XI: Caramelos de limón
XI: Caramelos de limón
No sabía cuánto tiempo había pasado ni qué hizo durante ese tiempo, pero, repentinamente, sintió la necesidad de levantarse de esa odiosa ¿camilla? Harry abrió pesadamente sus ojos verdosos para encontrarse con su amigo de cabellera rojiza y su amiga de rulos castaños. Ambos sonriendo ampliamente antes de tirársele encima y llenarlo de abrazazos y besos. El moreno no comprendió hasta el último abrazo de Hermione el porqué de tanta emoción. — Ron… —miró a su amigo, preocupado. ¿Cuántos días pasó? El sol ingresaba por las enormes ventanas. — No te preocupes, Harry. Lo siento —le revolvió el pelo, guiñándole un ojo. — Harry, hace una semana que andas en ese estado, ¿cómo te sientes? —cuestionó Granger, tomándole las manos. — ¿Una semana? ¿En qué estado? Lo último que recuerdo es que bajaba hacia Pociones y… nada, negro —se llevó una mano a la sien para masajearla, le empezó a latir con fuerza y le dolió. — ¿No recuerdas? Te agarré antes de que caigas por las escaleras. Hace una semana que duermes y perdiste dos evaluaciones —frunció levemente el entrecejo, celoso por la suerte de su amigo. —… Oh —miró hacia la ventana—. ¡Draco! —miró a sus amigos y se sentó de un salto en la camilla—. ¿Dónde está Draco? ¡Una semana! ¡No! Sus amigos se miraron preocupados y nerviosos. — Tranquilo, Harry. Debes descansar —Hermione le tomó de los hombros para volverlo a acostar. — No, no, ya tuve suficiente durante una semana. Quiero ver a Draco —se quitó las manos de encima y bajó las piernas. Antes de poder tocar el frío suelo de la enfermería, ambas puertas se abrieron de golpe, dejando ver a una persona importante para Harry. Muy importante. Éste le miró asombrado, al principio, para luego sentir las lágrimas en los ojos. No podía ser… Él… Él… Sus amigos miraron al recién llegado y se apartaron de la camilla, saludando con un movimiento de mano. — En una semana puede pasar muchas cosas y tu te perdiste gran parte de las cosas importantes —le comunicó la persona, deteniéndose al lado del moreno. — ¡Por Merlín, Sirius! —le saltó encima, realmente emocionado de ver a su padrino de vuelta—. ¿Qué pasó el año pasado, entonces? Black tuvo que contarle todo su plan para escaparse de los dementotes de una buena vez y lo decepcionado que se sintió al darse cuenta que su carta nunca le llegó. También agregó un tema que ninguno de los tres estaban enterados: Sirius logró demostrar su inocencia. — ¡Eso es fantástico, Sirius! —chillaron los tres, realmente emocionados. — Si, si. Ya decía yo que no podía mantener a alguien tan hermoso como yo en lista negra —se elogió, sonriente. — Lo que digas, Sirius —sonrió Harry. — ¿Y cómo te sientes tú? Dormiste demasiado… —le sonrió. — Yo… quiero saber dónde está Draco —volvió a demostrar la insistencia y la preocupación en los ojos. Ninguno de los tres abrió la boca. Se miraron preocupados. — McGonagall dijo que podías dar tu prueba final una semana después de que te den el alta —dijo Hermione para tranquilizar esa tensión que fácilmente se podía cortar con cuchara. — Hermione —la cortó fríamente Harry fulminándola con la mirada—. ¿Dónde… esta Draco? — No lo quieres saber, amigo, te lo aseguro. Ehm… —Ronald comenzó a jugar con sus dedos, nervioso. — Harry, no le eches la bolsa a ellos; fui yo el que les pidió que no dijeran nada y nada van a decir —exclamó Black, cruzándose de brazos, seguro que lo que hizo fue para bien mundial. — ¿Por qué? ¿Es que…? —miró hacia las puertas que permanecían abiertas. El decorado del pasillo le dio la sensación de que le apretaba el corazón y los pulmones, asfixiándolo. Las banderas de Slytherin colgaban por todos los techos y las paredes; esa serpiente plateada daba como moño en el centro del escudo. ¿Por qué tanta atención a Slytherin? No puede ser. No podía ser cierto. No quería aceptarlo. Draco… — No, no es verdad —se repetía una y otra vez. De un brinco bajó de la camilla y se alejó corriendo hacia el Gran Comedor, siendo seguido por dos estudiantes de Gryffindor y un ex-prófugo/muerto. No podía escuchar sus gritos ni sus pies desnudos contra la losa ni el murmullo de todas las chicas al verle con ropa tan… simple (una camilla larga hasta las rodillas y ropa interior). Unas cuantas gritaron halagos, otras le chiflaron; mientras los de Slytherin se corrían de su paso para dejarle tranquilo. No chiflaban, no gritaban, no se burlaban. ¿Qué quería decir eso? … Lástima… Nuevamente esas condenadas lágrimas se amontonaron en sus párpados y salieron libremente, recorriendo su característico trayecto por sus mejillas y cuello o hasta la boca. Ese gusto salado le daba a entender que no se encontraba dormido. Más de una vez tropezó con sus propios pies, pero se mantenía en pie gracias a la ayuda de las paredes o las gárgolas. El trayecto hacia el Comedor fue más largo que jamás lo haya sentido. — ¡Harry, por Merlín, detén la maratón! —gritaban sus amigos detrás suyo, incapaces de alcanzarle. El moreno abrió una de las puertas e ingresó al Gran Comedor. Casi todos los alumnos seguían allí, dando el último bocado a su postre. Los de Gryffindor le miraron y, unos cuantos, tuvieron que ser retenidos para que se mantuviesen en sus lugares. Las largas piernas del chico-que-vivió atraían de más la atención de los pervertidos… Las gemas esmeraldas recorrían de un lado a otro, buscando a una y solo una persona. Ninguna cabellera rubia se podía divisar. Dumbledore le miró desde su asiento y se levantó lentamente. — Señor- —no fue capaz de terminar su llamada de atención ya que ese delgado cuerpo, cubierto solo por una camisa grande, se desplomó al suelo en un abrir y cerrar de ojos. Malfoy no se encontraba allí, no podía estar en la Sala Común, era muy temprano para eso y tenían clases y… — Vamos, Harry, arriba y ¡vístete! —le ordenó su padrino, tomándole por las axilas y poniéndolo nuevamente de pie. — Sirius… no veo a Draco —se lamentó con un hilo de voz. — Es que no… — ¡Los jardines! —se un tirón, se zafó de Black y salió nuevamente a la carrera hacia la zona vegetativa. La laguna, tal vez, era una buena opción; o las mesas en donde podría estudiar; o la colina en donde se encontraban cada noche a escondidas. Nada. Ni rastros. El príncipe de las serpientes no se encontraba en ningún rincón de afuera. Estuvo así durante bastante tiempo, buscando en cada torre, esquivando a sus amigos para que le detuvieran y a su padrino que, constantemente, le gritaba que se pusiera pantalones. Algunos profesores ahogaban un grito al verle en ese estado. Pero ya no le importaba si le expulsaban o le castigaban… Quería morir. Por una tontería suya de dormir una semana, mató a Draco… mató a su Draco. Terminó por darle una completa sepultura. No podía ser cierto, eso era… Cayó de rodillas en uno de los pasillos, también adornado de plata y verde, y largó todas las lástimas que guardaba desde que se levantó. Sollozaba y gemía, golpeando la pared, repitiéndose: — Yo lo maté, yo lo maté. Se abrazó, haciéndose una bola y permaneció inmóvil allí durante minutos o quizás horas… ¿Quién sabe? — Director —un alumno hermoso, de piel pálida, delgado, de cabellos castaños claros (largos hasta los hombros) y ojos más negros que la noche, se paró en frente de la mesa de los profesor, específicamente, en frente de Dumbledore. Éste muchacho traía ropas de un estudiante de Slytherin y parecía estar en sexto