Hola, bueno como dije, actualice el jueves:P. Parece que todas las escritoras se van de vacaciones xD, al menos las españolas.

Hada: Jajaja, me rei mucho con lo que pusiste. como imagians que se fuera a morir del susto Sauron con su reflejo? jaja :P. No se porque meti un espejo, pero ya le encontrare utilidad :D todo llega. Lastima que los hombres no tengan la regla :P, pero en este capi a Legolas se le va el mal humos, saldrá muuuuuuy, ya lo veras.

Chibi Tenshi: Hola pequeño ángel, aqui tu pequeña amiga :D El bomboncito sale muuucho este capitulo, espero que te guste:D

Alionushka: OH, ya empezaste las clases? debes de ser del nuevo continente xD Como dijiste, este capi es mas largo, mi media son 10 hojas de word, este no me acuerdo si son 14 o 16 :P

Andraya TheLat: Cerveza! que iba a ser un enano sin cerveza? aunque es un poco complicado imaginar lo que llevaran cada uno :P Los gemelos sin memoria :O. A lo mejor un brujo malo les borro la memoria xD A que estuvo bueno lo de los grupos:P, como nadie lo comenta en ningun fic... pues yo la primera :D (Espero que nadie diga lo contrario:P) Por cierto que te diviertas en tus vacaciones :D

Ely Brody: Como insistes tanto en el detalle ese, te dire que si. Creo que es un poco obvio, pero mejor que sea intrigante :D Espero que tu tambien te diviertas en esta semanita tambien:D

Amazona Verde: o.O De verdad llevaste todo eso el primer dia de clases? Yo soy de las que solo llevo un boli y una libreta, si es que no me quedo dormida el primer dia xD El fio elfo se volvera muy calentito en este capi :D sobre las espadas, son intrigantes :P pero la idea original viene de unas pistolas de un videojuego "Devil May Cry", aunque solo tienen en comun el nombre y el color :P

Ely-Chan: Jaja, no te preocupes en subir el capi, mientras lo subas basta, y si lo tienes en tu casa, porque lo traduces de nuevo en casa de tus primos? no es mas comodo subirlo cuando llegues a tu casa:O si que eres, bueno, aplicada :P Arwen es mu lista, investigo sobre las espadas y descubrio quien era Pisom, a lo mejor encontro algo mas :P Como dices, el elfo y la chica arreglaran sus cosas, y en este capi :D Jaja, te imaginas? la compañía de la nariz roja xD Bueno, espero que tus sueños tengan razon y nos vemos pronto :D

LITEL GANDALF: Jaja, no pense en que brillaran como la de Frodo, pero buen punto xD a lo mejor me invento algo parecido :D conexion a internet y marcha atras no lo creo xD Espero que no te cuides pronto xD, me gustan los disparates que dices :P, ahora en serio, curate pronto

CAPITULO 11. JUNTOS EN LA NOCHE

Me encuentro con el resto de la compañía en una de las salidas de Rivendel. Llegó la hora de partir.

Después de unos cuantos meses viviendo en este lugar, pienso que lo voy a extrañar más que a Bree. Aunque más que el lugar, pienso que echaré de menos a Arwen, la amiga que nunca tuve. Espero encontrar pronto a alguien en la compañía que me sirva de amigo.

- Queridos amigos – habló Elrond delante nuestra -. A llegado en momento que nadie quiere, la hora de partir – se escucharon murmullos de la gente que estaba tras Elrond viendo nuestra partida -. Se que el camino será difícil, y rezo a los Valar para que os protejan del mal.

- Se está poniendo cursi – le susurré a Gimli con un poco de dificultad debido a su tamaño.

El enano rió por lo bajo hasta que fue descubierto por el elfo, entonces fingió que estaba tosiendo. Elrond continuó su charla.

- Gandalf y Aragorn saben el camino que habéis de tomar, en el caso de que alguno de los dos se pierda – más murmullos de los elfos habitantes de Rivendel – espero que el otro no se olvide del camino.

» Como el camino es largo, no interrumpo más al tiempo y os dejo marchar. Que los Valar estén con ustedes.

