Hola de nuevo! Sé que hace muchísimos meses que no actualizó este fic... ni ninguno de los que estaba escribiendo, la verdad! Pero es que hoy he estado leyendo a algunos... y he visto este capítulo sin acabar, y la verdad, me ha dado muchísima pena! Así que me propuse finalizarlo... y aquí está! Espero que os guste =) A partir de ahora, como tengo tiempo... me gustaría retomar los antiguos fics que tenía en mente, y acabar otros muchos. xD Bueno... me callo ya!
Ahora... a leer, y espero que a disfrutar! =) Los que queráis... ya sabéis, le dais al botoncito de los review y hacéis feliz a la autora de este fic =D


Capítulo 11

La tentación vive… ¡en todas partes!

Haihai se cubrió la cabeza con la almohada por décima vez en aquella noche. ¡Santa maría madre de Dios! ¿¡Es qué no podía dormir ocho horas seguidas en aquel maldito colegio relleno de adolescentes depravados, delincuentes, de hormonas a pie de guerra?!

Al parecer no.

Ahogando un bufido de resignación, se levantó de la cama con brusquedad, introduciendo de inmediato sus blancos pies en las sandalias que descansaban junto al borde de la cama. En el espejo del otro extremo de la pared, se reflejo una enorme masa mórbida, rizada, cubierta por unos gigantescos rulos que daban miedo.

Menudas pintas.

Cubriéndose con una ligera bata de verano, se dirigió hacia la cómoda, donde guardaba su instrumental especial. Una sonrisa macabra estiró sus labios cuando abrió el primer cajón.

Un completo equipo de espía apareció de inmediato. No faltaba de nada, había unos enormes prismáticos de visión nocturna, un catalejo parecido al que llevaba Jack Sparrow en Piratas del Caribe, una malla con la que cubrirse la cara, caretas, carnets falsos, varias cuerdas y una porra eléctrica.

- Bien. Es hora de actuar.

A toda velocidad, metió las manos en el interior de la cavidad, y extrajo lo que consideró necesario. Cómo no, la porra eléctrica se encontró entre ello.

Se colgó los prismáticos del cuello, la cuerda la envolvió sobre sus hombros, sobre el largo camisón monjil, el catalejo lo escondió bajo la ropa interior, y el enorme garrote lo dejó a plena vista, entre sus propias manos.

- Vamos allá.- Siseó, esbozando una malvada sonrisa.- La Matanza de Texas va a ser un juego de niños comparado con esto.


Sakura caminaba hecha una furia por los pasillos del College. Aún sentía en la mejilla derecha el calor que le había producido la enorme bofetada de Hinata. De ahora en adelante, tendría que controlar sus instintos asesinos. Si no hubiese golpeado a la Hyuga, no estaría perdida en mitad del laberinto que formaban los pasillos de aquella institución, y Naruto no se encontraría a punto de ser violado salvajemente.

Tragó saliva. Dios, ¿habría perdido ya su virginidad? Oh, menuda pregunta. Claro que sí.

Se detuvo un instante, y miró a ambos lados, desorientada. Definitivivamente, estaba perdida. Oh, cuánto le gustaría que fuese Sasuke el que la encontrara. Cerró los ojos, y se imaginó en un rincón oscuro, llorando desconsoladamente, hasta que de pronto, una mano pálida y delgada aparecía en su campo de visión. Ella sentía la presencia del Uchiha allí, el olor de su cuerpo, la calidez que desprendía bajo esa capa de frialdad… Entonces, abriría los ojos y lo besarí…

- ¡AHHHH!

- ¡Oh, Sakurita de mi corazón! ¡Vi resplandecer tanto tu juventud en esta oscuridad, que esa llama me guió hasta aquí!- Exclamó él, alzando el pulgar a la vez que le sonreía deslumbrantemente.

Sakura se pegó a la pared como si le fuese la vida en ello. Con los ojos como platos, observó los enormes labios fruncidos de Lee, que habían estado tan cercanos a los suyos que habían estado a punto de besarla.

