Aquí está el querido capítulo revelador de una buena parte de esta historia. Quiero aclarar a todas las personas que me dejaron reviews preguntando que qué era un malogrado, que los malogrados me los he inventado yo, se mencionan en el capítulo 06, pero la explicación buena la daré más adelante.

En fin, leed este capítulo que espero que os guste…


Capítulo 11

El sabor agridulce de la verdad

El resto del camino hasta la Malfoy Manor lo pasamos en silencio. Yo soy incapaz de decir nada. Miro al joven de cabellera rubia platina que está a mi lado, el cual no deja de mirar al frente y sin bajar la guardia por las posibles bestias malogradas que puedan haber en el lugar.

Finalmente llegamos a la mansión, sin abandonar esa mudez que nos acompaña. Entramos en el gran salón y me invita a sentarme en uno de sus sillones. Le hago caso y no puedo evitar sentirme realmente extraña ya que nunca antes me ha dicho que me sentara como a un igual. En términos generales, hoy Malfoy no deja de comportarse de un modo singular puesto que no es la primera vez que me trata con un mínimo de cordialidad.

—Antes de nada debo decirte que no quiero que me interrumpas —dice abriendo la palma de su mano creando un gesto que indica que trate de estar lo más apaciguada posible. Yo asiento con la cabeza. No sé qué me va a decir, pero puede ser complicado que sea capaz de escuchar sin intervenir ni una sola vez. No obstante me digo a mí misma que debo intentarlo. Él se sienta en el sillón de enfrente sin apartar ni un instante la mirada de mí. Traga saliva—. ¿Estás segura de que quieres saberlo?

Vuelvo a asentir con la cabeza.

—Estoy completamente segura, Malfoy —reafirmo mirándole a los ojos.

Él agacha la cabeza como si fuera una pesada carga mientras sus codos están apoyados en sus rodillas. Acto seguido, la levanta y vuelve a posar su vista en mí.

—De acuerdo, tú lo has querido —absorbe una gran bocanada de aire y luego la libera—. Hay algo que has olvidado y te lo voy a decir. Voy a empezar desde el inicio de todo y para ello debo remontarme a nuestro sexto año en Hogwarts.

»Yo debía cumplir la misión que el me había encomendado: Matar a Albus Dumbledore. Aquello era demasiado difícil para mí, jamás le había quitado la vida a nadie y aunque Dumbledore siempre me pareció patético no podía hacerlo. Traté de hacerlo a través de medios mediocres y, obviamente ninguno dio resultado, pero eso tú ya lo sabes. Un día me encontraba en los servicios de los Prefectos, estaba tranquilo porque sé que nadie entraba nunca allí. O eso creía porque entonces tú entraste de repente. Tenías los ojos rojos, te acababas de pelear con Weasly, otra vez por aquel lío que tenía con Brown. En aquel momento recuerdo que me sorprendí porque nunca te había visto tan débil delante de mí. "¿Qué haces aquí, Malfoy?" Preguntaste en tono desafiante, como una auténtica Gryffindor. Yo por mi parte ni te respondí, estaba demasiado alterado para hacerlo y mi odio se iba incrementando al verte. No sueles aparecer en los momentos más oportunos, la verdad. Sin embargo, lo siguiente fue un error mío por ser un imprudente: tú, tan observadora como eres, reparaste en mi brazo remangado y en la marca que tenía en él, te acercaste a mí con los ojos abiertos como platos y dijiste: "¿Desde cuándo?". Yo lo único que pude hacer fue propinarte un empujón que te envió directa al suelo, pasé apresurado a tu lado para irme y tú me agarraste del brazo velozmente. "Quieto, Malfoy. No vas a ir a ninguna parte." Me aseguraste, sujetando mi miembro con gran potencia. Forcejeé para librarme de ti, pero era imposible, eras una auténtica lapa y, antes de que pudiera darme cuenta, me di de bruces contra el suelo. No pude erguirme, puesto que tú te colocaste encima de mí en cuestión de segundos mientras me apuntabas con tu varita con la mano derecha y con la izquierda me sujetabas el cuello de la camisa. Lo recuerdo bien. "Quítate de encima, sangresucia". Ordené, pero no sirvió de nada, tú no te moviste un ápice, yo tumbado en el suelo y tú sentada sobre mi cintura. "Explícame esto, Malfoy", exigiste refiriéndote a la Marca Tenebrosa. "No es de tu incumbencia, Granger. Y por tú bien, vete antes de que libere al mundo de una sangresucia más". Aquella fue mi amenaza, un fracaso debo decir pues tú sonreíste y declaraste tranquilamente: "No lo vas a hacer, sé que no lo harás. Eres un cobarde, siempre lo has sido. No me das ningún miedo, Malfoy –miraste mi marca-. Esa señal tuya de ahí no me asusta, no eres más hombre por llevarla, porque sigues siendo igual de patético". Está claro que aquello me enfureció, parte de mí sabía que lo decías por tu estúpida pelea con la Comadreja, pero otra parte no atendía a razones, estaba hasta los cojones de la jodida sabelotodo de Hermione Granger y de que siempre metiera las narices en asuntos ajenos, así que en un rápido movimiento, cogí tanto cabello tuyo como cabía en mi mano y tiré de él con fuerza, haciéndote proferir una mueca de dolor. Tú te defendiste de la manera más inesperada, con la mano con la que tenías sujeto el cuello de mi camisa, hiciste fuerza para acercarme a ti mientras inclinabas tu cuerpo hacia mí. Así es como me besaste. Sí, me besaste. Aunque fue un beso muy corto y pude ver que al instante te arrepentías de ello pues tu rostro lo delataba completamente. Pero aquello no era lo peor, ¿sabes? Lo peor fue que yo, sin liberar tu pelo, hice lo mismo: te besé. La diferencia era que mi beso fue algo más basto, más intenso, angustiado, ansioso y mucho más largo. No sé cuánto tiempo permanecimos así, y tampoco sé por qué lo hice, sólo sé que desde aquel día todo cambió completamente. Tú te fuiste rápidamente del lugar olvidando la discusión por mi marca y yo volví a mi Sala Común a maldecirme por el incidente y a golpearme a mí mismo como castigo por lo que acababa de hacer contig, una asquerosa sangresucia.

