Marionetas
Luces brillaban en medio de las oscuras calles, apenas visibles debido a la velocidad con que el auto avanzaba de la mano de Franky, quien no dio espera a órdenes y de inmediato dio la marcha junto con Zoro, Law, Usopp, Chopper, Luffy y sus dos hermanos Ace y Sabo, el rubio fue el último en entrar a la camioneta por estar pendiente a su amiga Koala, quien se había marchado con Robin en el auto convertible de Law, el chico de los tatuajes le dio las llaves a la pelinegra para que lo condijera como parte del plan.
Sabo esperaba verla a los ojos, esperaba decirle que se cuidara, que la necesitaba con vida, pero ella nunca miró hacia atrás. Desde entonces el rubio no ha parado de pensar en ella y lo sucedido en el taller, su estómago hormigueaba ante el recuerdo de sus labios sobre los suyos, de sus manos en su cabello, de su respiración sobre su piel…
Una mano cayó pesadamente en su hombro, a lo que el rubio miró a un lado encontrándose con Ace, quien le sonrió en un mutuo entendimiento.
Sabía que su hermano Sabo apenas y se daba cuenta de sus propios sentimientos.
Koala puede ser una chica dulce, pero también es una chica para tomar con toda la seriedad, su amistad con Sabo era de años y el cambio en sus sentimientos podría contribuir a que logren acercarse más o a que se lastimen.
Esa chica podría convertirse en la decisión más difícil de su vida.
Sabo le sonrió como respuesta, y volviendo a bajar la cabeza, se fijó en sus manos, debía concentrarse en la misión y dejar cada asunto en su momento.
Y lo importante en este momento era Luffy.
Las luces eran como pequeños flashes en el camino, el cual poco a poco se abrió paso a la arenosa y desértica carretera que dirigía a la ciudad contigua, el GPS señalaba su destino, Franky y los chicos se encontraban en silencio, incluyendo Luffy, quien por alguna razón dejó de armar escándalo y sólo se fijaba en el camino con una mirada seria y llena de determinación.
Pronto jugarían en un evento ilegal, en territorio desconocido, rodeado de personas peligrosas, contra un equipo extraño, en términos desventajosos.
Era normal que el capitán del equipo estuviese preocupado, sin embargo, Luffy poco se preocupa por el momento de jugar o las técnicas mismas del juego, esta vez se trataba de algo ilegal que no sólo ponía en juego la vida de sus amigos sino también la de sus hermanos y por supuesto, la de Nami.
Detrás de ellos, la segunda camioneta donde se trasladaban el resto del equipo, con Bartolomeo al volante, conducían siguiendo la camioneta que Franky manejaba.
El radio comunicador se encendió, de inmediato Bartolomeo tomó el artefacto en sus manos mientras continuaba con su mirada fija en la camioneta donde iba su preciado ídolo.
—¿Luffy-senpai?—Habló el peliverde.
—Oye Bartolomeo, habla Franky, estoy viendo el GPS y parece que nos aproximamos a un camino fuera de la carretera, es suuuupeeeer confuso, pero continúen siguiéndonos.
—¡Por supuesto! ¡Seguiré a Luffy-senpai hasta el fin del mund-
Franky apagó el radio comunicador, detrás de él, Law torcía los ojos ante el pensamiento de los ridículos que solían ser los amigos de Luffy, bueno, a juzgar por cómo es el chico del sombrero de paja, no es extraño que sus seguidores sean tan peculiares. En ese instante Law miró a un lado hacia Luffy, quien parecía estar sumido en sus pensamientos, sus ojos sombreados por el sombrero y su silencio mantuvieron tensionados a todos, era el aviso mismo de que las cosas eran demasiado serias.
—Franky—Sonó ronca la voz del chico.
—Dime Luffy...
—¿Puedes ir más rápido?
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La tristeza, la rabia y la culpa invadían su pecho, Nami se arreglaba para el evento, le habían prohibido apostar pues se trataba de un evento donde sólo los poderosos podían poner todo sobre la mesa, eran premios gordos de personas aburridas de la rutina quienes impulsivamente se dejaban llevar por las luces y la emoción, la adrenalina de apostarlo todo creyéndose con suerte, y ese sentimiento tan anhelado de victoria que los llevaba a creerse superiores al resto, ganador entre ganadores.
