Itachi no contesto se limitó a aumentar la velocidad y dirigirle una mirada molesta. Sakura dejo de pelear y se concentró en el panorama que no se lograba distinguir gracias a la velocidad en la que iban, pero le ayudaba a distraerse. Ninguna de las múltiples imágenes que vio en todo el camino logro captar su atención, o al menos hasta que se detuvieron en frente de una casa de ensueño entre matorrales y árboles frondosos, con el canto celestial de pequeñas aves como los canarios de múltiples colores o los ruiseñores de hermosa presencia, los nidos de petirrojos y pinzones abundaban en cada árbol y los conejos saltarines se paseaban tranquilamente de un lado para otro y lo último que vio antes de que la puerta se cerrara de un portazo fue a las ardillas que se escondían tras el violento ruido. Y al ver al culpable de ello, todo su ser tembló, no de miedo ni de angustia, ni no de emoción y felicidad combinada con una extraña sensación de placer.
Pero las cosas que le hicieron desnucarse fue el verse tirada en la cama con el encima y con sus manos agarradas por las suyas sobre su cabeza, inmovilizándola. Pero no lo creía necesario, estaba completamente engarrotada. Sin ninguna posibilidad de escapar.
-¿Por qué estabas con Sasuke? – Pronuncio Itachi con una voz sedosa pero salvaje, que pasó por sus tímpanos y dejando un sabroso escalofrió por su espina dorsal. Y sin pensarlo dos veces la pelirrosa jalo los sedosos cabellos azabachados para juntar sus labios en un tierno pero pasional beso.
Y al separarse los colores cubrieron su rostro dejando una curiosa combinación de rojo con rosa y sus hermosos ojos azules brillando con intensidad, si azules…
-Itachi
-Akane.
Dijeron en un suspiro antes de volver a juntar sus labios en un beso vehemente…
Todo era extremadamente hermoso y perfecto si no fuera por la cruel y dolorosa caída que le había propiciado el Uchiha mayor, sobre el tanteo de cama o puede que era una hace aproximadamente 50, 000,000 de años, sacándola de la ensoñación.
Con un gran esfuerzo dirigió su mirada donde se suponía debía estar Itachi, pero no encontró nada, solo oyó el crujir de la puerta al cerrarse y agradeció que no se haya tumbado.
Se encontraba sola, en un intento de casa. Con madera podrida y objetos de antigüedad segura. El polvo cubría totalmente las paredes creando un tapiz gris y el techo estaba lleno de arañas que no permitirían dormir bajo ellas ni al más valiente. Y ella no era la excepción. No tardo en precipitarse a la puerta, pero su carrera se detuvo al abrir la puerta y encontrarse con el vacío. El muy idiota la tenía encerrada en su Sharingan. Cerró la puerta sin medir sus fuerzas y empezó a propiciar golpes a cualquier cosa que estuviera en su camino.
Todo era tan confuso: primero había oído la voz de Akane hablarle, y para el colmo no era la primera vez. Si no mal recuerda eso fue hace más o menos un mes, cuando le habían informado que tenía que tomar una decisión. Su hermana tenia aproximadamente un mes sin despertar, y lo más probable es que nunca lo hiciera, por lo cual los doctores le presionaban con que tenía que tomar una resolución. Realmente estaba desesperada y no tenía nada claro. Estaba a punto de rendirse cuando su hermana le encomendó la misión de su vida. Luego lo segundo había sido encontrarse con Uchiha Sasuke, que sin tenerlo previsto, iba a ser una pieza importante en su plan. Lo tercero fue empezar un agotante, desesperante e inesperado viaje con él. Lo cuarto fue encontrarse con sus amigos, que siempre aparecían en el momento más oportuno de su vida. Y lo quinto y último hasta ahora, era encontrarse con Uchiha Itachi el motivo clave de su viaje.
¡Nada encajaba! Impacto la pared con todo su vigor. Tirándola para dejar ver a Itachi caminar hacia la casa, que detuvo su paso al verla destrozada en su mayoría. Ambos quedaron estáticos en su lugar, la mujer por la inoportuna imagen de un ángel negro caminando sobre el vacío. Y el, por la anormal imagen de su casa deshecha, cuando en ese lugar solo estaban él y una mujer "indefensa".
Sakura estaba nerviosa, y se exaspero al ver que Itachi no tomaba la iniciativa en ningún sentido. Y con cierta vulgaridad decidió dar el primer paso.
-¡Tengo monos en la cara, ¿o qué?!
