Sería muy tonto preguntar, pero, ¿me hecharon de menos? Han pasado ya más de 5 meses desde la última vez que actualize esta historia. Siendo honesta, ya no sabía como continuar. Cada vez que trataba de empezar el capitulo, salía una cosa que no quedaba y luego no seguía y este simple episodio...fue re-escrito más de 5 veces. Una que otra fue por capricho, pero que importa ya. El episodio ha sido terminado, y aquí esta ahora.
Disclaimer: Pot no es de mi propiedad.
Nota: este episodio puede ser muy OC por las personalidades de Fuji cómo Sakuno, pero se me hace que esta dos tres, ya saben...termino medio...
De antemano, he de decir. Este episodio fue escrito mientras se escuchaba la canción de "Koko de Bokura wa Deatteshimatta" de Tezuka y Fuji, cómo la canción de "The Ache in my Heart" de Fuji...esa canción fue la que me insipiró a escribir los sentimientos de Fuji y lo demás que van a leer.
¡Disfruten!
Capitulo 11: Muñeca. Sonrisas. Adiós.
Escuchaba con la mejor atención posible aquellas palabras que su entrenadora, con la voz más despreocupada, decía como si no fuese algo importante, casi como si no importará. Hubo una que otra vez que se perdió en su mundo, repasando lo que decía para después despertar en otra palabra mucho peor que la anterior. Esta era una de las pocas veces en las que se confundía, pero no soportaba mucho escuchar esto. Una plática en la cual le comentaban que su pequeña hermana iba a partir, el día de mañana, y no había marcha atrás y que no podría hacer nada para poderlo impedir ya que todos los tramites se habían hecho. Comentando que había sido una decisión por el bien de la menor, que su futuro iba a ser mejor y sin problemas en aquel lugar. Él era cómo su capitán, un joven que respetaba a los adultos por el hecho de ser mayores y porque…es normal que eso se haga, pero… ¡¿COMO RAYOS PUDO HABER HECHO TAL COSA SIN CONSIDERAR LOS SENTIMIENTOS DE SU PROPIA NIETA, SU FAMILIAR?! ¡Dios santo!
Simplemente…simplemente su entrenadora no tenía el derecho, ya que, después de todo, no estaban hablando de su vida, ¡estaban hablando de la vida de Sakuno! Ella era un ser humano, cómo todos lo de ese planeta, no una muñeca, un simple y tonto juguete al cual se le pueda manejar o manipular cómo a los demás se les dé en gana. Cuando tuviese la oportunidad, decía mentalmente, buscaría a su pequeña Kohai para pedirle varias explicaciones. En la mañana, le había visto ingresar al instituto, con esas largas trenzas que por un momento había creído olvidar por no verlas después de tanto tiempo, pero aun así fuera a la distancia, pudo ver aquella notoria tristeza en sus ojos. Le hubiera saludado, pero tuvo que ir a hacer otras cosas que eran importantes. Sí claro, ¿Qué cosa podía ser más importante que el bienestar de su pequeña amiga? Una nueva razón para que se pudiera odiar.
-Bien, realmente no sé del porque se los ando comentando, ya que esperaba a que Sakuno se los digiera personalmente, pero conociéndole, no creo que fuese capaz de decir palabra alguna.- la entrenadora les comentó después de un corto silencio, cruzándose de brazos cerrando los ojos. Tezuka como Fuji, quien no sabían cómo poder reaccionar ahora, simplemente se quedaron viendo sus manos que estaban sobre sus piernas.
-G-gracias por contarnos, Ryuzaki-sensei.
Al haber comentado aquello, pudo sentir la mirada de su capitán como la de la entrenadora sobre él. Bueno, después de todo, había tartamudeado. ¿Cuándo se le había escuchado al genio sádico del Seigaku tartamudear de aquella forma? La respuesta era tan clara.
Nunca.
Si, nunca en su vida se le había escuchado hablar de aquella forma, ni siquiera cuando Yuuta, que es su hermano menor de sangre, se había marchado de casa sin antes decir que le odiaba. Y ahora, ¿Cuál era la razón? Ella solo era una chica más, nieta de la entrenadora y por ello también la respetaba, pero a la vez, ¿por qué? Hay cosas que son más importantes, como la familia, que una simple amistad, así que…Simplemente, debía de dejar de mentirse, de meter falsos engaños a su cabeza y darse cuenta de que ella era más importante de lo que el mismo creía y decía.
-Nosotros le diremos al resto del equipo.- dijo Tezuka, poco después de ese silencio aterrador que les había rodeado. Y mirando a su compañero Fuji de reojo, pudo notar aquel suspiro lleno de tensión que se encontraba soltando. Sakuno era alguien especial, eso lo tenía ya muy bien claro, pero era más que sorprendente el ver los efectos que ella ha causado con su castaño amigo; mostrarse de aquella forma tan desesperada frente a los demás. Incluso hasta con él. Fuji se lo había comentado. Aquel rostro destrozado, siendo mostrado a toda la escuela sin que el mismo se hallase percatado de ello.