Uno a uno, Elrond fue abrazando a cada uno de los componentes con un "buena suerte". A mi me dejó la última y lo que me dijo no fue lo mismo que a todos.

- Espero que lo comprendas todo cuando llegues a Lothlórien – me susurró para que no lo escucharan los otros -. Buena suerte.

Con Frodo al principio, y Ghiki en su cabeza como de costumbre, la compañía empezó a salir de Rivendel. Detrás nuestra, todos los habitantes de esta extraña ciudad se despedían agitando las manos. Entre el grupo vi a Arwen y no dudé en ir a preguntarle lo de la noche de ayer.

Me dispuse a acercarme a ella, pero un brazo me lo impidió.

- Pisom, no dejarás que este caballero deje en último lugar a una dama – me dijo Aragorn dándome la vuelta y empujándome la espalda para caminar.

- Pero tengo que preguntarle algo a Arwen – le pedí.

- ¿No crees que tuviste demasiado tiempo en tu instancia aquí? - siguió él después de extrañarse de lo que dije.

Estaba claro que Aragorn no me iba a dejar volver atrás. Me eché a un lado para mirar a Arwen, ella seguía con su sonrisa y despidiéndose con la mano.

- ¿Qué significan los dibujos? – le grité.

No obtuve respuesta. La elfa simplemente hizo su sonrisa más grande mientras que Elrond, su padre, hacía aparecer una en su boca. Eso me dejó más intrigada, aquellos dos sabían algo y no me lo querían decir.

- ¿De qué dibujos hablas? – preguntó Aragorn cuando me resigné y volteé hacia adelante para caminar.

- Nada – respondí. No tenía ganas de que me atosigaran a preguntas que yo también hacía.

Nos pasamos todo el día caminando. Me recordaba a cuando íbamos Aragorn, los hobbits y yo hacia Rivendel. A cada quince minutos aproximadamente, los hobbits Merry y Pippin estaban pidiendo parar para comer, algo, que esta vez era negado por Gandalf, que tomó la delantera del grupo.

En conclusión. No comíamos desde el escueto desayuno de esta madrugada.

Sobre la tarde, la hora de la merienda para ser exactos, Gandalf decidió parar. Los dos hobbits saltaron sobre el pobre Bill, el poney que trajimos desde Bree, a por las sartenes y todo lo necesario para comer.

No tengo ni idea de cómo pudo llegar el poney hasta la ciudad. Según los elfos, los ricos árboles y la vegetación del lugar hace que los animales perdidos vayan hasta ellos. Yo no creo que los cuadrúpedos que cargan con nosotros tengan tanto olfato, pero en fin, un completo misterio.

Me senté en una roca bajo un árbol, en la sombra. Aragorn y Gandalf estaban viendo el mapa para asegurarse del camino; Gimli estaba ayudando a Sam y a Frodo a preparar el suelo para hacer una hoguera; Boromir y Legolas trían leña; y los tres restantes, acechando la comida.

Si todos los días que nos esperan son así, que aburrimiento.

- Señor elfo – habló Gimli haciendo que lo mirara -. Demuestre que es un verdadero superviviente y encienda la hoguera.

- ¿No sabe encender el fuego? – murmuró Legolas.

- Si supiera seguro que no se lo pediría – dijo Boromir para molestar al enano.

- Seguro que usted tampoco sabe – le devolvió Gimli -. Un señor tan refinado no se mancha las manos con madera.

- Espero que hables en broma – insinuó Boromir sonriendo.

- Por supuesto – aseguró Gimli haciendo que los dos rieran junto con los hobbits.

La hoguera quedó olvidada por la conversación, pero observé que Legolas estaba buscando algo en su mochila. ¿Qué llevará? A él no le pregunté.

Mi curiosidad fue respondida cuando Legolas se acercó a la madera con dos piedras en la mano. Quise hacerle una broma, aunque como él no sabe que hago fuego, sería más una jugarreta de la naturaleza, por lo que cuando chocó las piedras, no sólo salieron chispas, sino que prendió toda la madera.

