Todos los personajes de Rurouni Kenshin son propiedad de su autor y sólo los tomé prestados un momentito para escribir esto…

CICATRICES.

Por: NaryMont

Capítulo 11: Sentimientos.

La quinta botella de sake fue abierta por las manos enguantadas, casi amanecía, pero él no había dormido nada, cosa que le importaba bien poco, dado el estado mental en que se encontraba. La botella de cerámica chocó con la katana desenfundada al colocarla sobre la mesa. El combate con Soujiro le había servido de bien poco, ya que el muchacho lo había detenido pasado unos minutos, recordando primero que él mismo el hecho de su límite de tiempo para los combates: quince minutos, ese lapso tan corto de tiempo de lucha no habían servido para calmar sus propios sentimientos desbordados.

Ahora más tranquilo, cuando la adrenalina iba menguando de su sistema, podía pensar con más claridad, tal vez después de todo, el sake si estaba sirviendo de algo, al menos adormecía toda esa maraña de sentimientos desconocidos que lo descontrolaban de esa manera.

Se sirvió el licor hasta el borde y de un solo trago lo bebió, al cerrar los ojos la imagen de ella volvía a su mente una y otra vez, cuándo demonios había permitido que algo así le sucediera. Esa mujer se había vuelto en una droga para él, no podía dejarla, cosa que había empezado a aceptar, sobre todo cuando ella parecía tan cómoda a su lado, cuando le sonreía y lo trataba de aquella manera que lo hacía sentir algo a lo que todavía no lograba ponerle nombre.

Sonrió con ironía, ¿amor? Se preguntó volviendo a llenar su copa. Él no sabía qué era el amor, nunca lo sintió, nunca lo necesitó, nunca pensó que alguien lo despertará en él, sólo sabía de lealtad, respeto, temor, admiración, odio.

Si era amor estaba en un verdadero problema, porque de todas las cosas que podía desear y luego obtener, Yumi Komagata era algo que no podía comprar, no podía conseguirla, al menos no de la manera que él deseaba.

Al principio el tenerla había sido un mero capricho, o eso pensó en un momento, el deseo sexual que ella le provocaba era intenso, así que creía que una vez satisfecho todo regresaría a la normalidad, error, el deseo sólo aumentaba con cada encuentro, al descubrir una nueva caricia, un nuevo gemido que arrancaba de aquella garganta, cada nuevo beso que ella inventaba y que él seguía de buena gana. Nunca tomar a una mujer se había sentido tan bien.

Esa noche, la realidad de que alguien más pudiera tenerla lo había descolocado por completo. Fue como una especie de golpe en plena cara, algo fugaz, pero intenso, en el instante en que su capitán de guardias la mirara con el deseo pintado en el rostro, había perdido el control. Primero lo asaltó un instinto de encerrarla donde nadie la mirara, solamente él, enseguida el deseo de matar a cualquiera que la mirara de aquella manera y luego la frustración de no poder hacer ninguna de las dos cosas.

Rabia pura anidando en su interior, rabia sin sentido porque Yumi ni siquiera había dado un motivo para su coraje intenso, sólo presentarse porque él mismo la había llamado.

Por enésima vez la escena en la alcoba se repitió en su mente: cómo la había besado con desesperación, cómo la había acariciado queriendo tatuar sus manos en su piel, para marcarla, para indicarles a todos que era suya y de nadie más. Por un momento había querido dañarla por haberlo sacado de la zona de confort en que había vivido hasta entonces, donde sólo satisfacía sus necesidades y todo estaba arreglado.