-Entonces te lo dejo en tus manos.- sentenció, soltando nuevamente un suspiro y levantándose casi de golpe, salió del salón de maestros, dejando a ambos jóvenes con aquel nuevo semblante de tristeza.
Al principio, fue solo silencio, uno tan tétrico que ni sus respiraciones podían poner calma ante la situación. Al final, el primero en romper el silencio fue Fuji.
-Tezuka…- mencionó el nombre de su capitán con tanta impotencia que el mismo se asusto. Su compañero no respondió a su llamado y eso le impulsó a seguir con lo que estaba. -¿Fue nuestra culpa…cierto?
¿Pero qué rayos estaba este Fuji diciendo? Una esquina de su ser interno le gritaba. ¿Culpa? ¿Ellos? Bien, tratándose de un sádico, podría simplemente ser otra broma de mal gusto del chico, un simple comentario para, quizá, romper la tensión del momento. Sí, cuanto deseaba que esa esquina gritona tuviera razón. Era tan tonto, pero tan cierto a la vez.
-Tómatelo como quieras.- sus palabras, como eran de esperarse del gran Buchou, fueron más secas que las palabras de Sumire. –Ryuzaki-sensei es la que toma las decisiones, nosotros solo obedecemos.- cerrando los ojos, esperó de aquella forma cerrar el tema.
A sus costados se escucho una corta pero sarcástica risa, una tan falsa que al instante se podía reconocer. Solo le miro de reojo, ya que sabía que se trataba de Fuji riéndose en malicia, o lo que viniendo de él parecía.
-Tezuka…- su risa había terminando, nuevamente retomando las cosas de forma seria. –Te conozco desde hace tanto que puedo decir que sé más de ti que de mí.- comentó primero.
Tezuka nunca perdió su seria fachada, y parándose de su lugar encaro a Fuji de pie. El castaño al verle levantarse de su lugar no quedo atrás y también se puso de pie. Ambos mirándose de frente, tan fijamente que parecían más enemigos que amigos.
-¿A qué quieres llegar?- preguntó fríamente, frunciendo un poco su ceño.
-Lo que quiero decir…- hizo una corta pausa, moviendo un poco de lado la cabeza, sus ojos jamás quitándosele de encima. -¿Desde hace cuanto te hiciste como un perro?
Abrió un poco los ojos, no perdiendo su perfecta fachada. ¿Acaso Fuji…le había insultado? Eso era nuevo, y a la vez, magnifico.
-Al parecer,-dijo.- esta plática ya perdió su decencia.
-Esta plática, para empezar, Tezuka, jamás fue decente. Así que, ahora, responde. ¿Cuándo fue que te hiciste así? ¿Un perro que sólo se dedica a seguir las ordenes de su amo sin importarle el maltrato que sufra? Sin importarle…absolutamente nada…
-Fuji…- comentó cortante, cerrando la boca al instante. Simplemente… ¿qué podía decir? ¿Acaso el gran capitán se rebajaría a tal nivel para admitir su derrota, confesar que el castaño tiene razón en todo lo que dice? No, él no era así. Pero, a pesar de todo, lo que dice tiene sentido. ¿Cuándo fue que pasó? Ahora el mismo se lo podría cuestionar.
Después de que la pequeña Ryuzaki había recuperado la conciencia, esta le había preguntado del porque, cual fue la razón que tuvieron para arriesgar varias cosas por solo ir por ella…y su respuesta, no pudo haber estado mejor, o bien dicho, peor. "Ryuzaki-sensei me pidió que cuidara de ti", su obligación, una orden que tuvo que seguir de su amo. Tal y como Fuji lo hubiera puesto. Siéndose honesto, si lo hizo por obligación, por el deber de ser su hermano mayor, no por las órdenes de su mayor. Él como Fuji lo hicieron por voluntad propia.
-…
-Tú silencio lo dice todo, Tezuka…
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Por primera vez…el mismo podía decir que ya no podía continuar, que podía aceptar su patética derrota y salir de lugar para poder tomarse un respiro de la situación. Su cuerpo le dolía, sus músculos le quemaban, no podía ni siquiera mover un simple hueso. Estaba tendido en el piso como un muerto; rayos del sol cegando su mirada.
-¿Crees poder continuar?- uno de los niñatos de primero que hacía de Referee le había cuestionado, agachándose un poco a su altura. Mirándole de reojo, sólo pudo suspirar. ¿Qué le podía decir? ¿Qué sería capaz de continuar? Claro, eso deseaba. Deseaba conservar su dignidad y seguir con ese partido que todavía no tenía fin, pero, ¿con que fuerzas? Ya estaba destrozado, y su mente claramente ya se lo había dado a entender, ¿entonces? Se cuestionaba.