grado; aunque nadie le vio hasta hace unos días. Tal vez era un estudiante de intercambio de otra escuela; llamaba mucho la atención (aunque perdió todos los ojos en cuando algo llamó la atención desde la puerta). — ¿Qué ocurre, joven? —le miró tranquilamente, ahora seguro que su alumno de Gryffindor se encontraba bien… — ¿Es cierto lo que escucho? ¿Harry Potter ingresó semi-desnudo al Comedor para luego irse como alma que lleva el diablo? —cuestionó tranquilamente, demostrando pocas emociones. — Desgraciadamente, si. Buscaba algo… — ¿Algo o alguien? —se atrevió a interrumpir Lupin, aún mirando su comida. — Tal vez ambas —respondió el anciano. — ¿Qué no va contra las reglas correr en los pasillos sin ropas? —el castaño no quitó los ojos del director. Dumbledore comenzó a sentirse un poco incómodo hacia las acusaciones del chico. — Si, es verdad —asintió. — Algo tiene que hacer al respecto —aseguró seriamente. — Si, si. Por favor, busca a Harry Potter y llévalo de vuelta a la enfermería —le sonrió. — Como diga —giró sobre sus talones y salió del lugar. — ¿Te encuentras mejor? —preguntó un inocente animago con un pantalón negro en una mano y un vaso de agua del otro. El moreno levantó lentamente la cabeza y se limpió las mejillas. Negó con la cabeza. — ¿Por qué lloras? —le ayudó a levantarse lentamente y le tendió los pantalones—. Póntelos antes de que te expulsen. — No me importaría si lo hiciesen —pero igual, tomó la ropa y se la puso, complicándose a él mismo al no tener equilibrio. Sirius le ayudó y le guió hasta una banca del jardín para que se sentase y tomase líquidos. Sabía lo que sentía su ahijado y le dolía verle así… Largó una gran bocanada de aire. — Harry, escúchame… — Le amaba, le amo y le amaré. No importa dónde esté. Sé que él desea que viviese y sonriese, pero… no me puede pedir imposibles. Sirius, no puedo aceptar el hecho de que se haya ido. Todo fue mi culpa; si no hubiese sido tan arrogante, Santiago nunca me hubiese encontrado y Draco jamás tuvo que haber peleado; si no me hubiese quedado dormido en la enfermería, quizás, Draco estaría vivo, acá, al lado mío, consolándome y dándome los abrazos que siempre quiso darme pero no era capaz de hacerlo por su falta de tacto… Sirius abrió la boca para interrumpirle pero las palabras no salieron de su garganta. Frunció el ceño, extrañado por ese hecho. Se llevó una mano al cuello pero no encontró ninguna anormalidad. El castaño enviado por el director hacia Harry Potter les vio y se quedó detrás de una columna esperando el mejor momento para interrumpir y llevarlos de vuelta a la enfermería. Tal parece que ya tenía ropas encima, unos momentos más con su familiar no le haría mal… — Quiero verle, decirle todo lo que le amo y lo mucho que le extrañaré… quiero sentir, aunque sea, un beso verdadero. Quiero… lo quiero a él, Sirius —sollozaba con el vaso de agua fría entre sus manos y mirando el líquido moviéndose ante el tembleque de su cuerpo. El animago abría y cerraba la boca como pez, intentando sacar alguna sílaba pero ¡nada! — Oh, padrino, te he extrañado mucho y no niego que me puso feliz verte; si tan solo todo esto no estuviese ocurriendo, estaría completamente feliz… Lo siento, no puedo dejar de pensar en mi Draco. ¡No pude haberme dormido! ¡Le maté, Sirius, le maté y me siento sumamente arrepentido! No tomó ni un trago del agua mas sus manos dejaron caer el vaso a la hierba y se abrazó las piernas, volviendo a su llanto incontrolable. — ¡Mi voz, mi preciada voz! ¡¿Dónde está?! —se pasaba ambas manos por la garganta, sin poder explicarse lo que le sucedía—. ¡Argh, Harry! Le miró preocupado. El moreno sintió una mano en el hombro pero no sacó la cabeza de entre sus extremidades. Sirius le quería consolar pero nadie lo lograría. Era un… asesino. Un verdadero asesino. ¡Mierda, mierda! Así fue que lentamente, sus ojos se cansaron de tantas lágrimas; se cerraron hasta dejarlo con un intranquilo sueño. Otra vez en una cama, aunque la suya era más cómoda en las camillas de la enfermería. Ya no sentía dolor en sus músculos (aunque jamás le prestó atención). Se retorció entre las sábanas. ¿Por qué tuvo que levantarse? Ahora sí quería dormir y nunca despertar. Sintió que alguien le tomaba un mechón y jugaba con él, sutilmente, procurando no despertarle ni hacerle daño. Pensó en quién podría ser: Sirius. — Lo siento, te desperté —escuchó el murmullo a su lado, cerca de su oído. Fue ahí cuando saltó como resorte y cayó fuera de la cama, con el corazón bombeándole con rapidez y la respiración agitada. — ¡¿Quién demonios eres?! —exigió saber. Se encontraban en la sala de los menesteres; no podía confundirse. El castaño de Slytherin le miró, sin inmutarse en su posición. Por unos segundos lo único que escucharon fueron las chispas de la chimenea y la respiración de Potter. Harry sintió que algo le cerraba la garganta. Ese chico le parecía conocido, juraría que le había visto en otra parte; pero dónde y quién era. Ya no sentía esa rabia de ser tocado por otro que no sea su Príncipe; ahora podía sentir curiosidad y… ¡¿Qué mierda quería decir su sonrojo?! — ¿Quién… eres? —habló sumamente bajito. Era la voz más fuerte que podía pronunciar en ese momento. Merlín, ese joven Slytherin le resultaba tan conocido y tan desconocido a la vez. ¿Qué debía hacer? No quería acercársele, presentía que sentiría cosas que solo con el amor de su vida sentía. ¿Por qué? ¿Tan infiel era? ¡No! Draco es único, jamás se olvidará de él. — ¿Quién soy? Tú lo sabes —respondió neutral el joven quien se levantó y se acercó al Gryffindor. Potter retrocedió hasta que la pared le impidió seguir alejándose. El castaño se acuclilló en frente suyo y le miró fijo a los ojos, esperando alguna respuesta o reacción. Claro que ambos se conocían, ¿no le recordaba? — No, no lo sé. Aléjate, ¿quieres? —se mostró agresivo con la intención de apartarlo y así poder salir de allí. ¿Dónde estaba Sirius? ¿Cómo llegó allí? ¿Qué le sucedía a ese chico? ¡! — No quiero —simplemente dijo antes de tomarle de la nuca y levantarle el rostro para dejar sus labios muy cerca—. ¿Quién soy, Potter? Responde. El moreno abrió los ojos de sorpresa al verse acorralado de esa forma. Potter, Potter, ¿quién es?, se preguntaba una y otra vez. Lo sabía, ¡sí lo sabía! Pero encontrar una respuesta en su cabeza era peor que un laberinto lleno de idas y vueltas. Posó sus manos en los hombros del Slytherin, con la intención de apartarlo y sacarse esa garra del pelo. Hizo una mueca de dolor. El recién levantarse le daba pocas fuerzas; si tan solo hubiese esperado quince minutos, tal vez ya estuviese sufriendo un dolor punzante en la ingle… — No le intentes. Dime quién soy y te diré quién eres —¿la frase no era al revés? — Nunca respetas las frases, siempre tienes que convertirlas para que te beneficien a tí —masculló entre dientes, cerrando con fuerza los ojos. — Bien, vas por buen camino, Potter —podía sentir su aliento directo en su boca entreabierta—. Ahora… ¿quién se supone que soy? — ¡¿Y qué voy a saber yo?! ¡Siempre tienes que hacer un papel diferente frente a todos! —rugió, cada vez más molesto por ese momento. Un momento, ¿cómo sabía todo eso? ¡Sí, ahora si confiaba en lo que su mente gritaba! Conocía al joven… — ¿Papeles diferentes? Siempre mantuve uno frente a la gente, Potter… —pasó su lengua alrededor de esos rosados labios, resistiendo a la tentación de