10.- Vencido
Harry ya había terminado la segunda fase de la poción, había añadido las flores secas y las crines de centauro, la poción había tomado un ligero color plateado parecido al mercurio y despedía un vapor con un aroma dulce, tal como decía la receta que debía verse. Decir que Harry estaba complacido era verse modesto. Sus ojos brillaban y una sonrisa adornaba sus labios de forma casi permanente, faltaba una semana para completar la poción y Harry ya tenía algunas opciones para los ingredientes especiales, y estaba confiado en que estos funcionarían. Después de haberlo pensado mucho, Harry llegó a la conclusión de que los ingredientes eran "una elección personal" y debían ser escogidos acorde a la persona que elaboraba la poción.
"Para curar las heridas de la vida" pensaba usar lágrimas de Fénix, de Fawkes específicamente, el mismo había sido testigo de cómo podían ayudar, no se trataba solo de que habían curado sus heridas cuando enfrentó al basilisco, sino que la sensación que le dio Fawkes cuando acudió en su ayuda, fue capaz de hacerle sentir que todo estaría bien, Fawkes había curado más de una herida ese día.
"Para curar las heridas del alma" pensaba usar algo muy poco ortodoxo, tarta de melaza de la que le hacía la señora Weasley, la primera vez que estuvo en casa de los Weasley, luego de su accidentado rescate ese verano, la señora Weasley le preguntó cuál era su postre favorito, Harry recordó que uno de los primeros que probó en Hogwarts y le gustó muchísimo, había sido precisamente la tarta de melaza. La señora Weasley le prometió hacerle una esa noche, Harry casi lloró cuando la probó, sabía a amor maternal, cada cucharada que se llevaba a la boca le hacía sentirse en casa, amado y protegido. La señora Weasley le enviaba cada cierto tiempo una tarta de melaza, que Harry hechizaba para que le durará varias semanas. Tenía ya apartado el trozo que agregaría a la poción.
Para la última fase de la poción, había decidió "hablarle" a la poción, Harry había estado leyendo sobre como la voz imprimía fuerza a los hechizos, también los no verbales requerían de cierta "fuerza" al pensarlos, los libros que proveía la sala de los menesteres lo habían ayudado mucho a entender esa parte. Había practicado mucho con un muñeco de pruebas varios de los hechizos del libro del príncipe. Luego de haber casi terminado el libro, Harry por fin encontró el contra-hechizo de Sectumsempra, Vulnera Sanentur. Este hechizo en particular le había servido para practicar lo de la voz y la "fuerza" del pensamiento al lanzar un hechizo.
Harry pensaba que, si podía imprimirle "fuerza" a sus deseos en su cabeza y a la vez, darle fuerza a su voz mientras revolvía la poción, estos podrían llegar hasta ella e integrarse a la mezcla. Si servía con los hechizos, podía servir con las Pociones. Sonaba poco ortodoxo, pero gracias al libro del príncipe, había aprendido que incluso un movimiento más brusco o más blando de lo que requería una mezcla, podía afectar sustancialmente el resultado y efectos de la poción, incluso arruinarla por completo. Así que estaba seguro de que su teoría serviría con esta poción en particular, ahora solo debía escoger muy bien qué deseos y esperanzas "decirle" a la mezcla.
Severus Snape estaba convencido de que la poción estaría perfecta, el color y el aroma eran los precisos y con eso, la segunda fase había sido terminada, ahora ya solo faltaba una semana para terminarla y con eso un periodo de descanso. Snape estaba seguro de que iba a ganar y estaba pensando en cómo "castigar" a Potter esta vez. Siendo sincero, todos sus castigos incluían actividades donde tenía que usar sus habilidades mágicas, había pensado desde llevarlo a recolectar ingredientes especialmente peligrosos como colmillos de acromántula, hasta escamas de dragón arrancadas de uno. Eran el tipo de actividades que lo prepararían para enfrentar a los aliados del Lord.
