Disclaimer: Nada me pertenece, simplemente disfruto torturando a los personajes.

Libros: Hasta el quinto, quizás datos de poca importancia tanto del sexto como del séptimo. Pero lo dicho, nada importante: ni horrocruxes ni na' de naica na'.

Capítulo 11

Apoyado sobre un codo, contemplo el rostro de ella. Llevaba los últimos diez minutos observándola, memorizando sus rasgos relajados por el sueño. Siguió con un dedo la forma de una de sus cejas castañas, mirando como su cabello empezaba a recuperar su aspecto natural.
Siempre le había llamado la atención el que ella no dedicara la suficiente atención a su aspecto, entre otras cosas, porque sabía que si quería podía verse imponente. Hacer que cualquier hombre que hubiera en el radio de diez metros babeara deseando meterse bajo sus faldas.
Sin embargo, siempre se había mostrado como la típica chica intelectual. Consciente de que cuando se arreglaba la gente la observaba pero sin darle la debida importancia.
Sus labios se curvaron en una sonrisa, pensativo. Tenía que reconocer que se alegraba que su aspecto volviera lentamente a ser el mismo, dejando atrás los cambios que se habían producido antes de la boda.
Había algo en el hecho de que fuera el único que supiera no solo de su atractivo sino también lo ardiente que era que le hacia sentir el corazón más ligero. Nunca se había considerado un hombre posesivo, incluso había participado en un par de tríos y no podía negar que había sido una experiencia más que satisfactoria.
Sin embargo, ¿por qué el hecho de pensar que podía no ser el único para ella hacía que una furia helada se disparase por su cuerpo?
Sabía que era una mujer fiel, que cumpliría a rajatabla sus votos matrimoniales... al menos físicamente. Pero había una parte de ella que le importaba más que su cuerpo, su corazón. ¿Estaba enamorada de alguien?
No era tan inocente como para creer que era necesario que le amara para seducirle como había hecho. Lo que había ocurrido en ese callejón podía haber disparado su adrenalina y existía la posibilidad de que hubiera necesitado reafirmar de algún modo el hecho de que aún estaba viva.
¿Lo que había ocurrido en esas ultimas horas se podía deber solamente a eso?
Por Merlin, esperaba que no. Que en realidad ella le necesitara tan siquiera la mitad de lo que él la necesitaba.
Se tumbo y la abrazo, decidido a disfrutar de la experiencia de dormir con ella ya que durante la Luna de Miel descansar a su lado había sido un imposible pues se encontraba demasiado excitado por el simple roce accidental de su piel.

Ahora no se podía afirmar que estuviera en completo reposo pero si bastante satisfecho, con lo que esperaba ser capaz de descansar al menos unas horas antes de despertarla.

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Los gritos llenaron el aire, el olor de la muerte fortaleciéndose a medida que pasaban los minutos. Miro a su alrededor, apretando los dientes y aferrándose a su varita, necesitaba mantener el control sobre sus emociones.

Después, cuando estuviera a salvo en Grimmould Place, podría permitirse el derrumbarse. Pero no ahora ya que significaría no solo su muerte sino también la de sus amigos. Escudriño a la muchedumbre, a los magos que huían de los Mortigafos. Pocos eran capaces de hacerles frente, menos aún estaban dispuestos a ensuciarse las manos. Y una cantidad aún menor sería capaz de resistir un ataque de frente sin retroceder.

Devolviendo golpe por golpe, dolor por dolor, odio por odio.

La amargura hizo presa de su corazón al verles huir. Si todos ellos estuvieran dispuestos a plantar cara al enemigo la posibilidad de salvarse sería mucho mayor, pero no, esos que corrían tenían la esperanza de que los Aurores llegarían a tiempo para salvarles.

Pobres ilusos.

La fuerza del Ministerio estaba disminuyendo a un ritmo alarmante ya que el enemigo se encontraba también dentro de la organización. Pero, claro, este era un dato que no estaba al alcance del publico en general. ¿Qué sentirían al saber que varios Mortifagos desconocidos estaban actuando como espías?

