lo que Aiden quiere en realidad, pero lo obedeces, lo haces con esa fe ciega que te dicta que sea lo que sea, si sigues sus instrucciones vas a saber cómo recuperar a Blaine y con él, la estabilidad de tu vida. Sólo atinas a asentir, pasar la pequeña maleta de Aiden a tu mano izquierda y extender la derecha a él quien la toma con una sonrisa radiante apareciendo en sus labios. No dice nada y tú tampoco porque él te ha pedido el silencio. Y Aiden siempre recordará ese momento como el silencio más dulce de su vida.

-Ahora, caminemos a casa- dice él- sólo caminar Sebastian, sin decir nada ¿vale?

Asientes e inicias la marcha hacia su departamento que no está muy lejos de donde se encontraba el hospital. Es realmente extraño ir caminando de la mano de Aiden por el mundo, todo parece un poco más tranquilo aunque una llama de incertidumbre arda aún en tu pecho. Cada paso que tú y él dan parece de pronto el paso correcto. Tú estás triste y sabes que a pesar de la sonrisa brillante, Aiden también lo está. Están tristes pero su tristeza es suave, tranquila, casi un oasis en medio del desierto, es una tristeza que no duele, de esas tristezas que son necesarias a veces para entender algunas cosas. La tristeza de Aiden es la tristeza propia de quien ama mucho y sabe que su amor vivirá para siempre encerrado en su pecho y al entender eso al mirarlo, algo cobra sentido dentro de ti y no sabes qué es ni cómo llamarle. Porque lo único que te importa es Blaine, recuperar a Blaine, que Blaine no esté con Kurt. Estás ciego y por eso no puedes ver más allá de lo que ven tus ojos.

Tú y Aiden llegan a su departamento después de un rato. Él deja las orquídeas sobre una pequeña mesa de madera que da directo a la ventana y cuando te das cuenta de que tu mano ya no está en la suya, empiezas a extrañarla, empiezas a extrañarlo porque los ojos de Aiden hablan de una despedida que no quieres dar. Ha sido difícil no tenerlo a tu lado todo ese tiempo en que no quiso verte, no puedes imaginarte la vida sin sus regaños, sin sus consejos, sin su alegría, de verdad no puedes…

-Segunda parte del favor…- dice Aiden y sin pensarlo más tiempo, deja de contemplar las flores que Blaine le regaló y camina con paso decidido hacia ti.

Él se para justamente en frente de ti, mira tus ojos de forma profunda, con determinación. Tú no sabes que decirle porque su mirada firme es casi hipnótica. No entiendes que pasará a continuación pero de algún modo lo sospechas y como has accedido a aceptar todo lo que diga o haga Aiden, no dejas que la incertidumbre te llene por completo.

-Aiden, que…- dices, cuando él empieza a acercar su rostro al tuyo.

-Shhhh…- dice él cerrando sus ojos- sólo guarda silencio y deja que yo te ame, sólo será un momento, no estoy pidiéndote nada más…

Y entonces sucede. Sus labios besan los tuyos y podrías jurar que ese contacto es casi mágico, sobrenatural. Nunca, en todo el tiempo en el que habían sido amigos habías dejado que Aiden rebasara ese nivel contigo por una simple razón: él no era ni es como los demás, podías jugar con todos sin comprometerte menos con él. Porque él es tu amigo, a él lo quieres de verdad y no querías lastimarlo, no querías herirlo, de hecho, no quieres que él…

Nada. Su beso es tan suave, tan ligero y sin pretensión alguna que te encuentras siguiéndole la corriente a sus labios. Él no se ha atrevido más que a poner una de sus manos sobre tu mejilla y te encuentras acercándolo un poco más a ti, haciendo que aquellas míticas mariposas en el estomago bailen dentro de ti. Te encuentras rodeando su cuello de pronto, tratando de hacer ese beso un poco más profundo pero eso parece asustar a Aiden quien, sabiendo que de seguir así no podrá contenerse, se separa de tu boca gentilmente y te mira a la cara con una sonrisa sonrojada. Tú lo miras también y tu respiración agitada junto con el incesante latido de tu corazón te hacen olvidar un poco el ansia que te carcomía aún al pensar en Blaine.

-Blaine…- te encuentras diciendo de pronto sin querer decirlo.

