Hyrule Warriors: Lazos del Destino
Por Fox McCloude y Goddess Artemiss
Disclaimer: The Legend of Zelda y todos sus personajes son propiedad de Nintendo. Personajes originales son propiedad de los autores a menos que se indique lo contrario, y han sido introducidos a la historia con el permiso explícito de sus creadores. Todos los derechos reservados.
Interludio: Preparaciones.
"La líder de la resistencia en los Bosques de Farone resultó ser una joven hechicera llamada Lana. Proveniente del mismo clan que Cya, quien era la responsable de traer los ejércitos de monstruos a Hyrule, Lana había estado combatiendo contra ella desde que apareció.
A pesar de que Impa y la Legión de Link no lograron el objetivo esperado de encontrar a la Princesa Zelda, su viaje a los Bosques de Farone no fue en vano. Siendo que Lana era la única que tenía información sobre qué y a quién se estaban enfrentando, Impa solicitó su ayuda en futuras batallas. Con una nueva aliada en sus filas, el grupo partió de regreso al castillo para compartir lo que sabía con el resto de las fuerzas hyruleanas.
Diez días han transcurrido desde entonces, y Lana y su resistencia se han sumado a las filas del ejército de Hyrule, mientras preparan un plan y deciden su próximo destino…"
Castillo de Hyrule…
Con las Cuevas de Eldin selladas tras la escaramuza con Wizzro, el viaje de regreso al castillo se hizo mucho más largo y pesado. Especialmente ahora que iban muchas más personas, pues Lana y toda la resistencia de los Bosques de Farone los acompañaban en su travesía. Después de todo, ahora que el Gran Árbol Deku había recobrado su poder, su presencia ya no era necesaria en ese lugar. A pesar de haber tenido que tomar el camino largo, la legión estaba agradecida de no tener que volver a soportar el infernal calor dentro de esas cuevas, así que ninguno de ellos se quejó en absoluto. Y afortunadamente, no se encontraron con mayor oposición en todo el camino de regreso.
En aquel momento, los altos mandos del ejército de Hyrule, liderados por Impa y Azael, se encontraban conversando con la joven hechicera, quien les contaba todo lo que sabía acerca de su enemiga. Los dos Sheikahs y el resto de los presentes se limitaban a escuchar el relato, sin decir palabra, pero poniendo mucha atención.
- … y entonces, la oscuridad se introdujo en su corazón. – decía Lana. – Utilizando su magia, Cya decidió abrir el Portal de las Almas, trayendo monstruos de distintas épocas a nuestro tiempo para que causen ruina y destrucción.
- Exactamente… ¿qué es ese "Portal de las Almas" que mencionas? – preguntó Azael.
- Es algo complicado, pero hasta donde sé, es la puerta del tiempo mismo. A través de él, es posible conectar este tiempo a tiempos infinitos, el pasado, o incluso el futuro. El tiempo es una corriente que fluye de manera constante, y por lo general es imposible interrumpirlo… excepto por ese portal.
- Tiene sentido. – dijo Impa. – Explica el por qué los monstruos aparecen repentinamente, especialmente cuando muchos de ellos se supone que extinguieron hace cientos o incluso miles de años.
- Significa que los trae desde épocas pasadas, ¿es lo que estás diciendo? – agregó Azael.
- Exactamente. – dijo Lana. – Como seguramente habrán notado, la mayoría de ellos no son rival para caballeros entrenados, pero hasta los más débiles son una amenaza para las personas ordinarias.
- E incluso los mejores caballeros no podemos pelear contra semejantes números. – dijo Azael. – No importa a cuantos eliminemos, esa tal Cya simplemente traería más de ellos para reponer a los que perdió, alargando más el conflicto.
- Por lo que, la única manera de terminar con esta guerra rápidamente, es detener a Cya. – dijo Lana. – Mientras continúe abriendo el Portal de las Almas, los monstruos seguirán apareciendo en Hyrule sin parar.
- Bien, eso suena simple en teoría. – dijo Impa. – La gran pregunta es, ¿en dónde está, y cómo podemos encontrarla? Si ha permanecido oculta todo este tiempo, es porque seguramente no querrá ser encontrada.
- Creo tener una idea de dónde puede estar en este momento. – respondió Lana. – Cuando Cya se retiró para cumplir su labor como guardiana de la Trifuerza, se estableció en un lugar llamado el Valle de los Videntes. Allí construyó su santuario personal.
Azael e Impa se miraron mutuamente, considerando lo que les dijo Lana. Parecía una pista vaga, pero no tenían nada más por el momento, y parecía un buen lugar para comenzar la búsqueda. Hasta ahora, Cya había actuado desde las sombras, y lo mejor que podían hacer era actuar para obligarla a salir.
- Imagino que no tendrás inconveniente en guiarnos hasta ese lugar, ¿verdad? – dijo Impa.
- Por supuesto que no. – respondió Lana. – Haré todo lo que esté a mi alcance para ayudarlos.
- En ese caso, no hay nada más que discutir. – dijo Azael. – Nos prepararemos para ir a ese Valle de los Videntes. La reunión ha concluido, pueden retirarse.
Lana y los soldados se pusieron de pie y fueron abandonando la sala de guerra de manera ordenada. Poco a poco se fueron retirando a sus cuarteles para prepararse, hasta que solo quedaron en el lugar Impa y Azael, que aún tenían algunas cosas que discutir, aunque estas eran más… personales. El subcomandante, quien había estado sentado a unos cuantos lugares de Impa, esperó a que no hubiese nadie más en la sala, y se acercó hasta la silla más cercana para sentarse a su lado, mientras que esta, seria, lo quedó observando.
- Lamento mucho que no hayan encontrado a la princesa. – expresó, mostrándose apenado.
- No tanto como yo, no puedo evitar sentirme culpable por su desaparición. – replicó Impa, frustrada. – Prometí a sus padres cuidar de ella, y simplemente les he fallado.
- Deja de echarte la culpa. – la animó el joven. – Ella es fuerte, y estoy seguro que pronto aparecerá. Yo te voy a ayudar para que así sea.
- Gracias… lo que más se necesita en estos momentos es apoyo. – dijo Impa.
Ambos se quedaron en silencio un par de segundos. Impa meditaba sobre todo lo que había ocurrido en las últimas semanas, especialmente la aparición del extraño joven Sheikah, de quien aún no le había comentado nada a su compañero.
Al ver el perpetuo silencio en el que se había hundido Impa, Azael realizó una acción que hacía mucho tiempo había olvidado. Impulsivamente, tomó la mano de la comandante y la entrelazó con sus dedos, lo que causó que la guerrera se sonrojase hasta más no poder. Ante esa reacción, el joven subcomandante no pudo evitar reírse, provocando que su superiora adoptara una clara expresión de enojo.
- ¿Qué crees que haces? – preguntó ella, enfurecida.
- ¿No lo estás viendo? – replicó él, sonriendo. – Hace tiempo que no estamos solos de esta manera. No hay que desaprovechar la oportunidad.
- ¡Deja de decir tonterías! Hasta que sacaste tu verdadera personalidad.
- Sabes muy bien que con los demás tengo que comportarme a la altura, pues después de todo soy una figura de autoridad. – dijo Azael. – Pero contigo no tengo por qué fingir, después de todo, tú y yo fuimos…
- Ya basta, no tienes por qué incomodarme con ese asunto.
- ¿En serio? – dijo Azael, observando aquella situación. – Si estuvieras tan incómoda como dices, creo que ya habrías soltado mi mano. Hasta la has apretado más, eso quiere decir que aún queda algo.
Esforzándose para ocultar su vergüenza, Impa se zafó de la mano de su compañero, motivo por el que este volvió a reírse y al ponerse de pie fue a colocarse detrás de ella, tomándola de los hombros y acercándose un poco para susurrarle al oído.
- Esta misión va a ser una gran oportunidad para recordar viejos tiempos.
- Creo que reconsideraré que nos acompañes.
- No, no, no… la Comandante del Ejército Real no puede ser así de voluble en sus decisiones, ni tampoco su Lugarteniente puede dar su brazo a torcer. – expresó, simulando voz autoritaria. – Tenemos una misión que cumplir.
La Sheikah solo soltó un bufido de frustración ante las palabras de su compañero, definitivamente estaba molesta por su manera de actuar, ya que no era la primera vez que sacaba ese lado suyo cuando estaban a solas. Luego de unos minutos, Azael se disponía a retirarse, pero antes de ello retomó su serio semblante y encaró de nuevo a su compañera.
