Author's note: Hola hola! Aquí traigo un nuevo capítulo! Siento mucho haber tardado tanto en subir un nuevo capítulo, pero la universidad y los exámenes me estaban quitando el poco tiempo libre que tengo. De todas formas, durante este tiempo pude escribir este capítulo (que he disfrutado mucho escribiendo, y que espero que disfrutéis vosotros leyendo) y también una pequeña sorpresa para la gente que me pedía un poco más de acción entre Kenshin y Kaoru. Hace un par de días subí como historia aparte un pequeño one-shot de Kaoru y Kenshin, basado en el capítulo 9 de este fic. Si queréis leerlo, lo encontraréis en el tag de RK o en mi perfil! Espero que os guste este capítulo, y no dudéis en comentar cualquier sugerencia o comentario que se os venga a la mente! Como todos sabéis, RK ni sus personajes me pertenecen, y no hago dinero escribiendo esta historia. Un saludo!
Capítulo 11: Vuelve, por favor
Megumi miraba desesperada el reloj que había colgado en una de las paredes del comedor de su casa, deseando que cada segundo que marcase el reloj se convirtiera en minutos. Si un genio le pudiese conceder un deseo en ese mismo momento, sería que esa cena terminase de una vez, y que pudiese estar a solas para poder llamar a Kenshin y suplicar por cualquier tipo de información que la llevase hasta Sanosuke. Sabía que lo iba a pasar mal si él volvía, ya que tendría que verle la cara casi a diario, recordándose a sí misma que el chico había jugado con sus sentimientos para divertirse; y que aunque por mucho que luego Sano se hubiese arrepentido y hubiese intentado volver a hablar con ella, Megumi no iba a ser capaz de perdonarlo de forma tan simple. Pero una gran parte de ella no podía evitar sentirse mal por su marcha. Sanosuke nunca había sido de su agrado, y menos tras haber fingido ser otro hombre "enamorado" de ella para luego confesarle la verdad. Pero el hecho de que hubiese decidido dejar su recién estrenada vida en Tokio para no causarle más problemas a ella hacía que el corazón de Megumi se encogiera con emoción. Eso demostraba que el chico, muy en el fondo, tenía buen corazón. Si tan solo hubiese contestado una de sus llamadas o le hubiese abierto la puerta una sola noche… Pero para su desgracia, en ese momento estaba atada de pies y manos, y debía concentrarse en su situación actual. Sanosuke estaba en Nagano, lejos de ella, pero Aoshi estaba ahí, presente, y con su familia… y necesitaba salir de ese aprieto como fuera.
Aoshi estaba siendo todo un caballero, de los pies a la cabeza, y eso no se podía negar. Charló con Soujiro de deportes nacionales y le recomendó ciertos ejercicios de espalda a su anciano abuelo. Incluso se interesó por cómo iba Misao en los estudios, aunque la adolescente sólo respondió con un murmullo sin levantar la cabeza del plato, algo que no era nada normal en la pequeña de los Hiko. Estaba siendo el perfecto invitado, Megumi lo sabía. Pero justo cuando ese pensamiento estaba cruzando por su mente, su padre hizo la pregunta que llevaba toda la noche esperando.
-Entonces, confiésame algo, Aoshi. ¿Cuáles son tus intenciones reales con mi hija? Y no me intentes engañar, sé leer muy bien los ojos de la gente. –añadió tras la pregunta, en lo que Megumi sabía que era un tono nada bromista.
-Mis intenciones con Megumi irán tan lejos como ella quiera que vayan, señor. –contestó solemnemente el aludido, mirándola de reojo de forma discreta. –Megumi sabe que tengo cierto interés en ella, pero desconozco si ella tiene el mismo tipo de interés en mí, señor. –añadió, posando su mano derecha suavemente sobre el muslo de Megumi, haciendo que esta diese un imperceptible salto en su asiento, sonrojándose.
Tras esa contestación, que por su mirada había contentado a Seijuro, éste dirigió la mirada a su hija, estudiando su rostro. Megumi agachó la cabeza, un tanto avergonzada por la repentina atención por parte de su padre. A su derecha, su hermana Misao murmulló algo que no fue capaz de escuchar bien, pero sabía que estaba relacionado con lo que habían hablado antes, mientras que a su izquierda, podía notar la mano de Aoshi tensándose. "Lo sabe, sabe que lo invité como una forma de escapar de todo lo que había pasado con Sanosuke, como aquella noche que dormimos juntos…", pensó la joven, haciendo uso de toda su voluntad para levantar la mirada y fijarla en su padre.
-Aún es demasiado pronto para decidir nada serio, ¿no crees, padre? Tendremos todo el tiempo del mundo para hablar de eso más adelante. –consiguió decir, sabiendo que la respuesta no convencería del todo a su padre, pero que era suficiente para que no siguiera presionando. A la vez, sintió la mano de Aoshi relajarse, dejando de posarse en su muslo para volver a su postura inicial.
