Los niños a estas horas tienen que estar en la cama- Dijo una voz melodiosa, entre las plantas salió un hombre algo travestido- No deberíais haber venido.

Un silencio abrumador estuvo por unos segundos.

-Pfffff.- Las dos tigerslayer intentaban aguantarse la risa, mientras que Ónix permanecía serio.

-Jajajaja.- Rio Freya, mientras se llevaba una mano a la cabeza- Nosotros ya somos mayores para estar despiertos.- Dijo Freya dejándose de reír, y mirándolo seriamente, puede que ese tipo tuviera una apariencia divertida pero aun así era un extraño, un desconocido que trotaba el bosque a horas altas de la noche.

-Señor, estamos buscando el origen de estas plantas.- Dijo Ónix seriamente- ¿Sabe usted qué es?

-Solo os diré dos cosas niños.- Dijo el hombre, su voz melodiosa había desaparecido, se había vuelto amenazante- Una, nunca os riais de un desconocido. Dos, yo soy el que planta las semillas.

A continuación, el hombre lanzo semillas a los pies del equipo y estas empezaron a crecer rápidamente. En un segundo estaban evitando los ataques de las plantas.

-Mi amo Zeref, me ha enviado para que acabe con este bosque, si queréis impedirlo os espero en el centro del bosque.- Les enseño un botecito con unas semillas de un color dorado- Esta es la cura.

Se fue caminando tranquilamente entre la espesura del bosque, pero ellos no pudieron detenerlo porque se estaban defendiendo de las plantas.

-¡No podemos dejar que se valla!- Gritó Freya mientras lo observaba irse.

-¡Freya cuidado!- Dijo Duna advirtiendo a Freya sobre el ataque de la planta.

Freya solo observaba al sujeto irse y recibió el golpe de lleno de la planta, haciendo que rodara por el suelo. Se levantó llena de rozaduras y magullada, además de dolorida. Se puso en posición de combate, esperando el ataque de la planta. La planta arrojó su rama/tentáculo hacía Freya, ella recibió todo el golpe, pero aún se mantenía en pie, sujetando la rama y se había envuelto en sus llamas para intentar hacerle daño. Duna y Ónix se movieron rápido yendo hacia ella para ayudarla.

-¡Venga Freya! Nosotros podemos contra estas malas hierbas.- Dijo Duna animándola.

Ella solo asintió mostrando optimismo.

Pasó un rato hasta que consiguieron acabar con ellas y cuando terminaron estaban agotadísimos. Estaban en la hierba respirando agitadamente. Miraron al cielo, ya estaba amaneciendo.

-Deberíamos volver ya al gremio y avisar, seguramente nos estén buscando.- Dijo Duna agotado.

-Nah no creo.- Dijo Freya mirando al cielo.

-¿Y eso como lo sabes?- Dijo Ónix.

-Porque deje una nota en la habitación de Lucy, aunque no sé si la verá estando Natsu cerca de ella jeje.- Dijo Freya soltando una risilla.

En el apartamento de Lucy.

Lucy estaba persiguiendo a Happy y a Natsu por hacer tanto alboroto ya tan temprano.

-¡¿Cuántas veces te he dicho que la ventana y la puerta tienen diferentes funciones?!- Grita Lucy.

-Infinitas.- Dijo Natsu.

-Aye.-

Mientras Natsu y Lucy ''peleaban'' [Que monos son cuando están juntos x3]. Happy estaba a su bola.

-Sois peor que los niños.- Dijo Happy mientras ve un papel tirado en el suelo- Mira Lucy.

-¿Qué es eso Happy?- Pregunto Lucy, acercándose con Natsu donde estaba Happy.

En la nota ponía lo siguiente.

Duna, Ónix y yo nos hemos ido de aventura al bosque.

-¿Crees que debamos preocuparnos?- Preguntó Lucy a un Natsu que se estaba yendo por la ventana junto a Happy- Si, creo que hay que preocuparse, por Natsu y Freya.

Fuera del apartamento.

-Se fueron de aventura y no nos avisaron.- Dijo Natsu corriendo en dirección al gremio.

