Capitulo XI: Cuando las verdades duelen.

Había pasado ya más o menos una semana y media desde que habían estado juntos y aunque no quería admitirlo las cosas habían cambiado violentamente. No es que fuera malo, ni tampoco que fuera algo que le doliera o que le hiciera sentir mal, a decir verdad, Genichirou podía llegar a ser la persona más buena y comprensiva del mundo con él, pero el problema no radicaba en la pareja, sino en lo externo.

Miró hacia un costado de la cama; allí estaba durmiendo Yanagi Renji. Aunque el muchacho castaño había dicho que a partir de esa fecha iba a concentrarse en su vida amorosa, no se había ido de la casa de Genichirou desde que él estaba allí y aunque no le gustara admitirlo, realmente le molestaba tener al muchacho en la casa.

No es que el Yanagi le incomodara ni mucho menos, sino que odiaba que éste y Sanada andarán diciendo cosas por lo bajo y se sentía horriblemente excluido de la platica. ¡Era el novio de Genichirou, no un extraño! Pero aun así no parecía importar aquel rango. Giró su cabeza hacia el otro costado y se encontraba su novio durmiendo, el moreno tenía una mano encima de su cintura y la otra se perdía entre las almohadas; su mirada tranquila y relajada, sus parpados caídos y su boca ligeramente abierta.

Así eran todos los días, todas las noches, parecían un matrimonio de tres, y era hora de dejar las cosas en claro, ahora que eran pareja Seiichi quería tener más momentos "asolas" con su novio, quería besarlo y acariciarlo sin que alguien le estuviera viendo ¡¿o acaso Yanagi no tenía vida?! ¡Espera! ¿Qué estaba pensando? Yanagi era su amigo a pesar de todo, no es que le viniera a robar a Genichirou ¿o si? Bueno, mejor no pensar en eso.

*Pip, pip*

Sonó un celular y Yanagi inmediatamente, con algo de pereza, levantó la mano y recogió el objeto que estaba a pocos metros de él mirando el remitente; suspiró pesadamente al ver el nombre de su kouhai en él y con toda la fuerza que tenía intentó levantarse. Seiichi se acomodó nuevamente pero esta vez en brazos de Sanada quien le agarró fuertemente como si fuera un oso. Yanagi se paró y caminó hacia el baño para no molestar a la pareja encerrándose allí.

–¿Qué pasa Akaya? –preguntó Yanagi.

–¡Yanagi sempai! Al fin lo encuentro, he ido a su casa y nunca estaba ¿dónde demonios está? –dijo algo enojado.

–Akaya, respeto ante todo –suspiró de cansancio–. Estoy en casa de Sanada, pasé la noche aquí.

–……………

–¿Akaya? –preguntó al ver que no se oía la respiración del otro lado para luego escuchar fuertes cuchicheos. Según podía distinguir, las voces eran las de Marui y Jackal–, etto…. ¿Akaya?

–¡Ah, si, lo siento sempai! –Se disculpó volviendo a agarrar el teléfono–. Debo irme, nos vemos –cuelga estrepitosamente.

–¿EH? Vaya, ¿quién entiende a ese chico? –susurró y cortó la llamada del móvil.

Renji se sentó en la tapa del inodoro y comenzó a ver los mensajes que había en su celular. La mayoría era de Sanada y lo secundaba muy de cerca Akaya. Sonrió tenuemente al pensar en él. Realmente el muchacho de cabellos alborotados se había ganado su corazón y también su paciencia, no por nada Renji representaba un ser realmente importante en la vida de Akaya.

Infinidades de veces el chico de cabello moreno le había pedido gentilmente que le enseñase, que le entrenase, que lo haga más fuerte. Obviamente para Renji era un logro cada victoria de Kirihara, como también era un logro como la mentalidad de su kouhai se iba moldeando. Todo comportamiento del castaño influía en el menor, y obviamente todo comportamiento del menor influía en el castaño.