- Si hace años, cuando empezaste tu más importante labor no te libraste de mí, mucho menos lo harás ahora, mi querida Impa. No creas que te dejaré sola en una misión como esta.
- Ignoraré las palabras, y tomaré solo la seriedad de ese comentario. – replicó Impa. – Tengo algo importante que decirte, y tiene que ver con nosotros.
Una chispa de esperanza y triunfo cruzó por los ojos del subcomandante, como si se anticipase a algo que había esperado escuchar desde hace mucho tiempo. Impa pudo percibir por un instante un atisbo de sonrisa en los labios de su compañero, y algo dentro de ella le dijo, como si pudiese leer la mente, aunque en realidad no fuese así, lo que estaba pensando en ese momento. Casi se sentía mal por tener que destruirle esas esperanzas. Casi.
- Es sobre uno de los nuevos integrantes en nuestras filas.
- Oh… ¿te refieres a Lana? – preguntó, claramente decepcionado, e intentando mantener la compostura.
- No, es alguien más… un joven guerrero que dice pertenecer a nuestro clan. Se hace llamar… Sheik.
Todo el semblante desinhibido de Azael se desapareció al escuchar la revelación de su compañera, pensando que lo que estaba diciendo era completamente absurdo.
- Eso es imposible…
- Lo mismo dije yo cuando lo vi, pero es cierto. – replicó Impa. – En las cuevas de Eldin salvó nuestras vidas. También nos apoyó en el bosque de Farone, e incluso le devolvió la salud al Gran Árbol Deku. Asegura ser de los nuestros.
- ¿Dónde está? Quiero conocerlo.
- Se encuentra afuera, en el campo de entrenamiento, pero para variar se ha de encontrar aislado de todos. No es muy comunicativo, a decir verdad.
- Vaya, ¿acaso lo has estado vigilando de cerca? – dijo Azael, usando un tono incómodo. – Espero que no estés pensando en…
- ¡No te hagas ideas equivocadas! – interrumpió Impa. – Vamos a verlo de una vez. Quiero que lo juzgues y que me digas qué piensas.
Azael no perdió tiempo en salir de la sala para ir a conocer al supuesto Sheikah, siendo seguido por Impa. Dejó de lado aquellos celos que lo habían invadido, pues más importante era averiguar el origen e intenciones de ese supuesto recién llegado.
Minutos después, afueras del campo de entrenamiento…
Efectivamente, como lo había dicho Impa, Sheik no se encontraba cerca del resto de los guerreros, quienes estaban practicando arduamente en el campo de entrenamiento, lo que al mismo tiempo les ayudaba a distraerse luego de los días tan pesados por los que tuvieron que pasar.
A medida que se iban acercando a las sombras, los guerreros pudieron percibir que alguien se encontraba escondido entre ellas, lo cual no les era difícil debido a sus innatas habilidades. Fue ahí, que Azael empezó a sentirse incómodo, pues al parecer su compañera tenía razón al decirle que existía otro individuo como ellos. Sin embargo, tenía que corroborarlo con sus propios ojos, pues si a Impa nadie podía engañarla, a él mucho menos.
Fue entonces, sin que ninguno de los dos lo esperara, que Sheik apareció frente a ellos, causando que Azael se colocara instintivamente delante de Impa para resguardarla y pusiera su mano cerca de su cinturón, donde tenía escondido un kunai. Sheik se mantuvo en silencio, cruzando su mirada con la frialdad de su semejante, para luego saludar con una reverencia y disculparse por su abrupta aparición.
- Mucho gusto. – dijo el Sheikah. – Me disculpo por haber aparecido de esa manera. Mi nombre es Sheik, uno de los miembros de la tribu Sheikah.
Era consciente que no se estaba comportando de manera educada, pero no podía corresponder el saludo si no salía de la impresión de tenerlo de frente. Azael lo analizó de pies a cabeza, y efectivamente, físicamente era un Sheikah, incluso percibía desde su interior que lo era… pero lamentablemente algo no le cuadraba, algo en su mente le decía que aquel individuo ocultaba algo muy importante, y lo que más le incomodaba era que no podía percibir si mentía, opacando de esa manera una de sus más grandes habilidades.
- Soy Azael, Subcomandante del Ejército Real de Hyrule, quien reporta a Lady Impa. – saludó Azael, saliendo de su impresión. – Y como podrás haber notado, también soy un Sheikah.
- Lo sé, y precisamente por eso es que me aparecí ante usted. – contestó Sheik.
- ¿De dónde vienes? – preguntó, mostrando intenciones de ver hasta dónde iba a llegar el interrogatorio.
- Vengo de la tribu de los Sheikahs. Una antigua raza de guerreros de las sombras que ha servido a la Familia Real de Hyrule desde el inicio de los tiempos. – contestó Sheik, sorprendiendo a Azael con su muy segura respuesta. – Imagino que Lady Impa ya le debe haber contado todo lo relacionado a mí, y lo mucho que puedo aportar en esta cruenta misión, en la que sigo muy interesado en participar.
- Escucha, muchacho, es cierto que has sido un gran apoyo en estos días, y te lo agradezco infinitamente. – dijo Impa, hablando con seriedad. – Sin embargo, ahora más personas viajarán con nosotros. Eso incluye a Azael, quien es un gran guerrero que puede ayudarnos más de lo debido ante lo que pudiera presentarse, por lo que considero que tu presencia ya no es necesaria. Si quieres una recompensa por tus acciones, puedo otorgártela, pero…
- La única recompensa que me interesa es que me permitan continuar en esta misión con ustedes. Nada más. – dijo Sheik, sin perder un ápice de control en sus palabras.
- ¿Acaso no fui clara? Dije que ya no…
- Espera, Impa. – interrumpió Azael. – Tal vez sí es necesario que este muchacho nos acompañe.
Se quedó de piedra al escuchar que su compañero, quien además era de su mismo clan, había dicho lo que menos deseaba. Ya había sido suficiente con la decisión de Link, y ahora Azael estaba pensando de la misma manera. Era cierto que Sheik los había ayudado, y que hasta ahora no había intentado nada extraño en contra de ellos, pero aun había algo que la incomodaba de aquel individuo, sentía que le estaba mintiendo y no tenía idea del por qué, cosa que la abrumaba.
Por otra parte, Azael también lo creía sospechoso, pero no podía percibir mentiras o intenciones subrepticias en su interior, por lo que no podía impedir que los acompañase, mucho más si lo que necesitaban en esos momentos eran aliados, aparte de que otro ser que manejara la magia, definitivamente no estaba de más.
- Simplemente deseo que continúes en esta misión porque percibo que no mientes, y que en serio deseas ayudarnos. – dijo Azael. – Sin embargo, debes saber que te voy a estar vigilando, y que al primer paso en falso que hagas en contra de nosotros… no me tocaré el corazón en aniquilarte. No me importa que pertenezcas a nuestra raza, y así cometa traición contra la misma al hacerlo. A menos que no seas uno de los nuestros en realidad.
- Se lo agradezco mucho, Sir Azael. – dijo Sheik, quien ni se inmutó ante las amenazas. – El tiempo y mis acciones le demostrará que estoy y estaré siempre de su lado. Le aseguro que no se arrepentirán.
Y finalizando sus palabras, el joven Sheikah se desvaneció entre las sombras. Impa, a pesar que no lo había demostrado, esperaba que Azael no permitiese que el muchacho los acompañara, pero al igual que la vez anterior su opinión no fue tomada en cuenta. Le costó reconocerlo, pero le afectó más en esta ocasión que la que ocurrió en las afueras de las minas de Eldin. ¿Tal vez se debía a que ahora había sido su compañero quien no la había apoyado?
- No te resientas conmigo. – dijo Azael, dándose la vuelta para encontrarse con Impa. – De cualquier manera, no percibí en el chico ni un rastro de mentira; al contrario, parece sincero, aunque aún tengo mis dudas. Puede sernos muy útil.
- ¿Resentida? Por favor, no te confundas. – dijo Impa, soltando una carcajada. – Si al igual que Link tú decidiste eso, adelante.
- Al menos tu expresión me indica que el sujeto no te gusta, porque si hubieras abogado para que nos acompañe, créeme que no lo hubiera permitido. Nadie más que yo puede estar cerca de ti.