La Orden del Fénix había tratado de advertirles, de dar la información de modo confidencial de forma que nadie más que los culpables salieran perjudicados. ¿Qué habían conseguido? ¡Nada! El ministro había exigido saber como habían conseguido la información, dar el dato hubiera conllevado el delatar a su propio espía doble de modo que habían tenido que callarse. ¿Tan difícil era creerles? ¿Acaso no sabían que ellos habían estado luchando desde el principio contra Voldemort y los suyos?

Sí, muchos de los miembros no habían estado al principio pero la Orden en si llevaba muchos años existiendo como para que fueran ignorados de ese modo...

Se mordió el labio mientras se regañaba por permitir que sus pensamientos dieran vueltas de ese modo, sobretodo en ese instante cuando tuvo que esquivar un Crucio. Estabilizo su postura rápidamente, girándose hacía el encapuchado que cubría su rostro con la mascara.

-Mortifago -murmuro dejando que su odio se imprimiera en cada letra de la palabra-. ¡Crucio!

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Draco entreabrió los ojos al notar como el cuerpo de Hermione se quedaba rígido. Sus labios estaban moviéndose rápidamente, formando una palabra que le hizo dar gracias a Merlín porque ella no tuviera su varita en la mano.

-¡Hermione! -dijo, sacudiéndola. La observo frustrado al darse cuenta de que parecía que estaba atrapada por el sueño-. Despierta.

Siguió hablando, diciendo su nombre como si de un mantra se tratase. Al principio con una voz suave que, poco a poco, fue subiendo hasta ser un grito. Cuando estaba a punto de tomar la varita para conjurar una jarra de agua para arrojarsela al rostro, la joven soltó un grito.

Draco apretó los dientes al escucharlo, la desesperación por lograr que despertara aumento. En ese sonido ella había dejado escapar demasiadas emociones como para creer que se trataba de una simple pesadilla. Solo los recuerdos podían provocar que en un simple grito se entremezclaran el odio, el miedo y la desesperación junto con la impotencia.

Su cuerpo se relajo cuando vio como ella abría los ojos solo para volver a tensarse al darse cuenta de que su mirada escudriñaba las sombras sin ver realmente lo que la rodeaba. Él mismo había pasado por esa situación, despierto pero aún atrapado por los amargos recuerdos.

-Hermione -mientras decía su nombre, paso las manos bajo sus brazos y la hizo enderezarse quedando sentada en la cama-. Despierta, cariño. Estás a salvo.

Manteniendo aún una mano en la espalda femenina, la tomo de la barbilla y la miro a los ojos. Necesitaba que reaccionara, que dejara atrás los últimos jirones del infierno que se empeñaban en aferrarse a ella.

-¿Dra-Draco?

Los ojos grises del joven se cerraron con alivio al oir la voz femenina. La atrajo contra su cuerpo, abrazandola fuertemente y murmuro en su odio:

-¿Y quien más podría ser? ¿Estás bien? -sabía que era una pregunta estupida, una que le habían hecho a él mismo solo para obtener una fría mirada a cambio.

¿Como podía estar bien tras la muerte de su madre? ¿Como después de luchar y matar? ¿Realmente se habían extrañado cuando había reaccionado así ante esa pregunta?

-Sí. Solo era una pesadilla.

-No creo que fuera "solo una pesadilla", Hermione. Más bien creo que era un recuerdo que decidido aparecer cuando no podías controlar tus pensamientos... sabes, a veces viene bien hablar de ello.

-Callejón Diagon... -solo fue capaz de decir esas dos palabras antes de que las compuertas emocionales se abrieran. Se había obligado a continuar como si no pasara nada, dependiendo de la poción para dormir sin soñar, rezando a un Dios que había olvidado al entrar en el mundo mágico para que pusiera un velo en sus recuerdos de la guerra. Y una de los peores fue la masacre del Callejón Diagon.