Estaba en estado de shock. DE BESARLA. Dios. ¡Dios!
- No… no me digas…-. Murmuró, con un hilo de voz.
- ¿Te perdiste, bella damisela?- Preguntó, pestañeando tanto que Sakura pensó que de un momento a otro echaría a volar.- Yo he perdido a mi Iria, y ahora ando buscando a alguna virgen perdida, ¿quieres que te rescate?

- ¡NO!- Gritó, alejándose otros pasos de él.- Es sólo que… - Estoy buscando a Naruto, que posiblemente esté tirado en algún lugar de esta institución en mitad de un shock postraumático, después de haber sido desvirgado por una Hinata ninfómana, y a mi querido Sasuke, que ha desaparecido junto a Riku. Y teniendo en cuenta que han pasado más de tres cuartos de hora y sigo sin tener señales de él, estoy empezando a emparanoyamre y a imaginar situaciones en la que ambos aparecen ligeros de ropa y metidos en lugares pequeños y privados como un armario…- Bueno, que ando buscando a…

- ¡AL SUELO SAKURITA!
Justo en ese momento, algo se abalanzó violentamente sobre ella, derribándola con un golpe sordo sobre el frío suelo del pasillo. Sakura intentó gritar, pero sintió una enorme mano que le apretaba la boca lo suficiente para impedirle hablar. Se revolvió como una furia, intentando desesperadamente darse la vuelta. Quizás era Hinata, que no se había saciado lo suficiente.

Oh, no.

El corazón se le detuvo. Cerró los ojos y lanzó un chillido desde lo más hondo de su alma, esperando destrozarle los tímpanos.

La mano se apartó rápidamente de su boca, y pudo respirar algo más tranquila. Hecha una auténtica furia, empoujó a Lee, que se había lanzado contra ella como un jugador de fútbol americano que realizaba el placaje de su vida.

Estaba roja de rabia.

- ¡¿Pero se puede saber qué diablos haces, pedazo de subnormal!?- Bramó, fuera de sí.

Él se puso un dedo en los labios, y le guiñó un ojo, en un gesto que pretendía ser seductor.

- ¡Shhh! He escuchado un ruido extra, Sakurita…-. Se separó de ella, y reptó por el suelo hasta detenerse junto a una puerta.- ¡Pero no me sigas, podría ser muy peligroso!

La Haruno sintió que una gota de sudor le resbalaba por la frente. Visto así, con aquella ropa tan verde, y esas mallas tan… puaj, pegadas, ese pelo tan largo y negro, y esa cinta tada a la frente, le daba un parecido a Rambo. Eso sí, infinitamente más feo, sin depilar, y mucho más escandaloso.

No hizo caso y se aproximó a él. Se detuvo un momento, y parpadeó, sorprendida. Era cierto, se escuchaba un extraño ruido al otro lado de la puerta.

Rrrrrrrr…

Sintió un escalofrío, y sujetó a Lee por la manga de su camiseta de manga larga.

- No hagas mucho ruido, e intenta abrir la puerta con cuida…

PLAM!

- ¡ALTO AHÍ! ¡¿QUIÉNES SOIS Y QUÉ ESTAIS HACIENDO?!
Sakura lanzó un trmendo bufido.
- ¡Pero vamos a ver! ¿¡Tú que entiendes por cuidadosamente?!

Se encaró a quien había aparecido de pronto frente a la puerta abierta de par en par, y de pronto, se detuvo en seco, sin respirar.
Rrrrrrr…
- ¡Hola Sakura!

Tanto Lee y Sakura miraron con los ojos como platos a Choji, que, con un trinchador en la mano izquierda, y un pavo asado a la derecha, les sonreía afablemente con media cara manchada por la grasa de la carne.
- Os he asustado, ¿no?- Preguntó cuando se dio cuenta de la mirada de los chicos.- Es que Maya y yo estábamos perdidos, y hemos llegado por casulidad hasta las cocinas.- Sakura arqueó una ceja. Ya, por casualidad.- Y como he visto que el pavo estaba algo duro, he tenido que utilizar mi propio trinchador. Trincha estupendamente.- Comentó, soltando una risotada- Escuchad, escuchad, parece la sierra que utilizaron en esa película, la de La Matanza de Texas.- Y encendió el cuchillo.
Sakura lo observó en silencio.

