Quinto curso de Hogwarts.

—¡Por fin! — exhaló Denise con cansancio cuando McGonagall anunció el final de la clase. Bostezando, se estiró, alzando sus manos— Estoy tan cansada… que estoy pensando el bajar a cenar. Necesito urgentemente mi cama.

—Si durmieras la cantidad necesaria no te pasaría esto…— le reprochó Lily, levantándose mientras guardaba las cosas.

—La culpa es de Daniels. ¡Nos está sobreexplotando!— frunció el ceño la rubia.

—Tampoco es para tanto— dudó, soltando unas risillas su amiga.

—¡Que sí, que es verdad!— afirmó levantándose también para recoger sus cosas— Ayer nos tuvo cuatro horas (¡cuatro horas!) entrenando para el próximo partido contra Slytherin—suspiró— Menos mal que este es su último año.

—Es verdad, Daniels está en séptimo— recordó Lily, mientras a su mente llegaba la imagen del pelirrojo y fornido capitán del equipo y cazador— ¿Quién será, entonces, el nuevo capitán del equipo?

Denise la miró y por la sonrisa que apareció en sus labios, Lily supo la respuesta.

—¡Chicas! — las llamó Charlotte, acercándose a ellas— ¿Qué pasa, Lily? — preguntó cuándo vio la mueca en sus fracciones. Denise, de fondo, rió.

—Nada— suspiró.

Charlotte elevó una de las cejas, extrañada.

—Bueno, ¡vámonos de aquí! No puedo aguantar ni un minuto más en un aula— les ordenó la rubia, pasando sus brazos por los hombros de estas, a pesar de ser unos centímetros más bajita.

—Estamos a martes, Denise— le recordó la castaña riendo por lo bajo. Ella también había estado escuchando a lo largo de todo el día las continuas quejas de la rubia.

—Calla— gruñó— ¡Ya estamos mencionando las cosas malas!

Las dos chicas soltaron una carcajada por el refunfuño de su compañera. Salieron del aula al pasillo colmado de estudiantes que como ellas, terminaban por fin sus clases del día.

—Oye, ¿dónde está tu novio? — preguntó Charlie, intentando mejorar el humor de la rubia. La pregunta surgió efecto, pues, en el momento en el que escuchó la palabra novio una sonrisa se plantó en la cara de la chica. Algo dentro de Lily se revolvió.

—Hoy tenía dos horas de Cuidado de las criaturas mágicas, así que lo más seguro es que esté allí, todavía. Es un friki de los animales.

La castaña asintió, confirmándolo.

—No hay nadie mejor que Brandon Lowan para los animales— se giró hacia Denise— ¿Crees que si le pido ayuda con la redacción que tenemos que hacer sobre las sirenas podría ayudarme?

—¡Qué va! — respondió esta— Seguro que no. Le caes mal, ¿sabes?

La boca de Charlotte se abrió formando una pequeña "o". Denise, en cambio, al verla, estalló a carcajadas.

—¿De verdad te lo has creído? — pudo preguntar entre risas— ¡Por Merlín, Charlie, claro que si!

Charlotte un poco enfadada y avergonzada, le dio un codazo en las costillas, un poquito más fuerte de lo que pretendía y la rubia tuvo que parar, encogiéndose.

—¡Oye! — se quejó, fulminándola con la mirada aunque, eso sí, la sonrisa no se iba de sus labios.

—Eso te pasa por la bromita— respondió la castaña y encogiéndose de hombros, cogió del brazo a Lily y la hizo continuar su camino. Escuchó a Denise reírse de nuevo a sus espaldas—¿Qué te pasa, Lils? — inquirió después de estar unos segundos viéndola fijamente sabiendo que ella estaba perdida en otro mundo. Desde que había llegado a donde estaban la había notado más callada de lo normal.

La pelirroja parpadeó y, sacudiendo la cabeza, miró a su amiga. Una sonrisa surcó sus labios.

—Nada, Charlie. Son cosas mías, no te preocupes— le quitó hierro al asunto con un encogimiento de hombros. Ella no se lo creyó.

—¿De verdad?

Lily rodó los ojos. Había veces en las que podía ser muy sobreprotectora.