-Aye.-

En el bosque.

-Siento que hablan sobre mí.- Dijo Freya nostálgicamente mirando al bello cielo nocturno.

-Quizás estés cansada.- Dijo Duna levantándose, mientras le chinchaba un poco.

-Yo nunca estoy cansada.- Replicó Freya levantándose.

-Pero hace un momento estabas sentada.- Duna se estaba divirtiendo con Freya y esta parecía caer en su juego.

Ónix compadecía de Freya, básicamente porque él solía ser la victima de chinchas. En el fondo fondo fondo de su sonrisa seria inmutable, en un rincón muy oscuro girando a la izquierda. Sonreía por tener un relevo.

Pasó un rato en el que Duna molestaba un poco a Freya, las dos hacían grandes esfuerzos para acostumbrarse a la otra, ya que apenas se conocían y se encontraban en esa situación. Ónix consiguió que pararan al recordarles que tenían que atrapar al sujeto increíblemente raro y afeminado que se habían encontrado y pararle los pies.

En ese día descubrieron que el bosque de Magnolia era mucho más grande de lo que parecía por fuera. Se perdieron dando vueltas, siempre pasando por el mismo sitio (XD). Freya intentaba no pensar mucho en ello, les decía que tenían que tomarlo como una aventura para explorar el territorio y repartirlo entre ellos, Duna, que iban morir perdidos en el bosque y discutía con Freya de que ella era mayor y necesitaría más territorio, ¿y Ónix? Ónix no decía nada, seguramente sabría por dónde ir… o no, pero no decía nada.

-Esto no puede ser, hemos sido derrotados por un bosque.- Dijo Duna deprimida cabizbaja tirada en el suelo boca abajo, le afecto que un ser inanimado le hubiera ganado.

-Venga, tranquila mientras no nos separemos estaremos bien.- Dijo Freya animándola mientras una gota de sudor aparecía en su sien.

-Hmp.- Asintió Ónix.

-Nos hemos perdido si por lo menos supiéramos por donde volver al gremio.- Dijo Duna siguiendo en el mismo estado.

-Duna.- La llamó Freya.

-Deberíamos haber dejado pistas o miguitas de pan…-

-Duna.-

-Al final encontraremos una casa de dulces…-

-Duna.-

-Una bruja nos engordará como cerdos… ¡y nos comerá!-

-Hmp hmp.- Volvió a asentir Ónix.

-¡Duna!- Dijo Freya ya enfada agitándola.

-¡¿Qué quieres!?¿No ves que estoy planeando nuestra vida en este bosque?- Dijo Duna enfada.

-Si sé que esto va a pasar, mejor me pierdo sola T^T.- Pensó Freya- Tu controlas la arena ¿no? Conviértete en arena y averigua donde estamos.

-Ñeis…-

-¿Qué pasa?-

-Es más fácil decirlo que hacerlo.- Dijo Duna mirando para otro lado.

-¿Entonces puedes hacer eso?- Dijo Freya con estrellitas en los ojos.

-Claro. Soy maga de la arena ¿no es obvio?- Dijo Duna con un ligero tono de orgullo.- De todas formas aún no lo domino.

-Venga intentaloooo.- Dijo Freya.

Duna se sentó bien en el suelo en posición de loto, cerró los ojos y se concentró.

-¡Henkan Suna! [Transformación de arena]

Pasaron unos segundos, Duna frunció el ceño y un haz de luz de color arena la rodeó. Freya estaba sorprendida y con la boca abierta, Ónix solo observaba con precaución mientras lentamente se alejaba, se notaba que lo había visto miles de veces, seguramente cientos de esas acabaron mal.

El hechizo terminó con una pequeña explosión.

Más o menos, menos y más, había salido bien. Duna se había convertido en arena, pero su boca y nariz no y sobresalían del suelo.

-Jajajajaja.- Rio Freya mientras se sentaba en el suelo, la verdad es que ella se divertía aunque supiera que estaban en problemas.