Sus ojos maquillados estaban húmedos, sin embargo se negaba a dejar salir cualquier lagrima, no quería darle el gusto a ninguno de esos sujetos de verla en ese estado, sus manos sostenían la perla del zarcillo que se colocaba, su cabello recogido en un peinado elegante y su vestido negro hacían juego, sus manos bajaron hasta el estuche de terciopelo donde yacía un hermoso collar de perlas la cual con delicadeza tomó entre sus dedos.
"—Lo sé, lo sé, casi se daña la pulsera tejida que me regalaste, no me regañes más, Nami—El pelinegro del sombrero de paja mostró un puchero.
— ¡Querrás decir que casi la dañas TU! ... ¡Tonto!—La chica tomó el pequeño accesorio masculino y agarrando la mano de Luffy, empezó a colocársela.
—Jajaja, lo siento, lo siento."
Nami no podía ver con claridad las brillantes perlas del hermoso collar, sus ojos humedecidos se llenaron de lágrimas que aún se negaba derramar, sentía su pecho hundirse en aquel amargo sentimiento, los recuerdos de los momentos con Luffy aún se evocaban en su mente.
"—¿Pero sabes, Nami?—El pelinegro le dijo mientras ella le amarraba la pulsera tejida alrededor de su muñeca, el chico la miró y cerrando sus ojos, hizo un gesto donde brillaba su sonrisa en medio del soleado día—Sé que soy un tonto a veces pero prometo no hacerte enojar más."
Un par de gotas cayeron sobre sus manos, la chica de inmediato subió su mano derecha para borrar esas lagrimas que no dejaban de salir, se culpaba a sí misma por ser tan tonta y débil, por haber metido a Luffy en esto, y por no estar con ellos ahora mismo... con él.
Alguien tocó su puerta.
—¿Estas lista?—Una voz femenina habló desde el otro lado de la puerta.
—En un momento.
La puerta se abrió, dejando ver a través del espejo donde Nami se reflejaba a una mujer de cabellos oscuros y hechizantes ojos, su sonrisa no se hizo esperar cuando la pelinaranja se dio vuelta en su silla para mirarla de frente.
—Así que tú eres Nami.
La pelinaranja lentamente se puso de pie, y caminando un par de pasos, se dirigió a la mujer en la puerta—No te había visto entre la familia Donquixote... ¿Quién eres?
—Llámame Violet—La mujer le sonrió—Nami, abajo te esperan, pronto iniciará el evento así que no tardes.
La chica de cabello naranja bajó su mirada, sus pensamientos se entenebrecieron ante ese sentimiento de angustia por estar en un lugar como este. De pronto en su rango de visión notó un par de zapatos rojos de tacón que se posaron frente a ella, era la mujer de ojos hermosos llamada Violet, quien silenciosamente se había acercado lo suficiente a Nami como para colocar su mano en el hombro de la chica.
—No te preocupes... Todo va a estar bien.
Por alguna razón, Nami percibió esas palabras con otro significado, uno más allá del que el contexto ofrecía, como si ella supiera algo más que ella misma ignora. La pelinaranja decidió tomarlo de esa manera y se armó de fuerzas.
—Estaré lista en unos minutos.
—Bien—Sonrió dulcemente la mujer—Ellos han esperado por ti todo este tiempo, no te rindas—Y con esas misteriosas palabras, la mujer de cabello oscuro dio media vuelta y se marchó del lugar, cerrando la puerta.
Dejando un familiar olor a cigarrillo a su paso.
Fuera de la habitación, luego de haber cerrado la puerta, la mujer de cabello oscuro miró hacía un lado donde en la oscuridad del pasillo un hombre rubio de elegante porte y vestimenta se encontraba recostado a la pared, el chico exhalaba su última calada de cigarro, sus ojos estaban cerrados y su cuello se estiró lentamente hasta recostar su cabeza en la pared y mirar hacia el techo.
—¿Nami-san... está bien?
