Disclaimer. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La trama es regalo de una musa medio loca, chiflada, mal del cerebro que se llama Xanat y aun asi la quiero xD
Capitulo 10. Buenos... y malos momentos.
Jasper Pov.
Había pasado un día muy bonito con Alice, con Rosalie y mi mamá. También había conocido a otras personas. Bella y su hija Nessie, que había perseguido y jalado de los cabellos a mi hermana. Esa escena había resultado muy graciosa. No había hablado con las otras personas, pero también parecían agradables.
Estaba solo en el coche con Alice. Me podía dar cuenta de que la quería con locura, no entendía estos sentimientos, pero tampoco me esforzaba mucho en entenderlos, pues parecían tan parte de mi como mis manos. Y a decir verdad me agradaba.
Habíamos parado en un centro comercial y bajado a comprar algunas cosas a las que no les presté demasiada atención. Salvo por una blusa que se compró Alice, pues se puso a brincar como Nessie cuando la vio.
Habíamos vuelto al auto, ella había arrancado y encendió el aparato de música. Yo solo miraba por la ventana, intentando ver a través de la oscuridad, cuando escuche con atención la canción que sonaba.
No entendí porque pero la reconocía, la reconocía y sabia que había algo detrás de esa canción. Había algo con esa canción que deseaba recordar con todas mis fuerzas. Escarbe en mi mente, poco a poco mientras escuchaba la melodía. Y entonces paso…
Me encontraba en un salón muy grande, había muchos jóvenes y también muchas chicas, pero yo no venía con ninguna. Me encontraba sentado en una esquina, mirando con envidia a las parejas que bailaban. No me atrevía a pedirle a ninguna chica que bailara conmigo y estaba seguro que pasaría toda la noche allí, aburrido… cuando hablaron por el altavoz.
— ¡A ver! Las parejitas melosas fuera. Es momento de los solteros—Era el animador del baile. Las parejas comenzaron a salir de la pista—. A ver. Todos los solteros, vengan aquí. Haremos una dinámica de cambios de parejas.
Rosalie tomó mi mano y me empujó hasta la pista de baile. Ya una vez allí no me atreví a salirme. Comenzó la música y baile con una chica. De repente cambiábamos de parejas, pero casi no hablaba con ninguna. Cuando me tocó con ella…
Ya la había visto antes, pero no la recordaba. Ese día iba divina, con un vestido azul cielo que se le veía de maravilla. Me miró y se sonrojó.
— Soy Alice—me dijo.
— Jasper—le respondí. Mire sus ojos y me perdí. Me perdí completamente, porque no había nada igual que hubiera visto antes. Sus ojos eran cafés, pero con un brillo muy hermoso y había algo en ellos que no supe explicar. Algo como magia.
Y me enamore. Podría decir que fue amor a primera vista, porque era como si nunca la hubiese visto. Estaba seguro de haberla visto antes, pero así, nunca la había visto.
— ¿Nos hemos visto antes?
— Si. Comparto contigo la clase de Literatura.
— Lo siento, pero no lo recuerdo.
— Me imagino. Nunca pones atención a esa clase.
— Si, es una de las pocas a las que no les pongo atención—admití—. Lástima, no me había dado cuenta de lo hermosa que eras. Lamento haber desperdiciado tanto tiempo.
La siguiente canción que sonó, fue una que me gustaba mucho, y ya no nos separamos. Algo había nacido entre nosotros. Algo muy fuerte.
…
Aquella canción que sonó, era precisamente la que sonaba ahora en el aparato de música. Y yo me quede quieto al escuchar las notas y recordar todo aquello. Esa era había sido la primera vez que había estado cerca de ella. Cuando la había conocido. Ella me había contado aquello hacia unos días, pero no había podido recordarlo. Ahora lo recordaba y sentí como en mi pecho, mi corazón palpitaba fuertemente, porque lo estaba recordando y me sentía muy feliz. Ese recuerdo era hermoso, me hacía sentir bien.
