Disclaimer: Ni la serie ni los personajes que a continuación aparecen me pertenecen, sólo la historia. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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Capítulo 11: El descubrimiento.

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Adrien miraba a Marinette sin perder detalle. Su cara, sus ojos, sus expresiones... Los superponía con las imágenes que su cerebro tenía guardadas de Ladybug. Todas concordaban.
- ¿Me estás escuchando?
Se asustó cuando oyó a la muchacha enfadada contra él.
- Perdona, es que estaba disfrutando de poder mirarte sin masc... sin que nada me lo evite. -La chica se sonrojó al oír su contestación.- No importa, dime por favor. Necesito saber lo que te pasa, quiero ayudarte, my lady.
- No puedes ayudarme. Sólo quiero matar a ese maldito ga... gañan.
Adrien rió un poco al escucharla.
- Seguro que tiene una buena explicación. -Dijo mimoso mientras le ponía una mano sobre la suya.- Déjale que te lo aclare.
- No hay nada que aclarar. Está claro que fui yo la que pensó lo que no era.
- Pero... -seguía intentándolo. Ahora acariciaba el dorso de su mano con el pulgar.- ¿Y si no estabas equivocada? ¿Y si de verdad él siente lo que tú creías?
Marinette pensó un momento, dejándose llevar por el deseo de que así fuera. Volvió a conectar los ojos con su compañero que ahora la miraba esperanzado. Entonces se dio cuenta de la situación de sus manos, y el calor empezó a subirle por el cuerpo mientras las ideas le saltaban a la cabeza. Su rostro expresó una sorpresa que él nunca había visto en ella, y sabiendo que estaba sumando dos más dos, sonrió para afianzar su descubrimiento. Ella empezó a abrir la boca ante la expresión ilusionada del muchacho, cuando el timbre sonó y la clase empezó a llenarse de gente. Ellos seguían allí, mirándose sin decirse nada, pero escuchando lo que sus corazones les estaban diciendo. Era verdad, eran ellos, allí estaban. ¿Cómo no se habían dado cuenta antes?
- ¿Interrumpo? -Preguntó Alya con una mezcla entre desconcierto y desconfianza. La pareja aún tardó unos segundos más en apartarse la mirada y soltarse la mano.
- Te... tengo que salir de aquí.
Y dicho esto, Marinette salió como alma que lleva el diablo, dejando su mochila y todas sus cosas en el pupitre. Antes siquiera de pensar en salir detrás de ella, Adrien ya se había levantado y corría por la clase para salir en su busca.

La encontró enseguida, sentada en un rincón bajo las escaleras con la cara enterrada en sus rodillas. Se acercó a ella muy despacio, dejando que notara su presencia, y cuando la escuchó respirar más tranquila habló.
- ¿Te encuentras bien?
Ni siquiera levantó la cara para contestar.
- No, Adrien. No estoy bien.
El chico se llevó una mano a la nuca.
- ¿Puedo... puedo hacer algo?
Al fin le miró a los ojos, con una expresión iracunda y lágrimas a punto de salir.
- ¿Me puedes explicar lo que ha pasado?
Se dejó caer en frente suyo, suspirando abatido.
- No lo tengo muy claro. Me... no fui capaz de controlarme. Era como si estuviese drogado. -La miró con dolor en sus ojos.- Jamás te engañaría, bichito.
Marinette le observó bien. Ahora lo tenía todo tan claro que le parecía una broma macabra. Al poco cambió su gesto a uno decaído, pero sin más enfado. Se arrodilló frente a él poniendo una mano sobre las suyas en un intento de apoyarle en lo que hiciera falta.
- Tendremos que averiguar más sobre esa lagarta. -Escupió con ira.- Por el momento habrá que tener cuidado.
