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CAPÍTULO 11:

"Bienvenido A Mi Pesadilla"


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Cuando llegamos a su casa, me indicó cual sería mi habitación y se fue, me dejó solo y yo me sentía totalmente perdido. Me senté en el borde de la cama y empecé a llorar, lloré por no tener a mis padres, lloré por el dolor físico que aún tenía después de la paliza que me dieron, lloré porque no sabía que iba a ser de mi vida, lloré por la forma en que mi tío me trató, lloré porque me sentía solo. Por donde buscara, tenía una razón para llorar.

Los días transcurrían y cada vez me sentía peor, no comía y a consecuencia el estómago me dolía mucho, pero simplemente no me pasaba ni un bocado. La ausencia de mis padres era terrible, sumado al hecho de que los recuerdos no me dejaban tranquilo y había momentos en los que lo único que quería era que alguien me abrazara.

Las noches eran un tormento porque pasaba acurrucado en la cama llorando hasta que me quedaba dormido, lo cual sólo era por unos minutos ya que las pesadillas volvían a mí, haciéndome revivir todo lo que pasó ese espantoso día.

Casi siempre me despertaba gritando, totalmente asustado y desorientado hasta que recordaba donde estaba, pero esto sólo provocaba la furia de mi tío, pues decía que lo despertaba y no lo dejaba descansar tranquilo. Tuve que aprender a controlarme luego de que una noche en la que estaba terriblemente agotado, me pasó algo raro, porque me dormí y por supuesto que desperté en medio de gritos, para volver a dormirme y otra vez seguir soñando, despertar nuevamente gritando y sentirme tan aletargado que caía dormido en cuestión de minutos mientras lloraba. No sé cuántas veces eso se repitió, pero mi tío entró hecho una fiera a gritarme y luego me abofeteó una y otra vez hasta que se cansó de hacerlo.

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Blaine guardó silencio por un momento, cerró los ojos y empezó a respirar entrecortadamente. Al darse cuenta, Kurt volvió a apretar su mano – Blaine, lamento tanto todo eso, no fue justo, eras un niño de 13 años que estaba sufriendo mucho y merecías y necesitabas apoyo, amor y comprensión. No tienes idea de lo mucho que hubiera querido estar ahí para ti. Podemos dejar esta conversación de lado, no tienes que seguirme contando… Blaine, Blaine, ¿me escuchas? – El moreno asintió y devolvió el apretón de mano, trató de respirar profundo y siguió contando su historia.

Los meses pasaron y estaba tan cansado de todo, al comienzo pensé que tal vez su actitud era la forma de enfrentar su dolor, después de todo mi padre era su hermano y ellos habían sido muy unidos, pero eso no sucedió. Como si el dolor por mi pérdida no fuese suficiente, tenía que aguantar los malos tratos de mi tío que con el tiempo se fueron intensificando. No podía creer cómo era posible que él hubiese cambiado de esa forma conmigo, siempre buscaba la mínima excusa para estarme gritando o insultando y en el peor de los casos me golpeaba, así que trataba de estar encerrado en mi habitación cuando él estaba en casa, ya que era la mejor forma de no tener que pasar por un mal rato, así mismo, hacía todo lo que él decía sin protestar ni quejarme y poniendo mi máximo empeño.

Un solo error de mi parte o que algo no estuviese en el tiempo indicado y mi vida se convertía en un infierno. Perdí la cuenta de todas las veces tuve que soportar que me dijera que yo era el único culpable de que mis padres murieran porque si yo no me hubiera quedado ese tiempo extra en los juegos, al salir no nos hubiéramos topado con esos tipos y nada hubiese pasado.

Me lo dijo tantas veces que realmente empecé a creerlo y eso era una de las cosas que más me atormentaba y antes de darme cuenta me repetía a mí mismo que todo había sido mi culpa y empezaba a llorar y sentirme miserable, a tal punto que llegué a odiarme.

En ese momento Blaine empezó a llorar y soltó al castaño para cubrir su rostro con ambas manos. Kurt trataba de contener inútilmente las lágrimas y el nudo en la garganta no le permitía hablar, así que sólo se levantó de la silla y se acercó al moreno para abrazarlo, pero éste lo rechazó. El castaño lo intentó de nuevo sin éxito, provocando una reacción que no esperaba.

- NO ME TOQUES! ALÉJATE DE MI – vociferó Blaine levantándose súbitamente y agarrando la silla con rabia para aventarla haciendo que se estrelle contra la pared.

Kurt al ver dicha escena, empezó a retroceder asustado, en dirección de la puerta, tropezándose y provocando un ruido que llamó la atención del ojimiel quien al verlo alejarse, se arrimó a la pared y empezó a desmoronarse hasta llegar al piso.