—Sí, lo está.
—Bien...—El rubio se incorporó y empezó a caminar pasando por el lado de Violet y tomando su mano, empezaron a andar con dirección a las luces del evento—No hay tiempo que perder, debo avisarle a los demás.
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El camino parecía desviarse de la carretera, Franky tomó una curva rápidamente hacia la zona rocosa del desértico lugar, dejando detrás de sí polvo levantado que dificultaba a Bartolomeo poder seguirlo. Luffy pudo ver desde el asiento trasero de la camioneta las luces que salían de un lejano lugar en medio del arenoso territorio, de inmediato el chico decidió asomarse por la ventanilla del techo del auto, en un intento por visualizar mejor el lugar en donde pronto se jugaran la libertad de una amiga y quizás la vida misma.
—¡Luffy-sempai!—Gritó Bartolomeo desde el auto donde se movilizaba, haciendo que el pelinegro mirara hacia atrás, con las luces de los autos como la única fuente de luz—¡Ese es el lugar, parece que hay guardias en la entrada!
El chico del sombrero de paja no dudó y mientras miraba aquellas pequeñas luces que sobresalían en medio del oscuro desierto, volvió a mirar hacia atrás a los demás—¡Hey chicos!
Todos se asomaron por las ventanas del auto que conducía Bartolomeo.
—¡No duden!
Y con esas palabras, el chico volvió a entrar y se agachó en el asiento trasero de la camioneta al lado de sus hermanos.
—Esto no es un juego... ¿cierto?—Sonrió el pelinegro mientras sus amigos y hermanos lo observaban—No hay espacio para dudar.
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Habían llegado al lugar, unas enormes paredes protegían la estructura que parecía ser más un centro penitenciario, la amplitud de la infraestructura externa daba una idea de lo grande que puede ser por dentro. Los guardias en silencio sólo señalaron una puerta que conectaba a una oscura entrada subterránea, a lo que Franky y los demás lentamente ingresaron hasta llegar al iluminado garaje donde lujosos autos se encontraban guardados.
Se bajaron de la camioneta y observaron el lugar—Esto es de locos—dijo seriamente Zoro, quien con recelo salió del auto y observó con cautela los alrededores, el sonido del motor del auto donde se transportaban Bartolomeo y los demás hacía eco mientras se estacionaban al lado de la camioneta de Franky.
Por su parte Luffy había salido por la ventanilla del techo, y dando pasos decididos, empezó a caminar hasta el ascensor que se veía a la distancia.
—Oye Luffy, cálmate, esta vez no vas a ir por tu cuenta ¿entiendes? debemos jugar como el equipo que somos—Dijo el peliverde mientras lo sostuvo por el hombro.
—Mugiwara-ya, sé que dijiste que no dudáramos, pero estar precavidos no es dudar, es estar un paso adelante... Así que mantente enfocado en el juego y salgamos de esto—Law empezó a caminar mientras el resto lo seguía, hasta que la voz de Luffy detuvo sus pasos.
—Esperen.
Todos lo miraron mientras el chico parecía estar mirando algo familiar, Ace se acercó a Luffy con preocupación—¿Qué pasa?
—¿No es ese... el auto del abuelo?—Señaló Luffy una lujosa camioneta blanca un poco polvorienta debido al camino por el que debían transitar para llegar aquí.
Ace siguió la dirección que señalaba Luffy y observando mejor el automóvil, pudo fijarse en el número de la placa del vehículo.
—Mierda...
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Un enorme estadio se abrió paso luego de cruzar la puerta que los dirigía a las luces, la amplitud del lugar fácilmente podría incluir distintas canchas olímpicas, ¿Cómo es que un lugar como éste se encontraba en medio del desierto? ¿Por qué nadie nunca lo mencionó? Los lugares abandonados suelen ser visitados por los adolescentes o las pandillas, pero éste, a pesar de su descuidado estado externo, en el interior era sorprendentemente elegante y organizado, algo realmente peculiar que hizo pensar a Zoro que quizás éste lugar no sea tan desconocido por las autoridades, mucho menos el evento que en él se desarrolla, pues las cantidades de dinero que se manejaban en este tipo de actividades podrían bien ser parte de las ilegalidades practicadas por un gobierno corrupto, o quizás sólo participaba en ellos.