— Jasper—escuche la voz de Alice y la mire. Entonces me di cuenta de que mis ojos se habían llenado de lagrimas, pero no entendí porque—. ¿Estás bien?
— Si—le respondí. Y me di cuenta de que siempre la había mirado así, como la cosa más hermosa del mundo. Porque para mí lo era. Y aunque no me acordaba antes de eso, siempre seria para mí lo más hermoso que mis ojos han visto—. Es que, recordé algo…
— ¿Qué? —Me pregunto emocionada— ¿Qué recordaste Jazz?
— El baile—le dije. Sentí el liquido húmedo de un par de lágrimas deslizarse por mi rostro. Pero no comprendía porque lloraba. Estaba muy feliz, no tenía sentido—. El baile donde nos conocimos. El intercambio de parejas… y la canción.
Y me di cuenta de que había acabado y se oía otra. Ella detuvo el coche enfrente de la casa y salió. Salí detrás de ella y le ayude con las bolsas que sacaba de la cajuela. Entramos en la casa y ella dejo las bolsas en la cocina. La bolsa de su blusa la dejo sobre el sofá.
Me senté y ella se acerco a mí. Tomo mis manos y las apretó dulcemente. Yo sonreí porque me gustaba eso. La quería, lo sabía perfectamente. La amaba y haría todo lo que pudiera hacer, por verla feliz.
— ¿Qué recordaste exactamente?
— El baile. La dinámica del intercambio de parejas. Tú y yo. Nunca ponía atención en la clase de literatura—rió cuando mencione eso y yo sonreí—. Bailábamos con la canción que sonó en el coche. Te veías muy bonita ese día.
Ella se sonrojó y agachó la cabeza. Le sonreí y sin pensarlo demasiado, me acerque a ella hasta que nos miramos a los ojos.
— Tus ojos eran algo que no había visto jamás.
— ¡Oh, Jasper! Lo ves. Vas a recordarlo todo, ya verás. Me hace tan feliz que recuerdes eso—me abrazó y la abracé. Sentí otro par de lágrimas salir de mis ojos y me separé de ella para secarlas con el puño de la camisa. Ella me miró curiosa y ahogo una risa—. ¿Estás llorando?
— No lo entiendo—dije—. Estoy feliz, no entiendo por qué…
— Lloras de felicidad—me dijo.
— ¿Qué?
— Si. Lloras de felicidad. De felicidad también se llora.
— ¿Cómo? no lo entiendo…
— Pues alguna vez leí por allí: "Dios ha puesto la felicidad tan cerca del dolor que muchas veces lloramos de alegría"
Le sonreí y la volví a abrazar. Ahora era tan feliz que me dolería mucho que fuera un sueño. Estaba seguro de que no lo era, pero a veces tenía miedo.
— Y estoy segura de que hace mucho que no pruebas esto—dijo separándose de mí y corriendo a la cocina.
— ¿Qué? —pregunté siguiéndola. Ella entró y comenzó a desempacar las cosas que había comprado.
— Tengo que prepararlos primero. Espérame tantito.
— ¿Te puedo ayudar?—le pedí porque me sabia mal que todo lo hicieran por mí. Su rostro se iluminó en esa sonrisa que podía competir con el brillo del sol. Ahora entendía porque escribí ese poema para ella.
— Si, ven.
Me metí en la cocina y la ayude a medir el harina, un polvo café que según ella era cocoa y un polvo blanco que era para hornear. Los mezclé mientras ella hacia algo en otro traste. Luego lo juntamos todo y quedó una masa café a la que ella le metió el dedo. Se lo llevo a la boca y se rió.
— Prueba—dijo volviendo a tomar un poco. Lo acercó a mi boca y yo probé. Realmente sabia de maravilla.
