Capitulo 10
La huida les dejaron sin energía alguna. Estaban cansados, completamente. Tuvieron que emplear toda la adrenalina para seguir el ciclo de la vida. Un misterio se envolvía tras mirar en aquella renegada vestida igual que Helio. Aquella que se le hacía llamar Ranger como ellos...
Después de negarse a utilizar el capturador y usar a otro pokémon para aquietar a Tyranitar, va y algo la salva. Ella al menos sabía más o menos que era, y eso le hizo que levantara una sonrisa. Aunque si la preguntaran, se vería un buen aprieto. Muchos incrédulos había en el mundo, y lo suyo era demasiado disparatado como para creérselo con meras palabras. Ya lo pudo comprobar con Kyumbreon cuando le habló de su perdida niñez. Mientras descansaban, salieron las típicas preguntas. Ella se hizo la ignorante, con tal de ahorrarse frases como "No me lo creo", "¿En serio?", "¿No estarás intentando hacerte la guay?".
Igual, tenían que criticarla por sus actos. Más Helio.
-¿Por qué tenías que seguir dañando a ese pobre Tyranitar?
-¿"Pobre Tyranitar"? Estaba claro que ese lo hacía por puro placer. ¿Y si no, por qué no se fue como otros que capturé anteriormente, eh? ¡Explica!- Le mosqueaba que criticara lo que hacía, que lo hizo para sobrevivir y para que vivieran ellos. A parte de lo equivocada que estaba, se le hacía más increíble que haya capturado antes a su manera. Para Helio, pensaba que prefería tumbarlos que capturarlos.
-Tch. Seguro que Alejandro te habrá capturado al Houndoom ese y te habrá cogido por pena.
-No, no y no, me hizo "capturar" a ese Houndoom enseñándome lo fantástico que es el aparatito y me hizo una oferta de oro a cambio de que hiciera su trabajo sucio.- Añadió un tono irónico a la palabra capturar, puesto que a su ver no era capturar, si no hipnotizarles con una luz que suelta una peonza, o lo que suelte.
Helio todavía seguía sin creer de ella ni una sola palabra. No creía que Alejandro empleaba estos métodos. Sospechaba hasta que era un miembro del equipo Go-rock, que asesinó a su mejor amiga para liquidar a la unión desde el interior, lentamente, como un cáncer. Dichas sus acusaciones, Ariadna salió en su defensa.
-Su Umbreon dijo lo mismo.
-Ambos están conspirados.
-Maldita sea, pelozuli, ¿por qué no utilizas la razón? ¿A caso si fuera del bando contrario lucharía contra mi supuesto superior?
-Además fue a la red de aguas a calmar a los Koffing que envenenaban el agua.
-Podría ser una coartada.- Seguía con su terrible teoría.
-Buf, a ver si puedo demostrar algo con el aparato de marras.- Sacó el capturador, buscando pruebas. Helio miró el llavero con el símbolo más en un círculo rojo, reconociendo lo que era.
-¿¡Lo ves!? ¡La ha matado! ¡Es el capturador de Selena! ¡Lo ha robado!- Gritaba paranoico. Ya era el colmo. A parte de privarle las vacaciones, le da el capturador de otra persona. Tenía que mostrar sus quejas a quien le metió en esto. Se levantó, sin importarle su ritmo cardíaco ni el dolor de las plantas de los pies.
-Indícame el camino hacia la base.- Ordenaba, imperativa, sin paciencia, sin aceptar ninguna objeción.
-¿Por qué tendría que decirlo? ¿Para que mates también a mi jefe, eh?- Decía vacilante. Plusle no reconocía a su agradable compañero de trabajo. Preguntó a Minun que le pasaba, y no obtuvo respuesta. Solo el rostro de preocupación le daba una vaga descripción de él mismo.
La paciencia de Gionna se agotó, y toda la ira acumulada iba soltándose progresivamente, alzando el tono de voz y volviéndose más cruel y tiránica con sus palabras.
-¡Oye, tú, si no quieres que tus absurdos disparates cobren realidad contigo...!- Preparaba la pokéball de Kyumbreon como camelo. -¡dime cómo puñetas llegar a mi maldita cárcel!
-Tch... Ahora vas a matarme, ¿no? Te he pillado con las manos en la masa, amiga. Mátame y demostrarás a Plusle y Ariadna que yo tenía razón.- Volvió a meter la pokéball en el bolsillo. Tuvo que dejarlos atrás para no escuchar más palabras del ciego que no quería ver.