Lee miró a Maya, que parecía tan descolocada como ellos.
Y luego ambos miraron al cuchillo, que temblaba como una motosierra en las manos del muchacho haciendo Rrrrrrrrrrr.
Sakura suspiró. ¿De verdad que esta situación es normal?

De pronto, alguien se echó violentamente sobre ella, y volvió a caer al suelo, golpeándose de lleno como hacía apenas unos segundos. El chichón que le saldría en la frente iba a ser monumental.

- ¡LEE! ¡ESTA VEZ TE MATO! ¡¿DÓNDE HAY UN BATE DE BÉISBOL?!

- ¡He oído a alguien!

- ¿¡Pero a quién vas a…?!- La Haruno tuvo que cerrar la boca cuando escuchó el sonido de unas zapatillas arrastrándose en dirección a ellos.

- ¡Entrad dentro, maldita sea!- Exclamó Maya.- ¿Y si es un profesor?

Tanto Lee como la chica lo hicieron, cerrando rápidamente la puerta tras ellos. Aguantaron un instante la respiración, atentos, y de pronto, la puerta se abrió, dando lugar a una luz potente que los cegó por completo. En mitad de tanta luminosidad, sólo pudieron ver una mása mórbida de color negro.

- ¡Uah! ¡Pero si es Chewbacca, el de la Guerra de las Galaxias!

Haihai se detuvo en seco, boquiabierta y con la porra eléctrica en alto. Se quedó a cuadro al ver a Choji con el trinchador en alto y éste haciendo Rrrrrrrrr.

- ¡Utiliza el trinchador!- Animó Maya, con un gritito estrangulado.- ¡Vamos! ¡Vamos!

La mujer no esperó a que algo ocurriese. Se dio la vuelta y empezó a correr.

- ¡Delincuentes!- Gritó, por encima de su hombro.- ¡Terroristas!

Sakura meneó la cabeza. No, definitivamente aquella no era una situación normal.


¿Y ahora qué?

Aquella pregunta seguía flotando en la cabeza de Ran. Siempre había creído que la máxima duración de un silencio entre dos personas que se encuentras a menos de dos metros de distancia no podía sobrepasar los quince minutos, pero en ese momento se daba cuenta de su tremendo error, porque hacía ya mucho tiempo en el que el mutismo entre Gaara y ella se extendía.

Tras la conmoción inicial, en la que había estado a punto de parársele el corazón al ver al chico a tan poca distancia de sus labios, el pelirrojo había decidido que era mejor esperar allí porque pensaba que los profesores no irían visitando habitación por habitación, sino que se limitarían a recorrer los pasillos.

La idea le había aparecido atractiva y repulsiva. Atractiva porque aseguraba momentos junto a él, repulsiva porque sabía que no sería capaz de despegar los labios para decir algo inteligente.

- … Sería incómodo.

Levantó la vista hacia Gaara, y arrugó el entrecejo, sin comprender lo que había dicho.

- ¿Cómo?

- Que sería incómodo que los profesores nos encontrasen aquí a los dos. Solos.- Silabeó, recalcando cuidadosamente la última palabra.

Ran enrojeció inmediatamente. Oh, no, la tortura comenzaba de nuevo. Su corazón latió irregular, cansado por tanto desenfreno y nervios.
- Eh… eh…
- Te gusta, ¿verdad?

La chica parpadeó, y ladeó la cabeza, sintiéndose cada vez más confundida.

- ¿Qué es lo que me gusta?

- Decir eh… eh…-. Contestó él, siempre serio.- Es lo único que me contestas a cada cosa que digo.

Ran deseó que se la tragase la tierra. Genia, sencillamente genial. El chico que le gustaba pensaba que era una corta de entendederas que sólo acertaba a decir una palabra monosilábica que encima no tenía un significado concreta. Quizás, des pués de todo, no estaba demasiado lejos de la realidad.

- Eh…- ¡Joder! ¿Pero qué le digo? ¿Qué estoy tan nerviosa que no puedo pensar con claridad? ¿Qué me estoy agobiando tanto que me están empezando a entrar retortijones? Ay… sí, me estan empezando a sonar la barriga… Mierda, ¿podría suceder algo peor?