besarlo y ya. Pero primero, el acertijo… — Pero diferentes frente mí —le corrigió seguro. — ¿Cómo cuales? —se dispuso a besarle el cuello, dejando un par de marcas en él. — ¡No hagas eso! —se sonrojó. — ¿Cómo cuales? ¿Qué papeles? —siguió el interrogatorio sin intenciones de detener sus movimientos. — Múl… múlti-ples papeles —no podía controlarse. Esos besos le alteraban, no le hacía pensar claramente. Debía sacárselo de encima. Costase lo que costase. — Bien. Si no me responder esa pregunta, te daré otra: ¿qué te pasa, Potter? —pasó una mano por debajo de la camisa, abriendo los últimos tres botones. — ¡No, ¿qué te pasa a tí, Malfoy?! Quedó tieso como estatua, mirando a la nada y a la vez una cabellera castaña. El Slytherin se apartó del cuerpo del Gryffindor y le miró fijamente a los ojos, con el ceño levemente fruncido. — ¿Cómo me llamaste? —alzó una ceja. Harry vio claramente ese brillo plata tan característico en… Draco. — Malfoy… Draco Malfoy. — Pensé que conocías mi nombre entero, Harry —el castaño se apartó de él, soltándole, y se cruzó de brazos. Ambos se encontraban sentados en el suelo, enfrentados, separados por la distancia de una cerámica. El moreno no daba crédito a lo que veía. ¡Su Draco! — ¡Draco! —le saltó encima, abrazándole por los hombros. Ambos cayeron al suelo, abrazados como gelatina. Tuvo que pasar un par de minutos para que Harry se diese cuenta que su Draco no respiraba bajo suyo. — Lo siento —apoyó ambas manos a los costados de la cabeza de Malfoy y se levantó lo suficiente para verle el rostro—. ¿Qué te pasó? — Es una larga historia —le sonrió como solo a él le sonreía. — Tengo toda una vida por delante —se sentó en su cadera y le tomó por las mejillas, besándole apasionadamente en los labios. Enhorabuena, esos labios que tanto ansió los tenía entre los suyos, saboreándole la boca cada rincón existente. Su cuerpo reaccionaba ante ese toque, de la misma forma que la última vez en el baño de un restaurante en el mundo muggle. Ahora estaba seguro que no era ningún juego. Era un beso real, sin burla ni broma. Real. Cuando el aire se les acabó a ambos, a regañadientes se separaron para sentarse más cómodamente y así tener una 'pequeña' charla de todo lo que sucedió. — Te escucho —inició la conversación el de orbes verdes. — No —negó rotundamente. — ¿Qué? — Ven —le tiró de los brazos y le aprisionó entre su cuerpo y sus piernas. Le olfateó el aroma del pelo—. Apestas a enfermería. — Y tú a hojas —le olió el brazo. Draco sonrió. — ¿Ahora sí me contarás? —alzó el rostro para mirarle mejor. — ¿Tengo que gastar este preciado tiempo contigo para contarte lo que me pasó? — Si. — Está bien. Luka Miwa entró al despacho del director y se sentó en el asiento en frente del escritorio. — Qué suerte volver a verte, prefecto Luka —le sonrió el anciano. — También me alegra volver a mi cuerpo —correspondió a la sonrisa. — ¿Y bien? ¿Cómo la pasaron? —sonrió Dumbledore, entrelazando sus largos dedos huesudos a la espera de una historia emocionante. Lo que se encuentra escrito de "ésta forma" es dicho por Luka Miwa; Y lo que está escrito de "ésta forma" es dicho por Draco Malfoy. Intento hacer la típica escena de escena intercaladas; ambos hablar de lo mismo, pero desde su punto de vista y a diferente remitente — Al principio me sentí sumamente preocupado por ti, quería hacer algo para sacarte ese enorme peso que el estúpido anciano te pudo. Así que decidí ir al mismo infierno para aclarar las cosas y poder volver a mi cuerpo normal —le acercó lo más posible a su cuerpo, procurando estar seguro de que no se le escapará como veces anteriores como espíritu. — En el momento de la separación de cuerpos, sentí un calor tan, pero tan, doloroso que comencé a llorar. La piel se me caía como agua, la carne quedaba expuesta al aire (de modo que me hacía arder). Si, separarme de mi cuerpo fue lo peor que jamás haya hecho en mi vida —se abrazó, consolándose con el tacto vivo de su ropaje y su piel. — El infierno es algo parecido a las películas, aunque menos lujoso. No había personas, tal vez se escondían de nosotros; era un pueblito minúsculo. Miwa y yo caminamos día entero, buscando algo relacionado con ese ser 'La Muerte', pero solo encontramos cajas viejas y ropas colgadas… — Dos guardias se nos aparecieron mientras descansábamos y nos llevaron a la fuerza a la mansión de Tetsu (mejor conocido como 'La Muerte'). — Era insoportable viajar con ese idiota; le detesto desde el campamento. ¡¿Quién se cree?! Y no me podía alejar de él porque esa maldita soga nos mantenía unidos. Dumbledore sabía que era capaz de abandonarlo en cuando se me diese la oportunidad. — Gracias a su invento de la liana, volví sano y salvo… Bueno, más o menos. Como ve, aún sigo teniendo un par de marcas por las cadenas. Pero ya me adelanté mucho a la historia. ¿Por dónde iba? — Ah, si. Ya recuerdo. Ese castillo estaba adornado con cuerpos en descomposición, cadáveres. No hagas esa mueca de asco, cariño, no fue tan terrible… — Malfoy fue el que más sufrió por esos cuerpos colgados. Poco más y vomitaba en ese lugar… —el director sonrió. — Pude notar que el estómago de Miwa no era tan resistente como el mío —Harry rió bajito. — Ambos guardias nos llevaron al despacho de Tetsu, en donde también se encontraba Santiago, el consejero. — ¡¿Santiago consejero?! —saltó Potter, aterrorizado. — Tranquilo, ya tuvo su merecido —le acarició la mejilla, recordando cuando cayó de la silla atónito en un principio—. Tetsu insistía en que tuve que haber muerto, al fin y al cabo, ya que, si no lo hice en el campamento, tuve que haberlo hecho en la pelea en esa dimensión. — Gracias a que Malfoy leyó las leyes del infierno (si, también me sorprendió), pudimos salir del insistente cuestionario del superior. — ¿Qué esperabas? Conozco todo de todos los mundos, soy un Malfoy —sonrió orgulloso. — Menos de los muggle —le recordó Potter. — Lamentablemente, Draco me llevó a una trampa bien hecha. La carta solo fue un anzuelo y ambos terminamos encadenados y prisioneros en una celda. — Que tenía 2.543 piedras como paredes. — Si, tuvimos bastante tiempo libre —se rascó la cabeza, apenado al dar ese pequeño detalle—. Tenían solo dos días para pensar en la forma de escaparnos y solo encontramos una solución: — Tú, Harry —le miró. — ¿Y-yo? — Si, debías romper el hechizo para traerme a mí y, por el efecto de la soga maldita, también traerías al idiota. — A un día de volver, apareció Santiago en las celdas. Comenzó a molestar a Malfoy con escenas sucedidas entre Potter y él… la violación. Draco se cabreó y, si no fuera por mi habilidad de Oclumancia, nadie le hubiese tranquilizado. Saqué información importante de la cabeza de ese Santiago y la volví en su contra. — No estoy seguro si fue verdad o mentira, pero todo lo que dijo fue demasiado para el estúpido y hasta yo me tranquilicé. — Fue divertido verle tanto miedo y odio en los ojos —sonrió. — Eres todo un malvado —comenzó Dumbledore, mirándole por encima de sus anteojos de media-luna. — Si, creo que no me vendría mal hacer una película en la que yo sea el malo. Se me viene bien las mentiras de ese grado —amplió su sonrisa. — Luego de unas horas, Miwa se empeñaba en convencerse de cuál sería la mejor forma en sobrevivir en el infierno. Eso me molestó, ya que no confiaba en tí, y le golpeé con mucha fuerza. Le partí el labio y la nariz (n/a: Ahora quieren parecerse