La Huida

La joven castaña retiró la libreta de su vista y suspiró cancinamente llamando la atención de su compañero.

-¿Qué sucede? – le preguntó el chico.

-Estaba pensando en Tomoyo – dijo Sakura – ¿Cómo le estará yendo?

-Está con Eriol, así que debe estarse divirtiendo – una sonrisa burlona apareció en el rostro de Syaoran.

-Pero, pueden encontrarse con los jefes de la mafia rusa – exclamó la esmeralda.

-No te preocupes tanto – le aconsejó Lee – Eriol es muy diestro en artes marciales aunque no lo recuerde, para serte sincero él es el único que ha logrado ganarme.

-¿En serio?

-Sí – confirmó – aparte, no creo que sean tan torpes como para dar justamente con la mafia rusa, no son tú después de todo.

-¡Syaoran! Retráctate – le gritó.

-Pero si es la verdad – siguió él divirtiéndose a lo lindo – solo tú serías capaz de encontrarte con ellos comprando helado o algodón de azúcar… pequeña Candy-monster.

-No me digas Candy-monster bobo-Lee – le exigió.

Syaoran advirtió el peligro en la mirada de su definitivamente futura esposa y salió corriendo; Sakura se apresuró a darle alcance.

-Admite que te gusto pequeño monstruo – le gritó el ámbar.

-Nunca.

-Pero si somos novios – dijo para distraerla cuando estaba a un palmo de él.

-Cállate – gritó apenada y deteniéndose de golpe dándole ventaja al castaño.

Del otro lado del mundo, la joven pelinegra suspiraba por enésima vez consecutiva. Los guardaespaldas la tenían ahí encerrada mientras preparaban los boletos de avión. No tenía idea de cómo salir de ese embrollo y definitivamente nada bueno se le ocurriría si seguía pensando en ese… ese… definitivo error en la torre Eiffel.

-¿Cómo estará Eriol? – se preguntó a sí misma – tonta, deja de pensar en él.

Cerró la ventana del balcón con cierto enojo e inspeccionó la habitación nuevamente… ¿Qué se supone que debía hacer?

Caminó a la puerta lo más silenciosamente que pudo, la abrió apenas lo mínimo para echar una ojeada… no había nadie. Abrió y comprobó, estaba sola, ¿a dónde rayos se habían ido los guardaespaldas?

Tomó el pasillo hacia su derecha. No quería admitirlo pero Eriol le preocupaba, sabía que el chico era paranoico cuando estaba en un lugar que no conocía y completamente solo, temía que hiciera una locura, llámese locura a hartar a sus captores y recibir un buen golpe de su parte (ella era la única que podía golpearlo), intentar escapar por la ventana de su habitación y partirse la cabeza en el intento o lo que era aún peor…

-Waaaaaaaa – escuchó con apenas doblar la esquina.

Ahí, justo donde estaban las máquinas de golosinas y café, frente a unos mullidos sofás y con público para variar, la mayoría chicas (lo que no le hizo nada de gracia), estaba el alíen sentado en el piso a lagrima abierta como si alguien hubiera muerto y tan condenadamente adorable con sus pucheros de bebé que tan bien le quedaban que algunas chicas intentaban consolarlo, casi ofreciéndoles su hombro para que llorara más "cómodamente".

-Me perdí – gritaba el chico – no sé dónde estoy… y no tengo monedas… waaaaa.

Tomoyo sintió un fuerte impulso por sacarle los ojos a esa estúpida francesita rubia que acariciaba su cabeza.

-Eriol – dijo-gritó.

El susodicho volteó hacia ella con el rostro impregnado de lágrimas, ahora la amatista comprendía a la estúpida francesa.

-Pequeña – gritó el oji-azul (a falta de nombre) levantándose rápidamente y abalanzándose sobre ella abrazándola como si fuera su salvadora – me perdí – le dijo entre el abrazo – y quiero un chocolate.