-Lo sé- dice Aiden, con la sonrisa desvanecida de pronto y aunque sea así, sus ojos sonríen, están de fiesta.

Porque por unos cuantos segundos su sueño fue real y siente, que aunque el mundo le diga que es feliz por nada, podrá guardar ese momento dentro de su corazón por muchos tiempo y hacerlo eterno en los perezosos segundos de un atardecer o en la bruma de los sueños. Sí, ese momento será suyo para siempre y es lo único que quería tener de ti.

-Perdóname, yo no debí, no sabía que tú…

-No- dice él- no te preocupes, está bien. Has cumplido tu parte del trato, eso es todo lo que quería, gracias.

-Aiden, ¿por qué?

-Porque quería y necesitaba hacerlo- dice él levantando los hombros con timidez- no puedes culparme por eso.

-Lo siento, de verdad siento no poder sentir lo mismo que…

-Calla- dice Aiden con un suspiro resignado- no me digas cosas que ya sé. Mejor, pensemos en otras cosas, en cómo ayudarte por ejemplo. Yo no puedo hacer mucho al respecto en realidad, pero puedes hablar con Alex Taylor, él te dirá todo lo que quieres saber.

-¿Alex?- dice él- Aiden, si tú sabes algo, dímelo, por favor, no quiero hablar con la señorita diva de las pasarelas…

-Él debe decírtelo todo- dice Aiden- y cuando lo sepas, hazme el favor de no actuar como un loco, el estreno de la obra es mañana y quiero que estés ahí ¿entiendes?

-¿Tan grave es?

-No…- dice Aiden- pero cuando lo sepas, vas a querer hacer muchas estupideces así que sé prudente y, Sebastian…

-¿Sí?

-Cuando encuentres tu felicidad de nuevo, por favor, no vengas a contarme nada ¿quieres? Yo seré feliz sabiendo que estás feliz y quizá algún día quiera escuchar tu historia pero… dame tiempo ¿sí?

-¿Me estás pidiendo que me aleje de ti?- dices tú casi gritando.

-No…- dice Aiden con una sonrisa franca- te estoy pidiendo que seas feliz… así que, deja de perder más tiempo, busca a Alex, y después haz lo que tengas que hacer, buena suerte.

Tú miras los ojos de tu mejor amigo casi con incredulidad y de nuevo, ese no sé qué que sientes al mirarlo te impulsa de nuevo a hacer cosas que no sabes de dónde vienen y en uno de esos instantes que detienen el tiempo, lo besas de nuevo en los labios, dejas tu sabor en su boca y lo abrazas fuertemente. Aiden no tiene tiempo de defenderse de tu "ataque" y cuando te separas de él, te encuentras de nuevo con su mirada más brillante. Esa mirada se clava en lo más profundo de tu alma, pero no tienes tiempo de darte cuenta de ello. El joven Miller no dice nada y tú tampoco. Simplemente das media vuelta y te encaminas a la salida del departamento con paso decidido mientras tomas el celular y marcas el número de Alex Taylor.

-Alex- dices a la bocina telefónica- te veo en el centro en media hora, tenemos que hablar.

Sin dejar lugar a replica subes a tu auto sabiendo que de alguna forma, tu última batalla está por llevarse a cabo y sientes también que estás un paso más cerca de recuperar lo que nunca debiste perder.


El tiempo parece haberse detenido para ti. Lo ves cocinar y apenas puedes creértelo. Lo miras yendo y viniendo de un lado a otro de la cocina y su sonrisa deslumbrante te hace creer que estas perdido en un sueño, en el sueño de un día que desearías extender para siempre.

En realidad, mientras el sol de la tarde se prepara para esconderse lentamente en el horizonte, tienes miedo de que llegue la noche y que con su manto lleno de estrellas te arrebate esa felicidad hasta ahora conocida para ti. La felicidad de tenerlo, la felicidad de pertenecerle como le has pertenecido a lo largo del día. Esa dicha burbujeante como una copa de champagne que baila en tu pecho, la felicidad de ser amado y acariciado por él y sus manos, por su voz de terciopelo y esos ojos color avellana que a pesar de estar concentrados en la pasta que cocina, tienen tiempo aún para mirarte y hacerte creer que no tienes nada de qué asustarte, que nada malo pasará y que si sucede, ellos estarán ahí para iluminarte, para hacerte sentir único y afortunado porque de verdad parece un milagro, es un absurdo milagro que Blaine Anderson esté compartiendo su vida contigo.