Draco deslizo la mano por la espalda de ella, meciéndola suavemente mientras sus lágrimas le mojaban el pecho. No necesitaba que le explicara lo que había pasado allí ya que él también había estado presente durante esa batalla. Podía ver aún, después de los tres años transcurridos, las imágenes en su mente como si acabara de suceder.

Hogwarts aún permanecía abierto aunque fueran pocos los alumnos cuyos padres les permitían ir, en su mayor parte eran mestizos o hijos de muggles ya que estos corrían más peligro en sus casas que dentro de los muros del castillo. Los padres habían acompañado a sus hijos a comprar los materiales para el nuevo curso escolar por lo que ese día se habían reunido en el callejón cerca de cien personas.

Mujeres, hombres y niños. Edades comprendidas entre los cinco y los cincuenta. Menos de diez civiles habían sobrevivido...

No fue la batalla más cruenta en la que le toco luchar pero si una de las que más bajas civiles había presentado. Cerro los ojos mientras dejaba que Hermione se desahogara, llorando mientras las palabras salían como un torrente de sus labios, entrecortadas, llenas de dolor y rabia. En su mente se presento el campo de batalla tal y como había estado ese día después de que todo acabara.

Los cuerpos tirados en el suelo como si no valieran nada a pesar de que era gente que había tenido una vida, padres, hermanos, amigos, sueños y esperanzas. Sus ojos se quedaron clavados en la imagen de una niñita pequeña, tumbada en el suelo boca arriba, sus ojos azules abiertos como si estuviera contemplando el cielo.

Salvo que esos ojos tan lindos y llenos de inocencia en ese momento estaban congelados en una expresión de terror a pesar de la serenidad de sus rasgos. Había una mujer tirada a su lado, sus brazos aún envolviendo el frágil cuerpecito. Posiblemente la madre, que hubiera tratado de ponerse a salvo con la chiquitina solo para que al final ambas fueran alcanzadas por los Avada Kavedra.

No fue hasta muchas horas después, cuando estaba tumbado en la cama de su habitación de Grimmauld Place cuando se dio cuenta de porque le había afectado tanto esa imagen. No había sido la madre, sino la niña quien en ese momento se le presentaba una y otra vez en su mente. No era la muerte en si sino la perdida de una vida tan joven y todo lo que conllevaba con ello.

Era la defunción de la esperanza, la inocencia y la ilusión. El fin para la infancia normal que muchos magos trataban de darles a sus hijos aún en los momentos más oscuros del mundo mágico.

A diferencia de la mayoría de sus compañeros, Draco nunca se había preocupado por quien caía a causa de su varita. Era un hombre consumido por un objetivo, lleno del deseo de lograr su venganza contra quien le había arrebatado a su madre y, por segunda vez en su vida, esa noche fue incapaz conciliar el sueño. En esas horas en vela, una convicción se forjo en su interior.

Algo que nunca hubiera esperado, que creía reservado solo a los pasionales e infantiles Griffindors. La necesidad de no permitir que algo así pasara de nuevo, de proteger la pureza de la generación más joven y mantener a salvo a gente que no conocía.

Y a medida que fueron transcurriendo las batallas ese deseo se fortaleció.

-Tranquila -murmuro, su voz suave y confortante.

-Tantas muertes...

-Lo sé. Pero les detuvimos. Ya no podrán hacer daño a nadie.

-Siguen haciéndolo. Los que luchamos aún sufrimos las consecuencias de ello -la amargura se filtro en su tono, volviéndolo muy distinto del usual.

-¿Hubieras preferido no luchar? ¿Salir indemne sin pensar en quienes caían? ¿Realmente hubieras sido capaz de vivir tu vida con normalidad sabiendo que no estabas ahí para ayudar?

Hermione se quedo en silencio un momento, cerrando los ojos mientras consideraba las preguntas.