- ¡Cierra la boca! – exclamó, encolerizada, pero luego de unos segundos recuperó la compostura. Bueno, dejando de lado las sandeces que dices… tal vez, después de todo, si es bueno que nos siga acompañando. Otra persona que practique magia puede ser muy valioso, y eso ya lo demostró en la región de Farone.
- Y hablando de magia… debo revisar mis viejos escritos. Desde que entré al palacio he dejado de practicarla. – indicó el subcomandante. – Claro, a menos que quieras ser mi maestra, como cuando éramos niños.
- No tengo tiempo para eso. Arréglatelas tú solo.
- ¡De eso nada! Tienes que apoyarme. Como líder, es tu deber velar por tus subordinados, y recuerda que yo soy uno de ellos. Entre Sheikahs debemos darnos la mano, ¿no es así?
Ante la acusación, Impa no pudo protestar. Le gustara o no, Azael era parte de su equipo, y como su superior debía apoyarlo, más que por ser miembro de la milicia, por ser de su mismo clan, al que siempre debía honrar ante todo.
- Lo que digas… – expresó, resignada. – Espero que te pongas al corriente rápido. Aunque según recuerdo, eras muy bueno en ella.
- Nadie más que tú puede corroborar eso, querida…
- ¿QUÉ INSINUAS? – preguntó, exaltada.
- Nada, ¿qué es lo que estás pensando? – preguntó, fingiendo seriedad en su voz. – Por favor, Lady Impa, ponga seriedad en el asunto como la líder que es y vamos a practicar. Nada de perder el tiempo.
Sin poder evitar soltar una carcajada, Azael se dirigió de regreso al interior del palacio, mientras que Impa, enojada, simplemente se dedicó a seguirlo, incómoda hasta el límite del "desdoblamiento" de personalidad que le daba al joven cada vez que estaban solos.
Poco después, en los terrenos de entrenamiento…
Mientras se llevaba a cabo la reunión en la sala de guerra, los miembros de la legión de Link aprovechaban el tiempo para aprender a utilizar mejor las armas que les fueron otorgadas a cada uno de ellos. Extrañamente, el antiguo líder no se encontraba en los alrededores. Zatyr había estado practicando con sus flechas elementales, disparando a dianas de color específico, rojo y azul, alternando entre cada color y evitando el otro para practicar su precisión y tiempo de reacción, pero ahora tomaba un descanso, al darse cuenta que la comandante Impa no bromeaba al decirle que utilizar esas flechas elementales implicaba un enorme esfuerzo físico y mental, y se dio cuenta tendría que aumentar su propia resistencia para estar lista en batallas prolongadas. Entretanto, Garrett hacía un entrenamiento para "regular" la fuerza que le otorgaban los Guantes de Poder. Pese a que el aumento de fuerza que le otorgaban era una gran ventaja en combate, para tareas usuales a veces tanta fuerza podía ser excesiva, y se estaba enfocando en aprender a aplicar solo el esfuerzo necesario al agarrar objetos o personas para evitar causarles algún daño con los guantes puestos. De hecho, en un par de ocasiones sin querer trituró el mango de madera de su hacha cuando la apretó demasiado, y tuvieron que reemplazárselo por uno de metal para que no volviese a suceder (e incluso en este ya comenzaban a aparecerle marcas de los dedos).
En aquel momento, Alexandre y Ruisu tenían un combate de práctica, utilizando sus armas elementales. Se les hizo muy conveniente que Ruisu hubiese obtenido esa Espada Relámpago (así decidió llamarla) gracias a Lana, pues al tiempo que aprendía a utilizarla, ayudaba a Alexandre a que controlase mejor el poder del Cetro de Fuego (que claramente lo necesitaba tras lo que ocurrió con el Gran Árbol Deku). Como los dos eran combatientes a corta distancia, estaban practicando los ataques de largo alcance que les permitían usar sus armas. Los dos se encontraban en extremos opuestos, mientras Alexandre cargaba una bola de fuego con el cetro, y Ruisu sostenía su espada detrás de la espalda con agarre invertido, mientras esta echaba chispas de electricidad. Alexandre disparó la bola llameante, y Ruisu inmediatamente hizo un corte para neutralizar el ataque. Inmediatamente cambió a agarre normal y dio un tajo vertical. La espada generó una cuchilla de energía eléctrica en forma de luna creciente que salió volando hacia donde estaba Alexandre, quien saltó hacia atrás para quedar fuera de su rango. La electricidad de por sí aumentaba el poder cortante de la espada, pero podía lanzar esas cuchillas para atacar a mediano alcance, aunque se disipaban rápidamente.
Cuando Ruisu intentó acercársele, Alexandre decidió probar uno de los trucos más nuevos que había aprendido con el cetro. Lo alzó en alto mientras liberaba la energía de fuego, haciendo que en lugar de formarse una esfera, el fuego tomase una forma alargada y delgada (como una serpiente) que volaba en espiral hacia la dirección donde él apuntase. El lancero había descubierto que incluso después de lanzar el fuego, podía usar el cetro como una especie de "varita mágica" y controlarlo de manera limitada, siempre y cuando siguiera en el aire antes de impactar con algún objeto sólido. Ruisu rodó en el suelo para evitar a la serpiente de fuego, mientras preparaba otro ataque. En vez de intentar atacar con la cuchilla, sujetó la espada con ambas manos y enfocó algo de energía hacia la punta, disparando una especie de dardo eléctrico al dar una estocada hacia el frente. No era muy poderoso, pero sí era rápido, con un gran alcance y si impactaba con algo vivo podía paralizarlo por un instante. El lancero al ver esto giró el cetro para desviar el dardo, pero el espadachín usó la táctica de rodar y disparar para tomar otro ángulo hasta que finalmente logró ponerse detrás de él y darle con uno en la mano que sujetaba el cetro… pero Alexandre se anticipó y la cambió inmediatamente. El combate terminó cuando con la punta del cetro quedó tocando el estómago de Ruisu, y la punta de la espada rozaba peligrosamente cerca del mentón de Alexandre.
- Uff, tras un combate como ese puedo estar feliz con un empate. – dijo el lancero, retrayendo su arma a su forma de vara y haciendo la reverencia en señal de respeto por su oponente.
- Estás mejorando. – dijo Ruisu, envainando su espada. Ya le habían conseguido una nueva que era capaz de introducir toda la hoja. – Ahora empiezas a controlar mejor el fuego.
- Bah, eso no es suficiente. – dijo el lancero. – Sigo sin estar al nivel del "héroe legendario", después de todo.
- ¿Aún sigues con eso? – preguntó Zatyr, que los estaba observando. – No me digas que sigues celoso de Link.
- ¿Cómo no estarlo? – dijo el lancero. – Primero impresiona a la princesa mientras me hace quedar como un tonto. Después, resulta que es la reencarnación del héroe de las leyendas, y ahora, además resulta que esa tal Cya se enamoró de él.
- No estarás hablando en serio. – lo reprendió la arquera. – Si lo que Lana nos dijo es verdad, Cya es una bruja malvada y es la responsable de todo el caos que está ocurriendo en Hyrule. No creo que quisieras que alguien así se fuese a enamorar de ti, ¿o sí?
- Ya, ya te oí. – dijo Alexandre. – La última parte era broma, no te alteres. Pero aun así, no puedo evitar pensar que las cosas emocionantes solo le pasan a Link. ¿Está mal que quisiera que me pasase algo así a mí para variar?
- Ten cuidado con lo que deseas. – dijo Garrett. – Podría convertirse en realidad.
Alexandre quiso refutarle algo a su compañero, pero no pudo decir más nada. Pese a sus palabras, hasta el lancero tenía una idea de la enorme carga que estaba llevando Link en aquel momento, y en realidad solo hacía esos comentarios como una manera de aliviar la enorme tensión que llenaba el ambiente. Al fin y al cabo, la princesa continuaba desaparecida, pero al menos ya tenían una idea de quién era su enemiga y eso disipaba al menos algunas de las dudas.
- Disculpen. – los llamó una voz femenina. Se trataba de Lana, que había estado observando el entrenamiento por un rato.
- Ah, Lana. – dijo Alexandre. – ¿Qué sucede, ya terminó la reunión?