Y luego el no de ella, su forcejeo, sus ojos asustados, su rechazo. No podía culparla, la había violentado, enredado con su propio sentir y al no saberlo manejar, había recurrido al instinto de descargar sus frustraciones en ella. Una media sonrisa irónica se dibujó en sus labios, ella se le había negado, a él, a Makoto Shishio, que de haberlo querido le habría gritado que era su dueño, que podía hacer con ella lo que quisiera, pero a fin de cuentas no era así, ya había tenido a demasiadas mujeres compradas en su cama. A Yumi no quería comprarla, no quería que fuera un objeto en sus manos, porque simplemente, ya la había probado como su mujer, ya había conocido su entrega voluntaria, ya había experimentado el delicioso placer que ella podía proporcionarle al compartir sus deseos, al ser tan partícipe de sus encuentros.

"¡Estoy jodido!" exclamó, cuando al servirse una copa más, la botella volvió a quedarse vacía, se levantó algo tambaleante y extrajo dos recipientes más de un mueble. Ahora cómo iba a arreglar todo eso, lo más seguro es que ella quisiera irse, luego de lo de esa noche seguro se marchaba, porque no la había sacado de ese lugar donde había vivido, de ese infierno, para volver a lo mismo, para crearle otro nuevo.

Unos ojos grandes vieron la escena y ese rostro por lo regular siempre adornado con una enorme sonrisa lucía serio y preocupado, no entró a la habitación, no podía hacer nada por ayudarlo, decidió mejor pedir refuerzos.

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Yumi estaba hecha ovillo sobre el sillón de la habitación, la chimenea apagada al igual que las lámparas, todo en penumbra, al igual que ella misma. Las lágrimas se habían terminado hacía mucho tiempo, pero el sentimiento amargo presionando su pecho seguía igual, presente, constante, sin haber menguado un poco.

Había reflexionado mucho en todo lo acontecido hacia unas pocas horas, repasando una y otra vez su comportamiento para tratar de dilucidar un poco qué había hecho para que Shishio la tratara de esa manera, pero no entendía el porqué. Apartó los mechones desacomodados de su cara, pasándolos atrás de su oreja, de repente una frase llegó a su mente "¡Tú eres mía!" dicha con una furiosa desesperación. Todo había sucedido muy rápido, de repente él ya la estaba tomando sobre la cama, no la había dejado ni pensar, pero algo se había activado en ella, tal vez un instinto primitivo de supervivencia y lo había rechazado tajantemente. Simplemente, porque no quería manchar los bellos momentos vividos con él en la intimidad con esa posesión agresiva, como de castigo, a la que la estaba arrastrando en ese momento.

Pensándolo con calma si él hubiera querido habría llegado hasta el final, lastimándola más en el alma que en el cuerpo, tenía sobrada fuerza para haberlo hecho, pero se había detenido, Yumi podía recordar claramente su mirada asustada, cuando pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo, nunca imaginó que él pudiera sentir temor de algo, siempre lo veía como un todopoderoso que tenía la autoridad de hacer lo que quisiera.

¿Dónde estaría en esos momentos?, había querido salir a buscarlo, pero no se atrevió, después de todo qué podría decirle, cómo siquiera podría verlo otra vez a los ojos luego de lo que había sucedido. También había pensado en marcharse, pero sabía de antemano que no tenía las fuerzas para hacerlo, la necesidad de estar cerca de él, de verle, de hablarle, estaba más allá de su propia voluntad. Debía estar loca para pensar, para sentirse así.

Un suspiro salió de sus labios, porqué de todos los hombres del mundo tenía que haberse enamorado de Makoto Shishio. Tal parecía que su vida jamás iba a ser fácil, pero por aquello que sentía, por él, estaba dispuesta a correr cualquier riesgo, a pasar por cualquier prueba que el destino le pusiese enfrente.

Unos tímidos toquidos en su puerta la sacaron de sus cavilaciones, luego escuchó la suave voz de Soujiro llamando su nombre.

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Con algo de cautela y temor abrió lentamente la puerta, ahí estaba como le indicara Soujiro, parecía que quería tomarse todo el sake de la ciudad, porque eran muchas las botellas destapadas y otras volcadas que se apreciaban sobre la mesa. Estaba sentado, con la mirada fija en la copa que tenía servida y murmuraba algo que ella no podía entender. Parecía abatido y eso a Yumi no le gustó en lo absoluto.