súper, no les crean esos golpes… .'). — Me golpeó, como novio celoso, y no pude aguantarle más. Le devolví la piña, rompiéndole la mejilla y estuve a punto de ganar, pero… — Le estaba sacando el aire, le iba a ganar y hacerle entender que con Malfoy no se podía meter, pero… — Las cadenas comenzaron a quemar como acero caliente y así fue como terminé con estas lastimaduras en las muñecas y tobillos. — A la noche siguiente, decidimos dormir para luego recibir al comité de mal-venida al infierno. Lo siento, Harry, pero tú dormías y solo quedaban muy pocas horas para que el tiempo se acabase. En la noche, sentí como si lava viva cayera como lluvia sobre mi cuerpo. No pude resistir el gritar de dolor; las cadenas brillaban como linternas en la oscuridad… — Era algo muy parecido a la llegada aunque un tanto menos doloroso; pero no le quitaba el dolor. Gritamos a todo pulmón. Lo siguiente que recuerdo es sentir que una soga tiraba de mi mano (en donde tenía la soga) y un aire frío golpeaba mi rostro… — En un momento del trayecto, pude sentir cómo se cortaba la liana y me liberaba del idiota. Creo que fue el momento más feliz de toda la semana. — Cuando noté que Malfoy se iba para un lado y yo para otro, al principio sentí gratitud pero luego me aterré. No sabía a dónde iba ni a dónde iba Malfoy. — No recuerdo más que eso. Cuando abrí los ojos, me encontraba en este cuerpo. Aunque soy parecido a antes, mi cabello es marrón y no rubio —tomó un mechón. — Y tus ojos son negros y no plateados —agregó Potter. — Oh, no. Son lentillas. Para comprobar que podía reconocerme cuando despertases —le sonrió. — Eso fue malvado. Comenzaba a temerte al hacerme sentir intimidado ante esa mirada. Cuando comenzaste a besarme, no había forma de que pudiese separarse. Hasta que diste en la pregunta clave… — Si, lo sé. Soy único —le besó en los labios. — Lo último que recuerdo es abrir los ojos y encontrarme con usted, sonriéndome y dándome la bienvenida. — En verdad, me asusté mucho cuando vi tantas banderas de Slytherin en los pasillos —decía Harry mientras dejaba que un castaño Malfoy jugase con su cabello. — Ajá —asintió Draco sin prestarle atención, tenías cosas más importantes en qué pensar como en la belleza de ese hermoso rostro que ahora le mirada con el ceño fruncido—. ¿Qué? —se sorprendió. — ¿Qué pasó para tanta atención a tu casa? ¡No me escuchas! ¡Draco, eres un…! Sintió un tirón de su barbilla hacia arriba para luego ser invadido por esa húmeda lengua tan familiar. Sin reproches, dejó que dominasen su cuerpo; pasó los brazos sobre los hombros del castaño e intensificó el beso. Draco le abrazó por la cintura, juntando ambos pechos, mientras también usaba sus piernas para juntar completamente ambos cuerpos. Adoraba ese contacto, lástima de esos estorbos conocidos como ropa. — Draco… —jadeó el moreno cuando se vio libre en su boca, pero ahora era su cuello el atacado— .Draco… préstame atención. No… hagas eso, por favor —cerró los ojos, sintiendo una punzada en la cabeza. Maldito Santiago, ni muerto le dejaba tranquilo. Malfoy dejó de besar y lamer ese blanco cuello al darse cuenta de las reacciones de su novio. — ¿No sabes por qué somos la atención de todo el colegio? —le distrajo volviendo a su tarea de hacerle rulos en el pelo. — Acabo de despertar. ¿Qué ocurrió? —le miró, insistente. — Slytherin fue el ganador de la copa de Quidditch —sonrió con superioridad. — ¡¿Qué?! ¡Oh, maldición! ¿Qué clase de buscador puso Gryffindor? —se cruzó de brazos y se apoyó en el pecho de su amante, haciéndose el ofendido. — Pusieron a Weasley. Fue una victoria sencilla. — ¡Ron! Oh… —prefirió no hacer ningún comentario. — Quedaron terceros. Ravenchaw quedó segundo. — Suficiente información —suplicó. Draco rió bajito. — Draco… —volvió a llamarle unos minutos después. — ¿Nh? —olía cada hebra de ese brillante cabello… — Es embarazoso que me huelas de esa forma. Me siento asechado —se ruborizó. Malfoy sonrió. — ¿Qué te hace pensar que no lo estás siendo? —le murmuró al oído, seductor, mientras volvía a abrazarle por la cintura. Harry se sonrojó aún más. El castaño ahora era más pervertido y no se avergonzaba de serlo… ¡Ah, corría peligro en ese lugar! ¿Y a quién le importaba? Tenía que aceptarlo, siempre quiso estar de esa forma con Draco y, por fin, lo logró. Si no fuera por la tortura que le dejó Santiago… — Haré que te olvides de ese idiota, no recordarás ni su nombre —le aseguró, mirando fijamente hacia la nada. Le brillaron los ojos. — Yo… lo siento —abrazó esos brazos protectores que le cubrían la cintura. Tomó una mano y le besó el dorso de ella—. En verdad, quiero ser tuyo y nada más que tuyo… pero sigo teniendo miedo —no se atrevía a levantar la vista. — Despreocúpate, sabré cuando será el momento oportuno. — ¿Eso no lo tendría que decir yo? —alzó ambas cejas. — No, porque tú eres demasiado lento y mis hormonas no esperarán mucho tiempo —sonrió para mordisquearle levemente el lóbulo de la oreja. — Ah… —gimió, sorprendido por tal acto. No se lo esperaba. — ¡Aish, Harry! —se quejó el castaño, apartándolo de su cuerpo y levantándose con la ayuda de sus rodillas. Potter cayó de espaldas al suelo. Miró a su novio, sorprendido. — ¿Qué? — ¡Eres demasiado lindo! —le acusó—. Si sigues así, no podré aguantar mucho tiempo —se sentó en una silla, cruzando una pierna sobre la otra. El moreno miró el suelo, apenado. Se sentía como una mujer siendo observada fijamente por su chico-enamorado… ¡No podía permitir eso! Con su orgullo en alto, se levantó del piso y se sentó en la cama, en frente del castaño. — Te empeñas en hacerme sentir avergonzado —le culpó, fijando sus orbes verdes en ese pálido rostro. Malfoy sonrió antes de echarse a reír. — Harry, ¿qué te avergüenza? — Tus palabras. Crees que soy una muchacha virgen de trece años —se ruborizó. Draco se levantó y le tomó de la nuca, juntando ambas frentes. Se puso repentinamente serio; eso hizo estremecer al moreno. — Si así te creyera, ahora estarías atado a la cama, sin ropa y con helado en el ombligo. — ¡Malfoy pervertido! —se alejó de un empujón, rojo como tomate. Draco cayó en la silla y miró asombrado al otro. — Nunca dejaré que me hagas eso, no me importa si eres mi novio o esposo —se cruzó de brazos sobre el pecho. — Eso dices ahora… — ¿Desde cuándo eres tan pervertido? — Hombre, estoy inactivo desde el año pasado y tengo diecisiete años —se encogió de hombros, despreocupado—. Tranquilo, lo del helado solo lo hice con las mujeres, no me atrevo hacértelo a tí. — ¿Debe tranquilizarme eso? —tragó saliva—. ¡Ya, basta! ¿Eres sadomasoquista? — Claro que no. Solo te molesto —le sonrió ampliamente. Harry largó una gran bocanada de aire. — ¡Tú, desgraciado! Me asusta tu mente… Nuevamente, los ojos negros (en realidad, grisáceos) brillaron. Lo siguiente que Harry vio fue a Malfoy arriba suyo, tomándole las manos a los costados de su rostro y con las rodillas a los costados de su cadera. Toda la sangre subió a sus mejillas; comenzaba a dolerle tanto calor… — No te haré nada, Harry. No soy capaz de lastimarte ni un pelo, jamás me atrevería a verte llorar por mi culpa ni por nadie. Confía en mí, solo bromeaba —le besó la frente, tomando desapercibido al otro. Ese Draco dulce y sensible no le conocía; se sentía tan agradable que hasta estaba seguro que si se desnudaba en ese momento, Malfoy no le tocaría ni un pelo si él no lo