El elfo pareció sorprenderse, pero pasó a un claro enfado cuando empecé a reírme, aunque paré por la mirada que me echó. Guardó las piedras en su mochila y desapareció entre los árboles.

- Ei Pisom – me llamó Gimli -. Dile al señor mediano que quieres comer. Tienen las cocinas de Rivendel en las mochilas.

- Claro – siguió Boromir -. Y nosotros las bebidas.

La extraña pareja empezó a reír de nuevo. Se llevaban muy bien y sólo se conocían ni de una semana.

- Pisom – me volvieron a llamar, esta vez Pippin -. Tenemos carne, pescado, verduras y un sin fin más. ¿Qué quieres?

- Me parece que no sabes que la comida se pone mala en poco tiempo. Se te va a pudrir en pocos días.

- ¿Sí? – preguntó preocupado Pippin -. Nos vamos a quedar sin comida.

- Tranquilo Pip – lo tranquilizó Merry -. No durará mucho, seguro que pasado mañana ya no queda nada.

Para mi sorpresa, los hobbits prepararon tanta cantidad de comida que pensé que sobraría. Pero como los hobbits siempre sorprenden, terminaron haciendo más comida y todo.

Nos habíamos retrasado tanto que la noche llegó. Gandalf decidió que nos quedaríamos en ese sitio alegando que no era bueno avanzar de noche.

Empecé a preocuparme cuando vi que Legolas no había vuelvo aún. Los demás parecían que no se daban cuenta y yo me estoy volviendo paranoica.

- Aragorn – lo llamé -. ¿Sabes donde está Legolas?

El hombre me miró extraño, pero percibí un pequeño brillo en sus ojos que me desconcertaron.

- ¿En qué estás pensando? – le pregunté.

- En nada. Me parece extraño que preguntes por él después de llevaros una semana sin hablaros.

- Sin hablarme – corregí -. No se que te habrá contado el elfo, pero es él el que no me habla y me mira mal.

- Eso no es lo que me dijo él – dijo mientras aparecía la famosa sonrisa.

- A saber que te ha dicho – dije por lo bajo -. Ya no me preocupo más por nadie – seguí caminando hacia mi roca bajo el árbol.

- Los elfos suelen ser solitarios – dijo Aragorn antes de que lo dejara de oír -, pero éste se está demorando más de la cuenta. ¿Por qué no vas a buscarlo?

- ¿Yo?

- Es contigo con quien hablo.

Miré a nuestro alrededor. Todos estaban sentados cerca de la hoguera. Boromir estaba contando algo y los demás escuchaban mientras Gimli y Gandalf fumaban una pipa.

- De acuerdo, si tardo mucho es que me ha matado con las miradas que me echa – dije un poco enfadada. ¿Por qué tengo que buscarlo yo? Aragorn es su amigo¿por qué no va él?

- De eso estoy seguro – contestó con la sonrisa otra vez -. Pero no creo que te quiera tan poco para matarte.

- ¿Eh?

No entendí, pero tampoco me dio tiempo a preguntarle. Aragorn se estaba sentando junto a Gimli y cogía una pipa que le ofrecía Gandalf.

- Fuerte compañía la que se ha formado – murmuré -. ¡Ghiki, vienes conmigo.

El mono me miró por encima de la cabeza de Frodo. No me podía creer lo que veía. Mi propio mono prefería quedarse con desconocidos.

Empecé a caminar más mosqueada. Odio cuando no me hacen caso, toda mi vida he tenido miles de personas que hacían lo que les pedía y ahora ni mi mono me hace caso.

Vuelvo a mirar otra vez al grupo antes de desaparecer entre los árboles. Todo como antes, excepto que ahora Ghiki tenía una pipa de las de Gandalf.

- ¿Por qué los elfos tienen que adorar tanto los bosques como para meterse en lo más profundo de ellos?

Prácticamente llevaba diez minutos caminando y no encontraba a Legolas aún. Empezaba a desesperarme. Todo me parecía igual, árboles, matorrales, plantas... siempre lo mismo.

Estaba a punto de dar la vuelta cuando escuché un sonido diferente a los del bosque.

Seguí el rastro entre las plantas. Cuanto más me acercaba más me aseguraba de que era agua.

