¡AQUÍ está! ¡El capítulo 11! Me llevó más de lo planeado terminarlo, perdón por eso, pero aquí está :D Es, estoy orgullosa de decir el capítulo más largo que he escrito alguna vez. Para cualquier cosa. Alguna vez. :D LOL 9000-10000 palabras, oh sí. Pero no esperen que los futuros capítulos sean así de largos. No creo que tendré el tiempo para hacerlos todos así, pero tuve un problema por ahí y me di cuenta que necesitaba iluminar un poco a Smellerbee y su historia C: así que eso me ocupó una gran parte del capítulo.
Y creo que quizás he terminado con la cursilería Zutara, mm, ¿perdón? LOL. No en serio, estoy molesta conmigo misma por cómo me deje llevar, pero Zuko y Katara exigían tener sus momentos y bueno... les dí esos momentos. Unos cuantos momentos :cofcof: Ah, también, alguien preguntaba sobre la chica en el sueño de Zuko hace un par de capítulos - ¿donde él era el Señor del Fuego y ella estaba embarazada? Sí, se supone que la chica va a permanecer ambigua; se supone que no tienes que saber C: Quizás nunca sepan quien es, en verdad, fue solo un sueño. Pero de cualquier forma... ¡muchas gracias a todos por comentar esta historia! Dios mío, los quiero por tanto aliento y apoyo que me han dado y por sus halagos que estimulan mi ego (porque los necesito mucho en este momento, porque la escuela es una porquería y por como están dándose las interacciones con mis padres). Ustedes son geniales.
¡Faltan 21 para los 200! LOL. Así que siéntense, disfruten, y nos vemos al final C:
A Q U I E S C E N C I A
-Mai y tú no irán al Festival del Señor del Fuego la semana que viene.
-¿Qué? ¿Por qué no? -La alegre muchacha hizo un mohín, su rostro angustiado ante la orden. ¡El Festival del Señor del Fuego era la celebración más grande de la Nación del Fuego! Un feriado nacional. Era un festival ambulante que tenía lugar en cada una de las cuatro provincias, la Capital, Gen Kou, Hee y Hin Siu - y en cada festival el Señor del Fuego aparecía y honraba a sus súbditos con su presencia. ¡Era una temporada de juegos, fiestas y vistosos disfraces!
Los ojos de Azula estaban calmos, fríos, serenos y la comisura de sus labios perfectamente coloreados formaron una irónica sonrisita.
-Porque sería rudo no tener un Comité de Bienvenida para cualquier invitado que pueda pasar por aquí.
Capítulo XI
Un renacimiento azul
Katara intentó contenerse, de veras que lo intentó, pero era muchísimo más fácil no hacerlo. Fulminarlo con la mirada, eso. A Zuko. Al príncipe creído y que se las daba de saber todo que cumplía con su papel de prometido tan bien y que encontraba necesario hablar por ella. Diciéndole que no podía ir al palacio. Honestamente, ¿qué se había creído? Prohibiéndole que se acercara a menos de quinientas yardas al lugar. Suponía que lo hacía con buena intención, pero tampoco podía omitir el hecho de que la veía como alguien débil. Incapaz de una misión como esa. Y que él - ¿cón que impresión la dejaba a ella? ¿Que él pensaba que ella era inútil y un estorbo? ¿Como a alguien a quién se debía proteger más que como una aliada?
¡Y después estaba Sokka! ¡Haciendo nada en absoluto para remediar la situación! Concordando con él, incluso, con su salida de ser su padre, y la cabeza de la familia y que de veras debía escuchar a su futuro esposo - ¡porque tenía buenas intenciones! La maestra agua se enfurruñó, cruzó los brazos sobre el pecho y fulminó diligentemente la nuca de su supuesto prometido. Maestro fuego estúpido, sediento de poder, molesto...
-¡Sa-Sa! -Se encogió ante el sobrenombre pero de todas formas volvió su atención su "padre", una mirada tan glacial como los icebergs de su pueblo natal- ¡Mira!
Miró a su hermano con el ceño fruncido, cuyos ojos eran solamente desafiados por el tamaño de los ojos de Daichi al ver lo que era el festival. Puestos y vendedores cubrían el lugar, y había decoraciones colgando en casas y postes. Katara arrugó la nariz al sentir un fuerte olor a carne y barbacoa glaseada y... ¿olía a tartas de crema también? Maravillosas, esponjosas y llameantes tartas. No había probado algo tan deliciosamente dulce desde la última vez que habían estado en la Nación del Fuego - y con toda honestidad, nunca creyó volver a probarlas. Pero allí estaba, esa esencia pecaminosamente tentadora que le hacía cambiar de idea al respecto de detenerse. Fue cuando Sokka tiró de su brazo que volvió a la realidad.
Estaba encorvado a su lado, mirando al festival con los ojos como platos, su mirada saltando de puesto en puesto, como un niño en una dulcería. Y podía haber sido uno, por como se estaba babeando.
-¡Nunca... nunca he visto tanta carne! -Exclamó el guerrero con un tono de voz que hizo que Daichi lo mirara con curiosidad. Sokka se aclaró la garganta y fingió una tos- ¡Guau-gui! -se rió con una entonación más grave y anciana-. ¡Creo que tuve una epifanía! ¿Qué tal si vemos esos pasteles de carne...?
Daichi sacudió la cabeza, haciendo una mueca ante la sugerencia. Sus pequeñas manos agarraron el cabello de Zuko.
-¡Lee, Lee! -llamó, saltando un poquito sobre los hombros de su ídolo, consecuentemente empapando la camisa del príncipe.
Zuko se encogió ante el tironeo, preocupado de que se le saliera el disfraz.
-¿Sí, Daichi? ¿Qué pasa? -Preguntó, estirándose para agarrar las muñecas del niño en lo que podía verse como afecto fraternal (o paternal, notó Katara - antes de inmediatamente descartar la idea).
-¿Podemos ir a jugar un juego? -Inquirió el muchachito con una vocecita extorsionadora, inclinándose para mirar la cara de Zuko. Tenía una amplia sonrisa, esa sonrisa tierna que decía Haz lo que yo digo porque soy adorable-. ¿Por fav-o-o-o-r? -Continuó, estirando la última palabra hasta quedarse sin aliento, inhaló y siguió estirándola.
Zuko soltó una risita ahogada, levantando una mano para taparle la boca.
-Muy bien, ¿cuál quieres jugar?
-Pero... ¡Pero la comida! -Replicó Sokka, mirando en dirección a su hermana, suplicante-. ¡Deja que un anciano se divierta!
El príncipe le dirigió a la muchacha una sonrisa torcida, simpática y quizás incluso un poquito divertida. Katara lo miró con el entrecejo arrugado a pesar de la imagen adorable que esos cuatro ojos dorados hacían, uno sentado arriba del otro, uno sonriendo con entusiasmo, y el otro sonriendo con afabilidad. Zuko inclinó la cabeza hacia Sokka, levantando una ceja expectante.
-Deberías dejar que tu padre se divierta -le sugirió encantadoramente (¿y cuándo, se preguntó Katara, había aprendido eso?).
-¡Sí! -Alentó Sokka, palmeándole el hombro a su "futuro yerno"-. ¡Déjame ir y divertirme! ¡Me cansa verlos hacerse ojitos todo el tiempo, sabes!
Zuko se contuvo de hacer una mueca de dolor ante la mirada letal de Katara. Acomodó el peso de Daichi en sus hombros y se esforzó por mantener un aire casual.
-Déjalo ir -insistió con toda la despreocupación que pudo reunir (y a Sokka se le iluminó la cara, mostrando una hilera de dientes perfectamente saludables)-. Tiene los días contados después de todo.
Sokka se alejó un paso del príncipe, inseguro de si estaba aludiendo a su edad o al hecho de que Katara con seguridad lo ahogaría mientras dormía. Se rió, nervioso, pasándose los dedos por el bigote.
-Buen punto, buen punto, mi buen amigo -le reconoció con una repentina sofisticación, asegurándose de poner una buena distancia entre él y su hermana-. ¿Así que, qué dices, querida, indulgente, comprensiva, compasiva, para nada temperamental... ?
Katara puso los ojos en blanco.
-Oh, ya vete.
Dejó escapar lo que Daichi juraría fue un ¡Iupi! (pero seguro había escuchado mal) y se alejó con una rapidez sorprendente para un hombre de su edad. El muchacho lo miró parpadeando.
-Guau. Es rápido.
Katara resopló.
-Deberías verlo cuando intento y hago que se coma sus vegetales.
Daichi tiró una vez más del cabello de Zuko.