- ¿Shishio-sama? – preguntó algo cohibida acercándose a él. Dio algunos pasos dentro de la habitación, no sabía cómo reaccionaría él, pero al menos el aura molesta ya no estaba ahí para nada.

Shishio volteó, enfocando la vista algo nublada por el sake, sobre aquella dulce voz que por un momento pensó era fruto de su imaginación. Ahí estaba ella, la causa de toda esa confusión que lo aquejaba y lo más sorprendente que parecía mirarlo sin rencor alguno, a pesar de lo que había tratado de hacerle. Lucía como siempre, hermosa y delicada. ¿Cómo un ser como ella, pequeña, débil, frágil tenía tanto poder sobre él, sobre su mente, sobre su cuerpo? Eso lo tenía totalmente desconcertado.

Yumi con el corazón latiendo fuertemente se acercó más y con valentía se dio el valor para hablarle.

- Vamos, deje eso, es hora de dormir… - se detuvo en sus palabras, porque él simplemente la observaba y aun con sus ojos claramente nublados por el vapor del alcohol, su mirada penetrante no dejaba de desarmarla por completo.

- Yu- yumi – logró articular su nombre en medio de la tremenda borrachera que claramente tenía.

- ¿Qué desea? – le preguntó ya acercándose a él, quedando sólo a un par de pasos frente al hombre que sentado, no dejaba de atravesarla con sus ojos.

- A…a…ti… - contestó arrastrando las palabras y sin que ella lo esperara la abrazó por la cintura apretándola fuertemente contra él, Yumi se estremeció ligeramente. Shishio enterró su rostro en su pecho, sus manos rodeándola por completo, la copa de sake quebrada en el suelo.

Algo se removió en el corazón de Yumi y la presión que sentía hacía apenas unos minutos desapareció por completo, instalándose un sentimiento cálido y suave que la reconfortó internamente. Lo abrazó de vuelta, queriéndose fundir con él en ese momento.

- Vamos, debe dormir… - le indicó ella luego de un rato en que él no parecía quererla dejar ir – Ya no beba más…

Shishio se separó un poco de su agarre, aflojando su abrazo, pero aún parecía reticente de romper el contacto, aun así la obedeció sin chistar. En esos momentos haría cualquier cosa que ella le pidiera.

- Sí – logró responder al fin tratando de levantarse, pero se tambaleó debido a los efectos del sake.

- Venga, con cuidado, apóyese en mí – Yumi pasó un brazo a través de su cintura para guiarlo hasta su habitación. El brazo de él sobre los pequeños hombros. Salieron de la sala de reuniones y con pasos vacilantes llegaron a su recámara.

Ella lo sentó con algo de trabajo en la cama. Le quitó la vaina de la espada del cinturón, la katana había quedado olvidada sobre la mesa junto a las botellas de sake vacías. Con cuidado sacó de su cabeza la corona metálica que solía usar; todas las acciones bajo la mirada penetrante de él. Lo instó a recostarse y Shishio la obedeció de nuevo.

- Ahora duerma, le hará bien – dijo mirándolo a los ojos con todo el cariño que sentía en esos momentos al verlo tan vulnerable. Suavemente acomodó algunos de los mechones negros que salían por los vendajes de su cabeza – Descanse…

Se giró para quitarle las botas y buscar una manta y poder cubrirlo pero la mano fuerte de él atrapó su muñeca y la obligó a verlo de nuevo a la cara. Con la otra mano le acarició con ternura la mejilla, bajando luego a ese pequeño lunar que siempre lo fascinaba.

- Yumi, no, no me odies… tú no me odies – dijo lentamente con los ojos a momentos cerrándosele. La jaló hacia él recostándola sobre su pecho. Yumi se quedó en esa posición callada, sin saber que contestarle, hasta que la respiración pausada de él y unos ligeros ronquidos le indicaron que estaba dormido.