—Sí, mamá— se burló— Hago todos mis deberes y me pongo el abrigo cuando salgo fuera.

—Ja, ja— rio sarcásticamente aunque con una curvatura de labio— Pues que no me entere yo, hija mía, que tus notas han bajado, ¿eh? Mínimo Extraordinario este año.

—Claro— asintió y, a pesar de que la conversación era broma, Charlotte supo que su última frase la había escuchado en serio. Sonrió para ella. Lily siempre tan… perfecta. Bueno, y prefecta, teniendo en cuenta de que ella había sido elegida junto con Remus Lupin. Según le había contado Denise, pues la carta de Hogwarts había llegado cuando ellos habían estado en la casa de la playa de los señores Potter, Lily había saltado de alegría y emoción.

Entre otras charlas más casuales y algún que otro cotilleo, Charlie y Lily llegaron a la Sala Común de Gryffindor. Denise había desaparecido después de esa broma pero ninguna de las dos chicas se inquietaron pues podían intuir que un Ravenclaw podía ser el causante. Llegaron a la habitación y después de dejar sus cosas, bajaron las escaleras. Había algunas personas, pero la sala estaba prácticamente vacía pues la mayoría estaba en el Gran Comedor, degustando la cena.

—Vamos, vamos— exclamó la castaña cogiendo a su amiga del brazo y tirando de ella hacia el espacio del retrato— ¡Me suenan las tripas!

—Sí, ya vamos— rio ante la impaciencia de la chica.

Se dirigieron hacia la salida y en ese momento, el retrato se abrió, segundo antes de que ellas llegaran, anunciando que alguien iba a entrar.

La sonrisa de Lily se congeló en su rostro.

—Hey, chicas, ¿qué tal? — preguntó la persona que había entrado con una sonrisa blanca. Sacudió la cabeza y las hebras de su flequillo dorado danzaron de una manera que a Lily le pareció hipnótica.

—Hola, Axel— saludó Charlie.

La pelirroja no pudo evitar, sintiendo el cosquilleo en su estómago, fijarse en las arruguitas que se formaba a los laterales de sus ojos cuando sonreía ampliamente. Ni tampoco pasó por alto su cuello brillante por el sudor, señal de que había estado entrenando un rato antes de ir a cenar. Su corazón se aceleró y el absurdo deseo de haber estado viéndolo la sobresaltó.

—B-buenas n-noches— habló Lily y no le gustó nada el tono tímido que salió de ella. ¡Por Merlín, tenía que espabilarse!

Pero no pudo ser. Es más, Lily sintió como cayó más profundo cuando los ojos grises de Axel la miraron por unos segundos. Algo en ella se estremeció. Maldición, eso no estaba bien. Debía marcharse de ahí. Las alarmas de su cuerpo sonaron y le pareció terriblemente familiar… era como cuando estaba con Potter. ¿Por qué demonios le pasaba lo mismo que con Potter? ¡Era Sanders, por Merlín!

Rápidamente apartó la mirada.

—Venga, Charlie, vámonos— y sin dejar decir nada más, la pelirroja agarró de la mano a su amiga y se fueron de allí como alma que lleva el diablo.

Apenas giraron la esquina del pasillo, Charlotte se paró, sorprendida, tirando consigo a la nerviosa Lily.

—Eh, Lils, ¿qué ha pasado? ¿Por qué has hecho eso? Hemos dejado allí al pobre…— empezó a preguntar la chica extrañada por su comportamiento, pero, entonces se calló. Primero porque veía que su amiga no la estaba escuchando y segundo porque, a lo lejos, podía escuchar voces y no eran de una conversación amena.

—¡Dejadme, serpientes! — gritó alguien.

Lily y Charlie se miraron, alarmadas, y sin decir nada, rápidamente se dirigieron hacia donde provenía la voz: el próximo pasillo.

Cuando giraron la esquina, inmediatamente sus ojos captaron lo que estaba pasando. Había cuatro personas. Tres contra una. Un joven de unos 13 años estaba parado desafiante, mirando fijamente a los otros tres, aunque Lily creyó ver como sus manos temblaban. Por otro lado, con sonrisas socarronas y posturas amenazantes había tres chicos de su mismo curso. Y la pelirroja los reconoció al instante. Sanpe, Malfoy y Dolow. Lily sintió un dolor en su pecho al ver a su amigo ahí.