- Creo que escucho las pisadas de algún profesor…

Susurró de pronto él, pegando su oreja a la puerta. Ella hizo otro tanto, y agradeció la frialdad de la madera. Tenía la cara tan roja que estaba segura que, de un momento a otro, empezaría a salir humo.

Se concentró. Ella no escuchaba absolutamente…

PLAF!

Ambos salieron propulsados hacia atrás por el fuerte golpe que sacudió el tablero, y se dieron de espaldas con la pared. La puerta estaba tan cerca de ésta, que podían escuchar las voces perfectamente, como si se encontrasen en la misma habitación.

- Por fin te encuentro…

- ¿Qué haces aquí? Pensaba que estabas con Kakashi buscando a los alumnos…

- He conseguido distraerle.- Se hizo un silencio, en el que se escuchó un sonido húmedo que hizo estremecer a Ran de vergüenza.- Oh… te he echado tanto de menos…

PLAF!

Hubo una nueva embestida, y la pobre chica se llevó las manos a la cabeza, pensando lo peor.

- Son Shizune e Iruka.- Informó Gaara con voz neutra.

- Oh, entonces supongo que eso explica el por qué de esos golpes…-. Contestó débilmente Ran, sin despegar los ojos del suelo.

- Vaya, así que saber decir algo más que eh…-. Observó el muchacho, entornando la mirada.

Ella intentó responder, pero de nuevo, un golpe borró de un plumazo las palabras de su boca.

- ¡Iruka! ¿Pero que…? ¡Ah! ¡Ah!- No, no, aquello no era posible. Eso habían sido… ¿¡Gemidos?!- ¿Aquí…?- ¡No, no, no, no! ¡Por favor, no! Pensó Ran desesperada.- ¿Y si viene alguien?

- Eso lo hará más excitante…-. Se oyó decir a la ronca y susurrante voz de Iruka.

- ¡Qué travieso eres! Cómo me gusta que seas… ¡Ah! ¡Dios, ahí no!

Algo, o mejor dicho, alguien se restrgó contra el tablero de la puerta, y Ran cerró las manos en un puños. Gaara a su lado no pronunciaba palabra. A decir verdad, ni respiraba.

Se empezaban a escuchar jadeos.

- Son tan perfectos, Shizune… Tan tersos y suaves…

¿Qué era perfecto? ¿Qué era terso y suave?

- No… no muerdas… es… ¡Ah! ¡Es demasiado!

- Aparta las piernas. Vamos a jugar un poco.

Ran tragó saliva, y rogó al cielo que se abriese una enorme hendidura bajo sus pies y que la engullese la tierra hasta llegar a su núcleo. Seguro que allí tendría menos calor que el que sentía en aquel momento.

- No… el dedo no… ¡Ah! ¡No con la boca! ¡Iruka! ¡Iruka!

¿Dedo? ¿Boca? ¿Pero qué estaban haciendo, y por qué la puerta temblaba condenadamente tanto? ¡Santa María Madre de Dios! ¿Cómo se les ocurría a sus padres mandarla a un colegio que se parecía más a un escenario de una peli porno que a otra cosa?

- Eres tan perfecta…

- Iruka… aparta. Ahora me toca a mí.

Ran ahogó un gemido de horror. Oh, no. ¡Oh, no! Sabía lo que tocaba a hora. Casí podía escuchar en sus oídos el sonido de la bragueta al bajar. Los jadeos se incrementaron inmediatamente.

- Oh, si… si, Shizune sí… Más rápido, más rápido… ¡Más rápido! ¡Oh, sí!

La muchacha alzó los ojos al techo con desesperación. ¿Por qué? ¿Por qué diablos tendía que ocurrirle eso a ella? Aquello era peor que una pesadilla.

- Creo que esta situación es un tanto embarazosa.- Comentó de pronto Gaara, alzando la voz por encima de los gemidos desenfrenados del profesor de dibujo.

¿Embarazosa? ¿Sólo eso? ¡Embarazosa era un eufemismo para describir aquella situación! ¡Un eufemismo demasiado políticamente correcto!

- Échate sobre la puerta, ya no aguanto más…

PLAF!

Ran dio un salto y retrocedió, pero de pronto se quedó inmóvil, helada, como si acabasen de echarle un jarro de agua fría por encima. Sentía un bulto apretado contra su muslo. Un bulto muy duro. Le subieron tan rápidamente los colores que a punto estuvo de desmayarse por el golpe de calor.