Y es que todo fue tan sencillo, piensas, todo fue tan fácil y por lo mismo tan hermoso que te obligas a abrir más los ojos en un intento de poder creer que de verdad ese día es tuyo, que Blaine también lo es, que nadie nunca más lo separará de tu lado, nunca…

Suspiras sin poder evitarlo. La felicidad que invade tu pecho es suficiente para hacerte creer que de verdad no pasará nada, que nunca nadie descubrirá lo que hiciste. Y es que, no estás muy seguro de lo que Blaine pueda llegar a pensar si se entera de todo lo que tuviste qué hacer para que los dos pudieran tener este presente. No sabes si te perdonará, no sabes si te odiará por haber jugado con Sebastian de la forma en la que lo hiciste pero… su sonrisa cálida te hace pensar que sí, que pase lo que pase tú seguirás a su lado, que ese día es apenas el primero de una vida, de su nueva vida, el primer bloque que construye la casa de lego que nunca debió derrumbarse.

-¿En qué piensas?- dice él, poniendo un plato de pasta frente a ti que está de más decir, luce realmente delicioso.

-En darte un beso- dices tú, sonriendo sin poder evitarlo ante tu propia ocurrencia.

-No lo pienses y sólo hazlo…- dice Blaine, acercándose a ti y besándote de la forma suave en la que sólo él sabe hacerlo.

-Te aprovechas de mi- dices sonriendo, después de que los labios de Blaine se separan de los tuyos.

-Claro que no- dice Blaine, sentándose al lado tuyo, muy cerca, como lo ha estado la tarde entera.

-¿Te parece poco hacerme feliz de este modo? ¿Crees que no me he dado cuenta de que si bajo la guardia, me tendrás a tus pies el resto de tu vida y que no querré dejar que nadie te vea y que probablemente te encerraré aquí para tenerte para mi todos los días?

-¿Y quién dijo que yo no quiero hacer lo mismo contigo?- dice Blaine con una sonrisa juguetona- llámame egoísta, pero a partir de hoy, no voy a compartirte con nadie.

- Y tampoco quiero que lo hagas…

-Entonces no me aprovecho- dice Blaine besándote rápidamente, y después, tomando un poco de pasta con el tenedor para llevarla a tus labios de forma delicada.- sólo cumplo tus deseos… ¿te gustó?

-Es delicioso…- dices tú, sin saber si estás hablando de la pasta o del beso de Blaine- Hailey te enseñó bien ¿no?

-Mi hermana es la mejor cocinera de Florencia- dice Blaine no sin cierto orgullo- claro que me enseñó bien. Cuando tú y yo vayamos a Italia, mi pasta te parecerá insípida, Hailey es la estrella de la toscana, no yo…

-¿Vamos a ir a Italia?- dices tú con el corazón emocionado- ¿de verdad?

-Sí…- dice Blaine con la mirada brillante mientras toma tu mano- Kurt… lo he estado pensando y… me gustaría llevarte allá pero, no para pasar una temporada sino… para vivir la vida contigo. Sé que es pronto, sé que pensarás que estoy loco pero el día de hoy me ha hecho darme cuenta de que no quiero pasar un solo día de mi vida sin ti y… no tengo mucho que ofrecerte en Italia, es cierto. Allá no hay un Broadway pero, podríamos revivir el viejo teatro de Alessandro o podríamos ir a Roma o dar clases de actuación y dirección en la facultad de bellas artes… incluso, podría llevar los viñedos de mi padre, después de todo mi abuelo puso como condición que para trabajar en el teatro, debía de terminar primero la ingeniería y así lo hice, tengo el titulo y tengo el conocimiento, puedo hacerlo, haré lo que tenga que hacer si tú me dices que irás conmigo…

Él te mira con sus hermosos ojos llenos de una genuina felicidad y sin pensarlo, sabes en un segundo que nunca podrías decirle que no a esa mirada que atrapa, que protege y que te hace sentir todo el amor del mundo en un solo instante. Claro que irás con él allá donde vaya. Claro que por él renunciarías a todo, a la fama, al glamour de los escenarios, a la atención de la prensa, a la riqueza, al reconocimiento… y eso es así porque ese muchacho que sonríe tan confiadamente, esos ojos color avellana que guardan en ellos todo el calor de un futuro a su lado, son más grandes que cualquier cosa que hayas tenido antes.