No, por favor, tú no.

—¡Eh! — exclamó, llamando la atención de los chicos, los cuales rápidamente la miraron. Los mayores con rabia (Malfoy y Dolow) y sorpresa (Snape) mientras que el pequeño soltaba un suspiro de alivio—¿Qué estáis haciendo?

—No hacemos nada, Evans— contestó Malfoy cruzando los brazos en una postura chulesca— Solo le decíamos al chaval que tuviera cuidado al caminar. Se ha tropezado conmigo y sabes que no me llevo bien con la suciedad.

La ira cruzó el rostro de la pelirroja y no se dio cuenta de lo que iba a hacer hasta que notó como Charlie la agarraba del brazo para que no sacara su varita. Cogió aire profundamente. Malfoy siempre conseguía sacarla de sus casillas solamente con una frase. Era peor que con Potter y eso ya era decir mucho.

Intentó ignorar la profundamente mirada que su amigo Severus le estaba lanzando que no podía descifrar y se centró en los otros dos.

—Si no queréis que os castigue, marchaos— ordenó entre diente. Un poco más dulce, miró al muchacho y le hizo un movimiento de cabeza para que se marchara— Ve al Comedor, anda. No te preocupes.

—Sí— murmuró y la sonrisa de agradecimiento que le mostró antes de darse la vuelta y marcharse de ahí le llegó al corazón. Por cosas como esas sabía que merecía la pena empezar una pelea (o continuarla, depende de cómo se mire) con las serpientes.

—¿Y demonios eres tú para mandarnos?— cuestionó Dolow, riendo. Los dientes de la pelirroja rechinaron. Odiaba a esos muchachos, siempre metiéndose con los más pequeños, sobre todo con los jóvenes leones hijos de muggles. Ellos habían sido su principal malestar en el instituto, pues, como sus padres no eran gente mágica, la despreciaban y se metían con ella.

—Pues resulta, chicos, que no sé si todavía os habéis enterado pero soy prefecta— inconscientemente hinchó su pecho, orgullosa. Ella se lo había ganado, por ser de los mejores, por no decir la mejor— Así que si no queréis problemas, será mejor que os vayáis.

Malfoy y Dolow se miraron y sincronizados, estallaron en carcajadas, como si les hubieran contado el mejor de los chistes. Snape, junto a ellos, había impuesto en su rostro una máscara de frialdad e indiferencia, como si la que estuviera delante de ellos no fuera su Lily. La pelirroja no quería mirarlo, pues si lo hacía, no estaba segura cual sería las consecuencias del acto. Estaba acostumbrada que las serpientes incordiaran (a veces en excesivo) pero... él... jamás lo había visto de esa manera. Nunca había estado entre los implicados y es por eso que ella había creído que Snape no era de esos. Es verdad que se juntaba con ellos, pues eran sus amigos... pero... eso...

—¿Has oído, Dolow? Al parecer esta idiota tiene agallas— se burló mirándola con desprecio, como si el simple gesto de dirigirse a ellos o mirarlos ya fuera algo malo.

—¡Aquí eres tú el imbécil y gilipoll...! — exclamó Charlie, sintiendo como la rabia crecía en su interior. Pero las palabras murieron en su garganta cuando sintió como Lily, al igual que la castaña había hecho antes, la agarraba. Trago saliva y sintió como la rabia y las malas palabras se instalaban en su estómago.

—Charlie, no hay caso— espetó la pelirroja con la voz fieramente afilada— No se puede razonar con los simios.

Las fracciones de Malfoy y Dolow se crisparon y de un movimiento ambos sacaron sus varitas.

—Cállate, estúpida sangresucia... o lo lamentarás.

—Marchaos vosotros o lo lamentaréis— respondió, en cambio, la pelirroja sacando su varita junto con Charlotte, ambas en guardia. Utilizó todo su autocontrol para que el dolor que la atravesó al escuchar ese apelativo no se mostrara en su rostro.

