Madge se despertó dentro de unos arbustos, confusa. Por un momento creyó que todo había sido un largo sueño y que estaba en casa, pero el hambre le recordó que estaba en los juegos. Salió de las matas con cuidado, escudriñando el paraje en el que se encontraba. El bosque estaba igual, por lo tanto no había pasado ningún tributo. Se alegró enormemente.
Pronto se desilusionó, porque tenía que encontrar comida y agua de inmediato. Sobretodo agua. Tenía la garganta tan seca que no podía ni tragar su propia saliva. Le atribuyo a la desnutrición el desmayo de la tarde anterior. Ya no sabía ni qué hora era.
Gale miró a la pantalla con nerviosismo ¡Tenía un lago a dos pasos y no lo veía! Le habría gustado estar allí para poder indicarle el camino, pero no podía hacer nada desde la veta. Solo esperar a que la encontrara. Madge andaba muy despacio, completamente desaliñada y falta de alimento y descanso. Mientras tanto, iban intercalando imágenes de los profesionales mientras los comentadores soltaban comentarios sarcásticos. Era injusto. Los profesionales tenían absolutamente de todo.
Madge andaba y andaba y no encontraba nada. Solo podía seguir adelante, pero la caminata se le hacía eterna. Tropezaba con todo lo posible, y eso la exasperada. Finalmente, cayó encima de un gran charco de barro y se quedó allí, parada. Solo quería descansar aunque sabía que era de ilusos.
Cerró los ojos mientras dejaba que la humedad se filtrara en sus poros. De repente se le encendió la bombilla… humedad… ¡barro! Tenía que haber agua cerca, sí o sí. Empezó a chapotear por el barro, sintiéndose patética, en busca de una balsa de agua. Finalmente su mano izquierda chocó contra el agua y Madge se abalanzó a ella sin importarle si estaba envenenada. Luego pensó que era un error, pero ya se la había bebido. Decidió que si se tenía que morir que fuera de eso.
Gale cerró los ojos con satisfacción. Por fin. Cogió su chaqueta y se dirigió al bosque, pues hacía tiempo que no pasaba por ahí. Su madre se sorprendió de verlo salir, pero se alegró por ello. Se estaba quedando pálido de tanto mirar el televisor.
Traspasó la vaya con tranquilidad escuchando sus pasos en el suelo. A veces era el único que podía escucharlos. Agarró el arco y unas cuantas trampas y se preparó para cazar algo. Las presas empezaron a acudir de nuevo, desprevenidas. Gale sonrió al ver lo que estaba logrando.
De repente escuchó unos pasos detrás de él pero estaba tan familiarizado con ellos que ni se inmutó. Katniss salió de la maleza con su arco y flechas, dispuesta a alimentar a su familia una vez más. Gale la llamó, pues sentía que tenía un asunto pendiente con ella.
—Catnip.
—Hei, Gale.
—Eh… Bueno yo… -no solía ponerse nervioso, pero no encontraba las palabras.
—Hace tiempo que no vienes a cazar. –dijo Katniss, sin inmutarse. Casi sonó como un reproche.
—He estado ocupado…
—¿Mirando los juegos?
—¿Qué?
—Tu madre le contó a la mía que te entretienes con ellos…
—No, esto… solo los miro porque nuestros tributos todavía no han muerto. –disimuló Gale, sin mucha convicción. No sabía si mentir o no a Katniss. Optó por protegerla.
—Madge lo está haciendo bien, aunque debería encontrar ya una arma decente… -meditó Katniss. Gale asintió y siguió con su caza. Ya hablaría con ella más tarde.
—¿Gale?
—¿Si?
—¿Seguimos siendo… amigos? –preguntó, un poco insegura.
Gale la miró, sin saber otra vez que decir. Si, tenía que admitir que le gustaría ser algo más. Pero tal y como estaban las cosas, no lo creía posible. Además, si Madge salía victoriosa de los juegos tendría que encargarse de ella. Decidió que lo mejor era esperar a ver quién era el vencedor de los juegos.
—Claro.
Katniss sonrió, aliviada, y eso le sentó un poco mal. Pero era mejor así. Cuando tuviera oportunidad ya arreglaría las cosas con ella.
Madge salió del agua, con la ropa empapada y una sonrisa en el rostro. Se guardó agua en una botella y se entregó a la búsqueda de comida con ánimos renovados. Comió más hierbas comestibles aunque indigestas.
El día fue pasando para todo Panem, dentro y fuera de los juegos. Madge ideaba planes para conseguirse una cerbatana mientras miraba su machete con insuficiencia. Cuando el himno de Panem sonó ya estaba subida encima de un árbol, como el día anterior.
Esperó a que salieran los muertos durante el día, pero no salió ninguno. Esto la preocupó en sobremanera, pero de un modo u otro era mejor así. Se comió un trozo de rama comestible, aunque ella había dicho que no, e intentó dormirse.
Al otro lado de la arena, los profesionales montaron campamento una vez más. Andrew se sentía un poco mal por estar acaparando toda la comida, pero se le pasaba rápido. Habían determinado que hasta que no se rompiera la alianza oficialmente, ninguno de ellos atacaría a sus aliados. Sin embargo todos dormían con un cuchillo en la mano.
Andrew poseía algo que no había entregado para el fondo común. Algo que podría salvar la vida de cierto sinsajo, y sin embargo se rehusaba a desprenderse de él.
La cerbatana plateada brilló con el oscilar del fuego, y su dueño suspiró. Ni siquiera la había visto, pero eso no importaba. Sin ese pequeño tubo, Madge no era nada. Ni si quiera había cogido nada del baño de sangre. Estaba completamente a salvo.
Delly miró a su supuesto amor pletórico, mientras sus padres la miraban enternecidos. No importaba cuantas veces lo dijera, ellos seguían pensando que la mentira de Andrew era cierta. La chica maldijo su suerte y apagó el televisor. Ella no quería formar parte de la mentira, aunque esta fuera a salvar una vida.
Porque había aprendido que las mentiras te estallan en la cara.
N/A Espero que os haya gustado el capítulo, ¡y muchas gracias por las reviews! ¡Nos vemos en el próximo capítulo!