— ¡Qué rico! —dije al tiempo que en mi mente comenzaban a aparecer fugaces imágenes que no supe identificar. Entonces ella tomo un poco de harina y me lo lanzó a la cara.
— ¡Oye! —le dije, mientras ella reía. Se reía de mí. Tome un puño de harina y se lo tire al rostro. Ella quedó completamente blanca y cuando sopló la harina que tenía en los labios y cerca de la boca salió volando.
— ¡Jasper! —gritó. Por un momento creo que se había enojado, pero ella tomó más harina y me la tiró en el cabello. Me sacudí y una nube blanca se extendió por la cocina. Ella reía mucho y se abrazó a mi cuello—. Hace mucho que no hacia esto—dijo contenta—. Estás todo sucio—se burló—. ¡Qué desperdicio de harina! Mira nada más el tiradero que hicimos.
— No es mucho—dije abrazándola. Extendí mi mano hasta la bolsita de harina, y sin que ella se diera cuenta la vacié sobre su cabeza. Ella se separo de mi rápido y me miró—. Ahora si es mucho—dije.
— ¡Oy! ¡Cómo te atreves! —me reclamó empujándome. Había algo en el suelo -además de la harina- que hizo que me resbalara y como ella estaba aún abrazada a mi cuello, nos fuimos los dos al suelo.
Por un momento nos quedamos mirando, y luego echamos a reír como un par de locos. Habíamos levantado otra nube de harina, pero no me importaba y a ella tampoco.
De pronto me di cuenta de que nuestros cuerpos estaban muy juntos. No supe que hacer, pero ella se abrazó más a mí y me dejó un besito muy cerca del labio.
—Anda—dijo levantándose—. Vamos a poner en el horno esto.
A unos moldes rectangulares les puso algo muy grasoso y después vació la masa. Encendió el horno de la estufa y esperamos un ratito mientras seguíamos jugando con la harina. Alice puso algo encima de la masa, me dijo que eran chispitas de chocolate. Un rato después volvió a abrir el horno y se sintió mucho calor en ese momento. Tomó los dos moldes y los metió allí. Luego cerró el horno y me sonrió.
— Bueno, ahora solo queda esperar—dijo tomando el traste donde habíamos hecho la masa y caminando hasta la sala. La seguí y nos sentamos en el sillón, dejándolo cubierto de harina, como nuestra ropa. Ella con su dedo tomo algo de la masa que había quedado en el traste y se la llevó a la boca. Me ofreció y yo hice lo mismo. Realmente sabía a gloria aquello. No estaba seguro de que era, pero sabia delicioso.
— ¡Que rico! —volví a decir.
— Lo sé—dijo aun probando de la masa. Yo hice lo mismo y con los dedos limpiamos los restos de masa del traste.
Se estaba terminando cuando a mi mente vino algo…
Entraba en la cocina de una casa, que no reconocía ahora, pero que me era familiar. Alice estaba allí, muy entretenida mezclando algo.
— Hola—le dije abrazándola por la espalda.
— Hola—dijo riendo.
— ¿Qué haces?
— Preparo esto… —dijo pero yo lleve un dedo a la masa que ella tenía enfrente y la probé—. ¡Jasper!
— Lo siento, es que esta muy rica.
— Espera a que estén horneados—me regañó.
— No, así sabe rico.
— ¡Ay tú!
— Ay yo—dije volviendo a hundir mi dedo en la masa. Ella me imitó, pero en lugar de llevárselo a la boca, me tocó la punta de la nariz, dejándome una manchita—. ¡Oye!
— A ver si puedes comértela ahora.
— Cuanto a que si—dije y luego comencé a intentar tocarme la nariz con la lengua para alcanzar la masa.
…
Cuando no pude recordar más, me eche a reír. Alice me miraba curiosa, pero no decía nada. Yo no podía dejarme de reír.
— ¿De qué te ríes? —preguntó finalmente.