-¡Oye! Te dije que era complicado.- Dijo la boca parlante del suelo medio enfadada, pero de un instante a otro se puso tensa, Duna había notado que el ambiente tenía una esencia inusual.

-¿Qué pasa?- Dijo Freya preocupada.

-Que no estamos dando vueltas, sino que todo se repite una y otra vez por donde pasamos.- Dijo Duna.

-Lo sabía.- Dijo Ónix con un tono de preocupación.- Básicamente, hemos caído en un hechizo tipo ilusión, y nos hemos perdido más de lo que pensábamos.

-Pero podremos salir ¿verdad?- Dijo Freya mirando a Ónix.

-Claro solo tenemos que encontrar el sello.- Dijo Ónix.

-¡Suna no kaiki! [Regresión de arena]- Recitó Duna para liego volver a la normalidad.- Eso ya está hecho hermano. Seguidme.

Los dos empezaron a seguir la tigerslayer de arena, como había dicho Ónix todo era idéntico, pero Duna los guiaba a todos como si se supiera cada rincón de esa ilusión. Así pasaron un pequeño rato. Hasta que Duna paró y apunto con su mano hacia una roca.

Simplemente, a Freya le resultaba asombroso que su nueva compañera pudiera hacer tanto.

Incluso se preguntaba que si de verdad ella le ganó en ese combate.

Ónix se dirigió hacia roca lentamente, Freya estaba siguiéndolo pero Duna la paró y le indicó que observase.

- Poizun shinjitsu [Veneno de la verdad]- Recitó Ónix, acto seguido de decir esas palabras, la comisura de su boca se volvió azul claro cielo.

Abrió su boca, se podía apreciar que sus dientes y su saliva se habían vuelto de ese color. Ónix llevó su mano derecha hasta su boca, mordiéndose la punta de su dedo índice, para acto seguido chuparlo. La sangre que salía de su dedo era de un color azul eléctrico.

Puso su dedo sobre la roca y en esta apareció la escritura del hechizo. Con movimientos rápidos hizo un cuadro que encerraba el hechizo, y después una cruz en el interior de este. La escritura comenzó a brillar sobre unos instantes para luego desaparecer.

El entrono se volvió blanco, como si una densa niebla acabara de caer. Pero enseguida todo se volvió diferente, estaban en un barrizal en medio de la selva, solo había árboles gruesos, ya que otro tipo de vegetación no podría sobrevivir en un espacio así. Con el barro llegándoles a las espinillas, a Freya hasta las rodillas.

-Whoa…- Fue lo único que Freya pudo decir, estaba asombrada era la primera que veía esta clase técnicas, se daba cuenta de Duna y Ónix habían visto muchas cosas que ella.

-A veces, hay que tener hechizos destinados para estas cosas, no solo para pelear.- Dijo Duna viendo a su hermano, con una sonrisa de confianza y orgullo.

-Ya, pero ahora necesitamos saber que buscar y donde estamos.- Dijo Ónix volviéndose hacia ellas.

-Creo… que yo puedo solucionar eso.- Dijo Freya con un brillo de determinación en los ojos, era el momento de demostrarles que ella también tenía hashes debajo de la manga.

Era hora de que comenzase la magia.

Se dirigió hacia unos de los arboles donde había una pareja de pájaros piando entre ellos.

Era la última cosa que le había estado enseñando su madre, antes de que esta falleciera, y aunque no terminó de dominar la técnica completamente, recordaba algo, lo malo es que hacía demasiado tiempo que no lo hacía, ni tenía pensado practicarla otra vez, ya que cada vez que se acordaba se ponía triste.

Duna y Ónix la observaban atentamente no se podían perder ningún movimiento de la nueva integrante más pequeña.

Freya escaló un par de ramas, pero no a la rama a la que estaban los pájaros, ya que no quería espantarlos por ponerse cerca de ella.

Cerró los ojos e inhaló profundamente.

-Yo puedo.-

Sintió que una corriente de aire caliente rodeaba su cuerpo.

Era una sensación ciertamente agradable.

Abrió los ojos y miro directamente a los pájaros, que antes estaban piando, pero ahora estaban hablando como personas normales.