Adivinen quien volvió.

Creo que ya se volvió tradición mía actualizar cada un año, prometo que este será diferente.

Primero, quiero desearles un muy feliz año nuevo, espero que todos sus sueños se cumplan y que vengan muchas nuevas aventuras. Le tengo mucha fe a este año. Por mi parte, termine mi carrera y soy una cesante más que no contribuye a mi país jaja. Sin embargo, les contribuyo a ustedes con la continuación de esta historia.

Sin más que decir, les dejo el capítulo con mucho amor.

Los personajes de Hetalia no me pertenecen, le pertenecen a Hidekaz Hiramuya.

Y como siempre, muchas gracias por leer.


Café

"Palabras y prosas"

El piso, las paredes, incluso la mesa de la cocina se veía como a través de un cristal sucio, como si la habitación comenzará a llenarse de niebla. Sin embargo, la pantalla del celular de Antonio brillaba con fuerza. La habitación comenzaba a dar vueltas.

Centro los ojos en una grieta cobriza que se encontraba en el suelo de la cocina; trataba de concentrarse. "Tu correo a FlyingMintBunny…" se encontraba grabado en su cabeza, aunque la pantalla del celular ya se había ido a negro hace algunos segundos. Apoyo su cuerpo contra el mesón de cocina, sentía que perdía el equilibrio.

¿Cuándo fue la ultima vez que recibió un correo en Write&Read? Probablemente esa misma tarde, palabrasyprosas le enviaba mails cada cinco minutos y…

No.

Cerró los ojos con fuerza, sacudiendo la cabeza de un lado hacia otro. No, no era posible que Antonio fuera palabrasyprosas, era casi ridículo.

Quizás…

Si.

Quizás Antonio era moderador del foro, incluso hasta el mismo creador, si, eso debía ser, tenía mucho más sentido dentro de su cabeza. Seguramente le había escrito para felicitarlo, seguramente se había ganado otro premio, seguramente había llegado al millón de lectores, seguramente…

— ¿Arthur? — escucho decir al castaño desde lo que parecía la puerta de la cocina, se sobresaltó — ¿Te encuentras bien?

— Si — susurro, arrastrando cada letra— Necesito que te vayas — balbuceó mientras apoyaba su cuerpo en el mesón de la cocina con más fuerza.

— ¿Qué? ¿Ahora? — dijo Antonio, con un tono que Arthur solo pudo identificar como decepción.

Tomando una gran bocanada de aire, se alejo del mesón y fue capaz de guiar su cuerpo sin tambalearse. Dio unos pequeños empujoncitos en los hombros de Antonio.

— Si, vete — gruño, frunciendo el ceño.

— Pero ¿Por qué? — dijo el castaño con sorpresa, mientras lo empujaba hacia la puerta de salida.

— No me siento bien, vete por favor — suplico, el mareo y la visión borrosa lo estaban comenzando a cantar.

— ¿Hice algo mal? — susurro Antonio con el mismo tono de súplica, como si estuviera a punto de llorar.

— No — bajo la mirada, mientras el castaño se apoyaba en el marco de la puerta ya abierta — por favor — suplico nuevamente, mirándolo a los ojos.

— Bien, nos… ¿Nos vemos? — Antonio tenía ojos de sorpresa, su voz sonaba más a suplica que a otra cosa.

Arthur lo miro por unos segundos que le parecieron eternos y trago saliva. Cuando sintió que estaba a punto de llorar, cerró la puerta.

Dio un suspiro y apoyo su cuerpo contra la madera dura de la puerta. Las lagrimas comenzaron a caer silenciosas por sus mejillas, aún sentía la presencia de Antonio.

Fue capaz de moverse cuando sintió pasos cansados alejarse, el castaño por fin se había ido. Sentía como si hubieran pasado horas.

Arrastro los pies hacia su habitación y sentándose en la cama se dedico a observar cada esquina y rincón de esta, hasta que sus ojos se fijaron en su computador. Trago saliva. Era un correo del moderador del foro, era un premio, un aviso, quizás le habían borrado alguna historia, era eso… ¿no?

La angustia lo estaba consumiendo.

La pantalla encendida de su computador brillo en la oscuridad de la habitación. Bienvenido recitaba en brillantes letras blancas, no había notificación de correo en la esquina de la pantalla. Las manos le temblaron mientras movía el mouse hacia su aplicación de correo electrónico.