Llegué al lugar. Era maravilloso. En cierto modo era parecido a la cascada de Rivendel, pero esta era muchísimo mayor además de constar con un gran estanque delante de ella.

En silencio bordeé el estanque hasta llegar a una zona de rocas que formaban una difiltuosa escalera hasta la cima de la cascada. Era tremendamente difícil escalar por ellas, muchas estaban llenas de verdina por la humedad, y como era de esperar, se me resbaló un pie al pisar en el lugar equivocado.

No llegué a caer al agua porque apoyé el pie en otra piedra provocando que cayeran algunas rocas al agua. Entre los árboles del otro extremo del lago escuché moverse las hojas. De seguro sabía que no era un pájaro, y pues, no conozco animales grandes que se escondan en las cimas de los árboles, deberían de ser muy tontos para ello.

Me puse atenta en aquella dirección, pero era de otra dirección de donde procedió una flecha que por casi me da.

Todo fue muy rápido. Una flecha hacia a mí, yo tirando la primera daga que encontré en mi cinturón en la dirección de la flecha, y luego tirarme al lago para evitar ser herida.

Caí al agua. Estaba totalmente helada y había tanta oscuridad bajo el agua que ni yo podía ver nada.

- Te están buscando –dijo una voz fría en mi cabeza.

Aún estando bajo el agua, oía a alguien gritar lo que parecía ser un nombre, porque siempre sonaba igual.

- Te llevará a los otros y todo volverá a la normalidad – siguió la voz.

Salí del agua, todo estaba mucho más oscuro de lo que imaginaba pero logré ver a alguien en la orilla del agua.

- Aragorn – gritó el individuo al que reconocí de inmediato como Legolas.

- Estás loco – le grité -. Casi me matas con la flecha.

- ¿Naur? – preguntó confuso -. Pero si la daga es de Aragorn.

- No se si sabes que mi profesión es de ladrona – dije sarcásticamente, no me había fijado que era la daga que tantas veces robó Ghiki a Aragorn, el cual terminó regalándomela.

Nadé hacia la orilla. Legolas se había sentado en una roca esperando.

- Se puede saber por qué me lanzaste una flecha – le exigí al elfo.

- Me van a encontrar – habló de nuevo la voz junto con la imagen de los ojos de hielo.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Legolas, caballerosamente como era antes, se quitó la capa y la puso en los hombros.

No me había dado cuenta, pero extrañaba al elfo, tan atento y bueno, que por un momento se me olvidó mi enfado.

- No quise que esto acabara así – dijo con voz melosa. Lo miré a los ojos y vi cariño en ellos. Cohibida aparte la mirada y reparé en un arañón que tenía en la mejilla.

Con el dorso de la mano rocé la herida para limpiarla. Legolas pareció que había creído la caricia en otro sentido, porque cerró los ojos, y a mi parecer, la disfrutó.

Despacio intenté retirar la mano, pero Legolas no me lo permitió atrapándola con la suya.

- T-Tengo que limpiarte la herida – dije un poco nerviosa por el contacto de su mano con la mía - ¿Cómo te la hiciste?

- Como me la hiciste dirás – dije soltándome la mano despacio.

- ¿Yo? – pregunté confusa – Yo solo tiré la daga hacia el que me tiró la flecha. ¡Me disparaste!

- Pensé que era un orco, siento que hay algunos por aquí.

- Tan fea no soy – murmuré en tono de niña enfadada.

- Claro que no – dijo de repente el elfo -.Voy por la daga – dijo excusándose mientras se iba -, a Aragorn le gusta mucho, sobretodo porque se la regalé yo – dijo cambiando el tema.

- No te preocupes por mi – dije sarcásticamente cuando me di cuenta que me dejó sola -. Esperaré aquí como una niña buena mojada de pies a cabeza.

- No tardaré – oí gritar a Legolas a lo lejos.

La situación era un poco extraña. De estar días sin hablarme, el elfo pasó a ser como era antes, como sino hubiera ocurrido nada, y en cierto modo, me gustaba.