-Vamos, Senpai.- ahora levanto su mirada, viendo desde abajo a ese chico de sonrisa malvada y ojos sangrientos. Al parecer…aquel chico que fue a su ayuda ahora parecía disfrutar su sufrir. –Esto todavía no termina.- soltando una leve carcajada, ahora se hizo su turno de sonreír.
-Sí, claro…- dijo entre más suspiros. Era difícil, aun, para él respirar con tanta facilidad. Su pulso como respiración no se calmaban. –E-esto fue mucho más cansado que j-jugar contra Fukubuchou…- volvió a hacer una pausa, respirando más profundo. –M-me rindo, Akaya…n-no puedo seguir…
Sabía que era un fraude, algo patético de él. ¿Cómo era posible, que no aceptara rendición ante el Seigaku, y ante su compañero si? ¿Dónde había quedado aquel espíritu de pelea? Supuso que en aire, ya que no lo podía encontrar.
-¡Maui se rinde!- grito el chico de primero, haciéndole sentir peor. -¡Akaya gana!
-Che, esto fue una desilusión.- comentó y al instante se marchó, golpeando su raqueta contra su hombro derecho.
Siguió mirando al cielo, dejando que el sol cegara sus ojos. Estuvo así hasta que Jackal lo tapó en sombras, mostrando un rostro lleno de preocupación. Casi se siente reír por la cara de su amigo.
-¿Te encuentras bien, Marui?
-Diría, no preguntes lo que no es obvio…pero no me siento con las fuerzas o ganas para burlarme…- comentó, guiñando de forma burlona un ojo en dolor.
Jackal simplemente no pudo evitar el suspirar ante su comentario, y comenzó a ayudar a su amigo a parar.
-¡D-detente!- Marui grito cuando su compañero le había jalado del brazo para levantarse. -¡Eso dolió!- rió junto al chico, y aun quejándose se puso de pie. Uso el hombro del chico brasileño como soporte, y este gustoso le estaba ayudando. Cuando comenzaron a caminar, Sanada como Yukimura se pusieron frente al chico, y el pelirrojo, no pudo evitar mostrar una mirada llena de depresión.
-Marui…- su capitán le llamó.
-Lo sé, soy un asco como titular.- dijo, como si de eso fuese a tratar la plática.
-¡No digas eso!- Jackal le reprimió, jalándolo un poco haciéndole quejar nuevamente de dolor.
-Él tiene razón.- apuntó Sanada, no perdiendo su fachada de diario.
-Sí…- Yukimura volvió a hablar. –Akaya sigue afectado por lo de ayer, pero aun así, eso no es excusa para ese comportamiento.
-¿Ayer?- Jackal cuestionó.
-Larga historia.- dijo rápido Marui, antes de que su compañero siguiera con más preguntas que en el momento no podían ser contestadas.
-Bueno Marui,- suspirando, cambio el tema. –Descansa lo que queda de la mañana, en el entrenamiento de la tarde quizás tengas un partido contra Niou.
-Entiendo, Mura-buchou.
A pesar de todo lo que su capitán decía, de que quizá existía la razón del porque Akaya lo destrozó de aquella forma de el Tenis, pero también no era excusa para dejarlo así de invalido. Y, pensando como el gran genio que era, no pudo evitar sonreír.
-Jackal.- llamó el nombre de su amigo.
-¿Sí, Marui?
-Dile a los maestros que estoy en la enfermería.- su sonrisa jamás desapareció de su rostro.
-¿Qué dices?- le miró en duda, arqueando una ceja al ver el rostro llenó de felicidad del chico.
-Tengo cosas que hacer, unas las cuales acabo de recordar y que son muy importantes.
Estaba más que decidido. El brillo de sus ojos se lo decía todo. Y suspirando con pesar, no pudo hacer otra cosa más que asentir con desgane.
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El campo de flores que se encontraba a su alrededor le calmaba, haciéndole sentir en algo feliz, pero a la vez no podía olvidar esa profunda tristeza que dominaba su interior. El día ya estaba acabando, y nadie todavía notaba su cambio de personalidad. No los culpaba, solo ella era la de la culpa; después de todo, ella jamás expresaba nada. Ante ese pensamiento, pudo darse cuenta que su corazón se había congelado desde hace ya mucho tiempo atrás. Desde siempre fue una muñeca, y por ello no le importaba su persona a nadie.