-Deberías avergonzarte, un chico tan grande como tú llorando solo por eso – lo reprendió cuando pudo articular palabra. En esos momentos sabía claramente dos cosas… la primera que estaba completamente sonrojada, la segunda que aquellas chicas estaban decepcionadas de no haber recibido el abrazo y no poder seguir consolándolo a su… ejem, al alíen – vamos.

Eriol la soltó y secó sus lágrimas.

-Pero quiero un chocolate – la chica se contuvo de darle en la cabeza con el puño, contó hasta… tres y le dio unas monedas para que fuera por el susodicho chocolate. Regresó con ella sonriendo e ignorando a los demás.

-¿Estás bien?, ¿te hicieron algo? – no pudo evitar preguntarle.

-¿Quién? – soltó el chico desenvolviendo el dulce.

-Olvídalo – regresaron a su habitación sin ningún problema y sin toparse con los guardaespaldas, eso era sospechoso – o no – dijo Tomoyo al darse cuenta de que en esa habitación había solo una cama – duerme en el sofá.

-No quiero – repuso el pelinegrodestellosazules al instante – es incómodo y sufro de dolores musculares.

-No es cierto – dijo ella – si no quieres el sofá, puedes irte.

-No quiero – soltó Eriol con ojos de cachorro herido.

-Entonces ve al sofá – y Tomoyo por primera vez en su vida se sintió como una madre regañando a su hijo después de una rabieta.

-Ok – dijo el níveo tras soltar un puchero.

Se acomodaron cada uno en su respectivo sitio y la chica apagó la luz esperando sinceramente que los guardaespaldas no entraran, encontraran a Eriol ahí y se lo llevaran nuevamente, si quería huir tenía el desagradable presentimiento que iba a necesitar de ese chico.

En medio de la madrugada, Eriol sintió la horrible necesidad de ir al baño… cuando regresó, medio dormido y sonámbulo, entró a la cama como cualquier persona normal haría… se removió para acomodarse abrazando lo que parecía ser un oso de peluche grande y poco esponjoso… Tomoyo entrando a su tercer sueño, rodeó el cuello de Eriol con el brazo y él se limitó a acomodar mejor la cabeza en el hombro de la chica.

Los rayos del sol se filtraban débilmente a través de las elegantes cortinas de terciopelo. Unos cuantos haces atravesaron los parpados del oji-azul, este se movió intentando alejar la luz y despertándose poco a poco, claro que al sentir el movimiento, la joven Daidoji también se despertó. Ambos notaron lo que estaba mal… voltearon lentamente hasta coincidir sus miradas.

Abrieron los ojos.

Tomoyo lo aventó.

Se incorporaron rápidamente.

-¿Qué haces en mi cama? – le preguntó Eriol alarmado y tapándose con la cobija.

-TU estas en MI cama – corrigió la chica.

-¿Me hiciste eso? – preguntó temeroso.

-¿Qué? – soltó la chica.

-¿Me hiciste eso? – repitió y parecía realmente asustado.

-¿Qué es eso? – cuestionó sin comprender.

-Eso – insistió el chico, la nívea lo vio extraño, Eriol se inclinó y le susurró al oído.

-Eres un pervertido, yo no te hice eso – le gritó sonrojándose.

-Entonces ¿por qué estás en mi cama?

-Eres tu quien está en mi cama – le gritó y sin poderse contener le dio un golpe en la cabeza – y ahora fuera.

-¿Estamos en tu casa? Es muy linda – dijo el pelinegrodestellosazules observando la estancia.

Un switch se cerró en la cabeza de la amatista, recordó donde estaban y el problema en el que se meterían si encontraban ahí a Eriol… pero fue muy tarde.

-¿Qué rayos haces aquí mocoso? – preguntó un guardaespaldas entrando como si de su casa se tratara – ayer te dejamos en una habitación aparte y cerramos con llave.

-¿Quiénes son estos gorilones? – le preguntó Eriol a Tomoyo.

-Señorita, ¿qué pasó aquí? – le preguntó el otro guardaespaldas.

-No pasó nada – respondió ella – Eriol tenía miedo de quedarse solo, eso es todo.

-No soy miedoso – repuso él… Daidoji lo vio mal.