Un tenso silencio los rodeó, aplastándolos. Lily miraba fijamente a Malfoy y Dolow, mientras que Charlotte alternaba entre esos dos y Snape que estaba más atrás, peligrosamente callado. Charlie nunca se había fiado de ese joven y, podían llamarla como quisieran, el principal motivo era porque estaba en la casa de las serpientes. De las tres jóvenes, ella siempre era la peor respecto a ellos, llena de prejuicios. Muchas veces despotricado contra Snape y contra esa inusual amistad entre una serpiente y un león, pero siempre era callada por las defensas de la pelirroja. Y es que, en realidad, él no había hecho nada malo... hasta ahora. Ella sabía que en el fondo había tenido razón. Snape era tan malo como los otros... ¿Por qué Lily no podía verlo?

—Vaya, vaya, vaya, ¿qué es lo que tenemos aquí? — escucharon, entonces, una voz a la espalda de las chicas. Lily no se giró, primero porque no quería apartar la mirada de ellos y segundo porque sabía perfectamente quién era. En ese momento, una pequeña parte de ella se dijo que podría llegar a reconocerla en cualquier parte.

Los ojos de los tres slytherins se movieron, sin cambiar sus posturas, y se enfocaron en un lugar tras ellas, encontrándose con cuatro muchachos, cuatro jóvenes inconfundibles. Maldijeron en su interior. Las bandas estaban cambiando. Ahora eran tres contra seis. Eran probabilidades terriblemente peligrosas para ellos.

Los cuatro jóvenes de Gryffindor siguieron caminando hacia delante, tres de ellos con aire casual y el último con el cuerpo tenso y terminaron colocándose delante de las chicas, entre ellas y las serpientes. La pelirroja bajó la mano que sostenía la varita cuando vio como el cuerpo de James Potter se posicionaba delante de ella. Una extraña sensación se instaló en ella. Clavó sus ojos verdes en la nuca de él y se mordió el labio.

Potter. James Potter defendiéndola.

Otra vez.

A se mente llegó ese momento en su casa, la última noche de su primer verano allí, con los truenos retumbando en el cielo, Sirius burlándose de ella y él... defendiéndola, por primera vez. Recordó la extrañeza, el asombro que sintió aquella vez. Y en ese momento se sintió igual. ¿Qué hacía James Potter? ¿No la odiaba? Desde que tuvieron esa charla en el porche de la casa de la playa y él se marchó porque ella se lo pidió o, mejor dicho, le exigió, la actitud del joven respecto a ella, volvió a cambiar. Ahora apenas le hablaba, no le sonreía, la ignoraba... y no le pedía salir. Estaba haciendo justo lo que ella le pidió.

Y ella lo odió mucho más de lo que ya lo hacía por eso.

Porque aun así, él no salía de su mente. Porque no podía ignorarlo cada vez que estaban en una misma habitación y sus ojos se escapaban hacia él. Porque más de una vez unas ganas irrefrenables se habían apoderado de ella, unas ganas... de hablar con él. De que él le preguntara que si quería salir simplemente por el hecho de escuchar su no. Aquello que antes había sido una horrible molestia, ahora Lily lo echaba muchísimo de menos.

Pero ella jamás se lo diría.

Antes muerta.

—Las serpientes han salido de su madriguera— habló Black sonriente, posicionado junto a su amigo— ¿Qué tal, chicos? ¿Cómo es ver el sol?

—Sí— secundó Potter— Sabéis que eso, ¿no? Esa bola caliente que no puede tocar.

—Ya han venido los héroes de Hogwarts— dijo Malfoy, obviando las anteriores burlas, mirándolos como si fueran simples cucarachas que había que matar. Todo el mundo sabía que ellos también odiaban a los que no seguían sus opiniones o ideales, y estos chicos eran de esas personas.

Sirius amplió su sonrisa, disfrutando del tono de irritación de Malfoy y Remus echó un vistazo rápido hacia atrás para ver cómo estaban las chicas, encontrándose con Charlie que sonreía entre feliz y disgustada pues se había quedado con las ganas y con Lily que miraba fijamente a James con un extraño brillo en sus ojos. Por otro lado, Peter tragó saliva, inquieto. No le gustaba nada esa situación. Y finalmente, James que tenía sus pupilas firmemente clavada en Snape, atravesándolo con ella. Maldito Snape.