¿Hubiera preferido evadir la lucha?

Sí y mil veces sí.

¿Hubiera sido capaz de no pensar en quien moría? ¿Aunque no fuera alguien a quien quisiera?

No, se conocía demasiado bien como para no darse cuenta de que desde el principio estuvo destinada a luchar en esa guerra.

¿Hubiera sido capaz de esconderse en el mundo muggle, cortar todos los lazos con sus amigos y seguir con su vida?

No, destruir sus lazos hubiera destrozado una parte de ella. Y estar en el mundo muggle preguntándose constantemente como estaban, si estaban heridos o, aún peor, muertos no hubiera permitido que viviera.

-Sí. No. No. Es solo que... llevo tanto sin poder dormir tranquila. Sin pesadillas. Quizás lo que necesito es tiempo, mucho más del que ha pasado, para ser capaz de recuperar el control no solo de mi vida sino también de mi mente. Odio estar con mi familia y no ser capaz de ver una película con ellos. Me encantaban las de acción y ahora cada vez que veo a un muerto... las balas, las heridas, el dolor. Y me da rabia preocuparles porque no soy capaz de explicarles lo que pasó.

Draco se aparto un poco y la miro a los ojos.

-Quizás es justamente eso lo que necesitas. Hablar. Te conozco lo bastante como para afirmar que ante tus amigos no fuiste capaz de derrumbarte. Quizás te vieran llorar pero no venirte abajo por completo.

-Harry no lo hubiera soportado, se habría sentido culpable de meterme en la guerra. Aunque le dije en muchas ocasiones que incluso si nunca le hubiera conocido habría acabado peleando por lo que creía pero no podía dejar de pensar que nuestra amistad había hecho que me metiera justo en el centro de la guerra.

-Puede que tuviera razón. Si los Mortifagos o el mismo Voldemort hubieran conseguido atraparte te hubieran utilizado en su contra.

-¿Crees que no lo sé? Viví con ese miedo durante años, desde que mostró su fea cara por primera vez en Hogwarts. Pero no fue lo que me impulso a luchar, es solo que siempre me pareció lo correcto.

-Hermione, ¿has hablado con alguien desde que acabo la guerra sobre ella?

-Sí.

-¿Realmente? ¿De lo que sentiste?

Se quedo un momento en silencio antes de contestar:

-No.

-Entonces, ¿que tal si probamos una cosa? Ambos hablaremos de todo lo que paso, de lo que sentimos o pensamos desde el mismo principio. Es posible que podamos ayudarnos mutuamente a ir dejandola atrás.

-¿Tú estarías dispuesto a contarme como te sentiste durante la guerra?

Estaba segura de que iba a negarse. Draco era un hombre demasiado orgulloso como para reconocer que había estado asustado o se había sentido incapaz en algún momento.

-Sí, esto funciona en los dos sentidos. Ya que es lo que quieres, comenzare yo. Callejón Diagon... -sus ojos se cerraron un segundo mientras los músculos de su mandíbula se endurecían-. La gente corría, muchos gritaban y trataban de entrar dentro de alguno de los establecimientos. Pero quienes estaban dentro ya habían fortificado las puertas para tratar de evitar que entraran los mortifagos...

-No sirvió de nada, se encontraron muchos cuerpos dentro...

-¿Te acuerdas de Ollivanders? Llevaba más de un siglo abierta, pasando de padre a hijo y él trato de dar una varita a cada uno de los que no las tenían. ¡Por Merlin! Ese hombre había sido un genio y, aún así, estaba tan aterrado que no se dio cuenta de que la varita incorrecta tiene consecuencias nefastas...

-Creo que lo que en realidad quería es que tuvieran una oportunidad, aunque supiera las consecuencias. Los que estuvieron dentro de esa tienda no murieron, ¿recuerdas? Fue la única que permaneció en unas condiciones medianamente buenas. Era uno de los sitios con mejores defensas contra la magia precisamente por el tema de las varitas. Quizás... -ladeo la cabeza mirándole-, lo que buscaba era tranquilizarles.