Tras aquel incidente, la noche fue bastante suave. Con la ayuda de Misao, Megumi preparó té para todos, y lo bebió con toda rapidez con la esperanza de que Aoshi la imitase y pudieran salir de la casa familiar lo antes posible. Para su suerte, Aoshi terminó su té antes que ella, y en apenas unos minutos se encontró a sí misma despidiendo a su familia en la entrada de la casa.
Una vez en el coche, volvió a reinar el silencio incómodo por el que habían pasado durante en el viaje de ida. Megumi sabía que debía de explicarle a Aoshi lo que estaba sucediendo dentro de su cabeza, y pedirle disculpas por haberlo arrastrado a esa situación tan comprometida como era darlo a conocer a su familia como su novio, cuando ni siquiera habían hablado sobre el tema. Pero no tenía voluntad ni fuerzas para hacerlo en ese mismo momento. Tan solo quería volver a casa, y remover cielo y tierra hasta que Kenshin o quien fuese accediese a decirle alguna forma en la que poder contactar con Sanosuke.
Cuando llegaron a la calle donde estaba el apartamento de Megumi, Aoshi paró el coche en la puerta del edificio, y miró fijamente a la mujer sentada a su lado. Ni tan siquiera hizo falta que expresase con palabras lo que quería decir, su mirada hablaba por él. Se sentía engañado, y quería una explicación.
-Aoshi, yo… Lo siento mucho, de verdad. Nunca quise meterte en este lío de conocer a mi familia. Pero mi padre había oído rumores sobre mí en el hospital y no sabía muy bien qué hacer… Ya que tú y yo, bueno… Pasamos esa noche juntos, estaba confusa y me lancé hacia ti. Lo siento mucho, de verdad… -musitó la joven, agachando la cabeza, un tanto avergonzada.
-No hace falta que te disculpes por eso, Megumi. Ha sido bueno conocer a tu familia. Tienes todo el temperamento de tu padre, sin duda alguna. –ese comentario, aunque viniese de alguien que podía ser tan inexpresivo como Aoshi, hizo a la joven doctora sonreír tímidamente. –Pero no quería explicaciones sobre eso, ya sé de sobra que era tu única elección porque querías evitar contar a tu padre lo que sucedió con Sagara. Pero quiero que me contestes a mí la pregunta que tu padre te ha planteado durante la cena. ¿Qué soy para ti, Megumi? ¿Qué es lo que quieres que sea para ti? –preguntó el joven, sin apenas alterar su tono calmado.
Megumi suspiró, sintiendo que Aoshi estaba presionándola levemente, aunque esa no fuera su intención. No sabía lo que quería, tenía que admitirlo. La cena con su familia había ido estupendamente, Aoshi sabía cómo ganarse a la gente, aunque no fuese el chico más alegre y dicharachero del lugar. Y, claro está, ella ya sabía que se portaba bastante bien como amante… El último pensamiento hizo que las mejillas de Megumi se enrojecieran. Necesitaba tiempo para aclararse, seguro que cuando consiguiese convencer a Sanosuke de que volviera podría centrarse en Aoshi y su situación con él. "O tal vez se complique aún más", dijo esa voz molesta en su cabeza.
-Aoshi, sabes que te aprecio muchísimo, y te agradezco de todo corazón que hayas venido a esta cena. Pero estoy confusa, yo no… no sé qué hacer. Me gustaría que me dieras tiempo para pensar sobre esto, por favor… -le rogó, dirigiendo su mirada hacia los ojos serenos del doctor.
La reacción de Aoshi fue la esperada, y el chico asintió con comprensión. Cogió la mano de Megumi, apretándosela levemente, mostrándole que la entendía. Sin decir una palabra, Aoshi salió del coche para abrir la puerta del copiloto para Megumi. La acompañó hasta la entrada de su apartamento, donde se quedó esperando una señal por si ella quería dejarlo entrar. Pero a pesar de que la idea de pasar otra noche como la que tuvieron la primera vez seducía mucho a Megumi, la joven no podía dejar de pensar en que necesitaba que Sanosuke volviera, y para ello necesitaba llamar a Kenshin con urgencia, y era algo que no quería que Aoshi supiera que iba a hacer, al menos en ese momento. Rechazó al joven con una sonrisa de compromiso, y se despidió de él hasta el día siguiente, donde se encontrarían a la fuerza en el hospital.
En cuando Megumi cerró la puerta de su apartamento, corrió hasta su habitación y se sentó en la cama, llamando a Sanosuke sin obtener respuesta alguna. Al cabo de unas 15 llamadas sin contestar, volvió a coger su teléfono móvil, esta vez con el número de Kenshin ya dando señal en su móvil. Costó unos cuantos tonos hasta que su amigo cogió el teléfono, y Megumi juró que era la primera vez que Kenshin le contestaba ligeramente molesto.