El ultimo correo lo había recibido a las 5:00 PM.

Un correo que tenía solo cuatro frases y una firma.

Y era de palabrasyprosas.


No recordaba la última vez que había llorado, al menos no como ahora.

Quizás cuando se había enterado de la enfermedad de su madre o cuando el gato familiar había decidido explorar otros sectores para no volver nunca. Seguramente había sido cuando estuvo a punto de reprobar algebra. No lo recordaba.

Solo sabía que había llorado hasta quedarse dormido, frente a la pantalla del computador. Lo primero que vio al despertar fue el rostro de preocupación de Alfred.

— Arthur ¿Estas bien?

— Estoy bien —susurro, dando un vistazo rápido a la pantalla, se había ido a negro quien sabe cuándo.

— Tus ojos están rojos — Alfred también hablaba en susurros, sabía que algo andaba mal, no era tan tonto.

— Estoy bien, solo me dormí mientras estudiaba — mintió, moviendo algunas hojas que estaban sobre su escritorio, tratando de disimular.

— Bien — dijo el rubio con tono poco convencido — Matty me está esperando a fuera, pero puedo decirle que se vaya si me necesitas.

— Ve, te dije que estoy bien —murmuro, centrando sus ojos en las hojas que ahora tenía en la mano.

Alfred asintió. Se dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta, Arthur dio un suspiro.

— Puedes contarme lo que te pasa, lo sabes ¿no? —la voz de Alfred lo hizo voltearse, el chico estaba apoyado en el marco de la puerta, tenía una sonrisa preocupada en los labios.

Arthur lo miro incrédulo, hasta el día de hoy, jamás había pasado por su mente la posibilidad de necesitar a Alfred, siempre había sido al revés.

— Gracias — sonrió, ganándose una sonrisa de vuelta.

— Ya me voy — dijo girando sobre sus talones. Arthur asintió.

La puerta de entrada se cerró con un pequeño golpe, acompañado de un chillido de Alfred. Una sonrisa irónica apareció en sus labios.

Quien diría que hace solo unas horas o minutos (no sabría decir con exactitud) esa misma puerta lo separaba de palabrasyprosas.

El destino había decidido que sería grandioso jugarle una broma cruel.

Suspiro, estaba cansado. Movió con lentitud el mouse de su computador y la pantalla se encendió enseguida, aún estaba el correo ahí, desplegado, con cuatro frases y una firma. Trago saliva y una idea extraña apareció en su cabeza.

Había encontrado correos desde hace casi dos años. Los primeros que se había enviado con palabrasyprosas, esos donde solo alababan su forma de escribir o lo interesante que había sido cierta historia. Nada romántico, nada parecido a los correos que se enviaban hace una semana.

Leyó cada uno, dándose el tiempo de buscar cada detalle, cada cosa que le indicara que quizás había algún error, que no era posible lo que estaba pensando.

Antonio estudiaba arquitectura, palabrasyprosas también. A palabrasyprosas le gustaba el café, a Antonio también.

Pero no había nada más, nada que le dijera que efectivamente era él.

Bueno, solo que este ultimo mes solo había recibido correos de palabrasyprosas.

Estaba enojado. Enojado con el mundo, enojado con el mismo por no saber que sentía en ese momento ¿Acaso Antonio sabía que él era FlyingMintBunny? Era casi imposible, siempre había sido cuidadoso con ese tema, por lo que significaba que Antonio coqueteaba abiertamente por correo electrónico, con alguien que no sabía que era él. Frunció el ceño, tampoco se sentía con el derecho de reclamar algo, porque con el castaño no eran nada serio.

Suspiro. Sería una noche larga.


Hace más de una semana que no hablaba con Antonio. Esta vez no había ido al café, ni siquiera a ver si es que él se encontraba. Ni siquiera había salido del departamento desde la noche en que vio la notificación en su celular.

Alfred creía que tenía depresión.

— Tienes que comer algo — dijo el rubio un día, estirando una bolsa grasienta de algo que parecía provenir de McDonalds.

Arthur se encontraba hecho un ovillo sobre el sofá de la sala de estar, tapado con una manta color azul.

— No tengo hambre —dijo mirando la bolsa con asco.

— No me interesa, tu madre me va a matar si mueres de hambre — soltó el menor, dejando la bolsa sobre la mesa de café que se encontraba en frente.