-¡Bueno, vamos a ganar algunas cosas! -Exclamó, señalando con la mano un stand cercano-. ¡Quiero ganar un oso-ornitorrinco! -Agregó, saltando un poquito en un intento fallido de ocultar su entusiasmo.
Zuko rió, caminando hacia el puesto, y se detuvo, volviéndose para mirar a la maestra agua. Le sonrió, medio de perfil.
-¿Vienes, cariño?
Ella se sonrojó con un hermoso rojo y los siguió, diciéndose que la imagen de Zuko y Daichi juntos no le hacía preguntarse como serían sus hijos (o con quién podía llegar a tenerlos). Era una idea ridícula, de cualquier modo, una que solo había surgido a partir de la estúpida situación y su estúpido hermano y su estúpida afición a los disfraces. Estúpido. ¡Y luego la afinidad de Zuko por hacer sútiles referencias a su situación no ayudaba para nada! Con sus estúpidos sobrenombres y estúpidas sonrisas...
-¿Sa?
Katara parpadeó volviendo a la realidad para verlos mirándola fijamente y con extrañeza. Sacudió la cabeza y pasó a grandes zancadas junto a ellos, con un humor de perros.
-¿Cuál es el problema con Sassy*? -Inquirió Daichi con tranquilidad, observando a la maestra agua llevar al puesto y volverse para hacerles impacientes señas para que fueran.
Zuko suspiró (y se obligó a no reírse del alias que le había puesto Daichi).
-Se llama estrogeno.
Para cuando llegaron al puesto, Katara se había calmado un poco, y estaba en un notable mejor humor. No le tomó mucho a Zuko deducir por qué. El chico que se ocupaba del stand no tenía más de dieciocho años, tal vez diecinueve, y estaban coqueteando abiertamente. Ella estaba sonrojada a más no poder, claramente adorando tanta atención, tanto que, ninguno notó cuando Zuko se aclaró la garganta.
-Tienes los ojos más azules que he visto, sabes -dijo el vendedor con una voz que emanaba masculinidad.
Katara se ruborizó y bajó la mirada, encogiéndose de hombros ante el halago.
-De donde vengo, todo el mundo tiene los ojos azules.
-¿En serio? ¿Y son todas bonitas, también?
Para la sorpresa de Zuko, fue Daichi el que terminó con el descarado espectáculo.
-Disculpa -interrumpió, demandando la atención del joven-, ¡pero quiero jugar! ¿Tú también vas a jugar, Sassy? -le preguntó Katara, que parpadeó con horror al escuchar el sobrenombre. Pero era demasiado tarde.
-¿Sassy, es? -Repitió el muchacho con suavidad y una de esas sonrisas tentadoras-. Bueno, que suerte; sucede que me gustan las chicas con actitud.
Zuko golpeó el mostrador con la mano (con más fuerza de la necesaria), dejando sobre el mismo dos monedas de cobre.
-Tres cocos, por favor -gruñó, tratando de permanecer civilizado, aunque la mirada en sus ojos era desafiante, oculta en alguna especie de juego de dominación masculina.
El galán lo miró extrañado, lo miró de arriba abajo, como midiéndolo, y luego buscó los tres cocos.
-El objetivo del juego -empezo a explicarle a Daichi, pero Zuko lo calló.
-¡Él sabe jugar!
Levantó a Daichi de sus hombros y lo dejó en el piso. El niño tenía que ponerse de puntitas para ver por encima del mostrador, y Katara le dirigió al vendedor una sonrisa fugaz.
-Oh, el pobrecito apenas llega y menos puede ver -hizo un mohín bonito, y el galán rió.
-Déjalo sentarse sobre el mostrador, adelante, no le diré a nadie.
Zuko frunció el ceño mientras levantaba a Daichi.
-Vamos... Arrojalos a esos... ¿son trozos de carnes? -Inquiró el príncipe al ver los asquerosos blancos.
-Es un festival de carne, y no, sabiondo, no son reales -respondió el tendero.
-¡Mira, Lee! -Daichi levantó un coco y lo arrojó con obvio esfuerzo. Derrapó por la esquina de la mesa, sacudiendo el puesto un poco, pero obviamente errando el blanco. Katara escondió una sonrisa con la mano mientras Daichi se apresuraba a coger otro-. ¡Le acertaré esta vez! -Y esa vez... golpeó el otro lado de la mesa, pero el resultado tuvo el mismo efecto. Frunció el ceño-. ¡Esta vez, seguro que esta vez! -Exclamó con fervor, tomando el último coco.
Cuando falló, su expresión se desmoronó.
-No me gusta este juego -se quejó, moviéndose hacia Zuko para que lo bajara del mostrador-. ¡Ni siquiera me gustan los premios!
Katara le pasó los dedos por el cabello.
-Au, Daichi...
-¿Así que, ustedes son hermanos o algo? -Interrumpió el vendedor, mirando a uno y otro maestro.
Katara se sobresaltó sorprendida, no esperaba la pregunta. Primero porque, bueno, le avergonzaba un poco admitir que ella y Zuko eran algo, y segundo, porque... honestamente. ¿Hermanos? ¿Este tipo era un idiota?
-Eh, bueno...
Zuko fijó una intimidante mirada asesina en el pobre chico.
-Algo así -respondió con incontenible sarcasmo-. Estamos juntos -era difícil no reírse de la cara del tipo cuando los tres dejaron el puesto en busca de otro juego.
-No me gustaba ese juego, igual -admitió Daichi de mala gana, pateando un montón de tierra.
El príncipe sonrió.
-Mentiroso.
-¡No!
-¿Entonces por qué lo jugaste?
-Porque parecía divertido -respondió el chiquito con solemnidad.
Zuko soltó una carcajada ahogada.
-Claro -continuó con tranquilidad (Katara tuvo que preguntarse de donde venía tal reserva de paciencia)- ¿Así que por qué no te gusta ahora?
-Porque soy malo en el -respondió Daichi-. Perdí.
El príncipe se inclinó, enfrentando los ojos del niño, y apoyó una mano en su cabello oscuro y rebelde.
-¿Quieres saber un secreto? -Susurró bajito, y Katara tuvo que esforzarse por escuchar, porque por más molesto que Zuko fuera, tenía un poco de curiosidad de lo que le iba a decir. ¿Sí, tienes razón, perdiste, pero súperalo? O tal vez, ¡Regresemos y destruyamos el stand! Zuko le sonrió-. Ganar es mucho mejor si tienes que pelear por ello.
Daichi se animó, aunque fuese solo un poquito.
-¿Podemos regresar luego?
-Por supuesto.
-¡Entonces le mostraremos de lo que somos capaces!
Zuko se enderezó.
-Sí. Le mostraremos.
Y Daichi salió corriendo hasta otro puesto, sin saber que su ídolo no estaba hablando del juego.
-Eso fue lindo -le admitió Katara poniéndose a su lado, mirando al niño que hacia cola y les hacía exageradas señas-. ¿Tu Tío te dijo eso?
-No -contestó el maestro fuego con ligereza, con una simple exhalación-. Es mi lema.
-¿Tu lema? -repitió ella con una sonrisa divertida, y Zuko se limitó a mirarla con algo parecido a dureza.
-Sí, ¿tú sabes, como el tuyo es si vas a coquetear, hazlo descaradamente?
La maestra agua no apreció eso.
-¿Disculpa? -Le escupió la maestra agua,ofendida, insultada y, por sobre todas las cosas, disgustada- ¿Cuándo estuve coqueteando descaradamente? -Sus mejillas se estaban caldeando un poquito, ¡simplemente porque no estaba coqueteando descaradamente con él! Y cómo podía considerar que sus charla con él llevaban esa intención y siquiera, era tan mala haciéndolo o...
-Oh, nunca -bromeó Zuko mientras caminaban apresuradamente hacia el puesto y el muchachito que los esperaba ansioso-. Excepto hace cinco minutos.
-¡Ni siquiera estabamos hablando hace cinco minutos!
-¡Nunca dije que fuera conmigo!
Y en ese incómodo momento de incómoda revelación, todo súbitamente cobró sentido.
Katara parpadeó, a punto de explicarse, de decirle que ella no estaba coqueteando descaradamente (y si estaba, ¡tenía una buena razón!) cuando Daichi llegó y los agarró de la mano.
-¡Apuren! -Exclamó-. ¡No puedo pagar yo porque me hicieron devolver esas monedas!
El maestro agua desvió sus ojos de su futura esposa, reprendiéndose por haberla regañado por haber coqueteado cuando no debería importarle siquiera y qué importaba si un tipo estaba intentado ligar con ella. Solo le importaba porque eso podía arruinarles los planes, solo por eso. Le asintió a Daichi.