-¿Y qué pasa con la obra?- dices tú sólo por decirlo- ¿no terminaremos de presentarla?

-Lo haremos- dice Blaine con absoluta confianza- presentaremos una temporada completa y después podemos dejarla en manos de Aiden, sé que él hará un trabajo extraordinario con ella y de cualquier modo, podremos venir cuando quieras, pero Kurt… sólo quiero tener una vida sencilla, una vida a tu lado. Eso es todo lo que quiero, no quiero fama, ni quiero las luces del escenario, ya conozco esto, no me he quedado con las ganas de venir hasta aquí. Ya lo he vivido y por ello, puedo decirte que lo único que quiero es a ti, por favor… dime que vendrás conmigo, aunque, si no quieres, me quedaré aquí, la única opción que no aceptaré es estar sin ti…

-Blaine…- dices tú con una risa cantarina que nace de lo más hondo de tu corazón- parece como si me estuvieras pidiendo matrimonio ¿sabes?

-Si quieres darle ese nombre, no me importa- dice el joven con absoluta seriedad- ven conmigo, cásate conmigo, por favor, déjame ser feliz y hacerte feliz todos los días de tu vida, llámale como quieras llamarle pero… quédate a mi lado…

Tú sonríes. Si eso hubiera pasado tiempo atrás no te lo hubieras creído. Miras de nuevo el avellana de sus pupilas y sabes que hay una sola respuesta para todas las demandas escondidas en ese mirar: Sí Blaine, una y mil veces sí…

-Iré a donde quieras que yo vaya- dices, apretando con suavidad su mano, haciendo que su mirada brille como el sol del amanecer que los descubrió abrazados- viviré contigo la vida que quieras y que también yo he elegido. Voy a vivir cada día a tu lado y nada más me importa, Blaine Anderson. Llévame a donde quieras y déjame hacerte feliz también… después de la primera temporada de la obra tú y yo iremos a Italia y algo me dice, que nos perderemos allá ¿te gusta mi idea?

-Me encanta- dice Blaine, lanzándose a tus brazos sin que nada le importe- Kurt… Hailey va estar feliz de verte, igual que mis padres, todo el mundo va a adorarte, lo digo en serio…

-¿De verdad crees que tu familia me recibirá bien?- dice Kurt acariciando tus rizos negros que después de las emociones del día, están completamente desordenados- es decir, después de todo lo que hice…

-Kurt…- dice Blaine separándose de ti para mirarte directamente a los ojos- ellos siempre supieron que mi destino era estar contigo, no temas nada… yo te amo ¿sabes? Puede que haya sido un ciego y un tonto todo este tiempo pero… te amo… y ya no tengo nada que temer al decírtelo ¡TE AMO, TE AMO, TE AMO!

Tú ríes ante la declaración de Blaine pero es de dicha pura. Sientes en cada una de esas palabras la fuerza del mismo sentimiento que hace que tu alma esté de fiesta esta tarde que poco a poco llega a su fin. En ese momento ya no le temes a la noche. Blaine vuelve a besarte y piensas que todas las sombras del mundo pueden perderse en la infinita nada. Si la noche es oscura, si está siempre solitaria, bastará mirar solamente los ojos de Blaine para darte cuenta de que en su mirada se encuentran escondidas todas las estrellas del universo.

Tú rompes el beso antes de que sea demasiado tarde y él y tú no puedan disfrutar de la deliciosa comida que él ha preparado. Sabes que el deseo ardiente de sentirlo nuevamente dentro de ti puede esperar hasta que los dos hayan ingerido un poco más de alimento porque aunque sus almas no necesiten nada más para estar satisfechas, sus estómagos piensan otra cosa y además, teniendo la eternidad delante de ustedes, bien pueden regalarse unos cuantos minutos para comer.

Así pues, los minutos pasan entre bocados de pastas y sorbos de vino tinto. De verdad hay momentos en los que el tiempo parece detenido, parece que las horas no pasan, que se niegan a continuar su camino lineal para observar un poco a los actores de la vida, a aquellos que viven viviendo de verdad, aquellos que tienen la dicha de saber qué significado se esconde en cada uno de los segundos y respiraciones que les ha tocado vivir.