Un golpe se oyó y Renji se alertó. Se levantó de donde estaba sentado y volvió a escuchar los golpes un poco más desesperados. Inmediatamente abrió la puerta y dejó ingresar a Yukimura el cual lo echó amablemente y cerró la puerta del baño tras él.

–¿Qué pasó? –preguntó un somnoliento Genichirou mientras intentaba sentarse en la cama.

–Ah, Genichirou, pues nada, que tu novio está algo loco –dijo señalando la puerta del baño–. Entró desesperadamente al baño.

–Tal vez quería usar el baño –dijo Sanada mientras se levantaba, llevaba un pijama muy tradicional a cuadros rojos y con líneas negras.

–Bueno, sí, pero existe algo que se llama "control de esfínteres" –volvió a decir y se sentó en la cama de Sanada.

–Ya, déjalo….–susurró el muchacho y abrió su armario para sacar su ropa.

–¿Y Genichirou? Ahora que te sientes mejor contigo mismo ¿qué vas a hacer? –preguntó, Sanada no contestó y sacó una camiseta blanca sin mangas y unos pantalones grises de algodón.

–Pues….–murmuró–. Aun no estoy cien porciento seguro de lo que me está pasando. Es decir, hice el amor con él, me encantó, pero……estoy constantemente con miedo de lastimarlo ¿eso es normal?

–Eso es amor, Genichirou.

–¿En serio? –preguntó dudoso colocándose la gorra pero al revés, con la visera hacia atrás.

–Ajam…..–sonrió y asistió al mismo tiempo, luego miró la puerta del baño–. ¿Y? ¿No haz pensado en qué decirle?

–¿Decirle?

–Creo que deberías decirle algo……no solamente tener sexo….

–Hacer el amor.

–Bueno, si, hacer el amor –se corrigió, Sanada se sacó la parte superior de su pijama y se puso la camiseta blanca–. A Seiichi le gustará que le digas algo bajo la luz de la luna.

–Ah, eso suena romántico….–dijo con algo de miedo.

–Bueno, Seiichi es romántico –Yanagi se acomodó en la cama mientras observaba el espejo frente a ella–. ¿Por qué no piensas en algo? Hagamos de cuenta que soy Seiichi, dime lo que sientes por mí.

–¿Decir lo que siento por ti?

Mientras tanto, dentro del baño Seiichi estaba mirándose al espejo mientras enjuagaba su boca después de haberse cepillado los dientes, una vez lavado su rostro estaba apunto de abrir la puerta cuando escucho "Dime lo que sientes por mi", esa era la voz de Yanagi ¿no? "¿Decir lo que siento por ti?" ahora la voz era de Genichirou. Los ojos de Seiichi se abrieron enormemente y abrió un poco la puerta para ver como Sanada se terminaba de vestir mientras parecía meditar algo, Yanagi simplemente lo observaba.

–Pues, eres la persona más importante –dijo algo sonrojado, estaba diciendo algo que le costaría mucho decir, pero decírselo a Yukimura sería algo fácil–. El amor de mi vida.

–¿El amor de tu vida? –sonrió coquetamente Yanagi.

–Por supuesto, no hay nadie que te iguale……–dijo Mientras se sentaba en la cama y se colocaba las pantuflas–. Eres el ser que más amo, y extraño constantemente, aun cuando estoy con otras personas no puedo parar de sentirme solo sin ti.

–¿En serio? –preguntó Yanagi sorprendido–. ¿Y vamos a estar siempre juntos?

–Siempre….mis hijos serán los tuyos, mi casa será la tuya……mi vida será tuya.

–Ah Genichirou, eres tan dulce….–rió Yanagi.

–Ah, no digas eso, me haces sentir patético –volvió a su rostro de siempre. Yukimura hizo algo de ruido y fingió que abría la puerta por primera vez–. ¡Yukimura!

–Ah, lo siento que te saqué Renji es que…….necesitaba usar el baño –murmuró con unos brillos en sus ojos.