- Sí, hace unos minutos. – respondió la hechicera. – Disculpen, es que no quería interrumpirlos mientras entrenaban. ¿Alguno de ustedes ha visto a Link?
- Está del otro lado. – dijo Ruisu, señalando con el pulgar la muralla que conectaba con el terreno adyacente. – Dijo que quería entrenar por su cuenta. ¿Por qué?
- Necesito hablar con él. – dijo Lana. – Tengo algunas… cosas importantes que discutir.
- ¿Qué cosas? – preguntó Alexandre. – No, no me digas, seguro lo hablaron en la reunión, ¿cierto? Je, y pensar que a nosotros no nos permitieron entrar, pero él por su "distinción especial" podría haberlo hecho.
- Eh… sí, exactamente. – dijo Lana. – Si me disculpan.
La hechicera prosiguió su camino, mientras los cuatro miembros de la legión de Link notaban que iba algo apresurada. Seguramente lo que iba a decirle era muy importante y por eso no podía perder el tiempo con ellos.
- Parece ir con mucha prisa. – dijo Alexandre. – Es extraño, no se abre con muchos de nosotros, excepto tal vez con Link.
- Tendrá sus razones. – dijo Ruisu. – Piensa que con todo lo que está sucediendo, y que además es una de los suyos la que está causando todo este alboroto, seguro siente que es su responsabilidad.
- ¿Y tú qué piensas de ella? – le preguntó el lancero.
- Que es una chica bonita y agradable. – dijo Ruisu sin perturbarse. Alexandre lo miró con los ojos entrecerrados, y el pelinegro inmediatamente prosiguió. – ¿Qué, me vas a decir que no es verdad? Aparte, ella me salvó la vida, y restauró mi espada.
- Lo que digas, compañero, lo que digas. – dijo Alexandre, dándole unas palmaditas solemnemente en el hombro.
Zatyr se rio por lo bajo y Garrett solo se encogió de hombros. Ruisu tuvo la ligera sospecha de que sus compañeros empezaban a "hacerse de ideas" solo por haber hecho ese pequeño comentario. Pero solo dijo la verdad, él pensaba que Lana era una chica linda y simpática, y era una buena compañera. Eso no tenía nada de malo, ¿verdad?
Entretanto, la joven hechicera prosiguió el camino por los terrenos de entrenamiento buscando a Link. No se le hizo muy difícil encontrarlo, pues tal como le dijeron los otros, el joven héroe se había puesto a entrenar por su cuenta. En verdad era admirable que siguiera practicando para mantener en forma sus habilidades. No se dormía en sus laureles, e incluso peleando contra muñecos de entrenamiento hacía gala de toda su destreza con la espada. Tomando un profundo respiro, se le aproximó, había llegado el momento.
- ¡Joven héroe!
Link estaba tan concentrado que ni siquiera se había dado cuenta de la presencia de la hechicera, hasta que esta lo llamó.
- Ah, hola, Lana. No tienes que llamarme de esa manera. – indicó, esbozando una sonrisa. – Puedes llamarme solo por mi nombre.
Sus mejillas se sonrojaron ante la sonrisa del joven. Le gustaba, no podía negarlo, pero al mismo tiempo era consciente de que su más grande anhelo no sería posible, y por eso decidió compartir con él algo sumamente importante, una situación que le había omitido por discreción, o tal vez por tristeza al hablar del asunto, pero era primordial que lo supiera.
- Perdón por interrumpir tu entrenamiento… Link – dijo Lana. Por alguna razón, se sintió extrañamente bien al pronunciar su nombre.
- Si no afilas la hoja, algún día dejará de cortar, eso es lo que solía decir mi tío. – respondió Link, envainando su espada. – En fin, ¿necesitas algo?
- Si tienes un momento para conversar. Hay… algunas cosas que quisiera preguntarte. – dijo la hechicera.
- Supongo que está bien.
- Link… ¿cómo era… es la princesa Zelda? – preguntó Lana. Tenía que abstenerse de mencionarla en tiempo pasado, pues no quería que pensaran que la estaba dando por muerta.
- ¿Por qué me lo preguntas? – Link miró con extrañeza a la peliazul, como si se le hiciera difícil hacer esa pregunta.
- Solo… curiosidad. – respondió Lana, y tras una pausa, agregó algo más. – Es solo que, escuché por allí que tú eres el que mejor la conoce, y quisiera saber qué clase de persona es. Después de todo… cuando la encontremos trabajaré bajo sus órdenes, ¿no es así?
- Sí, es verdad. – dijo Link, al parecer satisfecho con la respuesta. – Bueno, a decir verdad, ella y yo… nos hicimos muy buenos amigos en los últimos dos años.
- ¿En serio?
- Sí, y debo decirte que… me sorprendí mucho cuando la conocí. – prosiguió Link. – Cuando llegué al castillo por primera vez, había escuchado algunos rumores sobre ella. Decían que era alguien muy fría y distante. Pero no podían estar más equivocados. En realidad… es quizás la persona más amable que he tenido el placer de conocer.
Lana no pudo evitar percibir el afecto con el que iba cargada la voz de Link al hablar de la princesa. Pero desde luego, tendría que haberlo esperado.
- ¿Cómo se conocieron? – preguntó Lana.
- Fue algo muy extraño, a decir verdad. – dijo Link. – Estábamos decidiendo quién sería el líder de nuestro escuadrón de entrenamiento con un combate, y ella nos vio desde la muralla. Más tarde aquel día, se me acercó para preguntarme si quería que la ayudase con su entrenamiento con la espada.
- Es decir que… ¿la impresionaste con tus habilidades? – preguntó Lana, mostrándose interesada en lo último que dijo Link.
- Supongo, aunque la verdad no soy la gran cosa. – dijo Link con modestia.
- Pero aceptaste entrenar con ella, ¿no? – insistió Lana.
- Eso sí. – dijo Link. – De cualquier manera, me alegro de haberlo hecho. No solo es por su habilidad que de por sí es formidable. Ella aspira a ser una persona muy fuerte, capaz de protegerse a sí misma y a su pueblo, pero también es modesta y gentil, y no ve a nadie por encima del hombro a pesar de su estatus. En verdad yo… la admiro mucho por eso.
Las últimas palabras hicieron que Lana sintiese de nuevo esa punzada en el pecho. Y casi estaba segura de que aunque Link dijese que "admiraba" a la princesa Zelda, en realidad querría haber utilizado otra palabra. ¿Y cómo podía culparlo? Más aún, ¿cómo podría alguien sentir rencor contra una persona como Link describía que era la princesa?
- Suena a que es una persona maravillosa. – dijo Lana, sonriendo con dificultad. – Espero poder conocerla pronto.
- Cuando la encontremos, estoy seguro que le caerás muy bien, después de cómo nos has ayudado. – dijo Link. – Quién sabe, ustedes dos podrían llegar a ser muy buenas amigas.
- Espero poder conocerla pronto. – dijo Lana.
Ser buenas amigas… ¿sería eso realmente posible? Lana no creía que alguien pudiese aceptarla a ella como amiga. No si supieran realmente ese oscuro secreto que guardaba consigo. Y hablando de secretos, la hechicera pensó que tal vez el joven héroe merecía saber otro del cual al parecer, aún no estaba enterado.
- Lo harás. – aseguró Link. – La encontraremos, y también a esa tal Cya. Tiene que responder por todo lo que ha hecho.
- Sé que todo lo que ha sucedido parece difícil de creer. – dijo Lana, abatida. – Pero era necesario que supieras contra quién te estás enfrentando.
- No me enorgullece el saber que toda esta guerra se está llevando a cabo porque esa hechicera está enamorada de mí. – comentó, avergonzado. – Eso me hace pensar, en nombre del amor se pueden hacer cosas maravillosas, pero también muy nefastas. Quiero decir, ¿cómo puede alguien llegar tan lejos para conseguir lo que quiere? Me siento muy culpable por todo esto.
- No es tu culpa, en serio. – expresó Lana. – Además esta guerra no solo se está dando por ti, sino por la princesa.
Solo bastó la mención de su nombre para ver como a Link se le iluminaban los ojos. Aquello le dolió enormemente. Sin embargo, iba a continuar con su confesión.
- No quise comentar esto porque estábamos delante de todos, pero creo que esto es algo que tienes derecho a saber. – prosiguió la hechicera. – Cya no solo está impulsada por el amor que siente por ti, sino los celos que tiene hacia la Princesa Zelda.