Los otros castigos que había pensado se limitaban a tener a Potter cerca, su laboratorio personal estaba bastante desarreglado desde hace meses y había llegado a tal grado el desorden que, si no se le ocurría nada mejor, pondría a Potter a ayudarle a ordenar todo en el laboratorio, y quizás investigar un poco más al joven. Desde "ese" regalo en su cumpleaños, estaba intrigado por lo bien que parecía conocerlo. Quizás le estaba dando más importancia de la que tenía este hecho, pero Severus Snape era un hombre que no le gustaban los misterios, él podía ser todo lo misterioso que quisiera, pero odiaba no saber las cosas, las medias verdades, por eso Albus Dumbledore siempre lo tenía al borde.
Solo una semana más. Tan solo debía esperar una semana más.
Hermione y Ron se preguntaban qué estaban haciendo en la oficina del director, los había mandado a llamar y en cuanto llegaron, este les ofreció té, mientras bebían sus tazas, ambos chicos se preguntaban el porqué de esta extraña reunión. Tanto Harry como Snape habían estado ocupados con sus Pociones, los chicos sabían que Harry había estado trabajando en la sala de los menesteres, y suponían que Snape lo estaba haciendo en el laboratorio de la escuela. Y aún faltaba una semana antes de que tuvieran que probar las Pociones, así que no parecía haber un motivo claro del porqué estaba ahí esa tarde.
—Seguramente se preguntan por qué los mande a llamar muchachos—.
—Ciertamente sí profesor—Contestó Hermione.
—Verán, quisiera saber si han notado algo extraño en el comportamiento de Harry. Se que su amigo le dio un obsequio de navidad al profesor Snape y, no estoy diciendo que sea malo, me pregunto el porqué de sus motivos—.
Hermione y Ron se relajaron, entonces era eso. Dumbledore se extrañaba por el motivo del regalo.
—Señor, ¿Conoce bien a Harry? —Pregunto Ron.
—No diría que bien, pero quiero pensar que lo suficiente—.
—Bueno, entonces debe saber que Harry es bastante particular. Suele guardar el odio solo a las personas que se lo merecen, odia a Quien-Usted-Sabe, pero a los demás que no le agradan, suele guardarles solo rencor o desprecio. Draco es una persona que le produce desprecio y el profesor Snape rencor. El profesor no fue muy amable con Harry desde el principio y constantemente lo provocaba, lo cual hacía que Harry reaccionara muy mal, y estaban en un círculo vicioso—.
—...Pero unos días antes de navidad, nos dijo que quería darle un regalo al profesor. Fue extraño para ambos, más para mí que para Hermione. No nos explicó sus motivos propiamente, pero Hermione cree que es porque el profesor Snape ha estado ayudándole desde primer año a pesar de no soportarlo y por su papel de espía. Harry es una persona agradecida y aunque fuera su peor enemigo, no puede obviar ese tipo de cosas—.
—Entonces, ¿Creen que solo se trataba de un regalo de agradecimiento? —.
—Sí profesor, aunque nos extraña más el regalo del profesor Snape. Dijo Hermione.
—¿Por qué? —.
—Bueno, es el profesor Snape, y este regalo parecía casi una copia del de Harry. Pero ellos no habían hablado antes, no había manera de que pudieran saber que le iba a regalar uno al otro, además de que, al parecer, ninguno sabía que el otro iba a darle algo—.
—¿Por qué les extraña? —.
—Es que... bueno... parece... como si el profesor conociera bien a Harry. Todo en la caja de regalo le gusto. Incluso Ron y yo tenemos problemas a veces cuando le damos algún regalo. No sabemos si le gusta el regalo en sí, o el hecho de que le regalen algo, ya sabe, por su familia. Pero la cara de Harry cuando saco sus regalos de esa caja tenía ese brillo que solo vi cuando recibió su saeta de fuego en tercer año. Eso quiere decir que ese regalo, era justo lo que le gustaba—.
Albus Dumbledore estaba pensativo, sus dos muchachos parecían estar más cerca de lo que ambos querían admitir, no le extraño que tuvieran cosas en común, pero no sabía que tenían gustos en común, y parecía que ambos sabían al menos dos que tres cosas de los gustos del otro, y era un conocimiento tan atesorado como para no compartirlo. Dumbledore se había ofrecido a acompañar a Snape cuando fue a comprar el regalo de Harry, pero el profesor no quiso, dijo que se movería más rápido solo. Y Harry al parecer por lo que alcanzaba a "ver" en la mente de los jóvenes, tampoco había dicho cómo es que sabía sobre los gustos del pocionista., algo había pasado entre ellos, algo que propició un acercamiento real entre ambos. Y por Merlín, que Albus Dumbledore estaba dispuesto a empujarlos un poco más.
