Historias cruzadas. Parte II:
–Hola, Dean –dijo Erika sorprendida abriendo la puerta -¿Qué estás haciendo aquí?
–He venido por esa invitación que nos quedó pendiente… –dijo Winchester con algo de incomodidad – ¿Te acuerdas? El día del aventón… y eso…
–Si…seguro. Es que no te esperaba.
–Perdona por no llamar antes… pero preferí llegar sin aviso…
–No tienes que explicarme nada… eres bienvenido aquí cuando gustes…
–Bueno… ¿a dónde quieres ir…?
–Hay un bar por aquí… ¿Qué tal si cenamos juntos?
– ¡Genial! Tenía hambre.
– Bobby me ha contado que él y tus padres se conocieron… Te criaste cazando, imagino…
–No… mis padres dejaron el negocio cuando nací… Empecé a cazar hace cosa de 4 años…cuando murieron.
–No me tragaré esa… no es posible…
– ¿Por qué…?
–Eres demasiado buena… –dijo tragándose el orgullo.
–Si, por desgracia lo soy… Está en mi sangre… supongo.
La conversación ocurría en la mesa del bar. La camarera se acercó.
– ¿Puedo tomar su orden?
–Dean: las damas primero… –bromeó ella relajadamente ante la sonrisa vergonzosa de la mesera.
–Uhmmmm… veamos. Tráeme una hamburguesa con todo, con patatas fritas y… una cerveza…
– ¿Para usted, señorita?
–Yo… Quiero… ¿sabes qué…? No estoy de humor para elegir… tráeme lo mismo…Y… Dean: ¿se te antojan nachos y tequila de aperitivo?
– ¡Wow! ¡Genial! –respondió emocionado.
– ¿Crees que podrías traerlos?
–Seguro… –dijo la camarera con gesto de asco. –Como gusten.
– ¡Tú si que sabes comer…! –confesó el cazador.
–Gracias… Viene del lado materno… creo…
– ¿Y… qué decías de tu sangre… antes?
–Oh… si… creo que tengo algo genético. Percibo con más intensidad a los seres sobrenaturales que el resto de los cazadores. Tanto demonios y ángeles.
– Espera…espera… ¿Puedes saber si una persona está poseída…?
–Si. También si hay un ángel dentro de él…
– ¿Qué hay de Sam?
–Descuida. No hay nada en él… al menos nada que yo sea capaz de identificar.
– ¿Podrías afirmarlo al ciento por ciento?
–Si…
– ¿Y dijiste ángeles?
–Si. Siento su energía cuando están cerca, y cuando les toco… es como meter los dedos en el enchufe… los demonios en cambio… me hacen sentir que mi sangre hierve en mis venas…
– ¿Y tienes esa sensación cada vez que tocas a Castiel?
–No… verás… es como… –ella se detuvo a pensar en una analogía apropiada –es como un par de zapatos nuevos. Al principio sientes que te lastiman, pero luego te acostumbras y no te das cuenta que los llevas, pero si te los cambian por unos iguales… dirás: espera… éstos no son mis zapatos… ¿se entiende?
–Más o menos… ¿Y de dónde te viene ese don?
–No te hará feliz saberlo… te pido tolerancia…
Él la contempló con mirada inquisitiva.
–Viene de Lilith… según Castiel…su sangre está en mis venas… espeluznante ¿verdad?
La expresión de Dean cambió brutalmente ante la mención del ángel.
–Aún no me perdonas eso… ¿Cierto? –preguntó ella.
– ¿Qué cosa? –indagó con incomodidad.
–Que Cas y yo seamos amigos…
–Yo… no es eso, es que pensé que yo… era especial…
–Eres especial, Dean. Lo eres para Cas. –afirmó. –Él haría todo por ti…
Dean pareció incomodarse aún más. Ella sonrió con complicidad, cambiando de tema.
–Te pedí que habláramos porque me preocupa Sam….Pienso… que está extraño, pero… no lo conozco tanto para afirmarlo completamente.
– ¿Qué es lo que ves en él?
–Veo… no se… nada… vacío…
–Si… está diferente. Como si estuviera… pero… al mismo tiempo… no…
– ¿Te da escalofríos?
– ¿¡Escalofríos?! Ojalá. Lo que me da es miedo… ¿Por qué te alejaste de él…?
Ella guardó silencio unos segundos. Necesitaba pensar como se lo diría a Dean, porque si no usaba las palabras correctas tal vez no le creyera. O se enfadara y se negara a oírle.