—Aquí estamos para servir— respondió Black e hizo una ligera inclinación de cabeza, sarcástico— Así que, como tal, creo que entonces es nuestro trabajo deciros que los larguéis ahora mismo y dejéis de molestar a estas damas.

—¿Damas? — preguntó Dolow, divertido—¿A qué te refieres? Porque yo aquí no encuentro ninguna.

—¿Seguimos con los problemas con la vista, Fabian? — preguntó Remus, condescendiente, alzando una ceja— Te dijimos ayer que fueras al médico que eso no es bueno.

Dolow fulminó con la mirada al joven Lupin.

—Cállate, pobretón— masculló, molesto— Al menos mi túnica no es comprada en una tienda de segunda mano... Espera... ¿no es esa la que tiré hacia un año? — se burló, ganándose la risa de Malfoy que acompañó la suya.

Sirius se envaró y James, en ese momento, despertó de su retardo. Mascullando por lo bajos, esbozó la sonrisa característica de James Potter y se pasó una mano por el pelo.

—¿Escucháis eso, amigos? — inquirió— ¿Me parece a mi o suena como si chillaran cerdos?

Las risas cesaron abruptamente y eso hizo que los que se carcajearan fueran James, Sirius, Peter y Remus, este último después de haberle lanzado una mirada a James.

—Hay que ver— exclamó Black lamentándose— ¡qué pocos modales frente a las señoritas! Ya entiendo porque nadie os quiere.

—No sé puede considerar dama a una traidora— espetó Malfoy. Sus ojos azules chispeantes se movieron para quedar fijos en Lily e hizo una mueca— y mucho menos a una sangresucia.

Apenas pasaron unos segundos cuando se vio como James se tiraba hacia el rubio, como el puño en alto. Un fogonazo recorrió la mandíbula de la serpiente justo en el momento que sintió el impacto del puño del moreno.

—¡Qué no te escuche volver a decir eso, imbécil! — exclamó el joven Potter sacudiendo su cuerpo pues sus amigos lo habían agarrado para que no le volviera a dar. Sentía la rabia corriendo por sus venas. En ese momento deseaba darle una buena paliza por haber insultado a Lily.

—Tranquilo, Cornamenta— intentó calmarlo Sirius.

—¡Maldito! ¡Te vas a enterar!— bramó Malfoy llevándose una mano al mentón, lugar donde había sido el golpe. Alzó su varita, lista para lanzar un hechizo, pero esta fue parada a medio camino por Dolow. Ladeó el rostro para mirarlo con rabia y se encontró con que negaba con la cabeza. Entendió el mensaje "Maldita sea, llevamos las de perder" Pero aun así… el imbécil de Potter le había puesto una mano encima…

—¡Venga, vamos! — dijo en respuesta James encarándolo— ¡Si tan valiente de crees lucha conmigo, maldita serpiente!

Malfoy apretó los dientes firmemente, no sabiendo qué hacer. Su instinto le decía que se tirara hacia ese idiota y le diera hasta dejarlo inconsciente, pero su cabeza le decía que se retirara pues no podía terminar las cosas bien de esa manera. James, por otro lado, deseaba febrilmente que sus amigos lo soltaran. Siempre había deseado darle una buena paliza a esa serpiente, pero, en realidad, nunca había tenido una buena excusa. Y ahora… Merlín, ahora había insultado a su Lily y eso no podía dejarlo pasar.

—¡Potter!

De pronto, en medio de los gritos y exclamaciones de parte de James, este escuchó una voz que sobresalía a las demás. Dejó de moverse e inconscientemente giró el rostro para ver como Lily se dirigía hacia él con paso decidido y se paraba a su lado. Los ojos verdes de la pelirroja se clavaron en los suyos y un estremecimiento recorrió al chico cuando leyó en ellos agradecimiento y determinación. Y se sorprendió aún más cuando la chica le mostró una hermosa sonrisa. Después, se enfrentó a los tres chicos con el rostro serio.