Los ojos de Luffy no dejaban de mostrar su asombro, muchas personas cuya apariencia hablaba de su alto estrato caminaban por los alrededores, podría jurar que el ambiente era más sofisticado que el que percibió en el casino, el suéter del pelinegro era jalado por un asombrado y casi desmayado Usopp, quien no dejaba de pensar en el problema en el que se estaban metiendo.
Detrás de ellos, un chico alto de cabellos rubios conversaba al lado de su hermano pelinegro, quienes trataban de parecer lo más natural en medio de semejantes lujos que lejos de asombrarlos, los incomodaba a sobremanera.
—¿Entonces el viejo Garp está aquí?—Habló Sabo en un tono de voz bajo mientras caminaba al lado de Ace, ambos con sus ojos sobre Luffy quien caminaba más adelante junto a Zoro, Usopp, Chopper y un agitado Bartolomeo.
—Todo lo que debemos hacer es evitarlo—Dijo el chico pecoso—No dejarnos ver, no hacernos notar demasiado—Ace se pasó con desespero la mano derecha entre sus cabellos en un vago intento por apartarlos de su rostro, y mientras sus cabellos volvían a su lugar, el chico suspiró—Pero proponerse pasar desapercibido es difícil con Luffy.
Sabo soltó una carcajada—¿Recuerdas cuando nos escondimos de aquellos matones a los que le robamos el dinero, y Luffy fue atrapado a los pocos segundos?
—A ese tonto casi lo matan.
Sabo siguió riendo, sacándole una sonrisa a su hermano—¿Lo ves? Ace... planear pasar desapercibidos ya es una pérdida de tiempo. Desde el momento en que Luffy decidió jugar en éste evento ilegal, supimos que iba a llamar la atención de todos, él siempre lo hace.
—Sí—Ace miraba la espalda de su hermanito mientras éste seguía caminando al lado de sus amigos—Luffy en la cancha se transforma.
—Es un monstruo—Dijo con orgullo un sonriente Sabo.
Ace también sonrió, y mirando hacia otro lado en un intento por ocultar su orgullo de hermano mayor, vio una cara familiar entre los invitados al evento—¡Joder!
—¿Qué pasa?—Preguntó el rubio, en ese instante Ace lo rodeó con su brazo por el cuello y lo hizo inclinarse un poco mientras empujaba su cabeza hacia la dirección donde él miraba.
—¿Ves esa mujer alta de cabellos negros?
—La mujer alta de cabellos... Espera... ¡Wow!
—¿Cierto? Esa mujer es una belle- ¡ARG! ¡No me refiero a eso!
—¿A qué entonces?
—¡Es Boa Hancock!
—¿Quién?
—¡Boa Hancock!
—¿La conoces? Me sorprende, es demasiado atractiva.
Ace le soltó el cuello y le golpeó con el codo en el brazo—Es Boa Hancock, de las empresas Hancock, ¡es socia del viejo!
—¡¿Qué?!—el rubio la observó por un momento—Esto es malo.
—No sólo es malo, esa mujer está enamorada de Luffy.
—¡¿Qué has dicho?!
—Créeme, está loca por él.
—¿Enamorada de Luffy?... Increíble...—El rubio se cruzó de brazos observando a la mujer de magnifica belleza mientras seguía de pie al lado de Ace.
—Así es, brother—Ace también cruzó sus brazos mientras inclinaba la cabeza a un lado para apreciarla mejor—Esa es la bendita suerte que tiene nuestro querido hermanito.
—Sí...
Ambos se quedaron en silencio observando los elegantes movimientos y gestos de la mujer de increíble hermosura. Ace metió una de sus manos a su bolsillo, y con la otra frotaba su propia barbilla mientras miraba a aquella mujer. En ese instante Sabo entrecerró los ojos.
—Pero... Ese chico que la saluda tan animadamente... ¿No es Luffy?
—¿Eh?