–Seiichi ¿estás bien? –preguntó Yanagi, tanto él como Sanada parecían extrañados.

–Si, estoy bien –susurró, su nariz comenzaba a moquear un poco por lo cual tuvo que usar un pañuelo que traía en el bolsillo.

–¿Estás llorando? –cuestionó Sanada levantándose inmediatamente, iba en busca del abrazo confortante con Seiichi pero éste se separó de él rápidamente.

–No, claro que no, sólo entró una basura en mi ojo –sollozó.

–¿Seiichi? –Yanagi también se levantó espantado porque su buchou estaba realmente muy mal.

–Estoy bien, estoy bien, si….sigan hablando……yo…….yo iré a…..iré a tomarme la medicación –sollozó nuevamente y se fue corriendo del cuarto.

–No esta muy bien –dijo Yanagi.

–No me di cuenta Einstein…..–susurró con sarcasmo–. Pero ¿qué tendrá? Ha estado muy sensible en estos días.

–Lo sé, ¿qué le habrá pasado?

–Ni idea…….–Sanada caminó hacia el baño y observó como lo había dejado Yukimura–. ¡YANAGI, VEN DE INMEDIATO!

–¿Qué pasa Genichirou? –preguntó asustado entrando al baño.

–Mira esto….–dijo señalándole el baño anteriormente arreglado.

–….por dios.


El castaño miró tres veces el mensaje y suspiró. ¿Debería hablarlo con su novio? Sería lo más indicado. Inmediatamente tomó su chaqueta y se fue corriendo a su casa saludando a su madre para luego tomar el autobús que lo dejaría en aquel hogar que quería visitar. Al parar al bus pidió un boleto y se sentó en la primera fila, estaba algo nervioso y a la vez un poco eufórico por hablar nuevamente con su amigo, pero antes que nada debía comentarle lo ocurrido a Tezuka, el sabría que hacer o al menos guiarlo.

Se dio cuenta que estaba cerca, pues la casa de Kunimitsu no era tan lejos. Se levantó de su asiento y tiró de la cuerda para que el vehículo se detuviese y éste hizo lo propio. Syusuke prácticamente voló hacia la entrada de la familia Tezuka y tocó el timbre, lo atendió una hermosa mujer de cabello largo atado y que aparentaba ser muchos años más joven.

–¡Ah, Syusuke! Que bueno que nos visitas –invitó Ayana amablemente a Fuji pasar–. Kunimitsu está en el fondo, puedes ir.

–Gracias señora Tezuka –respondió amablemente el muchacho.

–Dime Ayana, querido.

–Si señora Ayana –dijo Syusuke y caminó hacia el jardín donde Kunimitsu ayudaba a su abuelo a terminar de plantar algunas flores–. ¡Mitsu! Señor Kunikazu.

–Syusuke, no me trates tan formal, dime "abuelo" –saludó Kunikazu a su "nieto".

–Jejeje, de acuerdo abuelo.

–Abuelo, no digas eso, sino nadie te tratará con respeto –regañó Kunimitsu a su abuelo, éste simplemente ríe.

–Es igual ¿cuándo se casarán? Dentro de dos días, tres……

–¡ABUELO! –se sonrojó el muchacho.

–Jejejejeje

–¡Pero si viven en pecado!

–¡ABUELO! –nuevamente le regañó el nieto a su abuelo.

–Jajaja abuelo, te quitaré a Mitsu unos momentos, necesitamos hablar de algo.

–Ah, de acuerdo, vayan niños, pero no jueguen a esos juegos ruidosos, hay mucha gente en la casa hoy –le guió el ojo Kunikazu a Syusuke, el chico sonrió y rió bajito.

–Ay, mi abuelo es un caso perdido –respondió Kunimitsu mientras Syusuke lo guiaba al cuarto–. ¿A qué viniste? ¿Pasó algo grave?

–No, entra –ordenó, Tezuka obedeció y el muchacho más bajito entró al cuarto cerrando la puerta.