—Bueno jovenes, gracias por su tiempo, me has esclarecido muchas cosas. Pueden retirarse—.
Hermione y Ron se levantaron y salieron de la oficina sintiendo que no había tenido mucho sentido esa reunión, mientras Dumbledore hablaba con un par de cuadros para investigar cuándo fue que sus dos muchachos encontraron ese punto de unión.
La última fase de la poción estaba por concluir, después de agregar los ingredientes finales y la última instrucción, ambas Pociones deberían reposar hasta el día siguiente y eso sería todo. Harry tenía listos sus ingredientes finales listos mientras Snape estaba buscando en su baúl los que él había elegido, después de haberlo pensado había elegido una esencia de díctamo que el mismo había hecho, esta en específico la había usado mucho cuando iba a alguna reunión de los mortífagos, le había servido para salir "casi" ileso de varias maldiciones del Lord cuando no estaba "muy de buenas", el segundo ingrediente fue algo más difícil de elegir para él.
Lucius había dicho que la poción era considerada una especie de "soneto", así que considero que algo que podría "curar las heridas del alma" podía ser algo de arte, busco y busco hasta que lo encontró, su libro favorito. Nunca nadie hubiera imaginado que era precisamente "ese" libro su favorito, ni siquiera Lily supo nunca de él, ni su madre, ni su padre. Pero cada que Severus Snape sentía que el mundo era demasiado, lo releía y luego de terminarlo, todo volvía a estar en orden, o al menos, menos confuso. Hizo un hechizo para duplicarlo y dejó la copia aparte para la poción. Para la última instrucción había decidido alterar el método y agregar una copia de sus recuerdos más felices.
Esa noche, ambos terminaron las Pociones, cada uno agregó sus ingredientes y la poción adquirió un color azul intenso, la poción estaba casi lista, ambos movían los calderos hasta que alcanzaran el punto de ebullición, la luna nueva daba a la noche un aspecto de boca de lobo y llegó el turno de la instrucción final.
Harry empezó a hablar con su poción mientras pensaba las cosas que quería que esta hiciera, le habló de sus esperanzas, sus sueños, de sus recuerdos felices, de cómo quería llegar a formar una familia algún día, sus amigos, y de sus deseos a veces de poder "regresar el tiempo" y tener otra oportunidad. Pensaba en eso y estaba tan concentrado que no se dio cuenta de que el cucharón que usaba tenía un borde filoso y le cortó un dedo, gotas de su sangre cayeron a la poción sin que este lo notara. Harry estaba tan cansado que cuando la poción parecía un zafiro líquido, por fin pudo dejar de mover, apagó el fuego y se fue a acostar al sillon de su "laboratorio" sin saber nunca de su "adición" personal. Se quedó dormido de inmediato.
Severus acababa de agregar sus ingredientes, y estaba moviendo con fuerza el caldero, su poción había adquirido el color correcto, y estaba esperando el momento de la instrucción final, con su varita lista, empezó a sacar recuerdo tras recuerdo, aquellos que le gustaba rememorar más que otros, sobre todo aquellos de su adolescencia cuando tenía tantos sueños, dejo una copia de cada uno de sus sueños de adolescente, incluyendo uno en especial, antes de enamorarse de su mejor amiga, su deseo era impreciso, su yo adolescente lo que más deseaba en el mundo, era ser amado intensamente así tal como era, su mayor deseo a los 15 años, era encontrar a alguien capaz de amarlo sin querer cambiar ni un pelo de él.
Estaba tan entretenido sacando sus recuerdos rápidamente, que no noto cuando un par de ellos, que no planeaba agregar, entraron al caldero, esos recuerdos que solo compartía con Harry, uno era la noche que ambos bajaron la guardia, cuando se dieron cuenta que ambos tenían cosas en común. Unido a este recuerdo, iba el de navidad y su emoción de recibir un regalo. Severus ni siquiera noto cuando estos salieron de su mente y se unieron a la mezcla, estaba concentrado en que la poción tomará el color zafiro. Cuando lo logró, apagó el fuego, dejó de remover y se fue directo a su cama, quedándose dormido al instante.