Dos copas más de vino y muchos besos después, el ruido de unos insistentes golpes en la puerta los sacan del estado de paz infinita en el que se han encontrado todo el día. Blaine se apura a abrir la puerta pensando en que debe de ser un visitante que se ha equivocado pero tú, sin saber bien por qué, sabes que la persona que toca con fiereza, tiene el poder de alterar ese suave curso que había tomado tu existencia y de pronto, las promesas que Blaine y tú han hecho durante el día, te parecen lejanas, pertenecientes a un futuro que después de todo, puedes perder en un suspiro.

Blaine abre la puerta y la sonrisa de sus labios se desvanece por completo con la cara furiosa de Sebastian Smythe se asoma en el umbral. Tú lo ves y parece que no quieres verlo, te basta apenas un vistazo a sus ojos llenos de ira para saber que él está ahí por ti, para decirlo todo, para robarte de un solo tajo la felicidad que creíste haber encontrado para toda la vida. El rubio ni siquiera mira a Blaine que se ha quedado congelado al percibir el denso ambiente que ahora los rodea. Sebastian camina hacia a ti, eres su presa y él, el depredador que no estará satisfecho hasta verte destruido en el suelo, rogando por su absolución.

Pero no, no lo harás. No le rogarás a nadie y tampoco pedirás perdón, porque uno nunca pide perdón si ha hecho algo que quería hacer. Simplemente asumirás las consecuencias de tus actos como un hombre, como el hombre nuevo y fuerte que eres.

Blaine también se acerca a ti y aunque no sabe lo que pasa, se para a tu lado, protegiéndote, dispuesto a quedarse cerca de ti sin importarle nada. Eso parece romper a Sebastian pero tú no bajas la guardia, sabes que no hay nada más peligroso en la vida que el ataque de una fiera herida. Y Sebastian está herido, a pesar de que ese encuentro sea su última batalla y todo parezca perdido, sabes que él no se detendrá hasta el final. Él está ahí, delante de ti, dispuesto a apostar la vida en un todo o nada. Lo que no sabe es que tú también haz hecho tu apuesta ya.

-Crees que ganaste, Hummel- dice él, sin dejar de mirarte en ningún momento- crees que has encontrado tu final feliz ¿no?

-No es mi final- dices tú sin inmutarte por la violencia de su voz- es mi principio, ¿viniste a felicitarme?

-¡Eres increíble y despreciable!- dice él, conteniéndose apenas para no descargar un golpe en tu rostro tranquilo- ¿Cómo puedes hacerlo? ¿Cómo puedes vivir con todo lo que has hecho? Siempre destruyendo a todo mundo, a Jamie, a los chicos del teatro, a Blaine, a mí…

-Déjalo en paz- dice Blaine, adelantándose a Sebastian- él no es culpable de nada, él no te ha hecho nada malo.

-¿Y ahora lo defiendes, Blaine?- dice Sebastian con una carcajada enloquecida- ¿te ha hecho creer que no sabía lo que hacía? Pues déjame contarte las últimas noticias, él no es quién tú crees ¿sabes acaso lo que hizo? ¿Te lo ha dicho? ¿Te contó que todo fue un plan que él diseñó?

-¿De qué hablas, Sebastian?- dice Blaine realmente confundido- Kurt no ha hecho nada y si lo que dices es por lo que pasó con Jamie, bueno, eso tampoco es tu problema.

-Él le pagó a Alex Taylor para que se acostara conmigo y vendiera fotografías y videos a la prensa- dice Sebastian como única y última ofensiva- a eso es a lo que me refiero. Todo fue un plan de este… todo fue una idea suya. Alex me dijo que Kurt le prometió contratos, muchos contratos. El éxito que tiene ahora no es por el escándalo siquiera, todo es por Kurt y es que, nuestro querido director tiene muchos contactos con los mejores diseñadores neoyorkinos ¿verdad? Él quería separarnos Blaine y lo hizo, con mentiras, con engaños. Por eso es que tienes que saberlo, entérate de qué clase de persona es él. Kurt no vale nada, entiendes… nada, apuesto a que ni siquiera aceptará que hizo todo esto, seguirá mintiendo, ¿verdad, Hummel? Mentir y llorar es todo lo que sabes hacer…