Nuevamente se sentía llorar, pero sabía que ya había sido suficiente. Había llorado por tantos años en silencio que si lloraba otra vez ese día, las lágrimas jamás podrían volver a salir, que su cuerpo se iba a quedar tan seco como sus castaños y opacos ojos. Se iba a convertir en una de esas muñecas de porcelana. Aquella que es frágil, esa que no siente nada, esa que es tan dura que no expresa ni una sonrisa, ni un solo gesto de alegría…esa que siempre permanece callada, mirando todo lo que se encuentra a su alrededor, sufriendo siempre en silencio. Y, era ya incluso increíble para ella, pero se encontraba sonriendo. Tontamente sonriéndole a unas pequeñas flores que con el aire iban desapareciendo. Nuevamente, ella quedando sola.
-… ¿S-sakuno-chan?
Bueno, creyó haber estado sola.
No se había sobresaltado, ni siquiera se asusto al haber escuchado sorpresivamente aquella voz. Sólo giró a un costado su rostro, encontrando a su senpai. Ese que ha sacrificado tanto por ella, y que ella, no ha hecho en nada por él. Dejó sus ojos posados sobre él por unos pocos segundos, para después regresar a ver ese campo de lodo que ya no contenía flor alguna. No lo saludo, ni siquiera se molesto en hablarle. ¿De qué iba a servir hablar, si nunca más se volverían a ver? Igual, iba a ser una gran falta de respeto, y a pesar de todos los nuevos cambios que ha sufrido, su educación nunca iba a desaparecer.
-Buenos días, Fuji-senpai.- se sorprendió, y bastante, pero se le hizo increíble el haber podido pronunciar el nombre de su mayor en una oración sin siquiera tartamudear. Su corazón ya estaba muerto. Aquella oración era un claro ejemplo de ello.
Incluso él estaba asombrado. ¿Qué fue de esa pequeña y tímida kohai que solía tener? ¿Esa que no podía hacer una sola oración sin antes tartamudear o confundirse en las palabras? Incluso, desde que pronunció su nombre al verla, ella quedo callada, sin decirle nada. Eso le hizo pensar que no le iba a saludar, pero al final, al parecer si lo hizo. "¿De qué sirve hablar con quien quizá nunca vuelva a mantener comunicación?" Supuso que esa pregunta pasó por su mente en ese instante. Sakuno creía que todavía no sabía nada, que ella disimulaba tan bien esa tristeza para que nadie se preocupara, que su silencio no diría nada respecto su partida.
Suspirando, se fue encaminando a un costado de la chica, y al estar cerca, se sentó en el piso. Manteniendo ciertos centímetros de distancia.
Ambos permanecieron por un momento en silencio. Uno, que sobre todo, le molestó a Fuji que casi se siente gritarle. Pero se sintió feliz, por el hecho de haber podido controlar a la perfección su estado mental y no haber ejecutado tal acto. Esta situación le estaba volviendo loco.
-Di…- mencionó esa corta palabra, no mirando a la chica. Incluso, él ni siquiera sabía a dónde estaba mirando en aquel momento.
-…- Sakuno no respondió. Siguió callada como desde el principio.
-Sakuno-chan…- dijo el nombre de la chica en dolor, lo cual causó que esta le mirará de inmediato. -¿Por qué lo haces?
No supo realmente a que se refería, así que simplemente se limito a cuestionar dulcemente con un simple "¿Huh?".
-¿Por qué lo haces?- se volvió a repetir, pero el dolor en su voz fue más notorio. Esta vez, no pudo evitar sobresaltarse un poco.
-¿De qué habla, senpai?- allí estaba otra vez. Ese habla sin tartamudeo o confusión.
Esta vez, no le hablaría de lado ni con temor. Lo había pensado, y ya estaba decidido. Girando su cuerpo, le encaró. Sus ojos abiertos.
-Eso.- hablo firme, asustando un poco la chica. Lo supuso, al ver su reacción. Abriendo la boca, ella iba a replicar, pero no le iba a dejar. Posando una de sus fuertes manos sobre su pequeña boca, la chica calló. Se dio cuenta que no se sonrojo, su rostro seguía sereno y moreno como una niña normal que todavía no sabía nada respecto el tema de las hormonas adolescentes. Una expresión facial que ella nunca en su vida hubiera mostrado en aquella situación. -¿Acaso crees que soy lo suficiente estúpido para no haberme dado cuenta?
Se sobrepasó un poco al haber pronunciado aquella fuerte palabra frente a su presencia, pero iba enserio esta vez.
-…- no dijo nada ya que, después de todo, él se encontraba silenciándola.
-Tú abuela ya nos lo contó…ya lo sabemos…así que… - mientras iba comentando aquello, soltó en agarre que tenía sobre la cara de la chica y dejo caer su mano a sus costados. Sakuno mantenía su boca un poco entre abierta, pero a pesar de ello, sus ojos seguían mostrando soledad, eso y nada más.
-S-sou ka…- agachó la cabeza, dejando que su flequillo tapará su rostro.