— Es que… recordé algo—dije aun riendo.
— ¿Qué? ¿Qué cosa?
— Tú estabas preparando esto—le dije—. Y yo tomaba un poco de la masa y luego tu me ponías en la nariz. Y yo lo intentaba alcanzar con mi lengua—dije.
— ¿En serio? —dijo y luego rió a carcajadas—. Me acuerdo perfecto de eso… después me tiraste harina a la cara e hicimos un tiradero parecido al que hay allí—terminó señalando la cocina.
— ¿De verdad? —pregunte y luego reí—. Somos un par de locos.
— Si. Pero dos locos muy felices—me dijo ella. La abracé y ella me besó en el cuello. Nos quedamos allí abrazados, hasta que la casa fue inundada de un aroma suave y dulce, que me hizo agua la boca. Ella se alejó de mí y corrió a la cocina. Caminé detrás de ella y la observe mientras sacaba los moldes del horno. Los puso sobre la mesa y les echó un polvo blanco. Luego los cortó en varios pedacitos.
— ¿Qué es? —pregunte refiriéndome al polvo blanco.
— Azúcar Glass—me dijo. Olí y sentí que la boca se me llenaba de agua, olía simplemente maravilloso.
— ¿Puedo probar? —pregunté.
— Si, espera—dijo y con una pala saco un pedazo de aquel pastelillo. Lo coloco sobre una servilleta y me lo dio. Le di una mordida al pastelito y sentí que se me deshacía en mi boca algo delicioso. Tenía un sabor dulce, una textura suave con un poco crujiente y era simplemente delicioso. Intente recordar el nombre del sabor, pero no podía en ese momento. Y entonces…
— Traigo algo que seguro te va a gustar, Jazz.
— ¿Qué?
— Cierra los ojos— los cerré tal y como ella me decía—. Abre la boca—la abrí y ella metió algo. Lo probé y abrí los ojos.
— ¡Qué delicia! —le dije—. ¿Qué es?
— Brownies de chocolate—me respondió Alice—. Los hice anoche.
— ¡Están deliciosos, Alice!
...
— ¿Brownies de chocolate? —le pregunté.
— ¡Sí! — me dijo emocionada—. ¿Cómo sa…?
— Lo acabo de recordar. Me los diste a probar y me dijiste que cerrara los ojos.
— Si—rió ella—. Después de eso los tenía que hacer seguido. Te encantaban y siempre preguntabas "¿Trajiste brownies?" a veces ponías una cara muy graciosa de cachorrito.
Me reí ante eso. ¿Yo hacía todo eso? Me parecía muy lejano, como si lo sacara de un sueño. Pero era mi pasado y me hacia feliz recordarlo.
Aquella noche comimos medio molde de los brownies con leche y nos fuimos a descansar. Dormíamos juntos desde aquella noche en la que me asusté con la lluvia y los truenos. No había vuelto a llover, pero me sentía bien durmiendo con Alice, y a ella no le molestaba.
Había sido un día maravilloso.
Rosalie Pov.
Aquel domingo me levanté con renuencia. Era día de descanso y yo realmente quería dormir hasta el día siguiente. Pero mi estomago me gruñía como enajenado y simplemente… tenía que comer.
Me levante y me quite las cobijas de encima. Me mire en el espejo y al ver mi cabello recordé el día anterior. La niña que me había perseguido hasta tomarme de los cabellos y tirar de ellos como si fueran riendas de caballo. Me reí inconscientemente, pues aunque me había dolido montones mi cabello –y aun me dolía- me había divertido bastante. Además que el tirar el castillo fue la pauta para que mi hermano recordara como hacerlo y eso me hacía muy feliz.
Caminé directo a mi baño, me lave la cara, destrencé mi cabello (cada noche lo trenzaba para que no se enredara mientras dormía) y me cambié de ropa. Unos shorts ajustados y cortos, una blusa de tirantes azul y tenis, porque quería salir a correr. Hacía calor y me emocionaba que así fuera, porque podía moverme libremente. Recogí mi cabello en una cola sencillísima y salí de mi cuarto. Mi madre estaba en la cocina.