-Puede. Hubo una niña...

Hermione tiro de la sabana subiéndola hasta su pecho y después cruzo las piernas, rodeándose el torso con los brazos tanto para mantener la sabana en su sitio como por protección de los recuerdos que evocaban las palabras de Draco. Hubieron momentos en que su voz tembló, sus ojos cambiaron desde duro metal a plata liquida cuando las emociones empezaron a desbordarse. No llego a llorar pero se dio cuenta de que no era realmente porque no sintiera ese dolor, probablemente él no supiera como dejar que las lágrimas caer. Nunca le había visto mostrar su dolor y esto la sorprendió.

Siempre había sido un frío bastardo, decidido y cruel cuando era necesario. Después de la boda, había empezado a enseñarle otra parte de si mismo y ahora empezaba a ver que se ocultaba tras la mascara.

Un hombre que había tenido que recoger los pedazos de su vida, levantarse después de caer una y otra vez, escapar del destino que su padre le había decretado para llegar a convertirse en alguien en quien se podía confiar...

En un hombre en el que ella podría apoyarse cuando más lo necesitara. Cuando las primeras luces del alba comenzaron a desterrar la oscuridad de la noche, ella tomo el revelo en la conversación. En algunos momentos apartando la mirada y callándose, tratando de recuperar el control.

A pesar de que confiaba en él y sabía que si tuvieran que luchar de nuevo sería el mejor para cubrirle la espalda, había una parte de si misma que se negaba a mostrar de modo consciente, una que temía que si ponía ante Malfoy acabara haciendose pedazos.

***

Draco se consideraba un hombre paciente y concienzudo, del tipo que traza un plan cuidadosamente y no se aparta de él a no ser que la situación se modifique lo suficiente como para que sea imposible continuar ese camino.

Por ello le extrañaba que su paciencia comenzara a agotarse.

Desde el principio había sabido que Hemione necesitaba tiempo para aclimatarse primero al compromiso y después a su convivencia juntos. Creía que había dado un paso adelante durante esos meses, se había mostrado amable y agradable. Divertido.

Incluso cariñoso.

Él, Draco Malfoy, había empezado a utilizar todas sus cartas para conseguir la amistad de su esposa y su confianza. No era tonto, sabía que si debieran volver a luchar formarían un magnifico equipo ya que confiaba en el, al menos en ese sentido. Pero no era a causa de la relación que había empezado después de la boda sino porque ya habían luchado con anterioridad juntos.

Y solo para si mismo era capaz de reconocer que quería más, muchísimo más de ella. Quería su sonrisa, su risa, su dulzura... sobretodo, quería su amor. Frunció los labios al pensar en ello. Nunca había buscado el amor de ninguna mujer, solo una compañera dispuesta y que comprendiera que lo único que buscaba era sexo.

También había esperado que su relación con la mujer desconocida con la que debía casarse fuera cuando minino respetuosa, de ser posible una amistad y un buen ambiente en el que tener hijos. Al final, la desconocida había resultado no serlo tanto... conocía a Hermione desde que tenía once años. No el mejor modo de conocerse, al menos durante los primeros años, aún así era mejor que una simple extraña.

Quizás por eso le resultaba tan amargo el hecho de que cuando por primera vez en su vida buscaba algo más se topaba con un muro de ladrillos que detenía cada avance que hiciera. Había tenido la esperanza de que compartir su dolor la ayudara a verle por quien era realmente, solo para descubrir que ella se negaba a mostrar sus emociones. Solo se había permitido llorar al despertar del sueño, cuando aún no tenía control sobre ellas.

Después, a pesar de que sus ojos se habían humedecido y su tez había comenzado a palidecer, había visto con bastante facilidad los trucos a los que recurría para no permitirle el acceso a sus emociones.