-Dime… ¿Por qué lo haces?- ahora vino cerrando los ojos, esperando un tanto alterado la respuesta de la menor.
-Yo…y-yo no creo que…s-senpai no puede…
Dudaba en sus palabras, y eso le alegró, quitando el estrés que tenía. Dudaba. Tartamudeaba. ¡Era la misma otra vez!
-¿Yo que, Sakuno-chan?- le cuestionó, moviendo un poco su cabeza a un costado en forma de duda.
Miró como la pequeña niña inhalaba con algo de fuerza aire, reteniéndolo en sus pulmones. Se escuchó la suavidad en la que lo sacaba. Y apenas terminado aquel acto, volvió a encarar al castaño. La expresión de esa tonta muñeca regresaba…ahora se daba cuenta que cantó victoria en vano. Las cosas iban a ser difícil. Tenía ya que irse dando la idea de que curar ese desgarrado corazón no sería tan fácil con unas cuantas palabras dulces.
-No creo que le importe a senpai…- dijo simple, agachando un poco la mirada, dudosa si mirar a su mayor a la cara después de lo que le dijo.
A pesar de que no deseará, soltó una leve carcajada. Una pequeña, mostrando entre dolor y burla. Era tonto, se decía, que se estuviera riendo en un momento tan serio como en el que se encontraban.
-¿Qué sucede, senpai?
-Perdón, perdón…- soltó una corta risita más. –No era mi intención reírme de aquella forma, espero me perdones.- comentó con un tanto de inocencia, embozando una falsa sonrisa.
-Senpai…- ahora Sakuno no le llamó para preguntarle nuevamente lo que le estaba sucediendo, sino que esta vez era para que ella le comentara algo.
-¿Dime?- una vez calmado de la gracia le cuestionó.
-¿Cómo lo hace?
-¿Hacer qué?
-Sonreía con falsedad,- ese comentario le llamó la atención, desvaneciendo al instante su sonrisa. –y siempre que lo veo…sonríe de la misma manera… ¿Por qué lo hace?
-…- no pudo evitar el quedar sin habla ya que la chica le había descubierto…y para serse honesto, Tezuka era el único que podía saber él cuando su persona sonreía bien o en falsedad. Y para que esa nueva persona fuera ella…ese simple factor le asombraba.
-Tengo mis motivos.- dijo simple. –Y tú, Sakuno-chan, ¿por qué lo haces?
-Tengo mis motivos.
Había dicho igual qué él. Y otra vez, tontamente quería echarse a reír.
¿Qué había pasado con esa linda, dulce y tierna kohai que solía tener? ¿Cómo rayos fue que llego a transformarse en esa…esa muñeca seca que ahora se encontraba sentada frente a él?
-Lo hago para que no descubran ese quién realmente soy…- le confesó, sintiéndose algo extrañado al haber comentado aquello. Ella sería la primera…la primera, y quizá, única persona que conociera ese lado de él, ese que es tan débil e impotente.
-…- no comentó nada, esperando a que su mayor terminara de dar todo el relato.
-Soy ese tipo de personas que sólo sonríe por obligación, no porqué realmente quiera mostrar felicidad…
Otra vez, ese silencio les dominaba. Fuji, al ya no querer comentar nada respecto a su vida, prefirió callar y esperar a ver u oír algo de la pequeña. Esta, una vez que el castaño había terminado, le dio la espalda, y de allí nada. Todo fue silencio. Nada más que eso.
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Sabía que a su capitán cómo sub-capitán no le iba a agradar esa descabellada idea que tuvo de saltarse clases sólo por un capricho propio, pero su persona estaba segura de que no se iba a arrepentir de nada. Ya habían pasado más de dos horas desde que se escapó, ¿así que porque hasta ahora se encontraba arrepintiéndose de sus actos? Igual, tampoco era un niño santo, le importaba poco si se metía en problemas o no, ¿entonces? Él mismo ni siquiera estaba seguro. Quizá estaba reflexionando. Mentiras. Se decía. Era como Niou, alguien que nunca reflexiona ni se arrepiente de nada. Y pudo decir que estaba orgulloso de ser así.
Ahora ya se encontraba en el lugar que desde hace varios días debió de haber asistido. Seishun Gakuen. Ese lugar dónde varios demonios se encontraba, dónde aquella frágil princesa que había dominado su corazón se encontraba. Rogaba por su bienestar, a pesar de que sonase algo muy ridículo para su persona.
Cuando dio varios pasos, adentrándose con cautela al lugar, se dio cuenta de que no se encontraba nadie en los alrededores. Estaba más vacio que el campus de su propia escuela. Un lugar muy estricto, fue lo primero que pensó embozando una burlona sonrisa. Iba a ser una tarea difícil encontrarla, se iba diciendo mientras seguía recorriendo la entrada del lugar.