— Buenos días, hija—me saludó—. ¿Iras a correr?
— Si, lo hare—le dije. Tome una botella de agua del refrigerador y la eche en mi bolso. Una cosa minúscula en la que cabía bastante y que llevaba casi a todos lados. Tome mi MP3 de la mesa y me puse los audífonos en los oídos.
— Vuelvo después.
— Si, mientras yo veré que hago por aquí—me dijo.
— Hasta el rato, mami.
Y salí de allí. Camine hasta el parque y allí me dedique a hacer calentamientos, algunas abdominales y estiramientos que aprendí durante el Instituto en el club de teatro. Después me eche a correr a través del sendero del parque.
Cada tanto veía algunas personas que conocía pero no me detenía a platicar con ellas. Venia escuchando música y pensando, escuchando y pensando…
Las palabras de Alice en la playa me habían dejado completamente pensativa. ¿Realmente me estaba comenzando a enamorar de Emmett? No podía ser, él era un gran tonto. Pero, ¿Por qué seguía pensando en eso? Probablemente porque la enana tenía algo de razón, bueno en realidad bastante. Era imposible no fijarse en él, tenía unos músculos enormes y si no fuera porque sabía que utilizaba a todas las chicas, esa estúpida sonrisa brillante me hubiera conquistado a mí también. Además –debo admitirlo- era gracioso, aunque a veces llegaba al punto que hartaba. Suspire frustrada al ver que rápido había pasado de odiarlo a sentirme atraída por él. Esto no era normal en mí, y me preocupaba. Justo ahora que mi hermano me necesitaba, y mi madre también y que mi carrera era tan demandante, justo ahora me tenía que venir algo así. Porque no solo era Emmett, también era el admirador secreto. Y eso me tenía un poco confundida. Bueno en realidad muy confundida, y odiaba sentirme así.
Estaba tan perdida en mi música y en mis pensamientos que no me fije que chocaba con alguien, hasta que caí en el suelo. Levanté la vista y me encontré con la persona menos esperada. Como si le hubiera convocado con la mente, Emmett estaba frente a mí.
Cambie rápidamente la mueca sorprendida que tenía a mi clásica mirada dura, pero creo que ya no era factible engañarlo.
— Hola Rosalie—me dijo.
— Hola Emmett—respondí con dureza, luego dije—. Te vas a quedar ahí mirando o me vas a ayudar a levantarme.
— Lo siento—dijo él y se acercó a ayudarme. Me cogió por un brazo y me levanto del suelo con esa fuerza suya, pero sin apretar demasiado mi brazo—. Listo—me dijo y me miro directamente a los ojos haciéndome sentir completamente intimidada. Nunca había visto bien esos ojos grises, eran demasiado enigmáticos, como si vieran más cosas de las que la gente puede ver, como si mostraran más cosas de las que debía mostrar.
Me sacudí el estupor que me había provocado su mirada. Y volví a mirarle con dureza, cosa de la que me fastidie y comencé a reírme por mi evidente bipolaridad. Lo sé, extraño.
— ¿Qué te pasa? —me preguntó.
— Nada— dije dejando de reír.
— ¿Estabas ejercitándote?
— Si ¿y tú?
— También. ¿Quieres correr conmigo? —preguntó.
— De acuerdo, en tanto no me vuelvas a tirar—dije.
— Bien.
Comenzamos a caminar, pero me detuve para hacerle una última aclaración.
— Y mantén tu distancia—le advertí.
— De acuerdo—dijo.
Comenzamos a correr por el parque, en silencio para mantener la respiración acompasada. A ratos nos deteníamos y hablábamos un poco de cosas banales como la grabación, el estudio y el clima. Pero esa escasa convivencia me sirvió para darme cuenta de que no era tan idiota como parecía, al contrario era bastante agradable.
