Parte 11 - Juicio


Aunque yo estaba cansado, seguimos hablando hasta muy entrada la noche, para asegurarnos de que nuestras historias concordaban, y al final le pregunté sobre Roland. Sus ojos se volvieron distantes, y su voz adquirió un tono nostálgico. Me dijo que lo había conocido muchos años atrás, durante la selección del futuro Caballero Sol, y que Roland había sido el mejor candidato entonces, igual que yo había sido el mejor candidato para ser el Caballero Juicio. En ese tiempo, nadie había pensado que Grisia se convertiría en el Caballero Sol, ni siquiera Grisia. Me vio fijamente mientras hablaba, alargando una mano para aferrar un mechón de cabello dorado.

–Tu maestro no te eligió sólo por tu cabello –dije, apoyando reconfortantemente una mano sobre la de Grisia, pero aunque me dedicó una mirada de agradecimiento, supe que no me creyó. Dejó que el cabello se deslizara entre sus dedos y entretuvo sus manos en otra cosa.

Siguió contándome sobre Roland, y cómo se volvieron amigos fácilmente porque nunca se consideraron rivales entre sí. No tuve un amigo así entre los candidatos a Caballero Juicio, ya que todos nos tratábamos como oponentes a los cuales vencer. Roland, sin embargo, había cuidado de Grisia de la misma manera en que yo lo hacía ahora.

Me daban ganas de sentarme a tomar el té con Roland, para hablar sobre nuestras muchas dificultades al tratar con Grisia. Si Roland no hubiera muerto, podría haberme llevado muy bien con él, a juzgar por lo que estaba aprendiendo sobre él.

Cuando Grisia me habló de la impresionante esgrima que mostraba Roland aún entonces, asentí porque ya la había experimentado durante nuestro duelo. La forma en que se movía con la espada no era algo que cualquiera pudiera lograr sin practicar diligentemente y tener un talento natural para blandir una espada. Cuando Grisia me contó sobre la seriedad y amabilidad de Roland, recordé cómo había accedido a pelear contra mí uno a uno, y lo decepcionado que se había mostrado cuando no nos fue permitido terminar. Aun con mi limitada interacción con él, podía notar que era honorable. Era una lástima y una abominación que hubiera muerto tan joven de esa manera, y era cruel que no pudiera descansar después de muerto.

Oír sobre Roland sólo me hizo más consciente de lo difícil que era la situación actual para Grisia. Le detallé lo que planeaba hacer, y él me explicó sus planes de mala gana, aunque dudé de que hubiera sido plenamente abierto conmigo. Estaba tan inmerso en nuestra discusión que no presté atención a lo que Grisia hacía con sus manos (después de todo, justo antes de esto estaba ocupado en lavar su ropa) hasta que colocó frente a mí un tazón de... mejunje verde con olor a lavanda.

–Lesus –dijo en un tono serio, con rostro impasible. Con esa cara y tono, casi creí que estaba viendo a mi maestro, el anterior Caballero Juicio, hasta que siguió hablando. Lo que dijo después no era algo que le importaría a mi maestro–. Seguro estuviste mucho tiempo afuera. Estás muy bronceado.

–Estás diciendo tonterías –dije de inmediato–. Llevaba una capucha casi todo el tiempo, y el sol ya había bajado mucho antes de que pusiera un pie afuera.

Todo lo que obtuve como respuesta fue una explicación súper larga acerca de cómo extender el mejunje de lavanda sobre mi cara, cuello, y todo mi cuerpo. Después, debía cocerme al vapor frente al fuego y remover la mascarilla, raspándola, después de una cantidad determinada de tiempo.

–¿No podemos dejarlo para después de que cambiemos? –pregunté, con voz débil. Todo el proceso parecía que iba a tomar un montón de tiempo. Si Grisia tenía tiempo de hacerlo cada noche, seguro tenía tiempo para revisar documentos mientras se "cocía al vapor". Sin papeleo, probablemente me quedaría dormido con la mascarilla aclaradora puesta, haciéndome parecer un monstruo verde de cabello dorado... ni siquiera un zombi putrefacto se vería tan horripilante.

–¡No! ¿Cómo puede el Caballero Sol no tener la piel clara? ¡No puedo dejar que andes así! ¡Si no se aplica una mascarilla aclaradora cada noche por una semana entera, mi piel no tendrá remedio!