–Sam… Se propasó conmigo… y….luego, en mitad de una misión… disparó a un ghoul sin importarle que yo estuviera en medio…
Dean quedó pensativo. La actitud de su hermano con aquél vampiro esa noche en el callejón se instaló en su mente, perturbándolo. La camarera interrumpió sus recuerdos.
–Aquí tienen su… aperitivo…
–Genial. –exclamó él.
–Grandioso… murmuró ella y se bebió el primer tequila casi sin respirar. –Uf… –exclamó sintiendo la quemazón del alcohol en su esófago –Necesitaba eso –confesó tomándose inmediatamente el segundo.
–Calma… –la reprendió Dean.
Quería decirle… decirle que había sido ella la que había traído a su hermano de vuelta… se sentía responsable, porque Dean le había confirmado sus sospechas: Sam estaba cambiado.
- ¿Crees que ese cambio que notas en Sam tenga algo que ver con el trauma de lo que vivió allá abajo? –preguntó ella retóricamente. Sabía cuál sería la respuesta.
–No. No lo creo. Porque dice que recuerda todo y…
–Y no parece afectado por eso… ¿verdad?
–Si. Así es. –dijo el cazador efusivamente. –porque si fuera eso, tendría pesadillas, o esa cosa que tienen los que van a la guerra…
–Estrés post traumático…
– ¡Eso…! pero nada… Parece que no le importara…yo estuve en el infierno… -dijo con seriedad –no es posible que no le haya afectado. Pero la conducta que tiene…
–Te recomendaría que le vigilaras… –le interrumpió –Lamento ser tan dura, pero no le des la espalda a tu hermano, Dean. Al menos hasta que sepamos que le pasa…
–Debo admitirlo… te juzgué mal…
–No… no lo hiciste… Dean, hay algo maligno en mí… es por eso que tienes esa repulsión hacia mí…. Es tu instinto de cazador el que me rechaza. –confesó.
–No vamos a tocar ese tema ahora… me estoy pasando un buen rato y quiero que siga así…
Ella asintió sonriendo. También la estaba pasando bien.
–Aunque… –confesó el cazador –me he quedado sorprendido por la peligrosa cantidad de grasas y alcohol que eres capaz de consumir en una sola comida…
– ¡Qué más da…! –dijo ella -…tal vez despierte muerta mañana… así que me da igual…
–Este trabajo es peligroso, pero creo que exageras… ¿no?
Ella guardó silencio. Pensó en confesarle a Dean su grave problema, pero temió que no lo comprendiera.
La noche transcurrió bastante relajada. Con charlas abundantes sobre el bien, el mal, Sammy, Bobby, el destino, ángeles, demonios, la familia… Y todo aquello que los dos parecían tener en común.
Compartían un pastel de chocolate que ella había pedido, pero al bebé Winchester se le había antojado a último momento y ella le cedió una parte. Lo acompañaban con más tequila….De pronto un silencio permitió oír la canción de fondo:
"...Every game you play, every night you stay
I'll be watching you
Oh can't you see
You belong to me
How my poor heart aches
With every step you take..."
– ¿No odias que la música siempre te ilustre la vida? –preguntó ella mirando al vacío.
–Bienvenida a mi mundo… –confesó el rubio.
Dean se concentró en la canción, que no había llamado su atención hasta que ella lo mencionó.
"...Every smile you fake, every claim you stake
I'll be watching you
Since you've gone I been lost without a trace
I dream at night I can only see your face
I look around but it's you I can't replace..."
– ¿Quién te pertenece...? ¿A quién vigilas?... –hizo un silencio analizando la expresión de la joven. "No…." pensó Dean "su cara es el reflejo del temor…." -¿O… es que tú le perteneces a alguien? ¿Quién te vigila?
–Yo… No debo decírtelo…además… no cambiará nada si lo supieras…
– ¿Es Crowley…? ¿Verdad?
–Dean… por favor… -le rogó.
–Al menos desahógate… ¡anda!
–No… Dean… Y no me apetece hablar sobre eso…
– ¿Te acompaño de vuelta?
– ¿Por qué no…? –respondió ella. Aunque no era necesario. Sabía cuidarse sola, aún en medio de la noche. Pero no quería perder ninguna chance de limar asperezas con el mayor de los Winchester.
Sacó una piruleta del bolsillo, le quitó el envoltorio y se la llevó a la boca. Comer dulces le ayudaba a aliviar la tensión…
– ¡OH! Perdona… ¿quieres una? –dijo mostrándosela a modo de ofrecimiento.
–No… gracias… –respondió con incomodidad. Es que la anterior mención a Lilith ya lo había puesto nervioso y verla comiendo un dulce como una niña pequeña terminó de ponerle los pelos de punta.