Adrien la miró con la felicidad inundando su rostro, y sin poder contenerse se lanzó a besar a su mariquita, abrazándola con necesidad y disfrutando de su mágica respuesta. Ella sólo se dejó llevar. Los brazos del muchacho eran tan cálidos y fuertes que se sentía capaz de cualquier cosa mientras la tuvieran sujeta. Se pegó todo lo que pudo a su cuerpo para intentar notar hasta el flujo de la sangre por sus venas, ahondando en ese beso reparador que les estaba volviendo locos. Entonces él se puso en pie arrastrando a la muchacha consigo, y sin soltarla ni dejar de besarla la guió hasta los baños que tenían más cerca.

La temperatura subía rápido, y ellos no veían el momento de separarse. Cuando entraron al aseo Adrien apoyó a Marinette contra la puerta, liberando su boca para atacar sin piedad su cuello. Ésta se estremeció al notar la viva lengua del muchacho, y los afilados y familiares dientes que se clavaban de tanto en tanto en su piel, y ni corta ni perezosa enredó una mano en su pelo mientras la otra viajaba por su espalda bajo la ropa. El contacto de sus pieles fue fulminante para los dos, sus sentidos se nublaron y sólo deseaban más y más del otro. Adrien apretó con fuerza el exquisito trasero de su princesa y la levantó a pulso para hacer que enredara sus piernas alrededor suyo, mientras hundía la cara en ese cálido pecho que tan loco le volvía. Ella soltó un gemido y se afianzó con sus brazos al cuello del muchacho, quien no tardó en levantar su blusa para encontrarse directamente con el encaje del sujetador rosa que llevaba. Apartó la tela rápidamente para poder meterse un jugoso pezón en la boca, que a los dos les supo delicioso. Lamió, chupó y succionó el abultado botón mientras su propietaria se revolvía de placer y se arqueaba contra la puerta, y cuando notó los dientes mordisquear con saña la zona no pudo evitar dejar escapar un pequeño grito de éxtasis.
- Me vuelves loco... -dijo el gato con la voz ronca.- Eres mi perdición.
- Pues vas a tener que compensarme por lo de ayer, gatito bobo. No estoy dispuesta a que otra toque mis cosas.
Él la miró un momento con los ojos cargados de expectativas.
- Como desees, princesa.
Y sin decir más, la cargó a pulso y la llevó hasta los lavabos, sentándola mientras la besaba con pasión. Introdujo sus dedos en la cinturilla del pantalón y con mucha destreza empezó a bajarlos, dejando esas hermosas nalgas apoyadas contra la piedra. Se deshizo de ellos, la miró con una media sonrisa pícara, y se puso de rodillas para atacar su intimidad. Marinette gimió ante la invasión de aquellos labios y esa húmeda y juguetona lengua entre sus pliegues, y tuvo que agarrarse a la encimera para no caer. Notó una succión más fuerte y su cuerpo reaccionó dando un ligero estertor. Un suave lametazo que acabó con un leve mordisco en su clítoris la hizo contener el aliento, y un nuevo movimiento de sus labios logró que lo soltara y su respiración volviera a funcionar. Era magnífico, tan dulce y apasionado a la vez... Miró la cabeza rubia que buceaba entre sus piernas con los ojos cerrados, degustando su sexo sin tapujos, y una dosis de realidad le llegó de repente. Adrien Agreste, el amor de su vida, estaba esforzándose por darle placer a ella, Marinette Dupain-Cheng, una sencilla chica hija de panaderos que no tiene nada más que ofrecerle que su incondicional amor. Entonces vio que abrió los ojos y la miró con el morbo instaurado en ellos, nublando el precioso verde de siempre y dándole un toque más... Cat Noir. Ese fue el detonante para que millones de pequeñas descargas eléctricas recorrieran su cuerpo y lograran que se metiera de lleno en un delicioso orgasmo que la llevó al cielo y la trajo de vuelta, dándose cuenta de que estaba agarrando del pelo al muchacho mientras apretaba los muslos alrededor de su cara. Él salió de ahí despacio y se colocó delante de la chica, mientras se limpiaba la boca con el dorso de la mano.
- ¿Estás bien, bichito?