Volví a escuchar ruidos en la zona de los árboles que vi desde las rocas. Esta vez, entre las sombras apareció un cuerpo en mi dirección. Un orco.

Me puse atenta, no sabía si estaba solo o había un ejercito entre los árboles. A pocos metros reconocí al individuo. Gilah.

Gilah, en la época de mi padre, era mi lacayo más leal. Hacia todo lo que le pedía y era un gran teniente ante un gigantesco ejercito que estaba a mi disposición. Me trataba mejor que a mi padre y más de una vez me dijo que iría conmigo hasta el fin. Es una gran sorpresa encontrarlo aquí.

- Gilah¿qué haces aquí?

- Mi señora – dijo haciendo una inclinación -. He escuchado entre mis tropas que los jinetes negros están diciendo que usted es ahora enemiga de Mordor.

- En parte, Gilah.

- Mi señora, como le dije una vez, yo haré todo lo que me ordene.

- Me hace sentir bien escuchar que sigues siéndome legal – le dije agradecida -, pero como has dicho, yo soy ahora el enemigo. Hablar conmigo te puede traer problemas.

- Eso no me importa, y si quiere, puedo serle útil. Si quiere puedo ser su espía e informarle de los movimientos de las tropas – dijo muy serio.

- No se como vas a llegar a donde esté yo antes de que se den cuenta los demás – intenté que entendiera -. No puedes estar en dos sitios a la vez.

- Yo no, pero Shon si – dijo con una horrenda sonrisa. A su modo, los orcos pueden ser hermosos, pero sólo en cosas que todavía no he descubierto. Se que su sonrisa era en buen sentido, pero aquellos dientes amarillos y bien afilados asustan un poco.

- ¿Todavía la tienes? – pregunté alegre.

- Claro, como desperdiciar tan preciado regalo de parte de mi señora.

Iba a contestarle a tan preciado aliado del bando contrario, pero el sonido de una segunda flecha en la noche hizo que reaccionara y me tirara, junto a Gilah, fuera de su camino.

- ¡Naur, échate a un lado – gritó Legolas apareciendo en el claro con el arco tensado y una tercera flecha.

Mi primer instinto fue ponerme delante de Gilah para protegerlo. Lo hice lo mejor que pude para que Legolas no se diera cuenta de mi intención y empecé a caminar hacia él.

- ¿Pero que te pasa? – le pregunté para llamar su atención y que no mirara al orco.

- Voy a matarlo antes de que avise a los demás – dijo sin dejar de mirar a Gilah.

Mi plan no estaba funcionando, y si no hacia algo ahora, Gilah era orco muerto. Para nada podía decirle que era amigo, sino harían demasiadas preguntas y sabrían de donde provengo. Tenía que hacer algo.

Seguí caminando hacia el elfo por el trayecto de la flecha para que no disparase. Maldije la poca inteligencia de los orcos, en este tiempo, Gilah podía haber salido corriendo, pero no lo hacía.

- Apárteta Naur – volvió a repetir el elfo con dureza.

Tenía que inventar algo, y rápido.

- Legolas – le dije mientras se me ocurría que hacer -, es un orco hechicero.

- ¿Qué? – preguntó incrédulo. Fuerte estupidez la que inventé.

- Me está controlando – seguí con mi mentira a la vez que llevaba una mano hacia atrás para decirle a Gilah que se marchara.

- Los orcos no tienen magia, échate a un lado Naur.

- Que no puedo – insistí yo -. Vete antes de que te haga algo, por favor.

- Pensé que habíamos quedado en no preocuparnos más en el otro – dijo serio mientras veía dolor en los ojos del elfo.

- Eso lo dijiste tú – me defendí.

Un sonido de una rama romperse sonó a mi espalda haciendo que Legolas dejara de interesarse en mi y volver hacia Gilah, al que descubrió marchándose caminando hacia atrás.

Todo ocurrió muy rápido. El elfo me empujó a un lado y tensó el arco mientras yo le gritaba que no; Gilah se paró en el lugar y se cubrió con los brazos cuando Legolas soltó la flecha; y yo, inconscientemente, creé un anillo de fuego alrededor de Legolas y de mí que quemó la flecha del elfo en el aire.