Lo observó detenidamente, en todo el tiempo de conocerle jamás había tenido la oportunidad de verlo dormir, siempre que lo intentaba, luego de sus encuentros íntimos, el sueño siempre la había vencido primero que a él. Con la mano acarició los vendajes de su rostro, lo imaginó sin estos, debió ser un hombre muy atractivo dada sus facciones finas, sus rasgos recios, la fantasía de un Shishio joven vestido de samurai, con su coleta alta llenó su mente. Sí, debió ser un hombre atrayente a los ojos femeninos, luego suspiró, era mejor que no lo hubiera conocido así, ya que de tener un exterior seductor combinado con su personalidad y porte sería su propia locura, su perdición. Todavía más de lo que era ya en ese momento.

- Yo jamás podría odiarte Makoto Shishio – susurró Yumi al oído masculino. Él se revolvió un poco sobre el lecho y Yumi sonrió ligeramente.

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Dolor. Un punzante dolor.

La cabeza le martilleaba, sentía que las sienes querían estallarle. Shishio se incorporó tomándose la cabeza con una de sus manos y enfocó la habitación, su habitación. Tenía una resaca de los mil diablos, la peor de toda su vida. Poco a poco las imágenes de la noche y madrugada llegaron a su mente, parecía que se había tomado todo el sake de Kioto dado el malestar general que sentía.

Una manta lo cobijaba, no tenía puesta sus botas y la vaina de su katana estaba sobre una mesa. Ciertas imágenes de Yumi literalmente arrastrándolo hasta su cama lo hicieron voltear a su costado, donde ella dormía con él, pero el sitio estaba vacío y frío, seguramente había dormido solo. El corazón se le aceleró ante tal conjetura. Miró hacia el frente, en el perchero, la yukata azul de ella colgaba perfectamente doblada. Sobre una mesa, todas las cosas que Yumi usaba en su arreglo personal, peines, maquillajes y perfume acomodados con el orden y pulcritud de siempre. Todas sus cosas en su posición habitual. Entonces, tal vez no se había ido.

Tocaron a la puerta y luego de un momento Yasu entró con una charola con comida.

- Buen día Shishio-Sama – lo saludó la mujer. Él sólo se le quedó viendo – Me envió Yumi-San a despertarlo, ya es medio día y me dijo que debía comer algo – explicó Yasu acomodando todo en una mesa que acercó hacia él.

- ¿Dónde está Yumi?

- Trabajando en los libros de Hoji-San, en la biblioteca – contestó la mujer – Se levantó muy temprano, hoy tuvo que realizar varios pagos, me pidió que le informara que Akemi-San lo atenderá una vez que coma.

Shishio no respondía, simplemente trataba de analizar todo lo que la mujer le decía, pero el saber que Yumi estaba realizando su rutina de siempre lo tranquilizó sobremanera. Frotó su cabeza el dolor parecía aumentar a cada momento.

- Yumi-San dijo que comiera todo y se sentiría mejor – comentó Yasu sirviendo té en su vaso – Ella dijo que comiera en especial el umeboshi – la mujer destapó un tazón con una generosa porción de las ciruelas ácidas encurtidas – Con permiso – dijo la mujer dirigiéndose a la puerta, pero antes de salir agregó – Yumi-San personalmente preparó la sopa de shijimi.

Shishio miró a la mujer salir y cerrar la puerta tras de sí. Volteó a la bandeja sobre la mesa, revolvió un poco la humeante sopa que despedía un delicioso aroma. Ella la había preparado.

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Yumi escribía cuidadosamente los movimientos del día sobre el libro de Hoji. Estaba algo atrasada, porque había perdido un par de horas en la mañana en su primera clase con Akemi-San, pero sirvieron de mucho ya que aprendió a preparar el ungüento para hidratar la piel de él. Había escrito con esmero las cantidades adecuadas de cada ingrediente para que la sustancia no quedara ni muy líquida, ni le faltara humedad. A partir del día siguiente ella sería la encargada de preparar el ungüento para usarlo en la piel de Shishio.