Ambos observaron cómo el chico de sombrero de paja conversaba con una sonrojada Hancock, quien no paraba de agitarse ante su presencia. Tanto Ace como Sabo miraron hacia el frente donde estaba Luffy la última vez que lo vieron, luego volvieron a mirar hacia donde estaba la mujer, y nuevamente volvieron a mirar a donde se suponía que debía estar Luffy, encontrándose el espacio vacío entre sus amigos.
—¡MIERDA!
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—Jajajajaja, ¿quién iba a pensar que nos encontraríamos aquí, Eh Hamock?—Soltó un sonriente Luffy frente a la mujer alta que atraía todas las miradas.
—Lu... Luffy—La mujer cubrió sus mejillas con sus manos en un intento por ocultar su sonrojo—¿Qué haces aquí? Ya veo, debió ser el destino, definitivamente estamos destinados a encontrarnos, a pasar el resto de nuestras vidas juntos y...
La mujer seguía murmurando mientras Luffy lejos de escucharla, se ocupó en saludar a la asistente personal de Hancock, Margaret.
—¿Y qué hacen aquí?—El pelinegro continuaba hablando con la rubia mientras los murmullos de Hancock aun resonaban entre ellos sin entenderse palabra alguna.
—Eso te quería preguntar yo, ¿Sabes dónde estás? Se supone que aquí no deben venir personas que no hacen parte de la lista de invitados anuales. ¿Acaso el señor Garp te trajo?
—Mi abuelo no sabe que estoy aquí, shishishishi.
—¿No lo sabe?
—Así es—Una voz apareció detrás de Luffy, sus hermanos se habían acercado y Ace posó su mano sobre la cabeza de su hermanito—Y les pedimos el favor de que continúe sin saberlo.
Hancock por fin había dejado de murmurar y se fijó en el par de jóvenes detrás de Luffy—Ace, hace tiempo no te veía.
—Hancock
—¿Qué hacen aquí? Este evento es privado.
—En realidad la razón de nuestra presencia aquí es muy distinta a la de ustedes. —Habló esta vez el rubio, quien colocó su mano sobre el hombro de su hermanito.
—¿Y tú eres..?
—Ah, lo siento, mi nombre es Sabo, soy el hermano de Ace y Luffy.
—¿Hermano? —Hancock no conocía la existencia de otro hermano, sin embargo, al ver la sonrisa formada en los labios de Luffy al pronunciar el chico rubio esa palabra, no dudó ni un instante en los muchachos frente a ella—Ya veo… Pero dime, si no están aquí por las mismas razones que todos los demás, entonces debe haber una razón muy fuerte para que hayan venido.
—De hecho…—Luffy subió la mirada hacía Ace, quien asintió en aprobación, confiaba plenamente en que Hancock no haría nada que hiciera daño a Luffy, el chico del sombrero de paja volvió a mirar a la mujer tras el gesto de su hermano mayor—En realidad estamos aquí para ayudar a una importante amiga.
—¿Una amiga?
—Sí, ella está en aprietos y venimos a salvarla.
"Luffy… tu…"
—Está en juego no sólo su libertad, sino también su vida, y nosotros no lo vamos a permitir.
"¿Acaso tu…"
—Debemos rescatarla a toda costa.
"… Me engañas?"
—Y por eso estamos aquí.
La mujer de cabellos negros sintió su pecho hundirse, por alguna razón su espalda se sentía fría, sin embargo, más centrada en lo que Luffy le contaba, su preocupación por el bienestar del chico aumentó.
—Ya veo…
—Por eso te pedimos que no se entere el viejo—Habló Ace—De lo contrario todo se complicaría… El viejo es muy impulsivo.
—De acuerdo, pero—La mujer dio un paso hacia adelante mirando a los tres chicos con determinación—¿Puedo ayudar en algo?
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Una chica de claros cabellos cortos caminaba por el pasillo oscuro el cual conectaba a unas escaleras, Koala se preguntaba si Sabo y los demás ya habían iniciado el juego, sin embargo, más importante aún, debía cuidar su propia espalda si no quería ser descubierta.
—Qué ojos tan grandes tienes… pequeña.