PLAF! PLAF!

- ¡Oh, sí, Iruka! ¡Sigue! ¡Sigue!

- ¿Shizune…!

No, por favor, que no sea lo que creo que es…Rogó angustiada, casi mareada por la temperatura de su cuerpo.

PLAF! PLAF! PLAF! PLAF!

Lo sentía ahí, latiendo, descarado, y era grande. No, grande no. Enorme.

- ¡SIGUE! ¡Oh, Dios mío! ¡SIGUE!

- ¡SHIZUNE! ¡OH!

Esa cosa se estaba moviendo. Mucho. ¡Un momento! ¿Se podía mover? No tenía ni idea de que algo así pudiese suceder.

- Ran.- La voz susurrante de Gaara le hizo ver las estrellas.

- ¿¡Qué?!

- ¿Lo notas?

Miró boquiabierta al muchacho, sin poderse creer lo que acaba de escuchar. El alma se le cayó a los pies.

- ¿Qué?

PLAF! PLAF! PLAF! PLAF!

- ¡OH! ¡Más rápido! ¡Más, quiero MÁS!

- Contra tu pierna. Pensaba que te habías dado cuenta, la tengo bastante grande.

Ran palideció abruptamente, y estuvo a punto de atragantarse con su propia saliva. De acuerdo, aquello no estaba pasando. No podía estar pasando.

- Ya… ya estoy a punto de…

- ¡Lleguemos juntos, a la vez!

PLAF! PLAF! PLAF! PLAF! PLAF! PLAF! PLAF! PLAF!

- ¡OH! YA!

- ¡AHHHHHH!

El corazón le latía desaforadamente, la vena de la sién estaba a punte de estallarle, hiperventilaba desde hacía ya varios minutos, ¡estaba al borde del colpaso!

- ¡No puedo hacértelo! ¡Nunca he…!

- ¿No puedes apartar tu pierna de mi mano? Me la estás haciendo polvo.

Ran repsiró hondo, y el abotargamiento llegó de tal manera, que las piernas le temblaron. La mano. Se estaba refieriendo a la mano. No a la…

Resbaló hasta el suelo, y suspiró.

Gaara se inclinó hacia ella, y le colocó la mano sobre la frente.

- Creo que estás un poco acalorada, ¿Tienes fiebre?

La muchacha se mordió al loengua para no echarse a reír.

No sabes cuanta… pensó.


Haihai se detuvo, jadeante, y tuvo que apoyarse en la pared para recuperar el aliento. Después de ser atacada por aquellos psicópatas asesinos que tenía como alumnos necesitaba descansar un instante. Ya no estaba hecha para aquellos trotes.

- Vaya lástima… Ojalá siguiesen permitiendo el castigo corporal…-. Comentó en voz alta, nostálgica.- Cuando hecho de menos los gritos…

Calló de pronto, y alzó la cabeza. Olía a algo extraño. Frunció el entrecejo, y aspiró profundamente por la nariz.

De pronto, sonrió.

- Vaya, vaya…-. Musitó, al captar por fin el origen de aquel hedor.- Así que tenemos a unos estudiantes que les gusta fumar cosas a escondidas…

Se arrastró con la espalda pegada a la pared a lo largo de aquel pasillo, con su afilada nariz apuntando el camino a seguir, husmeando por todos lados como si fuera un perro siguiendo la pista crucial de algún crimen.

Varios minutos después se detuvo frente a una puerta entreabierta. Por el resquicio de ésta, escapaba un ligero hilo de humo que acababa por mezclarse con la oscuridad que reinaba en todo el College.

Cogió impulso, y de una fuerte patada, echó la puerta a abajo.

- Vaya, vaya, señor Uchiha, señor Kisame, no sabía que se encontraba entre el grupo de drogados anónimos del colegio…

Itachi levantó la mirada del suelo, sintiéndose volar entre un mar de nubles multicolores. A su lado, Kisame sujetaba un porro idéntico al que estaba fumando justo en aquel instante. Había que admitirlo, la maría que le había proporcionado aquel tal Sasori no estaba nada mal.