- ¿Celos? – preguntó, sorprendido. – ¿Pero por qué iba a sentir celos de Zel… de la princesa? Ella es una joven bondadosa y preocupada por su pueblo. Jamás le ha hecho daño a nadie.
- Porque su alma está enlazada con la tuya… desde tiempos inmemoriales.
¿Había escuchado bien? ¿La princesa y él tenían sus almas enlazadas? No comprendía a qué se refería Lana con eso.
- No entiendo…
- Al igual que tú, la princesa ha nacido con un importante destino. Ella es la encarnación de la legendaria Diosa Hylia, quien gobernó nuestra tierra hace milenios, y luchó junto al héroe legendario para erradicar al mal. – contó la hechicera. – Cada vez que la maldad regresa, lo hacen también los elegidos. No solamente los une el destino de acabar con el mal y restaurar la paz, sino el deseo de sus corazones, un lazo de amor que los ata a través del tiempo.
El corazón del joven guerrero latió con prisa ante tal revelación. ¿Un amor inmemorial entre él y la princesa? En ese momento, relacionó el relato de Lana con aquella pintura que vio en la sala secreta de armas, donde se reflejaba el gran sentir de la reina y el guerrero, y que Zelda le había dicho que eran almas destinadas. ¿Qué tal si lo mismo ocurría entre ellos? Una parte de él se emocionó ante tal idea… pero inmediatamente la parte racional le hizo reprenderse a sí mismo por tener esa clase de pensamientos. No comprendía porque cada vez que alguien le hablaba de la regente se confundía, ella solo era su amiga, la apreciaba mucho, ¿o acaso había algo más? No… por supuesto que no. Era imposible que entre una joven tan fina y hermosa como ella, y un chico de origen humilde pudiera haber algo más que una amistad. Ella merecía alguien mejor, y él no tenía nada que ofrecerle.
- Lana, ¿en serio esperas que crea lo que me estás diciendo? – dijo Link, saliendo de sus pensamientos. – No puedo negarlo, la princesa y yo tenemos una amistad muy cercana entre nosotros, e incluso me permite llamarla por su nombre cuando estamos a solas. Pero eso es todo, no hay nada más.
- Eso es lo que crees ahora. Pero con el tiempo, lo verás por ti mismo.
Link solo dejó salir una pequeña risa, como si dijera "sí claro", pero por dentro, se encontraba tratando (inútilmente) de liberarse de falsas ilusiones, y Lana pareció percibirlo.
- Creo que es mejor que te tomes el tiempo, para asimilar lo que te he contado. – dijo la hechicera, entristecida. – Nos veremos en otra ocasión.
Devastada al saber que la imagen de la princesa junto a él se había apoderado del guerrero, Lana se retiró del sitio. Por otra parte, Link no podía sacarse de la mente lo que se había enterado, aparte de que temía que Cya, al pensar que entre él y Zelda había algo, pudiera hacerle daño. Ahora más que nunca debía encontrarla, prevenir que aquella mala y desequilibrada mujer la lastimara.
- Por mi propia vida, juro que ella no se atreverá a tocarte, Zelda. – dijo el joven, tomando con fuerza su pecho.
Pero lo que Link no sabía, era que desde las sombras alguien lo estaba observando, y que también había escuchado cada una de las palabras que había relatado la hechicera Lana.
Un poco más tarde…
Tras decidir que su próximo destino sería el Valle de los Videntes, para encontrar a la hechicera oscura Cya, el ejército de Hyrule se dispuso a hacer las preparaciones finales. Según la información que les suministró Lana, tardarían en llegar al menos una semana a caballo. Tras las últimas escaramuzas, las fuerzas hyruleanas se encontraban algo escasas de monturas, por lo que antes de emprender el viaje tendrían que conseguir algunas para reponer las que habían perdido.
Un pequeño destacamento de soldados, al frente de los cuales se encontraban Link y Alexandre, se dirigía a una pequeña aldea que no estaba muy lejos de la ciudadela. El lancero, en particular, no se veía particularmente entusiasmado mientras llegaban a su destino. Link por su parte no tardó en darse cuenta de que se trataba precisamente de la aldea que él y sus compañeros habían salvado de un ataque de bandidos, cuando aún eran reclutas en entrenamiento, y su mente no pudo evitar volar hacia dicho evento, que contribuyó en gran medida a su promoción temprana a caballeros. El lugar, a pesar de haber sido reconstruido tras el ataque de los bandidos, se veía casi totalmente desierto, ya que, a pesar de no haber sido atacado todavía por los monstruos, la mayor parte de los habitantes habían sido evacuados de manera preventiva. Link no había tenido oportunidad de venir antes, pues al ser el de mayor rango tenía mayores responsabilidades, así que lamentaba que su visita no fuese en otras circunstancias. Alexandre, por otro lado, había hecho bastantes viajes a ese lugar durante el último año. Las suficientes, diría él.
- ¿Qué te ocurre? – le preguntó Link a Alexandre, que se veía ligeramente enfurruñado. – No pareces estar muy feliz de volver por aquí.
- En cambio tú sí pareces estarlo. – replicó Alexandre.
- He estado tan ocupado que nunca pude pasar por aquí. – dijo el espadachín.
- No es que me desagrade el lugar. – dijo el lancero. – El asunto es que cuando estás en la división de caballería, alguien tiene que encargarse de la manutención de nuestras monturas. Siempre tenía que ser yo el que venía a este lugar para comprar alimento para los caballos.
- Pero no todo es tan malo. – dijo Link. – Garrett me dijo que esa chica… ¿cuál era su nombre? Malon, ¿cierto?
- Sí, ¿qué hay con ella? – dijo Alexandre, como si no le diera importancia.
- Que ustedes dos se han hecho muy buenos amigos, ¿es cierto?
- Supongo. – dijo Alexandre. – Necesitaba a alguien que me diera consejos sobre cómo cuidar mejor a un caballo, y en su rancho se produce el mejor alimento para ellos que podemos conseguir en las aldeas cercanas.
- Y para nosotros, la mejor leche. – agregó Link. – ¿Qué? El resto de nosotros estamos de acuerdo en ello.
- Sí, porque soy yo el que tiene que ir por ella normalmente. – dijo Alexandre. – ¿Es que tengo aspecto de chico repartidor o algo así?
- No es nuestra culpa que siempre perdieras con las pajitas. – dijo Link.
El lancero no quiso decir más, pues estaba convencido de que siempre amañaban el juego para dejarle a él esos "trabajitos" que más nadie querría hacer. El lado positivo fue, tal como dijo Link, que en ese tiempo, él y Malon empezaron a conversar cuando sus visitas se volvieron cada vez más frecuentes, y cuando ella quiso a darle algunos consejos de como acicalar mejor a su caballo, antes de darse cuenta empezaron a intercambiar relatos. No que él quisiera admitirlo de dientes para afuera, pero realmente la muchacha le caía bien.
El destacamento atravesó el pueblo con Link y Alexandre al frente de ellos. Se dirigían hacia la zona del pueblo que Link no pudo visitar la última vez que estuvo en ese lugar, pero que afortunadamente para ellos, Alexandre conocía muy bien. Un sendero en la salida al oeste de la aldea llevaba cuesta abajo hacia donde se encontraba el susodicho rancho. Desde arriba se podía ver casi en su totalidad. Era muy extenso, cercado con altas paredes de piedra y la entrada era un gran portón de hierro. En el corral se podían ver algunos caballos corriendo alrededor, y también los techos de los edificios que debían de ser el granero, y la casa.
- Ya es hora. – dijo Link comenzando a caminar colina abajo.
El destacamento siguió a su líder hacia la entrada. Link se sentía un poco mal de tener que solicitar ese tipo de ayuda de parte de los civiles a los que se suponía que ellos, como caballeros, tenían que proteger, pero estando cortos de recursos, no les quedaban muchas opciones. Tomando un profundo respiro, comenzó a sonar la campana en la entrada para que les abrieran, mientras sacaba de su alforja un trozo de pergamino enrollado. Varios minutos después, el enorme portón se abrió, y Link se encontró cara a cara con la chica pelirroja de hacía un año.
- Oh, qué sorpresa. – dijo al reconocer a Link.
- Es bueno verte de nuevo, señorita Malon. – dijo Link. – Lamento que no sea en mejores circunstancias.