- Te dije que era un hechicero – le grité poniéndome de pie y sacudiéndome la tierra –. Dale gracias a los Valar por que no nos ha matado.

- Lo-Lo siento – contestó el elfo avergonzado.

- Por tu culpa estaremos aquí encerrados hasta que se apague el fuego lo suficiente para salir de aquí.

- Pero tenemos que atraparlo – siguió el muy terco -. Puede avisar a otros y el resto de la compañía estará en peligro.

- ¿No te es suficiente la que has formado por no hacerme caso? – seguí incriminándolo.

El elfo se quedó callado sin responder, imagino que el sentimiento de culpabilidad no lo deja hablar.

Por otra parte, algo dentro de mí me molestaba, era un nuevo sentimiento. No se cual era, pero me sentía mal por culpar a Legolas de algo que no ha hecho, es más, algo que hice yo, pero lo tenía que hacer si no quiero que me descubra.

Me senté sobre la capa caída de Legolas tapándome la cara para pensar mejor. El elfo, sin embargo, creyó mi comportamiento como angustia o miedo, porque cuando me di cuenta estaba sentado detrás mía con sus piernas a mis lados y me estaba abrazando.

- Saldremos de aquí – dijo en un susurro en mi oreja -, tranquila.

- Si supieras que podemos salir de aquí cuando yo quiera – pensé -. Tranquilo estoy bien – le contesté cohibida.

Me sentía tan bien entre sus brazos, a gusto, caliente. Tanto que me estaba quedando dormida.

- Pienso – habló él despertándome -, podríamos aclarar lo que nos pasa¿no?

- Y ¿qué es lo que nos pasa? – le pregunté yo curiosa.

- No lo sé – contestó antes de quitarse la túnica quedándose en unos sencillos pantalones.

- ¿Qué-Qué haces? – le pregunté incomoda.

- Tengo calor – dijo simplemente.

No sabía por que, pero el elfo provocaba algo en mí que nunca me había pasado. Cuando me volvió a abrazar y vi sus brazos tan perfectos, tan fuertes, delante de mí, sentí algo, no sé el que, y eso no me gusta.

- ¿Qué haces? – preguntó él cuando me levanté de sopetón rompiendo su abrazo.

- Tengo calor – respondí igual que él momentos antes.

Ahora estaba más confusa. Al controlar el fuego, mi cuerpo estaba a la temperatura normal, nunca más arriba o más abajo, sin embargo, sentía que me ardía la cara.

- Estas roja – dijo Legolas con una sonrisa - ¿No será por que

- Es el reflejo de las llamas – le corté.

- Claro – dijo Legolas sonriendo más aún y mirándome fijamente.

Cada vez sentía más calor, lo único que se me ocurrió fue desabrocharme unos cuantos botones en la camisa, aunque al final, terminé desabrochándola entera. Me daba igual si se veía el sostén.

- ¿Qué miras? – le pregunté cuando me di cuenta que estaba mirando mi "cuerpo"

- Nada – contestó girando la cara para mirar el fuego.

- Te has puesto rojo – le dije en tono de burla.

- Es sólo el reflejo del fuego.

El ambiente quedó un poco tenso, por lo que decidí bajar un poco el fuego para salir de ahí cuanto antes.

El tiempo pasaba. Cada vez las llamas iban disminuyendo y mi calor se estabilizó.

Me estaba abrochando la camisa cuando escuché algo en el bosque. Giré la cabeza para mirar a Legolas, el pobre se había quedado dormido. Lo tapé con mi capa, que se había secado junto con mi ropa por el calor dentro del anillo, y bajé el fuego quedando nada más que pequeñas llamas formando un circulo.

Salté por ellas tras abrocharme los botones rápidamente y me dirigí al bosque en la dirección de donde sonaban los intrusos. Puede que sean orcos pensé, pero no eran orcos.

Subí a un árbol y esperé a que pasaran aquellas personas que se habían internado en el bosque.

- ¿Estás seguro que se fueron por aquí? – oí que decía una voz un tanto burlona.

- Por supuesto – dijo otra más amable.

