Nombre del capítulo: De enamoramientos y chicos perfectos 2.
Advertencias: Disclaimer TMNT versión humana; los personajes no me pertenecen, créditos a Nick. OoC [Fuera de personaje]. AU [Universo Alterno]. Situaciones dramáticas, vergonzosas, cómicas y nada románticas. Nada de lo ocurrido aquí tiene que ver con la serie original; todo es creado sin fines de lucro.
Puntos a tener en cuenta: Narración. —Diálogo. «Pensamientos». –Aclaraciones–.
Total de palabras: 1695.
Notas: Algo que les dejo antes de irme a dormir :'v
Capítulo 10: De enamoramientos y chicos perfectos 2.
—¡Ah, Miwa! —Llamó un apurado Donatello mientras aparecía en la sala a la par que trataba de anudarse la corbata y se alisaba la bata de laboratorio blanca que llevaba encima—. Te dejé unas medicinas sobre la mesa del comedor, tómalas en media hora y te sentirás mejor —notó entonces a la pelinegra que estaba sentada a un lado de su hermanastra—. ¡Oh! Lo siento, no te había visto —se acercó a ella y le extendió la mano, ella lo estrechó—. Soy Donatello Hamato, hermanastro de Miwa. Tú debes ser Shinigami, ¿no es así? —La aludida asintió algo fuera de sí—. ¡Sí! Acerté. Por cierto, ¿es ese tu nombre real? Porque, sabes, Shinigami en realidad se le llama a aquellas personas japonesas que…
—Donnie —interrumpió Miwa de pronto con seriedad, y el chico la miró—. Creo que se te hace tarde, ¿no?
—¡Es cierto! —Afirmó de golpe volviendo a la realidad –pues había empezado a divagar como siempre–. Soltó la mano de Shinigami y haciendo una reverencia elegante—. Debo irme, llego tarde a mi turno de trabajo. ¡Nos vemos más tarde! ¡No tomen drogas!
Y salió corriendo de allí, en el camino agarrando un maletín negro hasta salir por la puerta de enfrente y cerrarla con algo de fuerza.
Las dos muchachas se quedaron calladas en el living, sin decir una sola palabra.
—Eh… ¿Shini? —llamó de repente la castaña, mostrándose algo nerviosa.
Su amiga se dio la vuelta, mientras sus ojos brillaban sospechosamente y sonreía de lado.
—Dime que ese chico es otro de tus hermanastros —fue lo único que pidió la pelinegra, y Miwa asintió no muy segura de la respuesta que debía darle—. ¡Dios! Y yo que creía que las batas de laboratorio eran algo tan horrible, pero a él le queda increíblemente sexy. —Volvió a mirar emocionada hacia la puerta mientras ahogaba un grito chillón.
—Siento que esto se está saliendo de control… —murmuró nerviosa y con un aura oscura.
—Pero aún no me has presentado a tus otros dos hermanastros —declaró Shinigami dándose vuelta a mirarla como siempre, con esa sonrisa socarrona—. ¿Cuántos eran, por cierto? Cuatro, ¿verdad? Aún no he conocido a esos otros dos, pero supongo que con los dos que ya he visto, no me decepcionarán.
La castaña desvió la vista.
«Creo que eso es lo que me preocupa».
—¿Puedo usar tu baño? —preguntó de repente la pelinegra.
Miwa se tragó la pastilla que le había ordenado Donatello, y asintió rápidamente.
—Sí, ya sabes dónde está. —Afirmó con tranquilidad mientras dejaba el vaso que había usado en el lavabo.
Enseguida Shinigami se levantó de su lugar y salió de ahí, pero al cabo de unos segundos, volvió con el rostro inexpresivo y un aura extrañamente oscura.
—¿Mm? ¿Qué sucede? —preguntó curiosa la ojimiel al ver tan extrañamente cambiaba a su amiga.
—E-es que tu baño… está tan limpio que… parece que hay espejos por todos lados. —Comentó nerviosamente y quizás hasta algo asustada.
—A-ah… —fue lo único que Miwa pudo decir—. S-sí, Leo lo limpió.
—S-siento que si hago algo mal, arruinaré una obra maestra. —Comentó ya algo asqueada.
—Yo también pienso eso a veces, pero… n-no importa. No es la gran cosa —declaró tratando de sonar calmada, pero se encontraba realmente nerviosa. De pronto su rostro también se tornó inexpresivo—. Aunque lo ensucies Leo volverá a limpiarlo una y otra vez, siempre dejándolo impecable.
—¿S-sabes? En estos momentos de verdad quiero a llevarme a Leonardo como mi mayordomo a que limpie mi casa.
—No lo harás —aseguró oscuramente, asustando ligeramente a la pelinegra—. No te dejaré hacerlo. No lo necesitas, tú estás bien viviendo sola, yo no.
—O-ok.
De pronto oyeron la puerta principal abrirse y luego voces juveniles, dos, una quejándose y otra bromeando y riendo. Al final, las dos personas llegaron también a la cocina, quedando callados al ver allí a las dos muchachas.
Eran Rafa y Mikey quienes habían llegado recién.
Un silencio algo incómodo se formó, nadie tenía algo en mente para decir.
—¡A-ah! —De pronto el rubio reaccionó, y sonrió algo nervioso—. P-perdón si interrumpimos algo, Miwa. Olvidamos que hoy tenías visita.
De pronto se escuchó un clic y seguido de eso un flash, que descolocó a todo el mundo, menos a Shinigami, puesto que ella había sido la causante al haber agarrado su teléfono para tomarle de la nada una foto al menor de ojos celestes.
—¿Eh? —soltó confundido Mikey al notar que le habían capturado en fotografía.
