Sigue la maratón.

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Capítulo 11

Hikke pensó que ser compañero de Viggo lo llevaría a su destino; en un inicio el hombre había sido bueno con él, le daba instrumentos, lo aconsejaba, le daba parte de las ganancias que bien a él no le importaban, le contaba historias, le puso un nombre artístico: "Ryker Grimborn", en honor a su hermano, lo llegó a considerar su amigo.

Pero todo eso cambiaba, entre más ganaba y más se hacía popular más quería Viggo para su propio beneficio, recordó que cuando lo llevó a tocar en una plaza, el hombre había estallado en furia al no ser pagado con la cantidad que él creía merecer, eso lo ponía de mal humor y lo hacía desquitarse con los demás chicos y con él.

—500 dólares o nada... el chico es un prodigio, ¡créeme que lo vale!

Y ahí estaba otra vez, esperándolo con guitarra en mano mientras Viggo hacía negocios con su persona, lo empezaba a frustrar, tanto que para sacar aquel sentimiento de presión, tocaba y tocaba con más euforia, rogando entre las cuerdas que apretaba que sus padres pronto lo encontraran.

—No tendrás problemas, soy el manager del chico.

"Aún no lo convence" —pensó el chico. No era para nada raro, siendo menor de edad no podía tocar en los bares como Viggo trataba de imponerle.

— ¡Claro que no! ¡No hay padres! Soy su tutor.

"¿Cómo se atreve?" —enfureció discretamente y tocó con más euforia la guitarra, claro que tenía padres, él los podía escuchar.

— ¡Vete al demonio!

"Negocio cancelado"

— ¡DEJA DE TOCAR! —regañó Viggo arrebatándole la guitarra.

— ¡Pero necesito hacerlo! —protestó Hikke levantándole la voz.

Para el hombre de negocios no pasaba por desapercibido que su minita de oro se iba dando cuenta de la realidad, aun así, no lo dejaría ir, era demasiado valioso para sus bolsillos.

— ¡YO DIRÉ CUÁNDO, DÓNDE Y A QUÉ HORAS TOQUES! MUCHACHO ESTÚPIDO.

— ¡No! Debo seguir tocando... para que mis padres puedan escucharme

Viggo se burló ante la persistencia del niño y más con la absurda idea que pensó que ya se había sacado de la cabeza.

—Escucha niño, te seré sincero. ¡TÚ- NO-TIENES- PADRES!

— ¡Claro que sí los tengo! —refutó Hikke con la voz entrecortada.

—No los tienes...¿y sabes por qué? —Preguntó Viggo con malicia en sus ojos—Porque están muertos.

Le arrebató la guitarra, lo tomó del brazo y lo arrastró con él al teatro abandonado. Hikke ya no dijo nada, en toda su vida no se había sentido tan derrotado, empezó a odiar la música, como a Viggo y lo peor es que empezaba a perder la esperanza.

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Después de haber roto con Wendy, Hiccup se había decidido: Volvería al mundo de la música.

Renunció a su trabajo y desempolvo su guitarra, al hacerlo encontró una fotografía de Astrid y él, la que su hermano le había tomado cuando ambos se habían quedado dormidos después de hacer el amor.

—Que buena fotografía. —admiró Tannlos. — ¿Y ya te decidiste también? ¿La buscarás?

—Por supuesto... sólo espero que no sea demasiado tarde. —Respondió el castaño guardando la foto en su bolsillo. — ¿Pero cómo la encuentro? ¿Crees que deba contratar a un detective?

— ¡Seguro! Es buena idea. Yo tengo el dato de uno muy bueno.

—Entonces dímelo. —rápidamente Hiccup sacó su teléfono para buscar al susodicho.

—Claro, metete al navegador de internet y pon lo siguiente...—el mayor de los Haddock hizo caso y esperó impaciente la siguiente instrucción. —G-O-O-G-L-E—deletreó el menor con humor.

— ¡Tannlos!

—¿Qué? Es el mejor detective... anda hazme caso, la tecnología ha avanzado mucho que cualquier cosa te puedes encontrar en un segundo.

Pese a pensar que era una pésima idea, Hiccup hizo caso, se metió en la famosa página y utilizando el buscador buscó "Astrid Hofferson". Fue impresionante para él ver que había muchas coincidencias con ese nombre. Sin embargo, una página le llamó la atención, está era la del Instituto Nacional de las arte musicales de Berk, el lugar que él abandonó por seguir sus instintos pero cuyo lugar fue donde su preciada rubia se tituló. El apartado era claro "Ex alumnos destacados", al abrir el enlace apareció una foto de ella a la edad de 20 años, decía un resumen de su trayectoria como alumna y al final un pequeño comentario que actualmente vivía en la ciudad de Stavanger.

—Hermano. —sonrió al ver los resultados. —Eres un genio.

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No dudó ni un segundo en conseguir un vuelo hacia ese lugar, al cabo de unas cuantas horas ya se encontraba en la ciudad de Stavanger; su hermano lo acompañó en todo momento; en lo que ambos esperaban el vuelo se dieron en la tarea de localizar detalladamente a Hofferson, bastó con que Hiccup llamará a un número de servicio para preguntar sobre el número telefónico de Astrid, ahí no sólo le proporcionaron su teléfono, sino también su dirección, por lo que llegando rápidamente tomaron un taxi para ir a su encuentro.