Era posible que el motivo de esto no fuera el hecho de que no le viera a él, Draco, sino que no fuera lo que ella deseaba realmente en su vida o por lo menos no para siempre. Ese fue el motivo por el que se negó a reconocer la verdad en las palabras de Pansy hacía tanto tiempo...

Se encontraban en Grimauld Place, en uno de esos extraños días en que las obligaciones de ambos con la Orden les permitían descansar. No era como si Dumbledore quisiera que los miembros se quemaran demasiado pronto pero curiosamente casi nunca sus días libres coincidían.

A diferencia del grupito dorado y las parejas que estaban formadas dentro del grupo. Ociosamente se pregunto, no por primera vez, si era un método de mantenerlos separados por si no podían fiarse de ellos.

Dudaba que fuera eso, más bien era posible que a diferencia de los demás le diera igual molestar un tanto a los Slytherin. También era posible que su creencia de que las Casas debían permanecer unidas hiciera acto de presencia y estuviera tratando de que los dos socializaran con los demás.

Como si fuera tan sencillo...

Si bien la mayoría era capaz de verlo como una entidad separada de su padre, muchos solo se quedaban en el "Malfoy", por lo que cada vez que su progenitor dejaba la marca tenebrosa en el cielo sobre alguna casa las maldiciones acerca de los Malfoy se incrementaban.

En ocasiones algunos miembros se habían asegurado de que Draco estuviera presente cuando empezaron a despotricar, con la esperanza de que se "delatara". Eso era lo que esperaban, que en un momento de ira mostrara su verdadera cara y a quien servía.

Entonces, él se limitaba a sonreír. No del tipo que le dedicaba a Pansy, sino aquella registrada "Malfoy". La misma que su padre había dedicado a todos aquellos que consideraba inferiores... era más que capaz de reconocerla ya que en varios ocasiones la había visto destinada a su madre o a él.

Miro a Pansy, que estaba sentada delante del fuego de la biblioteca en la que en ese momento se encontraban solos, tuvo la impresión de que deseaba decir algo pero no acababa de decidirse o encontrar las palabras que deseaba utilizar. Hasta que finalmente soltó:

-Estas celoso.

-Y según tu gran saber, ¿podrías decirme de quien?

-Hermione y Alex.

Draco la miro y mientras una sonrisa ladeada curvaba sus labios alzo una ceja.

-Creía que sabías que mis intereses no iban por ese camino.

Por el modo en que los ojos de Pansy se entrecerraron, supo que deseaba golpearle. Sabía perfectamente que no se refería a Alex pero el infierno se congelaría antes de que voluntariamente uniera las ideas "celoso" y "por Hermione".

-Hermione. La quieres para ti.

-Por Merlín, Pansy, quizás deberías ir a buscar a un oculista.

-¡Draco! Estoy hablando en serio.

-Y yo.

-Me he dado cuenta de como la miras cuando crees que nadie se da cuenta. Y no es solo deseo...

-Reconozco que es una mujer que tiene el potencial de un diamante en bruto pero como nunca va a estar dispuesta a sacarse brillo dudo mucho que mi interés se dirija a ella.

-No eres tan superficial.

La sonrisa permaneció en sus labios mientras sus ojos comenzaban a enfriarse.

-Oh, lo soy, Pansy. En Granger no hay nada que pueda atraerme. Tiene demasiados defectos y, además, es Gryffindor. Y yo no les soporto.

-Draco -su voz había tomado un matiz acerado-. Tus ojos muestran lo mismo que los mios.

-Puede que tú estés lo bastante loca como para interesarte por Potter pero puedo asegurarte que no siento nada parecido.

-¡Maldita sea! Escuchame. Cuando la ves, tus ojos se caldean y muestras una expresión que no te he visto nunca. Pero si la ves con él, tus ojos se enfrían y tu mandíbula se endurece. Si les ves besarse o hacerse una carantoña, abandonas la habitación. ¡Aunque sea el comedor y aun no hayas acabado de comer!