-El vuelo sale en una hora, tenemos que irnos – dijo el primer sujeto – obviamente, su compañero – connotación extraña – se queda aquí.

-¿Quién es tu compañero? – le preguntó Eriol.

-Tú idiota.

-No puedes dejarme aquí – repuso abriendo los ojos – no sé dónde estoy.

-Pensé que no tenías miedo.

-No me dejes – le pidió con los ojos aguados en lágrimas.

-El viene con nosotros – les dijo a sus guardaespaldas controlando su sonrojo – le prometí a sus primos cuidar de él.

-Definitivamente no señorita.

-Entonces no voy – se cruzó de brazos, Eriol se paró junto a ella y la imitó.

Camino al aeropuerto, las neuronas de cierta pelinegra trabajaban a toda velocidad, ¿cómo escapar?, cada nueva idea que se le ocurría era más descabellada que la anterior.

Los guardaespaldas los veían cada tanto por el espejo retrovisor, definitivamente no les había gustado para nada encontrar a Eriol en su habitación y mucho menos tener que llevarlo con ellos.

Tomoyo pensaba, Eriol escribía en su diario, los guardaespaldas los vigilaban… ¿cómo iban a escaparse de esa?

Llegaron al aeropuerto internacional, abarrotado de gente, con sus varias entradas, un puñado de escaleras eléctricas, varias secciones de sillas plásticas, tiendas y un par de restaurantes. Los gorilas tomaron sus mochilas antes de que pudieran, siquiera pensar en eso.

-Tengo hambre – dijo Eriol de pronto, los guardaespaldas lo ignoraron – tengo hambre – le repitió a Tomoyo.

-Pues ve a comer.

-Ok – accedió Eriol y se dirigió al restaurant como si nada.

-Oye tu – le gritó un guardaespaldas cuando estaba ya en la entrada – ¿a dónde crees que vas?

-A comer – respondió Eriol – ¿también tiene hambre?

-Yo sí – dijo Tomoyo, sabía que aún tenía ciertos privilegios para con esos sujetos – vamos a comer.

No pudieron negarse, entraron, ordenaron y esperaron girando la cabeza de un lado al otro.

-Escucha Eriol – le susurró Tomoyo en un momento de despiste – tenemos que escapar de estos dos, ¿entiendes?

-Sí, ellos no me agradan – dijo Eriol – vámonos.

-¿Ahora?

-No nos están viendo – observó Eriol – vámonos en silencio.

La amatista se lo pensó un poco, tal vez podía funcionar, esos dos se habían entretenido viendo a una atractiva pelirroja de la mesa de al lado, o tal vez lo que veían era su platillo de langostino y caviar.

Se levantaron en un susurro, comenzaron a caminar rápida y silenciosamente, pasaron las mesas sin levantar la atención y cuando se sentían al fin vencedores…

-Oigan, ¿a dónde creen que van? – gritó uno de los guardaespaldas.

-Corre – le gritó Tomoyo jalándolo del brazo.

Se abrieron camino a empujones a través de la concurrida estancia, subieron las escaleras mecánicas e intentaron colarse entre la gente, entraron a un par de tiendas y se escondieron entre las estanterías hasta ver pasar a los de negro. Eriol obviamente comenzaba a distraerse y Tomoyo se vio obligada a recordarle que estaban huyendo de unos ovnis que intentaban abdicarlos para hacer experimentación genética con sus cuerpos, el chico se asustó en serio y comenzó a correr más rápido.

Bajaron las escaleras a todo galope, los tipos los vieron y corrieron tras ellos, el níveo empujaba a la vez que se disculpaba (realmente no quería ser abdicado), su meta era una de las puertas giratorias de salida.

Casi llegaban, la amatista iba detrás de él aprovechando el camino que iba abriendo y sujetándose las costillas por el punzante dolor que sentía. Los guardaespaldas estaban a un palmo de ellos, si lograban salir les sería más fácil perderlos.

Una pesada y tosca mano se cerró entorno al haza de la mochila de la pelinegra obligándola a detenerse de golpe y dar varios pasos hacia atrás evitando la caída.