Y lo supe… yo no tenía retorno…
Bella Pov.
Ayer Edward mientras estábamos en la playa, me había pedido que le permitiera llevar a pasear hoy a Renesmee. Le había dicho que si, obviamente.
Eran las tres de la tarde, Nessie estaba vestida y arreglada. Edward me había dicho que pasaría a eso de las tres o tres y media. Yo me sentía nerviosa, no sé porque pero así me sentía. Mi hija como siempre había comprendido las cosas, más rápido y sencillo que yo. ¡Quien tuviera su edad! a esa edad no había preocupaciones.
El timbre de mi casa sonó y yo levanté la cabeza como si me acabara de despertar. Me levanté pesadamente del sillón y camine hasta la puerta. Abrí y allí estaba él. Tragué saliva con dificultad y me hice a un lado para que pasara.
— Hola Edward—le dije. Él me miro y me sonrió.
— Hola ¿Cómo estás?
— Bien. ¿A dónde llevarás a Nessie?
— Pues, hay un parque de diversiones aquí cerca. Supongo que querrá ir.
— Claro. Ama los juegos mecánicos—dije. En ese momento bajó corriendo mi bello tornadito.
— ¡Hola! —grito y se lanzó a los brazos de Edward. Él la recibió como si se conocieran hace años y no hace una semana.
— Hola, preciosa—le dijo—. ¿Cómo estás?
— Bien.
— ¿Si? ¿Quieres ir a los juegos mecánicos conmigo?
— ¡Si! —festejo la niña.
— Bueno—dijo Edward—. Pídele permiso a tu mamá.
— Pero ese ya se lo pediste tu—respondió la niña, haciéndome reír.
— Tienes razón. Entonces vámonos.
— ¡Si! —Nessie se giro hacia a mí y me dijo—. Ya nos vamos mami. Volvemos después. Te quiero.
— Yo a ti, hermosa—le dije.
Edward abrió la puerta con Nessie aun en brazos y al voltearse para cerrarla m dedico una mirada que podía interpretarse como "Auxilio". Me reí de él. Cuando cruzaron por la puerta Nessie me mando un beso volador que hizo que se me hinchara el corazón de alegría.
Desaparecieron por la puerta y yo suspiré derrotada tumbándome en el sillón. La tensión entre Edward y yo era enorme desde que supe lo de Tanya, tanto que casi la podía agarrar. No me había imaginado lo complicado que sería todo con él.
Cerré mis ojos y me quede dormida.
Desperté alrededor de dos horas después, porque el teléfono de mi casa sonaba.
Me levante dando tumbos y camine hasta el aparatejo que sonaba insistentemente. Conteste un tanto fastidiada.
— ¿Bueno?
— ¿Bella? Hija
— Hola, mamá—me tranquilice en cuanto escuche la voz tan familiar.
— ¿Cómo estás amor? ¿Cómo esta mi Nessie?
— Bien, todo está bien. Edward se llevó a Nessie a pasear y bueno yo estoy aquí medio sola—me reí.
— Tranquila, hija. No quieras celar a tu hija tan pronto—rio mi mamá.
— Gracioso—mascullé—. ¿Cómo esta Phil? — Phil era la nueva pareja de mi mamá. En principio no me agradaba, por ello me fui a vivir con mi papá. Cuando mi padre me hizo volver, el apoyo que Phil me demostró me hizo cambiar de parecer.
Charlé bastante rato con mi mamá y me sentí feliz. La extrañaba terriblemente.
Alice Pov.
¿Por qué lo bueno dura tan poco? el fin de semana se había ido como un soplo, y de pronto era lunes de nuevo y yo tenía que ir a trabajar. Quería quedarme en casa, a ver películas y hacer desastre con la harina con Jasper. Quería quedarme con Jasper. Pero me tenía que levantar.