-... Está bien. Iré yo por mi cuenta. Si me pierdo, será tu culpa.- Y se fue, sin despedirse. Plusle la seguía, pero ella no quería compañía alguna.
-No, tú quédate de ellos. Quisiera que su hipótesis se desmorone. A parte, necesito un momento a solas antes de quejarme ante Almendro.
Plusle se negaba. Sabía que Helio se equivocaba, y seguía confiando en ella. Pero ella insistió en que estuviera con ellos, y siguió su camino.
Se encontró con el río, y se quitó su calzado para mojar sus pies, no sin asentarse antes en la hierba. Y mientras la corriente fría del poco caudaloso río, reflexionaba por los recientes sucesos. Se puso un poco melancólica, pensando en sus padres, de los cuales no podía ver.
Su madre le daba de desayunar en la cama, la peinaba, le ponía la ropa preparada... La madre de su madre, una anciana que dominaba el arte del manejo de dragones, era muy protectora, quizá demasiado. Cuando ella quería manejar los fogones y aprender a ser cocinera ella no se lo permitía por el temor de que se quemara, y ya se lo arreglaba todo; en vez mandar a su nieta que arreglara su propia cama, la arreglaba ella. Y en la calle, antes de que ella pudiera salir, rogaba a su Gabite que la protegiera por el camino de cualquier maleante, hasta de un crío pequeño que hacía sus típicas burlas de la edad.
Su padre le proporcionaba un poco de conocimiento, y le prevenía de cualquier mentira malintencionada que a veces se inculcaban en la escuela, todo y que no vivía junto a él. Cuando estaba libre de deberes, iba a plasmar en el papel cosas imaginativas, y a veces personajes de dibujos animados que veía en la televisión y le gustaban. Y si no, iba al pequeño lago por donde habitaba un pequeño amigo, muy de fiar. Un pokémon de color inusual, que algunos lo llaman albino debido a su poca concurrencia, pero la comunidad de entrenadores lo han llamado "shinys" o variocolor, para quien no quiera recurrir a barbarismos.
Un Dratini perteneciente a su abuela de color rosa siempre la esperaba alegre, puesto que su especie la miraba con ojos extrañados ante su color. Y ella, simplemente, le encantaba. Le cubría su falta de amistades, ya que le contaba sus inquietudes, jugaba con él, sea mojándose o en verano metiéndose ella en su propio terreno. Pero un incidente pasó, y después de vivirlo en directo, y los riesgos que conllevaba quedarse, se tuvo que marchar. Fue como un destierro, una expulsión encomendada por la Santa Inquisición por ser demasiado propia. Pero evitó que hiciera sin saberlo cosas que no le gustaran.
Recordar el accidental inicio de la huida de una panda de fanáticos hizo que parara de pensar en el pasado y volviera en el presente. Helio y Ariadna ya descansaron lo suficiente, y se iban para la base de Villavera. Helio la miraba con desprecio, ahí, sentada, padeciendo las heridas del pasado y del brazo.
-¡Ja! Mírala, ahí, maquinando algo mientras mira el río.- Decía. Plusle empezaba a hartarse de aquellas suspicacias. Estaba por tirarle una descarga eléctrica. También Gionna estaba harta de que le presionara.
-Déjame en paz...
-¿Para qué? ¿Para que cometas tus planes?- A ojos de todos ya empezaba a ser un completo idiota. No era el mismo.
-¿A caso hacer que Plusle dejara de seguirme no te demuestra nada?
-Que lo estás manipulando.
-... Ya me has sacado de quicio.
Gionna sacó la pokéball de Kyumbreon y lo mandó indirectamente a tomar aire fresco. Este notó la fuerza empleada en levantar al aire la pokéball y notó su enfado.
-¿A que viene tan forzada y apurada llamada?
-Pelozuli me está poniendo de los nervios con disparatadas teorías. Cree que he matado a su compañera.- Kyumbreon lo miró por un momento, más su rostro lleno de altivez.
-No sé si reír o llorar, porque se deja llevar por los prejuicios o porque le pierde la ignorancia. Ella no es capaz de matar ni una mosca, si cuando las mata le dan mucha grima.
-Mientes... ¿Cómo es que me amenazó antes con matarme con uno de sus pokémon?- Argumentaba. Kyumbreon tenía la respuesta hacia esa pregunta.