- Sí, lo entiendo. ¿Puedo ayudarles en algo?
- Eh, tenemos esta petición oficial de la comandante Impa. – dijo mientras le entregaba el pergamino. – Estamos algo cortos de monturas para la división de caballería, y nos preguntábamos sí podrían proporcionarnos algunas. Por una compensación, desde luego.
- Seguro. – dijo la pelirroja. – Pasen, por favor, los caballos están en el corral de atrás.
Link y el resto de los soldados atravesaron el portón, y Malon lo cerró detrás de ellos una vez que todos estuvieron dentro. Mientras el destacamento se dirigía hacia el corral de atrás, alguien en particular se quedó allí, alguien a quien Malon ya conocía muy bien, pues ya se le había hecho costumbre verlo por allí cada cierto tiempo.
- Por fin tu amigo decidió venir de visita. – dijo Malon.
- Ha estado muy ocupado. – dijo Alexandre. – Especialmente ahora, que le dieron una distinción especial.
- ¿Por eso el nuevo uniforme? – comentó Malon, habiéndose dado cuenta del nuevo traje que llevaba Link, muy diferente al uniforme de los demás soldados, y ciertamente lo hacía destacar entre ellos.
- Es más que un uniforme. – dijo Alexandre. – La comandante Impa dijo que son los ropajes del héroe legendario.
- ¿Héroe legendario? – dijo Malon.
- Conoces las leyendas, ¿verdad? Las que hablan de un héroe que renace una y otra vez a través de las eras cada vez que la oscuridad amenaza a Hyrule. – prosiguió el lancero. – El verde definitivamente no sería mi color, pero…
- ¿Qué pasa? ¿Sigues celoso de él? – dijo Malon. Por su tono, se diría que no era la primera vez que Alexandre venía a hablarle de eso.
- ¿Celoso? ¿Por qué iba a estarlo? – replicó Alexandre, sin esforzarse por ocultar el sarcasmo en su voz. – ¿Porque me venció para el puesto de líder del escuadrón en mi primer día como recluta? ¿O porque la princesa lo eligió como compañero de entrenamiento personal?
Malon quería decirle algo como "ya supéralo", pero en ese momento, sabía que la mejor manera de lidiar con Alexandre era escucharlo hasta el final con todo lo que tuviese que decir. En las visitas que hizo durante ese año, sus conversaciones se dividían entre consejos para cuidar a su caballo, Shadow, o relatos interminables de los logros de Link y como estos le ganaban reconocimientos de parte de la princesa Zelda, a quien claramente Alexandre buscaba (sin mucho éxito) impresionar para conseguir algo de esa gloria para él. Después de un tiempo se le hacía un poco aburrido, pero la pelirroja se veía dispuesta a soportarlo, aunque fuese solo para que su amigo tuviese alguien que lo escuchara.
Minutos después…
Mientras los soldados echaban un ojo a los caballos del corral para elegir sus nuevas monturas, Link se mantenía a distancia, sin intervenir demasiado. Era una suerte que en ese lugar hubiese tantos ejemplares para elegir, y de buena crianza. En el transcurso del año, él también había decidido aprender equitación y mejorar sus habilidades como jinete en caso de que fuese necesario. El problema era que, a diferencia de los demás, Link no había formado ese "lazo especial" que todos los jinetes normalmente formaban con sus monturas con ninguno de los caballos que intentó montar.
Fue entonces que uno de los caballos llamó su atención, y simultáneamente, él hizo lo mismo. No tardó en reconocerla: se trataba de la yegua que "involuntariamente" montó el año pasado, Epona, ese era su nombre. Y al parecer, en cuanto ella lo vio a él, empezó a trotar hacia dónde estaba. Esta vez, ni se molestó en tratar de esquivarla, pensó que no estaría mal saludarla. Por lo visto, su vieja amiga lo había extrañado mucho durante ese tiempo, y él de hecho también pensaba en ella ocasionalmente. Al verla de cerca, se dio cuenta de que no había cambiado mucho durante ese año. La única diferencia notable era que la crin se había convertido en una melena mucho más larga, y a los lados de la cabeza tenía un par de trenzas atadas con listones rojos y azules. Link pensó que se le veían realmente adorables.
- Hola, así que nos vemos de nuevo, Epona. – dijo Link, acariciando la cabeza de la yegua. – Siento no haber venido antes.
Epona aceptó gustosa las caricias de Link, que no pudo detenerse. Durante las clases de equitación, el instructor le dijo en una ocasión que a veces no era el jinete quien elegía a su caballo, sino al revés. Los caballos eran capaces de tener empatía con sus jinetes, lo cual era evidente cuando solo les permitían montarlos a ciertas personas en específico.
- Epona te extrañó mucho. – escuchó la voz de Malon detrás. Link se dio la vuelta para verla. – Creo que le gustó ese pequeño paseo que dieron juntos aquella vez.
- Me asustó un poco, pero… en retrospectiva, hasta creo que fue divertido. – dijo Link.
- Oye, ¿es verdad lo que dijo Alexandre? – preguntó Malon.
- ¿Sobre qué?
- Me dijo que te dieron una… distinción especial. – dijo la pelirroja. – Ahora superas a todos los soldados en rango.
- No a todos, de hecho. – aclaró Link. – Sigo por debajo de la comandante Impa y el subcomandante Azael.
- Je, ¿sabes?, siempre que viene de visita no deja de hablar sobre ti. – dijo Malon. – Parece que le cuesta mucho lidiar con el hecho de que pareces estar por delante de él en todo lo que intenta.
- No soy yo quien quiere competir. – dijo Link. Luego volvió su atención a Epona. – La has cuidado muy bien. Se ve más fuerte que el año pasado.
- He hecho lo mejor para cuidarla. – dijo Malon. – Pero aun así, no ha sido la misma desde aquel día. Creo que ese breve encuentro que tuvieron fue mucho más especial para ella de lo que me había imaginado. Ahora me cuesta más hacerla salir.
Link volvió a mirar a la yegua, quien ciertamente se veía muy feliz de estar con él en ese momento. Malon también lo notó, y decidió acercársele, a decirle algo que estaba totalmente segura sería lo mejor que podría hacer por Epona en aquel momento.
- ¿Quieres llevártela?
- ¿Perdón?
- Para eso vinieron después de todo. – dijo Malon. – Si necesitan caballos, ¿por qué no te llevas a Epona como tu montura personal?
- ¿Llevármela? ¿Yo? – Link no podía creerlo. Fue como si le hubiese leído el pensamiento.
- Tú le agradas, y creo que estará más feliz acompañándote que quedándose encerrada aquí. – dijo la pelirroja. – Necesita salir más, pero… no creo que más nadie pueda hacerla salir, excepto tú.
- ¿Estás segura? – dijo Link.
- Ella no permitirá que nadie más sea su jinete. – aseguró Malon.
Link se tomó su tiempo para pensar un poco en ello. En retrospectiva, por lo que estaba sucediendo con los bandidos atacando la aldea, no se había dado cuenta, pero aquel breve "paseo" en el lomo de la yegua podría haber sido divertido en otras circunstancias. Y después estaba aquel momento mientras Malon iba a prestar declaración con Sir Azael, cuando se le pudo acercar a Epona, pudo sentir esa conexión con la yegua, y una parte de él se sentía con deseos de poder quedarse con ella, pero no podía, pues no era suya. Ahora, tenía la oportunidad de poder quedarse con ella oficialmente. ¿Qué le impedía aceptarla?
- Sé que Epona quiere ir contigo. – prosiguió Malon al ver que Link seguía indeciso. – Si quieres convencerte, llévala a dar una vuelta. No querrá dejarte después de eso.
- ¿Cuánto querrás por ella? – preguntó Link. Una yegua como ella tendría que valer mucho.
- No me debes nada. – dijo Malon. – Solo asegúrate de cuidar bien de ella. Y que el resto de tus compañeros no se enteren.
Link se rio un poco ante ese último comentario. Seguía incomodándolo un poco el "trato especial", pero no iba a despreciar la oportunidad de tener semejante montura personal. Tomando ventaja de que tenía ya puesta la silla y las riendas, Link puso su pie en el estribo y se subió en ella, golpeó ligeramente con los talones y la puso a correr un poco por el corral.