- Itachi, creo que acaba de entrar en nuestra habitación el Yeti.- Dijo Kisame seriamente, como si estuviera dando el pésame al alguien.- Pero pensaba que tenía el pelo blanco, no negro.

El Uchiha se encogió de hombros, sin entender ni torta, y se limitó a inhalar otra calada, mientras, con la otra mano, ofreció un paquetito transparente a la recién llegada.

- Te la vendo por un buen precio.

Haihai se llevó las manos a la cabeza, totalmente escandalizada.

- ¡Madre de Dios!- Chilló, alzando los brazos al cielo.- ¿¡Cómo os atrevéis a ofrecer drogas a una mujer decente como yo?!

- Ah, ¿pero usted es una mujer?- Musitó Kisame, con los ojos como platos.

La aludida sintió como toda la sangre de su cuerpo subía a su cabeza, para acto seguido, salir propulsada a todas las extremidades de su cuerpo.
Tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no lanzarse contra ellos y darles una buena lección.

- ¡CÁLLENSE!- Chilló.

- ¡Ahhh!- Gritó Kisame, corriendo para esconderse detrás de Itachi.- ¡Está poseída como en la película del Exorcista! ¡Y ahora nos quiere poseer a nosotros!

Haihai lo fulminó con la mirada.

- ¡Poseerles! ¡¿Pero qué está dicien...?!

Sin embargo, antes de que pudiese continuar, el otro chico se plantó frente a ella, hizo solemnemente la señal de la cruz, y le arrojó un vaso de agua encima, empapándola por completo.

- ¡En el nombre del padre, del hijo, y del espíritu santo!- Sonrió dulcemente a la mujer, que gruñía como una leona a punto de destrozar a su presa.- Ya eres libre, Yeti. Ya vuelves a recorrer el camino de Dios.

Hubo un segundo de silencio.

Dos. Tres. Cuatro. Cin...

- ¡¡Esto ha llegado demasiado lejos!! ¡¡Acompáñenme!! ¡AHORA!

Los dos chicos se miraron, se encogieron de hombros, inhalaron una última calada, y la siguieron como dos perritos dóciles.

- Qué bien Itachi... ya verás cuando les contemos a los demás que hemos acompañado al Yeti...

Haihai resopló, y comenzó a caminar a buen paso, preguntándose seriamente si siería buena idea o no atar a aquellos dos locos con una cuerda. Sólo por si se les ocurría realizar un "exorcismo" de nuevo.

Esto es de locos... ¿dónde diablos están los otros profesores? ¡Ya advertí que la realización de un juego nocturno no era una buena idea! Estoy rodeada de incompetentes y de futuros delicuentes...

En aquel instante, escuchó pasos ajetreados, y asomó la cabeza por una esquina del pasillo. Le faltó muy poco para ser arrollada por un Kabuto que corría como alma que llevaba el diablo, con un bulto enorme entre los brazos.

- ¡Kabuto!- Exclamó, sorprendida de verle.- ¿Qué es lo que ocurre?

El la miró. Sus ojos, mas que ojos, parecían la boca de una fuente que no dejaba de escupir lágrimas y más lágrimas. Apretó contra su pecho lo que llevaba sujeto.

- ¡Mire!- Chilló, desesperado.- ¡Mire lo que han hecho estos energúmenos a mi amado Orochi!

Haihai inclinó la cabeza, y se llevó las manos a la cabeza cuando vio el enorme chichón que deformaba la frente del profesor Orochimaru. Estaba inconsciente, con la boca abierta, y su larga lengua colgando. Hizo una mueca de asco al ver el piercing con forma de serpiente.

- ¡Tengo que llevarlo al hospital!- Exclamó Kabuto, sin dejar de llorar.- ¡He intentado hacerle el boca a boca y no ha dado resultado!

Haihai arqueó una ceja.

- ¿Y por eso está medio desnudo?

El hombre enrojeció de inmediato, y esbozó una sonrisita de disculpa.

- Es que estaba tan mono con los ojitos cerrados... que no me he podido resisitir.

Ella puso los ojos en blanco.

- ¡¿Cómo?!

Kabuto miró el reloj, y se llevó las manos a la boca.