—Para recuerdo de que alguna vez vi un ángel. —Admitió tranquilamente la pelinegra, volviendo a guardar su celular, y sonreír de lado como siempre.
Entonces Miguel Ángel pudo notarla realmente, y era poco decir que su corazón había latido con fuerza, no, su corazón prácticamente chocó una y otra vez como endemoniado contra sus costillas como si quisiera salirse de su cuerpo y perseguir a la fémina, tal y como había hecho ese corazoncito del corto animado que alguna vez vio por accidente.
Parpadeó un par de veces, y sonriendo coquetamente, se acercó tranquilamente a la pelinegra.
—Hola, mi nombre es Miguel Ángel, pero puedes decirme Mi-key —saludó lo más galante posible y además demasiado cerca para ser normal. La ojiámbar parpadeó un par de veces, y se alejó unos pasitos—. ¿Tú cómo te llamas?
—Dime Shinigami —contestó con tranquilidad y casi denotando cierto hastío—. No estás mal para ser un niño.
—Tú tampoco estás nada mal. —Alegó con tono coqueto.
—Ya valiste, Mikey —enseguida Rafa agarró del suéter a su hermano y lo estiró para que se alejara de la chica, antes de que hiciera alguna estupidez. Caminó hasta la salida de la cocina aún con el rubio quejándose—. Soy Rafael, adiós.
Y se fueron.
Hubo otro corto silencio en la cocina.
—Bueno —comenzó a decir Shinigami mirando hacia su compañera—. Cuánta calidez el de tu hermano Rafael, ¿eh? —bromeó.
—Ni que lo digas —soltó con desdén—. Supongamos que no está de humor.
—Y ese Miguel Ángel —nombró al chico mientras ponía una mano en su mentón y pensaba con una sonrisa malvada, que realmente hizo sospechar a la castaña—. Digamos que está para convertirlo en modelo personal. ¿Me lo prestas?
—… No.
—Ouuu. Malvada.
—¿Qué crees que haces? —Preguntó un molesto Mikey mientras entraba a la habitación y tiraba su mochila algún lado, para luego tirarse a la cama boca arriba. Infló sus mejillas y miró de manera fulminante hacia su hermano pelirrojo—. Acabas de arruinarme una oportunidad.
—¿Para qué? ¿Para ligar con una chica que es como cinco años mayor que tú? —Inquirió igualmente con molestia, y tomando asiento en su cama, negó con la cabeza—. Ah-ah. Ni lo pienses, enano.
—¿Qué hay de ti? Tú también estás enamorado de una chica que es como cinco años mayor que tú. —Atacó con una sonrisa malvada.
Rafa se tensó y miró enojado a su hermanito menor.
—N-no es lo mismo —excusó mientras desviaba la vista al notar la sonrisa insistente de Mikey—. Al menos ella no es amiga de Miwa.
—¿Y eso qué? Yo también tengo derechos, ¿sabes? —se quejó infantilmente haciendo pucheros.
Rafa le tiró una almohada.
—Cállate, y ni pienses en coquetear otra vez con esa Shinigami. No me da buena espina.
—Hmp —se quejó nuevamente el menor, sentándose en su cama y cruzándose de brazos—. ¿Por qué? ¿Por qué me sacó una foto? ¿Qué tiene eso de malo?
—… No querrás saberlo, yo tampoco quiero saberlo, y nadie querrá saberlo. Así que no te quejes y haz lo que te mando, ¿entendido? —ordenó apuntándolo con un dedo.
El menor giró la cabeza con insumisión, enojando más al ojiverde.
—Tú no eres Leo para mandarme, búfalo. —Alegó con rebeldía. Rafael tuvo un tic en la ceja mientras hacía una sonrisa torcida.
—Sabes que te mataré, ¿verdad? —alegó de repente, para luego lanzarse a atacar al rubio.
—¡WAAA! ¡No! ¡Ayuda!
—Sí que no era mentira —aceptó la pelinegra, observando impresionada el adornado jardín de su mejor amiga—. Este lugar está mucho mejor que antes.
—Y todo gracias a Donnie —aclaró Miwa sonriendo orgullosamente y recorriendo con tranquilidad el lugar, y observando los diferentes tipos de flores de vez en cuando—. Seguramente uno de sus doctorados es de biología o algo así, creo.
—Rayos, querida —soltó en un quejido Shini, dejando curiosa a la menor—. Ya quisiera casarme con uno de tus hermanos.
Miwa puso una sonrisa torcida mientras su mirada se oscurecía.
—Ya quisieras que mi padre o yo te dejáramos. —Avisó casi con maldad, que nuevamente le dio escalofríos a la pelinegra.
—¡Ayuda, ayuda, ayuda! —Gritó alguien desde dentro de la casa, llamando la atención de las dos chicas, quienes enseguida entraron a la casa, encontrándose con algo que realmente las dejó paralizadas—. ¡Auxilio! ¡Rafa quiere matarme!
—¡Ven acá, enano! —exigía el pelirrojo mientras perseguía al chico rubio.
Y las dos muchachas no sabían exactamente qué hacer. Lo que veían no les dejaba palabras, y decir que ellos corrían rápido era poco, prácticamente volaban, apenas podían verlos. Mikey saltaba sobre los muebles y quedaba por momentos sobre estos con un equilibrio casi felino, y Rafa se movía rápido y trataba de atraparlo.
Parecían un par de animales increíblemente ágiles persiguiéndose por todos lados de la casa, sin siquiera hacer un solo rasguño o desastre en el lugar.
—¿Q-qué…? —murmuró Miwa, con los ojos en blanco de la impresión.
—¿Acaso tus hermanos son… ninjas o algo así? —preguntó algo nerviosa Shini.
Continuará.