Girando a su derecha en el primer pasillo que localizó, se encontró con un largo jardín con una fuente en medio (N.A: Lo siento, sólo se me ocurrió inventarme un jardín de película. Perdón si es muy irreal con la serie o verdadera escuela). Soltó un leve silbido, asombrándose de que esta escuela de crueldad podía tener un cierto lado bonito. Se quedó allí quieto por unos momentos, hasta que se dedicó volver a mirar enfrente a su camino para continuar la búsqueda. Cuando lo hizo, logro ver dos cuerpos que no se encontraban tan lejos de dónde estaba, de hecho, estaban a tan solo cinco u ocho pasos de distancia. Al instante, los logró reconocer. Era ese maldito del que Niou le había hablado. Ese príncipe que se robó a la princesa para regresarla a un mundo de terror. Y el peor de los casos, ella se encontraba junto a él. Su figura más frágil de lo que normalmente se veía. Claro, no podía estar tan seguro de ello ya que casi nunca le veía y como hubiera dicho Akaya, ella era casi como una completa desconocida.
-Yo…
Logró escuchar, y al instante supo que se trataba de la voz de Sakuno.
-S-senpai... ¿S-senpai podría escuchar?
Estaba quebrada, pero no era idéntica a la de aquella vez. Cuando fue la plática con Akaya, su voz a pesar de tener aquel todo de tristeza y amargura sonaba cálido y amable; ahora sólo lograba percatarse de que lo único que expresaba era dolor y desolación. ¿Akaya le había causado tanto dolor? ¿Tanto daño le había hecho…para que ella estuviera sintiéndose de aquella forma? Ahora él la veía en persona, y podía dar una simple y clara respuesta.
Akaya SI la había destrozado. Completamente.
Se puso nuevamente detrás de la pared, y con dolor, se dispuso a escuchar la conversación que mantenían.
Deja Vu.
Fue lo que pensó al instante cuando recapitulo sucesos pasados.
En cierta perspectiva, era sumamente increíble de que en menos de una semana, se encontrará presenciando ambos momentos, ambas pláticas que a pesar de que esta todavía no diera inicio, sabía que le iba a partir el alma, que le causaría un dolor ya que sabía que la pequeña dama estaba sufriendo.
-Che, esto es más que increíble.- comentó con cierto sarcasmo, mirando de reojo el lugar en que ambos chicos se encontraban.
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Era increíble, que siendo él, se estuviera arrepintiendo de algo que hizo. ¿Cuándo fue que pasó? ¿Qué había sucedido que comenzaba a comportarse de aquella forma? Claro, la respuesta era más que lógica, más que…Desde el momento en que conoció a esa chica y desde el momento en que la lastimo, ya no había sabido él cómo comportarse. Hoy había lastimado a su mayor, a ese Senpai que le debía demasiado, a esa persona que cuando él se encontraba sufriendo fue quién le ayudo.
Y al final el vino lastimándolo tanto, que su lado malvado no pudo evitar sentirse lleno de alegría, de satisfacción por haber dejado tan débil a un ser humano.
Y ahora, ¿Qué se encontraba haciendo? ¿Por qué se arrepentía si hace poco no podía estar más feliz?
Él mismo ni siquiera lo sabía, solo…solo pasó, por así ponerlo. De un momento, sentía pena y odio por aquella persona que no pudo ni terminar ese partido, que había arruinado por completo su diversión; y ahora estaba triste, sintiéndose culpable por haberlo dejado en tan lamentable estado. Estaba perdiendo la cabeza, y pronto, iba a perder más que eso. Sabía que no era una amenaza mental, ya que estaba más que seguro de ello. Era casi como un presentimiento. Y estos no siempre llegaban a él.
-Maldita sea…- musitó por la bajo, dejando caer su cabeza sobre la mesa de su pupitre.
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-¿S-senpai…podría escucharme?
Ante su cuestionamiento, no pudo evitar el hecho de asombrarse. Era, en parte, increíble. Sakuno le estaba pidiendo algo. Esa chica que nunca pidió nada porque creía que iba a ser una molestia, le estaba pidiendo algo. Ahora podía sonreír, pero él aun sabiendo, iba a ser otra falsa.
-¿E-es difícil, darou?- preguntó primero, soltando una leve e hiriente carcajada. Sólo duró menos de cinco segundos y volvió a callar. –El sonreír…de aquella forma…
-No.- fue todo lo que le dijo, no expresando nada.
Ahora, al parecer, salió una plática de sonrisas, expresiones, gestos y sentimientos. Este tema es una que se trata con un psicólogo, no con alguien normal. Bien, mentiría si el mismo se llamará normal, ya que, después de todo, sabía lo que sentía.
-¿…?
-No es difícil, en lo absoluto.