—Os doy cinco segundos para que os marchéis— espetó con el tono afilado.

—¿Qué? — preguntaron incrédulos Malfoy y Dolow.

—Lo que habéis escuchado. Si no os marcháis en ese tiempo quitaré cincuenta puntos a vuestra casa.

Las dos serpientes se rieron.

—Tú no puedes quitarnos puntos, sangr…

—Nosotros no— se adelantó a decir Remus, mirándolos ceñudos— Pero la Premio Anual Alice sí puede y seguro que estará de acuerdo.

La furia brilló en los ojos en los chicos.

—Uno— empezó a contar la prefecta aparentando indiferencia.

—Malditos…

—Dos.

—Esta nos lo pagaréis.

—Tres.

Malfoy y Dolow gruñeron.

—Cuatro.

—Vámonos, Snape— comentó Malfoy, alzando la barbilla con orgullo— No es muy agradable estar todo el tiempo con los traidores y sangresucias— arrugó su nariz despectivamente.

Y después de una mirada venenosa, se dio la vuelta y se marchó junto con Dolow. Snape, en cambio, haciendo caso omiso a sus palabras y como había estado todo ese tiempo, se quedó en el sitio, observando en silencio a la pelirroja, tenso.

—Y cinco— finalmente murmuró observándolos marchar.

—Creo que la amenaza también iba para ti, Snape— masculló, enfadada Charlotte, expresando en voz alta lo que pensaba los que se encontraban allí. Lily sintió un retortijón en el estómago y cogió aire profundamente antes de girarse hacia su amigo— Así que márchate.

Por primera vez desde que la pelirroja había aparecido por ese pasillo, Snape apartó sus ojos de ella para clavarlos en la castaña, fulminándola con la mirada.

—No eres nadie para mandarme, O'Donnell.

—¿Sabes? Yo puedo ser más convincente. ¿Quieres probarlo, Quejicus? —gruñó James levantando uno de sus puños como señal.

—Potter— dijo Lily en tono calmado, acercándose al chico y agarrándole el brazo que Sirius había dejado libre al ver el movimiento de la chica— Déjalo. Ya se iba— habló con intención, mirándolo duramente.

Los hermosos ojos verdes de la chica puestos en él hicieron que un estremecimiento le recorriera de los pies a la cabeza. ¿Por qué tenía que ser ella? ¿Por qué tenía que ser una hija de muggle? ¿Por qué tenía que ser él… su enemigo?

"Maldito Potter, borra esa estúpida mirada de felicidad. ¡Lily es mía!" chilló su mente aunque su rostro estuviera impasible, sin mostrar ninguno de los sentimientos que acampaban libres por su cuerpo como la envidia y la agonía "¿Cómo podía estar defendiéndolo a… él? ¡Es conmigo con quien estabas de pequeña! ¡YO soy tu mejor amigo! ¡Lo odias, ¿recuerdas?! ¡Me decías por activa y por pasiva que jamás estarías con el imbécil de Potter! ¿Por qué ahora me miras de esa manera? ¿Por qué me miras como si no fuera el Severus que tú conoces?

Pero en el fondo sabía la respuesta. Sabía lo que estaba pasando por la mente de ella. Él, Severus, jamás había estado junto con lo sangre pura… Y ahora…

Sin embargo, no tenía otro remedio…

—Vaya, vaya— exclamó con la ironía marcando cada una de sus palabras, intentando esconder todo el dolor que estaba sintiendo— ¿Qué tenemos aquí? ¿La nueva parejita del año? — sacudió la cabeza— No me esperaba esto de ti, Lily. Creía que eras más lista que esto— y la mirada de decepción que le echó, hizo el corazón de la pelirroja saltara.

—Cállate, maldito— espetó James.

Severus soltó una carcajada seca.

—Y de nuevo haciéndote el héroe, Potter. ¿No crees que deberías dejar ya el cuentecito? Todo el mundo sabe que solamente piensas en ti y en tus estúpidos amigos. No me hagas creer que te importa Lily—enfatizó, de nuevo, su nombre. Sabía lo mucho que le molestaba al león que él pudiera llamarla por su nombre mientras que cuando Potter lo hacía ella se mosqueaba.