»Después de aquello todo pareció volver a la normalidad. Yo te repudiaba y tú me replicabas o me ignorabas, como siempre habíamos hecho, pero algo dentro de mí no actuaba igual, y yo sabía que a ti te sucedía lo mismo. Después de días y semanas, y no sé si algún mes, volvimos a encontrarnos en aquellos servicios. Yo los frecuentaba desde antes de aquel incidente, porque necesitaba la soledad para respirar. Cuando te volví a ver en aquel lugar supe que estabas allí para incordiarme. "Vete de aquí, Granger. O esta vez te prometo que te mataré", dije desenvainando mi varita. "He venido a ayudarte", te acercabas a mí lentamente y con indecisión. "No necesito tu ayuda", respondí con frialdad y tú continuabas aproximándote. "Dime, ¿por qué? ¿Por qué te has dejado marcar el brazo con la Marca Tenebrosa?", preguntabas una y otra vez. Yo procuraba no mirarte, ni rozarte, ni nada similar. "¿No es obvio? Para cumplir la voluntad del y librar al mundo de la sangre inmunda, como tú", declaré hostil. "Dime la verdad, no estarías aquí si no tuvieras un motivo oculto", estabas muy segura de ti misma. Posaste tu mano en mi hombro y me miraste a los ojos con algo de comprensión y de determinación, y a continuación declaraste sin que te temblara la voz: "No dejaré que te conviertas en un asesino". Después de aquello, no me dejabas en paz, ni un segundo, siempre nos veíamos en el aseo de los Prefectos, no fallábamos ni un día solo. Poco a poco dejé de fingir que me molestaba tu presencia, al principio lo hacía, pero a la vez me sentía aliviado cada vez que te veía. Con el paso del tiempo me había acostumbrado a ti y sé que tú te sentías afín a mí. No tardé en volver a sentir tus labios, después de aquel tiempo no podía aparentar que no deseaba rozarlos porque cuando estabas a mí lado era mi instinto el que hablaba y no yo. Necesitaba sentirte cerca de mí, era lo único que me hacía sentir vivo y, me atrevería a decir, Granger, que era lo único que me hacía feliz.