Entretanto, Alexandre se le acercó a la pelirroja por detrás, mientras observaba a Link correr sobre su nueva montura. El lancero no pudo evitar volver a rodar los ojos haciendo su usual gesto de envidia. Parecía que todos le ponían regalos en bandeja de plata a Link a dondequiera que fuese.
- ¿Se la diste gratis? – preguntó Alexandre.
- Muchos han querido comprármela. – dijo Malon. – A todos les he tenido que devolver el dinero porque no deja que nadie la monte.
- Vaya, nunca escuché de un caballo que fuese tan quisquilloso para elegir un jinete. – dijo Alexandre. – Excepto el mío, claro, pero incluso Shadow está dispuesto a confiar más en mis amigos.
- ¿Cómo está, por cierto? – preguntó Malon. – Hace mucho que no lo traes.
- Está muy bien. – dijo Alexandre. – De hecho, cada vez está mejor, entre el alimento y tus consejos para cuidarlo.
- Me alegra que te sirvan. – dijo la pelirroja.
Los dos se quedaron observando por un rato mientras Link hacía su "paseo de prueba" en el lomo de Epona. La trabajadora del rancho no pudo evitar ver de reojo que el lancero no dejaba de ver a su antiguo compañero y líder de escuadrón con esa mezcla de admiración y envidia que lo caracterizaba. Malon ya estaba acostumbrada a eso, ya que siempre tenía que soportar los relatos que tenía sobre él cada vez que venía de visita. Lo extraño era que no le molestaba que fueran sobre sí mismo. Ella creía que Alexandre tenía sus méritos, pero no dejaba de compararse a sí mismo con Link, ya que él siempre parecía superarlo en todo.
- Y allí se fue la única área en la que tenía algún derecho de presumir. – dijo Alexandre, mirando como Link dirigía a la yegua por todo el lugar.
La razón de este comentario era que, cuando se conocieron, él era mejor jinete que Link. Pero el espadachín se dedicó a practicar durante ese año, solo que jamás encontró una montura que estuviese a la altura de Shadow, pero ahora sí la tenía. Por su estimación, Epona parecía correr igual o tal vez más rápido que Shadow.
- ¿Pasarás el resto de tu carrera como caballero comparándote con él? – preguntó Malon.
- Claro que no. – dijo Alexandre. – Solo hasta que pueda hacer algo mejor que él, o algo que él no pueda hacer.
- ¿A quién intentas impresionar? ¿A la princesa Zelda? – preguntó, mostrándose ligeramente incómoda.
- A ella no, ya que está desaparecida. – respondió Alexandre. – Aunque cuando la encontremos… después de todo, si hubiese sido yo el que ganó aquella vez…
- Es increíble. – dijo la pelirroja. – Sabes, a veces no entiendo qué es lo que quieres probar.
- ¿Qué quieres decir con eso? No tiene nada de malo que quiera hacerme de un nombre como caballero. – dijo Alexandre.
- Alexandre, en todo este año no has parado de decirme que no eres lo suficientemente bueno, solo porque Link es mejor que tú. – dijo Malon, poniendo los brazos en jarras. – Tal vez por un momento, deberías dejar de compararte con él y verte por lo bueno que eres en realidad.
- ¿Por qué me dices eso?
- *Suspiro*. Si tú mismo no puedes verlo, no sé por qué yo sí. – dijo la chica dándose la vuelta. – Si me disculpas, tengo que hacer las cuentas por los caballos que les voy a vender. Espero que les sirvan bien.
Y sin decir más, la pelirroja se alejó. Alexandre pudo notar que parecía irse pisoteando con fuerza, lo cual siempre hacía, por el tiempo que llevaba de conocerla, cuando estaba enfadada por algo, o por alguien. ¿Había dicho algo que la había ofendido?
- ¿Qué es lo que le pasa? – dijo el lancero rascándose detrás de la cabeza.
Al mismo tiempo, a la distancia, el pequeño intercambio entre Alexandre y Malon no pasó totalmente desapercibido para Link, que no pudo evitar sonreír un poco, pues a pesar de que no podía oírlos, tenía más o menos una idea de lo que estaban hablando. Alexandre no hablaba demasiado de sus visitas al rancho, pero siempre que mencionaba a la chica, solo decía que era una buena amiga que siempre estaba dispuesta a escucharlo.
Tras terminar su paseo en Epona, Link se dirigió a hablar con Malon para terminar de cerrar el trato. En total, el destacamento se llevó diez ejemplares para la división de caballería, además de Epona. Link insistió en pagar por ella, pero Malon le devolvió la bolsa de las rupias antes de que se fueran de regreso al castillo. La pelirroja no tenía intenciones de retirar su oferta, el único pago que quería era que cuidase bien de ella. Prometiendo que así lo haría, el joven espadachín guio a la yegua afuera del rancho, y esta se veía muy entusiasmada de poder salir a recorrer el exterior con su nuevo dueño. A su vez, Link tenía el presentimiento de que Epona sería una valiosa aliada y compañera, y que los dos llegarían a ser muy buenos amigos.
En la noche, en los terrenos de entrenamiento…
Concluido el día, todos los soldados del ejército de Hyrule se retiraron a descansar, pues en pocos días partirían hacia su próximo destino. Solo uno de ellos se había quedado a entrenar un poco más.
Link continuaba practicando con sus muñecos de entrenamiento, pues el resto de sus compañeros no podían seguirle el paso más por ese día, y él aún no se sentía con ganas de dormir. Eso no era de extrañarse; después de todo lo que había sucedido, se había prometido a sí mismo volverse más fuerte, al sentir que había fallado en proteger a la princesa y no volver a cometer ese error. A pesar de eso, esos muñecos ya no le parecían suficiente, y cuando terminó de derribar al último, exhaló un suspiro de resignación.
- ¿Seguirás observando, o vas a salir de una vez? – preguntó, como si hablase con alguien.
En respuesta a su pregunta, Sheik emergió desde las sombras tranquilamente detrás de él. El joven Sheikah no pareció perturbarse ante el hecho de que Link se hubiese percatado de su presencia, aun cuando se esforzase en ocultarla.
- ¿Hace cuánto que te diste cuenta? – le preguntó.
- No mucho, en realidad. – dijo Link. – ¿Qué estás haciendo por aquí?
- Podría hacerte la misma pregunta. – replicó Sheik. – Todos los demás ya se han ido a descansar.
- Me sentí con ganas de entrenar un poco más, es todo. – dijo Link. – ¿Cuál es tu excusa?
Sheik no respondió verbalmente. Seguro esa era otra de las "cosas que no podía decirles". ¿Estaría vigilándolo a él? No, eso no podría ser posible.
- Ya entendí, no puedes decírmelo. – se respondió a sí mismo el espadachín al ver que su compañero no quería hablar. – En ese caso, ¿por qué no me ayudas con mi entrenamiento un poco?
- ¿Ayudarte con tu entrenamiento?
- Me vendría bien un oponente diferente. – dijo Link. – Tú tienes un estilo único, y a pesar de que Sir Azael y la comandante Impa también son Sheikahs… el tuyo es totalmente diferente y me gustaría comprobarlo por mí mismo.
- ¿Estás seguro? Luces como que podrías necesitar un buen descanso en este momento. – dijo Sheik. – Además… no creo poder vencer al héroe legendario en un encuentro uno a uno.
- No me interesa ganar o perder. – dijo Link. – Escucha, que sea a un solo asalto. Compláceme en esto, y me iré a descansar, ¿satisfecho?
Sheik se quedó mirando fijamente a Link, tomándose su tiempo para considerar lo que le acababa de pedir. No tendría nada de malo. El joven Sheikah dejó su lira en un lugar apartado y tomó un par de kunais antes de adoptar una postura defensiva.
- No utilizaré mi lira, si eso está bien para ti. – declaró.
- Me parece justo. – dijo Link, colocándose también en guardia con su escudo y espada.