-Quizás es simplemente que ver tales muestras de vulgaridad me quitan el hambre.

-Niegalo tanto como quieras pero te conozco lo suficiente como para reconocer cuando sientes algo por alguien. Y darme cuenta también de que va más allá de la simple atracción física.

-¿Quieres condenarme al mismo destino tuyo? ¿Que me "enamore" de alguien que jamás va a ser capaz de verme? ¿Que nunca sera capaz de separar a Draco y a Malfoy? ¿Que nunca me vera como nada más que el enemigo? ¿Sin importar cuantas batallas luche a su lado? Amiga, no me desees el infierno que has escogido para ti misma.

Vio como ella daba un pequeño respingo ante sus palabras. Sabía que había sido cruel recordarle todos los motivos por los que nunca podría esperar tener a Potter. No era solo que él tuviera novia sino que no veía a Pansy realmente. Estaba aún cegado a los hechos que habían pasado en Hogwarts como para darse cuenta de que ellos también se habían vistos obligados a madurar.

Que lo que se permitía siendo niños no se podía tolerar en la actualidad.

El que Harry no les quitara el ojo de encima cuando estaban en la misma habitación y tuviera la varita a mano solo lograba que sus nervios se enervaran, que deseara mostrarle que tenía motivos para desconfiar. Cada vez que deseaba hacerlo se tenía que recordar a si mismo que no podía dejarse llevar por las provocaciones.

-Algún día descubrirás que sobre los sentimientos no se manda. Que estos eligen su camino aunque tu mente te diga que es una locura. Espero por tu bien que ese descubrimiento te hiera menos que a mi.

Ahora tenía que enfrentarse a la verdad que había habido en la palabras de su amiga. Lo que sentía por su esposa iba más allá de una mera conveniencia. No era simplemente su deseo de tener una familia, hijos que crecieran en un ambiente totalmente diferente al que había existido en esa mansión durante su infancia.

Quería, necesitaba, por primera vez en su vida que una mujer le amara.

No cualquier mujer, solo una.

A la que había tenido que soportar sus insultos durante su infancia, la que le había mostrado que una hija de muggles podía ser una gran bruja que dejara atrás a los de sangre más pura, aquella que había luchado por defender sus ideales, primero con el P.E.D.D.O. y después luchando realmente, sufriendo heridas y temores durante la guerra. Siempre dispuesta a empuñar su varita, a utilizarla para ayudar o para destruir según las circunstancias.

Y aún así, con la suficiente dulzura, amabilidad y empatia como para no ser capaz de sentirse bien consigo misma tras haber quitado tantas vidas.

Hermione Jane Granger.

Su esposa.

Y, a pesar de todo, no era capaz de sentirla realmente suya. Había una parte que se aseguraba de mantener alejada de él, en lo que sin duda ella consideraba una seguridad para sus sentimientos.

No iba a rendirse, utilizaría el año que le había dado de matrimonio el contrato para conseguir su corazón. No le quedaba otra salida si quería tener alguna esperanza para lograr algo parecido a la felicidad.

Mucho menos desde el momento en que se había permitido reconocer lo que sentía por ella.

Amor.

Que palabra tan simple para describir todos los sentimientos que le inspiraba, los cuales iban desde la ternura a la pasión más profunda pasando por la desesperación y la frustración. Si no fuera por esa duda de que Hermione estuviera ya enamorada de otro, podría incluso disfrutar de esa extraña mezcla de emociones.

Si alguien le hubiera dicho que algún día sentiría algo así, lo hubiera llevado directo a San Mungo alegando que debía haber perdido la cabeza completamente. Él, un Malfoy, se suponía que tenía que ser capaz de controlar cada uno de los aspectos de su vida. Esto incluía el plano emocional, el cual desde hacía unos meses había escapado de su férreo control.

Se repitió a si mismo el juramento de hacer que ella lo amara antes de tomar varios documentos legales referidos a sus inversiones y comenzara a hundirse en el trabajo.