»Pero aquello no duró mucho, Dumbledore murió y la guerra se desató. Yo intenté protegerte, aunque fue un auténtico fracaso. Tus amigos supieron de lo nuestro, pero no sé cómo llegó a oídos de mi padre. No teníamos una relación seria, pero teníamos algo que yo consideraba importante. Recuerdo lo que pasó a la perfección, estábamos en plena batalla en Hogwarts, yo estaba en lo aparente en el bando de Voldemort y de mi padre, y tú en el de Potter, obviamente. Debía simular lealtad a los mortifagos y a su señor para, en el momento exacto, poder lanzarles el ataque preciso que ayudaría a San Potter a conseguir la ansiada victoria. Sin embargo, no salió así. Para nada. Mi padre, que había tratado de hacerme ver que estaba tomando el camino equivocado y harto de no hacerme entender lo que para él era lo correcto, te lanzó un obliviate aprovechando la distracción que sufríamos todos en plena batalla. Tú estabas cerca de mí, y pude ver cómo me miraste por última vez, con una expresión que reflejaba tu clara duda. Las cosas se pusieron cada vez peor y Harry y la Orden escaparon, pero tú estabas tan desconcertada que permaneciste quieta en el centro de todo, sin moverte un solo ápice y perdiendo tu oportunidad de ir con ellos. Antes de que alguno de los mortifagos se percatara y te aniquilara, te lancé el hechizo culpable de que cayeses dormida. Te dejé ahí tirada en ese suelo hasta que todos los oscuros abandonaron el lugar y sólo quedábamos mi padre, tú y yo. Me acerqué a ti con miedo y me dejé caer de rodillas en el suelo, al lado de tu cuerpo; sabía que no estabas muerta pero lo parecía. Rocé tu cara con mi mano, tu piel estaba caliente, aunque llena de magulladuras y ensuciada. La mano de mi padre se posó en mi hombro, mientras daba pequeños golpes en el suelo con su bastón de madera negra y empuñadura de marfil, no me giré para mirarle porque sabía que encontraría en su rostro reflejada la mayor victoria de su vida. "Debe morir", comentó y yo, evidentemente, me negué, pero insistió: "Debes matarla y si no quieres hacerlo lo haré yo". Volví a negar con la cabeza. "Te propongo otra opción. No morirá, la dejarás vivir a pesar de que no sabrás cuando despertará y debes tenerlo en cuenta. La llevarás a nuestra a casa y la convertirás en una esclava más. La humillarás, golpearás, despreciarás y dañarás. Y también, Draco, y esto es lo más importante, la odiarás con toda tu rabia. Sólo así ella vivirá, al igual que tú, porque si descubren que has sentido algo por esta inmundicia, la matarán al instante y tú sufrirás un castigo que dudo que puedas soportar. Y piensa que si tú no aceptas, otros mortifagos se encargaran de hacer con ella lo que quieran y sabes tan bien como yo que no tienen ningún tipo de piedad, yo no la tendría. He borrado todos los recuerdos que tenía relacionados contigo que tuvieran algo que ver con tu estúpido e infantil sentimiento de "amor" por una repugnante sangresucia como ella. Como ves, esto lo hago para protegerte, deberías agradécemelo".

»Fue de aquel modo como te trajimos aquí, te tumbé en la cama de la que es ahora tu habitación y me encargué de que la cuidaran bien. Dori iba siempre a limpiarla y procuraba dejar siempre una flor diferente en un jarrón apoyado en el marco de la ventana. El tiempo fue pasando y yo, viendo en lo que se estaba convirtiendo el mundo, dándome cuenta de que la Orden estaba cada vez más lejos de mis esperanzas por ayudarte, comencé a aceptar que las palabras de mi padre eran tan razonables como las de un sabio, y en mi interior comencé a albergar un sentimiento hostil y de rencor. Debía odiarte, odiarte con todas mis fuerzas, me convencí de ello, de que era cierto aquel odio tan profundo y tan oscuro que sentía en mi interior, mis amigo me instaban a ello. Te odié más que a nada, odié a Potter y a toda la Orden, a mi padre y a Lord Voldemort. Pero fue cuando tú despertaste, cuando yo comencé a infligirte dolor y tormento, como tanto deseaba hacer desde que empecé a sentir aquella ira dentro de mí, que no pude ocultar por más tiempo como me sentía realmente. El resto, ya lo sabes tú.

Yo estoy sentada en el sillón, incapaz de hablar o de moverme. ¿Qué acaba de contarme? ¿Qué clase de cuento acaba de salir por su boca?

—¿Qué? —Fue todo cuanto puedo decir, y de un modo torpe y algo patético. Agito la cabeza fuertemente—. Quiero decir… Es una broma, ¿verdad?

Malfoy me mira fijamente, con demasiada profundidad y en ese momento sé que todo lo que ha dicho es completamente cierto, por sorprendente que me parezca. No puedo concebirlo, es imposible. ¿Él y yo enamorados? Porque es eso lo que ha dicho, no lo has entendido mal, ¿cierto, Hermione? Me llevo una mano a la cabeza mientras miro al suelo sin que mi rostro determine una expresión en concreto. No puedo creerlo. No, no y no.

No.