El susodicho solo se limitó a sobresaltarse impublicamente y sin titubear se acercó lentamente a ella. Con una tranquilidad intacta, tan familiar y para ella extrañamente escalofriante. En sí, sentir una sensación familiar con él, no era de asustarse. Es su cuñado, la persona más importante para su hermana y que extrañamente ya era parte de su familia.
-Nunca has podido mantener la boca cerrada – Afirmo – Pero, tus imprudencias son las que me unieron cada vez más a ti. Eres desesperante y no sé qué diablos hacías con mi hermano, pero todas las preguntas que giran por mi cabeza desaparecen al verte. Eres un marciano al poder provocar todas esas cosas en mí.
Anonadada miraba titubeante los ojos oscuros frente ella. ¡Por Dios ¿Cómo no enamorarse de ese hombre?! Suspiro encantada y sin más se sentó en la "cama" de aquel lugar tratando de sosegarse. Realmente era increíble ver como el hombre
Temido de todo el mundo era realmente un poeta en vigor.
-Entonces supongo que no me vas a preguntar que hacía con tu hermano
-¿Me vas a decir? – Se sentó a su lado con una ceja alzada mostrando incredulidad.
Se aferró a las sabanas níveas. Estaba al lado de alguien peligroso. Aunque sabía perfectamente que no estaba inquieta por ello, era más la cercanía de un hombre tan guapo. Porque lo era, no iba a negar lo que era evidente. Ella era mujer y el un Adonis. Y estar solos en una cabaña desierta era emocionante. Pero desgraciadamente ese hombre ya tenía dueña y no una cualquiera, sino su hermana.
-Me conoces, querido. – Sonrió contenta. La cercanía entre su hermana y él era latente. – además, estar con tu hermano no es ningún delito. Tú y yo no somos esposos, ni siquiera novios. ¿O sí? No me has buscado en más de un año. Yo soy joven y Sasuke no es para nada feo. Además ¡Es de mi edad! Cualquier mujer estaría encantada con e…
No termino de decir nada ante la sorpresiva emboscada de Itachi. Quien la aventó en la cama y sometió a su disposición entera. Su mirada era hoguera profunda. Y su piel derritió la suya. Estaba enojado, eso era evidente. Se había condenado a la guillotina y no sabía cómo desactivarla. Tembló ante la idea de ya no serle útil y este la lastime. Oficialmente ya no era su mujer, no más que una simple conocida y él era un asesino despiadado. El noto su miedo, era inocultable y el un genio. Con enojo convertido en furia, la soltó bruscamente para el incorporarse.
-No tiembles – Hablo entre dientes y poso su mano en su cara totalmente frustrado – Vamos Akane, nunca te haría daño te lo juro. Antes muerto.
Ella se incorpora para poder verlo. Realmente parecía abatido. Una reacción así nunca nadie se la esperaría y esas palabras lograron que posara totalmente su confianza en él. Tomo la mano posada en su cara. El con sorpresa permitió que la tomara y la presiono con cariño. Sakura sonrió de forma tranquilizadora.
-Lo sé. Yo tampoco te haría daño nunca en mi vida – Ambos se miraron profundamente. Entre sus miradas no había ningún espacio. De repente Itachi aumento levemente la fuerza de su agarre y su boca se torció en una mueca de desagrado. – Vamos no te enojes.
-Tú fuiste la que me hiciste enojar. Aunque pasen siglos sin verte o estemos décadas alejados. Tú siempre serás mía. Te hice mía. Eres mía. Te amo más que nada en este mundo. Joder Akane, si no te veo es para no ponerte en peligro, lo sabes. Y tampoco no es nada fácil estar lejos de ti. Debes comprenderme.
-Lo comprendo, si no, no estaría a aquí contigo – junto sus frente – sé que ella te diría que te ama, eres un gran hombre.
-Sasuke-Kun – Chillo Karin empalagosa contra el brazo de Sasuke – No encuentro su chackra por ningún lugar, dejemos de buscar a esa buena para nada. Nadie la necesita.
-Su hijo, si la necesita. – Hablo entre dientes.
Estar rodeado por gente intolerable es más de lo que hubiera imaginado. Aunque todos estaban buscando vigorosamente. No eran capases de encontrarla. En este momento podría estar muerta en brazos de su hermano. La pura idea los carcomía por dentro. Los pechos de Karin se restregaban contra su brazo logrando exaltarlo por completo.
-¡Aléjate de mí!
Sim medir sus fuerzas, la empujo. Y empezó a andar sin rumbo. Iba encontrarla con vida. Tenía que encontrarla con vida.