La puerta de la biblioteca se abrió de improviso y Shishio entró, ella trabajaba como le había dicho Yasu. Nunca el cambio de su vendaje le pareció tan largo y tedioso como ese día, pero al fin podía verla, su entrada imprevista hizo que ella se levantara de su lugar volteando hacia él. De inmediato bajó la vista.

- Bailas de forma seductora, tocas instrumentos, entiendes y no te aburres a muerte con los libros de Hoji y resulta que también preparas la mejor sopa de almeja que he probado – enumeró él tratando de buscar los ojos negros que permanecían mirando el suelo eludiéndolo.

- Me alegro que le gustara – respondió ella casi en un susurró.

- Ah y también arrastras borrachos a su cama en medio de la noche ¿Hay algo que no puedas hacer? – preguntó él tomando su barbilla, buscando esa mirada brillante que tanto le gustaba.

- Yo, yo… lamentó haber hecho algo que lo enfadara anoche – se disculpó ella, desviando sus ojos, evitando mirarlo fijamente. Shishio se sorprendió. Ella se disculpaba cuando era él, el que se había comportado como un completo imbécil. No aguanto más y la beso dulcemente, apenas rozando sus labios, como temiendo que ella se asustara como la noche anterior, succionó un poco su boca sin invadirla, solo palpando esos labios sabor cereza, con la caricia tratando de transmitir lo que en esos momentos sentía, pedía interiormente que no lo rechazara, como había pasado antes. Pero eso no ocurrió y de nuevo Yumi se derretía en sus brazos. Se vanaglorió internamente, le agradaba mucho la manera en que con un solo beso podía sentir que ella se entregaba por completo.

- Yo fui un idiota anoche – dijo cuando el beso terminó y por costumbre acarició suavemente el lunar que tanto le gustaba. Yumi cerró sin querer los ojos disfrutando la caricia.

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El río Huangpu con su agradable y suave afluente atraviesa el puerto de Shanghái, la ciudad fue fundada en el siglo XI como una simple aldea de pescadores y a partir del siglo XVIII la ciudad prosperó como un centro de cultivo de algodón, pero no llegó a ser importante hasta después de 1842 cuando, gracias al Tratado de Nanjing, la ciudad se abrió al comercio exterior.

Las casas con sus señoriales fachadas de madera bordeaban el río y ciertos sectores eran un sitio obligado para pasear refrescándose con los árboles que crecían en sus orillas. A toda hora podía verse el gran movimiento de la ciudad, cantidad enorme de gente iba y venía, realizando principalmente actividades de comercio y transporte, sirviendo las aguas del Huangpu como el principal medio para hacerlo.

Hoji se dirigía al salón de té Huxinting, era el lugar señalado para encontrarse con su contacto, según había investigado era un lugar elegante, al parecer su proveedor poseía buen gusto para variar, dado la naturaleza de las "adquisiciones".

Apenas poner un pie dentro del establecimiento, le indicaron que lo esperaban en un reservado, miró su reloj de bolsillo faltaban un par de minutos para la hora señalada de la cita, le gustaba la puntualidad.

Hoji se sorprendió cuando por fin estuvo frente a su proveedor. No sólo era su extraño modo de vestir, o el cabello completamente blanco que lucía, sino su juventud y aquella aura relajada pero imponente a la vez. Esperaba otro tipo de hombre dado que era el jefe de una de las organizaciones más grandes de tráfico de armas y de todo lo que se vendiera y comprara en el mercado negro. Lo saludó cordialmente, en un perfecto japonés.

- Buenas tardes Sadojima-San – lo saludo ambos sentados cómodamente en el ambiente agradable del lugar.