¿Que si estaba bien? ¿Aún se atrevía a preguntarlo? Dios, eso era lo mejor que le había pasado en la vida. Se sentía completa, se sentía feliz, se sentía... enamorada. Tenía todo lo que siempre había querido, ahí, para ella, esforzándose en hacerla disfrutar. Y vaya si lo había conseguido... Sintió la imperiosa necesidad de abrazarle, no supo muy bien si para comprobar que fuera real o para acallar esos gritos que estaba dando su corazón de alegría. Pero le daba igual la razón, le agarró de la camisa y tiró de él hasta tenerle lo más cerca que pudo. Escondió la cara en su cuello mientras apretaba sus cuerpos, sintiendo hasta la agitada respiración del muchacho y el desbocado latir que bombeaba en su pecho. Adrien correspondió gustoso al abrazo. Necesitaba saber que le había perdonado.
- Adrien... -susurró en su oído. Después pegó la frente a la suya y suspiró aún con los ojos cerrados y el corazón repleto.- Yo... -Pero no supo continuar. Él la dio un dulce beso en los labios y la ayudó.
- No hace falta que digas nada. Sólo... déjame disfrutar de este momento.
- Adrien... -Volvió a repetir sin saber exactamente qué decir.
Con una mano empezó a acariciarle el pelo, enredando los dedos desde la nuca. No pudo evitar acercar la cara del muchacho a la suya, y volvió a juntar sus labios en un húmedo beso, más desesperado que el anterior. No necesitaron más para volver a activarse.

La necesidad que ambos tenían de sentir al otro era mayor que cualquier fuerza sobre la tierra, y ahora que se tenían no podían evitar ser arrastrados por ella. Se saborearon con la yema de los dedos por debajo de sus ropas, hasta que Marinette notó que un enorme bulto chocaba contra su vientre. Esto la desarmó por completo y terminó de hacerla enloquecer, logrando que su desnuda intimidad se empapara de repente. Sin poder ni querer contenerse, movió las caderas para frotarse con esa erección que le estaba haciendo la boca agua, mientras escuchaba al chico gemir dentro de su boca. Bajó una mano curiosa hasta el botón de su pantalón y sin pensarlo dos veces, lo abrió, liberando un poco la presión que en esa zona había. Pero no se contentó con eso. Introdujo la mano para tocar aquel duro y palpitante miembro que la reclamaba, agarrándolo y masajeándolo por dentro de la ropa interior. El muchacho no pudo más que gemir de excitación, soltando la boca de la chica y sujetándose con una mano a la encimera para no caerse. Le estaba enloqueciendo por momentos, y sin embargo sentía que no podría mover ni un músculo aunque quisiera. Marinette hacía con él lo que quería, y desde hacía tiempo.
- Ma... Marinette... -jadeó el muchacho.
- Te he echado mucho de menos, gatito...
El cerebro de Adrien desconectó por completo. Miró a los ojos de su bichito, llenos de deseo y promesas, y se dejó llevar por su instinto, dejando salir por completo aquello que le estaba oprimiendo y dirigiéndolo a la cada vez más preparada cavidad de la chica. Cuando empezó a entrar en ella ambos suspiraron de placer, si bien no tanto por el contacto como por lo que ese momento significaba para ellos, y cuando estuvo completamente dentro de su amada se miraron un momento a los ojos, felices, pletóricos, expectantes. Empezaron a mover sus caderas, sintiéndose totalmente el uno al otro, conectando de una forma primitiva y visceral que los traía de cabeza. Las acometidas empezaron al poco, suaves, para pasar pronto a ser poderosas y urgentes. Los dos gemían y gritaban como si nadie pudiese oírlos, desquitándose de tanto tiempo de espera y necesidad por el otro. Marinette alzó la cabeza hacia el techo y Adrien aprovechó la exposición de su cuello para clavar sus dientes en él, apretando y soltando sin apartarlos un segundo, aumentando el placer en oleadas. Entonces levantó la vista y se fijó en el gran espejo que tenía en frente, en el cual podía ver la espalda de la chica delante de él. La idea que se le pasó por la cabeza logró