Alfred se cruzo de brazos y lo miraba con el ceño fruncido. Suspiro y a paso cansado estiro el brazo para abrir la bolsa de papel, había unas papas fritas frías y una hamburguesa.

— Come — insistió Alfred.

Gruño, dándole un mordisco a la hamburguesa.

Alfred asintió, complacido.

Estaba en la mitad de su hamburguesa cuando su celular vibro. Era un whatsapp de Antonio, ya le había dejado más de quince desde aquel día, todos estaban ahí, en su bandeja de entrada, sin ver.

Sin embargo, esta vez su celular vibro tres veces seguidas, lo que logro llamar su atención.

Con un nudo en la garganta, abrió los mensajes.

.

Antonio dice:

Te he escrito más veces de las que recuerdo haberle escrito a alguien alguna vez en mi vida.

Antonio dice:

Y creo que el mensaje esta más que claro, al menos te hubieras dado el tiempo de leer cada uno de los mensajes penosos que te dedique estos días, si hubiera interés claro.

Antonio dice:

Supongo que esto es un adiós, del cual no entiendo la razón, todo estaba bien según mi punto de vista, incluso las señales que me enviabas, las cuales para mi estaban más que claras. Si en algún momento te molesto mi forma de ser o actué de manera apresurada para tu criterio, te pido disculpas. Nunca me había interesado tanto por alguien, al menos no al nivel de buscarlo por tantos días, generalmente no me tomaría ese tiempo, pero sentí que por ti valdría la pena. Sin embargo, aún tengo algo de orgullo y no voy a seguir insistiendo en algo que es unilateral. Espero seas feliz.

.

Arthur trago saliva con dificultad. El nudo en su garganta se hacia cada vez más grande y sentía que le costaba respirar, las lagrimas amenazaban con caer por sus mejillas.

Sintió la mirada de Alfred desde el otro lado de la sala y apretó la mandíbula.

Una parte de él pensaba que era lo mejor, dejar el contacto con Antonio, seguir enviándole correos a palabrasyprosas como si nada hubiera pasado, seguir su vida normal. Estaba seguro de que eso sería imposible. Otra parte de él no quería perder a Antonio, no solo porque eso significaba perder a palabrasyprosas en el proceso, sino que no quería perder lo que fuera que tuviera con el castaño.

Miro el mensaje unos minutos y luego, casi como por inercia, tipeo unas palabras.

.

Arthur dice:

¿Podemos hablar?

.

Se quedo mirando la pantalla, Antonio estaba en línea.

Paso un minuto, no había respuesta. Dos minutos, aún nada. Al tercer minuto decidió dejar el celular a un lado, nunca había sido muy paciente que digamos.

Solo esperaba que el castaño respondiera, en algún momento.

Abrió la bandeja de entrada de su correo una vez más, tenía 5 correos nuevos de palabrasyprosas los cuales aún no se había atrevido a mirar. Trago saliva y abrio el último correo.

.

Para: FlyingMintBunny.

De: Palabrasyprosas.

Asunto: 911

Hey.

Sé que desapareces de vez en cuando, pero ¿Una semana? ¿No crees que es demasiado? Estoy comenzando a pensar lo peor…

Bien, en cosas que te has perdido esta semana, que no han sido muchas si leíste los últimos dos correos que te envié estos días, mi gato esta embarazado, sí, resulta que no era gato, sino gata y pronto tendré nietos.

Y me gustaría que aparecieras para mandarte una foto de la ecografía, aunque suene extraño jajaja ¿Tengo permitido mandarte fotos de eso?

Te extraño más que nunca.

Te quiere,

Palabrasyprosas.

.

Le comenzaba a hervir la sangre. ¿Cómo era posible que Antonio le escribiera un mensaje diciéndole que nunca se había interesado por alguien de esa forma, cuando palabrasyprosas era capaz de mandarle correos así? Gruño, estaba enojado.

"Quizás sabe que soy FlyingMintBunny" pensó. No. Era imposible.

Era obvio que Antonio estaba jugando a dos bandos, aunque fuera con la misma persona.

Tomo su celular con fuerza. Tenía dos mensajes.

.

Antonio dice:

Vaya, ahora si respondes.

Antonio dice:

Supongo que necesito un punto final para esto ¿Dónde nos vemos?