- A lo mejor están haciendo sus cosillas – dijo la primera mientras se echaba a reír.

- No pienses tanto, Gimli. Te vas a caer si no estás atento al terreno.

- Así que son de nuestra compañía – murmuré -. Si uno es Gimli¿quién es el otro?

Todavía estaban muy lejos para reconocerlos, pero tenía una idea de quién puede ser el otro.

Las siluetas de las dos personas empezaron a hacerse más claras. Uno bajo y otro alto, pero ya los tenía reconocidos. Gimli y Aragorn.

- Y ¿por qué dejaste que fuera ella sola a buscar al elfo? – preguntó otra vez el enano cuando estaban cerca de mi árbol.

- Todo a su momento – le contestó Aragorn.

- Maldito enano curioso – maldije por lo bajo.

- Dime una cosa, Gimli – siguió Aragorn junto con la sonrisa suya mirando hacia mi árbol -. ¿Qué te parece Nayra?

- Serás – maldije de nuevo mientras veía como crecía la sonrisa de Aragorn.

- Esa muchacha es única – contestó Gimli -. Ni las enanas beben tanto como ella. Nunca me la había pasado tan bien como en esa fiesta, nunca la olvidaré.

- ¿Para eso me quieres? – estallé yo riendo -. ¿Una compañera de juergas?

Bajé del árbol y junto a Aragorn nos reímos de la cara de Gimli.

- Chiquilla endemoniada. Casi me matas del susto.

- Tampoco es para tanto. ¿O es qué estás muy viejo ya? – le devolví y nos echamos a reír los dos.

- Nayra – dijo Aragorn sobre nuestras risas -, arréglate la blusa, la tienes mal abrochada.

- ¿Ves? – le dijo Gimli al montaraz -. Lo que te dije antes – siguió mientras yo me avergonzaba y sentía mi cara arder de nuevo.

- ¿Dónde está Legolas, Nayra? – preguntó Aragorn sonriendo.

- En el claro, más adelante. Y tú no te rías, que yo no he hecho nada.

- Ya, claro – murmuró el enano.

Caminamos hasta el claro con comentarios de Gimli que yo negaba. Ya no me caía tan bien el enano, era muy pesado.

- Está todo claro – volvía a repetir Gimli -. El cielo despejado con una preciosa luna, todo oscurito, el bosque en silencio y un perfecto elfo contigo, los seres más bellos de la tierra.

- No es lo que piensas, Gimli – negué por enésima vez. Por favor que Legolas se haya despertado y tenga la camisa.

Por fin, llegamos al claro. Pero para mi desgracia, la visión que vimos nada más llegar, haría que Gimli se burlara más aún durante los próximos años.

Las llamitas seguían en su lugar luminando el sitio. "A primera vista, romántico", como dijo Gimli. Legolas seguía dormido, y en una de los movimientos que supongo que hizo dormido, la capa rodó de su pecho y sólo tapaba de cintura hacia abajo, dejando al descubierto su desnudo torso.

- Pobre elfo, fíjate Aragorn – siguió Gimli -, lo ha dejado dormido. Tuvo que ser una noche movidita.

Aragorn sólo sonreía mientras me echaba un vistazo, sonrojada de vergüenza, con la camisa mal abrochada y con los pelos alborotados de estar entre los árboles, Lo necesario para pensar que estuve con el elfo haciendo... Creo que me puse más roja.

- Bueno – habló Aragorn -, creo que es hora de despertar al elfo durmiente.

- Ya voy yo – respondió Gimli.

El enano se acercó a Legolas, que seguía durmiendo.

- ¿Ocurrió lo que creo? – me susurró Aragorn mientras veíamos a Gimli dando vueltas sobre Legolas observándolo.

- Claro que no – respondí rápidamente.

- Voy a tener que preguntarle luego a Legolas entonces.

Gimli seguía dando vueltas alrededor del cuerpo del elfo hasta que paró y se arrodilló. Aragorn y yo podíamos ver la cara de Gimli, que según lo que tradujo Aragorn tras unas cuantas señas raras de parte del enano, iba a asustar a Legolas.