- Lo lamento tanto Kurt, por favor perdóname, no quise gritarte ni asustarte – dijo con la voz ahogada por el llanto y bajó la cabeza - ¿POR QUÉ SOY TAN IDIOTA? ME ODIO TANTO!

De pronto sintió unos brazos a su alrededor y dejó vencer su peso cayendo contra el pecho de Kurt, quien lo apretó con fuerza contra él – tranquilo Blaine, sé que no es fácil, pero las cosas van a mejorar, todo va a estar bien, yo te voy a ayudar, te lo prometo. Por favor, no vuelvas a insultarte ni a decir que te odias. Te quiero mucho y me duele que lo hagas.

- No es cierto, nadie puede quererme – contestó entre sollozos.

- Blaine, no digas eso, yo sí te quiero. Eres una persona hermosa, noble, inteligente, maravillosa, es imposible no quererte. Grábatelo en la cabeza y en el corazón, eres maravilloso y te quiero, te juro que te quiero.

Permanecieron en el piso por más de una hora hasta que Blaine dejó de llorar y Kurt lo llevó a lavarse la cara y tomar un poco de agua para después ayudarlo a acostarse – descansa, lo necesitas, yo voy a estar aquí cuando despiertes, no voy a ir a ningún lado hasta asegurarme de que estés bien, no importa el tiempo que tome – le sobó el hombro y le dio una débil sonrisa. A los pocos minutos Blaine cayó profundamente dormido y Kurt se recostó en el sofá.

No dejaba de recordar cada cosa que Blaine le había contado y sentía que detestaba a ese hombre que le hizo la vida miserable.

- ¿Qué te hizo tu tío? ¿Hay más que aún no me cuentas? – lanzaba las preguntas al aire – Algo me dice que te pasaron otras cosas terribles Blaine – varias lágrimas rodaron por su rostro.

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Las horas transcurrieron y Kurt apenas si pudo dormir algo, se levantó del sofá y empezó a preparar el desayuno, se dio la vuelta para despertar a Blaine quien, aunque dormía, su rostro estaba claramente agestado y conservaba rastros de haber llorado.

No podía dejar de sentirse tan mal por lo que vivió el ojimiel, miró hacia otro lado y encontró pegada al otro extremo de la cama una foto y se acercó para verla bien. Era una foto del moreno que llamó mucho su atención.

- Wow! Blaine! – dijo sorprendido - Aquí luces tan feliz y tu cabello es hermoso así bien cuidado y oh… no tienes el rostro cubierto – eso le intrigó por completo, volvió a poner la foto en donde estaba y estuvo tentado por quitarle el cabello del rostro a su amigo, pero decidió que eso no era correcto, si se tapaba debía tener una razón y él no iba a violar su confianza, ya le preguntaría a su debido momento y esperaría a que sea el mismo Blaine quien le cuente y con suerte verlo sin todo ese cabello descuidado sobre su cara.

- Hola! Buenos días! – dijo el castaño.

- ¿Amm? ¿Kurt? – preguntaba el ojimiel un poco confundido mientras se sobaba los ojos.

- Sí Blaine, aquí estoy. Te prometí que no me iría a ninguna parte hasta que estuvieras bien y jamás rompo mis promesas.

- No tenías que quedarte, yo me siento tan apenado por lo que ocurrió anoche – bajó la cabeza.

- Hey! Somos amigos, ¿cierto? Y los amigos están para apoyarse en las buenas y las malas, incondicionalmente y sin juzgarse.

- ¿Por qué eres tan bueno conmigo Kurt? ¿Qué esperas de mí a cambio?

- ¿Qué? – hizo un gesto de sentirse ofendido - ¿Piensas que quiero sacar algún provecho de ti? Somos amigos, y los amigos siempre se dan la mano y se tratan con cariño, eso es todo. No puedo creer que en verdad pienses que estoy tratando de aprovecharme de algún modo de ti, estoy dolido totalmente. ¿Sabes qué? Te preparé el desayuno, ahí queda, me voy a mi departamento – dijo molesto y se dirigió hacia la puerta.

Cuando iba a salir recordó que había dejado su celular sobre la mesa, así que regresó a buscarlo y se dio cuenta de que el moreno estaba llorando. Se debatía entre abrazarlo para consolarlo o dejarlo ahí por haberlo ofendido. Avanzó unos pasos y volteó, pero cuando lo vio que se abrazaba a sus piernas y hundía la cabeza en ellas sintió que se le partía el corazón y regresó enseguida.