- Buenas tardes Yukishiro-San, por fin nos vemos de frente – comento Hoji, ya que gran parte de la negociación se había llevado a cabo por medio de intermediarios o por telégrafo.

- ¿Qué le pareció la mercancía? - preguntó el albino tomando algo de té que les habían servido. Días anteriores Hoji había tenido la oportunidad de revisar las armas y la calidad de éstas.

- De excelente calidad y el precio es el justo – respondió Hoji - ¿Podrán tener el pedido a tiempo?

- Claro que sí, en eso somos los mejores…

- ¿Y el acorazado? – Inquirió Hoji – El precio es más bajo de lo que pensaba, no es que me queje. Sólo espero que la calidad sea la mejor.

- La calidad será excelente, usted lo verá cuando esté terminado – contestó el joven acomodando sus gafas oscuras – además incluirá el recubrimiento en madera. Colocó un plano sobre la mesa del barco que Hoji había pedido, en éste se especificaban sus dimensiones y todo el armamento con el que iba a contar.

- ¿Y por qué ese precio? – indagó Hoji, eso era algo que no terminaba de gustarle.

- Confíe Sadojima-San, sólo digamos, que "simpatizo" con los ideales de Makoto Shishio y me encantaría ayudarle – explicó Enishi con una sonrisa siniestra.

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Yumi cepillaba su sedoso cabello cuando Shishio entró en la habitación, observó cómo ella terminaba su rutina antes de dormir, pero para ser sinceros, los planes del hombre esa noche eran todo menos dormir. Admiró los ademanes elegantes de Yumi, cuando terminando con su cabello, acomodó todo sobre la pequeña mesa.

Como siempre que la veía de aquella manera, el libido despertaba en él al instante, queriendo siempre tomarla con frenesí, deseando perderse en ese cuerpo que se había convertido en la puerta a su propio paraíso. Pero esa noche quería que todo fuera diferente, algo que no alcanzaba a comprender, lo instaba a que fuera muy diferente en esa ocasión.

Ni siquiera dejó que se girara hacia él, la abrazó por la espalda rodeando su cintura y apartando el manto de cabellos negros comenzó a besar su cuello lentamente, apenas rozando la suave piel, Yumi se estremeció con la caricia, inclinando un poco su cuello para darle mejor espacio en sus acciones.

Era extraño, habían compartido muchas noches ya y en cada una de ellas la experiencia había sido excitante y placentera, pero Yumi sintió en las suaves caricias que él esparcía por su cuello parecían diferentes, nunca la había besado así con tanta delicadeza, con un cierto grado de… ternura. Sintiéndose impactada por la situación no atinaba que hacer, simplemente cerró los ojos y se concentró en solo sentir. Apenas fue consiente cuando sus propias manos buscaron las de él en su cintura, Shishio no llevaba sus guantes y sus manos no estaban vendadas, con facilidad sus pequeños dedos se enredaron en los de él.

Shishio siguió con su recorrido por ambos lados del cuello, tomándose su tiempo, degustando la piel expuesta. Poco a poco fue bajando la yukata, desnudando sus hombros. La giró quedando ambos de frente y por un instante se perdieron en una mirada. Ella inició el beso, tomando de ejemplo la suavidad sentida hasta ahora, palpó sus labios poco a poco y luego se hundió en su boca, bebiendo de su tibieza, dándose y tomándose ambos alientos.

Las prendas quedaron en el piso antes de llegar a la cama, a ese universo, que Yumi había descubierto en los brazos de Shishio, que podía ser el lugar más anhelado más codiciado de todos. Él se sentía extrañamente ansioso, pero al mismo tiempo iba sin prisas, algo dentro le decía que no se apresurara, que calmara sus deseos, la recostó sobre la lecho y se detuvo a admirar su desnudez, era hermosa, muy hermosa y era suya, al menos en ese momento podía sentirla así, completamente suya. Las manos ávidas de él se posicionaron en aquellos senos suaves y redondos que tanto le atraían. Los frotó suavemente despertando más el deseo de ambos. Su boca en el delgado cuello recorriéndolo haciendo que la piel femenina se erizara visiblemente.