El enano cogió aire y:

- Buu – dijo el elfo abriendo los ojos.

- AHHH – gritó Gimli cayendo hacia atrás. Por mi parte, yo caí al suelo riendo como una loca junto a Aragorn que también reía.

- Mira que sois mal pensados – dijo el elfo en tono ofendido mientras seguíamos riendo -, hasta tú, Aragorn, pensando cosas malas de mi.

- Veo que has recuperado el humor – le contestó Aragorn con su sonrisa.

- Claro – siguió el elfo sonriendo también pero mirándome a mí. Aragorn siguió su mirada y empezó a mirar de Legolas a mí y de mí a Legolas sonriendo aún más si se puede.

- Me parece que tenemos que contaros que pasó – dije yo nerviosa.

- Claro que sí – dijo Gimli sacudiéndose -. Y a ti, elfo, más vale que no me asustes más en lo que te queda de vida si no quieres recibir el golpe del enano furioso.

- ¿El enano furioso? – preguntó Legolas.

- Bueno vale – dijo Aragorn -. Contadnos que ha pasado y por que la demora y volvamos con los demás lo antes posible.

- Claro – dijo Legolas -. Yo lo cuento – siguió mirando hacia mí mientras yo asentía -. Bueno, como sabréis, me alejé del grupo para estar sólo en el bosque, pero noté la presencia de orcos cerca y sin querer, disparé a Naur cuando me estaba buscando.

- Pero no me dio – dije yo cuando vi que Gimli y Aragorn abrían sus bocas para preguntar.

- Y si tú tiraste la flecha – dijo Gimli en tono de detective -. ¿Por qué tienes un arañón en la mejilla?

- Porque yo le tiré una daga – contesté yo.

- Por cierto – dijo el elfo sacando la daga de uno de sus bolsillos -, toma.

- ¿Con mi daga? – preguntó Aragorn.

- Con tu daga – dije yo sonriendo al igual que él -. Fue la primera que encontré.

- De acuerdo, yo sigo – habló Legolas para recuperar la atención -. Regresé al bosque en busca de la daga, y cuando volví, Naur estaba con un orco, un orco hechicero.

- ¿Un orco hechicero? – preguntó Gimli mientras Aragorn me echaba una mirada sospechosa.

- Si, y estaba controlando a Naur – siguió Legolas -. La usó de escudo para protegerse, y cuando salió huyendo y le tiré una flecha hizo aparecer un anillo de fuego alrededor de nosotros.

- ¿Por qué no os mataría? – siguió preguntando Gimli. Aragorn, por su parte, me echó otra mirada clara donde exigía una explicación. Él sabía que fui yo, y con unos ojitos de monito mono le dije con los labios que luego le explicaba.

- Algo interesante – dijo Aragorn -, pero os pido que no digáis nada a los demás. No quiero que se atemoricen por haber orcos con magia. Seguro que Saruman está creando nuevas especies.

» Por mi parte, hablaré con Gandalf para que lo sepa, a los demás no quiero que se enteren. ¿De acuerdo? – todos asentimos y emprendimos el camino de regreso.

- Así que estuvieron juntos – le dijo Gimli a Legolas.

- ¿Estás celoso? – le respondió Legolas haciendo que Gimli riera primero y callara después durante todo el camino de regreso.

Llegamos al campamento. Gandalf era el que hacía guardia, los demás estaban dormidos.

- Legolas – llamó Aragorn -. Si no te importa, ya que estás descansado encárgate de la guardia ahora.

- Claro – respondió el elfo dirigiéndose al lugar donde estaba Gandalf sentado para observarlo todo.

- ¿Qué pasó? – preguntó el mago llegando a nosotros.

Gimli se despidió y se dirigió junto con los hobbits para dormir, yo lo seguí, pero Aragorn me retuvo.

- Tenemos que hablar los tres – dijo muy serio.

Bueno, como me dijo alguien, este capi lo hice un poco mas largo debido a que la semana que viene no actualizare. Intentare que el de la seguiente semana tambien sea más grandecito para compensar el que falta entre medio :P.

Que tengais unas buenas vacaciones y nos vemos pronto

GHiKi