-¿Ocurre algo, Megumi? Es casi media noche, estaba ya durmiendo… -Megumi se disculpó por la hora, habiendo olvidado por completo que Kenshin no acostumbraba a trasnochar mucho.
-Es importante, Kenshin, necesito que me digas cómo puedo localizar a Sanosuke. Misao me lo ha contado todo, y sé que tú eres el único que me podría ayudar a encontrar una forma de comunicarme con él. –pidió la joven de pelo negro a su amigo.
-Sabes que prefiero mantenerme al margen de todo esto... –comenzó a protestar el pelirrojo al otro lado de la línea.
-Por favor, Kenshin… Sabes que no me lo perdonaría en la vida si no hiciese nada para que recuperase su trabajo, aunque haya pasado todo lo que ha pasado. Por favor… -la chica le rogó a su amigo una vez más, y éste respondió con un suspiro de resignación.
-Está bien, te diré la dirección de la casa de los Sagara en Nagano, pero me tienes que prometer que no intentarás involucrarme más en vuestros problemas, es algo que tenéis que resolver vosotros solos. –Megumi puso los ojos blancos, incapaz de creer que Kenshin se quisiera mantener al margen de los problemas de sus dos mejores amigos con el gran sentido de la justicia que lo caracterizaba.
Megumi apuntó con rapidez la dirección que Kenshin le dijo y colgó sin apenas despedirse, metiendo en una pequeña bolsa de viaje todo lo necesario para un viaje en tren hasta Nagano. Si la suerte le acompañaba, habría un tren de madrugada que la llevase hasta la ciudad de Sanosuke. Dejó un mensaje en el contestador del hospital informando de que no podría ir al día siguiente y dejó su casa a toda prisa para dirigirse a la estación.
La suerte sonrió a la doctora, y justo cuando llegó a la estación pudo comprar un billete para un tren que partía en la siguiente hora. Ni siquiera estaba pensando en sus actos, ni había planeado qué hacer una vez llegara a Nagano. Pero Sanosuke seguía ignorando sus llamadas y la frustración estaba matándola por dentro, y Megumi no era del tipo de personas que se quedaban sin hacer nada para cambiar una situación como esa. Mientras subía al tren mandó un rápido mensaje de texto a Kaoru, esperando no despertar a su amiga a esas horas de la noche. En el texto le pedía disculpas por haber estado ignorando sus llamadas y mensajes, y prometía explicarle toda la situación en cuanto solucionase el asunto que tenía entre manos. Con esas palabras en clase, Megumi no sabía si conseguiría tranquilizar a la enfermera o más bien preocuparla aún más, pero eso era todo lo que podía hacer hasta que llegase a Nagano y se encontrase con Sanosuke.
El viaje en tren fue tedioso, largo y apenas le dejó conciliar el sueño a Megumi. Conforme se alejaban de Tokio, Megumi vislumbraba gracias a la luz de la luna alguna que otra montaña cubierta de nieve, y sonrió para sí misma. Una vez hacía un par de meses, mientras parte del personal descansaba en la cafetería durante un turno de noche, escuchó a Sanosuke tratando de ligar con una enfermera de Radiología, hablándole sobre las montañas nevadas de Nagano y los placenteros balnearios de agua caliente que abundaban por la región. Pero Megumi salió de su ensueño tan pronto como imaginó a Sanosuke haciéndole un recorrido por su lugar de nacimiento, negando para sí misma con la cabeza. "Sólo vas a pedirle que vuelva, y te recuerdo que lo odias", se regañó a sí misma.
La fría noche había dejado copiosas nevadas en la zona más montañosa de Nagano, y como era costumbre en la casa de los Sagara, los días de nevada era obligación de Ota madrugar para causar un terremoto por toda la casa, rogando a gritos tanto a su padre como a sus hermanos que salieran a jugar con la nieve, deslizarse por las laderas y hacer muñecos de nieve. El primero que respondió a la llamada del pequeño de la casa fue Sanosuke, como siempre, y en apenas cinco minutos desde que ambos chicos despertaron, Sanosuke ya estaba bajando la escalera hasta la cocina para preparar el desayuno para toda la familia, mientras que Ota bajaba las escaleras con su trineo en la mano, ansioso por salir a disfrutar de la nieve.
-Ota, primero tienes que desayunar. No querrás resfriarte el primer día de nieve y quedarte sin poder salir el resto de días, ¿verdad? –inquirió Sano, cogiendo a su hermano en brazos para sentarlo en una de las sillas de la cocina. –Y tienes que comerte todo, si no ya sabes que papá te castigará y esconderá el trineo. –el pequeño asintió, moviendo las piernas con emoción contenida y sus pequeñas manos agarrándose a la silla.