–¿Fuji?

–Seiichi…….no está bien.

–¿Qué?

–Que Seiichi no está bien –respondió Syusuke sentándose en una silla–. Está realmente pésimo de salud, creo que todo lo que le está pasando le está afectando.

–Eso es algo problemático……–murmuró Tezuka algo cohibido–. ¿Haz hablado con él?

–Algo……ya sabes que su relación con Sanada es muy reciente, y creo que no la puede controlar, pasaron muchas cosas en poco tiempo y lo tiene a mal traer.

–…….

–Bah, reciente, todos sabíamos que terminarían juntos, pero ellos es muy reciente que estuvieron "juntos" y ahora le pasa esto a Seiichi……además que anda muy angustiado, recién me manda un mensaje diciéndome que quiere venirse a Tokio unos días, pero no puede sin el permiso de sus padres y ellos están hasta en Okinawa.

–Dios, esto si que es un embrollo.

–Tenemos que ayudarlo Mitsu, hemos tenido rivalidad en el pasado y seguramente en el futuro, pero Yukimura es mi amigo, desde que lo conocí en las nacionales hemos hablado y tenemos gustos comunes –Tezuka levantó la ceja, por un momento creyó que había escuchado mal–. Por favor Mitsu.

–Ok, pero, no sé que hacer para ayudarlo, lo único que puedo es ofrecerle alojamiento unos días hasta que se tranquilice y se serene para saber que hará de aquí en más con su salud, o que es lo que le pasa.

–Tiene miedo que estas recaídas que está teniendo le impidan jugar al tenis.

–Por encima de todo, creo que Yukimura debería evaluar la posibilidad de dejarlo.

–¿Dejarlo?

–¿Eh? –Tezuka se impresiona ante la sola idea–. Sé que es apresurado Suke, pero la enfermedad de Yukimura no se curó y lo más probable es que éstas recaídas se deban a un sobre esfuerzo que está realizando, además de la oleada de emociones las cuales experimenta.

–Sí, sería lo más lógicamente humano –suspiró el castaño.

–Mejor que venga aquí a Tokio, se realice todos los estudios necesarios, los médicos acá seguro le atienden mejor que allá en Kanagawa.

–Si, tienes razón, últimamente Yukimura-san se quejaba mucho de que no le atendían como era debido. –susurró Syusuke.

–No, está bien, llámalo, dile que tú y yo iremos a buscarle, tal vez quiera pasar unos días lejos de Sanada, tratar de serenarse y pensar con claridad.

–¿Lejos de Sanada? ¿No sería indicado que Sanada lo supiera? –Tezuka asistió–. ¿Entonces?

–Bueno, tal vez él no quiere preocupar a Sanada con todo esto, es mejor que no lo sepa, ya sabes como es él con este tipo de asuntos.

–Ah, dios…–se sorprendió el castaño, algo horrorizado–. ¿Qué crees que hagan si se enteran?

–Pues, seguro salir corriendo a buscar a Yukimura y eso lo estresará más seguramente…..es mejor dejarlo todo así, hacerlo silencioso.

–Además dudo que Genichirou los deje sólo en momentos así.

–Yo también lo dudo, ellos nacieron el uno para el otro……..como nosotros –Tezuka terminó la oración con un suspiro. Fuji abraza a Tezuka.

–Es muy triste ¿no? –Tezuka levantó la mirada y arqueó una ceja.

–¿Qué cosa?

–Que a Yukimura le pasen todas estas cosas,–respondió. Tezuka le abraza y le besa suavemente mientras Syusuke permanece en silencio.

Aquí había algo que Syusuke no quería decirle a Tezuka, pero éste prefirió guardar silencio y sólo hundirse en la fragancia a vainilla de la piel de su novio.