- ¡Oh, vaya! ¡Mire que tarde es!- Se dio la vuelta y echó a correr.- Enviaré noticias mañana, desde el hospital. ¡Adiós!

Kisame se inclinó sobre Itachi.

- ¿El tío ese se ha tirado al travesti?

Haihai se volvió hacia ellos escandalizada.

- ¡Cierren la boca ustedes dos! ¡Nadie, en esta academia, ha realizado ningún acto sexual!

De pronto, una puerta cercana se abrió de sopetón, y cuatro cuerpos cayeron al suelo uno sobre otro. Haihai reconoció una cabellera negra a la que le tenía especial inquina.

Eran dos chicos y dos chicas. Y una de ellas, para horror de la profesora, estaba medio desnuda. Era Hinata Hyuga. Tenía el cabello muy revuelto y las mejillas enrojecidas. Por la expresión de su cara, estaba más cerca de parecer una enferma mental que la tímida chica que realmente ás... estaba su ropa. Oh, su ropa. La blusa había desaparecido, no qedaba ni un jirón de ella, y el sujetador rosa lo llevaba mal ajustado. La falda la llegaba desabrochada, y tenía que agarrársela con una mano

- ¡Naduto... ha zido el mejod polvazo de mi vida!

Silencio.

Asuka, apretujada entre los cuerpos de Sasuke y Naruto, levantó la cabeza y se quedó muda al observar el rostro desencajado de Haihai y las expresiones perdidas de Itachi y Kisame, como si se hubieran fumado un par de... porros.

M-i-e-r-d-a.

- ¡Esto no puede ser posible!- Gritó Haihai, fuera de sí.- ¡Fornicación en esta academia!

Sasuke soltó una risita, y miró a Naruto, que negaba frenéticamente con la cabeza.

- Técnicamente no, profesora.- Dijo el Uchiha menor muy serio.- Coito explícito no ha habido. Pero vamos... a mi me parece que Naruto sí que ha disfrutado con los preliminares.

El rubio intentó arrearle un puñetazo.

- ¡Serás...!

- ¡Quietos todos!- Aulló Haihai.- ¡Levantáos y seguidme!

Asuka soltó una risita por lo bajo.

- Ahora la tía esta se cree Jesucristo...

Hinata palmoteó contenta, sin darse cuenta de la mirada envenenada de la profesora.

- ¡Bien bien! ¿Ahora hademos otra oddgía?

Haihai apretó los dientes y los nudillos.

- Siento decirle que no, señorita Hyuga. Y recompóngase un poco, se va a resfriar.

- ¡Peddo eszque azí esstoy más zezy!

La mujer suspiró a la par que negaba con la cabeza. Tendría que habérselo pensado dos veces antes de acudir a aquel colegio de locos. Justo en aquel preciso momento, aparecieron dos alumnos más. A pesar de que había poca luz, pudo reconocer el pelo rojo de aquel muchacho tan inquietante, Gaara.

- ¿Y ustedes, de dónde salen?

La chica que lo acompañaba, Ran Hirywa abrió la boca, pero el chico se le adelantó.

- Estábamos encerradoss en un armario.

Todo el mundo los miró con los ojos como platos.

- ¿¡En un armario?!- Se escandalizó Haihai.

Gaara afirmó con la cabeza.

- Y hubiésemos salido antes.- Dijo, mortalmente serio.- De no ser porque el profesor Iruka y la enfermera Shizune se pusieron a hacer el amor apasionadamente contra la puerta.

Haihai se apoyó en la pared, sin poderse creer lo que estaba pasando.

- Dios mío... esto no es una academia para aprender inglés. ¡Es un protíbulo! ¿¡Pero a dónde vamos a llegar?!

- ¡Eh! ¿Pero qué hacéis todos aquí?

Todos se volvieron, encontrándoose a un Kiba en calzoncillos y a una Ino en sujetador. Ambos, algo sucios por la tierra y la el verdín de la hierba.

Hubo un instante de silencio.

- ¿Qué? ¿Pasa algo?


Bueno! Espero que el fin de esta noche de juegos nocturnos os haya gustado =D! Espero que la inspiración vuelva pronto y retome este fic con muchas ganas =)!!

Y quién tenga ganitas... revew plis =)!

Besos!