-Oh, lo siento, toma -le dio un par de monedas. Solo cuando el niño volvió a su juego (que consistía en golpear topos-tejones en la cabeza - un juego que Toph seguro hubiera desmantelado y prendido fuego), volvió su atención a Katara. Ella estaba confundida, podía decirlo, y un poquito avergonzada-. Olvida que dije algo -aseveró antes de que ella pudiera decir algo coherente.
Ella frunció el ceño.
-Trabaja para el palacio -susurró adoptando su marcha-, me contó que es uno de los sirvientes -Zuko no dijo nada, mientras ella se estrujaba las manos, sintiéndose obligada al menos a explicarse (pero nunca se le ocurrió que tenía que... era impactante que Zuko se sintiera irritado por sus acciones... o eso se dijo)-. Estaba haciendo... negocios -eligió la palabra con cuidado, mirándolo fugazmente.
Zuko dejó de caminar entonces y la miró largamente de reojo.
-¿No te dije que lo olvidarás? -Le espetó con inconfundible irritación.
Pero a pesar del tono, Katara sabía que había visto una sonrisa torcida en sus labios cuando reanudó la marcha.
Daichi estaba en el juego, aporreando los topos tejones de juguete, y lo estaba haciendo bastante bien,Zuko no pudo dejar de notarlo.
-Guo, despacio, despacio -intervino al ver al muchacho golpear sin piedad a las criaturas antes de que siquiera salieran de sus "huecos"-. Vas a destruir todo.
-¡Estoy ganando, Lee! -Le respondió con infantil felicidad- ¡Mira, mira, estoy ganando!
Zuko tuvo que reírse.
-Sí, es verdad. Buen trabajo, amigo.
Katara le dirigió a la anciana dueña del puesto una sonrisa amable, deslizándose unas cuantas piezas de cobre.
-Por cualquier daño que le cause al juego -le explicó con una sonrisa, y la anciana rió, rechazando las monedas.
Solo después de que Daichi ganó el topo tejón más grande coolgado en la pared se llamó satisfecho, y se alejó saltando del stand, hasta otro, arrastrando a su ídolo con él. Katara rió al verlos y contó las piezas de plata para pagar los once intentos de Daichi. La anciana tomó las monedas con una sabia sonrisa y señaló al dúo de ojos dorados con la cabeza.
-Es igual a su padre -comentó-. Pero tiene tu sonrisa.
La maestra agua se sonrojó y murmuró un extraño y muy incómodo gracias, antes de alejarse con prisa, sintiéndose curiosamente... encantada con la idea de ser una familia. Pero solo porque la mujer era agradable, y Daichi era tan tierno, que ella estaba meditándolo, ¿y por qué se sentía tan avergonzada? ¿De qué tenía que avergonzarse de cualquier forma? Zuko se volvió, sosteniendo dos tazones de tarta (y Daichi luchando con el suyo, con el topo tejón debajo del brazo como si intentara escapar).
-¿Tienes hambre? -Preguntó el príncipe con afabilidad, entregándole a la joven uno de los tazones, y ella parpadeó aceptándolo con clara vacilación- ¿Qué pasa? ¿No te gusta la tarta de crema?
-¿A quién no le gusta la tarta de crema? -Chilló Daichi- ¡Es lo mejor!
Katara negó con la cabeza, dedicándole a Zuko el fantasma de una sonrisa.
-No, no, me encanta la tarta.
Había algo en su tono, en la suavidad de su voz, que sugería que ella no estaba hablando de la tarta.
-Gracias -respondió con extrema sinceridad, tomando el postre.
-¡No olviden esto! -Clamó el vendedor, entregándole a Zuko tres cerillas, y el príncipe hizo una inclinación de cabeza,antes de volverse a los otros dos. Katara y Daichi, uno con piel morena y ojos de agua, el otro con piel pálida y ojos de sol, ambos felices y contentos, sonrientes, y se preguntó si ese sería uno de los momentos en la vida que nunca olvidaría.
-Vamos -apremió, ladeando la cabeza-. Busquemos un lugar para sentarnos y comer.
Daichi lanzó un hurra, y salió disparado hacia la fuente.
-Ordené Jazmín no tomillo -exclamó la mujer con tal condescendencia que solo provocó que el humor de Smellerbee se alterara-. Llevalo, esto no es lo que quería.
Smellerbee sintió sus músculos tensarse ante la orden y abrió la boca para decirle a la señora lo que pensaba, cuando Short-Bow la llamó desde la cocina, su voz monótona, apagada y extrañamente familiar (y la chica tuvo que ordenarse dejar de compararlo con compañero perdido largo tiempo atrás).
-Tengo el de Jazmín aquí, y el de Lavanda listo -le indicó, dirigiéndole una mirada mordaz que decía Cálmate antes de volverse hacia las teteras y demás.
La mujer vestida de escarlata y dorada miró fugazmente al mesero (¿o era una mesera?) y levantó su nariz grande y pomposa en el aire.
-Creo que esa es mi orden, señorita.
Yu volvió tras haber terminado con el correo y se encontró con una de las Damas del Consejo Administrativo de la Provincia de Hin Siu empapada en lo que parecía jazmín o tomillo y desparramando amenazas por todos lados.
-¡Madam! -Exclamó en un grito ahogado-. Madam, lo lamento mucho, ¿qué está sucediendo aquí? -Yu llegó hasta ella, examinando el traje de satén manchado, la insignia que indicaba su estatus, y casi podía ver la declaración de desahucio de su casa.
La mujer volvió un dedo extremandamente arreglado hacia él y soltó un gruñido que le recordó a Smellerbee de los cerdos mono salvajes que había encontrado años atrás.
-Esa cosa -y con su dedo regordete señaló a la camarera- ¡tuvo la audacia de echarme el té encima después de confundir mi pedido! -y por la forma que chillaba también le recordó a los mismos cerdos mono-. ¿Qué vas a hacer al respecto?
Yu miró a Smellerbee, a la expresión culpable de su rostro (lo divertido que era, que ni siquiera intentaba ocultarlo), y luego volvió su atención a la Dama.
-Eh... ¿la taza va por la casa?
Ella quedó boquiabierta y levantó los brazos en el aire.
-¡Haré cerrar este lugar! -Aulló en un ataque de rabia, haciendo gestos a los demás clientes para que la respaldaran-. ¡Ustedes vieron lo que me hizo!
Por suerte para Smellerbee, el Distrito Nueve estaba harto del Consejo de Hin Siu y su prepotencia para con todos. La mujer soltó un grito frustrado (exactamente igual al llamado de apareamiento) y se giró sobre sus talones. Un hombre bajito y robusto, excesivamente más alegre que la alta y robusta mujer, se escurrió dentro del local.
-¿Qué está pasando? -le preguntó a la mujer, su esposa.
-¡Esa espantosa criatura me echó a propósito todo el té encima! -Chilló.
El hombre se limitó a reírse, mirando a Smellerbee que le estaba mirando con cara de y-tú-qué-me-miras.
-¿O esa preciosa muchachita? -(y la expresión de inmediato se suavizó)-. ¡Vaya, estoy seguro de que ella no haría algo así! Debe de ser un error, un malentendido, ¿verdad? -se esforzó por leer la etiqueta con su nombre-. Smellerbe, ¿cierto?
La luchadora por la libertad, parpadeó, casi como una tonta, antes de sonreír de la forma más dulce.
-Oh, por supuesto -concedió con una engañosa voz dulce-. Yo nunca ensuciaría el atuendo de alguien tan estimado y de elevada posición como Miladi -y se inclinó en una burlona reverencia ante la furiosa miembro del Consejo.
-Entonces no veo daño alguno -replicó el hombre-. Puedes hacer lavar tu ropa y estoy seguro que esta encantadora jovencita te dará una nueva taza de té.
-Cierto, señor -respondió Smellerbee, entregándole una casa de Jazmín recién preparado-. Regalo de la casa.
La mujer frunció el ceño, sorbiendo un poco por la nariz, y se volvió para alejarse a grandes zancadas.
-Como si quisiera un recuerdo de este lugar.
Yu contuvo el aliento hasta que se fueron, y se giró hacia Smellerbee.
-¡Me estaba sacando de quicio! -Empezó a protestar la guerrillera- ¡Deberías haberla visto! ¡Con todo lo "esta no es mi orden" y eso! -Explicó Smellerbee, incluso pinchándose el puente de la nariz en un intento por imitar el agudo tono de voz de la mujer.
Yu no pudo hacer otra cosa más que reírse y sacudir la cabeza.