Justo cuando Sanosuke se disponía a sacar el té del fuego, alguien tocó el timbre de la puerta principal de la casa. ¿Quién podía ser a esa hora? Tal vez el cartero, pero Sano nunca había escuchado al cartero tocar al timbre, ¿o tal vez era el lechero? Aunque con toda la nieve que había caído la noche anterior, dudaba mucho que el lechero fuera capaz de hacer su recorrido de siempre. Ota miró a su hermano mayor con curiosidad, a lo que éste respondió encogiéndose de hombros, y caminó para abrir la puerta, curioso por saber quién en su sano juicio se presentaría en la zona residencial más alta de Nagano a esas horas de la mañana para hablar con los Sagara. Antes de abrir, gritó a su hermana Uki para que se hiciese cargo del té, a la vez que su padre bajaba tan malhumorado como todas las mañanas, revolviendo el pelo de su hijo mayor como saludo. Ota siguió a su hermano hasta la puerta principal, abrazando una de sus piernas, ya que había heredado la misma curiosidad que su hermano mayor.
En cuanto Sanosuke vio a la doctora por la que había renunciado por voluntad propia a su trabajo, casa y amigos, con las mejillas teñidas de un suave rojo carmín causado por el frío, una pequeña bolsa de viaje en las manos y el aliento saliendo con rapidez de su boca; Sanosuke creía estar soñando. Durante lo que pareció una eternidad, ambos estuvieron sin hablar ni una sola palabra, mirándose a los ojos, intentando descifrar los pensamientos del otro. Por la mente de Sanosuke pasaban cientos de preguntas: "¿qué hace ella aquí?, ¿está pasando esto de verdad?", pensaba una y otra vez, sin que su cerebro mandase órdenes a su cuerpo para que hablase o se moviese. Así estuvieron lo que le parecieron horas, hasta que el pequeño Ota, que seguía agarrado a las piernas de su hermano mayor, se pronunció, rompiendo el hielo entre los dos adultos.
-Onii-chan*, ¿quién es esta señora tan mayor? –preguntó, con toda la inocencia de un niño de 9 años.
La expresión de Megumi cambió a una sonrisa incómoda, que por fin hizo a Sanosuke reaccionar.
-Ella… Pues ella es… -comenzó a decir, balbuceando debido a la impresión de que descubrir que no estaba imaginando a Megumi en la entrada de su casa.
-¿Pero se puede por qué no cerráis ya la puerta? Hace un frío de narices, y así no hay quién caldee la casa… -dijo el cabeza de familia a sus hijos, acercándose hasta la puerta para ver qué era lo que entretenía tanto a los dos varones. -¿Es esta chica quien creo que es? –preguntó a su hijo mayor, con un claro tono de burla.
-Sanosuke, baka*, dejaste el té demasiado tiempo al fuego y se ha estropeado todo, ahora tendré que volver a poner una tetera al fuego… -la voz de Uki resonó por el recibidor, mientras se acercaba también a la entrada de la casa. -¿Se puede saber qué es lo que…? –comenzó a preguntar, quedándose muda cuando vio a Megumi en la entrada de la casa, con sus mejillas cada vez más enrojecidas al ver a todos y cada uno de los Sagara mirándola fijamente, mientras su sonrisa incómoda se hacía cada vez más evidente.
Author's note: ¿Qué os ha parecido este capítulo? Quiero que sepáis que no es ni de cerca el final de la historia, pero me parecía una buena idea que Megumi quisiera que Sanosuke vuelva, aunque sea tan cabezota que no quiera ver el verdadero motivo. El próximo capítulo estará lleno de interacciones (divertidas, por supuesto), entre los Sagara y la pobre Megumi, que no sabe donde se está metiendo jajajaja. Bueno, puse con estrellas la palabra baka (que significa algo así como "idiota"), y Onii-chan (que es una forma cariñosa de referirse a los hermanos mayores), para quién no sepa el significado! Una vez más, gracias por leer!
Cindy04: Hola Cindy! Espero que el one-shot que escribí sobre K&K te guste si lo has leído! Me costó un poco escribirlo porque no tenía muy bien definidos a los personajes en mi cabeza, pero siempre puedo intentar mejorar! Muchas gracias por comentar!
lunascorpio: Luna, mi fiel lectora! Antes de nada, quiero que sepas que pienso dedicarte el próximo capítulo! Muchas gracias por comentar, y espero que éste haya sido de tu agrado! Un abrazo!
Pajaritoazul: hola! antes de nada, muchas gracias por tu comentario! Me alegra que te guste el fic, y que te guste Sanosuke y la pareja tan bonita que hace con Megumi! Un abrazo!