Las dos Pociones reposaron toda la noche y tanto Harry como Snape estaban ajenos a que la naturaleza de la poción había cambiado radicalmente, por esos ingredientes "extras". Aunque eso no lo sabrían hasta mucho después.
Dumbledore, Lupin, Ron y Hermione estaban en un aula vacía, con dos ranas bastante viejas en peceras, Harry y Severus habían traído sus Pociones y era hora de probar quien la había hecho mejor. Primero fue el turno de Severus, este dejó caer una cucharada de la poción en la rana, y está por unos momentos no parecía hacer nada, cuando un ligero brillo azul cubrió al anfibio y este desapareció en una nube, en cuanto se disipó, todos se encontraban viendo un renacuajo en la pequeña pecera. Severus estaba más que complacido con el resultado.
—Su turno, señor Potter—Dijo a Harry mientras le acercaba la pecera con su rana.
Harry no se inmuto, dejó caer una cucharada de su poción en la rana, y al igual que con la de Severus, un brillo azulado la cubrió y luego de un instante, la rana desapareció en una nube y en la pecera parecía no haber nada, hasta que Harry noto un bulto traslúcido en el agua. En vez de regresar la rana hasta su estadio como renacuajo, la poción de Harry la había regresado hasta el huevo.
—...No hay dudas respecto al ganador, Harry, tienes la victoria—Dijo Dumbledore.
Severus estaba rabioso, nunca en toda su vida lo habían vencido en Pociones, y, por si fuera poco, ni en sus más horrendas pesadillas, podría haber imaginado que la primera persona en vencerlo sería Harry Potter, y ni siquiera podía clamar que hubiera hecho trampa, la magia del contrato impedía el juego sucio. Así que eso quería decir que Harry había usado solo libros para mejorar en Pociones.
—Bien jugado Potter, esperare su decisión sobre el castigo y el siguiente encuentro el domingo. Señores, señorita, me retiro—.
Severus abandono el aula con un rictus de rabia en sus labios, a pesar de saber que Harry había ganado "limpiamente", eso no hacia el hecho más tolerable para el profesor. Por su lado, Harry estaba feliz, por dos cosas, uno, había vencido a Snape en su propio juego, lo cual reivindicaba su "honor" con lo del quidditch, y dos, ahora Snape no podría negarse a entrenarlo.
Harry le había mandado un mensaje con un elfo a Snape, quedó de verlo en las cocinas la noche del sábado para cobrarle su "apuesta" personal. Snape llegó una hora antes para pedir algo de cenar y se sorprendió de ver a Harry cocinando siendo ayudado por Dobby, se escondió atrás de una columna, observando al Gryffindor moverse entre las cacerolas y el fuego. Snape lo observó cortar con precisión las verduras y mover con maestría los guisados, Dobby ayudaba con la carne y el té.
Snape comprendió que, si Harry podía exhibir esa pericia en la cocina, Pociones solo era un paso más, y se preguntó cuánto podía haber aprendido el muchacho con la instrucción adecuada. Lo cual lo llevó al pensamiento de que el muchacho ya había mejorado por sí solo en Pociones, aumentando el misterio sobre dónde y cómo lo había hecho. Lo observo hasta que terminó su labor y la mesa estuvo puesta. En cuanto el chico se sentó a esperarlo, Snape fingió que acababa de llegar.
—Vaya, vaya Potter, ¿Acaso le pidió a los elfos que le prepararan algo en lo que llegaba? —.
—Podría decirse, siéntese Snape, tenemos que tratar un asunto. ¿Té? —.
—Sin azúcar por favor. Ciertamente, señor Potter, soy un hombre de palabra, le prometí que si me ganaba lo entrenaría, pero será su responsabilidad encontrar un lugar donde poder practicar. Además de que necesita un escondite seguro para algunos libros que ni usted ni yo "tenemos", ¿Me entiende? —.
—Tengo el lugar perfecto, pero primero cenemos, no pienso empezar mi entrenamiento con el estómago vacío—.
—¿Empezar? ¿Acaso pretende que hoy mismo empecemos? —.