-Tienes suerte de que su esposo estaba aquí. Quizás no esté la próxima vez.
Smellerbee bufó poniéndose de vuelta a trabajar.
-No creo que vuelva por un tiempo.
La camarera regresó a las cocinas para buscar un lampazo y Yu miró las puertas.
-Pero estará blandiendo una orden para cerrar la tienda si vuelve.
-¿Puedes hacerlo solo? -Le preguntó Zuko a Daichi entregándole uno de los palillos. Daichi asintió con energía, dejando a un lado su topo tejón y sosteniendo la tarta sobre su regazo. Estaban sentados en el borde de la fuente, Daichi entre los dos maestros, quitando contento los papeles decorativos que envolvían al palillo. Sus guardianes lo observan destapar la corteza metálica y, con un golpe experto contra el borde de la fuente, encender el fósforo gigante. La llama rugió y casi de inmediato tomó la forma de una chispa, y Katara sonrió de oreja a oreja cuando el niño la clavó en su tarta.
-¡Ves!
El príncipe rió, asintiendo en aprobación.
-Sí, buen trabajo -alentó, haciendo lo mismo con la suya. Katara no recordaba esa parte, la suya siempre había estado hecha, pero imitó al niño a su lado, y terminó frustrada mirando el palillo que se rehusaba a encenderse.
-Demasiado acostumbrada a extinguir las llamas, ¿no? -Se burló Zuko.
Ella respondió con una mirada letal.
Él se estiró, quitándole la cerilla sin preguntar.
-Necesitas ser rápida, es todo -explicó, dedicándole una de esas sonrisas burlonas-. Crea fricción. Tiene que ser rápido, inadvertido; si lo haces muy despacio no se encenderá, nada sucederá. No tengas miedo de ser un poco ruda con él -y se lo demostró con un golpe fluido, prendiendo el fósforo. Se lo entregó, todavía adorablemente sonriendo con suficiencia- ¿Ves?
Katara resopló y tomó esa especie de vela, la metió en la tarta y esperó a que la llama llegara a la empalagosa delicia.
-Pude haberlo hecho sola -murmuró, y Daichi negó con la cabeza.
-No, es por que Lee lo hizo por ti.
Y Zuko no puedo evitar no sonreír.
No le tomó mucho a las tartas prenderse fuego, las propiedades comestibles de la cera del palillo (o del glaseado, como le gustaba decirle a Daichi) se esparcieron sobre la superficie, coloreando la crema durazno y blanco en un vibrante escarlata o en un dorado amarronado. Los colores de la Nación del Fuego, por supuesto. La de Katara era roja y parecía... extrañamente poco apetecible -a ella siempre le había gustado más la dorada (la roja parecía tener picante). Pinchó su tarta, tomando un pedazo de la corteza y se la metió a la boca. Hizo un mohín.
Sí, tenía ese picante ácido.
Antes de que pudiera siquiera suspira, Zuko le ofreció su tazón.
-Cambia conmigo -ordenó, pero de la forma más dulce posible.
Katara frunció el ceño.
-¿Por qué?
-Porque no me gustan las doradas.
Daichi observó el intercambio con los ojos como platos, su propia boca llena de la cremosa tarta debajo de la cubierta cristalizada.
Ella bufó, pero accedió con mucho gusto.
-Eres tan quisquilloso.
Solo cuando Zuko se paró para arrojar su tazón vacío fue que Daichi se giró a la maestra agua.
-Lee me dijo que odiaba las rojas.
-¡Caray, este lugar estuvo asombroso! -Sokka suspiró feliz marchándose con una pata de paloma pavo colgando en su machete-. ¡Nunca había visto tanta carne en mi vida! -Echó un vistazo a Daichi durmiendo en los brazos de Zuko, la mejilla del niño apoyada sobre el hombro del príncipe, quien llevaba en su mano un topo tejón de felpa que parecía casi del tamaño del pequeño, y se rió ahogadamente-. El pequeñín está destruido -comentó con tranquilidad-. Un día ocupado, ¿eh?
Katara soltó una carcajada mientras descendían por la calle, ella sostenía un pequeño oso-ornitorrinco contra su pecho.
-Casi nos deja en la calle -comentó cariñosamente, estirándose para quitar una mecha de cabello oscuro del rostro del niño-. Jugó tantos juegos.
-¿Y todo lo que pudo ganar fueron esos juguetes?
Katara arrugó el entrecejo.
-Al menos ganó algo -no sintió la necesidad de añadir que Zuko había hecho trampa para ayudar a Daichi en ese juego donde tenía que arrojar bolas de coco. El vendedor era muy desdeñoso para con el príncipe, si sus miradas de reojo y descorteses comentarios sobre la masculinidad de Zuko servían como señal.
-¡Yo gané algo! -Retrucó Sokka, levantando la pata de pavo-paloma (y luego dándole un mordiscón)-. ¡Y además es comestible! ¿Qué hace el tuyo? -Apretó el oso-ornitorrinco en sus manos y se escuchó una especie de nana de la Nación del Fuego. El guerrero bufó-: Tierno.
-No es mío -rebatió con energía, palmeándole la cabeza al animal de felpa-. Es de Daichi, él lo ganó.
-Para ti -añadió Zuko, mirando a los hermanos.
Katara se convenció que era el calor él que le caldeaba las mejillas.
-Como sea -interrumpió el hombre barbudo- ¿Vieron ese puesto que se prendió fuego hasta quedar en astillas? -Inquirió con ligera diversión-. ¡El pobre tipo no sabía que hacer! Igual, me preguntó quién fue.
Zuko vaciló, pero no mostró otra señal de reconocer el crimen. Por supuesto que había visto el stand, él lo había incendiado. Pero solo porque el chico le estaba tirando los perros a Katara, y era un idiota, y trabajaba para el palacio, y ni siquiera sabía que había sido Zuko - ¡Y había sido un idiota con Daichi! Y bueno, Zuko tenía algunos problemas con los celos sobre los que debía trabajar. ¿Recuerdan lo que sucedió cuando esos chicos coqueteaban con Mai? ¡Destruyeron la casa entera de Chan! Un puestito no era nada.
(Deliberadamente ignoró el hecho de que esta situación era completamente diferente al incidente de la playa)
...
(Y el hecho de que en realidad no lo era)
Su hermana le dirigió a Zuko una mirada cómplice.
-Sí, yo también me pregunto eso.
Sokka se detuvo de repente.
-No-o-o-o -Exclamó con incredulidad, mirando a Zuko-. ¡No lo hiciste!
El príncipe se encogió de hombros.
-Es tarde, deberíamos llevar a Daichi a casa.
-¡Lo hiciste! -Gritó Sokka, sin molestarse siquiera en ocultar su hilaridad- ¿Estás loco?
-Tú eres el que esta riéndose de forma maníaca -le espetó Katara, dándole a su hermano un golpe en el brazo-. Ahora cierra la boca y camina, los padres de Daichi se van a preocupar -ignoró premeditadamente el comentario de Sokka que sus padres ya debían de estarlo.
Para cuando llegaron a la casa de té, ya era muy tarde (los padres de Daichi no estaban para nada preocupados, para la sorpresa del trío, y Katara se sonrojó furiosamente cuando le dijeron a Zuko que llevara a su amiga para cenar, lo cual era raro porque él ni siquiera vivía ahí) y los luchadores por la libertad estaban durmiendo. Sokka se movió lenta y sigilosamente por encima de los niños, con cuidado de no pisar a nadie, y aterrizó en la cama después de perder el equilibrio.
-Hay demasiado de ellos -murmuró para sí quitándose los zapatos.
Katara sonrió abiertamente en la oscuridad.
-Sí, así que deberías hacer silencio o se despertarán y te atacarán.
De más está decir que mantuvo la boca cerrada.
No hubo tiempo para conversaciones esa noche, viendo como Zuko se durmió en el instante en que su cabeza tocó la almohada, y Katara se preguntó, mirando fijamente la parte posterior de su cabeza, el cabello oscuro, y la pálida piel de su cuello entre mechones negros, cuánto había dormido él la noche anterior ...si había podido hacerlo. Siempre se despertaba antes que ella... y se dormía después, ahora que lo pensaba. Sokka se acomodó a su izquierda, dándose vuelta y roncando, y ella sonrió, cerrando los ojos.
No necesitaba hablar esa noche, para apaciguar su conciencia.
El día entero había sido perfecto.