- Sé mía… sé sólo mía Yumi – dejó escapar él en un susurro junto a su oído. Ella se estremeció ante aquellas palabras, Shishio no parecía darse cuenta que desde que lo conociera ella sólo podría ser de él y de nadie más.

- Sólo soy de usted, Shishio-sama – exclamó ella para luego dejar escapar un gemido al sentir la boca de él saboreando sus senos y sus manos bajando a sus caderas y piernas. Yumi aferrándose a la ancha espalda, separando las piernas ofreciéndole el lugar que él adoraba, Shishio buscando ese calor y humedad que siempre lograba generar en ese cuerpo pequeño, pero que lo satisfacía por completo.

Las estocadas eran lentas y largas arrancando dulces gemidos de placer a cada embiste, las caderas expertas de él moviéndose para provocar placenteras sensaciones, acariciando el interior femenino en el lugar preciso, las manos de ambos entrelazadas y puestas sobre la almohada, los ojos cerrados, las gargantas dejando escapar jadeos y gruñidos con cada movimiento.

Shisho, simplemente adorando esa piel, buscando el placer de ella antes que el personal, queriendo que ella gozara, que disfrutara sus caricias tanto como él se complacía en prodigarlas, deseando que el momento que estaban viviendo se perpetuara, que jamás terminara. Y lo sintió en su miembro, aquella deliciosa sensación de presión, luego los espasmos y el grito femenino al alcanzar el clímax lo arrollaron, unos movimientos más dentro y afuera y la acompañó en el placer desbordante, todavía gruñendo buscó los labios cereza, bebiendo con ansias de ellos.

Después de la explosión de placer que la había embargado se relajó en los brazos fuertes que la rodearon protectoramente, se sintió plena, feliz y al mismo tiempo un nudo en la garganta la ahogaba, sentía ganas de llorar de emoción, de alegría, lo sabía, lo sabía Shishio por primera vez le había hecho el amor.

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Nota 26/05/2016: Sí, sí, lo sé tardé mucho con la actualización… ¡Perdón!, pero caí otra vez en mi "bloqueo inspiracional", pero aquí estamos de nuevo, yo súper contenta aunque no demasiado conforme con este capítulo, pero en serio que lo deshice como 10 veces! No me salía, de plano que no!, pero la buena noticia es que ya empecé el 12 y ese me está gustando bastante! Por cierto quise meter la compra del "Rengoku", es que se los juro que me moría por escribir esa escena que sí, yo sé, que no está lo mar de imaginativa pero es lo que salió.

Quiero agradecer TODOS y cada uno de sus reviews! No saben lo que los aprecio y atesoro y cada vez que mi cel me avisa que uno ha llegado wow! El corazón me brinca! No importa que sean largos o cortitos, significan mucho porque se toman el tiempo de escribirlos y eso es un gran empuje para apurarse con el siguiente capítulo. Es mi aliento.

Lupita31,Emilyyy, SiaE, baavira, shishiyu, Enny, gracias por acompañarme y comentar cada uno de los caps en verdad lo aprecio con el corazón. Quiero agradecer a una colega (como ella me catalogó en primer momento), pero que yo veo más como una sempai: Blankaoru que recomendó "Cicatrices" en su cuenta de Facebook y les aseguro que si a ustedes les gusta la pareja de Kenshin y Kaoru ,y quieren leer los mejores fics de ellos, visiten su trabajo y no se decepcionarán, el drama, la emoción, el llanto y las risas están garantizados.

Otra cosa que les quiero decir es que los datos de Shanghái y el remedio de la resaca de Shishio que describo aquí son reales, bueno eso dijo "San google"

Besos y abrazos digitales y Hasta la próxima! … Nary^^ : "Prefiero mil veces un mal anime que una buena telenovela"