colapsar el resto de sus capacidades lógicas, y su instinto fue quien ganó la batalla. La rodeó por la cintura con el brazo antes de salir de ella, la bajó al suelo y le dio la vuelta. Ella, extrañada, le seguía mirando mientras su cuerpo se movía, y cuando estuvo todo listo, él tomó su cara con una mano, la besó y la giró hacia el espejo, haciéndola ver lo que estaba buscando. Pensó que se ruborizaría, y lo hizo. Pensó que no aceptaría, pero sí aceptó. Sonrió de una forma sensualmente pícara mientras movió su cadera hacia atrás, llegando a rozar con su trasero la erección del muchacho. Un millón de calambres por todo el cuerpo le aturdieron un segundo, nublando su mente por la excitación de nuevo, pero en cuanto se repuso no dudó en inclinar a Marinette hacia delante, colocar sus manos en los lavabos y agarrar su preciosa cadera con una mano para acomodarla a él. Encontró el camino, se preparó y arremetió, haciéndoles gritar de nuevo en esa dura embestida. Clavó los dedos en la cadera femenina mientras bombeaba, sin apartar la vista de su excitante reflejo. Estaba preciosa con ese rubor y esas gotas de sudor en el pecho. Sus miradas estaban conectadas, al igual que sus cuerpos, y no podían dejar de expresarse con ellas todo lo que sentían, profundizando en sus almas a través de esas conexiones.
Cuando llegaron al clímax no se sorprendieron al unificar sus gemidos y terminar a la vez, puesto que notaban que hasta sus corazones latían al unísono y el resto del mundo era totalmente extraño a ellos dos, como si fueran un solo ser. Cansados, jadeantes, llenos, seguían mirándose, hasta que Marinette se dio la vuelta para encararle.
- Oh... my lady... -susurró él mientras la acariciaba la cara.
- Te quiero, minino. No te vuelvas a separar nunca de mí.
Como un montón de fuegos artificiales, las emociones de Adrien empezaron a saltar por los aires. No estaba seguro de haber escuchado bien, pero lo que le había parecido oír le hacía sentir inquebrantable, poderoso, feliz. Cuando quiso recobrar el habla y contestar empezó a tartamudear. Ella rió un poco al verlo así.
- Yo... yo... nunca me separaré de ti, bichito. Nunca. Te quiero, te adoro, y voy a luchar cada día porque sigas eligiendome. Lo prometo.
Y tras una enorme y complacida sonrisa, volvieron a besarse sellando la promesa que acababan de hacerse.

- Puag... ¡Qué asco! -sonó una voz detrás de ellos en el baño.
- ¡No seas indiscreto, Plagg! -sonó otra distinta- Sabes que así es como procrean los humanos.
- ¿Y están procreando ahora? Porque creo que no es momento para tener bebés.
- No lo sé, pesado. Pregúntale a ellos cuando acaben.
Marinette y Adrien se miraban con toda la vergüenza del mundo reflejada en sus rostros. Ambos supieron al momento de quiénes se trataba, y les daba hasta miedo girarse para verlos, y más aún contando con que estaban medio desnudos. Poco a poco se fueron girando, con sus caras pintadas completamente de rojo, hasta que los vieron. Sus dos pequeños compañeros, dos bolitas, roja y negra, sentados sobre un secamanos, mirándoles fijamente.
- ¡Hola! -saludaron los kwamis a la vez.
Los chicos empezaron a tartamudear mientras, torpemente, buscaban su ropa y se la colocaban bien. Ni siquiera se habían dado cuenta del momento en que los dos salieron de sus escondites y se juntaron para ver el espectáculo.

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N/A: Hola a todos! Quería tomarme un momento para agradeceros a todos los que os estáis pasando a leer la historia, y a los que se molestan en dejar review. Siempre anima leer que os está gustando. Estoy teniendo mucho apoyo, y eso me inspira para seguir un poco más con la historia jeje. Ni que decir tiene que me he quedado bien a gusto después de escribir este capítulo! Creo que les debía un poco de estabilidad a los pobres, y desfogue del bueno! ^^ Nada más por el momento, espero poder seguir subiendo pronto. Un saludo! Nos leemos