Los siguientes tres días encontraron al grupo dentro del orden habitual. Los luchadores de la libertad trabajando en la casa de té, con Yu y Sokka empezando a trazar los planos para la renovación. Zuko se levantaba antes del amanecer, y se había ido para cuando Katara despertaba, ya en los depósitos para limpiar metales y restos, para desechar apropiadamente las cosas peligrosas. Katara había ayudado a nacer a dos bebés (le dijeron que el verano era la temporada de los nacimientos). Daichi estaba en la escuela y no lo veían mucho, pero eso era bueno, porque por más tierno que fuera, Zuko debía admitir, daba mucho trabajo. Y le dolía un poco el cuero cabelludo.
Para el atardecer, todos regresaban, se reunían en el departamento como una loca familia, cenaban y reían. Sokka jugaba con los niños (o más bien, los niños acosaban a Sokka) y Smellerbee se sentaba con Zuko y Katara, bromeando, intercambiando historia de sus días (¡Oh! ¡Me olvidé de contarles! Vino una gran señora hace unos días...) y luego sus historias devenían en territorios más serios. Abandonos de hogar, añoranza por sus amigos, sus antiguas vidas... y eventualmente, en como había terminado Smellerbee en la Nación del Fuego.
-¿Te acuerdas cuándo estabamos en Ba Sing Se, verdad? -Empezó, con su ronca voz calma, sincera-. Bueno, después de que los otros y tú se fueron, Longshot y yo nos quedamos con Jet. Estabamos preparados para pelear por él, para morir allí con él, pero ya conoces a Jet. Como le gustaba hacerse el héroe, el noble -y esbozó una sonrisa débil, como si lo escupiera, pero lo adorara al mismo tiempo-, nos dijo que corriéramos. Que nos vayamos. Longshot y yo, bueno, no podíamos simplemente dejarlo atrás... Era difícil, era nuestro líder y... -se le quebró la voz, y Katara extendió la mano.
Los ojos de la maestra agua eran comprensivos pero también mostraban preocupación.
-No tienes que hablar de esto, Smellerbee -le dijo con honestidad, apretándole la mano. Todo estab tranquilo, los otros se habían dormido, los niños desparramados por el piso, Sokka debajo de una pila de ellos. Le sonrió a su hermano, a los niños metidos bajo sus brazos, uno -Daga, la niña más pequeña- despatarrada sobre su pecho, y unos cuantos entre sus piernas-. Sé que sería difícil para mí hablar si alguna vez pierdo a Sokka.
La luchadora por la libertad negó con la cabeza.
-No, necesito contarles esto. No se lo he contado a nadie y... -apretó los puños, bajó la vista-. Entonces, Longshot y yo dijimos que nos quedaríamos, pero Jet insistió, y es tan terco. Finalmente nos fuimos - y lo llevamos con nosotros, justo cuando esos espeluznantes guardias empezaron a rodearnos. Escapamos apenas, pero no habíamos terminado de salir del bosque aún. Teníamos que atravesar la ciudad, teníamos que escondernos, y Jet, bueno... murió mientras estabamos escondidos. Longshot y yo... estabamos devastados, pero no podíamos dejarlo atrás. Esa noche fue... fue la -se ahogó y se desmoronó hacia delante, le temblaban los brazos ante el recuerdo-. Esa noche fue la más dura de toda mi vida -terminó Smellerbee con una exhalación brusca.
-Lamento oír eso -murmuró Zuko bajito, fijando su mirada en el piso, sintiéndose tan horriblemente culpable, y Katara miró en su dirección, reconociendo el eco de sus palabras debajo de Ba Sing Se.
Smellerbee sacudió la cabeza, lloriqueó un poco.
-Llegamos a la costa donde planeabamos darle a Jet un entierro apropiado en el mar. Robamos tablas de un lugar abandonado, forzamos la puerta y tomamos lo que pudimos, e hicimos un pequeño ataúd flotante para él. Era bastante patético, pero flotaba. Después de eso Longshot y yo, no sabíamos que hacer, a dónde ir. Reconocimos que debíamos buscarlos -y miró a Katara, sus ojos aguados, brillantes y tristes-. Contigo, Cola de Caballo y el Avatar, pero no teníamos ni idea de dónde estaban.
"Nos quedamos en al costa por un par de noches; estaba empezando a creer que nunca nos iríamos. Pero después me empecé a poner realmente furiosa, verdad, y Longshot, trató de calmarme, pero estaba furiosa. Como Jet cuando la Nación del Fuego mató a todos en la aldea, a su familia - no entendía de razones. Me estaba obsesionando, como él, y se me metió la idea de continuar con su misión. Longshot trató de persuadirme, pero yo estaba decidida. Y esa noche la máscara...
Los ojos de Zuko saltaron sobre la muchacha.
"... la máscara del Espíritu Azul, llegó a la costa y supe que era una señal. Me decía que me escondiera, que me disfrazara, que continuara el legado de Jet. No sabía de dónde venía la máscara, ni nada, pero la tomé, y Longshot dijo que me dejaría tomar mi camino, así que nos separamos -se frotó un ojo con la muñeca, secándose las lágrimas que corrían por su rostro. Ella casi nunca lloraba, le daba verguenza hacerlo, pero esta vez... no podía arreglarselas para sentir nada de eso-. Pero mientras viajabamos, los guardias de la Nación del Fuego iban tras nosotros, y yo pensé que era porque estabamos en Ba Sing Se, pero me di cuenta que era por la máscara - aparentemente este Espíritu Azul había hecho desastres.
El príncipe se acomodó en el lugar, liberando la presión de una pierna, estirándola frente a él.
-Longshot y yo nos separamos, y yo me escondí con una familia, cierto, que pensó que yo era una pobre huérfana, y me dijeron que estaban en camino a la Nación del Fuego. Supuse que estaría segura con una familia, y los guardias venían, así que me metí con ellos y vine hasta el Distrito Nueve. Huí de la familia, diciéndole que estaría bien, que tenía familia aquí y cosas así; me dejaron ir, y me escondí en el depósito y empecé mis aventuras como el Espíritu Azul. Y los niños, saben, estos niños -señaló con la cabeza en dirección a la pila de chicos y de Sokka, con las lágrimas remitiendo-. Me admiran, ven. Eran huérfanos y les di comida y cosas, y empezaron a seguirme. Y me di cuenta que estaba continuando el legado de Jet...
Katara exhaló con fuerza notando que había estado conteniendo el aliento sin darse cuenta, preguntándose como Smellerbee había podido pasar por todo eso sola, como podía estar sentada allí y contar todo, desnudando el alma entera ante ellos, a dos personas que apenas conocía. Le ardían los ojos, lo sentía, probablemente incluso estuviera llorando, pero no podía hacer otra cosa más que asentir con la cabeza, temblorosamente, ofreciéndole una pequeña y tímida sonrisa.
-Y entonces llegamos nosotros -suspiró.
Smellerbee miró a la maestra agua parpadeando, devolviéndole la sonrisa con mucha más vivacidad.
-Sí, es verdad -asintió con esa sonrisa que era su marca distintiva-. Pero las cosas siempre están cambiando. Ustedes no se van a quedar para siempre.
-Puedes venir con nosotros -porfió Zuko, con los ojos tranquilos, sinceros, comprensivos.
Smellerbee sacudió la cabeza.
-Na. Me doy cuenta que tengo algo bueno aquí con Yu y los luchadores por la libertad. Estamos pensando en renombrar el lugar, ¿sabían? El té de la libertad de Yu.
-Bueno, la invitación siempre seguirá en pie.
-Para ti y los chicos -añadió Katara con energía.
Y Smellerbee se limitó a sonreír, ni un poquito avergonzada de que regresaran sus lágrimas.
Katara estaba profundamente dormida a su lado, no tan cerca como siempre dado que Sokka dormía en el piso. La sentía tan lejana, y estaba hecha un bollito, como si tuviera frio - pero eso era imposible, el calor debía de resultarle insoportable. Zuko se sentó, lentamente, para no despertarla, y se paró de la cama, alejándose. Permaneció un momento allí, observando dormir a la chica, mirando la expresión de paz de su rostro, apacible y tranquila, y luego se salió por la ventana sin mirar atrás.
Las calles estaban oscuras, todas las luces apagadas, lo cual era algo raro, en verdad, considerando que era la Nación del Fuego, pero no importaba, podía ver bien. Zuko corrió por los techos, sus pasos ligeros y rápidos pasaban desapercibidos. El murmullo de un par de hojas fueron el único indicador de su presencia, mientras se movía por los jardines, evitando la calle lo más posible en caso de que hubiera algún vigía. Su capa cubría su figura, tenía la capucha sobre la cabeza, se mezclaba con la noche, era una extensión invisible de la oscuridad.