—¡Qué sabrás tú lo que me importa a mi! — exclamó Potter empezando a perder los nervios. Creía que era un talento innato en Severus: llevarlo hasta su máxima paciencia, sobre todo si correspondía a algo que tenía que ver con la pelirroja.

—Mira, Quejicus, será mejor que vayas cerrando ya esa boca— amenazó Sirius con el semblante serio. Una cosa era que se metiera él con su amor por la pelirroja gruñona y otra completamente diferente es que lo hiciera esa serpiente. Nadie se metía con su amigo (casi hermano).

Remus alternó la mirada entre cada componente, observando bien para poder intervenir ante cualquier movimiento malo mientras Peter sacaba pecho, intentando intimidar a la serpiente.

—¿No lo ves, Lily? — preguntó Severus esbozando una tenue sonrisa— Abre ya los ojos, Lils. Ellos no son como aparentan. Y tú lo sabes, pero por alguna extraña razón no lo quieres admitir— clavó sus ojos en los ella— Aléjate de ellos, ven conmigo.

La pelirroja sintió como todos los vellos del cuerpo se le ponían de punta. Había algo en la mirada de Sev, en sus palabras, en su tono… que la hacía sentir como si hubiera algo más profundo en sus palabras. Como si escondiera una verdad y no quisiera que nadie lo supiera, solamente ella.

¿Quién era ese chico y qué habían hecho con su amigo?

—Lo siento, Sev— dijo sintiendo un nudo en la garganta— Pero tú… ahora tú…— negó con la cabeza—… no eres tú— susurró lo último.

Los ojos del joven de Slytherin se oscurecieron. ¿Cuándo… había rechazado antes su compañía a pesar de los rumores? ¡Nunca! ¡Siempre habían sido amigos! ¡Todo esto era por culpa de Potter!

—No sabes lo que dices— dijo como última baza. Necesitaba recuperar a Lily, a su Lily¸ aquella que odiaba a Potter y se pasaban las tardes poniéndolo verde— Te han lavado el cerebro.

—¿Qué? ¡No! — exclamó la pelirroja dando un paso hacia su amigo. Creyó distinguir como James se echaba también hacia delante— No es nada de eso. Por lo que he visto hoy, tú has elegido tu camino y en ese camino no hay sitio para mí.

—¿Mi camino? — preguntó incrédulo— ¿Qué demonios dices? — ¡mi camino eres tú!, quiso decirle.

—Estabas con Malfoy y Dolow. No dijiste nada cuando acosaban a ese chiquillo— Lily sintió un nudo en su garganta pero no se dejó almendrar— Estás… de su parte.

El cuerpo de Severus se tensó y para horror de la chica (pues una pequeña parte de ella todavía tenía esperanzas), él no dijo nada. Snape sentía un agujero en el pecho, mientras notaba como Lily se alejaba de él poco a poco. Sin quererlo o no, la estaba perdiendo. Y eso dolía muchísimo.

—¿Entonces estás diciendo que los prefieres a ellos?

—¡Sev! — exclamó, dejando entrever un poco la desesperación que en ese momento estaba sintiendo— Olvídate de ellos. Es entre tú y yo.

El rostro del chico se ensombreció y sacudió la cabeza.

—¿Es que no lo entiendes, Lily? Desde hace tiempo dejamos de ser tú y yo— pronunció con rabia— Ahora es un tú, Potter y yo. Jamás volveremos a ser los dos solos.

Y tras esas palabras, Severus Snape se dio la vuelta y se marchó sin mirar atrás. Dejando tras él a una Lily con un profundo dolor en el pecho.


Uh, las cosas no están pintando muy bonitas para la pelirroja. Ya estamos viendo como está empezando la guerra mágica y cuales son sus consecuencias. Por otro lado... ¿qué ha pasado con James?

¡Decidme si os ha gustado!

PD: En el siguiente episodio, conoceremos unos de los momentos más importante de toda su historia. Ocurre en Quinto... James, Lily, Severus... ¿qué pensáis?