Link decidió hacer el primer movimiento, lanzándose con un corte vertical. Sheik respondió colocando los dos kunais para bloquear el filo de su espada mientras se agachaba y usaba sus piernas para tomar impulso y empujar a Link para alejarlo. Ya que el espadachín sujetaba el escudo con la mano derecha, la decisión más lógica parecía ser atacarlo por el izquierdo. El joven Sheikah rodeó a su oponente mientras guardaba momentáneamente uno de los kunais para tener una mano libre, y extraía unas cuantas agujas para arrojárselas. Link sin embargo pudo girarse para bloquearlas con el escudo y eso le permitió acercársele para iniciar un combate a corta distancia. Sheik volvió a tomar rápidamente el segundo kunai mientras Link comenzaba un rápido asalto con su espada. A corta distancia Link parecía llevar la ventaja, pues Sheik solo retrocedía y bloqueaba los cortes con sus kunais, aunque era impresionante el solo hecho de que lo hiciera utilizando armas tan pequeñas contra una espada larga. Link tomó impulso para dar una estocada, pero Sheik saltó dando una voltereta por encima de él, e incluso alcanzó a apoyarse en su espalda para dar otro salto y alejarse más. Un segundo después, Link sintió algo punzante clavarse cerca de su rodilla derecha.
- ¡Ah!
Cuando miró, se dio cuenta de que Sheik le había clavado con éxito una de sus agujas. No siguió presionando, así que Link tomó ventaja de esto para extraerla y volver a atacar. Pero apenas unos segundos después empezó a sentir algo extraño en la pierna, como si de pronto fuese más pesada y no pudiese moverla bien. Solo duró un momento, pero le bastó para dar un tropezón que Sheik aprovechó sin dudarlo, eliminando la distancia entre los dos y colocándole sus dos kunais debajo del mentón, pero deteniéndose antes de herirlo.
- Está bien, tú ganas. – reconoció Link. Probó mover de nuevo la pierna para asegurarse de que se había recuperado del todo. – ¿Puedo preguntar qué hiciste?
- Mis agujas inyectan un paralizador. – dijo Sheik. – No dura mucho, como habrás notado, solo lo suficiente.
- Ingenioso. – admitió Link. Sheik no parecía muy fuerte físicamente, pero sabía hacer buen uso de su arsenal.
- No te sientas mal, si lo hubieras sabido, tal vez las cosas habrían sido diferentes. – le dijo Sheik, como si leyera el pensamiento.
- No, descuida. Siempre está bien aprender algo, aunque haya perdido. Eso para mí es una victoria.
Al decir estas palabras, un torrente de recuerdos llegó sin aviso a la mente del joven héroe. Los recuerdos de todas esas sesiones de entrenamiento con la princesa Zelda. Todo lo que aprendió con ella, todos los momentos que compartieron, las historias que intercambiaron…
- Cuanto extraño nuestros entrenamientos… Zelda. – expresó, mostrando dolor en su semblante.
- ¿Tanto la extrañas?
Se maldijo a sí mismo por aquellas palabras. Sin haberse dado cuenta, había pensado en voz alta, y Sheik lo había escuchado, quien a pesar de siempre ser discreto y callado, no se contuvo en aquella pregunta.
- Yo…
- Ya te dije que no tienes que preocuparte. La princesa está bien y pronto la verás. – dijo Sheik, mostrándose serio. – Aunque a pesar de eso, se ve que te ha afectado mucho su desaparición. Debe significar mucho para ti la joven monarca.
- Es normal que signifique mucho para mí. – dijo Link, serio. – Ella es nuestra soberana, si algo llegara a pasarle el reino entero se iría a la ruina. Además, mi deber es encontrarla y velar por su seguridad, por la misión que se me ha encomendado.
- ¿Tanta devoción sientes por ella? – preguntó el Sheikah. – A decir verdad, si no hubieras dicho todo este argumento, pensaría que tu aprecio por la princesa va más allá de respeto y admiración… ¿sientes algo por ella?
Al escuchar aquella pregunta, Link sintió como una dolorosa punzada se formaba en su pecho. Ya no era la primera vez en la misma semana que le preguntaban algo como eso.
¿Qué era lo que sentía por Zelda? ¿La quería como amiga o como algo más? ¿O acaso la…? ¡Ya no más! Ya tenía que sacarse esas ideas de la cabeza. Era absurdo, ¿por qué pensar en que su aprecio iba más allá de eso? ¿De ser un simple sentir?
- ¡NO! – contestó, descontrolándose sin entender por qué, mientras su corazón latía con prisa. – Yo no siento nada por ella… es decir, nada más allá de la amistad. ¿Qué es lo que pasa últimamente? ¿Acaso todos piensan que entre ella y yo puede pasar algo? ¡Es absurdo! ¿Entendiste? ¡ABSURDO!
Sheik se mantuvo callado al ver el descontrol del joven, nunca se imaginó que se iba a poner así con su pregunta. Aunque con la misma escuchó la respuesta que deseaba, aunque esta haya sido entre líneas.
- Espero que mi respuesta te haya quedado clara… lo que siento por la princesa es admiración y respeto. – aclaró, nervioso. – ¡Solo eso! Ahora, si me lo permites, me voy a descansar, y espero que nadie me vuelva a tocar este tema. Podré ser supuestamente un héroe legendario… pero tengo los pies muy bien puestos sobre la tierra.
Sin haber meditado la importancia de sus últimas palabras, Link se retiró del campo de entrenamiento, dejando solo al joven de las sombras. Sheik, por su parte, simplemente se dio la vuelta para retirarse, pero sin poder evitar ponerse una mano en el pecho mientras sus mejillas se sonrojaban intensamente, pues con la confesión del héroe, más la conversación que este había tenido con Lana, no había duda que las cosas estaban cambiando dramáticamente… en la vida de los dos.
Esta historia continuará...
Comentarios finales:
ARTEMISS: Hola, aquí les traemos nuestro primer capítulo del año, el cual es nuestro segundo interludio, los que para ser sincera más me gustan, pues así vemos la interacción de los personajes de una manera más natural, sin estar en el campo de batalla.
Este capítulo es especial para mí por dos razones. Primero porque mi personaje Azael ya ha sacado las uñas, o sea, ya se mostró tal cual es al estar a solas con Impa, aunque de todas maneras no perderá la estrictez, pero a partir de ahora ya no se mostrará tan serio, mucho más si convivirá con los chicos de manera más personal. Y sobre nuestro héroe, como podrán darse cuenta, ya está teniendo una lucha contra sí mismo, negándose el hecho de tener algún sentimiento por la princesa más allá de la amistad, mucho menos una relación cercana. Aunque todos sabemos que eso es una máscara, pues aquel sentir siempre ha estado dormido, y solo despierta al encuentro con la persona con quien siempre ha compartido su destino... y sobre Sheik, bueno, no es un misterio de quién se trata, por lo que es normal que esté experimentando los mismos cambios, sobre todo ahora que es el que se relaciona más con Link, pues con los demás casi ni habla. Obvio eso es por un motivo especial.
Espero que este capítulo les haya gustado, antes de que acabe el mes estará el siguiente publicado.
¡Hasta pronto! ^^
FOX: ¿Qué tal, amigos? Mis disculpas para quienes esperaban con ansias el debut oficial de Cya en la historia, pero este interludio nos sirve como un respiro para cuando llegue el momento, y aparte de eso, también para algunas interacciones entre los personajes (especialmente una que sé que muchos esperaban, la de Impa y Azael, sacando a relucir ese "otro" lado suyo que ya le conocen), y otros detalles menores pero importantes, como un vistazo preliminar a las habilidades de la espada de Ruisu. Siendo que Cya será la antagonista principal por la mayor parte de la historia, tenemos que preparar su entrada para hacerla a lo grande, ustedes entienden a qué nos referimos.
Ahora, quienes me sigan en DeviantArt ya estarán enterados de esto, pero quienes no, es mejor que ya les avise. Por motivos económicos, tendré que trasladarme a una universidad más cerca de casa, pues no podré continuar pagando la residencia por mucho tiempo más, así que la próxima semana iré a Barquisimeto para ir atando los cabos sueltos, ya saben, solicitar los papeles para el traslado, ir preparando la mudanza, y ese tipo de cosas, lo que sin duda ocupará gran parte de mi tiempo. No estoy seguro de cuantos días me lleve, pero estimo que una semana al menos antes de regresar. De todas maneras, me esforzaré por cumplir con esta historia (y también las otras que tengo pendientes) antes que termine el mes. Solo para que lo supieran.
Gracias por los reviews a Dark Cat, IA99, ZarcortFan25, SindaNeko, Rarie-Roo 07, klyVan, darkdan-sama, Niakuru, Athorment y Kaioshin135. Todos saben lo mucho que significa su apoyo para Artemiss y para mí, y esperamos que continúen siendo tan geniales como hasta ahora. Hasta el próximo capítulo.