Frunció el ceño.

Arthur dice:

En el café al que me llevo Gilbert por unas cervezas. En 20 minutos.

.

Tomo el abrigo que se encontraba colgado junto a su cama y salió dando un portazo.


Caminaba por una calle de adoquines finamente acomodados, nada parecido a los rincones de mala muerte por los que lo había hecho pasar Gilbert para llevarlo al bendito lugar la ultima vez. Estaba seguro de que debía ser un lugar turístico, ya que unos banderines con pequeñas luces decoraban la calle.

Los cafés estaban comenzando a prender sus luces, caía la tarde; con la mirada busco un café con suelo de madera brillante y bonitas mesas de metal color negro. Aunque casi todos tenían la misma estética, aquel que tenía un bonito cartel en color rojo llamo su atención, su memoria no le fallaba. "Lumière" recitaba en letras color dorado. Había estado solo una vez a ese café. La vez en que Antonio le había dicho que quería conocerlo. Frunció el ceño, el solo pensarlo lo irritaba.

Decidió que sería mejor esperarlo en una mesa al interior, ya que así tendría tiempo de prepararse, de que no lo pillara por sorpresa. Busco una mesa que tuviera una vista perfecta hacia la entrada del café.

Una chica de cabello color rojizo se acercó para preguntar su orden.

— Un té verde, por favor — Estaba harto del café.

La chica asintió y se fue rápidamente, meneando su coleta de un lado a otro, Arthur suspiro. Miro la hora, faltaban dos minutos para que se cumpliera el tiempo acordado. Comenzó a golpetear los dedos contra el metal de la mesa.

La chica volvió con el té luego de unos minutos, sin galletas. Dios, extrañaba a Emma.

"Al menos esta bueno" pensó, luego de darle un sorbo a la infusión.

Viendo con detención cada rincón del café, no era tan bonito como lo recordaba. Es más, incluso pensaría que estaba sobrevalorado. No era ni la mitad de bonito que el café donde trabajaba Antonio y era evidente que no atendían mejor que Emma.

Estúpido café.

Dos tés verdes y treinta minutos más hicieron falta para que el castaño se dignara a aparecer. No pudo evitar fruncir el ceño cuando lo vio entrar.

Mas a su pesar, el condenado se veía casi perfecto.

Antonio se plantó frente a él, llevaba unos pantalones oscuros, los cuales podría asegurar que eran de mezclilla, un cuello de tortuga color rojo y una chaqueta color negro. Su piel morena parecía brillar bajo esas ropas. Arthur trago saliva.

— Espero no te haya molestado esperar, ya que yo he esperado más de una semana para que te dignes a responder un maldito mensaje — escupió el castaño. Las mejillas de Arthur se enrojecieron y recordó toda la rabia que tenía acumulada hasta ese momento — Pero bueno, ¿Qué es lo que querías ha-

— ¿Eres palabras y prosas? — dijo, cortándolo en seco y mirándolo a los ojos con el ceño fruncido.

Y la cara de Antonio palideció.


Palabras: 2437.

Tenía dos opciones para este capítulo. La primera y la que están leyendo, era hacerlo medio triste, que Arthur dudara de todo lo que estaba pasando, era un desafío escribir algo así y creo que quede contenta con el resultado. La otra, era hacer a un Arthur muy enojado por sentirse engañado todo este tiempo, aunque igual incluí un poco de arthy indignado al final, pero bueno…creo que tiene algo de razón.

Me gusto mucho el saber que a pesar de que me demoro años en actualizar, aún hay gente que sigue la historia y que se emociona con cada actualización. De verdad, muchas gracias. Además, me hizo mucha ilusión ver que me dicen desde donde me leen, eso me encanta, sobre todo el saber que una chilena sigue la historia ;_; , no sabía que había más gente en este país que le gustara el SpUk, eso me hace demasiado feliz.

Ahora, siguiendo con la trama del fic, te pillaron Antonio. Te pillamos po, compadre, como diríamos acá ¿Ustedes creen que Antonio sabe que Arthur es FlyingMintBunny? ¿O que esta jugando a dos bandos sin saberlo?

Infinitos corazones para ustedes. Espero les haya gustado mucho el capítulo. Como saben, me encanta leer sus reviews con sugerencias, consultas y opiniones 😊

Besos y abrazos,

SconesandTomatoes.