-La tengo – dijo el hombre como pudo.

-Eriol – gritó la chica. El susodicho respondió al acto – ayúdame, van a abdicarme.

El pelinegrodestellosazules abrió desmesuradamente los ojos, el miedo reflejado en sus pupilas. Corrió hacia ellos, el otro guardaespaldas probablemente pensaba taclearlo pues se inclinó con un hombro por delante. Daidoji apenas pudo abrir la boca para advertirle cuando el chico saltó sorprendentemente alto, le estampó una fuerte patada directo en la nariz, lo derribó y siguió con su carrera.

-Aléjate ovni – le gritó al hombre que sujetaba a Tomoyo.

Pero el guardaespaldas no iba a ceder tan fácil. Movió a Tomoyo hacia un lado y comenzó a pelear con Eriol. La chica comprendió casi al instante porque su madre lo había contratado, peleaba muy bien y se notaba la experiencia que tenía en el campo de las artes marciales… pero Eriol también. Se movía como si hubiera aprendido a golpear antes de subir a una bicicleta.

Tomoyo estaba siendo mangoneada de un lado al otro por el hombre de negro para evitar entrar en la pelea. El hombre esquivó un golpe del oji-azul y con el pie le dio de lleno en el estómago.

-No hagas eso – le gritó Tomoyo intentando desesperadamente soltarse de su agarre – no lo lastimes.

Repentinamente Eriol se paró y aprovechando el momento de distracción del guardaespaldas que intentaba detener a la chica, le metió un golpe directo al pecho, cortándole la respiración y soltando la mochila por instinto.

-Vamos – le dijo tomándola de la mano.

El primer guardaespaldas que había noqueado se levantó e intentó detenerlos, Eriol lo tomó del brazo, le aplicó una llave y lo mandó a volar junto a su compañero, pero el hombre se había sujetado de la mochila de la nívea, arrastrándola consigo. Tomoyo cayó de sentón, y el hombre aterrizó sobre el estómago de su compañero.

-Auch – se quejó la chica.

-Vámonos – le dijo Eriol ayudándola a ponerse de pie.

-No puedo, mi mochila.

-Déjala.

-Pero…

-Vamos, nos secuestran.

Tomoyo soltó la mochila y rápidamente extrajo la pequeña cartera donde guardaba sus cosas más importantes, el dinero, el pasaporte de ambos y las pistas que tenían hasta el momento.

-Vamos – la apuró Eriol, los sujetos estaban recuperándose de la impresión de la caída.

-De acuerdo – accedió ella intentando por última vez llevarse su mochila. No lo logró.

Salieron corriendo del aeropuerto con un montón de ojos curiosos y alarmados puestos en ellos. Subieron a un taxi y pidieron ir a la estación de trenes.

-Sí – gritó Eriol haciendo saltar a Tomoyo.

-¿Qué te pasa?

-Los ovnis no nos abdicaron – le dijo lleno de felicidad – aun que me hubiera gustado hacerles un par de preguntas.

-Estás loco – repuso ella intentando recuperar el aliento, no pudo evitar sonreír.

Por conveniencia, y dado el lio en que estaban, Tomoyo decidió tomar el primer tren que partiera lo más cerca posible a España. Fueron a la taquilla, compró los boletos y abordaron.

-Es injusto, tu si traes tu mochila y yo no – se quejó la nívea entrando a un compartimiento.

-¿Dónde la dejaste? ¿Se te perdió?

-Los ovnis se la quedaron.

-¿Ovnis? – repitió Eriol – ya alucinas.

-Cierra la boca – le advirtió con el puño en alto.

-Tengo hambre.

Daidoji se vio obligada a contar hasta… tres y contener sus instintos asesinos… hasta que le gruñó la tripa y se sintió más que avergonzada por su comportamiento.

-Vamos a comer.

Fueron al restaurant del tren y Tomoyo ordenó para los dos, Eriol se quejó, pero guardó silencio después de interpretar (correctamente para variar) la mirada asesina que la chica le dedicó.