Sebastian te mira duramente, pero no le das el placer de ver lo asustado que te hacen sentir sus palabras y es que, de pronto Blaine se ha quedado callado, perdido, sin saber qué pensar acerca de todas esas cosas que Sebastian ha dicho. Él te mira, pero no puedes adivinar los pensamientos que se esconden detrás de su mirada. No sabes si está enojado, asqueado, decepcionado, no sabes nada. Él sólo te mira como tratando de buscar en ti la explicación a todo y sabes que le debes la verdad a esos ojos que te interrogan con su silencio. Se los debes, te debes a ellos y a nadie más. Es por eso que sin mirar a Sebastian, tomas sus manos entre las tuyas y tratando de poner todo el corazón en lo que dirás a continuación empiezas a decirle:

-Sí lo hice, Blaine… hice todo lo que él dijo y la verdad es que no me arrepiento de nada porque lo hice por ti y por mí… la verdad, es que tienes todo el derecho del mundo para odiarme, puedes hacerlo si así lo quieres pero ¿sabes algo? Nadie en el mundo, ni Sebastian, ni ningún otro, van a poder robarme la dicha de haberte tenido conmigo todo este día… eres libre de hacer lo que quieras, yo no cambiaría nada de lo que hice, ni pediré perdón por ello porque si no hubiera hecho eso, no habría tenido la dicha de saber lo que se siente amarte y ser amado por ti… si soy culpable de algo, eso es de amarte más de lo que yo creí y… las personas que amamos así, hacemos muchas locuras, todo lo que hice lo fue pero, ya sabes por qué lo hice. Era mi única opción…

Tus labios callan y tus ojos esperan una respuesta que no parece querer llegar. Blaine mira alternadamente el rostro de Sebastian y el tuyo y no sabes si es buena señal o no el que no haya soltado tus manos. La verdad es que él no necesitaba el hermoso discurso que has pronunciado porque su corazón sabe que hay una sola respuesta para él ante todo el embrollo: tú.

Así que, mirando a Sebastian que quiere morir de una buena vez cuando ve que Blaine te abraza suavemente, tu miedo se acaba de una vez por todas: has ganado. No. El amor que Blaine y tú se tienen ha triunfado por fin a pesar de Sebastian, a pesar de todo.

El rubio siente la última estocada en su corazón pero no está dispuesto a aceptar la derrota así como así. Sin pensarlo dos veces, se acerca a ti y a Blaine y toma al chico de los cabellos oscuros por un brazo con una fuerza innecesaria que le hace daño, pero ante la cual no tiene protesta alguna. Sólo se queda mirando esas pupilas verdes con la misma fría furia que hay en ellos.

-¿Vas a creerle así de fácil?- dice Sebastian sin soltar al joven de los rizos oscuros- ¿de verdad vas a dejar que gane así? ¿No te importa lo que me hizo? ¿Lo que nos hizo a los dos? ¡Te engañó Blaine, nos engañó a todos! ¿Por qué no puedes verlo?

-¡Él hizo lo que hizo y ya pidió disculpas por ello!- dices tú, zafándote del agarre de Sebastian sin dejar de mirar sus pupilas que centellean rabia y tristeza por igual- sí, no estoy justificándolo pero ¿no te das cuenta de algo? Él pudo haber planeado el escenario, como en la obra, pero el único que decidió actuar fuiste tú, así que, no me vengas a decir que te engañaron porque eres lo suficientemente mayor para tomar tus propias decisiones y aquella noche, decidiste estar con Alex y créeme, he tenido que ver ese video más veces de las que hubiera querido como para no notar que estabas disfrutándolo así que, en realidad estoy agradecido con Kurt por lo que hizo, porque de otra forma, yo habría continuado con la misma mentira, y a diferencia de ti, yo no quería hacerte daño…

-Pero ahora lo haces- dice Sebastian con la mirada rota- me haces daño y no te importa. Blaine, yo no te engañé, todo fue culpa suya, de verdad ¿por qué no quieres creerme?