desease… Bien, no tan seguro, pero contaba la intención… — Te amo, nunca lo olvides. — También te amo, Draco —le sonrió—. Pero… — ¿Mh? — ¿Qué te sucedió? ¿Un golpe en la cabeza en ese calabozo? De repente eres demasiado cuidadoso y dulce —le inculpó con la mirada. — Se podría decir que el infierno me hizo recapacitar —se encogió de hombros para luego sonreírle—. ¿Es que acaso eres masoquista que quieres que vuelva a mi personalidad frívola y orgullosa? — No, claro que no. Me agradas de todas las formas… porque eres tu, Draco —estiró el cuello y le besó dulcemente en los labios—. ¿Te bajas? Es que es un poco incómodo —sonrió, avergonzado. El castaño no reprochó y se sentó a su lado, cruzándose de piernas. Pasaron un rato agradable hablando de diversos temas, todos referidos a los sucesos de toda la semana en que Harry durmió. — Oye, Draco, ¿dónde está tu verdadero cuerpo? —no pudo guardar más la pregunta. — ¿Lo dices por mi pelo? Unos duendes estuvieron jugando con él mientras era espíritu. En realidad, éste es mi cuerpo… pero me cambiaron el pelo. Si los tuviese en frente… —apretó la quijada. — No te queda mal el castaño —le sonrió. — Aún así, me teñiré para volver a mi color. ¡Mi pelo no se toca! —chilló enfurecido. Harry sonrió, nervioso. — Tengo otra pregunta… — Lindo cuestionario me haces. Acabo de llegar, dame un respiro —le sonrió. — No juegues —le sacó la lengua. — ¿Qué quieres saber? — ¿Cómo regresaste? El de ojos plata mostró su asombro pero al instante recordó un detalle: Harry le devolvió la vida inconscientemente. Respiró profundo. — Tú me devolviste a la vida… A propósito, la cuenta está saldada. — ¿Pero cómo lo hice? — Dijiste las cinco palabras… —se acostó, usando de almohada sus manos. — ¿Y cuáles eran? —se acostó a su lado, sosteniéndose sobre su codo. — ¿No te las dijo Lupin? — No lo he visto aún. — 'Draco te amo, vuelve conmigo'. Lupin y Black las escucharon, ellos estaban contigo y las interpretaron como una pesadilla ya que llorabas —le acarició la mejilla. — Merlín, Draco. Te he extraño demasiado —le abrazó, acostando su mejilla en ese firme pecho. El tiempo pasó rápidamente para la pareja, finalmente, junta. No faltaba la oportunidad de Sirius para intentar separarlos, mas las admiradoras del Yaoi le detenían con garras y dientes. Draco terminó decolorándose el pelo, dejándolo en su color anterior y tiró esas lentillas azabaches con asco (odiaba esas cosas porque le hacían llorar). Al volver a ser 'él', todo el colegio le reconoció y tuvo un buen rato en su Sala Común, charlando con sus admiradoras o amigos. La pareja tuvo que quedarse unas dos semanas más en el colegio para dar las pruebas que les faltaban y así graduarse como era debido. No se quejaron ni maldijeron a los profesores (aunque los profesores si los maldijeron a ellos por sacarles días de vacaciones). — Bien, terminadas las clases. ¿Ahora qué harás, Draco? —sacó sus pertenencias del auto volador que les dejó en la estación 9 ¾. — Ir de vacaciones contigo a una cabaña que alquiló mi padre hace unos días. ¿Qué dices? —le miró, con una sonrisa pícara. — Pues… no tengo ropa y tengo que volver a mi cama —se sonrojó levemente. — Eso se puede arreglar —le pasó un brazo por los hombros y le besó en la boca, dejando asqueado al conductor. El rubio disfrutaba tanto esas muecas de repulsión… Esa misma noche, Malfoy y Potter se acercaron volando en sus escobas a la casa del segundo; procurando no ser vistos por muggle, entraron al cuarto y prepararon las maletas rápidamente, metiendo todo lo que se les aparecía en frente. Draco terminó antes que el moreno ya que no doblaba la ropa ni se preocupaba por acomodarla en los bolsos. Esperó sentado en la cama, mirando fijamente a su novio. Ya tenía todo planeado para esa noche, en la cabaña. Sonrió al pensar en lo que ocurriría en tan solo pocas horas. Harry no podrá negarse, se le veía preparado para asumir su trauma aunque, también sabía, no se lo diría a la cara. Vergüenza, ¡já! Harry cerró la última maleta y largó una gran bocana de aire. — Listo —se giró a ver al rubio—. ¿Qué? —se sorprendió al verle sonreír de esa forma. ¿Cómo describirla? No parecía feliz, ni melancólica, ni amorosa. Una vez se la había dedicado, ¿cuándo fue? Se sonrojó. Cuando le advirtió sobre lo que quería hacer y su condición de espíritu se lo impedía. ¡Sonrisa pervertida! — ¡Deja ya! —murmuró, sacando sus orbes verdes de su novio. Draco rió. — ¿Todo listo? Salgamos, entonces. Juntaron todas las maletas en un rincón y Malfoy las hizo desaparecer. Aseguró que ya se encontraban en la cabaña y solo faltaban ellos. Subieron a sus escobas y salieron, dejando la ventana abierta, sin preocuparse de los gritos que lanzarían los habitantes de allí. Anduvieron por un tiempo sobre el cielo oscuro, de vez en cuando lanzándose una que otra mirada. Llegaron a una zona boscosa, con cabañas dispersas en diferentes lugares, lejos una de otra. Caminaron el último metro para dejar sus 'vehículos' contra una columna y entrar al lugar. Todo estaba hecho de madera, el olor de vegetación inundaba sus pulmones, limpiándolos de toda impureza. Harry tosió. — Tanto aire puro… no estoy acostumbrado a él. — Ya te acostumbrarás. — Este olor… olías a esto cuando nos reencontramos en la sala de los menesteres —le miró. — Si, estuve aquí un par de días, preparando todo mi plan para que me reconocieras —dejó los platos y los vasos en la mesa, preparando todo para la cena. Ya era algo tarde mas tenía hambre. Cenaron comida enlatada: jardinera con mayonesa. No tenían ganas de cocinar ni ensuciar demasiado. — Hay electricidad, agua caliente y gas —comunicó el rubio platinado teñido mientras subía las escaleras hacia los cuartos. — ¿Qué quieres decir con eso? —le miró, subiendo detrás. — ¿Quiéres bañarte conmigo? —fue derecho hacia el baño para prender la canilla y llenar la tina. El moreno se sonrojó, deteniéndose en mitad del pasillo. Quería, si, pero la vergüenza… Maldición, ahora Draco le miraba con diversión y burla mientras ponía un líquido en le agua; al instante apareció una capa de espuma en toda la bañera. — Si —respondió serio, entrando al baño y cerrando la puerta detrás. El Slytherin amplió su sonrisa mientras se incorporaba y abría su camisa. — Bien, el agua estará lista en unos minutos —le dio la espalda y se dispuso a desabrocharse las zapatillas. El moreno se quitó, primero, la túnica y la dejó sobre el retrete. Se desabrochó las zapatillas y las dejó aún costado, con las medias dentro (así no se les pierde). Desabrochó la camisa y se disponía a sacársela cuando un par de brazos pasaron por debajo de sus axilas y le arrinconaban contra un firme tórax. — ¿Draco? —levantó el rostro. Las pálidas manos comenzaron a rozarle el pecho y el estómago, dándole pequeñas descargas eléctricas y haciéndole estremecer. — Te tardas mucho en desvestirte —le susurró al oído. — Mh —cerró los ojos, apenado. Su cuerpo se dejó mover por el otro. Malfoy le guió hasta la bañera a medio llenar. Se sentó en la baranda, sentando al Gryffindor en su regazo. — ¿Te ayudo? —le besó el cuello, yendo y viniendo del hombro a la yugular y viceversa. — Yo… No, Draco —jadeó, intentando soltarse de esos dos tubos en vano—. ¡Ah! —dos pinzas le tomaron las tetillas y empezaron a masajearlas, torturándolas. — No te muevas… Nos caem- —perdió el equilibrio y ambos cayeron al agua espumada. Ambos aún se encontraban