Una voz masculina sonó detrás de ella, un hombre de cabello marrón claro y extravagantes ropas salió de la oscuridad del pasillo, la chica pensó unos segundos y volteó lentamente y lo miró a la cara con una sonrisa inocente y una mirada llena de interés.
—Son para verte mejor—Respondió juguetonamente.
El sujeto soltó una carcajada—Eres toda una lobita, ¿eh?... Me gusta.
—Eso es bueno… ¿señor…?
—Llámame Diamante, preciosa.
—Diamante—desde luego que ya lo sabía, Koala había obtenido información adicional gracias a la ayuda de alguien más, incluso información que no quiso proporcionarle a los demás.
De lo contrario, Sabo jamás le hubiera permitido infiltrarse de esta manera.
La chica lo miró con aparente agrado, mientras el hombre la examinaba con evidente lascivia—¿Y qué hace una señorita como usted en este lugar?
—Un tal Señor Pink me contrató para entretener un rato al jefe, pero me temo que me he perdido—Koala empezó a juguetear con la esquina de su falda—¿Podría usted ayudarme?
—Pink se encarga de conseguir a las damas de compañía, no dudo jamás de su elección—mencionó el sujeto mientras la veía de pies a cabeza—¿Cómo te codificó?
Los nervios de Koala hicieron que sus manos empezaran a sudar, sin embargo, de lo más tranquila y cuidando de su tono de voz, sonrió carismáticamente—Australia.
—¿Australia? Bien…—El sujeto sacó un teléfono móvil—Espera un minuto.
Koala rogó que todo saliera según lo planeado y que Hack haya logrado registrarla, de lo contrario, todo acabaría aquí.
—Pink, aquí está una de las tuyas, quiero confirmar su contratación.
Una gota de sudor se deslizaba entre los pechos de la chica, sus nervios empezaba a hacerse evidentes.
—Así es, de grandes ojos y lindas pestañas—Dijo Diamante con una sonrisa morbosa mientras le miraba los pechos a la chica—Ya sabes a lo que me refiero—soltó una carcajada.
Las cejas de Koala empezaban a evidenciar su tensión, agradeciendo que el sujeto esté tan concentrado en mirar su cuerpo, pudo levantar una mano para secar el sudor de su frente con disimulo, para después con aparente despreocupación batir su cabello.
—Dice haber sido codificada como Australia.
Diamante la miró extraño, aparentemente enojado por algo.
—¡Busca la puta lista entonces! ¡Cielos Pink! ¿Qué te está pasando?
Comenzaba a impacientarse, ¿acaso Hack no lo había logrado? Koala lo seguía mirando con encanto mientras su mente viajaba hacia Sabo y los chicos, debía por todos los medios no ser descubierta o las cosas se pondrán feas.
—De acuerdo, yo me encargo—Dijo con seriedad el sujeto.
"Rayos Hack, ¿Acaso no lo lograste?"
—Sígueme—El hombre de gran estatura pasó a su lado y empezó a subir las escaleras, Koala apretó sus ojos y dando media vuelta, empezó a seguirlo, rogando que todo haya resultado bien.
Las escaleras conectaron a un pasillo el cual al final había una puerta en donde sobresalían unas letras doradas avisando el triunfo de éste paso del plan.
Era la zona VIP.
"Bingo"
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Corría con desespero, sus tacones chocaban fuertemente contra el suelo mientras buscaba la salida más cercana al evento donde se llevaría a cabo el juego, Baby 5 daba pasos largos mientras su falda se alzaba con cada zancada.
—Debo avisarle a Law, ¡esto es una maldita trampa!
Su tensión se centró en su mandíbula, haciéndola morder con fuerza el cigarrillo entre sus dientes, lo cual hizo que cayera parte de la colilla en el suelo, sus ojos por fin lograron ver la luz de la puerta más cercana, y deteniéndose repentinamente, su cuerpo chocó contra la reja del balcón.
—¿Dónde estás?