-¿Huh?- con lentitud se dio la vuelta, encarando al mayor que seguía sentado frente a ella. Cuando giró por completo y miro el rostro de Fuji, no pudo evitar el arrepentirse. Esa mirada…esos ojos que tanto odiaba…él le estaba mirando de aquella forma. Con pena, con lamento; esos ojos que le hacían sentir como un perro abandonado que siempre ocupaba ser cuidado o amado por alguien sino moriría en la soledad. Ella no era así, ya no deseaba que le miraran de la misma manera. Pero, él lo estaba haciendo. ¿Tan patética era?
-Cualquiera sonríe,- comenzó, clavando sus ojos zafiro sobre esos sin sentimiento. –y por ello, no es difícil, pero eso, es otro tema…algo que no tiene en nada que ver con gente como nosotros.
Siguió escuchando paciente, apretando con un tanto de fuerza sus prendas, tratando de controlar su sentir del llorar.
-En nuestro caso, es doloroso.- se detuvo en el momento que dijo eso y se enfocó nuevamente en los ojos de la menor. Mostró algo de asombro. Al parecer, ella nunca lo pensó de aquella forma y creía siempre otra cosa, y eso fue lo que le causó más tristeza. -¿Cuándo comenzaste a sonreír de tal forma, nunca lo sentiste?
-¿Q-qué?
-Aquel estrujón, el dolor de tener que mostrar falsedad a esas personas a las que tanto quieres…- ahora, era él. Al parecer, ahora era su turno de mostrarse de aquella forma tan impotente frente a esa chica. Este…esa personalidad que se encontraba mostrando, era su verdadero "yo".
-Y-yo…- apretó más sus nudillos sobre su verde falda, dejando con lentitud que las lágrimas se derramarán por sus ojos. –Y-yo no sentí nada…
Embozando una corta sonrisa de lado, le respondió ante ese comentario. –Eres fuerte, Sakuno-chan.
Ante aquel comentario, no pudo evitar levantar la mirada. Su expresión mostrando más que sorpresa.
-E-es mentira… ¿verdad?
Sabía a lo que se refería, y por primera vez ahora él se podía cuestionar si acaso esta niña le conocía en algo.
-No miento,- fue claro. –no hay razón para mentirte, estoy siendo honesto. Eres fuerte, mucho más que yo.- se volvió a repetir y miró a Sakuno con una mirada que hizo resaltar la honestidad en sus palabras.
¿Fuerte? ¿Qué podría significar aquella palabra de dos sílabas?
Una cosa, podía ser fuerte de poder. Que ella era poderosa. Eso era completamente tonto, y por ello descartó esa posibilidad en su significado.
Otra, era fuerte de…fuerte de…no estaba segura, pero esa simple palabra en sí no le caracterizaba en lo absoluto. Ella era débil, llorona, dependiente de los demás, callada, tímida, miedosa, una molestia; ella era simplemente lo peor y por ello no le importaba a nadie.
No era nadie más que un ser que jamás debió de haber puesto un solo pie sobre este lugar que hacían llamar tierra…
-G-gracias…s-senpai…- le agradeció. Ese comentario también fue honesto. Y en realidad, si estaba agradecida. ¿Desde hace cuanto no escuchaba que le dieran un cumplido? No era uno que le hiciera feliz, pero le habían dado uno.
-No hay de qué, Sakuno-chan.
Sabía que eso lo dijo porque estaba agradecida de que le dijera palabras lindas, pero su voz mostraba desconfianza y al instante la notó. ¿Por qué no se puede dar cuenta, que es más fuerte de que ella cree? Es aceptable, el no creerlo a la primera, pero él se lo repitió, con tanto honestidad que eran pocas las veces que decía algo de aquella forma.
-Ahora, es mí turno.
-H-hai.
-¿Por qué no nos dijiste nada? ¿Acaso te ibas a ir, sin siquiera decir un simple adiós?- dijo, y sin siquiera notarlo, estaba enojado.
-H-hai…
-Ya veo…
Ahora era él quién se sentía triste ante la situación.
-Sakuno-chan, ¿por quienes nos tomas?
-…
-¿Crees que por qué no somos amigos cercanos, no nos sentiríamos mal por tu partir? ¿Qué no nos sentiríamos mal?
-T-tezuka-senpai me comentó que, c-cuando fueron a por mí en R-rikkai Dai, sólo lo hicieron por obligación, q-qué O-obaa-chan se los había encargado.
Interesante. Muy interesante. ¿Así que Tezuka le había mentido? Ahora podía enojarse con su capitán. Él mismo había dicho que él era el único hermano mayor de la chica, ¿y acaso esas palabras podrían ser dichas por un hermano que juró proteger a la menor? Lo dudaba.