Llegó al depósito, sin perder tiempo en irrumpir. Trabajó rápido, escogió la puerta y entró. El príncipe creó una llama para iluminar el camino, y buscó con prisa, asegurándose de mantener la llama baja, estable, para no llamar la atención, y la encontró, tirada donde había sido abandonada el día que se encontraron con la impostora.
Zuko cogió la máscara, la cara demoníaza azul gruñendole, con los colmillos al descubiertos, los ojos fieros y la metió debajo de su capa. Sin demasiada vacilación, extinguió la llama y salió del depósito, cerrando la puerta tras él, sin prestarle atención a la cesta, vacía de todo producto, yaciendo en la entrada.
-¡Vamos, ya sal del baño! -Suplicó Sokka, aporreando la puerta.
Un sonoro rugido le respondió, la puerta se abrió apenas y Smellerbee asomó la cabeza.
-¡Lo estoy usando, Cola de Caballo! -Respondió lacónicamente-. ¡Es por eso que la puerta está cerrada! ¡Que la golpees no me va a hacer abrirla! -Y se la cerró en la cara, narrando con determinación lo que estaba haciendo y haciéndolo muy lentamente a propósito.
El guerrero se dio la frente contra la pared.
-Odio mi vida.
Katara se rió desde la cama, peinándose el pelo con los dedos.
-Eso te pasa por levantarte tarde -se burló- ¡Y eso que te dormiste temprano anoche!
Sokka se giró, volviéndose para encararla cuando la puerta se abrió y le dio de lleno en la cara.
-¡Terminé, Cola de Caballo! -Exclamó la chica, rechinando de limpia y luciendo como una chica. Parpadeó confundida- ¿Cola de caballo? -Venían sonidos sordos de detrás de la puerta y Smellerbee arqueó una ceja, apartó la puerta y se encontró con Sokka contra la pared, con la frente de rojo brillante-. ¿Qué estás haciendo ahí atrás, genio?
Él la miró con el ceño fruncido, y sin responder, entró al baño con dificultad.
El guerrero no tardó mucho en estar listo, y todo el grupo estaba preparado para partir a Hin Siu. Les llevaría más o menos medio día de viaje (había sido mucho menos cuando fueron con Daichi porque Daichi no caminaba, pero con todos los niños...) Hicieron planes para quedarse una noche y Yu se encargó de encontrarles alojamiento.
-Recuerden el nombre del lugar -les insistió mientras dejaban la tienda (tenía que cerrarla de todas formas, por el feriado)-. El dragón...
-Sí sí -le cortó Sokka-. ¡El Dragón de Jade, ya sabemos! -se perdieron entre las calles y el muchacho levantó las manos sobre la cabeza-. ¿Qué tan difícil es de recordar? No es exactamente el nombre más original.
-Solamente está preocupado -le respondió Katara, echándose al hombro una bolsa de ropa limpia y provisiones que pensaron podían necesitar-. Es reconfortante tener cerca a alguien parecido a un padre.
-¡Yo soy tu padre! -Se quejó en defensa de sí, pero ella solo suspiró.
-Me refiero a la clase de padre que no siempre le crispa los nervios a su hija, o come todo el tiempo. O que no actúa como un padre para nada, sino más bien como un hermano muy molesto.
El resto del viaje continuó de manera similar, con los hermanos peleando sobre esto o aquello, dónde comer, dónde descansar. Smellerbee y los niños se comportaban muy bien, tan bien como podían comportarse los luchadores por la libertad, y Zuko, bueno... él se sentaba y disfrutaba del espectáculo.
-¡Llévala tú si vas a querer algo de la mochila cada diez segundo! -Espetó Katara con furia, empujando la mochila en las manos de su hermano.
Él no hizo más que empujarla hacia ella.
-¡No puedo llevar esto a cuestas! ¡Soy viejo y tengo problemas con mi espalda!
-¡Oh, te daré problemas de espalda! -Farfulló la maestra agua, sonándose los nudillos, y en ese momento Zuko interfirió, ofreciéndose a llevar él la mochila. Ningún hermano pudo discutir eso y el grupo continuó la marcha.
Smellerbee se rió por lo bajo.
-¿Por qué tenías que parar la diversión?
-Porque se vería bastante sospechoso si su hija lo estaba moliendo a palo, y su prometido y un puñado de niños no hacían más que rodearlos y mirar.
-Y reírse -añadió la chica con solemnidad.
Él sonrió de oreja a oreja.
-Eso, también.
Para cuando llegaron finalmente a la Provincia de Hin Siu, ya había pasado el mediodía y el lugar estaba decorado de un lado al otro. Era tentador saltar de una a los festejos, pero la primer tarea de la lista era encontrar el lugar donde se iban a quedar. Sokka fue derecho hasta el Loto Dragón de Jade, y se volvió hacia sus amigos, haciendo gestos hacia el extravagante cartel.
-¿Ven? ¿Qué les dije? ¡Sería fácil!
Katara arrugó el entrecejo.
-Sí, es difícil de no ver, de acuerdo -respondió con cinismo-. Está allí también -y señaló La Perla Dragón de Jade.
Smellerbee se golpeó la frente con una mano.
-¡Y allí!
-El Fuego del Dragón de Jade.
Zuko soltó un gemido.
-Y allá.
-El Dragón de Jade Volador.
-Bueno, Señor "Es-muy-fácil-de-encontrar", ¿cuál es? -Inquirió Katara.
Y el guerrero dejó caer los brazos.
-Me rindo.
Eventualmente lo encontraron (Era la Casa de Té del Dragón de Jade, la cual debería de haber sido la opción obvia, ¿y por qué nadie la notó en el medio del pabellón?) y se le informó al grupo de sus misiones. Smellerbee se frotó la nariz con el pulgar, sonriéndole al príncipe.
-No te preocupes, Peste de Fuego -le aseguró con confianza-. Los luchadores por la libertad y yo podemos causar tanto caos que este lugar se olvidará del palacio.
-Solo asegúrate que Ozai y Azula se queden aquí -repitió Zuko tranquilamente-. No llamen la atención sobre ustedes si pueden evitarlo.
-¡Comprendido! -Aseveró Smellerbee, acomodando una máscara gris con lentejuelas doradas sobre su rostro.
Zuko se volvió hacia el guerrero.
-Sokka, tu trabajo es...
-Asegurarme que Katara esté segura, lo tengo -completó con una inclinación de cabeza.
Y su hermana lo golpeó en el brazo.
El príncipe negó con la cabeza (aunque él hubiera accedido a ese plan en sin pensarlo dos veces, no era lo que habían decidido, y no serviría de nada tener dos personas capaces haciendo absolutamente nada para ayudar).
-No -respondió con simpleza, borrando la sonrisa tonta de la boca del guerrero-. Serás la campana. Si Azula y Ozai regresan al palacio, o si algo, lo que sea, sale mal, enciende los fuegos artificiales en la torre que visitamos hoy -le entregó petardos y Sokka los guardó en su mochila-. Las rojas son por si regresan, y las azules por si algo sale mal aquí.
Él asintió dando a entender que había comprendido, cubrió su rostro con una máscara de demonio negra, que también llevaba unas rídiculas plumas blancas en la parte de arriba.
Zuko se volvió hacia Katara entonces, y vaciló visiblemente. Ella lo fulminó con la mirada.
-Sé lo que se supone que tengo que hacer -advirtió-. Voy a ir contigo.
-Sí -respondió con fuerza contenida. Sería más fácil infiltrarse en el palacio con otro maestro acompañándolo, pero había una falla mayor en su estrategia - no quería arriesgar a revelar que había un maestro agua entre ellos. Si se enteraba, Azula sabría de inmediato quien era. Tenía sus espadas gemelas... pero Katara... bueno, todo lo que ella tenía era su control. Se hizo una nota mental de simplemente mantenerse alejados de cualquier problema - o asegurarse de que no necesitara hacer agua control... o de matar a cualquiera que la viera.
-¿Cuándo se van? -Preguntó Smellerbee con curiosidad.
Katara encontró la mirada de Zuko, azul sobre dorado.
-Al atardecer.
Y deslizó una máscara blanca con manchas rojas sobre su cara.
Hubo una tensión anticipada por parte de Zuko y Katara mientras esperaban que llegara la hora. Sokka, Smellerbee y el resto de los chicos estaban completamente despreocupados, disfrutando del tiempo libre, desparramados por el festival; pero el par permanecía junto, mirando constantemente a derecha e izquierda. Ella seguía olvidando que Zuko era el que estaba a su lado, su máscara - un vertiginoso espiral de granate y dorado - resultó ser un excelente disfraza. Tenía una espada atada a la espalda, pero no le prestaba mucha atencnión a eso, siempre la usaba, y además, bastante gente andaba portando armas. Eso le hizo preguntar que clase de lugar era ese realmente.