-Perro ladrador y poco mordedor. Amenaza, pero no hace daño. No es capaz, piensa que matar está mal. ¿Entiendes ahora?
-Sí... Buen intento, pero a mí no me convences.- Se hizo el silencio. Kyumbreon desistió y lo dejó con sus ideas.
-Tú mismo. Al ver a tu superior, comprenderás que nuestras palabras no son falacias. Me contó ella que él le metió en esto al llegar a Otonia, y no dudo de ello. Y ahora, si me disculpa, dejaré que sufra el veneno del pastel que le ha resultado tan delicioso. Vayámonos.- Y siguió su camino. Gionna también se levantó, poniéndose el calzado lo más rápido que pudo, antes de que empezara de nuevo a acusarle de crímenes que no cometió.
La base no quedó muy lejos, era caminar un poco más. Un último esfuerzo y descansaría. Su paso se ralentizó a medida que se acercaba a la base, y al primer sillón, se dejó caer el él, panza abajo. Alejandro vio como se desmoronaba hacia el asiento, mientras miraba el periódico. Lo primero que preguntó era por dónde estaba Plusle. Por supuesto, ella respondió, diciendo que estaba con Helio, con su mote, ya que no recordaba como se llamaba. También dijo que Ariadna vendría. Verla así, de agotada, hizo que se preocupara un poco.
-¿Estás bien?- Fue la segunda pregunta que hizo.
-No. Tengo un brazo herido, una mano medio quemada, los pies están que no pueden, me han salido durezas, me duele la cabeza, estoy medio mojada a punto de coger una pulmonía... Argh. Y para colmo me acusan de matar a Serena.
-Es Selena... Mira, ha tenido tanta emoción que hasta confunde los nombres. Se le ha recalentado la cabeza.- Descrito lo mal que estaba, la mandó a su habitación a cambiarse primero, y encargó a Eustaquio que cuidara de su herida. Al entrar en el ascensor, entró un Helio paranoico, ansioso, sin ganas de saber que ella estaba ahí.
-No me digas que ha entrado...- Alejandro asentía serio. -¡No, por favor!
-¡Helio!- Gritó con ímpetu, ya harta de oírlo, Ariadna. -¿¡Quieres callarte de una vez!?- Ariadna enfadada daba más miedo que un basilisco de cuatro metros. Al ver tal enfado, Helio cortó la voz.
-Me ha contado que tu sospechas de que mató a Selena...
-¡Es que la ha matado! ¡Lleva su capturador, ha engañado a Plusle, se ha quedado con su habitación... nos ha engañado a todos!
-¿No te dije que ella desapareció en Villaestío?
-¿En Villaestío? Oh, ya veo, así que la mató en Villaestío.
-¡No, hombre, no!- Se reía. La situación ya le parecía cómica. -Esta chica me la pillé protegiendo a Plusle del Houndoom que la atacó en Otonia. Bueno, más bien era su Lombre, pero no quería que resultara nadie dañado.
-Espera, espera, espera... No me cuadra que se haya encontrado a Plusle en Otonia si Selena estaba por Villaestío. ¿Por qué?
-Bueno, en teoría no debería de estar aquí, estaba al cuidado de Carlos. La única forma de llegar a Otonia que se me ocurre es que haya entablado también una amistad con Lapras y este le llevara al puerto.
-¿Y el capturador?
-Se lo dí yo. Plusle ya lo llevaba consigo. Pensé que sería una buena sustituta de Selena.- Concluyó.
Helio no estaba de acuerdo, tras ver que aún teniendo el capturador de otra persona, prefería permitir que sus protectores hicieran daño a sus enemigos. Pero a parte, hubo un arrepentimiento. Ella estaba molesta, y este, fanático, la acusaba de hereje entre toda la comunidad.
Fue a darle sus condolencias, pedir perdón por su comportamiento. Subió arriba, y se encontró que ellos, como si no hubiera pasado nada, jugaban a las cartas. Los dos, compitiendo por cual de los dos era el más inexpresivo en el juego. Gionna esbozó una ingenua sonrisa, y mostró su buena baraja.
-Escalera de color. A ver la tuya, si se supera.
-Va a ser que sí. Póker.- Enseñó también sus cartas.
-No fastidies...- Helio interrumpió la partida que tenían.
-¿Tú de nuevo? ¿Cuando pararás de atacarnos cual bestia? ¿No has tenido suficiente?
-No he entrado para acusaros de nada.