-Esto está bueno – dijo Eriol a mitad de su hamburguesa.

-¿Cuántas veces debo decirte que te limpies? – la chica pasándole una servilleta.

Volvieron a su compartimiento. Afortunadamente Eriol tomó un libro y se ocultó tras él, dejando esa tranquilidad que no tenía desde que comenzó el viaje. Tomoyo necesitaba pensar, larga y detenidamente.

Pasaron exactamente tres horas, cuarenta y tres minutos y dieciséis segundos para que llegaran a la siguiente estación. Se detuvieron unos minutos y continuaron. Eriol ni se inmutó.

Tomaron velocidad. El recuerdo de la noche anterior llegó a su mente, el momento en la torre Eiffel… instintivamente sus ojos captaron la silueta de Eriol, ¿y si volvía a besarlo?, después de todo él lo olvidaría pasados unos minutos, no, volvería a desilusionarse si eso pasaba, o tal vez quería besarlo para que él recordara o… confusión total.

Eriol bajó el libro y se acomodó las gafas, la amatista no dejó de notar como el chico movía un poco los labios al leer y se sonrojó fuertemente. Cerró el libro.

-Este final era predecible – comentó – dada la trama.

-¿Cómo puedes recordar toda la trama de un libro si ni siquiera puedes recordar mi nombre? – le espetó la chica sin pensar muy bien lo que decía.

-Eso sonó a reproche – observó Eriol.

-No es un reproche, es… – pensó un segundo, se rindió, si era un maldito reproche después de todo – solo, no logro entenderte.

La puerta se abrió de golpe.

-Señorita.

-No puedo creerlo – soltó Daidoji – ¿Cómo rayos nos encontraron?

-Perdimos el vuelo señorita – le hizo ver el guardia que, obviamente era el líder.

-Eriol, ellos son ovnis y nos quieren abdicar – le dijo rápidamente.

-No te creo, parecen humanos – respondió él ladeando la cabeza para verlos desde otro ángulo.

-Eres un… – tomó un respiro – escucha, tenemos que irnos, nosotros somos los buenos, ellos los malos.

-¿Ustedes son los hombres de negro? – les preguntó Eriol.

-¿A este que rayos le pasa? – le preguntó el líder al otro – escucha mocoso, ya me cansaste, así que quédate ahí callado o te aviento por la ventana.

-No me agradan – le dijo a Tomoyo.

-Vámonos – lo apresuró.

Eriol tomó su mochila al instante que los hombres les cerraban el paso.

-Ni se les ocurra.

-Haz algo – le pidió la nívea.

-Mmmm, ok – soltó Eriol – realmente lo siento, no suelo ser agresivo ni nada por el estilo.

-Eriol – lo apresuró.

-Ya voy – y en un rápido movimiento apenas visible para ojos humanos, noqueó a uno de ellos.

-Eres uno… – soltó el líder, se abalanzó sobre él, pero Eriol lo esquivó y le metió la zancadilla, aprovecharon para salir del vagón y correr.

Llegaron al final del pasillo, abrieron la puerta y salieron… tenían que cruzar al otro vagón.

-Vamos – dijo la chica caminando hacia la otra puerta.

-Por aquí – señaló Eriol hacia arriba por una escalera.

-¿Estás loco? – se escandalizó ella.

-No nos encontrarán – alegó Eriol – vamos – comenzó a subir.

-Eriol – le gritó – oye.

No tuvo más opción que seguirlo, apenas asomó la cabeza el rápido viento hizo volar su cabello. Eriol la ayudó a subir.

-¿Y ahora qué? – le preguntó en un grito para hacerse oír.

-Por aquí – le gritó Eriol y antes de que pudiera evitarlo, saltó hacia el otro vagón a aproximadamente un metro de distancia.

-Te odio – le gritó la chica – no puedo saltar hasta allá.

-Si puedes – el chico subió el pulgar – salta, no está muy lejos.

-Realmente te odio – le gritó dando un par de pasos para tomar vuelo, corrió, saltó apretando los dientes y sintió un fuerte golpe en las plantas de sus pies – eres la persona más demente que conozco.