Durante la tarde Yukimura se calmó un poco y Sanada pudo hablar con él sobre lo que encontró en el baño, el muchacho había vomitado y pensó que podría ser efectos de la medicación o algo parecido, pero Seiichi lo calmó diciendo que había comido algo que no debía y le dieron esos síntomas, aunque no podía explicar el porque últimamente andaba muy sensible.

Sanada le pidió que se tomara una ducha para poder refrescarse y Seiichi accedió entrando rápidamente al baño. Yanagi y Genichirou quedaron en el cuarto mirándose mutuamente, intentando descifrar la incógnita ¿qué le pasaba a Seiichi? Pero no había respuestas factibles aun.

–Ah, Genichirou –Renji interrumpió los pensamientos del moreno–. Hace poco me enviaste un mensaje –muestra su celular.

–¿Eh? –Genichirou alza la ceja extrañado.

–"Te amo…….eres lo mejor que me pasó en mi vida. Genichirou" –leyó el mensaje de texto.

–¡AAAAAAAH! –Mira la pantalla–. Lo siento, era para Seiichi…..

–Lo sospeché.

–¿Cómo se te envió a ti? –preguntó buscando en su celular y efectivamente se lo había enviado a Yanagi.

–Seguro sin ver pusiste la "Y" para buscar Yukimura y la primera palabra que se apareció fue Yanagi.

–Ah, lo siento –susurró dejando su celular en la cama.

–No hay porque……pero……..

RING RING

–¿Quién diablos es a esta hora? –preguntó Sanada levantándose de la cama, Yanagi hace lo mismo.

–Seguro es Akaya, últimamente me ha estado siguiendo a donde sea que vaya –dijo haciendo un ademán y ambos hombres se van del cuarto.

La lluvia de la regadera seguía sonando pero la puerta se abrió lentamente. Una mata de cabello azulado y mojado, tal así que le caían gotas por el rostro, salió acompañado de un pálido cuerpo cubierto por una bata. Yukimura Seiichi estaba aun con rastros de jabón en su cabello y cuerpo, pero le era más interesante lo que había allí que lo que hubiera en el baño. Se acercó al celular de Sanada y lo tomó buscando entre los correos.

"Yanagi.

Yanagi.

Yanagi.

Yukimura.

Yanagi"

Era larga la lista, pero en su mayoría Yanagi era dueño de los mensajes de Genichirou. Seiichi se procuró leer el primero antes de iniciar sospechas, tan sólo quería saber que tanto hablaban esos dos por sms.

"Te amo…….eres lo mejor que me pasó en mi vida. Genichirou"

Sus ojos se abrieron como nunca antes. Estaba apunto de llorar, de tirar ese teléfono celular a la basura, una lluvia de angustia le agarró pero no pudo continuar con su dolor ya que escuchó fuertes pasos acercándose, dejó el artefacto en la cama y corrió hacia el baño cerrando la puerta tras él. Se metió bajo la ducha y lloró en voz baja, pequeños sollozos que no eran escuchados por el fuerte goteo del agua contra la cerámica. Esa mañana Seiichi le contó a Fuji, quien se había convertido en un buen y leal amigo luego de las nacionales, todo lo que le estaba ocurriendo y que se sentía realmente agobiado cada vez que miraba a Sanada y no podía decirle lo que pasaba. Hacía dos días atrás había tenido unas recaídas muy diferentes y su angustia le provocaba nauseas.

En esos momentos se sentía un poco estúpido por estar tan ciego, ¿cómo no lo vio antes? ¡Estaban jugando con él y de la peor manera!

Nunca lo creyó de Sanada, un chico tradicional y culto.

…….

Era más que obvio que le habían pintado cuernos del tamaño de Groenlandia, por eso había decidido apartarse un poco de Sanada, tal vez así podría ver las cosas más claramente y pensar sobre el futuro de la relación antes de decírselo a sus padres. ¿Qué pasaría después? Sólo el tiempo lo sabría

Continuará.

¡Dedicado a H! Porque su cumpleaños es el 9 de este mes. ¡FELICIDADES DE ANTE MANO!