en uniforme (a excepción de los zapatos y la túnica de Harry y ambas corbatas). Salieron a la superficie con una montaña de burbujas en la cabeza. Se miraron, sonrojados. — Fue tu culpa —dijo Harry levantándose para terminar de sacarse la camisa. — ¿Mía? Yo no soy Merlín que dije: "Harry Potter serás tentador para todo ser que se nombre Draco Lucius Malfoy". Dejaron la ropa húmeda tiraba por todo el suelo, dejando una pequeña laguna. Limpiaron sus cabellos con la espuma y dejaron que las gotas les resbalasen por las mejillas. Para Malfoy, todo era demasiado. No podría soportar por más tiempo el tener el cuerpo desnudo de su amado en frente sin poder recorrer cada rincón de él. Se mordió la lengua. — Draco, ¿te encuentras bien? Estás pálido —le llamó la atención acercándose a él y tomándole por las mejillas. — No —respondió sinceramente, luego de unos momentos. — ¿Te sientes mal? —se preocupó—. Hay mucho vapor, ponte una toalla mojada en la cabeza. — No es eso —le tomó por los hombros y le abrazó—. Te quiero… — Yo también —se sonrojó. —… no me entiendes. Harry permaneció en silencio, ocultando su rostro de la vista fija platinada. — Si entendí —le corrigió con un hilo de voz. Draco se sorprendió. ¿Quería decir eso… lo que quería que significara? Dentro de él saltaba eufórico por poder cumplir su deseo. Le demostraría al moreno lo tanto que le amaba. Le apretujó aún más, moviendo sus manos contra esa firme espalda. — Tranquilízate… y déjate llevar —guió sus labios al cuello para subir hasta sus labios. Ese par de manos recorrían todo su cuerpo, con suavidad, dándole escalofríos de vez en cuando. Harry pudo ver la excitación en los ojos grisáceos, ya no podía más. ¡Al demonio con su 'trauma'! Quería a Draco y lo quería ahora. Su boca fue liberada para tomar bocanadas de aire más grandes y así llenar sus agitados pulmones. En un movimiento brusco, Malfoy le dejó contra la pared. Gimió. La pared se encontraba helada; pero el calor corporal de su novio le hizo olvidar rápidamente eso. Cinco dedos y una palma (n/a: Vaya, qué descripción O.o) le tomaron su miembro semi-erecto y comenzó a masajearle; al principio, lentamente; pero, a medida que se ponía más duro, sus movimientos fueron apresurándole. — ¡Ah… Draco! Mh… ¡! Tomó los hombros de Malfoy para apartarle. — No… ahí no. Duele —jadeó al sentir un dedo en su entrada. — Relájate, Harry… —siguió masturbándolo para distraerle y así poder meter dos y tres dedos. Sonrojado, se arqueó en cuando se vio en el límite. El rubio posicionó su dedo gordo en la punta del pene, impidiéndole al otro expulsar su semilla. — Draco… necesito… Ah… — Aún no… —le susurró al oído para luego morderle el lóbulo de la oreja. Esa tortura era insoportable y no dejaría que el teñido se aprovechase. Llevó su propia mano a la entrepierna del rubio, notando lo muy recto que ya se encontraba. ¿Y no recibía atención? Con la respiración agitada, tomó de sorpresa al 'seme' cuando le empujó para una pequeña plataforma, en donde el agua no llegaba. — Sube —le pidió. — ¿Harry? Sin poder rechazar alguna petición del moreno, le obedeció. Potter se puso en frente suyo, separó sus piernas, dejando su miembro al descubierto. Se sonrojó. — ¿Qué crees…? ¡Ah! Arqueó la espalda. Ni en sus sueños más eróticos pensó que Harry haría algo por el estilo… bueno, si lo soñó pero no creyó que se cumpliría. Se sentía tan bien estar en esa boca que le lamía, succionaba y mordisqueaba. No podía dejar de gemir. Posó una mano en la cabellera azabache y le removió los cabellos, incitándole a no detenerse. — Harry… me- — Aún no… —rápidamente se apartó de él y le besó la punta para luego apartarse y sonreírle—. Te vez muy sexy. Se levantó y le besó en la boca, abrazándole por el cuello. Se sentó en su regazo, abrazándole con las piernas en la cintura. Movió su cadera, ambos penes erectos se rozaban, uno contra otro, sacando gemidos sofocados por el beso. — Draco… te quiero… adentro. ¡Mh! El rubio se dedicó a abrirle las nalgas con ambas manos y posicionó su miembro en el ano. — ¡¡HARRY JAMES POTTER!! Estuvo a punto de penetrarle cuando el moreno saltó hacia atrás por la sorpresa y cayó de espalda al agua, mojando el suelo al hacerla rebalsar. Draco permaneció estático en su lugar, asombrado por todo lo que sucedió en ese segundo. ¿Qué pasó? ¿Por qué Harry desapareció? ¡¿Quién demonios gritó?! Gritar. Había alguien en la casa. ¿Quién? Ahora mismo lo averiguaría. No, alto. Su amigo no le permitía moverse. — Draco… ¿Quién…? —pudo notar que Potter aceleraba el suceso para terminar de una vez. Se encontraba colorado y sus ojos estaban cerrados. — No lo sé —masculló palabra por palabra, conteniendo la rabia con su quijada firme. Su instinto asesino comenzaba a sacar a flote. ¡¿ES QUE NO SABÍAN LO QUE LE COSTÓ LLEGAR A ESE MOMENTO?! ¡DEMASIADO! ¡DE-MA-SIA-DO! Se levantó de la plataforma y rodeó su cadera con una toalla amarillenta. Genial, ya se le fue la excitación. Matará al ladrón ese… El moreno también se levantó y cubrió sus partes con otra toalla algo más grande. La amarró a su cintura y salió junto con su novio. — Quédate aquí. Yo veré quién es ese… —guardó los insultos. El moreno esperó dentro del baño unos diez segundos, luego de que Malfoy haya salido, y le siguió. — ¡¿QUÉ MIERDA HACES ACÁ, PERRO PULGOSO?! — ¡Malfoy, devuélveme a mi ahijado! ¡Harry! —aliviado, Sirius corrió hacia él y le abrazó protectoramente. Notó que ambos se encontraban muy mojados—. ¡HARRY! —ahora gritó de rabia. — Sirius, ¿qué haces acá? Estoy de vacaciones —le miró apenado aunque molesto. En un momento culmine debía llegar. Por más padrino que fuese, él se encargaría de devolverlo a ese velo… — Nada de vacaciones, ¿ese pervertido te tocó más de lo permitido? Dímelo y yo lo castro, tengo todo lo necesario en la cocina —miró con furia al teñido quien apretaba los puños con tal de no golpearle. Tenía que aceptarlo, debía tener respeto hacia el padrino de su novio, era su familia… Perfecto, Harry se encuentra con el mismo fuego en los ojos que él. No se arrepentiría si ahora le golpease. — ¿Y cuál es el límite, cachorro? —se cruzó de brazos, mostrando su pose altanera que tan conocida en la escuela era. — ¿Cómo que cuál es el límite? ¡Por su puesto que 'ese'! —gruñó, poniendo al moreno detrás suyo. Gruñó, dejándose llevar por sus instintos de perro. Tenía el presentimiento de que el rubio le estaba humillando… — No, no te entiendo —sonrió con cinismo. Extendió su pálida mano hacia Black—. Ven, cariño —le brillaron los ojos. — ¡¿Cariño?! ¡Yo no soy tu 'cariño'! —chilló más enfurecido. — Nadie te está hablando a tí, intento de híbrido —le fulminó con la mirada—. Harry, amor… Potter logró esquivar a la estatua de su padrino para abrazarse al rubio. No podía permitir Sirius le dejase en esa posición. Nadie podía ponerse a la misma altura que su rubio… ¿o ahora castaño? — ¡Harry! —exclamó desesperado. — ¡Sirius, al fin! —apareció Lupin corriendo hacia el animago y reteniéndolo lejos de los adolescentes. — ¿Remus? —se sorprendió el Gryffindor. — Las clases terminaron. ¡LÁRGUENSE DE MI CASA! —estalló Draco. No lo podía soportar. Le rompieron la atmósfera romántica, interfirieron en lo que para él era el triunfo del siglo, ensuciaron el suelo de madera con sus zapatillas embarradas y ahora ¡se abrazan en frente suyo! Está bien, el profesor solo retenía al otro pero ¡eran profesores y a él no le