-Ok…- dice el joven Anderson suspirando cansadamente- hagamos de cuenta que te creo, pero eso no cambiará nasa Sebastian, absolutamente nada…

-Pero ¿por qué?- dice el rubio sin saber de dónde más agarrarse para no caer irremediablemente- Blaine, es en serio, te lo juro, yo no te engañe…

-No…- dice Blaine con total seriedad- pero yo sí…

Cuando Blaine termina de decir esas palabras, parece que puedes oír el ruido que el corazón del joven Smythe hizo al romperse. Él no puede creerlo y tú tampoco entiendes muy bien lo que el joven Anderson quiere decir. Sin embargo, Blaine suspira profundamente y camina hacia el rubio al que parece no quedarle ni una sola gota de vida en el cuerpo. Todas sus esperanzas, todos sus sueños han sido aniquilados por esas dos palabras "yo sí…".

-¿Qué quieres decir con eso?- dice Sebastian.

-Que mi engaño fue peor, Sebastian y aunque no lo mereces, te pido que me perdones por ello pero… creo que nunca te amé, nunca pude hacerlo y me bastó tan sólo un día para darme cuenta de ello. Sé que esta es la peor mentira que un ser humano puede decirle a otro pero… me dejé llevar, quise creer con toda el alma que eras tú, pero no lo eres, nunca lo serás. Mi madre tiene razón, yo pertenezco a otro, siempre le he pertenecido y…

El rubio no puede escuchar más, no le es posible. Él sabe que perdió de la peor forma de todas y como ya no tiene nada más que decir, se aleja corriendo de ustedes dos, de su felicidad. No sabe muy bien a dónde ha de ir pero está seguro de una sola cosa: aún puede hacer algo para destruir su fragante felicidad y aliviar un poco su miseria y lo hará, claro que lo hará. Dedicándoles una última mirada de desprecio, Sebastian sale por fin de la habitación y los deja a ti y a Blaine envueltos en un silencio frio que ninguno de los dos sabe cómo romper. Tú caminas hacia la puerta, la cierras y recargas tu espalda en ella cerrando los ojos y cuando los abres Blaine está frente a ti, colocando sus manos a un lado de tus caderas, aprisionándote de nuevo en un abrazo.

-¿En qué nos habíamos quedado?- dice él, como si nada de lo ocurrido hubiera sido real.

-Blaine… ¿no crees que deberíamos hablar de esto?- dices tú un poco asustado.

-No, no debemos- dice él acercando su rostro al tuyo- tú no te arrepientes de haberlo hecho y yo estoy feliz con el resultado. Sé que Sebastian intentará hacer algo más pero hasta que no lo haga, podemos ocupar nuestro tiempo en otras cosas que no sean preocupaciones ¿no crees?

-Pero Blaine…- dices tú- yo tengo que explicarte, yo… yo no sabía más qué hacer, de verdad…

-Ya te dije que no me importa- dice el pelinegro besando tu frente, tus mejillas, bajando delicadamente por tu rostro hasta posar sus labios en los tuyos- y es de verdad, la verdad más verdadera de mi vida…

-Blaine…- dices tú, bajando la guardia de cualquier modo.

-Kurt…- dice él, haciéndote reír porque el susurro de tu nombre ha hecho cosquillas en tus labios.

-¿De verdad no importa?

-De verdad- dice él poniendo su cabeza en tu pecho- soy tuyo, no hay nada que el mundo pueda decir ante esto, así que… ¿otra copa de vino?

Tú ríes cuando Blaine toma tu mano y de forma juguetona te lleva de nuevo al comedor. Es de verdad maravilloso saber que Blaine te ha elegido y que te ama por encima de todas las cosas. Y de algún modo sabes, mientras él sonríe de esa forma casi infantil, que es cierto, que por fin es de verdad y que parece que estarán juntos más allá del tiempo. Tú también sabes que no ha sido el final de Sebastian Smythe pero, cuando los labios de Blaine que tienen el sabor de la salsa de tomate de la pasta, vuelven a colisionar con los tuyos y su cuerpo suave y ardiente a la vez, vuelve a estar sobre el tuyo, piensas que Smythe puede hacer lo que le venga en gana porque así intente arruinar la obra, así intente escandalizar a la prensa y volverla contra ti, no pudo ni podrá quitarte lo que es más valioso para ti: Blaine Anderson, tu Blaine…


Canción: Firefly- Ed Sheeran

NdA: Yo sé que les debía toda esta miel :3 ENJOY IT¡ :)