-Y luego, dentro de unos cuantos días, cuando vuelvas a ser testigo de nuestro poder, volverás. ¿Cómo quieres que no lo piense?
Helio no prestó atención al precavido Umbreon. Siguió con sus disculpas. Explicó que su jefe se lo contó todo. Kyumbreon quedó como el que tenía razón, y Gionna aceptó de buen agrado sus disculpas, disipando su idea de erudito y defensor fanático implacable de sus ideas.
Mientras la pequeña disputa entre Helio y Gionna finalizaba, en las afueras de la ciudad, los hermanos que lideraban el equipo Go-Rock se reunían. Cuatro adolescentes que formaban la alta nobleza de la banda, y hablaban sobre el gran logro de David.
-Es genial, hermano, pronto estaremos destrozando cada rincón de Floresta.- Decía la única chica del grupo.
-Jo, jo, jo, y tanto... Además, con estos supercapturadores mejorados ningún ranger nos hará frente.- Se hacía ilusiones.
-Yo no estaría seguro...- Dijo su segundo hermano menor, Emilio. Recordaba aquella batalla perdida que tuvo en la red de aguas.
-No me fastidies... ¿han encontrado una manera de contrarrestar el efecto de nuestros capturadores?
-No tengo ni puñetera idea. Fue una captura muy normal con un aparato muy normal... Pero esa ha capturado al Weezing que manejaba.- Quedaron desconcertados ante el testimonio de Emilio. Ellos, que tenían lo que sería el supercapturador perfecto, le iban muy bien, ni se salían de su influencia ni nadie podía hacerlos salir. Pero el caso de Emilio era muy raro. Miraron a quien iba detrás de David en cuanto a edad se refería.
-Que raro... Juraría que mejoré todos los instrumentos.
-¿No te habrás privado de mejorarlo porque tienes envidia de que tenga más amigos que tú, eh, eh?- Emilio era un malpensado. Si no le dan un privilegio o lo expulsa, según él será envidia, siempre.
-¡No! ¿Por qué tendría que tener envidia de ti?- Se reía. Lo dijo con un tono un tanto cómico.
-¿Y cual será nuestro próximo objetivo?- Preguntaba Aina, mirando a su violín con cierta ternura. David cogió un libro que albergaba en sus páginas una imprenta antigua que narraba las leyendas de toda la región.
Buscó la leyenda más cercana a Otonia, a parte del monstruo de acero que ayudaban a los antiguos aldeanos a forjar instrumentos de todo tipo dándoles el material.
-¿Qué os parece este? "El duende del tiempo".
-¡Me gusta como suena!- Se entusiasmó su hermano. -Lee a ver que dice.
-De acuerdo. "Bosque frondoso de laberínticos caminos, engañoso lugar lleno de pruebas para la orientación y paciencia del hombre. Lugar por donde Serathis, demonio de los cielos azabache, provoca al más necio condenándole a la desaparición en el poblado. Un hombre fue mofado por él, y perdido estuvo. No encontró retorno al poblado, mas su desgracia no fue una cualquiera, se hizo fortuna. Dormido en su lecho de hojas, una luz azul hizo que se levantara, y avistó un ser verde grácil. Las criaturas del bosque lo honraban al llegar, y exaltado por su belleza, oró a la criatura. "¡Oh, bendita criatura llegada de los omnipotentes astros, he cometido un montón de pecados en mi vida! Pareces ser mágico, capaz de reparar mis males, acepta la propuesta que te voy a dar, dame la oportunidad de quitarme el lastre que me he puesto a mí mismo, lo pido con mis más sinceras condolencias hacia Neyato y Halanien." El duende cogió con su pequeña mano el dedo del hombre y con su luz hizo desaparecer a ambos. Y con su desaparición, los hechos cambiaron. Su pecado de asesinato se desvaneció de la existencia, reviviendo al jefe tribal, y el hombre pudo rectificar y estar más feliz con su existencia." Fiu, que historia tan larga.
-¡Guau, imagínate si tuviéramos un pokémon que viaje en el tiempo! Seríamos los amos, tío.- Emilio estaba dispuesto a ir a por aquel duende. -Pero poco me apetece ir al bosque.
-Pues yo tengo menos ganas. Hay bichos. Puaj.- Decía la pequeña.
-Y yo ya hice bastante matando a rangers...
-Tendré que ir yo, que remedio.
Así, acordaron su próximo objetivo. La búsqueda del viajero del tiempo empezaría una vez que el sol volviera a levantarse...