—Estás loco —farfullo poniéndome en pie y sin dejar de negar con la cabeza—. No puede ser… Es imposible que entre tú y yo pasara nada y es igual de imposible que, suponiendo que sea cierto, tú me hayas hecho lo que me has hecho sin ningún tipo de escrúpulos.

—¡Lo hice para protegerte! ¿No lo entiendes? No podía dejar que murieras, eres lo único que me ha hecho sentir vivo —se excusa él, acercándose a mí con lentitud.

Noto que la situación puede conmigo y siento un hormigueo en la punta de la nariz.

—¿Y no has pensado que sería más fácil contándome la verdad desde un principio?

—No podía exponerte al peligro. Además, sabes bien que no me hubieras creído, incluso ahora sé que dudas de mis palabras, pero te aseguro que todo es cierto —me roza el hombro con suavidad.

Yo sonrío con cinismo.

—Está claro que violándome ibas a ganar mucho más —comento cruzándome de brazos y permitiendo que su mano permanezca donde está.

—Hermione… —musita.

—¡No! ¡No te atrevas a llamarme por mi nombre! —chillo muerta de rabia.

Me acerca hacia él, lleva la mano que tenía situada en mi hombro hacia mi cabeza, por la parte de la nuca, y con la otra mano rodea mi cintura. Yo trato de zafarme pero es inútil, tiene más fuerza que yo y me tiene sujeta de un modo que podría considerar exitoso. Me aprieta contra él mientras acerca mi imagen a la suya, para besarme, yo le golpeo el pecho tratando de demostrar lo adversa que estoy ante ese gesto. No obstante, es inútil puesto que me besa sin problemas y su lengua entra con un rotundo triunfo en el interior de mi boca y roza y acaricia la mía con suavidad. Yo dejo de golpearle y cierro los ojos, no me doy cuenta de la situación, del contexto ni de nada, sólo sé que su beso es delicado y dulce. Tan dulce que me olvido de que estoy besando a un mago que se ha comportado como un monstruo conmigo durante meses.

Solo cuando él libera mis labios me doy cuenta de que aún no le he perdonado. No puedo, no de momento. De repente llega a mi cabeza un dolor abrumador, me llevo las manos a la cabeza y veo unas pequeñas imágenes sin relación entre sí que pasan por mi mente fugazmente: una sonrisa torcida, una caricia, reflejos del miedo y la angustia…

—Me voy a mi habitación. Necesito descansar —digo acariciándome la frente.

—Hermione, ¿estás bien?

Escuchar mi nombre salir de su boca me enfurece de un modo que no creía que fuera capaz de hacerlo.

—¡Cállate, te he dicho que no me llames Hermione! —Grito y me intenta agarrar del brazo. Me doy cuenta de sus intenciones y lo evito—. ¡No me toques!

Abofeteo su cara con mi mano bien abierta, dejando una rojez en su pómulo izquierdo. Le propino unos fuertes a la vez que débiles puñetazos, por irónico que parezca, en su torso. Él no reacciona, me mira sin inmutarse por ninguno de mis actos.

—A pesar de todo, nada de lo que sentí mientras aun estábamos en Hogwarts ha cambiado —declara.

Yo me siento débil y me voy sin decirle nada. Solo quiero estar sola, solo quiero estar sola para pensar en aquello. Me es imposible concebirlo, me es absolutamente imposible tomar por ciertas las palabras de Malfoy. Me duele el pecho y vuelve a dolerme la cabeza.

Pero lo que más me duele es pensar que yo siento lo mismo.


Holaa :)

Este capítulo me deja más expectante que nunca por conocer vuestra opinión, así que ya sabéis, dejadme un review tanto si os ha gustado como si no, ¡el mejor apoyo para el escritor de fanfiction! También decidme si creéis que la parte en la que Draco cuenta la hitoria está bien redactada o hubieráis preferido cursiva o se os ha hecho lioso… Decidme, decidme.

En fin, mis "dramioneras", espero que os haya gustado, he tratado de hacer un buen capítulo, ojalá lo haya conseguido. Muchas gracias por leerme, de verdad. Creo que a partir de ahora voy a sacar más tiempo para responder a todos los reviews que me dejáis. Sois geniales.

Gracias especiales, como siempre, a quienes dejaron reviews en el capítulo anterior:

Klaes13, MagicisFidem, anguiiMalfoydark, Duhka, Kary Lupin, namba64, elbiinha, Raquel, Sam Wallflower, Daniela Estrada, The Ladycat69, MonikGarciaP, , LylyanneBlack (lo adivinó todo la jodia' xD), May Mudblood, NaomiRadcliffe, Serena Princesita Hale

Nos vemos en el próximo capítulo.

Besos a todas, sois geniales,

Vel-