-¿Y qué te hizo creer eso? ¿Qué todo o hacemos por ordenes y no por voluntad?
-H-hai…
-Has cambiado demasiado, Sakuno-chan…
Y allí estaban las palabras de desilusión…
Ahora se daba cuenta de que era más patética de lo que siempre creyó. Confió, y ahora todo se fue al vacio. Fue como con Akaya, que le dio toda su confianza, traicionó a la mayoría de la gente que se preocupaba por ella y al final obtuvo una desilusionante traición; y ahora pasada los mismo con Fuji, a quién le mostro la mayor parte de sus verdades y al final este le viene respondiendo en desilusión.
Todo en ella era una desilusión.
-Nos has subestimado…nadie de nosotros somos tal y cómo tú piensas…
-…
-Tenemos sentimientos, no somos como un animal, que sólo se dedica a hacer lo que su amo les pide; somos humanos, y nosotros nos guiamos de nuestros sentimientos, hacemos lo que nuestro corazón nos indica.
-L-lo siento, senpai…n-no entiendo…
-Tezuka te mintió, eso es lo que quiero decir.
Y, a pesar de que no lo tuviera previsto, no lo pudo evitar…pero cuando pasó, simplemente ya no se pudo controlar.
Dejó caer su cuerpo, y este fue agarrado con suavidad por Fuji, quién la abrazó y apego el rostro de la chica contra su pecho. Los sollozos comenzaron a escucharse. Frotó con delicadeza la espalda de la chica, y la insitó a seguir con su llanto.
-Ambos lo hicimos porque apreciamos a Sakuno-chan, lo hicimos porque somos tus hermanos.
-P-perdón…p-perdón…
-Se del porqué Kirihara te dijo todo aquello, y créeme…todo lo que te dijo no es verdad.
Al escuchar sus palabras trató de detener las lágrimas para poder escucharle con un tanto más de claridad y preguntar del cómo sabía todo aquello, del cómo se enteró; pero no podía hablar, su boca ya se había rendido y las palabras iban a dejar de salir.
-Tezuka me lo confesó, todo aquello que Ryuzaki-sensei le había dicho a Kirihara.- abrazó con un poco más e fuerza a la chica, casi de forma protectora. En realidad, esa fue su intención. Decía protegerla, protegerla de todo, y sobre todo de las palabras que aun le faltaban por decir. –Y esto más que seguro, que Kirihara lo dijo para protegerte.
Solo se podía cuestionar del que, proteger que cosa.
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No lo soportó, y por ello se había marchado. No era un cobarde que huye de una batalla, pero era el colmo. Simplemente eso. Estaba enojado, y eso casi nunca pasaba. Su furia no era contra Akaya, sino contra los del Seigaku, sobre todo con esa anciana que hacían llamar entrenadora. ¡¿Cómo se atrevía?! Por primera vez, podía concordar a la perfección con Niou. Seigaku no era nada más que un castillo lleno de demonios y brujas, seres que sólo vivían para herir a la joven princesa. Pero, solo podía hacer una excepción con el joven castaño, ese que por momento realizaba el papel de protector.
Bueno, también, ese chico había quitado un poco su carga. La única razón por la que había ido a Seigaku era para encontrar a la joven dama y explicarle todo, absolutamente todo. Pero, Fuji ya había hecho parte, él solo…bien, ya no sabía qué más podía hacer. Estaba confundido, sin idea alguna de cual podría ser su siguiente acto. Recibir la noticia de que ella iba a partir le afectaba, ya que, no siempre encontraba a ese quién poder amar, pero esto ya no era tema que a su persona le conciérnase, esto ya era entre Akaya y Sakuno.
Cuanto deseaba ver la expresión en la cara de su pequeño y querido Kohai, cuando le hiciera llegar tal noticia.
No sé si lo habrán hecho notar otra vez, pero no es el título que creían que iba a ser. Eso solo traé buenas noticias, y malas a la vez.
Notas de autor: desearía disculparme por la larga tardanza, ya que, al principio se me olvido que debía de continuarlo, luego no supe como escribir, después la memory se me perdió y tuve que volverlo a hacer todo, y al final no quería continuar. Pero aquí ya estuvo el nuevo, y creo que estubo más o menos. Demasiadas reflexiones...creo...
Notas del Fic: el episodio no fue el que creían, y por ello me disculpo. Pero creanme, eso es bueno. Esto significa que ha sido alargado. El siguiente no será el final, sino que habrá más ^^. Ahora, ya no les dire como se llamaría el doceavo episodio ya que al final este no podía tener dicho titulo. Bien, no creo que haya mucho que decir en estos días...más que... !FELICES VACACIONES DE SEMANA SANTA!! Ya era hora de que la tonta escuela diera fina, pero que asco, son solo dos semanas ¬¬.
Bueno, Minna Matta Raishuu~