Su voz subía de volumen mientras expresaba sus fuertes convicciones sobre la necesidad de cuidado diario de la piel. Probablemente, su voz era lo bastante alta para que cualquiera que pasara frente al cuarto escuchara la voz grave del Caballero Juicio ensalzando las virtudes de mezclar leche agria con limón, rosas, harina y lavanda para preparar la mascarilla corporal más efectiva.

Dudo que nadie creyera que había oído bien.

–¿Seguro que quieres que manosee todo tu cuerpo? –pregunté por fin.

Sólo palideció un segundo antes de empezar a farfullar.

–¡De todos modos tendrás que bañarte! ¡Me niego a dejar que te conviertas en un caballero apestoso! ¡Eso tampoco es aceptable!

Tenía un buen punto, y sí olía mal, así que acepté el tazón en silencio. Aun así, quise suspirar cuando Grisia me indicó que no aplicara la mascarilla en sus "partes nobles". Realmente se sonrojó por completo al decirlo, y hasta murmuró por lo bajo lo terrible que había sido que su maestro olvidara advertirle.

Había aprendido mucho sobre Grisia con sólo ser él por menos de un día, pero esto era demasiada información. Había pensado muchas veces, desde que fui elegido como Caballero Juicio, que me alegraba que mi maestro fuera responsable y confiable y no haber acabado con el maestro de Grisia, a pesar de su maravillosa habilidad para la esgrima. Tomar lecciones sobre el arte del aclarado dérmico no era mi fuerte.

Grisia se mostró demasiado feliz cuando le dije que fuera a mi cuarto a traer mi papeleo. Seguro me quedaría dormido si no tenía nada que hacer mientras esperaba que se secara la mascarilla. Cuando Grisia se fue, usé su baño. El agua caliente me relajó y confortó. Me quité la mugre, lo que debí hacer desde un principio. El cabello largo de Sol fue la parte más difícil, y era muy pesado una vez húmedo. Lo enjaboné con champú, con los brazos cansados por haber usado la espada. En verdad tenía músculos deficientes. ¿Había entrenado siquiera un poco?

Mientras me lavaba, sentí un hormigueo en el área justo sobre mi estómago. Los músculos de ahí se sentían calientes, como si algo estuviera quemando en mi interior. La magia sagrada de Sol fluctuaba, picándose y asentándose alternadamente. ¿Era que su cuerpo combatía el aura oscura de la espada de Roland? Hielo no había podido levantarse de la cama cuando fue herido por la misma espada, pero aquí estaba yo, todavía capaz de tomar un baño.

Acababa de terminar de secarme cuando Grisia volvió con mi papeleo. Parecía haber tomado un baño rápido también, su cabello todavía estaba mojado.

Empezamos a trabajar pronto, él en mi papeleo (me negué a pasar por su rutina aclaradora si él no hacía nada de papeleo) y yo aplicando la mascarilla olor lavanda sobre mi piel, con la toalla alrededor de mi cintura. La escena era bastante normal para ambos, pero se sentía extraño ser yo el que se embadurnaba una sustancia olor a lavanda mientras Grisia se encargaba del papeleo diligentemente.

Cuando terminé de aplicar la mascarilla y se secó lo bastante para no resbalarse por mi piel, tomé uno de los documentos y comencé a corregirlo.

Grisia le lanzó miradas a la puerta todo el tiempo.

–¿Qué? –le pregunté después de una de tantas veces que vio la puerta.

–¡Chist! –dijo–. Espero que actúe la maldición.

¿Maldición?

–¡Siempre viene alguien a molestarme cuando me aplico la mascarilla! ¡Es una maldición, lo juro! Una maldición que me hace remover mis mascarillas antes de tiempo, haciéndome desperdiciar mis preciosas y costosas materias primas...

–Sólo concéntrate en el papeleo de una vez –dije.

–¿Qué, no me crees?

Puse los ojos en blanco y seguí corrigiendo los documentos. Después de terminar mi mitad, esperé a que Grisia terminara la suya. Le tomó un largo tiempo, ya que estaba más concentrado en la puerta que en los papeles. Cuando por fin terminó, ya era hora de que raspara la sustancia verde de mi piel.

Nadie llamó a la puerta en todo el rato.

–El Dios de la Luz es cruel esta noche –murmuró Grisia–. Haciéndome quedar como un mentiroso...

Sacudí la cabeza, exasperado, y lo mandé afuera del cuarto para poder dormir por fin.

Había sido un día largo y cansado.


continuará