El joven trataba de disimular su tensión cuando un recuerdo le asaltó de pronto. Sabía que esos rostros en las fotografías de la casa de Erika le habían resultado conocidos, pero no podía recordar de qué…hasta ese momento. Erika ofreciéndole esa piruleta…
Fue pocos años después de morir su madre…Su padre hablaba de su madre con un hombre de cabellos rubios desconocido para él, y una mujer morena quién el pequeño Dean tampoco había visto jamás, aunque ella parecía agradable. Le había acariciado el cabello y sonreído con dulzura. El recuerdo le invadía la memoria con fragmentos difusos de distintas escenas entremezcladas. Recordaba a la mujer con una niña de cabellos castaños en sus brazos. La dejaba en el suelo al lado de Sammy. Él se sentó a su lado por orden de John:
–Cuida de tu hermano. Y de la pequeña…–le habría ordenado. –Tengo que hablar con estas personas…
A partir de ahí los recuerdos llegaban con más claridad.
Se fueron a otro cuarto, pero la conversación se oía ligeramente desde donde los niños se habían quedado.
Las palabras llegaban… intermitentes: "Mary…en el techo…. El fuego…no encontraron la causa" decía su padre…
Dean se había sentido triste al recordar a su mamá. Sammy había empezado a lloriquear sin razón. La niña comía una piruleta y se la quitó de la boca ofreciéndosela a Sam, quien cesó su gimoteo y atacó el dulce con deseo y felicidad. Luego la niña se levantó, corrió hacia un baúl lleno de juguetes. Revolvió entre ellos y sacó de su interior una pequeña caja. Volvió junto a los hermanos. Se sentó y ofreció la caja a Dean diciendo con la dificultad propia de una niña de poco más de tres años:
–Ten… te los obsequio…mamá no me deja jugar con ellos…
Dean abrió la cajita, ensuciada por las pegajosas manos de la pequeña que ahora le sonreía expectante. Para su sorpresa contenía pequeños soldaditos de juguete. Uno de ellos aún seguía incrustado en el cenicero de la puerta trasera del Impala.
–Bien… ya nos vamos Dean. Trae a tu hermano. ¿A dónde vas con eso?
–Ella me los obsequió… –protestó el pequeño de cabellos rubios.
– ¿Has obsequiado eso a Dean? –preguntó la mujer a su pequeña hija. Ella asintió con la cabeza.
–Quiero que se los lleve para que se divierta con ellos… porque tú no me dejas jugar con ellos… Y él está muy triste… –balbuceó sin quitar los ojos de encima a la hoja de papel sobre la que hacía un dibujo.
El semblante de John pareció conmoverse ante las palabras de la pequeña. Ella terminó su dibujo y se lo entregó a Winchester. En él se veían tres figuras garabateadas con trazo torpe: se había dibujado a sí misma tomando las manos de sus dos hijos. Y otra extraña figura se asomaba por detrás en un rincón de la hoja... parecía como una especie de ave... aunque con una ligera anatomía humana. Lo único que le quedaba claro a John, era que esa imagen tenía alas.
–Perdona… -aclaró su madre –a veces es increíblemente instintiva…deja que se lleve los juguetes...
–Disculpa la impertinencia… -dijo John –pero… ¿por qué una niña tiene soldaditos entre sus juguetes…?
–Fue un obsequio de mi padre…me lo dio cuando supo que estaba embarazada –respondió Nancy –tenía la esperanza de que Erika fuera un niño… pero por algún motivo las mujeres de la familia de mi madre han tenido la extraña costumbre de parir solamente niñas… por generaciones…hasta donde hemos podido rastrear el árbol genealógico… ha sido así…había leyendas acerca de una especie de maldición… pero nunca se han podido corroborar…
–Vaya… sorprendente… –murmuró John –bien os agradezco vuestra ayuda…
Dean regresaba a la realidad. Miró a Erika que abría la puerta de su casa. La misma casa dónde le había obsequiado aquél objeto. Era evidente que ella no lo recodaba.
–Será mejor que me vaya… –le dijo.
– ¿Seguro…? No tengo nada que hacer… si quieres… tomarte algo más…
–No… -dijo visiblemente conmovido.
– ¿Te pasa algo?
–No… solo… estoy cansado. Hasta la próxima.
–Adiós…
Dean se fue con un nudo en la garganta. Cuando se subió al Chevy no pudo evitar pasarse al asiento trasero y mirar aquél soldadito. Era el único que no se había extraviado. Y milagrosamente aún seguía allí. Como si quisiera decirle algo…aunque el cazador no fuese capaz de escucharlo.