-No conoces muchas personas ¿cierto?

Se escuchó la puerta abrir.

-Ahí – gritó el segundo guardaespaldas.

-Rayos – se quejó la chica – tenemos que escondernos.

-En el techo no veo muchos lugares donde podamos – observó Eriol – corramos.

-¡Estás loco! – gritó e intentó golpearlo – es peligroso.

-Es divertido – soltó él y comenzó a correr de forma irregular, incluso zigzagueando – vamos.

-lo odio, lo odio, lo odio – soltó la chica y tuvo que apresurarse a tomar valor al ver a los guardaespaldas preparándose para saltar. Corrió tras el oji-azul evitando ver hacia abajo, hacia los lados y hacia cualquier otro lado que no fuera adelante.

-Divertido – dijo Eriol cuando lo alcanzó en la división para el siguiente vagón.

-¿Sabes que es divertido? – dijo la chica no creyendo lo que estaba a punto de decir – una carrera, hagamos una carrera.

-Sí – gritó el chico emocionado.

-Y ellos también están jugando – señaló a los guardaespaldas que estaban ya cerca de ellos – no tienen que alcanzarnos.

-Ok – tomó impulso y saltó.

La amatista, haciendo de tripas corazón lo siguió. Corrieron realmente como si estuvieran en una carrera, pasaron vagón tras vagón con los hombres pisándoles les talones. Diez vagones después, saltaban hacia el último vagón… el hombre volvió a alcanzar a la chica.

-No, Eriol – le gritó – ayúdame.

-Suéltala – le exigió el chico.

El otro guardaespaldas se apresuró a darle batalla, comenzaron a forcejear para horror de la amatista. El guardaespaldas acertó un golpe tumbando a Eriol, partiéndole el labio y haciendo sangrar su nariz. El oji-azul no tardó en ponerse en pie, esquivó un par de golpes y le dio una patada, acertó en el hombro del sujeto pero repentinamente perdió el equilibrio peligrosamente.

-Eriol – gritó Tomoyo.

El sujeto lo tomó de la mochila, Eriol intentó correr con el sujeto haciendo fuerza hacia el otro lado, en un desesperado intento de zafarse, el chico desabrochó su mochila y la soltó, el hombre perdió el equilibrio, dio un par de pasos hacia atrás, soltó la mochila que salió volando a alguna parte del techo y se sujetó fuertemente para no caer por la borda.

-Ten – gritó el guardaespaldas líder, corriendo hacia él e intentando no soltar a la chica.

-Mi libreta – gritó Eriol al mismo tiempo.

Tomoyo logró soltarse pero su bolso también salió volando muy cerca de donde estaba el hombre caído y resbalaba poco a poco.

-Tómalo Eriol – le pidió la chica casi con desesperación – se va a caer.

-Ya voy – dijo el chico que se encontraba en ese momento en una encrucijada, su libreta estaba del otro lado y también a punto de caer… finalmente se decidió por la libreta.

-No – gritó la chica al no ver como el bolso caía y Eriol recogía su estúpido diario – ¿por qué hiciste eso?

-Vamos – le dijo Eriol bajando por la escalerilla.

-Eres un idiota – le gritó – un verdadero idiota.

El tren pasaba por un puente por encima del mar.

-¿Y ahora qué? – le preguntó – vamos para adentro.

-No lo creo – la chica estaba horrorizada, el puente tenía al menos ocho metros – ¿qué tan profundo será?

-Mi libreta se mojará – se quejó.

-Tu libreta me importa un comino – le gritó.

-No sé cuánto sea eso – repuso el pelinegrodestellosazules, sacó una bolsa cierra fácil (con un par de galletas) de entre su chaqueta, metió la libreta y la cámara – ¿saltamos?

-¿De dónde?... olvídalo – la nívea respiró un poco – vamos.

-Señorita no – gritó el guardaespaldas líder.

-Ahora – gritó la chica y saltaron por un lado del tren.