Se levantó la máscara por un momento, el calor se estaba llevando lo mejor de ella, y una mano volvió a bajarsela sobre el rostro.
-¿Qué haces? -Le demandó al Príncipe de Fuego que ni siquiera estaba mirando en su dirección, sino a la distancia entre la multitud.
Él miró fugazmente.
-Azula puede estar en cualquier lado -le respondió con tranquilidad, la máscara apagando el sonido de su voz-. No te saques nunca la máscara.
-Un segundo de aire fresco no hará daño -replicó Katara, pero Zuko mantuvo la mano en su lugar hasta que ella accedió a no quitarse la máscara. La maestra puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos-. Eres peor que Sokka -gruñó de forma inaudible.
Excepto que no lo había dicho tan bajo porque él la escuchó.
-¡Shh!
-Lo siento, lo siento -se disculpó sin convicción, dejando caer los brazos- ¿Quieres tomar algo?
Zuko suspiró y asintió, caminando hasta un vendedor, y ahora que lo veía mejor, no era otro sino el idiota que los había atendido en el puesto de juegos. Para su fortuna, no reconoció a Zuko. Para su desgracia, reconoció a Katara.
-¿Eres tú, hermosa? -Inquirió, entregándole una copa de sidra.
Katara parpadeó.
-¿Disculpa?
El tipo ni siquiera notó que el agarre de Zuko sobre su taza se ceñía, o el hecho de que Zuko estaba pagando por dos - ¿le estaba regalando un trago a Katara?
-Nadie por aquí tiene un bronceado tan bueno como el tuyo -comentó, destellando esa sonrisa suya. Su máscara cubría solo sus ojos (la parte equivocada para cubrir, en opinión del Príncipe) y Zuko reconoció las facciones de su mandíbula, y su voz-. ¿Sassy, verdad? ¿Así que dónde está ese novio raro tuyo?
La maestra agua estaba a punto de decir que estaba justo ahí, cuando Zuko desapareció de su lado, y quedó como un pescado fuera del agua mirando el espacio dónde había estado - y agradeció tener la máscara.
-Honestamente puedo decir que no lo sé -respondió, desconcertada.
-Grandioso, ¿entonces, que te parece si bailamos? -Preguntó.
Se notaba que no quería desperdiciar perder tiempo.
-¿Bailar?
Él hizo un gesto hacia el lugar iluminado con luces colgantes y cosas, donde la gente se movía en círculos.
-Sí, tú sabes. ¿Dos personas, moviéndose juntas al ritmo de la música...?
-Oh.
-¿Y bien?
-¿Y bien qué?
-¿Te gustaría bailar? -repitió el muchacho, y Katara se preguntó si estaba acostumbrado a tratar con chicas que eran especialmente lentas para las reacciones, o si simplemente estaba siendo muy paciente con ella.
Forzó una sonrisa, incluso aunque el no podía verla, y asintió con la cabeza.
-Eh, seguro. Vamos.
A él se le iluminó el rostro, y la llevó hacia la pista (llamando a alguien antes para que se encargara del puesto).
-Y no te preocupes. A tú novio no le importará.
Sí que no.
Zuko no los hubiera dejado ir, se hubiera quedado justo ahí y le hubiera dicho al muchacho que dejará de intentar ligar con chicas que estaban ocupadas (y, como el supuesto prometido de Katara, estaba ocupada, y tenía derecho a ofenderse cuando otro tipo coqueteaba con su chica... todo teóricamente hablando, por supuesto), pero la oportunidad se presentaba sola para que Katara le sacara información sobre el palacio, sobre quienes usualmente eran los que hacían guardias, sobre las charlas de los sirvientes y cosas por el estilo. Así que los dejó ir a la pista de baile, esperando que Katara se diera cuenta de la oportunidad... era una chica inteligente, ¿no? Tenía sentido común, y razonamiento y lógica y...
¿Estaba bailando con el tipo ese?
El príncipe resistió el impulso de golpearse la frente. Por alguna razón dudaba que ella estuviera pensando en recolectar información, y se metió la pista (por la única razón de alertar a Katara sobre el potencial que tenía entre manos), agarrando a la chica más próxima quien, para su sorpresa, se sintió bastante halagada en ser elegida. Era una chica bonita, por lo que podía decir de la parte baja de su rostro, a excepción de que hablaba mucho. Él respondía sus preguntas con monosílabos, su voz le forzaba los tímpanos...
¿A quién le importaba cuál era su color favorito? Azul
¿A quién le importaba cuál era su día favorito? El fin de semana
¿A quién le importaba cuál era su canción favorita? La nana que su mamá le cantaba para dormir.
De todas formas, nunca le respondió con sinceridad.
Rojo.
Hoy.
Las chicas de Ba Sing Se.
Y ella se rió como tonta, esta misteriosa chica con una voz molesta e incluso una risa todavía más molesta.
-Soy de Ba Sing Se -comentó con tímidez, y en ese momento la canción dio la señal para que cambiaran de pareja. Interceptó a Katara de inmediato, y la muchacha de Ba Sing Se quedó bastante ofendida por haber perdido a su primer compañero.
-¿Lee? -Adivinó Katara.
-No, es Wang -respondió Zuko con sarcasmo (podía imaginar el ceño de su rostro)-. ¿Tú...?
-¿A dónde te fuiste? ¡Me dejaste sola ahí y ya es casi el atardecer!
-Te dejé y te pusiste a bailar, sí, gran plan para buscarme -no pudo evitar replicar.
-¡Bueno, si tú no te hubieras ido...!
-Escucha -le cortó, sabiendo que cambiarían de pareja pronto- ¿ese tipo te dijo algo sobre el palacio?
-No... todo lo que dice es lo grandioso que es él -respondió poniendo los ojos en blanco, él la giró y ella regresó calzando perfectamente en sus brazos- y sobre las novias que tuvo en el pasado. Y sigue preguntandome cosas sobre mí y si estamos en una relación seria, sabes, y esas cosas.
Zuko parpadeó, tentado de preguntarle que le había respondido - pero por supuesto, ¿que le podía decir? Estaban comprometidos, por supuesto que era una relación seria. Aparte del hecho de que todo era una farsa, pero eso era una mera tecnicalidad que el cretino ese no necesitaba saber realmente.
-Pregúntale -la apremió en un acalorado susurro-. Pregúntale todo, sobre cualquier cosa.
Con un giro final el cambio de parejas tomó lugar y murmuró un rápido Lo haré antes de encontrarse enfrentada con un demonio verde.
Esa chica de Ba Sing Se lo estaba siguiendo, podía afirmalro, y entonces Zuko se salió de la pista y se cambió la máscara para evitarlo. El Espíritu Azul echó a andar entre la gente una vez más, pero por suerte para él, había muchos Espíritus Azules corriendo por el lugar. Metió la otra máscara debajo de la capa, y esperó al anochecer, quedándose cerca de la pista y con un ojo puesto sobre Katara. Bailó con el muchacho la mayoría del tiempo, se abría paso hasta ella cada vez que tenían que cambiar (patético en verdad) y se la imaginó riéndose y coqueteando para sacarle información.
El muchacho la sacó de la pista entonces, a un lugar más privado y demás, y Zuko los siguió en silencio, escondido gracias a las sombras que proyectaba el sol poniente.
-Eres una gran bailarina, sabes -le dijo, sonriendo, a la maestra agua.
Katara asintió, probablemente también sonriendo.
-Gracias, Shin.
Zuko de inmediato odio el nombre.
Shin se inclinó a por un beso (lo cual era estúpido - Katara tenía una máscara, idiota) y Zuko intervinó, agarrando la mano de Katara y con una propiedad posesiva que quizás podría haber sido insultante de no ser por el hecho que Katara no quería en verdad besar a ese tipo. La tomó de la muñeca y tiró de ella sin decir una palabra.
Shin frunció el ceño, haciendo un mohín con la boca (por primera vez desde que había visto a Katara, notó ella)
-Oye, ¿qué crees que estás haciendo, amigo?
Zuko le clavó los ojos a Shin y el chico quedó evidentemente espantado con la sola aura que irradiaba el hombre detrás de la máscara. El príncipe se sonrió con suficiencia - un par de cosas que había aprendido de Azula servían para algo - e inclinó la cabeza como despedida para Shin (quien quedó parado como una especie de idiota... y en verdad, era un milagro que pudiera levantarse en la mañana y darse cuenta como salir de la cama). Pero no llegó muy lejos (solo hasta un callejón cercano) sin que Katara se detuviera bruscamente y sin más le preguntara quién era. Por más romántico que fuera todo aquello (lo de ser salvada del peligro - aunque Shin era más una molestia que un peligro real- por un misterioso enmascarado) era peligroso y tonto, ¡y ya estaba atardeciendo!