Suspiré por octava vez y me levanté de la cama. Jasper ya estaba despierto y se rió.
— ¿Qué? —pregunté.
— Suspiras mucho, y como enojada—me dijo.
— Tengo que ir a trabajar después de uno de los mejores fines de semana de mi vida ¿no es motivo más que suficiente para estar molesta? —pregunte sarcásticamente.
— Si, me parece que si—dijo y me jalo nuevamente a la cama, haciéndome reír.
— ¿Qué haces? Así no podre irme nunca.
— Es lo que quiero. Que no te vayas nunca—me dijo y pude distinguir un gran pesar en su tono juguetón.
— No me iré—le dije—. Solo iré a trabajar.
Me levanté e hice lo propio de cada mañana. Me bañe, me vestí y me arregle. Cuando salí del baño, el ya no estaba en el cuarto. Salí a buscarlo y estaba tumbado en el sillón de la sala, ese que llenamos de harina. Miraba una foto que tenía entre sus manos con detenimiento.
— ¿Qué te ocurre? —le pregunte con ternura.
— ¿Crees que lo recordare todo pronto? —me dijo con tristeza.
— Si. Lo harás— dije abrazándolo.
— Eso espero.
Con mucho pesar me fui a mi trabajo. Las horas se me pasaron como si se tratara de una mala broma. Todo me desesperaba, pues deseaba volver a casa pronto y verlo. No sabía por qué, pero tenía un mal presentimiento.
El día se paso con un clima medio raro. De pronto soleado, de pronto nubes grises, de pronto nubarrones. Yo sospechaba que esa noche volvería a llover.
Cuando por fin terminamos, salí casi corriendo, Rosalie se burló abiertamente de mí, pero se calló en cuanto hice referencia a ella y a Emmett, lo cual por alguna razón funcionaba con la rubia últimamente mejor.
Llegamos a mi casa y encontramos todo oscuro. Mi corazón comenzó a latir desbocado cuando no encontramos ni a Yessenia ni a Jasper en ningún lado de la casa.
Escuche unos golpes en la puerta y salí corriendo a abrir.
En la puerta estaba parada Yessenia, lloraba y temblaba. Pero Jasper no estaba con ella. La dejé pasar y le pregunté.
— Yes ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? ¿Dónde está Jasper?
— Alice—sollozó Yessenia—. Mi hijo… me dijo que saldría un segundo… que se quedaría aquí fuera… que se estaba sintiendo asfixiado últimamente de estar tanto en la casa… y lo dejé. Y no está. No lo encuentro. Se fue lejos. Se perdió… —sollozo.
Me lleve ambas manos a la boca para ahogar un gemido. ¿Jasper se había ido? con toda probabilidad había comenzado a caminar y ya no había encontrado el camino de regreso.
De pronto escuche un sonido afuera y mire a la ventana. Un relámpago cruzo el cielo velozmente y retumbo a lo largo y ancho de la ciudad. Había comenzado una tormenta…
Y Jasper les temía…
**Klau se asoma a ver si no hay personas con hachas** No me maten por favor!
Ya se que he tardado terriblemente. Y lo lamento muchisimo, este tiempo he andado llena de inspiracion, corta de tiempo. Y bueno, ya se que este final de capitulo no es lo mas alentador del mundo y puedo adivinar quienes me mataran en ese momento, pero son cosas que deben pasar.
No puedo decirles que actualizare mas seguido, porque ya empece semestre T_T y bueno, es cuarto semestre, digamos que ya no es un juego. Intentare adelantar lo mas posible los fics, pero tambien estoy trabajando arduamente en un original que mandare a un concurso y me tiene un poco atrapada. Asi que no puedo prometerles nada. Hare lo mas posible por salir adelante y no dejarles esta angustia tanto tiempo.
Besos y nos leemos pronto.
Klau :D