La rápida caída les provocó un vacío en el estómago propio del vértigo. La fría entrada al agua les cortó la respiración y les heló la piel. Sacaron la cabeza luchando por respirar.

-Estamos vivos, estamos vivos – canturreó Eriol.

-Nos movemos – observó la chica comenzando a asustarse – vamos a la orilla.

Pero la corriente era más fuerte, por más que se esforzaban por salir del agua, eran arrastrados con ella.

-Vamos – gritó la chica más para ella.

-Mira – señaló Eriol y la nívea vio horrorizada los rápidos que había no muy lejos de ellos.

-Oh no, vamos a la orilla – e intentó con desesperación vencer la corriente.

Quedaron atrapados en los rápidos, el agua los zangoloteaba de un lado al otro, como pudo el chico llegó hasta ella y la tomó de la mano.

-No tenemos que separarnos – le dijo – por aquí.

Comenzó a guiarla y todo iba bien hasta que quedaron atrapados en otra corriente más fuerte a las anteriores, los hizo chocar en unas rocas y los arrojó con fuerza sin oportunidad de defenderse. La chica sintió caliente el brazo y supuso que se había raspado, pero en ese momento Eriol le preocupaba más.

-Estás sangrando – le gritó viendo horrorizada el hilo de sangre bajando por su rostro.

-Tenemos que salir de aquí – gritó y volvió a tirar de su mano, lograron llegar a una roca – sujétate.

Intentaban respirar a pesar de lo doloroso que resultaba por el frío en sus pulmones.

-¿Estás bien? – le preguntó Tomoyo, el chico cabeceaba de forma preocupante – no te desmayes.

-Estoy bien – respondió pero no parecía que fuera así – ya casi llegamos.

Haciendo uso de la fuerza que le quedaba, llegó hasta el otro lado de la roca que quedaba más cerca a la orilla, ayudó a la chica a girar y se lanzaron nuevamente, con mucho esfuerzo lograron tocar el fondo del río y eso les dio más impulso para avanzar.

Eriol se veía realmente mal, caminaba mocho y en su rostro había una mueca de dolor.

-Ya falta poco – le dijo Tomoyo jalándolo con todas sus fuerzas, él caminaba apenas y sabía estaba a punto de perder el conocimiento, igual que ella – ya casi – podía tocar el fondo con las rodillas e intentaba arrastrarse usando su mano libre, le era ya imposible seguir caminando. Tocó la orilla y pudo jalar un poco más a Eriol – ya casi.

Pero no pudo seguir luchando, ya no tenía fuerzas y la vista se le nubló. Su último pensamiento antes de desmayarse fue justamente el chico que intentaba no soltar.


Hola a todos, Qué les pareció el capítulo? yo sé, yo sé, medio fumadon y bueno, quién en su sano juicio saltaría de un tren verdad? Pero todo es parte de la trama, necesitaba una forma de hacerlos perder sus cosas, su dinero, y ponerlos en un aprieto al estilo "salta sobre las meduzas"... en el siguiente capítulo tienen que encontrarse con las tortugas, bueno, no seran precisamente tortugas, aun que eso sería interesante o.O

Tengo un par de aclaraciones, sobre la pregunta que publique, ya estuvo, decidí que si alguien quiere tomar la idea básica de mis fics puede hacerlo recalcando, "idea básica". Y cómo es esto? pues bien, si alguien quiere escribir sobre patito feo, tome solo eso, el patito feo, si alguien quiere escribir sobre la perdida de memoria, adelante, solo la idea, no pueden tomar mas cosas de los fics (por ejemplo, la venganza del patito o la busqueda del hermano por Europa), no se si me explico... y decidí esto porque, después de todo, nosotros mismos tomamos la idea (o al menos los personajes) de todo lo que escribimos aquí, así que, por qué no... La única condición es que me avisen (y si pueden dar una referencia al fic de donde tomaron la idea, mejor aún) no es difícil cierto?

Para finalizar, tengo Twitter :D... Síganme los buenos (adivinen el twitter o en su caso, chequen mi profile)

Adiosin

:D