agradaban las clases particulares! — Lo sentimos mucho, Malfoy, yo solo vengo a llevarme a Sirius —se justificó Remus, tirando del perro. — ¡No lo lograrás! Yo vine a llevarme a mi hijo —forcejeaba Black—. ¡Guau! — Detesto las mascotas —masculló asqueado el Slytherin viendo la transformación—. Llévatelo antes de que los Aurors se lo lleven por orden mía. — ¡Draco! —le miró ceñudo su novio. — Lo siento, Harry, pero ese anciano me sacó de mis casillas —no le miró, quería estar pendiente de todos los movimientos de esos dos adultos. — Vámonos, Sirius —Remus hizo aparecer un collar en el cuello del animal y tiró de la correa. — Pobre Sirius, le humillas demasiado, Remus —le quiso proteger Harry. — Grrr. — ¿Te parece un animal dócil? —sonrió nervioso, tirando con fuerza. — Lobo y lobezno —volvió a advertir el rubio. — Ya va, ya va. Si tan solo tuviera un poco de ayuda… —le acusó con la mirada un profesor de DCAO. — Tú lo pediste —sonrió con maldad. Harry tembló. — ¡Y NO REGRESEN! —cerró la puerta de un portazo, haciendo temblar los cuadros. Remus y Sirius sufrieron una lluvia de cacerolas creada por la magia del Slytherin. — Ese muchacho es un peligro con poderes —murmuró Lupin, levantándose del suelo. — ¡Mocoso!... aaauuu —se sostuvo la cabeza ante el golpe del otro. — Te advertí que no te metieras entre ellos —le tomó de la correa que nunca desapareció y se alejó hacia sus escobas, a unos metros de allí. Draco intentaba controlar su respiración agitada; sus mejillas se encontraban teñidas de rojo por rabia, rencor. ¡Argh, ¿y ahora qué tenía que hacer con su novio?! Su novio… Giró hacia la puerta de la cocina en donde vio a su Harry mirando por la ventana el cielo nocturno. — Harry —se acercó a él. Antes de poder abrazarle, las palabras del otro le detuvieron en seco. — Te amo pero no puedo perdonarte que hayas hecho eso —el moreno no giró para verle, simplemente permaneció inmóvil mirando el par de escobas alejarse hacia un lugar desconocido. — ¿Eh? Nos interrumpieron en medio del… — Aún así —le detuvo, sonrojado. Le miró sobre el hombro, de reojo—, es mi padrino y solo quería protegerme. — Menuda forma de protegerte: castrándome —se cruzó de brazos, frunciendo levemente las cejas. — Sirius solo quiere impedir que vuelva a estar como me dejó Santiago. Para él, yo soy su hijo y es capaz de ponerme en una burbuja para que el aire no me tocase… — Eso ya es exceso de protección, Harry. No te estaba haciendo nada que vos no me hayas pedido. Potter volvió a sonrojarse; ocultó su rostro con su espalda, volviendo a mirar el cielo. — Lo sé, es un sobre-protector —murmuró. — ¿Entonces, por qué te enojas conmigo? — Porque es mi única familia y la acabas de echar a cacerolazos —giró para mirarle notoriamente enojado, con la frente arrugada—; y, no solo eso, también te comportaste mal con Remus quien solo vino a llevarse a Sirius por las buenas. — ¿Qué otra cosa quería que haga, que les diga: 'Sirius, por favor, retírate de mi casa. No tocaré ni un pelo de tu ahijado y, Remus, gracias por su esfuerzo'? No soy mentiroso, ¿sabes? — Tampoco la exageración… —susurró asombrado por escuchar esas palabras provenir de los labios de su amante. Aunque el tono de sarcasmo le hizo entender que seguía siendo el mismo Slytherin de hace seis años—. Si tan solo te hubieses controlado y me hubieses dejado hablar… — No tenías cara de quería calmar las cosas… —alzó una ceja. — ¿Cómo lo sabes? ¡Estaba atrás tuyo! Cada vez que quería hablar, me callabas con uno de tus típicos insultos a gritos dirigidos a mis amigos y familiares —frunció más las cejas. No podía creerlo. Se estaba peleando con Draco. ¡Pero no podía impedirlo! Insultó, gritó y echó de forma violeta a su padrino y su profesor de DCAO; no podía quedarse con los brazos cruzados luego de ver todo eso y luego dejar que le besase o abrazase como si nada. ¡No! Con sus amigos no se debía meter… Aunque se tratase de Malfoy, les protegería aunque sea a espaldas suyas. — Harry, no quiero pelear contigo… —bajó el tono de su voz más tranquilo ahora. Descruzó los brazos y dio un paso hacia el moreno quien se pegó aún más contra la ventana. — Lo siento, Draco, pero, como te dije antes, no puedo perdonarte ante tu actitud. Terminó la discusión de forma firme y seria; aunque dentro suyo, algo se destruía al ver ese brillo de dolor en las orbes grisáceas. Antes de demostrar su arrepentimiento, pasó por el costado del Slytherin y subió para su cuarto. Un buen sueño, tal vez calme las cosas. Por la mañana se bañará como se debe. Malfoy permaneció en la cocina solo, con la luz de la noche iluminándole el rostro y las gotas de agua que aún permanecían en su pecho y piernas. Eso… era una pesadilla… ¿verdad? ¿Acababa de pelear con su novio por un perro pulgoso que lo único que sabía hacer era rascarse? Que lo levanten, ¡ya! Caminó hacia la mesa y la golpeó con fuerza con el puño, haciéndole un pequeño pozo en el centro.Dormía pacíficamente hasta que sintió un leve tirón en su mano. Maldijo a la ardilla que entró por la ventana y ahora le despertaba; no tuvo una buena bienvenida, una vez que logró juntarse con su novio ese maldito animago venía a interrumpirle en el momento clave y ahora una ardilla le despertaba a la madrugada. Hoy no era su día. Abrió lentamente los ojos y esperó a que se acostumbraran a la oscuridad. Miró hacia la ventana y las cortinas oscilaban. Miró hacia su mano, con la intención de sacar a ese animal de su cama con poca piedad (no estaba con ánimos de ser paciente). Sintió como algo le tocaba los nudillos y gimió levemente; aún los tenía rosas por el bruto golpe que le dio a la mesa de la cocina. — Condenada ardilla —masculló entre dientes y arrebató su mano de ahí para protegerle sobre su pecho. Se incorporó. Se sorprendió al ver un hilo bastante grueso que iba de su mano hasta el costado de la cama. — Lo siento. — ¿Harry? — Escuché un fuerte golpe antes y quise ver qué había pasado. Ven, trae tu mano de vuelta; necesito terminar de vendarla —le indicó la gasa que sostenía en su mano. Malfoy miró su herida y la vio cubierta con esa tela. Vaya, y él que creía que era una ardilla… Aún así, cerraría la ventana. El moreno siguió con su trabajo de enfermero, curando el raspón. — ¿Qué te hiciste? —no se atrevía a levantar el rostro. La escena de la cocina fue demasiado exagerada para su gusto; ¡no se arrepentía de hacerla! Pero aún así, no quería pelearse con su novio. — Me… enojé —torció la boca. — Lo siento —terminó de vendar los nudillos y tomó la mano entre las suyas para luego besarle el dorso—. No quiero pelear, me siento fatal con el solo pensar en los gritos que te dediqué… — Creo que yo también lo siento. No tuve que actuar de esa manera… —le tomó de la barbilla y le levantó para que se sentase en la cama y le mirase—. Te amo y no quiero perderte… No de nuevo — Yo tampoco, Draco —le abrazó, sonrojado—. Prometo no molestarme más contigo. — Y yo no me comportaré como un idiota —le sonrió para besarle delicadamente en los labios. Sus vacaciones en la cabaña duraron todo un mes. Y en ningún momento Malfoy volvió a tener esa oportunidad única en la vida para tener a Potter entre sus brazos. El resto de las vacaciones, tuvieron que pasarla separados, cada uno en sus casas, agonizando con sus parientes y rezando porque el tiempo pasase volando para volver a juntarse. Y así, un nuevo año escolar empezó para ellos. Los