Sus manos agarraron la baranda de la reja del balcón, sus ojos inquietos buscaban al chico de los tatuajes y a sus compañeros, pero para cuando había encontrado por fin a Law quien se encontraba en la cancha de baloncesto, sintió una presión en su pecho y sus manos se deslizaron hasta caer a ambos lados de su cuerpo, y lentamente el cigarrillo cayó de sus labios.
—Es tarde…
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Las luces iluminaban la cancha, los invitados rodeaban el lugar mientras discutían entre ellos las posibles apuestas, Luffy y los demás se encontraban en medio de la cancha frente a frente con el equipo adversario, sus ojos lejos de reparar a los contrincantes en este juego, se posaron en el hombre detrás de ellos, Doflamingo se encontraba detrás de los jugadores fuera de la cancha, en un lujoso mueble que le proporcionaba una privilegiada vista del juego.
Sin embargo, algo extraño ocurría.
El lugar en donde Mingo se encontraba era el lugar donde se sentaba quien apostaba por el otro equipo y no por ellos, Luffy se inquietó, no se había dado cuenta de la tensión en sus hombros hasta que Ace posó su mano sobre uno de ellos.
—Cálmate hermanito—Luffy seguía con la mirada fija en el sujeto de rubios cabellos mientras Ace le hablaba cerca—Era de esperarse que ese tipo hiciera algo distinto a las condiciones propuestas, vinimos aquí sabiendo la desventaja que todo esto representa.
—En otras palabras—Esta vez fue Sabo quien se acercó a Luffy por el otro lado, quedando cada uno al lado del pelinegro—Nos convertimos en sus marionetas al momento de aceptar su trato. Es como meternos en la boca del lobo a quitarle su presa, corriendo el riesgo de ser devorados.
—Así es, Sabo… Y si está tan confiado en el otro equipo, es por algo—El chico pecoso miró hacia atrás a Law, quien entendiendo la situación, asintió y se acercó a los tres chicos—Mugiwara-ya, debemos estar preparados para lo que sea, en un lugar ilegal no esperes un juego legal.
—Confío en mi equipo—Habló por fin Luffy, quien se volteó para ver a los tres chicos que le hablaban—Si van a jugar sucio o no, nosotros ganaremos.
Law lo miró a los ojos, pocas veces era testigo de lo serio que lograba ponerse Luffy, algo que, por muy difícil que sea admitirlo, lo llenaba de más confianza.
—Me inquieta algo…—Habló Zoro una vez cerca de los cuatro chicos—No hemos sabido nada del estúpido cejillas, por alguna razón creí que quizás estaría aquí.
—Sanji estará bien, podemos confiar en eso—Luffy volvió a mirar a Mingo, para después mirar a Zoro—El problema ahora es quién apostará por nosotros.
De repente, las personas empezaron a aplaudir, Luffy y los chicos miraron a su alrededor sin comprender, hasta que la voz en el micrófono anunció la llegada del otro apostador quien ofrecía la misma suma de dinero que Mingo había ofrecido en la apuesta.
En ese momento Luffy miró al puesto detrás de ellos.
Una mujer de piel lechosa, hermosa figura y gran estatura se había sentado en el mueble, sus largos cabellos negros caían con gracia en sus hombros y espalda, su sonrisa parecía iluminar el lugar.
Era Boa Hancock.
Sus ojos se cruzaron con los de Luffy, quien sonrió al ver a su amiga ayudándolo de esta manera, una enorme ayuda.
La chica le guiñó el ojo mientras uno de los meseros le ofrecía una copa de vino, el cual recibió sin aparatar sus ojos del chico.
—Estamos salvados—Dijo un ansioso Usopp detrás del resto del equipo.
Luffy sonrió enormemente y volviéndose para verle la cara a Doflamingo, quien parecía lamer sus labios con emoción, soltó con notable arrogancia.
—Bien, ¿Están listos, chicos?
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N/A: Largo tiempo sin publicar, creo que dos semanas, estuve con los deberes de la universidad, problemas de salud, y además de eso escribí el capítulo pero algo ocurrió y no se guardó más de la mitad de lo que había escrito. (Tuve que ir al baño a lavarme el cabello a ver si se me quitaba la rabia)
Un capitulo nuevo, espero que lo hayan disfrutado.
Gracias por leer.
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