- Blaine por favor no llores, me duele mucho verte así. Blaine – lo abrazó y empezó a sobar su espalda – tranquilo, no te pongas así, aquí estoy, no me voy a ir pero ya no llores.

- Lo siento mucho, no debí decir eso – sollozaba – es que todos siempre quieren algo de mí, nadie se acerca a mí sólo porque sí, a nadie le intereso realmente.

- Blaine, mírame – le decía con cariño – yo soy tu amigo y jamás me aprovecharía de ti en ningún sentido, te lo he demostrado en todo este tiempo. Soy 100% honesto en mis acciones y sentir – el moreno levantó la cabeza y lo miró "¿me perdonas?" – más que una pregunta era una súplica – claro que sí Blaine, ahora levántate, lávate la cara y vamos a desayunar, ¿sí? - el chico asintió e hizo lo que Kurt le dijo.

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El desayuno transcurrió tranquilo, sin mucho que decir y con el intercambio esporádico de miradas. Lavaron juntos los platos y luego Kurt le pidió prestado el baño. Al salir, estaba serio – Blaine, ¿podemos hablar? – el moreno asintió intrigado - ¿Qué son todas esas pastillas que tienes ahí? ¿Tomas todo eso? ¿Para qué son? Conté 10 frascos, eso es mucho.

El chico se puso pálido – no debías ver eso, olvidé guardarlas – murmuró.

- Respóndeme por favor, me preocupa que tomes todos esos medicamentos y ni siquiera tienen etiqueta, ¿cómo sabes de qué es cada frasco?

Blaine respiró profundo y pensó que sería honesto - Son para dormir, para la ansiedad, el stress, el dolor de cabeza, cosas así.

- ¿Y por qué no tienen prescripción? Esa clase de medicamentos siempre tienen información detallada en la etiqueta más el nombre del médico que los recetó.

- No me los mandó nadie, unas sí, cuando estuve enfermo, pero las otras no, las compré por internet.

- ¿QUÉ? Dime que es una broma – exclamó asustado el castaño – No puedes comprar esa clase de pastillas de esa forma, son de uso delicado y deben ser administradas en la dosis correcta y bajo supervisión médica. Auto medicarte es un gran error Blaine, te puede ocurrir algo y no lo soportaría.

- ¿Por qué? – preguntó con timidez.

- Porque te quiero Blaine, lo sabes, eres mi amigo y te quiero mucho. Por favor, ya no las tomes, hay otras formas de sentirse bien y si realmente necesitas algún medicamento, vamos al médico, pero no sigas haciéndote eso – suplicaba Kurt – vamos a deshacernos de ellas.

- NO! Espera, no me estoy drogando si es lo que piensas. Sólo necesito las pastillas para estar más tranquilo y no deprimirme.

- No las necesitas Blaine, escúchame. Hazlo por ti y por mí, vamos a tirarlas, no voy a dejar que te deprimas, encontraremos formas, pero deja de tomarlas, me preocupa mucho. Si necesitas algo, ya te dije que buscaremos a un especialista y que te de sólo lo que considere necesario con las dosis correctas. No puedes tomar eso que compraste por internet, es una locura.

- Tu no entiendes Kurt – empezó a temblar y su respiración se entrecortaba – no… no… las tomo siempre, ok… ni todas juntas, sólo… sólo… hay momentos en que… que… necesito algo que me calme porque todo se pone muy mal y… y… siento…

Kurt puso sus manos alrededor del rostro de Blaine y lo besó, primero sólo rozando sus labios y luego empezó a darle pequeños y suaves besos - ¿esto ayuda? – preguntó luego de separarse para mirarlo.

Blaine abrió sus ojos grandes al ser sorprendido de esa forma y miraba atónito a Kurt, quien empezó a preocuparse – "Blaine, dime algo, no me mires así y dime algo. Si te molestó, lo lamento, sólo quería mostrarte que hay otras formas, no necesitas pastillas" – el ojimiel lo seguía mirando con una expresión de pánico y Kurt se sentía cada vez peor – "dime algo por favor".

El pelinegro respiró lentamente – "sí ayuda" – contestó y esta vez fue él quien se acercó para besar a Kurt, luego de unos segundos se separó "¿Por qué lo hiciste? No quiero tu lástima.

Kurt entendió de inmediato a lo que se refería – yo no siento lástima por ti Blaine y no te besé por eso, lo hice porque realmente te quiero – el ojimiel lo miró detenidamente y una lágrima furtiva surcó su rostro – "Kurt, yo también te quiero" – se acercaron lentamente y juntaron sus labios en un suave vaivén, poco a poco fueron separando los labios para poder probar un poco más de la boca del otro y se mantuvieron en ese ritmo y de esa forma por varios minutos.