—Es mejor, dudo que Voldemort este tomando la siesta en este momento. Seguramente está planeando, reclutando más seguidores y esas cosas. Pienso que es mejor empezar cuanto antes, así que le sugiero que cene. En cuanto terminemos, lo llevaré a donde entrenaremos—.
Severus no dijo más. El Gryffindor tenía un punto ahí. Ambos cenaron y Dobby se ofreció a limpiar todo, así que salieron de las cocinas rumbo al séptimo piso, conforme avanzaban, Snape se dio cuenta de que conocía ese lugar.
—Potter, ¿Hacia dónde vamos? —.
—Vamos a donde entrené al ED—.
—Ah, sí, su pequeño grupo subversivo. Umbridge solo dijo que los encontró en una sala "oculta", pero jamás dijo su ubicación—.
—Bueno, pronto la conocerá Snape—.
En cuanto llegaron al séptimo piso, Harry caminó directo al tapiz de Barnabás el chiflado, y empezó a caminar frente a él, para desconcierto de Snape, luego de que Harry pasó tres veces por el tapiz, se reveló una puerta frente a ellos, lo cual sorprendió a Snape. Harry abrió la puerta e invitó a entrar a Snape. En cuanto entro, el profesor se encontró con una sala confortable, con un librero en una pared y una chimenea, además de dos sillones que se veían cómodos y una mesa con un servicio de té.
—¿Dónde estamos Potter? —.
—Profesor, bienvenido a la Sala De Los Menesteres—.
—¿Sala De Los Menesteres? —.
—El año pasado, Dobby me habló de ella, estábamos buscando un lugar donde entrenar y no encontrábamos ninguno fuera del radar de Umbridge y menos con su brigada inquisitorial. Me quedé despierto una noche en la sala común, cuando me encontré con Dobby, y le conté mi problema, entonces él me dijo sobre esta sala y como usarla—.
—¿Usarla? —.
—Si, verá. La sala cambia según la necesidad de quien la solicita, yo solicite un lugar donde pudiéramos hablar tranquilamente, y donde hubiera libros que nos sirvieran, supongo que primero me dirá la teoría antes de que requiramos practicar los hechizos y eso—.
Severus se quedó pensando en la información adquirida y pronto tuvo una pequeña revelación.
—Aquí hizo la poción, ¿No es así Potter? —.
—Este... sí. La verdad es que me proveyó un buen laboratorio y material de lectura, pero luego le dejaré ver eso, hoy veamos con que podemos empezar ¿Le parece? —.
Severus fue hasta el librero y encontró un par de títulos con los cuales pensó que sería bueno empezar, se los dio a Harry en la mano.
—Estos dos, son de teoría básica de Transformaciones. Una de las primeras cosas que aprendí siendo espía, es que la clave de salir vivo de una misión es la capacidad de improvisar, y no siempre tiene uno lo que necesita a la mano. Sus calificaciones en esa materia han sido entre Aceptable y Supera Las Expectativas, pero nunca Extraordinario, así que habrá que corregir eso—.
—Supongo que faltará mucho antes de ver DCAO ¿Verdad? —.
—Sí, pero eso no quiere decir que esté estático señor Potter, aunque usted tiene reflejos entrenados por el quidditch, está muy lejos de ser útil en un combate cuerpo a cuerpo. Así que también tendré que entrenarlo en combate. Pero no esta noche. Tendrá que dedicar una hora diaria a entrenar conmigo, después de la cena, sin excusas ni lloriqueos. Usted pidió esto y tendrá que atenerse a las consecuencias—.
—No me ve quejándome Snape. Lo veré el lunes, recuerde que mañana tenemos una reunión con cierto grupo, y justo después de la cena—.
—No, lo veré mañana, después de la comida. Usted mismo lo dijo, es mejor empezar cuanto antes, mientras, empiece a leer los libros. Me retiro señor Potter, buenas noches—.
Snape salió de la sala y dejó a Harry a solas con los libros, aunque ya sabía la mayoría de las cosas, había varios conceptos que no había entendido la primera vez, y otros que explicaban porque algunas de sus transformaciones no habían salido bien en el pasado. En cuanto acabó el primer libro, lo regreso al librero y salió de ahí rumbo a la sala común de Gryffindor, casi era el toque de queda.