Tannlos notaba la felicidad en su hermano, pues este hablaba animadamente con el taxista, contándole toda su historia con Astrid, presumiéndole que él le había compuesto muchas canciones, sólo esperaba que ella se encontrara en casa, soltera y dispuesta a hacer una vida con su hermano para que al final ambos pudieran ser felices, si es que ella aún no lo era.

Llegando al edificio de departamentos, Hiccup con guitarra en mano no dudó ir a recepción para preguntar por Astrid, planeaba hacerle una serenata y había imaginado un mil escenarios de cómo pedirle perdón por todo lo pasado.

—Ah... esa chica. —contestó la vieja recepcionista con apatía. —Los vecinos siempre se quejan de ella, hace mucho ruido con esos instrumentos.

— ¿En qué departamento está? —preguntó Hiccup ansioso

—Sí, vaya al grano abuela. —se quejó Tannlos

—Mmmm... ella no está, se casó hace unos días...—contó está ajustándose los lentes.

Ambos hermanos quedaron boquiabiertos, en especial Hiccup, cuyo corazón sintió romperse en mil pedazos. ¿Su lady se había casado? De nuevo sintió toda aquella depresión que lo había controlado por 10 años, no dijo nada, sólo tomó su guitarra dispuesto a huir de ahí.

— ¡Espera Hiccup! —Tannlos se asustó de que su hermano volviera a su antigua conducta y lo sostuvo para que no se fuera. —Por favor abuela, díganos que eso es mentira. —Rogó pensando que la anciana se quería vengar por como la estaban tratando.

—No soy tu abuela, muchacho tonto, y no miento, esa chica se casó, ya era hora, era media loca, siempre iba y venía de fiesta en fiesta no como su compañera de apartamento.

—¡Un momento! ¿Astrid living la vida loca? ¿Cuál compañera? —para Hiccup la descripción no quedaba con su amada, a la cual conocía como tranquila pero ruda, competitiva y con una extraño sentido del humor, pero fiestera ¡nunca!

—Pues su compañera... la chica rubia... eh... oh... mmm—empezó a pensar la ancianita. —O ella es ella...

— ¡Anciana, me está volviendo loco! ¡Ya recuerde! —se quejó Hiccup.

—Ah... ya recordé. —Dijo la anciana chocando sus puños. —La que se casó fue Heather... la chica loca de cabello negro, la otra, Astrid, es la rubia y tranquila.

— ¿Eso quiere decir qué Astrid no se casó? —preguntó esperanzado.

— ¡MUCHACHO BABOSO ES LO QUE TE ACABÓ DE DECIR!

—Abuela, por favor... ¿ella se encuentra en el departamento?

—No, ella también se fue... de buenas a primeras tomó sus maletas y se fue hace unos días. Y ya no me preguntes más porque no sé.

A pesar de no tener toda la información el saber que su lady no se había casado renovó la esperanza en Hiccup, ahora sólo tenía que buscarla, la encontraría, aunque fuera lo único que hiciera.

— ¿Ahora qué? —preguntó Tannlos.

—Vamos a Berk. —respondió dejando confundido al menor. —Siento que debo ir ahí... —explicó. —Es como si alguien me dijera que debo ir allá y no sólo eso...

— ¿Qué más?

—Tengo unas ansias por tocar música. —dijo mirando sus manos, cuyos dedos simulaban tocar las cuerdas de la guitarra. —Necesito cantar, para que ella pueda escucharme.

—Sí es así. —Tannlos sonrió y tomó su teléfono. —Llamaré a todos los chicos. — Los jinetes se reunirán de nuevo.

Hiccup asintió con la idea y desvió su mirada al cielo. —"Hijo, ayúdame a encontrar a tu mamá"

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Mientras tanto en Berk.

Astrid había llegado a la ciudad donde conoció el amor y el dolor de la perdida. Buscó ayuda en servicios sociales, estos después de sermonearla con un discurso, tachándola de mala madre, se ofrecieron a ayudarla después de que ella les gritó, sí, les gritó, que había vivido engañada todo el tiempo.

El que se ofreció a ayudarla era un hombre llamado Johan, que después de buscar algunos datos por la computadora dio con la respuesta e imagen que tanto había buscado.

—Lady Hofferson. —dijo con respeto. —Este es su hijo...—le mostró una fotografía.

Astrid ahogó un grito, se emocionó y lloró al ver la imagen de aquel niño, era tal y como lo imaginaba, idéntico a su padre Hiccup.

— ¿Dónde está? —preguntó con emoción, esperanzada de que no hubiera sido adoptado.

Sin embargo el que Johan bajara la cabeza con seriedad le dio mala espina.

—Lo lamento, hace unas semanas, recibimos el reporte de que escapó de la casa hogar, ahora está en la lista de niños perdidos.

La rubia sintió que de nuevo el mundo se le venía encima, sin embargo, miró la fotografía de su hijo, lo buscaría hasta encontrarlo, pero necesitaba ayuda, por lo que consideró que primero tendría que buscar a Hiccup.