Y su agarre de veras le estaba empezando a doler.
Él la miró, inseguro de que decir. No quería identificarse como el Espíritu Azul, ¿y qué diablos estaba haciendo, entrometiéndose sin cambiar de máscara? Era impropio de él - o tal vez, era justo como él. El no pensar.
El príncipe se golpeó mentalmente.
-¿De dónde sacaste esa máscara? -Inquirió Katara, los ojos como platos buscando entre la multitud a sus amigos, a cualquiera, incluso a Zuko. Pero no veía más que gente, ¡y maldita sea la Provincia de Hin Siu por ser mucho más grande que el Distrito Nueve! Estaba sola, atrapada allí con ese muchacho con una mascara demoníaca, la misma máscara que Smellerbee había arrojado, abandonando en el depósito.
Su compañero se rehusaba a hablar, sin embargo, miraba de reojo la esquina del callejón, a la gente pasar. Tenía una espada sujeta a la espalda, y no podía distringuir que parecía en la oscuridad. Pero el hecho de que portara armas era suficiente para hacerla tensar, y se alejó un paso de él, cerrando la mano en un puño.
Él la observó en silencio, llevándose un dedo a la boca de la máscara.
-¿Por qué no hablas? -Susurró ella, sintiéndose por alguna razón, segura, a pesar de las circunstancias menos que favorables.
De nuevo, silencio.
Katara frunció el ceño.
-¿Quién eres?
El muchacho se encogió de hombros con despreocupación, antes de responder con un divertido e inesperado:
-Tu príncipe azul.
Muy bien, eso la completó.
-¡Para cuando termine contigo, desearás tener un Príncipe Azul...! -Exclamó, zafando su muñeca y preparándose para pelear, pero Zuko levantó ambas manos en el aire en lo que solo podía ser una rendición. Katara no se movió-. Quiero respuestas, y las quiero ahora.
-¿Ahora? -Repitió Zuko, haciendo una insinuación al tiempo, a la hora, a la carencia de sol.
-¿Acaso tartamudeé? -Desafió la muchacha, y el príncipe no supo que hacer.
Vaciló, tratando de encontrar las palabras.
-¿No tienes... que estar en otro lugar?
-Tengo todo el tiempo del mundo -retrucó ella sin perder un segundo.
Zuko frunció el seño. ¿Entonces si no fuera él mismo, estaría esperandoa Katara mientras ella se tomaba el tiempo que quería en interrogar a su enmascarado salvador? Sin importar que en realidad estaba ahí y no esperando, y que lo estaba interrogando porque era la base del asunto y esa era - ¡que iban a llegar tarde! Y no le importaba si eso tenía sentido o no.
-Bueno, yo no -replicó, con la voz apagada por la máscara-. Y solo te robé para mantener a esa sanguijuela aparte.
Robé. Como si le perteneciera, como si fuera un objeto.
-Él... -Katara se sonrojó- ¿Qué te dio la impresión de que necesitaba ayuda?
-Oh, tengo un sexto sentido para esas cosas.
La maestra se tensó en su lugar, mirándolo con sospecha.
-No necesito que un entrometido caballero enmascarado venga a rescatarme -rebatió airadamente.
-Me aseguraré de decirles a los caballeros que te dejen en paz -respondió con calma, trepando a un tacho de basura, planeando escalar hasta el techo para escapar.
Katara lo observó alejarse y trepar.
-¿Y qué hay de ti? Tú también tienes que mantener distancia.
Zuko se volvió para mirarla, oculto por la oscuridad solo la máscara azul le quedaba a la vista y le dirigió un saludo militar.
-Soy un príncipe, ¿recuerdas?
Ella frunció el ceño.
-Es lo mismo.
¿Qué hacía discutiendo con ese muchacho que intentaba irse? Debía de ponerse en marcha y encontrar a Zuko, ¿y por qué no podía dejar de sonreír detrás de la máscara ante el descaro del joven? Ante su... encanto. Había algo en él que era muy excitante, ese aire de misterio, y su astucia. S epreguntó si quizás era una especie de príncipe azul, o si solo había tenido suerte que la única vez que había intentado ligar con una chica, ella no lo había rechazado (y ella realmente había estado en una situación de la cual necesitaba ser rescatada).
-Bien, si realmente me quieres lejos, cumpliré tus deseos -no pudo evitar responderle. Ese alias, esa liberación, era emocionante. Podía hacer lo que quería, decir lo que quería, sin que eso afecte ni un poquito su relación con otras personas, y ese pensamiento era serio y embriagante al mismo tiempo. Sin restricciones, sin limitaciones... era vigorizante. Zuko notó, mientras Katara respondía que no le molestaría verlo de nuevo, que estaba pisando una delgada línea. Pero la imaginó sonriendo bajo la máscara y se dijo - al diablo. Él era el Espíritu Azul, y el Espíritu Azul podía hacer cualquier cosa. El Espíritu Azul era libre.
El Espíritu Azul estaba de regreso.
Saltó por los techos, cambiándose de máscara con rapidez, y encontró a Katara justo donde la había dejado. Parecía... perdida. La maestra se volvió y lo encontró justo detrás de ella.
-¿Qué estás haciendo?
Ella se sobresaltó, llevándose una mano al pecho para detener la súbita aceleración.
-¡Me asustaste! -Le espetó, mirando alrededor como buscando a alguien.
Zuko la tomó de la mano, incapaz de contener la sonrisa de suficiencia de sus labios.
-No hay tiempo.
Y se fueron.
¿Y bien? LOL espero que les haya gustado tanto como adoré escribirlo. Todo en un día, ¿pueden creerlo? Jaja me llevó un par de horas, pero no podía parar una vez que me envolvió la corriente. Así que sí, no es un final demasiado atrapante, pero el Zutara Ninja vendrá en el próximo capítulo C: y más de la trama se revelará también. Como sea, aquí está el extracto que todos están esperando. Y los reviews y cosas así serán muy apreciadas C:
OH y un último detalle, soy consciente de que la cultura de la Nación del Fuego no permite el baile. No, no añadí ese pedacito para que ellos pudieran bailar, lol, si lo notaron, ni Katara ni Zuko prestaban mucha atención al hecho de que estaban bailando C: no se preocupen. Tengo todo planeado (la mayor parte).
Capítulo XII - Puntos muertos Extracto
-¡Déjenme salir! -Exclamó la muchacha, peleando contra las cadenas sujetando sus muñecas y tobillos.
-No tiene caso que pelees -una voz peligrosa y casi viperina le indicó arrastrando las palabras, perezosa y cansinamente, como si lidiara con ello todos los días. Y probablemente era así. La princesa puso los ojos en blanco, llevándose las manos a las caderas con elegancia real - aburrimiento-. Estas cadenas estan diseñadas especialmente, son un nuevo artefacto de ese mecánico del Reino Tierras. Esposas que bloquean el chi.
-¡Y vienen en tres colores! -Añadió Ty Lee con una sonrisa alegre.
Toph sacudió la cabeza, rehúsandose a rendirse, y siguió luchando.
-Me sacarán de aquí, sabes -rebatió-. Vendrán y te matarán. ¡A ti y a ese mono ccerdo que llaman Señor del Fuego!
Azula soltó un suspiro desinteresado.
-Oh, por favor, eres incluso más drámatica que Zuzu.
-Ellos vendrán por mí... -insistió la maestra tierra, cerrando las manos en puños.
La princesa se limitó a sonreír con suficiencia, curvando sus labios en una sonrisa ladina.
-Lo sé.
NT: GRACIAS NinieN, KaoruB, funny-life y Asphios de Geminis por sus reviews y estar siempre al pie del cañón :D
Gracias en general a todo mundo por llegar hasta acá y espero que lo hayan disfrutado... 27 páginas, que probablemente se volvieron 30, por el cambio de formato y esas cosas :P No les prometo actualizar pronto pero si les prometo actualizar. Por favor sigan leyendo y comentando, no saben cuanto bien hacen sus comentarios y cuantas ganas dan de traducir aún cuando se me apilan libros que estudiar. Un beso grande, gente, espero oír de ustedes pronto :)
*Sassy: una persona sassy es alguien caradura, con mucha actitud. Por eso el juego de palabras que hace Shin.