profesores eran los mismos; para sorpresa de muchos: el profesor de DCAO siguió siendo Remus Lupin y Sirius Black tuvo la entrada libre al colegio para lo que necesitase. Harry sufrió demasiado por eso, pero… intentó verle el lado positivo. — ¡¡Sirius, es mi novio!! —y no lo logró. — ¡Solo tienes 17 años! — ¡Soy su novio! Y haré lo que se me plazca con él —el rubio abrazó posesivamente al moreno. — Tampoco la exageración —le miró de soslayo, sonrojado. — Dame veinte minutos y verás como lo que estas pensando se cumbre de cabo a cabo —le murmuró seductor al oído antes de lamerle el lóbulo. — ¡¡Malfoy!! —explotó el animago. — Adultos… Más o menos, siempre era la misma rutina entre ahijado y padrino. El rubio y el moreno se tomaron todo eso como un juego de quién atrapa a quién; había momentos en que Draco deseaba mandarle un eterno Crucio para que aprenda a no meterse en vidas ajenas. Y Harry… pues, de él no hay mucho que hablar. Quería matar a su padrino, en momentos, y, en otros, quería darle la razón. ¡Y era que Malfoy aprovechaba TO-DO! Era… intimidante sonrojado. Y, para echarle un problemilla más a la pareja del siglo, estaba… nada más y nada menos que: Luka Miwa. — No permito actos sexuales en la escuela y menos ¡en mi sala Común! — El único lugar en donde Black no tenía acceso, tenías que estar tú, Miwa —le fulminó con la mirada un rubio malhumorado. Se vio en la obligación de salirle de encima al moreno tomate. — Me siento alagado. Fuera, Slytherin —indicó con el dedo índice la puerta de salida. — ¿Y si no quiero, qué? —le desafió. Luka frunció el ceño. Una serie de imágenes subidas de tono pasaron por la cabeza del Sly; la pareja era entre Sirius y Lupin, con sonidos y todo. Draco se ruborizó. Se tomó de la cabeza con ambas manos. — ¡Detente, detente! —suplicó, gruñón. — Fuera, Slytherin —sonrió, contento por el efecto de su hechizo. — Maldito Gryffindor, ya veras. ¡Dame solo unos meses más y suplicarás por no encontrarte conmigo en las calles! —le tiró un jarrón que encontró encima de la mesita; el prefecto le esquivó con facilidad—. Lo siento, cariño, ya no aguanto este video. ¡Basta! —se levantó de un salto y salió corriendo de la Sala Común de Gryffindor. — Prometiste no comportarte como un idiota… —recordó su conversación el primer día en la cabaña. — No pudo haber sido una promesa. Malfoy es un idiota; no importa cómo le veras, jamás la cumplirá —se encogió de hombros Miwa y se dispuso a ir a dormir cuando otro jarrón chocó contra su nuca y ahora dio en el blanco. — No hables si no te conviene, Luka —le recomendó tranquilo. Se levantó del sillón y pasó por encima suyo para subir las escaleras e ir a su dormitorio. Tanto Potter como Malfoy le estaban muy agradecidos a Lupin que les ayudaba en lo que podía y cuando podía. Especialmente con el más insoportable: Sirius Black. — ¿No tienes un bozal? —se quejó Draco. — Si lo tuviese, no le haría efecto. Necesito cuerdas, un pañuelo que no se rompa por los dientes y… — Nada de agresividad a mi padrino. — No nos dejes con las ganas, Harry querido. — Mi palabra es ley —se cruzó de brazos. Para suerte de Harry, en Halloween decidieron usar los mismos accesorios que el año pasado. Todo parecía tan lúgubre que a los alumnos les fascinó (Y Dumbledore no vio porqué negarse). Los disfraces eran muy originales y hasta temerarios. — Oh, no… —se detuvo Harry antes de entrar al Gran Comedor, en donde se concentraba la atracción. — ¿Qué? —el rubio dio un paso hacia atrás para dejar pasar a un vampiro y luego a un hombre-lobo bastante malhumorado—. No me digas… —miró a su novio. — Si, necesito ir. — Te acompaño. — Eso es yeta —sonrió sin oposición. — Ya estoy preparado. Los dos desaparecieron justo a tiempo; al segundo de haberse ido, el cuerpo de un vampiro mal herido y sangrante salió volando hacia las puertas y las abrió de golpe. El hombre-lobo se le echó encima para seguir mordiéndole entre gruñidos. — Esto me trae recuerdos divertidos —comentó el moreno caminando en las calles muggle infestadas de niños juguetones, pidiendo golosinas. — ¿Divertidos? — Que tú y yo nos peleáramos siempre, por cualquier cosa… —le sonrió. El rubio le tomó de la cintura y le besó en los labios. No podía resistirse, ese muchacho le dominaba con su ternura; era su punto débil. — Creí escuchar una canción hace unos días en mi dormitorio. La escuchaba Pansy… — ¿Cuál? — Decía algo así como…: "Si siente frío tu corazón, Seré tu abrigo, tu ilusión. Hasta ya no respirar, Yo te voy a amar. … (algo decía acá, que no me acuerdo), Y, amor, yo estaré Por siempre a tu lado. Nunca me alejaré" El moreno se sonrojó y le abrazó con fuerza. — Es hermoso… — Es lo que siento por tí —le besó en la frente dulcemente. Pasearon por las calles, buscando locales abiertos pero todos se encontraban cerrados. Más aún no se podía molestar, disfrutaban de su compañía y bromeaban entre ellos. — Allí, allí —Potter le llevó a un local que estaba a punto de cerrar. — ¡Al fin! —salieron del lugar con una bolsa bastante grande en sus manos—. Volvamos, ¿si? — Si… se me congela la nariz. Ambos volvieron al castillo del colegio. Entraron al comedor y fueron derecho a la mesa de los maestros, en donde se encontraba la persona que buscaban. Se plantaron en frente del director quien les vio interrogante. — Feliz Halloween, director Dumbledore —sonrió el Gryffindor, dejando la gran bolsa llena de caramelos de limón en frente del anciano a quien le brillaron los ojos. — Para la próxima, consígalos usted mismo —le dijo Draco cortante, recordando los malos sucesos que pasaron por querer conseguir los condenados caramelitos. — Lo tendré en cuenta, joven Malfoy —sonrió. Los alumnos se alejaron para dejar al viejo comer sus dulces ácidos. El rubio guió a Harry fuera del lugar nuevamente, cuando ya se había aburrido de tanta música y gente riendo. Caminó por los pasillos, arrastrando a un muchacho bastante asombrado. — ¿A dónde vamos? — Creo que ya es hora —Harry se ruborizó. — No, no —forcejeó, apenado. — Harry, me aguante todo el año y las vacaciones —le tomó de las muñecas y le acorralo contra la pared, dejando el par de manos sobre sus cabezas. — Pero… pero… —miraba para todos lados, buscando ayuda. ¡Le acosaban! — Cumple el deseo de tu novio, ¿quieres? —le besó posesivamente en los labios mientras le llevaba hasta un aula vacía. — No, Draco… ah —gimió al sentir sus manos recorriéndole todo el cuerpo. — No te arrepentirás —le mordió el lóbulo de la oreja. — Ya lo estoy haciendo —fue empujado hasta el aula de Artes Oscuras y encerrado bajo un hechizo que solo Malfoy conocía. — Te amo, Harry —le comenzó a sacar el disfraz mientras mordisqueaba su cuello. — Ah… Mh. Tam-bién yo —se dejó llevar por su novio que tan bien le tocaba. — ¡ALÉJATE DE MI AHIJADO, PERVERTIDO! —tiró abajo la puerta un malhumorado Sirius. — ¡MALDICIÓN! —chilló furioso el rubio. — ¡Sirius! —se ruborizó más Harry. — ¡PÚDRETE, TÍRATE A UN POZO, LOBO, ALÉJATE DE NOSOTROS! ¡DÉJAME TERMINAR DE UNA MALDITA VEZ! —tiraba con su varita todo hechizo que se le cruzase por la cabeza. El moreno no pudo más de partirse de risa ante la escena tan infantil de su amante y su familiar. Verlos correr por toda el aula, un escapando de la muerte y otro deseándole la muerte… Tal vez, por el momento, no tenga más que decir: — Te amo, Draco… ¡Sirius, baja ese banco! —fue a socorrer a su amado. ¿Fin? :Shini Malfoy: