Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
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Angiie
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"De los infiernos que he probado, volvería a ti… porque sabías a cielo"
De la confusión.
-…Muy, muy jodida. – No me tomó demasiado tiempo llegar a esa conclusión de manera extra oficial. Digo, después de meditarlo 2 semanas y consultarlo un par de veces con mi almohada, era más que oficial: Tal cual como me lo había advertido mi mejor amiga, oficialmente yo estaba completamente jodida. Completa y absolutamente, de pies a cabeza. Sobre todo en mi cabeza. – Oh… Mierda. – Suspiré antes de morder mi labio inferior con leve rudeza.
Jodida. Esa palabra había estado rondando en mi cabeza desde algún tiempo atrás. Casi hasta podría jurar que soñaba con ella. Era tan cierta, tan acertada y tan perfecta para describir mi situación actual que me erizaba la piel sólo de pensarlo.
Ese incomodo momento cuando descubres que si buscas las palabras "Absolutamente jodida" en internet aparecerá tu nombre y dirección. Bueno, no. Quizá no tanto así, pero… ¿A quién engañaba? Me estaba llevando la completa mierda y lo peor es que no me terminaba de cuadrar el porqué.
Sin duda el que yo lo esté reconociendo debe ser un avance. Aunque, ¿desde cuándo mi vida había decaído de esa manera? Definitivamente yo nunca había sido de esa clase de mujer cuyos problemas consumen su vida en cuerpo y mente. O al menos eso aparentaba. ¿Por qué ahora? El trabajo en el que me desempeñaba no me permitía titubear ni un segundo, todo debía marchar de manera sincronizada porque había aún más que perder con una falla. Se trataba de vidas pequeñas en mis manos y siempre se me había dado bien el diagnosticar y solucionar con rapidez y precisión, ¿Por qué no podía hacer lo mismo con mi vida personal? Siempre, siempre, me había considerado a mí misma como un imán para atraer problemas innecesarios en mi vida. Y no necesitaba ayuda para conseguirlos, y cuando conseguía meterme en uno grande… ese maldito problema me carcomía lentamente la cabeza hasta que explotaba de ira y le encontraba una apropiada solución. Sin embargo, esta vez la ira estaba presentándose de una forma más desesperante y seguía sin buscar soluciones. Por más que lo intentaba, por más que lo meditaba… Nada. No dejaba de pensar y pensar y… seguía pensando, pero el resultado era siempre el mismo: No había respuesta o solución. O no quería encontrarlo.
Un ligero escalofrió me recorrió de pies a cabeza.
Necesitaba buscar una solución, necesita reflexionar y llegar a una acertada conclusión. Pero, claramente, primero debía establecer cuál era el verdadero problema que me hacía sentir tan miserable… Si tan sólo fuese tan fácil, pero no. No es como sentarte en una silla, en una cafetería y que de repente todos tus problemas se solucionaran con el primer trago de tu perfecto café americano. Era absurdo y patético. Sobre todo porque aunque quisiera negarlo, en esos momentos Sasuke era lo único que tenía en mente y eso no estaba nada bien. Ni siquiera podía concentrarme en buscar cuál era mi dilema… No tenía nada más que la estúpida idea de que por alguna ilógica razón algo no estaba sintiéndose como debería con Sasuke a mi alrededor. ¡Y no era así como se suponía que fuesen las cosas! Se supone que había dejado las dudas y temores a un lado, supuestamente había dado el siguiente paso hacia el sexo sin ninguna vacilación, segura de lo que hacía y de lo que arriesgaba, además completamente consciente de lo que estaba prohibido hacer o sentir.
Y entonces… ¿Por qué ahora surgían esos inmundos y desagradables sentimientos que me hacían sentir tan estúpidamente confundida? ¿Por qué ahora, que me sentía completamente satisfecha en todos los ámbitos que me importaban, algo estaba arruinando mi pequeña porción de felicidad? ¿Por qué yo? ¿Por qué él? Definitivamente algo ya no era normal dentro de mi cabeza.
Había creado hipótesis de a que se debían esas ideas, pero…cada una era peor que la otra. Y al final de cuentas, era estúpido negar que quizá la opción a la que más le temiera fuera la correcta.
Traté de repasar en mi mente los eventos relevantes sucedidos desde aproximadamente un mes y medio atrás: Le propuse a Sasuke tener sexo, él aceptó, nos provocamos lentamente, fuimos a una boda juntos y después de ella tuvimos sexo 3 veces en una muuuy larga noche, a la mañana siguiente volvimos a hacerlo y… luego de nuevo, y… ¿En qué momento empezó, desde cuando las dudas surgieron? Sin duda yo fui demasiado consciente de que las cosas ya habían cambiado desde el momento en que volvimos de aquel viaje a la playa, e inclusive desde antes… pero… ¿Tanto como para perder la cabeza de esa manera? ¡Quizá yo sólo había estado cometiendo error tras error y todo esto se hubiera evitado de nunca haberle propuesto a Sasuke tener sexo…! ¡Re mierda! Todo debido a ese estúpido trato que se me ocurrió tener con Sasuke. La idea de tener esa clase de tratos con él implicaba dejar a un lado las confusiones o malos entendidos… la idea era simple, clara y evidentemente abierta a cambios. Pero… ¿A quién engañaba? Haberme involucrado de esa manera con él había sido lo más excitante de mi vida… mierda que sí. Aquél hombre era demasiado perfecto como para no haber tenido el enorme placer de coincidir con él en esta vida. Simplemente no podía arrepentirme de ello, salvo de… mí arruinando emocionalmente el asunto.
Mi estómago se contrajo involuntariamente en cuanto pensé en aquello y reprimí un jadeo desesperante mientras mordía mi labio inferior.
Después de tanto y de nada, después de esto y aquello… ¿Qué tantas posibilidades habían de que yo hubiera caído en la trampa de la cual venía huyendo desesperadamente? ¿Sería tan, tan, tan malo aceptar abiertamente que quizá esos sentimientos de confusión se debían a mi enamorándome de Sasuke? Sin duda era un viejo cliché enamorarse de alguien que siempre había considerado sólo un amigo. Definitivamente eso me tenía agotada mentalmente. Porque, ¿en qué extraño mundo te enamoras de la persona con quien se supone sólo tendrías sexo? ¿Siquiera estaba eso permitido? Seguramente esa era la regla principal de las normas de etiqueta no establecidas acerca de amigos que tienen sexo sin compromiso: No enamorarte de tu amante. Pues bien, quizá yo había roto la norma. ¡Por Dios! Eso no era bueno. ¡Yo debía ser la PEOR amiga sexual del mundo! ¿Qué rayos pasaba conmigo?
Y en base a ello, retomo mi anterior teoría personal: Oficialmente, pasando por cada célula en mi interior y por cada delgado y quebradizo cabello en mi piel, yo estaba demasiado… absoluta, completa e inevitablemente… jodida.
Bueno, igualmente no estaba 100% segura de estar enamorada. Aún debía pensar y meditar ciertos puntos y volver a pensar… porque esta vez al igual que las demás, no sólo se trataba de mi persona en juego. Había más que arriesgar y…
Oh, mierda. Ojalá eso fuera el único problema que me agobiaba. Ojalá.
¿Dónde quedó esa pequeña Sakura de 5 años cuya única preocupación era llegar temprano al colegio para ganar el lugar más cercano a la ventana? Esa Sakura había crecido y se había convertido en una maldita perra rompe amistades y folla amigos.
Torcí los labios en un gesto de desagrado hacía mi persona. Quizá también estaba enloqueciendo y no era para menos. Pensar que estaba enamorada de Sasuke, como sí no fuera un acontecimiento de gran peso en mi vida, sólo era el resultado de una serie de eventos pero no era el problema principal. Definitivamente el problema no era estar enamorada de Sasuke… sí es que lo estaba. Por increíble que parezca eso no era lo que me tenía tan aturdida. Por más que quisiera negármelo a mí misma ya era tarde, había posibilidades de que fuera amor y eso era una mierda. Sin embargo, había algo aún más mierda…. Quizá yo estaba enamorada de él, pero ¡él de mi no! La razón por la que me sentía tan… así, era porque en este trato… la única que había fallado era yo. Y para empeorarlo: Él nunca, jamás, me amaría. No era una cuestión que se resolviera exponiendo mis sentimientos o declarándome románticamente, en caso de ser necesario. La cuestión no era debatible. Yo había sido quien estúpidamente se había metido en este lío. Sólo yo. MIERDA.
Estaba enamorada y estaba jodida… que para todo caso, era lo mismo.
Vaya, vaya…– Fruncí el ceño.
Sí tan sólo ese maldito no hubiese sido tan… tan él mientras me estaba… ¡El culpable con total seguridad era Sasuke! Él, no había otro culpable, más que él. Ese idiota con sus labios delgados y su espalda ancha y provocadoramente rasguñable. Ese desgraciado con su forma tan ruda y a la vez tan satisfactoria de coger. Ese maldito pervertido con su lengua experta y su miembro tan… ¡Oh, maldita sea! ¿Ni sintiéndome miserable conmigo misma dejaba de pensar en ese pene? No es como si fuera el único pene que haya visto antes o el más grande o el más grueso y caliente… pero… No habría sido el mejor pene que me había cogido… pero en definitiva fue el que más me hizo sentir… y eso era aún más mierda que toda la mierda que ya sentía.
¿Por qué me pasaban estas cosas a mí? Yo realmente puedo asegurar lo maravillosa y dadivosa persona que soy. ¿Por qué la vida me recompensaba de esta manera?
Chasqueé la lengua mientras deslizaba una mano por mi cabello. Daba igual todo. Mi cabeza estaba a punto de reventar de tanto pensar. Ya hasta me sentía enredada, somnolienta, cansada y muy… en verdad, confundida. La cabeza me estaba doliendo, me estaba matando, como si miles de agujas pequeñas se estuvieran clavando lentamente en ella. Era insoportable. Y el lejano ruido procedente de la habitación en la que me encontraba no ayudaba para nada. El molesto ruido estaba acrecentando el dolor palpitante en mi cabeza y eso me desagradaba por completo. A la lista de mis malestares, podía agregar ahora: Malhumorada. Estaba confundida, somnolienta, cansada, adolorida y malhumorada. Me atreví a sospechar que el término "Amargada" sonaba mejor, pero sería un insulto para mí misma. Lo que menos quería en ese momento era seguir recordándome lo patética que ya sabía que era.
Necesitaba estar sola.
Definitivamente lo necesitaba. Necesitaba mi cama, necesitaba mi espacio, necesitaba una almohada, necesitaba… me necesitaba a mí. Yo en verdad necesitaba a esa vieja yo, la Sakura más sensata, más calmada y calculadora. Esa Sakura, seguramente, ya hubiera encontrado una considerable solución y sin tener que matarse tanto pensando y pensando. Necesitaba estar sola con aquella Sakura. Lejos de toda esa monótona vida exterior que me distraía de aquella agonizante autocompasión en la que yo misma me había enrollado. Necesitaba estar sola. Necesitaba pensar muchas cosas extrañas que normalmente no me quitaban el sueño: mi vida, el rumbo que tomaba, hacia donde me estaba llevando,… necesitaba recuperarme. Necesitaba estar en cualquier lugar, menos donde me encontraba. El molesto ruido de la humanidad a mi alrededor no me dejaba concentrarme en tenerme un poquito de lastima propia. No me dejaba quejarme mentalmente como quería y eso me estaba resultando especialmente molesto.
Si algo era seguro, era que en mi mente no estaba donde se suponía que debía estar. Mi cuerpo estaba presente, mi mente no. Mi mente estaba totalmente deshecha y sin ganas de trabajar por un buen rato. No así, mi acelerado corazón.
Ladeé mi cabeza discretamente para esconder un pequeño bostezo que escapó de entre mis labios, los cuales cubrí educadamente con la palma de mi mano derecha. Estaba aburrida y me sentía mentalmente agotada. Quizá irme a casa en ese momento sería lo mejor. Después de todo, no recordaba con exactitud cómo es que había llegado a ese lugar, pero sí algo era seguro es que ya no quería estar allí.
Fruncí el ceño, enfadada. La idea de huir discreta y rápidamente, no sonaba tan mal en ese momento. Aunque quizá sí muy infantil.
¿Alguien notaría sí salía corriendo del lugar?
Sabía que estaba rodeada de gente pero la sensación de soledad era lo que necesitaba más que la compañía de alguien.
Es patética mi situación, pero era más estúpido no poder dejar de pensar en ella. Quizás sólo necesitaba pensar en otra cosa… pero me resultaba complicado. Por alguna extraña pero obvia razón ya no podía sacarme de la mente a Sasuke. Oh, mierda. No se suponía que las cosas resultaran de esta manera. Se suponía que mi idea había sido planteada con el fin de encontrarme con Sasuke en un plano meramente carnal sin emociones de por medio, y ahí estaba yo siendo la primera en sentir frustraciones mentales por no poder decidirme acerca de mis sentimientos hacia él. Se supone que una vez que aceptas tus sentimientos todo debería ser más fácil. Se supone que estar enamorada es ver todo color de rosa, corazones, mariposas y felicidad en cada poro de mi cuerpo… ¿Por qué no me sentía así? ¿Por qué era todo lo contrario? Es decir: no me sentía tranquila, ni feliz, ni despreocupada. Obviamente era todo lo contrario. Nada estaba resultando como se supone que debía. Quizá las cosas fueran más sencillas si me hubiera enamorado de alguien más. Si pensaba en alguien más… todo hubiera sido más fácil. Después de todo, era Sasuke Uchiha en quien pensaba. Era mi mejor amigo y yo había sido quien le había propuesto que lleváramos la relación que teníamos. Todo había iniciado a raíz de mi propuesta. Quizá si era mi culpa. Y sí estaba en lo cierto, ¿Cómo solucionarlo sin herirme en el intento? Sí por algún motivo yo intentaba hablar con él… sería enfrentarme al rechazo directamente. Pensar en hablar con él de mis sentimientos era una ida directita y sin retorno al inminente rechazo. Todo terminaría mal… en todos los sentidos. Sería incomodo para mi verle de nuevo, él me evitaría y yo sería una víctima más de la temida friendzone. ¡OH MIERDA! Yo, ¿en verdad estaba preparada para ese inevitable rechazo? ¿En verdad me merecía ser excluida de su vida por un terrible error? Era obvio que las cosas no serían favorables para mí. Conocía a Sasuke, lo conocía tan bien como para saber que cometer ese error con él sería la perdición. Entonces, ¿Cómo…?
Fruncí el ceño.
Igual y no era para tanto, es decir… quizá y no necesitaba decirlo. Aceptarlo con Ino, quien de todas maneras tarde o temprano se enteraba de los detalles de cualquier cosa, debía ser lo más lejos que podría llegar. Mis pensamientos no podían ser tan verídicos. Mi mente solo estaba jugando cruelmente conmigo, porque… ¿Cómo podría estar tan segura de que estaba enamorada de Sasuke, sí ni siquiera estaba segura de alguna vez haber estado tan locamente enamorada? ¿Y sí sólo se tratara de un error mío, Y sí sólo se trataba de mi estúpida mente dándome una mala jugada? Quizá y no era algo… muy seguro, porque nadie me aseguraba que lo que sentía en realidad sí era amor. Quizá fuera algo pasajero y con el tiempo lo superaría, como había superado a Sasori. Darme cuenta de que después de tantas cosas Sasori no fue el indicado fue duro años atrás, pero no fue el fin de mi vida. Quizá en unas semanas me dé cuenta del error monumental en el que mi mente me está metiendo… y me reiría de esto.
Quizás.
Las dudas lejos de hacerme hundirme más en la miseria, me dieron un rayo de esperanza.
¡Por supuesto! Todo sería tan repentino como la gripe, como… ¡un malestar estomacal! Eso cubriría exactamente la parte de la curiosa sensación de mi estomago cuando veía a Sasuke y esos dolores de cabeza repentinos. Esa desesperación que sentía por verle sólo se debía a que con él mi cuerpo deseoso ocultaba mi organismo descontrolado y enfermo.
Qué curioso. Todo este tiempo rompiéndome la cabeza pensando, y… al final, todo aquello que me preocupaba era una estupidez. No estaba enamorada, ¡maldita sea! Sólo era probable que estuviera enferma… física y mentalmente. Una cálida sensación en mi interior acompañada de ganas de devolver estrepitosamente el estomago aprobaron mi teoría. Todo se debía a una simple enfermedad estomacal. Probablemente el haber estado bajo presión en las últimas semanas provocó que mi estómago no digiriera bien mis alimentos y todo se había acumulado en una enfermedad estomacal. Quizá hasta tenía lombrices intestinales… ¡Eso es! Todo estaba resuelto. Nada de amor, sólo… estaba equivocada.
-Oh, mierda… – Susurré demasiado bajito. – Qué patética soy.
Debía estar en una fase muy avanzada de la desesperación como para tratar de engañarme a mí misma con esos absurdos pretextos.
Un estrepitoso ruido de un cristal rompiéndose cerca de mi me sobresaltó. ¿Y ahora…?
-¡YO NO FUI! – Dije alarmada y llevando una mano a mí pecho por el susto repentino. – Mierda…
-Claro que no fuiste tú, frentona. – una risueña voz me asustó un poco más que el anterior ruido. Yo… estaba acompañada. Parpadeé efusivamente repetidas veces tratando de suavizar el ligero ardor en mis ojos provocado por haber mantenido mi vista fija en un punto específico, sin parpadear. Sobra decir que fue un punto vacio y desconocido, porque realmente estaba perdida en mis pensamientos. Bajé la mirada hacía mi regazo y mordí mi labio inferior. ¿Dónde estaba? Dejé que mis ojos subieran y recorrieran rápidamente el lugar en busca de quien me había llamado. Quien quiera que fuera. Parpadeé de nuevo. Bien. Estaba en una mesa cuadrada, en un lugar ruidoso, cerca de una ventana y… Definitivamente no estaba sola. Entonces lo recordé: Ino y Hinata estaban desayunando conmigo en el Ichiraku. Oh, inclusive Temari estaba con nosotras. Todas tenían una taza de café y panecillos frente a ellas… igual que yo. Sus rostros eran una graciosa mezcla de preocupación y confusión. Mierda.
-¿Qué fue…? – Tartamudeé sólo por decir algo. Esto de llamar la atención como lo estaba haciendo no era muy agradable. – ¿Qué pasó?
-Un niño rompió un plato en la mesa de al lado. – Hinata respondió haciendo una discreta seña con su cabeza hacía donde ya había alguien recogiendo los pedazos de vidrio restantes. – ¿Te encuentras bien, Sakura? – Susurró acercando lenta y tímidamente su mano derecha hacia mi rostro. Posó suavemente el dorso de su mano en mi frente y frunció el ceño. – Estás pálida. – Dijo en cuanto retiró su mano de mí.
-¿Todo bien? – Ino entrecerró los ojos observándome fijamente.
-Supongo. – Me encogí de hombros. Era pésima para mentir, esperaba que no lo notaran… tanto.
-¿Dónde has estado? – Ino se cruzó de brazos. – Te has perdido de toda la conversación.
-Oh… – sentí mis mejillas arder levemente, seguramente sonrojándome. – Lo siento. – Fue lo único que pude responder. Ni siquiera sabía de qué estábamos hablando, si es que lo estábamos haciendo. Lo último que pude recordar en esos breves segundos antes de mi periodo mentalmente inestable, fue que Ino ordenó una ensalada al igual que Temari, Hinata pasta y yo una sopa, la cual tragué mecánicamente sin tomarme mucha molestia en degustarlo como era debido. Eso explicaba la molestia estomacal que sentía en esos momentos… y quizá también mi estúpido lapso repentino de idiotez. Ahora mismo tenía una taza de café frente a mí, la cual… Oh, sí. Ni siquiera le había dado un solo sorbo. ¿Cuánto tiempo me había perdido mentalmente? – Lo siento. – Repetí en un ronco susurró que salió de mis labios y carraspeé suavemente. En verdad estaba muy avergonzada. – Sólo estaba…
-Perdida. – Temari terminó por mí. – ¿Dónde? – Posó el dorso de su mano derecha sobre su puntiaguda barbilla.
-Sólo… – Tragué saliva, nerviosa. – No lo sé… – Tomé rápidamente la taza de café entre mis temblorosos dedos y me dispuse a dar un enorme sorbo tratando de calmar el ambiente hostigador sobre mi por unos segundos, también porque pensaba que mi café me ayudaría a calmarme. Llevé la taza a mis labios esperando sentir el café caliente, más no fue así. Todo lo contrario. El café estaba terriblemente frio. – ¡Iugh! – Fruncí el ceño sabiendo que mis labios habían formado una mueca de desagrado. – Se enfrió.
-Normal. – Ino entrecerró los ojos. – Llevas casi 30 minutos distraída y el café se enfrió porque el clima está frio ahí fuera. ¿Lo ves? – Señaló a una pareja que entraba con sombrillas húmeda en las manos. –Te advertimos que bebieras rápido el maldito café pero quien sabe donde estuviste perdida.
¡¿30 minutos?! Abrí la boca, totalmente sorprendida. Realmente no fui consciente de nada a mí alrededor, en mi mente todo había sido taan rápido.
-Lo lamento, yo… – Traté de justificarme, de nuevo. – No sé qué me pasa, es que…
-Estás jodida, lo sabemos. – Temari me interrumpió, de nuevo, mientras movía con una cucharilla el restante de su café.
-Yo… – Parpadeé confundida ante sus palabras. ¿Cómo sabía ella de mi estado emocionalmente afectado que sólo mi retorcida mente y yo sabíamos? ¿Acaso Ino aprovechó mi lapso de estupefacción para…? – No entiendo…
-Repetiste esa palabra algunas veces mientras observabas a esa ventana cerrada. – Señaló la ventana frente a mí que sólo permitía ver la calle desierta y alguno que otro coche que pasaba por allí, así como el golpeteo incesante de finas gotas de lluvia contra el cristal.
-Oh. – Así que la que había hablado de más al final había sido yo misma. ¡Qué conveniente!
-¿Y bien…? – Ino arqueó una ceja. – Ya que te tenemos de vuelta con nosotras, ¿quieres contarnos algo? – Su sutil manera de obligarme a hablar era prodigiosa.
-En lo absoluto. – Negué de inmediato haciendo caso omiso de un gesto de frustración por parte de Ino. – No tengo nada que decir. – Sin embargo, bajé la mirada tratando de ocultar mi sonrojado rostro de mis amigas.
-Como quieras. – Dijo llevándose la taza de café a los labios rojos. Agradecí que por primera vez no presionara para que yo soltara las palabras que ella ansiaba escuchar, aunque era probable que no presionara… porque ya intuía.
-Estamos aquí si nos necesitas. – Hinata me demostró una cálida sonrisa que me hizo sentir miserable. Ella era una linda personita que siempre se preocupaba por los demás y siempre me apoyaba. La vida le recompensaba con un esposo descerebrado que le amaba mucho. Definitivamente en otra vida ellos debieron ser unos santos. ¡Qué afortunadas deben de ser las personas que aman y son correspondidas!
-Qué diablos. – Murmuré. Mis amigas volvieron a mirarme, esta vez más fijamente que la anterior.
-Ya está alucinando de nuevo. – Escuché a Ino suspirar.
-Escuchen, yo… – Traté de hablar. – Esto no es fácil… – No, no lo era. Pero después de todo ellas sabían demasiadas cosas de mí. Ino me había escuchado decir un montón de estupideces en el pasado, quizá una más no le afectaría. Ni a Temari. O a Hina. Había llegado a la conclusión de que existen dos tipos de personas en el mundo: aquellas que no te lo dicen, pero serian capaces de donarte un riñón. Y aquellas que presumen que lo harían, pero jamás se romperían una uña por ti. Sabia por experiencia propia que mis amigas eran del primer tipo. Esas que harían lo que fuera por mí. Así que me arriesgué. Después de todo, no podía ser tan malo. – ¿Puedo preguntarles algo? – Me acomodé en la postura más seria que pude para anticiparles la gravedad de mi problema. Ino arqueó una ceja mientras me observaba con curiosidad.
-Lo que quieras. – Hinata asintió mostrándose satisfecha consigo misma por conseguir que dijera algo.
-Hinata, Ino, Temari – Les miré fijamente a cada una por turnos. – Ustedes son mujeres increíbles con parejas maravillosas – Alabarlas un poco para atraer su atención y de paso ponerlas de buen humor para que no explotaran en cuanto les dijera lo que pensaba, era la técnica que emplearía. La confusión en sus rostros era casi palpable. – y se ven tan bien, felices y enamoradas – Hablé de manera rápida y casi sin respirar – Ustedes, chicas, son tan afortunadas, pero... yo me preguntaba, sí… – Es ahora o nunca. – ¿Cómo saben que lo que sienten en realidad es amor, cómo pueden estar tan seguras de que están enamoradas y no es una simple… enfermedad o algo así? – Solté de repente, casi sin aliento.
-¿Enfermedad? – Hinata me miró muy sorprendida y comprensiblemente confundida. Llevó una mano a su espeso cabello negro y lo acomodó mejor detrás de sus orejas, como si no estuviera segura de lo que había escuchado.
-Sí. – Asentí sin ganas de explicar mucho. Pensaba que con lo que había dicho era más que suficiente. Ino y Temari seguían sin habla.
-Enfermedad… ¿Cómo cual? – Se notaba tensa y asustada. Sin duda, ella no entendía mis palabras.
Volví la mirada al resto de la mesa, ¿alguien habría comprendido mis palabras? Ino tenía una ceja arqueada y una de sus manos estaba removiendo más de la cuenta una cucharilla en la taza de café. Temari simplemente me observaba profundamente confundida pero trataba de aparentarlo bajo esa mascara de desinterés que siempre tenía.
-Ya sabes… – Carraspeé volviendo a mirar a Hinata. – Me refiero a algo así como… una ¿infección estomacal? – Con cada palabra el volumen de mi voz fue disminuyendo al grado que sentí que la última palabra salió casi en un susurro.
-¿Una qué? – Temari frunció el ceño y separó sus labios. – ¿Dijiste…?
-Bueno… – Traté de explicarme de nuevo y lo más breve posible. – Lo que pasa es que… – Sin embargo, para sorpresa mía, como sí mi comentario le hubiera parecido de lo más cómico, Ino escupió sobre la mesa una pequeña cantidad de café que había intentado tragar. Hinata se sobresaltó y volteó a verle tan sorprendida como yo mientas Temari le acercaba una servilleta. En cuanto Ino la tomó entre sus dedos, se limpió la boca y barbilla apenada y tratando de componer con rapidez su error. – ¿Estás bien? – Traté de contener una risita, pero fue casi imposible. Ver a la mujer más perfeccionista del mundo manchando el mantel blanco de la mesa por un descuido suyo, fue lo más cómico que había visto ese día, y probablemente en el resto del año. Una sonora carcajada salió desde lo más profundo de mis pulmones y por un momento me sentí aliviada.
-Mierda. – Ino hizo una mueca de desagrado mientras observaba la pequeña, casi imperceptible a simple vista, mancha café en el mantel. – ¡Todo es culpa tuya! – Gritó.
-¿Mía? – Me apunté con el dedo índice a mí misma mientras trataba de regresar a mis pulmones el aire que la risa me había gastado.
-¿Qué ha sido eso que acabas de decir? – Casi gritó. – ¿De dónde sacas tanta…? – Temari dejó escapar una pequeña risita ante el enojo de Ino y trató de disimularlo volteándose para hacerle una seña al camarero que estaba más próximo a nosotras.
-Más café, por favor. – Pidió.
-¿Para las 3? – El camarero contempló mi taza aún llena.
-Para las 4, por favor. – Hinata respondió. – El de mi amiga, se ha enfriado demasiado rápido y creo que nos tomara un poco más de tiempo esta plática. – El camarero recogió nuestras tazas en una charola y se dio la vuelta dejándonos solas, de nuevo.
-Es increíble. – Temari susurró mientras mordía su labio inferior aún con estragos de su última risita. – De repente las cosas se han tornado… interesantes.
-Ahora… – Ino inhaló y exhaló ruidosamente mientras apoyaba los codos sobre la mesa y entrelazó sus dedos asentando en ellos su barbilla. – "¿Amor o infección estomacal?" – Carraspeó. – Cariño, por lo general yo siempre estoy de acuerdo contigo. – Puse los ojos en blanco sin querer. Sí, como no. – Te juro que siempre me encanta escuchar tus ideas locas y simpatizo con tu forma de pensar… pero esto ¡es una locura! – Gritó, de nuevo.
-¿Saben qué? – Me crucé de brazos ligeramente enfadada. – ¡Olvídenlo!
Convivir con estas mujeres prácticamente todos los días me había enseñado que eran personas muy confiables, pero peligrosamente duras si se lo proponían.
-Vamos, Sakura… – Ino hizo un puchero – No puedes dejarnos con el chisme a medias.
-Sí que puedo. – Aparté la mirada de ella, sabiendo que sus muecas eran efectivas contra mi enojo.
-Por favor, Sakura. – Temari pestañeó un par de veces. Probablemente era el método que empleaba para conseguir algo de Shikamaru. ¿Qué le hacia pensar que yo…?
-Seré amable. – Ino llevó la mano derecha a la altura de su corazón y con la izquierda prometió: – Hinata me controlará si digo algo imprudente.
Hinata mordía un panecillo, pero aún así asintió.
-Ahora… ¿Nos cuentas?
También había aprendido con ellas a que yo era débil y vulnerable. Y a que Ino siempre conseguía lo que se proponía. Sea cual sea el asunto.
Además, ¿a quién engañaba? Es obvio que a ellas no. Igual y necesitaba contar con alguien.
-Me voy a arrepentir de esto. – Murmuré.
Vaya, Sakura. Demasiado débil.
-Te aseguro que no. – Fue la respuesta de Temari mientras tamborileaba sus largas y pulcras uñas contra la mesa. – ¿Por dónde estábamos? – Observó a Ino quien parecía estar mordiéndose la lengua para no soltar un comentario mal intencionado. Lo había jurado.
-Ya me arrepentí. – Suspiré con verdadero arrepentimiento. – ¿Qué tienes en mente, Ino?
-Mejor aún. – Ino habló, de nuevo. – Cariño… – No me tragaba sus dulces palabras. – ¿Quieres decirme como rayos se te ocurrió que lo que sientes por Sasuke se debe a parásitos estomacales? – Sonaba dulce y tierna, pero de eso no tenía nada.
-¡Sasuke! – Hinata gritó haciendo que me sobresaltara.
Oh-oh.
-¿Está él aquí? – Mi corazón comenzó a latir aceleradamente.
-No. – Hinata negó apresurada. – Sólo que ya entendí de lo que estás hablando. – Asintió con la boca abierta.
-Vaya, esta vez demoraste más de lo normal. – Ino sonrió con burla hacia Hinata. – Te gané.
-No es gracioso. – Traté de reprender a Ino, pero ella me ignoró.
-¿Porqué mencionamos el nombre de Uchiha? – Temari preguntó ansiosa. – ¿Hay algo que no sé? … como… tú… y Sasuke… ¿Pasa algo con él? – Las 3 volteamos a mirar sorprendidas a una muy pálida Temari. Claro, ella no sabía. Hinata asintió hacía ella. – Pero…
-Aguarda. – Ino interrumpió a Temari con una seña de su mano izquierda. – Primero, me encantaría que aclare esto… lo demás, ya es historia antigua.
-Pero yo no…– Temari protestó.
-Sólo un segundo. – Ino le calló de nuevo.
-De acuerdo. – Resopló.
-Lo de la infección estomacal… ¿A qué se debe?
-A un patético pretexto de mi cabeza carente de imaginación y soluciones. – Respondí.
-¿Soluciones? – Hinata entrecerró los ojos. – ¿Buscas una solución para qué?
-Estoy confundida. – Bajé la mirada a mis manos que jugueteaban nerviosamente una con la otra.
-¿Acerca de qué? – Ino presionó.
-No-lo-sé. – Enfaticé cada sílaba como si eso fuera una manera de profundizar mi respuesta.
-No entiendo. – Ino se cruzó de brazos.
-Es exactamente lo que me pasa. – Le sonreí. – Tú me entiendes. – Terminé consiguiendo que Ino hiciera un gesto de desagrado hacía mi.
-Bueno, bueno… es por Sasuke, ¿no es así? – Ino volvió a intentarlo. Asentí. – Entonces, ¿me quieres explicar la relación que tienen Sasuke, amor y diarrea en esta historia?
-Bueno… es que realmente no le encuentro otra razón de ser a lo que está pasando por mi mente. Es como sí… – Lo pensé por unos cuantos segundos. – No hay explicación más sensata que quizá estoy enferma… o loca. Lo juro. He pensado mucho, y…
-¿Y se te ocurrió que el mejor pretexto es… enfermedad? – Ino dejó escapar una risa sarcástica.
-Bueno… no lo sé. – Me encogí de hombros. – Eso es lo que quiero saber… ¡Prometiste no burlarte!
-No, yo prometí ser amable. – Me recordó. – Pero me lo pones difícil.
-Aquí está el café. – El camarero nos sobresaltó a las 4 y abruptamente nos quedamos en silencio total. Hinata me pasó la primera taza de café que el camarero dejó en la mesa. Sonreí agradecida. Esta vez realmente lo necesitaba y no dejaría que se enfriara de nuevo. Estaba caliente y cargado y el olor inundó placenteramente mis fosas nasales tan pronto la taza estuvo frente a mí. Delicioso.
-Gracias. – Temari sonrió agradecida y se bebió una buena parte de su café de un trago mientras el camarero se iba de nuevo dejándome sola a merced de mis amistades.
-De acuerdo… tratemos de nuevo. – Hinata sopló discretamente su café. – Pero, por ahora desechemos tu teoría. – Me miró con cierta compasión. Ya sabía yo que esa teoría era estúpida, más no comprendía cuanto. Ino resopló mientras trataba de contener una risilla. La conocía lo suficiente como para saber que estaba frustrada. Ella tendría ganas de gritar algo en ese momento, pero su educación, principios y buenos modales no le permitirían hacerlo. Había visto ese actuar suyo demasiadas veces ya y sabía que sólo necesitaba las palabras correctas para hablar.
-Suéltalo ya, Ino. – Casi le rogué. Ni siquiera volteé a mirarle cuando se lo dije. La bomba explotaría cuando tuviera que hacerlo.
Y no tardó mucho en hacerlo.
-De acuerdo. – Tomó de forma brusca una cucharilla y la apretó entre su pálida mano derecha. Así empezaba. – Entiendo que el hombre provoca en ti ciertas reacciones que te hacen sentir confundida, – Ino abrió una bolsita de endulzante para su café. – pero… ¡Que digas que ver a Sasuke te provoca vómitos y diarrea… es estúpido! – El tono de su voz estaba cargado de ironía y sádica burla.
-Nunca dije eso. – Traté de ocultar mi rostro entre mis manos. – Ino baja la voz, por favor. – Cerré los ojos deseando desaparecer en ese instante. – Me avergüenzas.
-Más vergüenza dan tus teorías. – Ino me apuntó con una cucharilla antes de meterla en la taza de café.
-Bueno, Sakura… – Escuché la ruda voz de Temari. – Por favor, cuéntanos como llegaste a esa conclusión. Estoy segura que es lo que Ino quiere y quizá podemos ayudarte a pensar en otra forma menos desagradable de describir tus sentimientos… hacia Sasuke. – Hizo una mueca. Ella aún necesitaba respuestas y disimuladamente unía los cavos sueltos en busca de respuestas.
Asentí y suspiré antes de beber un enorme trago de mi café. Era más delicioso de lo que esperaba. El dulce sabor de la rendición.
-Es estúpido, completamente estúpido. – Comencé. – Yo no estoy segura de lo que me está pasando, lo juro. – Escuché a Ino refunfuñar como sí aún le costara trabajo asimilar mis palabras. Le ignoré. – Es como sí… no lo sé. Siento cosas que no sé cómo explicar. Pero… te escucho gruñir desde aquí, cerda. – Le dije con fingido enojo.
-Maravilloso. – Me sonrió falsamente. – No pretendía esconderlo, pero es estúpido. – La sonrisa fingida en su rostro era molesta pero soportable.
-Entonces… – Hinata me animó a hablar, ignorando por completo las palabras de Ino.
-Bien, lo he estado pensando y…
-Vaya que sí. – Ino entrecerró más los ojos.
-Ino. – Sutilmente le reprendió Hinata. – ¿Qué es lo que sientes exactamente, Sakura? – Preguntó de nuevo.
-Es extrañamente curioso pero… de hecho no estoy segura. Sólo… ha pasado por mi mente la posibilidad de haberme enamorado y eso no me sienta nada bien, créanme. – Carraspeé. – Es todo.
-¿Enamorada? – Hinata volvió a abrir la boca sorprendida mientras noté la cucharilla en su mano temblar. Estaba sorprendida.
-Hay posibilidades, pero es estúpido. – Respondí. – De hecho ni siquiera estoy segura de lo que siento. Es confuso.
-¿Cómo llegaste a esa conclusión? – Temari me instó a continuar. – Es decir, ya sé que son amigos y siempre están juntos y todo… – Nerviosamente tomó la taza entre sus manos. – Debí sospecharlo desde antes… – Susurró para sí misma. – Pero, ¿Qué te hace pensar que estás enamorada de él? – Se recompuso.
-Y ¿A que vino lo de la infección estomacal? – Ino seguía buscando fastidiarme.
-A que mi mente no quiere aceptar por completo que es amor… por miedo al rechazo. – Respondí sin rodeos a Ino. – Y lo de pensar que estoy enamorada… – Suspiré. – Quisiera decir que aún no lo sé… pero… ya sabes, esa necesidad repentina que me dio por estar con él… No lo sé. – Me rendí encogiéndome de hombros. – Aún necesito aclarar ciertas cosas con mi almohada. Mi cama es buena aconsejándome.
-Bueno, querida… – Ino se cruzó de brazos. – Tú tienes en tus manos el poder para descubrirlo… tú sabes cómo. – Guiñó un ojo. – Y también tu cama está involucrada en ello.
-¿Eso no le confundiría más? – Hinata negó, dudando.
-No se puede estar más confundida. – Ino rodó los ojos y respondió a la interrogante de Hinata. – Sólo mírala. La perdimos casi media hora.
-Sakura, Sasuke no te va a rechazar. – Temari, ignorando a Ino y Hinata, aseguró con absoluta confianza en sus palabras.
-Amm ¿Sabes algo que nosotras no, Tema? – Ino arqueó una ceja mostrándose demasiado interesada.
-No, pero yo pienso que no le rechazará. – Respondió. – Ya sabes, ellos son tan…
-Diferentes. – Terminé por ella.
-Sí aún sabiendo eso siguen siendo tan unidos, que por cierto es la palabra en la que estaba pensando, no veo por qué no puedan dar un gran paso.
-Ya lo dieron. – Ino rodó los ojos y Temari volvió a mirarnos confundida.
-Sí. – Hina asintió. – Pero, ya saben, hay algo de cierto en las palabras de Temari. Ustedes son como… tal para cual. Siempre juntos, se comprenden, se quieren…
-Se cogen… – Ino susurró provocando que casi me atragantara con mi café. Quizá sólo yo lo escuché o quizá las demás aparentaron no oírle.
-Y además, Sasuke te mira como si… te adorara. – Hinata suspiró. – Te mira con admiración, afecto y profundo cariño. Como no le he visto mirar a nadie antes. – La intención de Hina era de consolarme, pero… en cierta forma me sentí aún más tensa.
No era verdad. Nada de lo que había dicho.
-No es así. – Le corté. – Él podrá mirarme con afecto y cariño, pero no amor… él no me ama ni amará. No hay discusión en esto…
-No puedes saber que no te mira con amor. – Ino se cruzó de brazos. Su postura era más seria que minutos atrás y su voz estaba cargada de formalidad.
-¿Por qué no? – Temari le cuestionó confundida.
-Créeme. – Ino estiró la mano izquierda mientras contemplaba despreocupadamente el color de sus uñas. – Conocemos al tipo desde hace mucho tiempo…
-Poco más de 5 años. – Hinata cuchicheó hacía Temari.
-…Y yo nunca, nunca, le he visto enamorado. – Ino terminó de hablar.
Buen punto.
-De hecho… – Musité para mí misma. – Creo que yo tampoco.
-Nadie en este mundo. – Ino, quien escuchó lo que dije, me reprendió. – Así que quizá el te mira de esa forma y tu no lo sabes.
-Quizá hasta te mira con deseo y no lo sabes. – Temari trató de bromear, pero la única reacción que consiguió fue un sonrojo de Hinata.
-Esa sí la he visto. – Susurré.
-Supongo que sí. – Ino ocultó sus palabras tras la taza que llevó a sus labios.
-Como sea, – Hinata volvió a cambiar el tema. – Él te quiere… – Lo intentó de nuevo. – Lo que ustedes tienen es…
-Para él lo que tenemos es sólo sexo, – Le corté. – como se supone que debería ser para mí también.
-Pero no es así. – Ino afirmó apuntándome con su dedo índice. – Y lo sabes.
De la nada, al igual que había pasado con Ino, Temari se atragantó.
-Aguarden… – Tosió un par de veces. Ino hizo ademán de levantarse para ayudarle, Hinata, preocupada, le dio suaves palmadas en la espalda. – ¿sexo? – Gritó horrorizada en cuanto se repuso mientras aporreaba sus manos en la mesa, completamente sorprendida y perturbada.
-Oh, mierda. – Llevé mis manos de nuevo a mi rostro, sintiéndome aún más avergonzada y estúpida por la reciente atención que las mesas continuas a la nuestra dirigieron.
-¡Temari, baja la voz! – Hinata tenía el rostro terriblemente colorado. – Hay niños presentes.
-Oh, cierto… Temari no sabe de eso tampoco. – Ino se encogió de hombros y sonrió hacía mi.
-No lo… no sabía que… ¿ustedes…? – Temari tartamudeaba bastante asustada.
-Ellos tienen sexo. Sasuke y Sakura. – Ino dijo como si ya fuera algo normal para ella. – Desde la boda de Hina… por cierto.
-¿Desde hace tanto? – Asentí. Temari abrió la boca casi por completo, se puso pálida y sus manos temblaban al igual que sus labios. Vaya, ella me recordó en cierta manera a la expresión de Naruto cuando se enteró, pero solo por un breve momento, después su expresión volvió a ser la misma de siempre. Altanera, pero confiable.
-Nos enteramos hace poco, no te preocupes. – Ino empleó cierta indignación en su tono de voz. – Suponía que Shikamaru te habría comentado algo…
-No, realmente. – Temari respondió de inmediato. – Lo siento, Sakura… – Carraspeó una vez más. – Me tomó por sorpresa…
-Está bien. – Le aseguré. – Al menos ahora sé que Shikamaru es realmente confiable.
-Bla, bla… – Ino me cortó. – Ahora que Temari ya lo sabe y eso, puedes continuar donde te quedaste… Cuéntale a Hinata y Temari todo desde el principio para que puedan entenderte mejor. – Ino me animó, pero le ignoré.
-Déjame entender algo… – Temari carraspeó. – Tú tienes… sexo – Susurró. – con Sasuke, pero ahora crees que estas enamorada de él. – Afirmó.
-¡Bingo! – Ino sonrió satisfecha. – Ahora estamos en la misma sincronía.
-Vaya, ¡qué día…! – Temari llevó la taza a sus labios y tomó de ella como agua en el desierto.
-Eso es básicamente lo que pasa. – Hinata le sonrió a Temari con dulzura.
-Sí, mi vida es un desastre. – Tomé un pedazo pequeño de pan y lo desmigajé con mis dedos. – Es absurdo, ya saben… pero estoy segura de que sólo requiero pensarlo bien y…
-Un segundo – Hinata se aclaró la garganta. – Ustedes dijeron la vez pasada, ante todos, que no se enamorarían el uno del otro. Que eso era improbable y que jamás pasaría. – Me recordó. – Tal vez estás confundida y…
-En realidad el que respondió fue Sasuke. – Ino interrumpió. – Ella básicamente se quedó… callada.
-¿Entonces no estabas segura aún de lo que sentías? – Hinata suspiró.
-Ni en ese momento, ni ahora. – Me lamenté.
-No estás completamente segura. – Ino confirmó. – Decídete de una vez para que pueda decir: "Te lo dije". Y después aconsejarte. – Ino sonrió con burla. Maldita cerda, no estaba de humor en ese momento.
-De acuerdo. – Aclaré mi garganta. – No estoy segura de amarlo tal cual con el significado de la palabra, pero si sé que ahora siento algo diferente hacía el.
-¿Diferente? – Hinata me animó a continuar.
-Algo así como… necesidad.
-¿Desde cuándo? – Ino entrecerró los ojos.
-No lo sé. – Me encogí de hombros. – Desde que nos acostamos, o quizá después de eso.
-De acuerdo. – Temari suspiró mostrándose más relajada. – ¿Has considerado que entonces lo que sientes por él no sea amor si no… deseo? – Temari planteó una nueva posibilidad.
-Claro. – Ino asintió. – Dijiste que el sexo con él había sido fantástico… tal vez sólo estas enamorada de la idea de tener sexo con tu mejor amigo porque a ti siempre te ha gustado el peligro.
-¿Fantástico? – Temari repitió la palabra de Ino con cierto toque de humor. – Sólo le deseas. – Afirmó, de nuevo.
-¿Cómo puedes estar tan segura? – Hinata preguntó.
-Fácil. – Temari se cruzó de brazos. – No es como si después del sexo todo pintara diferente, como si la vida cambiase tras un orgasmo. Es tonto.
-Es posible. – Hina contraatacó sonrojada tras la respuesta de Temari. Seguro estaba arrepentida de haberle preguntado.
-Por como yo lo veo hay 2 opciones. – Me asombraba por completo la seriedad con que ellas se tomaban el asunto. Quizá más a pecho de lo que yo lo hacía. – Una: ella sólo lo desea sexualmente y este 'enamoramiento' – Mencionó la palabra enmarcándola con sus dedos índice y medio. – pasará después, cuando encuentre a alguien con mejor físico o mejor sexo que Sasuke.
No me digas. – Entrecerré los ojos.
-¿Y la otra opción es…? – Presioné ansiando una respuesta menos forzosa y vergonzosa que la anterior.
-Llevas enamorada de Sasuke más tiempo del que quieres reconocer y el sexo sólo te sirvió como una manera de darte cuenta.
¿Era eso posible?
No lo creo.
-Buen punto. – Ino concordó con Temari casi de inmediato. – Me agrada más la última opción, pero… tal vez sea buena idea mencionar aquí que la que propuso este descabellado plan del sexo, fue Sakura a Sasuke.
-Entonces, es correcto. La segunda opción es la buena.
-No es así. – Bufé. – Es absurdo…
-¿Entonces prefieres la primera opción? – Ino removió sutilmente el cabello de sus hombros.
-Es probable. – Asentí.
-Bueno, entonces búscate a otro tipo con el cual tener sexo y así olvidarás por completo a Sasuke. – Temari sonrió satisfecha. Como si pensara que acababa de hacer la propuesta del siglo.
-Claro, deberías tener sexo con otro sujeto. – Ino le siguió, aunque el sarcasmo en su burlona voz se podía notar a kilómetros de distancia. – Ya sabes, nada que no hayas hecho antes. – Malditas sean, ambas.
-No quiero. – Negué de inmediato en un tono casi parecido a un berrinche.
-¿Por qué no? – Ino ladeó la cabeza. – lo has hecho antes. Nunca ha sido difícil para ti buscar a alguien con quien tener sexo y luego dejarle. Pudiste antes y podrás ahora, con Sasuke.
-No. – Negué de nuevo.
-¿No?
-No. – Respondí. – Quiero seguir haciéndolo con él. – Solté.
-Es la segunda opción. – Ino y Temari dijeron casi al mismo tiempo.
-No creo que sea así. – Fruncí el ceño.
-¿Por qué no? – Temari ladeó la cabeza y pequeños mechones de su rubio cabello se escaparon de su coleta. – Dame una buena razón.
-Porque no – Respondí. – Yo no le propuse a Sasuke tener sexo porque estuviera enamorada de él. Yo sólo sentía cariño hacia él, ahora es diferente, pero no creo que esto haya sido desde antes de… Ahora yo… ¡No lo sé! – Me encogí de hombros. – Tal vez Ino tiene razón.
-Siempre la tengo. – Ino alardeó. – ¿En qué?
-Tal vez no es amor lo que siento, – Las palabras retumbaban en mi cabeza, como si todo lo estuviera diciendo para responderle a mi ruidosa mente. – tal vez es sólo la imposibilidad de tenerle lo que me tiene así.
-Como el guante izquierdo enamorado de la mano derecha. – Hinata concluyó sabiamente.
-¡Exacto! – Asentí. – No lo sé. – Me quejé de nuevo. – Es que no puede gustarme.
-Hmmm. – Ino jugueteaba con la taza vacía. Esa forma de actuar suya significaba que ella creía saber que yo estaba mintiendo, pero era lo suficientemente inteligente como para no decir nada, al menos en ese momento. Ella sabía que yo estaría a su merced para ser interrogada en cualquier otro lugar, a solas. Si se lo hubiera propuesto, seguramente Ino hubiera sido una buena terapeuta.
-Como sea, sólo no vuelvas a decir en voz fuerte que alguna vez consideraste la infección estomacal como una posibilidad. – Temari recordó.
-¿Sabes qué? Tendrías que contarles a ellas las proezas sexuales de Uchiha. – Ino mordió con sutileza su labio inferior.
Oh, mierda. A veces me sentía tan estúpida por confiarle tantas cosas a Ino.
-¿Porqué? – Me quejé.
-¡Es divertido! – Respondió. – Y muero por oírlas de nuevo.
-No quiero contarlo. – Gimoteé tratando de ignorarla bebiendo de mi café.
-Oh, vamos, frentona. – Hizo un sutil puchero que lejos de verse detestable, le hizo ver graciosamente adorable. – No puede ser más vergonzoso que lo de tus problemas estomacales cuando vez a Sasuke.
-Jó-de-te, Ino. – Tomé de nuevo un enorme trago de mi café.
-¿Qué hay de malo en ello? – Temari sonaba ansiosa. – Puedes contárnoslo, por favor.
-Está bien si no lo cuentas, Sakura. – Hinata se veía completamente apenada.
-Calla, Hinata. – Ino rezongó. – Es interesante.
Y de nuevo, mi vida sexual pasaba a ser tema de conversación para mis amistades. Que les jodan. Fue mi culpa por dejarles hablar sin detenerles.
-¿Uchiha es una clase de dominante? – Temari sonrió con malicia. – ya sabes, bondage y todo eso…
-No. – Llevé una mano a mi cabello y jugueteé nerviosamente con él.
-Le hizo ver las estrellas y toda la cosa. – Seguramente había un lugar reservado en el infierno para gente como Ino.
-Interesante… – También para Temari.
-Chicas, ya basta. – Hinata salió en mi defensa. Ella tenía más que asegurado el cielo.
-¿Entonces, como fue? – Ino bajó sólo un poco el tono de su voz.
-Ya te dije. – Sentía mis mejillas arder. – Fue normal…
-¿Normal aburrido o normal placentero? – Temari presionó.
Ellas querían volverme loca.
-Normal de normal. Es decir, sexo común y corriente. – Me encogí de hombros. – Pero… – Me detuve a mí misma. Hablar de más cerca de ellas quizá no fuese buena idea.
-¿Pero…?
-Pero no es ni común ni corriente. – Hinata terminó la oración por mí.
-Exacto. – Asentí a Hina. – ¿Cómo…? – Las mejillas de Hinata se tiñeron violentamente de un rojo impresionante. Oh, claro. Ella y Naruto… – ¿Satisfechas? – Volví a mirar al par de rubias latosas.
-En lo absoluto. – Temari volví a sentarse con perfecta postura en la silla. – Pintas al tipo como un Dios… algún defecto tendrá. – Apoyó los brazos sobre la mesa y se acercó un poco más a nosotras, como si fuera a contarnos un secreto importantísimo. – ¿Qué tal esta de aquella parte…? – Susurró.
-¿Disculpa? – Abrí los ojos por completo.
-¿Está… decente?
-Cierto… – Ino asintió. – No me dijiste qué tan dotado está Uchiha.
-¿Tengo que decirlo? – Tragué saliva. – No quisiera…
-¡Sólo dilo! – Ino me animó.
-No tienes que… – Hinata tomó una servilleta y sopló directamente a su rostro.
-No tengo que… – Me dije a mí misma segura de que ellas escucharían.
-Pero sí no nos dices algo, seguiremos molestándote… – El puchero de Temari fue más gracioso que el de Ino.
-Él está bien… – Fruncí los labios. – Ya sabes, bien. – Alcé las cejas por unos segundos. –…Muy bien. – No es como si tuviera una regla entre las piernas, pero podría asegurar que al menos Sasuke entraba en esa categoría de hombres que revesaban por poco el promedio.
-Bien. – Temari se burló. – Supongo que con eso basta, por ahora. Entonces, ¿no tienen ningún defecto?
Me quedé quieta. Como si hubiera vuelto a entrar en trance, y lo pensé por unos segundos…
-No. – Respondí de inmediato. – Nada.
-No puede ser perfecto. – Se encogió de hombros. – ¿No lo tiene curvo? – Hizo una leve inclinación con su cabeza indicándome que se refería de nuevo al pene de Sasuke.
-Quisiera preguntar algo… – Ino interrumpió la pregunta de Temari. Lo agradecí por unos segundos, pero luego me di cuenta de que la seriedad de Ino podría significar que ella tendría algo peor para decir. – Me dijiste que habías sentido algo más que carnal con Sasuke, mencionaste algo 'emocional'. – Asentí. – Trata de recordar y… ¿algo en su forma de tomarte te ha hecho pensar alguna vez que él también ha involucrado sentimientos en el sexo? – Las chicas desviaron su mirada de Ino hacía mi.
Tragué saliva casi bruscamente. ¿Algo en su forma… sentimientos…?
-No estoy segura… – Respondí.
-Bien. – Ino suspiró. – Trata de ser más… observadora la próxima vez.
-Me es imposible – Negué.
-¿Por qué? – Rodó los ojos como sí intuyera que mi respuesta iba a ser absurda.
Porque cuando estoy con él, lo único en lo que pienso es en el maravilloso placer que él me da y que no quiero que termine nunca.
-Trataré de… observar. – Bufé omitiendo responder a su pregunta con sinceridad. Decir aquello seria mi fin.
-Bien. – Ino asintió. – Ahora, ¿Qué les parece si vamos al cine? – Sus cambios abruptos de tema me enloquecían.
-¿Algo interesante que ver? – Temari suspiró y enrolló un mechón de su cabello en el dedo índice.
-No que yo sepa. – Respondí.
-¿Saben algo? El otro día vi una película donde 2 mejores amigos tenían sexo y luego… al final, se enamoran. – Ino soltó de repente aporreando las manos sobre la mesa, excitada. – Deberías verla Sakura, es graciosa vista desde otras perspectivas…
-La he visto – Respondí tajantemente.
-Es hermosa, ¿cierto? – Su emoción creció.
-¡Por supuesto que no! – Negué de inmediato. – La aborrezco.
-Es porque es taaan parecido a tu vida ahora, frentona.
-Y es absurdo porque hasta hace unas semanas atrás me burlé de esa película. – Comenté. En verdad me sentía cada vez más y más patética hablando del tema. – Pensaba que era estúpido e improbable tener dudas por tener sexo con un amigo.
-No la he visto. – Temari se encogió de hombros.
-El protagonista es guapísimo. – Ino mordió su labio inferior como si estuviera recordando fugazmente la película en su cabeza. – Y es comiquísimo.
-¿Hum? – Inquirió Temari. – No me suena.
-Ahora no recuerdo su nombre pero básicamente es como lo resumió Ino. Amigos con derecho que al final terminan enamorados. – Respondí a Temari.
-¡Exacto! – Ino parecía entusiasmada con el recuerdo. – Temari, debes ver esa película…
-¡Ya recordé! – Hinata comentó integrándose con efusividad a la plática. – También la vi.
-Es que no me van las películas de romance. – Temari hizo un gesto de desagrado. – Seguro por eso no la vi.
-No es una película de romance al 100% – Ino sonrió. – Tiene escenas memorables… de sexo, ya sabes.
-Entonces la veré. – Temari asintió – Tal vez consiga que Shikamaru la vea conmigo…
-Aún mejor. – Ino le animó. – Aunque, ya sabes, el final es predecible.
-Terminan juntos y enamorados. – Temari afirmó. – Lo imaginé.
-Y lo triste es que no siempre es así en la vida real. – Mi negatividad estaba aflorando por cada poro de mi cuerpo.
-Depende de las personas, Sakura. – Hinata sonrió cálidamente. Claro, ella y Naruto si son amigos que terminaron juntos y enamorados. Por supuesto que ella podía sonreír así. Ino y Sai, también. Hasta el vago perezoso de Shikamaru. Todos.
-No en mi caso. Yo siempre… siempre cometo el mismo error: Me enamoro, trato de no demostrarlo, lo demuestro demasiado y… me rompen el corazón
-Bueno, Sakura… – Temari comentó mirándome directamente. – si te sirve de consuelo, yo me siento un poco… celosa. – Bueno, eso me tomó por sorpresa.
-¿De mi? – ¿En serio? Esta chica rubia de ojos verde azulados y prominentes pechos, ¿sentía celos de mí?
-Siempre me he considerado… diferente en cuanto a carácter de otras chicas que conozco, – Se encogió de hombros. – excepto de ustedes. – Aclaró. – Sin embargo, yo nunca tuve el coraje de relacionarme física y desinteresadamente con un hombre como tú lo haces, – Me señaló. – aunque la idea se me presentó en varias ocasiones. – Mordió su labio inferior por unos segundos, pensando. – Me gusta esa seguridad que tienes en ti misma. – Oh, Temari, si pudieras leer mi mente seguramente la admiración que tienes de mi forma de ser cambiaria por completo. – Soy muy cobarde en algunos aspectos. Supongo que al final, deseché la idea tras escuchar a un idiota diciéndome: 'Es que no quiero nada serio'… Por favor, como si no fuera lo suficientemente serio estar físicamente dentro de una chica.
-Buen punto. – Ino concordó con ella.
-¡Claro! – Temari asintió entusiasmada. – Pero tú seguiste con ello, mejor aún, tú pusiste las reglas y eso es…grande. A lo que me refiero vagamente es que yo pienso que debes dejar de preocuparte tanto acerca de lo que va a pasar… la vida no es para siempre, estamos solo un rato y… disfrútalo como mejor te parezca. Quizá cuando tengas 40 puedes preocuparte. No ahora.
Una pequeña sonrisa se asomó por mis labios. Una forma elocuente y graciosa, muy propia de ella, de infundirme valor.
-De acuerdo. – Hinata se encogió de hombros y bebió un sorbo de su café. – ¿Cuál es el plan?
‑No tengo ninguno. – Acepté. – Sólo sé que estoy muy, muy, muy, jodida.
-No lo estás. – La expresión de Hinata decía a gritos: Sí lo estas, pero soy muy dulce como para decírtelo en voz alta. Interpreta mis gestos.
-Si lo estoy.
-Ding, ding. – Ino pasó una servilleta por la comisura de sus labios. – Volvemos al punto, querida amiga. No quiero ser repetitiva pero: Te lo dije… – Finalmente Ino tuvo su oportunidad de decirme esas palabras. – Estas jodida.
Asentí. Nuevamente, eso era lo único seguro que tenía en esos momentos.
En cuanto las tazas se vaciaron, de nuevo, las chicas decidieron que deberíamos ver una película que no involucrara romance ni amor. Ciertamente eso era lo que remataría el día extraño que habíamos tenido. Sin embargo, mi estado de ánimo era lo suficientemente bajo como para que ellas insistieran. No estaba de humor en esos momentos. Así que, con fingida pena, me despedí de ellas y me disculpé por no poder acompañarlas más tiempo. Mis fuerzas a penas y me daban para salir del lugar a tratar de conseguir un taxi y probablemente al llegar a casa mi energía bastara para darme una larga ducha caliente. En mi mente me veía ya acostada entre mi sábana rosa y sin nada de preocupaciones, porque mi cama tenía ese mágico poder de regresarme la paz interior y exterior que necesitaba.
Estaba segura que tras unas 12 horas de siesta sin interrupciones, despertaría más relajada y satisfecha, tanto como si hubiera recibido un buen revolcón de Sa…
¡Mierda, Sakura!
También necesitaba dormir porque así no pensaría -al menos no voluntariamente- en Sasuke.
Me puse mi chaqueta, me aseguré de guardar bien mi celular y llaves en mis bolsillos y salí del Ichiraku sintiéndome estúpida por no haber tomado un paraguas cuando salí de casa. Gracioso. Cuando estuve dentro, parecían pequeñas gotas de lluvia golpeando el cristal. Ahora, que había decidido marcharme, al cielo le daba por caerse a chorros sobre mí.
Bad Luck, Sakura.
-Perfecto. – Dije para mí misma mientras me abrazaba a mí misma. Estaba lloviendo demasiado fuerte y había bastante frío. No bastando con que las gotas de lluvia estuvieran súper heladas, el viento estaba azotando de frente a mi rostro. Menos mal no me había aplicado tanto maquillaje o seguro, tendría ya en esos momentos unas hermosas lagrimas de rímel cayendo por mis pómulos.
Otro día más que agradecía el hecho de no ser tan femenina como Ino.
Caminé una cuadra, refugiándome a penas con mi chaqueta pero sabiendo que mi cabello era ya un desastre empapado. Para colmo, ningún taxi parecía querer ayudar a una pobre y empapada mujer.
-Cuando más los necesitas… – Bufé mientras frotaba mis temblorosas manos una contra la otra. En esos momentos deseaba estar en un lugar cálido y acogedor. La lluvia y el frio no me desagradaban, eran mi clima favorito, sin embargo verlo desde tan cerca no era lindo. En mi mente deseé estar contemplando esalluvia a través del hermoso ventanal panorámico de Sasuke como aquél día en que casi le causábamos un infarto a Naruto. No me hubiera molestado estar de nuevo en ese día tan estresante, en lugar de estar bajo una tormenta aún peor que la que provocaba Naruto enfadado.
Traté de hacer que pararan unos 4 taxis aproximadamente, pero ninguno lo hizo. Dos me ignoraron, uno sólo se detuvo a preguntarme una dirección y el último pasó tan rápido que terminó de empaparme. Aún más de lo que ya estaba.
-Per-fec-to. – Gemí haciendo de mis frías manos un puño. – Esto no me puede estar pasando a mí. – Giré el rostro para ambos lados y claro, como si mi suerte no estuviera ya por los suelos, me encontré con la calle desierta. Nadie que pudiera auxiliarme. Nadie que pudiera escucharme quejarme. – Sólo a mí se me ocurre salir así. Debí quedarme con Gil viendo películas en vez de… ¡Mierda! – Enfurruñada, levanté un pie y lo estampé de nuevo contra el suelo provocando que se estrellara en un charco de agua y me salpicara de lodo los jeans, además de que el agua se coló por mi tenis y ahora también, estaban mojados mis pies. – Definitivamente hoy no debí salir de casa. – Gemí de frustración.
¡Qué patética me sentí en ese momento!
Llevé una mano a mi cabeza y la deslicé por lo largo de mi cabello, tratando de despegar mis empapados cabellos de mi rostro. A mis espaldas escuché unos pasos caminado con firmeza sobre los enormes charcos de agua. Y la lluvia empeoró.
Decidí que mejor debería buscar donde refugiarme. Empapada como estaba, volver al Ichiraku sería de mal gusto. Seguramente Hina y las demás ya se habrían ido en el auto de Ino rumbo al cine y odiaría que manejaran a prisa de regreso por mí. La lluvia tan fuerte podría provocarles un accidente o… Sacudí mi cabeza tratando de alejar mis pensamientos tan negativos mientras emprendía el camino hacía donde sea que pudiera refugiarme un rato de la lluvia, o donde pudiera encontrar un taxi. Lo que pasara primero. Me fijé cuidadosamente que no pasara ningún auto y crucé la calle.
Al tiempo que empecé a andar, los firmes pies que caminaban entre los charcos, seguían mis pasos. No me preocupaba eso, en lo absoluto, al menos no tanto como el hecho de estar caminando sin rumbo fijo. La lluvia dando de frente a mi cara no ayudaba en lo absoluto. Llevé una mano arriba de mis ojos para tratar de que la lluvia no me imposibilitara tanto el ver mi camino. Si no podía evitar el estar sola seguida de un extraño, al menos debería saber en dónde me encontraba y hacía donde huir. Posiblemente yo misma estaba guiando a un posible violador al lugar del crimen.
Caminé por todo el largo de la calle, concentrada en escuchar aquellos pasos lo más lejanamente posible de mí y con mi vista fija siempre en la carretera por si algún taxi pasaba lo suficientemente lento como para poder detenerle. Me detuve en una esquina y me encontré con una pareja abordando un taxi. ¡Perfecto! Ese era el lugar en donde debía esperar. Me refugié debajo del pequeño techo de una panadería y volví el rostro a ambos lados de la calle en busca de aquel que caminaba detrás de mí, pero no había nadie.
-Correcto. – Suspiré. – Falsa alarma.
Recargué mi espalda contra la fría pared y me relajé un poco. Lo suficiente como para volver a sentirme nostálgica.
En cuanto estuve ligeramente resguardada, me di cuenta de lo tarde que era. Sentí hasta mi ropa interior húmeda y me juré mentalmente a mí misma no volver a salir de casa sin un paraguas. Me crucé de brazos y bostecé un par de veces sintiéndome aliviada de estar bajo un techito que me resguardaba un poco, y sola. Nadie siguiéndome. De hecho… no, de nuevo, no había nadie en la calle.
-¿Es que mi presencia es un repelente de gente? – Gruñí sintiéndome estúpida.
-Lo que pasa, más bien, es que eres la única loca que sale con esta lluvia. – Una ronca y enfadada voz me sobresaltó.
Era él.
El culpable de mis dolores de cabeza y extraño comportamiento estaba parado a mi lado. ¿Por qué sí era él, no? Es decir, no era un producto de mi desvariada imaginación. ¿Realmente el hombre en quien llevaba medio día pensando estaba frente a mí? No. Tenía que ser una broma. Yo no tenía tan… buena suerte. ¿O sí?
-Oye, ¿estás bien? – Me tomó de los hombros y zarandeó suavemente mi cuerpo.
-¿Sasuke? – Murmuré sorprendida. Sus frías manos sobre mi rostro buscando saber mi temperatura-como siempre hacía cuando pensaba que estaba enferma- me bastó para saber que no estaba soñando. No había entrado tanta agua en mi cerebro después de todo. Él era el hombre como sacado de mis sueños, pero en verdad estaba ahí. Mi corazón brincó acelerado en cuanto lo observé mejor. Estaba empapado hasta los pies y sin embargo tenía esa sonrisa de lado que me hizo estremecer aunque lo pude fingir abrazándome a mí misma y haciéndolo pasar por el frio que tenía. – ¡Sasuke! – Repetí sorprendida. – ¿También estás esperando un taxi? – ¡Qué absurdo! Porqué alguien con un increíble coche como el suyo andaba por la vida mojándose bajo la lluvia intensa.
- Ando en mi auto. – Respondió tras un suspiro de alivio y apartando sus manos de mi.
-¿Y por qué estas tan… empapado? – Le observé nuevamente de pies a cabeza. El agua fría escurría por todo su cuerpo. Su cabello negro estaba mojado y revuelto de una manera atractiva, su camisa negra estaba pegada finamente a su abdomen y sus zapatos negros se veían terribles. "Nada propio del perfecto Uchiha". Y por alguna razón deseé poder mirarle así toda la vida. Húmedo, atractivo y sarcástico. No me hubiera molestado en lo absoluto esa visión, sí tan sólo estuviéramos los dos a salvo debajo de la ducha caliente. Casi lo pude imaginar. Su torso desnudo aprisionándome contra las losetas del baño. Di un ligero respingo al recordar que nosotros tomando un baño era una de las fantasías que necesitaba realizar.
¡Dios, cuanto lo deseé en ese momento!
-Estoy empapado, Sakura, porque llevo un buen rato caminando detrás de ti. – Respondió apoyándose en una mano a la pared que estaba detrás de mí. Mi cuerpo quedó, de alguna manera, atrapado de un lado con su cuerpo. Realmente estaba…
¡Espera, ¿qué?!
-¿Cómo dices? – Ladeé la cabeza al lado contrario de él. – Estabas… ¿siguiéndome? – Era mentira ¡Tenía que ser una mentira! – ¿Desde cuando? – Chillé. ¿Cómo era posible que yo fuera tan descuidada y distraída y no haya notado que era él quien…? ¡Los pasos sobre los charcos! ¿Era él?
-Te vi salir del Ichiraku mientras manejaba por aquella calle y traté de llamar tu atención, pero la lluvia y tu estúpida chaqueta no dejaban que vieras hacia otro lado que no fuera frente a ti. Estuve a punto de seguir mi camino y dejarte sola. – Dijo sin pena alguna y llevando una mano a su húmedo cabello.
-¿Y entonces cómo…?
Se encogió de hombros.
-Supongo que me dio… pena, quizá remordimiento de conciencia. – Lo pensó por algunos segundos. – Así que me estacioné y bajé del auto de prisa para no perderte de vista. Te detuviste en una esquina y me di cuenta que sólo estábamos nosotros por esa calle, así que decidí esperar a que tomaras un taxi porque no quería subirte en mi auto… así como estás. – Sonrió de lado.
Rodé los ojos. Los hombres y sus autos.
-¿Te has visto en este momento? – Dije irritada. – Estás igual o peor.
-Calla, molesta. – Llevó la mano que tenía libre a mi boca. – Encima de que caballerosamente decidí hacerte compañía, ¿qué gano por eso? Que estamparas tu pie en un charco y me salpicaras más de lo que ya estaba. Gracias por eso.
-¡Fquéf? – Traté de hablar bajo su mano.
-Hmp, lo siento. – Sasuke dejó mi boca libre y se paró erguido, de nuevo.
-Yo soy la que lo siente. – Bajé la mirada al suelo apenada encontrando su pantalón obscuro con un salpicón de lodo. – No me di cuenta.
-Lo noté. – Se burló. – No contenta con eso, empezaste a caminar por ahí como sí… – De pronto, su rostro se tornó serio y la sonrisa desapareció a la par de un recuerdo pasando por su mente. – Te vi tensarte al darte cuenta de que caminaba detrás de ti, pero aún así ¡no corriste! – Alzó la voz. – Seguiste caminando perezosamente bajo la lluvia. – Su tono de voz iba cada vez más en aumento. – ¿Te das cuenta de que pudo ser cualquier persona detrás de ti?
¡Mierda! Claro que tenía miedo, pero él sabe bien lo torpe que soy. Si hubiera corrido y tropezado, seguro que me hubiera vuelto un blanco aún más fácil para un secuestra-violador.
-¿Te das cuenta de lo molesto que eres? – Me crucé de brazos. – Se trataba de tu molesta persona caminando detrás de mí. Eres enojón, pero inofensivo.
-No es gracioso, Sakura. – Contraatacó.
-Lo es, sólo que el agua helada ha llegado a tus calzoncillos y por eso estás irritado. – Traté de ser graciosa, pero eso no quitó ni una pizca de enojo en su rostro.
Definitivamente estaba muy enfadado.
Bajó la mirada a mi ropa empapada, o eso creí hasta que vi una mueca de desagrado en su rostro.
-Sabes que te expusiste desde el momento que te vestiste para salir y te pusiste una delgada blusa blanca. – Dijo tomando el borde de mi blusa y apretándola con leve rudeza. Pude sentir por una fracción de segundos sus dedos helados rozar la piel de mi abdomen. Lejos de sentirse incomodo, fue extrañamente bueno.
-No pensé que lloviera tan… así. – Traté de sonreír nerviosa.
-Deberías ser más precavida. – Gruñó. – Pudiste llamar un taxi con tu celular antes de salir del Ichiraku.
Buen punto. Mala idea.
-No se me ocurrió y cuando estuve fuera… no quería sacar mi celular, se podía empapar y echar a perder…
-Proteger el celular pero mantener el trasero en peligro. – Su punzante manera de hablar me hizo sentir miserable. – Vaya, brillante tu idea.
-Lo siento. – Bajé la mirada al suelo contemplando nuestros pies casi unidos. Mordí mi labio inferior y traté de pensar que lo que él decía era totalmente cierto. Suspiré profundamente sabiendo que nada de lo que pudiera decir iba a regresarle el humor a Sasuke. No podía discutirle esa vez. Ciertamente no había sido un buen día para tomar decisiones sobre mí misma. A pesar de ello, me sorprendió por completo cuando sentí sus dedos separándose de mi cuerpo y subiendo rápidamente hasta mi rostro. Me tomó de la barbilla y me obligó a mirarle directo a los ojos. Aquello hizo que regresaran a mi memoria las palabras de Ino: Tú tienes en tus manos el poder para descubrir lo que sientes. Sé más observadora.
¿Observar qué? Era complicado. Empezando porque lo que más me gustaba observar era su mirada sobre mí. La forma en que me miraba… ¡mierda! Me estremecía. Me perdía en esa mirada y ya nada se volvía de observar, si no de sentir.
-Sasuke… – Susurré sintiendo ansías por tenerlo aún más cerca. Quizá era por el frío, o quizá se trataba de algo que no podría explicar. Simplemente cruzó por mi cabeza atraerlo a mí con cualquier pretexto, por cualquier motivo. Simplemente…
-Vámonos, Sakura. – Suspiró apartando un poco su cuerpo del mío. – Ya que por seguirte acabé así, al menos podemos ir en mi auto… – Se dio la vuelta y empezó a andar. Y por un segundo deseé detenerle. Jalarle del brazo hacía mi y besarle. Atraer su cuerpo al mío y besarle hasta quedarme corta de respiración. Un beso, de esos que no se olvidan. Ni en otros labios, ni en otras noches, ni en otras vidas. Quería besarle con toda esa intensidad que llevaba guardada. Quedar tan saciada de él como mojado estaba mi cuerpo. Quería… pero me acobardé. Negué un par de veces y una de mis manos paró a la altura de mi pecho sólo para sentir mi corazón aún más acelerado y mi estómago revuelto por la adrenalina.
Ahora él estaba lejos de mí. Cada vez más y más.
Comencé a andar aún con la vista fija en el suelo, mirando pero sin observar mis pies. Podía escuchar sus firmes pasos delante de mí y podía escuchar cómo se friccionaba su húmeda ropa contra su piel al andar. Todo parecía claro para mí, pero no era así.
¿Qué estaba pasando conmigo? Ese deseo repentino cuando le veía… y tal vez no estaban tan alejadas las chicas de la verdad. Quizá no era amor, tal vez tenían razón y mi cuerpo estaba enamorado de la forma en que el cuerpo de Sasuke le hacia el amor. Tal vez yo estaba fascinada con el sexo que teníamos y era esa la atracción y la necesidad de estar con él lo que me tenía confundida. Todo se trataba simplemente de necesidad de su cuerpo y no de su cariño. Mi cuerpo sólo necesitaba el suyo aunque no me amara. Esa podía ser una buena excusa y no habría corazones rotos si él no estaba enamorado.
Pero, claro, tendría que descubrirlo…
Aún podía detenerle y… ¡Mierda! De la nada se detuvo abruptamente mi cuerpo chocando contra alguien y luego caí dolorosamente sentada en el suelo sintiendo como lo poco que conservaba seco de mi ropa se empapaba. Ahora sí estaba hecha un desastre, hasta del trasero.
-¡Auch! – Gemí al sentir mi trasero adolorido por haber recibido el impacto.
-¿Tendrías cuidado? – Le escuché gruñir antes de inclinarse un poco y ofrecerme su mano para levantarme de un suave tirón.
-Lo siento. – Sacudí mi ropa un poco y volví a caminar tratando de mantenerme concentrada en el camino. Gracias a que ahora mi trasero estaba adolorido, eso no fue ningún problema.
Quizá él aún consideraba que yo estaba distraída. No sabría. En algún momento él decidió que mi torpeza era peligrosa hasta para mí y sentí su mano aferrándose a la mía mientras nuestros dedos se entrelazaban cálidamente. Mientras ambos caminábamos al mismo ritmo, mi corazón estaba latiendo aceleradamente y mi respiración estaba volviéndose errática y fuerte. Podía haber colapsado de la emoción que sentía.
Una tonta sonrisa se formó en mis labios mientras mi cabeza gritaba que no fuera torpe y que lo ocultara. No pude. Era tan perfecta la sensación que no sentí en qué momento él me soltó la mano. Después pasó…
-¡Cuidado! – escuché su voz gritándome mientras sentía un brusco jalón a mi brazo. Fue rápido y fuerte. Muy rápido. Delante de mi pasó un auto a toda velocidad a penas y salpicándonos de lodo.
Y luego no escuché nada.
Estaba hablándome, él estaba gritando algo cerca de mi pero no escuchaba… estaba tan shockeada que…
-… ¿Me escuchas? – Él me estaba tomando de los hombros mientras sacudía nuevamente pero con más fuerza mi cuerpo.
-Yo… – Traté de hablar pero estaba mareada, casi sin aire.
Sasuke suspiró en cuanto escuchó el tenue y débil ruido que salió de mis labios.
¿Esa era mi voz? Fue extraña.
-¡MIERDA, Sakura! – Gritó. Por un instante pensé que estaba molesto por el lodo en su ropa, pero la forma enfadada en que me miraba directamente negó mi idea. – ¿Quisieras mantenerte despierta por lo menos mientras cruzas la calle?
¡Por Dios! Es verdad… Estuvo tan cerca. Llevé una mano a mi cabeza y sentí mis labios secos.
Sasuke aferró sus manos en mis hombros y de un jalón me aferró contra su pecho en un cálido abrazo.
-Hmp, ¿Te hiciste daño? – Sentí sus dedos clavándose en la piel expuesta de mi cintura mientras me atraía más a su cuerpo. Mis manos temblaron mientras se aferraban a su pecho.
-N… No. – Titubeé. – Estoy bien. – Mi cuerpo tuvo un ligero temblor. Pudo ser del frio, pudo ser de miedo, pero yo sabía en lo más profundo de mí que se debía a la sensación cálida de su cuerpo aferrado al mío. Estaba estrechándome entre sus brazos, como si supiera que era lo que necesitaba, como sí supiera que al soltarme podría pasarme algo peligroso de nuevo.
-Bien. – Suspiró separándose de mí. – Eres la reina de las descuidadas. – Rezongó. – No sé qué sería de ti el día que no esté cerca para ayudarte. – Se alabó a sí mismo y aunque sabía que sus palabras eran broma, podía percibir el miedo en ellas. Igual yo lo sentí, miedo de pensar que algún día, por mi culpa, podría perderle.
La idea de no volver a sentir mi cuerpo aferrado al suyo me dio más miedo.
-Espero que no pase eso, jamás. – Murmuré más para mí misma, que para él. Poco a poco mi respiración se iba regulando. El susto había pasado.
Retomamos el camino caminando tan pegados, que se podía sentir la descarga eléctrica emanando de nuestros cuerpos. En algún punto, Sasuke decidió que estaba distraída y en vez de tomarme de la mano, llevó un brazo por detrás de mi cuerpo. Sus dedos helados se clavaron en mi cintura y mi cuerpo tiritó de frío por un segundo. Después me di cuenta de que prácticamente me llevaba abrazada mientras caminábamos y se sintió jodidamente bien por esos segundos.
No nos tomó tanto tiempo llegar a donde Sasuke se había estacionado. En cuanto se separó de mi, sentí ese vacío que me daba cuando nos despedíamos. Fue raro y nostálgico. Y me odié por tener esos sentimientos confusos tanto con él, como sin él.
Sasuke abrió la puerta del copiloto para mí y me ayudó a ponerme el cinturón de seguridad. Murmuró algo de que estaba muy distraída ese día y cerró la puerta para después rodear el auto y subirse en él. Se abrochó el cinturón de seguridad y arrancó el auto con rapidez.
-El clima es terrible. – Murmuró tratando de cortar el silencio. Normalmente él no hacía esas cosas, pero mi subconsciente lo agradeció. Escuchar su voz tranquila fue cálido y cómodo.
-Lo es. – Asentí fingiendo que el tema me parecía de lo más interesante.
Sasuke manejaba al ritmo normal, el ritmo seguro que ofrecía sólo cuando estaba acompañado. Encendió el reproductor de música y en cuestión de segundos el auto se llenó por completo de música clásica y un agradable ambiente.
Me acomodé en el asiento sintiéndome a gusto por la calefacción que él había encendido y recargué mi cabeza contra el vidrio reclamándome a mi misma por haber sido tan torpe frente a él.
Definitivamente no estaba siendo un buen día.
-Oye… – Escuché su cálida voz titubeando. ¿Y ahora que habría hecho? Me senté correctamente alzando la vista hacía la calle pensando que quizá ya estábamos en la puerta de mi casa y mi torpeza había hecho acto de presencia de nuevo.
-¿Hemos llegado? – Pregunté aunque a simple vista no reconocí la calle. Aún no estábamos ni cerca.
-Quería… – Carraspeó. – Quería decir que…
-¿Qué? – No podía mirarlo. Mis ojos seguían concentrados en la calle frente a mí. Genial. Cuando debería hacerlo, no podía.
-Quería decirte que yo te grité… porque hiciste algo muy estúpido. – El tono de su voz fue nuevo para mí. No pude decidir si él sonaba arrepentido, o gruñón como siempre. Fue curioso de alguna manera.
Tuve que volver mi cabeza para verle. Estaba serio.
-Lo sé. – Me encogí de hombros sintiendo una pequeña sonrisa formándose en mis labios.
Era su forma de justificarse lo que me hizo sonreír. Él amaba molestarme, pero sólo en bromas. Era un hombre duro y serio, pero a pesar de ello era un humano. Y se había preocupado por mí.
-Bien. – Su tono volvió a ser el mismo. – Ahora dime, ¿qué es lo que tiene tan distraída?
Tú. – Quise decirle.
-Cosas… de chicas. – Respondí secamente.
-Oh, ¿eres una chica? – Se burló. Todo volvía a la normalidad.
-Muy gracioso. – Esta vez sí que le miré. Él estaba sonriendo ligeramente y yo estaba sonrojándome mientras le veía. Quizá la lluvia si me había hecho mal.
-Sólo bromeo. – Lo sabía. – Sé muy bien que eres una chica. – Aquello me desarmó por unos segundos. Claro que sí. Él conocía versiones de mí que no le mostraba a cualquier persona.
Entonces a mi mente volvieron los recuerdos de minutos antes cuando estuvimos bajó la lluvia. La culpa. Pude haberle detenido, pude haberle jalado hacía mi en cuanto me ofreció su mano, pude haberme girado mientras me tomaba por la cintura para besarle… ¿Por qué no lo hice? Quería… necesitaba un beso. Un beso de los que él me daba, de esos que me dejaban sin aliento y me demostraban educadamente todo lo que sabía hacer con su boca y su lengua. Quería que, en palabras poéticas, le hiciera el amor a mi boca. ¿Por qué lo necesitaba tanto? Quizá nunca lo sabría, si no lo pedía.
Y recordé aquellas palabras que en su momento surtieron efecto cuando tuve dudas antes de relacionarme sexualmente con él: "Cuando tengas dudas, mírame a mí."
Mirarle a él.
Su pálida piel, su cabello despeinado, sus ojos negros, su nariz pequeña y respingada, sus labios. Y luego, más abajo. Sus manos grandes, sus brazos fuertes… Ah, cuanto deseé abrazarle y besarle en ese momento.
-Puedes… ¿puedes detener el auto? – Susurré.
-¿Qué? – Cuestionó. Estaba segura de que a penas y me había escuchado hablar, pero no había entendido ninguna palabra por lo bajo de mi voz.
-Necesito que detengas el auto. – Pese a que sentía mi cuerpo temblar, mi voz salió firme y confiada en lo que decía. Aunque yo no estuviera tan segura. Pero tenía que hacerlo, debía intentar descubrir lo que sentía. A veces dar el primer paso no es sencillo, pero aún así hay que hacerlo.
-¿Estás bien? – Volteó a mirarme con preocupación en los ojos. – ¿Necesitas algo? – Sin embargo en vez de detenerse, sentí el auto acelerar ligeramente. – Hospital… – Susurró.
-Necesito que te detengas. – Mordí mi labio inferior sintiéndome estúpida. – ¡Ahora! – Grité.
-Bien. – Obedientemente pero enfadado se detuvo en alguna parte de la calle y detuvo el coche antes de voltearse a mirarme. De prisa, una de sus manos se posó en mi frente. – Estás sonrojada, ¿te sientes bien? – El tono de su voz fue enternecedor. – Te has debido mojar mucho. Debí de haber…
-No es eso. – Negué y al mismo tiempo él apartó la mano de mi frente. – Yo quería pedirte… – Mi corazón se aceleró aún más si fuera posible y mi respiración se volvió irregular.
-¿Pedirme qué? – Estaba confundido.
-Un… Ya sabes… – En mi mente, una pequeña versión mía me estaba abofeteando. Reacciona, Sakura, reacciona. – Maldita sea, – Gruñí. ¿Por qué no podía simplemente decirlo? – sólo bésame.
A veces, simplemente, necesitas dar un pequeño salto de fe.
Me desabroché el cinturón tan rápido que no supe en ese momento cómo lo hice. Clavé mi rodilla en el asiento y me acerqué a Sasuke lo más que pude. Pegué mi rostro al suyo, nuestras frentes rozándose y él tan confundido como yo.
Tan cerca de mí. Sólo necesitaba juntar un poco más nuestros rostros y…
Una sardónica sonrisa me hizo recordar que estaba con Sasuke. Aquél hombre que no hablaba imprudentemente y prefería observar como lentamente las mujeres caían a sus pies. Esa parte de él estaba saliendo a flote.
-¿Es tu forma de demostrarme que si eres una chica?– El tono de su voz me provocó más de lo que su cuerpo hacía. Sonreí con descaro para él. – ¿Qué harás ahora, Sakura?
Él me conocía. Sabía que yo era una mujer de mente pervertida y conciencia intranquila, pero qué más daba. Ese hombre excitaba mi mente.
Qué no haría ahora.
Estampé mis húmedos labios contra los suyos besando su labio inferior agresivamente, con tanta pasión como necesitaba. Mis manos se aferraron a sus hombros y sabía que era cuestión de un movimiento para quedar sobre él. El caballero ideal es aquel que siempre te abre la puerta y te acomoda la silla… también el que te abre las piernas y te acomoda en tu posición favorita. Sasuke aferró una de sus manos en mi cintura y la otra la dejó con firmeza sobre mi trasero el cuál masajeó descaradamente por sobre mis jeans húmedos. Abrí mis ojos por unos segundos para observarle mientras nuestras bocas seguían en lo suyo. Sasuke tenía los ojos cerrados y sus espesas pestañas negras se veían hermosas contrastando con la blanca piel de su rostro. Sentí una de sus manos soltarme y posarse en mi barbilla y halar suavemente de mi labio inferior. Con este movimiento, Sasuke separó mis labios permitiéndole la entrada de su lengua a mi cavidad bucal. Y lo sentí. Todo aquello que no quería reconocer, lo sentí con un beso. La perfección, la necesidad, el anhelo, el deseo. Su lengua danzaba ágil y ferozmente contra la mía, tocándola, sintiéndola y yo me estaba derritiendo. Todo arde si le aplicas la chispa adecuada. Fue rápido, pero veraz. Sentí ese vértigo, esa chispa, esa sensación de estar en una montaña rusa y deseé no bajar de ahí nunca.
Conocía mejor que nadie los gustos de Sasuke, del tipo gélido, inteligentes pero egoístas que se aburren con facilidad y que emocionalmente no quieren nada porque son más fáciles de dejar luego de un tiempo. Y sabia también que enamorarme de Sasuke es el acto suicida más despreciable del mundo, pero no pude evitarlo… me descubrí anhelando todo en él.Aún más.
Y a final de cuentas, descubrí, que era posible que no estuviera enamorada de él. Pero lo estaría. Era inevitable. Algunas cosas eran inevitables, tarde o temprano pasaban y no había forma de evitarlo. No enamorarte de una persona como Sasuke era como desperdiciar un poco de vida.
Porque él era perfecto a su manera. Era como una gran historia que valía la pena leer lentamente con una taza de café en un día lluvioso.
-Lo siento. – Me separé con prisa de él. Los centímetros que había cortado hace poco, estaban presentes de nuevo. Llevé una mano a mis labios sintiéndome apenada, más no arrepentida.
-Si lo sientes, ¿Por qué te separas? – Con la misma rapidez con que yo me había abalanzado sobre él, me atrajo de nuevo a su territorio. Esta vez no me besó, en su lugar, sus manos acariciaron mi cabello por todo lo largo mientras observaba mis reacciones. Mi cuerpo se estremeció al sentir la diferencia de temperaturas. – ¿Estás segura de esto? – Preguntó entre besos.
-Me preguntaste porque estaba tan distraída hace rato… – Él asintió. – Ahora ya sabes que desearte me hace ver torpe.
-Siempre has sido torpe.
Cuando la mano de Sasuke llegó a mi cuello, tomó mi nuca y me atrajo de nuevo hacía sus labios. Nuestros labios volvieron a encontrarse y nuestras manos se dedicaron a tocar el cuerpo del otro. Él llevó el ritmo y él me enloqueció. Porque sus manos recorrían todo mi cuerpo sin detenerse en algún punto especifico. Simplemente acariciaba mi piel a su alcance y empecé a dejar atrás todo remordimiento.
Necesitaba más de él y yo prefería quedarme con la culpa que con las ganas.
-Hmmm. – Un gemido se ahogó entre sus labios y me descubrí quitándome a mí misma la chaqueta mientras él alzaba mi blusa. Lo haríamos en el auto, bajo la lluvia. El lugar no importaba. Las reacciones en su cuerpo, la forma en que me devolvió el beso al instante, me decían lo necesitado de mí que estaba. Deslicé mis manos por su torso y él me atrajo aún más a su cuerpo. Justo cuando pensaba que terminaría de quitarme la blusa, Sasuke la dejó por debajo de mis pechos y se separó abruptamente de mí. – ¿Qué…?
-Es peligroso. – Jadeó
Oh, vamos. Es de mala educación no hacernos gemir cuando ambos nos morimos de ganas.
-¿Y? – llevé mis manos a sus hombros de nuevo. – ¿Qué propones?
-Mi casa está más cerca ahora. – No fue difícil darme cuenta que para hablar, tuvo primero que tragar saliva. Estaba ansioso, casi tanto o más que yo. – O prefieres ir a la tuya. Ya sabes, toda tu ropa está empapada. – Me observó deteniéndose descaradamente en mis pechos. No estaba preocupado por mí, en lo absoluto. Él estaba esperando una certera respuesta de mi parte. No es como sí a él le importara el lugar o lo peligroso de la situación, después de todo por su culpa e imprudencia de querer hacerlo en su oficina ya habíamos sido descubiertos una vez y había dicho que eso le hizo sentirse libre. No le importaba en lo más mínimo que mi ropa estuviera mojada y yo pudiera enfermarme. No le bastaba con mi desesperada reacción y con la urgencia de mis labios contra los suyos. Él estaba esperando mi consentimiento verbal para actuar y prolongaría el momento hasta que yo lo pidiera.
-No necesitaremos la ropa esta noche, Sasuke. – Mordí mi labio inferior mientras una de mis manos jugueteaba nerviosamente con un pedazo de su cabello detrás de su oreja. – Sólo necesito que conduzcas a donde quieras, me arranques la ropa y que me tomes como si me odiaras.
Una sonrisa llena de satisfacción se formó en su pálido rostro.
-Es todo lo que necesitaba oír. – Se acomodó de nuevo en el asiento y arrancó a penas y dándome tiempo a sentarme correctamente de nuevo.
No supe si las calles estaban desiertas, si había habido una migración masiva o si simplemente el universo estaba a favor. Lo cierto es que llegamos a su casa más rápido de lo que hubiera imaginado. Hizo unos movimientos con el mando de sus llaves y abrió la cochera desde el auto. La desesperación por entrar a su casa estaba impregnada en cada movimiento que hacía. Se estacionó cuidadosamente dentro de su cochera y salió del auto. Imité su acción y salí del auto tan deprisa, como si se estuviera quemando por dentro. Sasuke abrió la puerta a su casa y me permitió entrar primero.
Su casa, como era costumbre, estaba impecablemente limpia hasta del techo. No había nada en el suelo y en sus pocos muebles no había ni una sola basurilla. Todo estaba en su lugar y la pulcritud del lugar era curiosa. Seguro que no habría ni pizca de polvo en los sillones. Mordí mi labio inferior imaginándolo. Tendría que observarles más de cerca para poder comprobar lo del polvo. En cuanto escuché la puerta cerrase detrás de él, supe que la oportunidad de recorrer los muebles de su casa estaba cerca. Con él quería hacerlo en todas partes.
Me di la vuelta para encararle y lo primero que hizo fue volver a estampar sus labios contra los míos sin demorar ni un segundo. Esta vez no fue lento y pausado, su lengua entró en mi boca y jugueteó audazmente con la mía. Sus manos volvieron a la tarea de juguetear con mi blusa, pero esta vez no se detuvo por nada. Nos separamos apenas unos segundos en los cuales sacó mi blusa por mi cabeza y brazos, y me tomó de los hombros para girarnos y estampar mi débil cuerpo contra la puerta. De nuevo estaba encerrada entre su cuerpo. Sasuke ladeó la cabeza y profundizo aún más el beso apretando mi cuerpo con rudeza contra la puerta. Mi espalda se curvó un poco al sentir como mordía mi labio inferior. Estaba excitada y terriblemente necesitada de él. Mis manos estaban firmes en sus hombros y las suyas estaban en mi cintura atrayendo su pelvis contra la mía. Él también estaba necesitado de mí y eso me enloquecía. Jadeé repentinamente contra sus labios porque quería que lo supiera, quería que entendiera que la espera se estaba volviendo terrible y que ya necesitaba algo más de él. Una de sus piernas se coló entra las mías separándolas y haciendo que perdiera un poco el equilibrio, pero él me tenía agarrada. Sentí una de sus manos colarse hasta mis jeans y desbrochó el botón más rápido de lo que yo lo hacía aún en las noches en que necesitaba estar dentro de mi cómoda cama.
-¿Realmente vamos a hacerlo? – A penas se separó de mis labios por unos segundos, necesitaba escucharle desearme.
-Hmp. – Jadeé de nuevo mientras sentí la misma mano deslizándose lentamente por la orilla de mis bragas, mientras la otra mano acariciaba con rudeza mi trasero. – ¿Tú qué crees? – Sólo bastó un segundo para que Sasuke me alzara entre sus brazos obligándome a enrollar mis piernas en su cintura.
Tuve que aferrarme con aún más fuerza a sus hombros mientras él me sostenía por el trasero y separaba mi cuerpo de la puerta.
-¿Dónde? – Dijo en medio de un jadeo. – ¿Dónde lo quieres? – Comenzó a andar a pasos lentos con sus manos masajeando mi trasero.
¿Dónde? Me daba igual. Yo lo quería en todas partes.
-Aquí, ¡ya! – Gemí sintiendo su miembro ya despierto pero aún bajo sus pantalones. Sasuke se acercó al sillón a pasos rápidos y estuvo a punto de dejarme caer cuando un ligero temblor me estremeció. Yo ya no tenía blusa, pero mi cuerpo entero estaba empapado. Tirité una vez más por el frío y el volvió a sostenerme con rudeza por el trasero.
-Quizá es un poco imprudente, estamos empapados. – Pese a sus palabras, seguía tocándome con descaro. Le escuché tragar saliva mientras su mirada estaba perdida en algún punto detrás de mí. Estaba pensando algo. La forma en que fruncía el entrecejo le delataba. Unos segundos, y…tenía una idea. – De acuerdo, lo tengo. – Dijo mientras volvía a aférrame a su pecho. Mi cuerpo se pegó aún más al suyo y en vez de sentir frio por lo húmedo de su camisa, me sentí extrañamente cálida.
-¡Mierda! – Me aferré a su cuello tratando de no moverme mientras él subía lenta y seguramente las escaleras. – ¿A dónde vamos? – Gruñí.
-Sólo aguarda. – desde mi posición podía ver el pasillo que conocía a la perfección. Conocía su casa tanto como él mi departamento. Sabía que el camino que tomaba o bien podía llevarnos a su habitación, o…
-¿Al baño? – Me quejé en cuanto le vi pasar de largo la puerta marrón que resguardaba su habitación. No estaba en contra de hacerlo en su bañera, pero su cama debía ser más cómoda para el sexo. – Sasuke…
-Ya te dije que aguardes, molesta. – Una de sus manos se separó de mi trasero y regresó en un suave pero firme golpe que me sobresaltó.
-¡Auch! – Chillé. No había dolido el toque de su mano, como que dio en el punto exacto donde mi trasero había estampado minutos antes contra el pavimento.
-Hmp, cállate. – Rápidamente abrió la puerta del baño y me dejó caer al suelo. Observó a su alrededor y finalmente me indicó con la cabeza que entraríamos a la ducha. Nada mal. Sasuke me dio la espalda mientras se quitaba a sí mismo la camisa botón por botón con una rapidez que me hizo sonrojar. Estábamos igual de ansiosos y esa era claramente una invitación silenciosa a unirme a él.
Bien, debería…
Esto sería nuevo. Nos habíamos acostado juntos, pero… tomar una ducha juntos debía ser una nueva clase de intimidad que no habíamos…
¡Qué mierda! Me estaba muriendo de ganas por hacerlo con él.
Imitando su acción, mis manos viajaron rápidamente al borde de mis jeans y los bajé tropezando un poco en el intento. Escuché el ruido de mis llaves y mi celular contra el suelo pero daba igual. Llevé mis frías manos a mi espalda y desabroché mi sostén con rapidez. Descubrí que mis bragas no combinaban en lo absoluto con el sostén y reí un poco para mí misma, igual y me deshice de ello. En cuanto volví a erguirme tras haberme quitado las bragas, me encontré con Sasuke de pie frente a mí. Tal y como me gustaba. Sin nada encima más que con una admirable erección dispuesta a llenarme completa. Sasuke me tomó sin demoras por el brazo y nos metió a ambos debajo de la ducha de agua tibia. Fue relajante, reconfortante y demasiado bueno. Ya estaba sintiendo el agua helada de la lluvia resbalando por mi cuerpo y siendo reemplazada por el agua tibia. Sasuke me dio la espalda un segundo mientras buscaba algo entre sus cosas de aseo personal.
¡Hola! Bien formada espalda de Sasuke y sus dos sensuales lunares. ¡Un GUSTO verte de nuevo trasero de Sasuke!
Mordí mi labio inferior con descaro.
-No es el tuyo que huele a frutillas, pero no estás en posición de exigir. – La voz de Sasuke me hizo reaccionar de mi lapso de estupefacción. En sus manos estaba una botella de shampoo y la sonrisa que me mostró me hizo suspirar. Asentí y estiré la mano para tomar la botella, pero él lo volvió a poner en donde estaba. En sus manos ya tenía un poco del líquido y lo llevó con prisas a mi cuero cabelludo.
-Puedo hacerlo. – Murmuré sintiendo como masajeaba mi cabello dulcemente.
-Calla. – Susurró mientras formaba espuma con sus largos dedos. De alguna manera la sutileza con que me tocaba me hacia sentir bien. Hasta me relajó la presencia de sus dedos por mí cuerpo. No sólo acariciaba mi cabello, sus manos esparcieron la espuma por mi cuerpo húmedo. Masajeó suavemente mis pechos y abdomen formando círculos de espuma por mi piel. Sus manos descendieron lentamente hasta mis muslos y finalmente volvieron a subir por mi espalda. No le tomó mucho tiempo, ni siquiera hizo mucho, simplemente volvió a meterme bajo la ducha para quitar la espuma de mi cabello y me obligó a bajar el rostro hacía el suelo para que la espuma que escurría por mi cuerpo no entrara en mis ojos. Fue incomodo, pero bueno. No estuve mirando precisamente el suelo, ni el agua arrastrando la espuma, mucho menos nuestros pies. Es vergonzoso pero justo admitir, que contemplé con atención el miembro de Sasuke. Oh, vamos. Era un pene común y corriente. Con unos cuantos centímetros arriba de mis expectativas y con un grosor normal, pero sinceramente ya ansiaba sentirlo dentro de mí, de nuevo. – Hey, – Llamó de nuevo mi atención. – ¿has terminado de devorarme con la mirada? – Bromeó. Avergonzada subí mi mirada de nuevo a su rostro. Mi cara estaba caliente y estaba segura de que no se debía al agua tibia.
-Quisiera devorarte con algo más que con la mirada. – Le respondí mientras mordía mi labio inferior.
Sólo Dios sabe cuánto te deseo.
A ese juego de seducir con sarcasmo podíamos jugar los dos.
Sasuke abrió la boca bastante sorprendido por mis palabras y parpadeó un par de veces antes de volver a retomar su postura relajada.
-Juegas sucio.
-Sólo sí me provocas. – Rodeé su cuerpo quedando de espaldas a él y rebusqué en aquel punto donde él había sacado la botella de shampoo, hallando primero el jabón líquido. Ciertamente no era mi botella que olía a café, pero estaba entre mis manos lo que Sasuke usaba. Lo que le daba a él esa esencia deliciosa que inundaba mis fosas nasales cuando rozaba su cuerpo contra el mío. Formé en mis manos espuma como él había hecho y decidida imité su acción. Froté mis manos contra su abdomen primero. Recorrí con lentitud ese camino que mis labios habían probado infinidad de veces. Subí hasta su cuello y di suaves masajes en sus hombros mientras insinuantemente pegaba mi cuerpo a él, fingiendo que tenía que hacerlo por la obvia diferencia de estaturas entre nosotros. Llevé mis manos a su pecho de nuevo y descendí lentamente por su torso desnudo. Permití que mis uñas rozaran suavemente su piel y reí al descubrirle siguiendo mis manos con la mirada. Humedecí mis labios con la lengua y mordí mi labio inferior mientras detenía mis manos lo suficientemente cerca de su miembro como para provocarle frustración. Pero en ese punto, ni él ni yo estábamos para juegos. Con las yemas de mis dedos acaricié la punta de su miembro con lentitud, sintiendo de paso la textura como si fuera la primera vez que lo tenía entre mis manos. Con el dedo medio de la otra mano recorrí el largo hasta llegar a sus testículos.
-Mierda. – Escuché a Sasuke tragar saliva y esa fue la señal. La mano que tocaba la punta comenzó a acariciarlo más pronunciadamente y apretarle en un pequeño pellizco con suavidad. La otra masajeaba con descaro sus testículos.
Bajo mis manos podía sentir como se endurecía más y más. La calidez que su cuerpo emanaba era curiosa. Mis manos le tocaban como si quisieran agradecerle de alguna forma todo lo que él me daba a mí.
Fue extraño pero placentero observar mis propias manos actuar en lugar de mirar a Sasuke. Aunque no era tan necesario. Lo estaba disfrutando tanto como yo haciéndoselo. Podía escuchar sus jadeos cerca de mi oído y su corazón martillando con fuerza. Di un suave apretón más en su punta y él aferró una de sus manos en mi brazo.
Mi cuerpo estaba ansioso pero no quería detenerse. Quería verle llegar. Por mí.
-Mierda… – Jadeó de nuevo.
Traté de contener una sonrisa de satisfacción. Uchiha no era el único que podía hacer delirar a una persona con su sólo toque.
Me gustaba la sensación. Ser la causante de sus jadeos indescifrables y sus latidos arrítmicos.
-¿Está bien si voy más rápido? – Le miré sin bajar el ritmo de mis manos. Su rostro estaba contrariado. Como si estuviera evitando gemir. Aún así, asintió con lentitud.
Y me di a la tarea de darle lo que necesitaba. Subí y bajé por su largo miembro tratando de hacerlo suave pero preciso a la velocidad que sus jadeos cada vez más fuertes me pedían.
-Hmp. – Sasuke aferró una de sus manos en mi cintura y la otra la llevó a la pared a su lado, buscando apoyarse en algo más que en mí. – Ahh… – Jadeó.
Bajé de nuevo la mirada a mis movimientos. Saber que yo le podía devolver así el placer que él me daba, fue perfecto. Mis manos subían y bajaban a un ritmo cada vez más elevado y tuve que hacerlo, tuve que mirarle. Ese rostro. Fui incapaz, por unos segundos, de dejar de mirarle. Se estaba debilitando. Su resistencia estaba a punto de ser vencida. Sus labios entre abiertos y su rostro sutilmente sonrojado por el placer eran lo mejor que pudiera haber visto. Verle soltar pequeños jadeos que se perdían en mis oídos, sus ojos completamente cerrados, sus labios separados ligeramente y sus mejillas levemente sonrojadas. Ese hombre era arte. Todo él, por completo. Se sentía bien, saber que ambos podíamos enloquecer al otro de una manera arriesgada, loca y perfecta.
-No te… detengas ahora, mo… molesta. – Reclamó entre jadeos. Entonces me di cuenta de que estaba bajando sin querer la velocidad.
-Lo siento. – Le sonreí concentrándome de nuevo en lo que estaba haciendo. Era obvio que ser 'observadora' cuando se trataba de él, no se me daba del todo bien. Él era mucha tentación para una mujer débil como yo. Él era como el pecado más prohibido y placentero y a mí no me molestaba ser tentada por su cuerpo. Tentada a más de él. Acerqué mis labios a su pecho y le besé con ternura y lentitud. Dejé que mis labios sintieran la humedad en su cuerpo mientras mis manos aumentaban el ritmo de sus movimientos. Recorrí con mis labios su clavícula y barbilla, descendí por su esternón y succioné buscando dejarle pequeños moretones en su blanca piel mientras él gruñía por mis acciones. Regresé por su cuello y dejé escapar un jadeo cerca de su oído. La mano que tenía en su cintura se apretó más contra mi piel.
-Ahh… – Gimió tensando su mandíbula.
Estaba cerca. Sus ojos se apretaron con fuerza y sus labios se entreabrieron. Consideré por un momento arrodillarme ante él y darle placer con mi boca, pero no pude hacerlo. Primero: porque me conocía a mi misma lo suficiente como para saber que mi torpeza me haría tropezar con la espuma del suelo, y segundo: porque desde muy debajo no podría ver esa magnífica expresión que Sasuke tenía en esos momentos.
-¡Ahh! – Gimió. Saber que yo era la causante de aquello era como tener asegurada una pequeña porción del cielo. La fricción con su miembro comenzó a aumentar de manera que lo sentía cada vez más y más caliente. Sus jadeos aumentaban y estaba casi segura de que en mi cintura quedarían marcados sus dedos.
No demoré mucho tiempo más, necesitaba verle llegar. Aumenté lo más que pude mis movimientos y aguardé mientras mordía mi labio inferior.
Soy incapaz de pasar por alto tu rostro, especialmente cuando en el está tallado el placer de un orgasmo.
Su respiración se tornó aún más irregular, los jadeos aumentaron en volumen y su mano en mi cintura se tensó. Sin embargo, no pude verle llegar. Sasuke soltó la pared y llevó la mano ahora libre a mi cuello. Me atrajo hacia sus labios y dejó escapar entre ellos los jadeos correspondientes al orgasmo. Sentí la humedad en mis manos y Sasuke me obligó a soltarle. Parte de lo que había caído al suelo había sido arrastrado por el agua de la ducha.
La lengua de Sasuke recorría todo en el interior de mi boca. Sus manos estaban aferradas a mi cuerpo como sí el orgasmo le hubiera debilitado. Su pecho latía contra el mío y el ligero temblor de su cuerpo le dio a sus labios una curiosa sensación.
Nos tomó un par segundos separarnos, pero cuando lo hicimos, yo le hablé:
-Noté que estabas un poco… tenso. – Sonreí con descaro. – Pensé que un 'masaje' te haría relajarte.
-Pensaste bien. – Su voz estaba ronca y sus ojos estaban oscuros y cargados de deseo.
-Lo sé. – Mordí mi labio inferior.
Sasuke nos metió de nuevo bajo la ducha y me besó con brusquedad provocando que tuviera que aferrarme a sus hombros para no caer al suelo.
-Esto es una mierda. – Gruñó a penas separándose unos centímetros de mí. – No quiero esperar más. – Me estampó contra las losetas del baño, tal y como había fantaseado. Una de sus piernas volvió a ponerse entre las mías pero esta vez subió un poco para frotar su rodilla contra mi intimidad con suavidad. No pude evitar gemir en medio del beso que él estaba controlando.
Sasuke llevó una de sus manos a mis pechos y masajeó suavemente uno mientras la otra mano seguía aferrada a mi cintura. Su nueva erección golpeaba mi vientre y mi cabeza estaba dándome vueltas por la falta de oxigeno en mis pulmones. Sasuke descendió sin premura por mi cuello y lo mordisqueó con suavidad provocando un ligero temblor en todo mi cuerpo. Sabía ya que la humedad entre mis piernas no era sólo por la ducha. Sasuke separó la mano de mi pecho y le escuché mover algo metálico junto a mí. El agua tibia dejó de caer por sobre nuestros cuerpos.
-Estamos a salvo. – Ronroneó cerca de mi oído. Por un momento pensé que era momento de salir de la ducha y seguir en otra habitación, pero Sasuke me dio un suave beso en la frente, mejilla y luego en la barbilla. Entonces, bajó sus labios suavemente por mi cuello hasta mi clavícula, avanzó hasta mis hombros y descendió por mi brazo con suavidad. En el camino, sentí como iba dejando suaves chupetones en mi húmeda piel. No supe cómo, pero de la nada, ya estuve entre sus brazos con mis piernas enrolladas en su cintura y sus labios en mis pechos, su lengua lamiendo con descaro mi pecho y sus dientes rozándome provocadoramente. Tuve que hacer acopio de las fuerzas que tenia para contener un gemido, sorprendida por la fuerza contenida con que mordió mi piel.
Sus manos estaban aferradas a mí con fuerza y le agradecí por ello. Ciertamente no era el lugar menos peligroso donde podríamos hacerlo, pero si se estaba sintiendo jodidamente bien.
-Realmente muero de ganas por hacerlo aquí… – Jadeé. – Pero siento que es… peligroso.
-Hmp. – Asintió de inmediato y aferró sus manos a mi cintura mientras comenzaba a caminar con cuidado hacia la puerta. En el camino, tomó una toalla y me envolvió con ella sin bajarme ni detenerse. En cuanto abrió la puerta supe que me había cubierto para protegerme del crudo frio que nos golpeó al salir de lo tibio del baño. – ¿Quieres volver abajo? – Me miró con deseo. Él no estaba dispuesto a esperar más ni yo a hacerle esperar.
Negué sintiendo mis mejillas arder por el sonrojo.
-Tu habitación estaría bien. – Susurré antes de darle un beso en el lóbulo de su oreja. – Donde sea pero contigo…
Sasuke caminó a toda prisa hasta su habitación.
Había estado en ella. Había entrado un par de veces cuando era su cumpleaños y le obligaba a salir a desayunar conmigo para después sorprenderle con el resto del grupo. Me había acostado en su cama, generalmente lo hacía para fastidiarle ya que él odiaba verla revuelta y yo amaba acostarme en ella y rodar por sus sábanas hasta hacerle enfadar. Esta vez entraría con otro propósito y me acostaría en su cama consciente de que no le molestaría verme revolver sus sabanas. Porque él sería causante de ello. Y no podía esperar ni un segundo más para sentirlo.
Sasuke me dejó caer con brusquedad sobre su cama mientras él permanecía a los pies de ella. Sonrió para mí y supe por su mirada que estaba en problemas. Me iba a hacer pagar por haber hecho que se mojara en la lluvia, me iba a hacer pagar por detenerle mientras manejaba y definitivamente pagaría por el 'vergonzoso' placer que le provoqué en el baño.
Subió a la cama quedando sobre mi cuerpo pero a penas y rozándonos un poco. En su camino, dejó suaves besos por mi piel hasta mis pechos los cuales tomó entre sus manos sin pudor alguno. Apretó rudamente uno de ellos pero en vez de que lo sintiera doloroso o torpe, fue demasiado excitante. Ya había sentido antes sus manos sobre mis pechos, sin embargo esta vez lo sentía más rudo y desesperado.
-Ahh… – Jadeé al sentir como recorría el nacimiento entre mis pechos con su lengua. Trazó un camino húmedo desde mis pechos hasta mi cuello el cuál mordisqueó y lamió provocando que mi cuerpo entero temblara de excitación.
Nada mal, Uchiha.
Sasuke susurró algo en mi oído pero no pude entenderle, estaba pérdida entre sus manos que recorrían mi cuerpo con descaro. Las sábanas se pegaban a mi piel porque no estaba del todo seca y mis pies se clavaron bruscamente al colchón en cuanto sentí que una de sus manos estaba descendiendo con una lentitud terriblemente interesante hacía mi centro.
-…Sakura. – Susurró observándome con esos ojos que me volvían loca.
¿Qué había dicho?
-¡Ahh! – Gemí sintiéndome urgida de más. – ¿Qué…? – Quise preguntarle. ¿Qué habría dicho? Su rostro serio me confundió más. – ¡Sasuke! – Casi grité en cuanto dos de sus dedos entraron de golpe en mi interior. – ¡Mierda! – estaba demasiado húmeda como para negarme. Sus dedos se sentían de maravilla. Mi respiración se agitó de inmediato, mis labios estaban entreabiertos y empezaron a soltar jadeos de placer.
Él no perdió el tiempo. No fue lento, dulce, ni nada que se le pareciera. De inmediato el ritmo que tomó fue demasiado intenso como para que le llevara el ritmo. Sus dedos entraban y salían bombeando mi interior de una forma en que no había sentido antes. Mis manos se aferraron a las sábanas y mis ojos estaban cerrados, concentrando mi mente en ese punto exacto.
-¡Mierda, Sasuke! – Jadeé. En respuesta, Sasuke curvó uno de sus dedos en mi interior tocando un punto exacto que me hizo jadear con fuerza por el placer.
Sasuke llevó sus labios de nuevo a mis pechos los cuales lamió con lentitud desesperante. Como si me degustara a cucharadas lentas. Y me encantó.
-¡Ahh! – Gemí aferrando mis manos a sus húmedos cabellos para atraerlo más a mí. Sentí una sonrisa formarse en sus labios mientras seguía jugando con su lengua en mi piel. Sasuke se separó a penas un poco de mi y sopló sobre mi pezón provocando que mi piel se erizara. ¡Maldito y perfecto Sasuke! Humedeció sus labios antes de cambiar de pecho mientras con una mano seguía dándole atenciones al izquierdo. No conforme con torturarme con la lengua, sasuke rozó suavemente con sus dientes mi sensible piel.
-…Demasiado húmeda. – Susurró a penas y separándose de mí.
No iba a resistirlo más. Sus dedos entraban y salían a una velocidad deliciosa y mis jadeos se escuchaban cada vez más fuertes. Necesitaba ya de él.
-Sasuke… – Reprimí un jadeo y le llamé. – Dete… ¡Ahh! Detente.
Sasuke dio una mordida rápida al pezón derecho y de nuevo me miró profundamente.
-¿Qué pasa? – Su ronca voz me produjo una extraña sensación de placer. Sasuke me observaba fijamente pero los movimientos de sus dedos no cesaban.
-Ya… – siseé por el placer. – Necesito que… – Mordí mi labio inferior mientras sentía los dedos de mis pies arquearse. ¡Mírame, Uchiha! me tienes húmeda y desesperada. ¿En serio sigues necesitando de palabras para entenderme? Interpreta mi silencio, idiota. Te necesito con urgencia dentro de mí.
Sasuke parpadeó y tuve que aferrarme con fuerza a las sabanas cuando él volvió a curvar sus dedos en mi interior.
Este idiota no entendería a menos que…
Llevé una de mis manos a su pecho y le empujé suavemente. Sasuke detuvo sus movimientos y arqueó una ceja dudando.
-¿Sakura…?
Ladeé el rostro hacía mi izquierda buscando. Junto a la cama había una mesita de noche. ¿Dónde guardaban los hombres los preservativos? Suponía que junto a la cama era un buen lugar, después de los bolsillos de sus pantalones. Si, ahí. Estiré la mano con que le había empujado y abrí el cajón con lentitud sintiendo sobre mí la atenta mirada de Sasuke.
-¿Qué…? – Deslicé mi mamo por el interior del mueble de madera y tanteé con mis dedos su interior. Sentí papeles bajó las yemas de mis dedos, también habían bolígrafos y… ¿dinero? Por qué mierda guardaba cosas de papelería y su dinero ahí… ¡Y no un preservativo! ¿Qué clase de hombre era él? – ¿Dónde…? – Estiré un poco más mi mano buscando hasta que no pude más.
-Hmp. – La estúpida sonrisa de Sasuke me obligó a mirarle de nuevo. – ¿Buscabas esto? – Sasuke llevó la mano a un lado de mi cabeza y como por arte de magia, ¡ahí estaba! Entre sus largos dedos reluciendo como plata pura.
-¿En serio? – Entrecerré los ojos y no pude contener la risa. – ¿Dónde los guardas, Debajo de la almohada?
-No. – Respondió serio. – Lo tomé desde el baño. – Me miró con el rostro de burla con que yo le había mirado segundos antes. – ¿Te han dicho antes que eres excesivamente distraída?
-Creo que sí. – Fingí pensarlo. – Un par de veces el día de hoy. – Traté de no reírme. Principalmente porque sabía que se estaba burlando de mí, pero los nervios del momento me traicionaron.
Era débil ante él. Demasiado.
-Entonces… – ¿Era posible que aún burlándose de mí siguiera viéndose ante mis ojos como el hombre más apetecible?
-¿Entonces? – Pregunté perdida en sus labios húmedos.
-¿Qué es lo que quieres que haga? – Dijo de nuevo serio. Su sonrisa ya no era más de burla si no de provocación. Se llevó el paquete plateado a su boca y haló de él con la fuerza suficiente para abrirlo y sacó el preservativo. ¿Cómo era posible que con esa simple acción, mis muslos sintieran necesidad de sentirle llenándome? – Ya conseguiste el beso, una ducha, volverme loco… ¿Qué quieres que te haga? – Su mirada ennegrecida estaba fija en la mía mientras sus manos trabajaban sutilmente en aquella parte cubriéndose con el látex del condón.
Tú sabes lo que quiero. – Quise decirle. – Haz lo que quieras conmigo, soy tuya. Bésame hasta dejarme sin aire, muérdeme por todas partes hasta marcarme tuya. Conoces mis puntos débiles, úsalos. Conoces mis gustos, sáciame. Pero lléname de ti, de la locura con la que besas y posees mi cuerpo.
-Tómame. – Jadeé. – Como quieras, pero hazlo.
Hasta que me tiemblen las piernas y la voz.
-Espero no te arrepientas, Sakura. – Su sonrisa de lado me dejó sin aire. Era tan perfecta. Sasuke comenzó con un suave movimiento de su miembro a penas y rozando mi entrada. Mi centro le recordó con impaciencia. Mierda, ¿Cuánto tiempo había pasado? Casi 2 semanas desde que habíamos sido descubiertos y desde entonces no había vuelto a tener el gusto y placer de sentirlo en mi interior. Sasuke me tomó de la cintura con una mano mientras metía apenas la punta de su miembro y lo retiraba de nuevo. Estaba tentándome, jugando conmigo. Rozaba mi entrada de arriba a abajo y yo me sentía terriblemente impaciente. Sus movimientos lentos sólo conseguían que yo me desesperara a cada segundo que pasaba sin tenerlo dentro de mí, y sin embargo le permito hacerlo porque me gustaba jugar también. Sabía que éramos igual de débiles y sabía que no tardaría demasiado en ceder.
Sasuke dejó de moverse segundos después que de mis labios escapó un jadeo. Me miró fijamente sin parpadear empezando una lucha por ver quién cedía primero. Consideré dejar que sea él quien ruegue, pero sabía que yo estaba más necesitada en ese momento. Llevé ambas manos a su espalda y deslicé mis uñas por su columna descendiendo lentamente hasta ponerlas sobre su trasero.
-Mmm… – Apreté mis dedos sobre su piel sembrando mis uñas en su delicioso trasero y obligándole a descender.
Sasuke cerró los ojos por un momento y entonces perdió.
En el momento en el que entró en mí, me olvidé por completo del espacio-tiempo que compartíamos y de mi mente se borraron todas las ideas que habían estado formándose, todas las preocupaciones y dolores de cabeza. Porque él me hacía olvidarme de todo mientras su cuerpo estuviera unido al mío.
-¡Ahh! – Gemí en cuanto sentí como me llenó de una manera jodidamente deliciosa. ¡Sí que le había extrañado demasiado! Y él a mí, aparentemente. Porque no se contuvo como otras veces. Esa vez no iba lento primero y ascendiendo con los minutos. Sasuke empezó a ser rudo, fuerte, demandante desde el principio… porque él estaba tan desesperado como yo. Y él no tenía ni idea de cómo me enloquecía aquello.
Estaba embistiendo contra mi delgado cuerpo con toda la fuerza que tenía y me estaba enloqueciendo al mismo tiempo. ¡Mierda! Qué pedazo de hombre.
Aferré mis manos en su espalda y atraje con fuerza su cuerpo contra el mío. Mis pechos pegados a su torso húmedo se sentían demasiado bien. Besé con vehemencia y adoración su hombro, subí por su cuello hasta su barbilla y gemí cerca de su oído sabiendo que eso le enloquecía.
-Te quiero… – Susurré sabiendo que mis palabras se perdieron tras un gemido de Sasuke y que él no las había escuchado. Porque le conocía tan bien como a mí misma. El sexo nos distraía por un momento de la realidad. Y con él, era una deliciosa tortura que ansiaba nunca parase.
Besé su rostro sintiéndome estúpida y enamorada mientras mis labios llegaban a los suyos. Nos besamos de nuevo. Sin pausas pero sin prisas. Nuestros labios uniéndose por la necesidad y el deseo que tenían de hacerlo.
Por un momento, un muy breve momento, descendió la velocidad para poder acomodar sus rodillas firmes contra el cochón y amoldar mis piernas a los lados de su cadera. Seguro tenía una buena vista de mí, porque el deseo en sus ojos me provocó una arritmia momentánea. Sasuke agarró mis caderas y volvió a embestir contra mi cuerpo. La posición le permitía darme con todo lo que tenía, tanto que sentía mis pechos mecerse con cada movimiento de sus caderas mientras mis manos se aferraban a las sábanas a los lados de mi cuerpo.
-¡Ahh! – Dejé escapar un gemido de esos fuertes, vergonzosos y que dejaban sin aire a mis pulmones en cuanto sus caderas aumentaron aún más el ritmo
Estaba siendo todo lo que necesitaba esa noche. Rudo, tosco y jodidamente complaciente.
-Mierda… – Jadeó dejando caer su cabeza hacia atrás.
Sasuke embestía sin piedad mi cuerpo mientras nos llevaba a ambos al éxtasis.
Podía sentir una de sus manos aferrándose a mi cintura para darse impulso y entrar más profundamente en mí, mientras la otra mano crujía sobre las sabanas en las cuales se apoyaba. De sus labios salían jadeos y gruñidos excitantes que provocaban que mi cuerpo se estremeciera aún más. Nada como los gemidos de Sasuke contra mi oído para sentirme una jodida diosa sexual, aunque era obvio que no lo era. Por otra parte, él movía sus caderas frenéticamente contra mí, provocando que mi cuerpo se moviese al ritmo bestial de sus embestidas. ¡Que alguien le ponga un altar a ese hombre! Quien a pesar de dudar de la existencia de deidades, me estaba llevando al paraíso a pasos lentos.
-¡Ahh! – Gemí de nuevo cuando sentí como embistió aún más fuerte en mi interior. – ¡…Sasuke! – Enterré mis uñas en las sabanas a ambos lados de mi cuerpo.
Embestía rudamente contra mí y no le costó absolutamente nada de esfuerzo llevarme al límite.
-¡…Más! – Estaba cerca, cerca… demasiado como para ignorarlo. Ya casi… Lo podía sentir… casi lo tocaba con la punta de mis dedos…
Mordí mi labio inferior tratando de contener los jadeos cargados del aire que mis pulmones estaban demandando.
Sasuke embistió un par de veces más arrastrándome cada vez más cerca del paraíso.
-Hmmm… – Gimió apretando sus dedos contra mi piel.
Aferré mis manos a los lados de mi cuerpo tratando de buscar una especie de 'ancla' que me recordara que estaba ahí, que estaba pasando. Que esta vez, todo estaba bien. Aunque no fuera 100% así.
Con cada embestida que daba en mi cuerpo me empujaba lentamente a un placer que ya ansiaba sentir.
No te detengas, Uchiha… No…
Estaba allí… sólo era cuestión de…
-¡Sasuke! – Gemí en respuesta a la fuerte estocada que dio en mi interior. – ¡Mierda! – Sentía cada estocada volviéndose más fuerte y perfecta contra mí. – Nnnmm... ¡Ahh! – Y… ¡Finalmente! Luego de que el último orgasmo que estuve a punto de tener fue interrumpido estrepitosamente, estaba siendo recompensada con un maravilloso placer que me llevaría en breve a un fuerte y necesario orgasmo. Ese orgasmo que me había sido arrebatado semanas atrás antes de que pudiera sentirlo, estaba llegando.
Todo a mí alrededor daba vueltas y cerré mis ojos sabiendo que ese placer merecía ser recibido con toda mi atención y todos mis sentidos. Y lo sentí. Una deliciosa oleada de placer iniciando desde mi bajo vientre pero propagándose por todo mi cuerpo como el fuego. Y me estaba quemando. Todo mi cuerpo se tensó al recibir la octava maravilla del mundo y mis manos se clavaron en las sábanas.
-¡Ahh!
El orgasmo me dio tan fuerte que sentí que morí un poco y reviví. Mi cuerpo se volvió liviano y suave. El temblor en mi cuerpo era lejano a lo que en mi mente sentía. Fue una explosión. Como fuegos artificiales frente a mí o pequeñas chispas brotando de mi vientre. Así de fuerte, más 10.
Con los ojos cerrados con fuerza, mi cabeza en blanco, y mis uñas aún clavadas en el colchón, me dejé llevar de nuevo.
Me perdí por un momento mientras él seguía con su cuerpo unido al mío.
A lo lejos, pude escuchar un ruido suave y tranquilo.
…
..
Dejé caer mi cuerpo pesadamente en el colchón en cuanto volví a recobrar el sentido. Estaba aturdida. Mi cuerpo se había desconectado por algunos segundos y mi cabeza daba vueltas por la habitación. Traté de abrir los ojos lentamente encontrándome con el techo color crema de la habitación de Sasuke. Lejanamente escuchaba mi respiración entrecortada y mi corazón martilleando con fuerza en mi pecho.
Giré el rostro a mi izquierda y sabía que seguía costada sobre la cama, pero aún no habíamos terminado. Podía sentir aún el pesado cuerpo de Sasuke contra el mío y sus manos aún aferradas a mi cintura. Escuchaba su voz susurrar algo. Aún mi centro palpitaba contra el falo duro y caliente de Sasuke, así que seguía en mi interior pero… No se movía. ¿Por qué?
Separé mi cabeza de la almohada y le vi observándome fijamente a los ojos, los labios, todo mi cuerpo. Pero sólo me miraba. Sus labios separados parecían susurrar algo y tenía una mano demasiado cerca del rostro.
¿A qué estaba jugando ahora?
-¿Cuándo? – Le escuché decir. Sus ojos seguían sobre mí, pero sólo una de sus manos me sujetaba. – Entiendo. – ¿Qué cosa? Acaso estaría diciéndome algo que yo no había escuchado. – Lo sé. – susurró en medio de un suspiro de frustración. ¿QUÉ? ¿Qué estaba…? Sasuke ladeó el rostro hacía un lado distraídamente pero permitiéndome ver por unos segundos de que se trataba. Oh, estaba hablando por teléfono. ¿En serio?
Abrí los labios enfadada.
¡Qué falta de respeto era eso! No era de un buen amante tener a una hermosa chica bajo su cuerpo, con urgencia de volver a sentir sus arremetidas contra su dulce y delicado cuerpo e ignorarla por hablar por teléfono. ¿Con quién cree que estaba cogiendo?
Oh, cariño. Te equivocaste de persona. ¿Alguna de tus amantes te ha permitido eso? Yo no.
-Ejeeeem. – Carraspeé. Sasuke volvió a mirarme y la burla llegó hasta sus cálidos ojos.
-No, no… – Sonrió de lado para mí. – Aguarda un segundo. – Llevó una mano al teléfono y se acercó lo suficiente a mí como para susurrarme al oído: – Lo siento, cariño. Es mi padre. – Oh. – Dame unos minutos y volvemos donde nos quedamos. – Guiñó un ojo.
Hice una involuntaria mueca de culpa. Sabía por palabras suyas que su padre casi nunca le llamaba a menos que fuera importante. Suponía que esta vez lo era. Sobre todo porque hasta él se había tomado la molestia de contestar mientras estábamos 'ocupados'.
-Lo siento. – Mascullé. ¡Pero te necesito aún! ¡Vamos, al menos muévete un poco!
Gemí involuntariamente de frustración.
Sasuke regresó su atención al teléfono y trató de mantenerse serio ante mi cara de enfado.
-No, no estoy solo. – Le escuché decir. –…Es Sakura. – Asintió hacía mi. – Sí, en mi casa. – Una mueca de desagrado se formó en sus labios por unos segundos. –…Está ocupada.
No, no lo estaba. Pero planeaba estarlo.
No me quedaría dos semanas más sintiéndome frustrada por no coger con él. Necesitaba un orgasmo y él entender que mis necesidades no podían reemplazarse con otra distracción de alguna entrometida persona.
Moví suavemente en círculos mis caderas llamando su atención de nuevo.
-¿Qué quieres? – Artículo con sus labios.
-¡Muévete! – Susurré.
-Hmp. – Sasuke volvió a sonreír mientras me tomaba con una mano por la cintura y embestía rudamente contra mí.
Oh, joder.
-Hmmm. – Llevé una mano a mis labios para evitar que algún inapropiado ruido saliera de ellos.
Ahora él estaba jugando rudo.
Sasuke respondió algunos números hacia el teléfono y volvió a distraerse de mí.
Mi turno.
Levanté un poco mi cuerpo, lo suficiente como para tomar impulso, y con una mano empujé a Sasuke por el pecho provocando que quedara sentado aún sobre el colchón y yo sobre de él. Estaba distraído por la llamada y obviamente no me costó mucho trabajo ni fuerza hacerlo. Sin embargo, eso también me costaría después.
-Mierda… – Susurró sobresaltado. Apoyó una mano en el colchón a un lado de él para no caerse y escuché la otra mano apretarse con fuerza al teléfono. – No es nada. – Me miró con enfado y volvió a concentrar su atención en la llamada. Podía escuchar a penas la grave voz de Fugaku. Su voz era tan fuerte que aunque Sasuke estaba centímetros de mi, casi podía entender lo que le estaba diciendo, pero eso no me importaba en lo absoluto.
-Déjamelo a mí. – Aferré mis manos en los hombros de Sasuke y alcé mis caderas lo suficiente como para volver a caer certeramente sobre su aún prominente erección. – ¡Ahh! – Gemí sin querer dejando caer mi cabeza hacia atrás. Mi centro aún estaba sensible y necesitado de atenciones y su miembro parecía siempre darle la bienvenida a mi sexo.
-N… no, papá. – Escuché la voz dura de Sasuke como si estuviera apretando los dientes posiblemente conteniendo un gemido. – No es nada…
Llevé una de mis manos a mi boca avergonzada. ¿Fugaku habría escuchado mi gemido? Mi rostro inmediatamente comenzó a arder como si tuviera temperatura y sabía que mis mejillas estarían coloradas.
-Sasuke… – Susurré llamando su atención. – Lo siento.
-Está bien… – Respondió. No supe si había sido para mí o para su padre aquella respuesta, pero la sutileza con que asintió para mí fue reconfortante. Me estaba dando el consentimiento verbal que igual y no necesitaba.
Esta vez yo llevaba las riendas.
Volví a aferrar mis manos a sus hombros y descendí de nuevo por su erección. ¡Ahh, mierda! Se sentía demasiado bien como para contenerme. Mi garganta picaba por gemir. Mi cuerpo buscaba friccionarse con más fuerza contra el suyo. Ambos lo necesitábamos. Sasuke cerró los ojos y tiró de su cabeza hacia atrás mientras clavaba con más fuerza sus manos en la cama.
Decidida a continuar subí de nuevo, pero en vez de bajar enseguida, lo hice lentamente sintiendo como cada milímetro de la carne de Sasuke entraba en mí.
¡Uff! Demasiado bueno. Exhalé saboreando cada oleada de placer que recibía en mi centro.
Le miré de nuevo. Seguía con el teléfono pegado a su oído, pero sus ojos estaban cerrados y sus labios apretados en una mueca de frustración. Él quería venganza. Mientras yo mandara, él estaba en mis manos. Tal vez, sí hacia las cosas bien, él no se molestaría tanto.
Subí de nuevo, pero esta vez acerqué mis labios a un lado de su rostro. Mordí suavemente el lóbulo de su oreja y descendí con lentitud mientras un jadeo suave escapaba de mis labios junto con mi respiración golpeando en su oreja.
Sasuke se tensó y yo mordí mis labios sintiéndome victoriosa. No pude evitar sonreír en cuanto su mano que tenía en el colchón se aferró a mi cintura y me suplicó con la mirada para que lo hiciera de nuevo.
¡Será un placer!
Repetí mi acción, pero esta vez bajé más rápido y subí igual de rápido. Y después, no hubo un ritmo. Simplemente empecé a moverme a mi propio placer sobre su miembro mientras mordía su hombro para poder contener mis gemidos cada vez más desesperados en salir fuertemente desde mi pecho.
-Ah… – Exhaló.
Llevé mis manos a mis pechos acunándolos porque se movían al ritmo de mis movimientos y eso me hizo sentir algo torpe. Quizá él, pensó que estaba haciéndolo para auto complacerme, porque la mano que estaba en mi cintura, la llevó a mi pecho derecho mientras sus labios se acercaban peligrosamente al pezón de mi pecho izquierdo. Mordió suavemente mi piel dejándome completamente extasiada.
Oh, mierda…
Gemí de nuevo, pero esta vez él fue quien llevó la palma de su mano a mis labios para que ningún ruido fuerte fuera escuchado por Fugaku.
Nos miramos fijamente por unos segundos. Con mis ojos suplicantes porque él me tomara de la forma que ansiaba. Y él se veía debatiéndose entre sus instintos básicos o los de supervivencia.
-Aguarda… – Susurró apretando de nuevo mi cintura con sus dedos. – Lo siento, debo colgar. – sus ojos estaban cerrados y sus labios temblaban. Tuve que detenerme de inmediato. Eso no era bueno, ¿o sí? – No es nada, te llamo más tarde… descuida, se lo diré.
Sasuke separó el teléfono de su rostro y apretó un botón con desesperación. Inhaló con fuerza y dejó caer el teléfono al suelo acompañado de un ruido enérgico. Oh, pobre teléfono. Sentí los dedos de Sasuke clavándose en mi cintura para llamar mi atención y entonces… su mirada… Su mirada no era definitivamente la que esperaba encontrar. No estaba molesto, o serio. Estaba sonriendo de lado. Sus ojos estaban clavados en mi sonrojado rostro y ahora ambas manos estaban sobre mi cintura.
-¿Porqué te has detenido? – Susurró.
-Estoy satisfecha. – Mentí sintiendo el rubor abandonar mi cuerpo. ¿Qué haría ahora?
-No pareces estarlo. – Porque no lo estoy. – Vamos, muévete de nuevo. Ya sabes cómo.
Pero mi cuerpo no reaccionó. Por alguna razón mis piernas no cooperaban y mi cuerpo parecía cansado.
-Yo…
-¿Qué? – Ladeó la cabeza. – ¿Quieres que lo haga yo? – Asentí. – ¿Cómo yo quiera? – Tragué saliva. Por alguna razón sus palabras sonaban amenazadoras, pero no de una mala manera. Eran como una promesa de que ambos lo disfrutaríamos, a su ritmo. Asentí porque sabía que él podría darme cuanto ambos necesitáramos. Porque sólo él me dejaba satisfecha sólo hasta la próxima vez que lo hiciéramos de nuevo. Nunca me cansaría de él. – Bien. – Sasuke sonrió de lado para mí y por unos segundos eso me dejó helada. Esa sonrisa sardónica quizá no era buena señal. Sus ojos ennegrecidos por el deseo y sus húmedos labios entre abiertos. No, no era algo bueno. Sasuke me atrajo de nuevo contra su cuerpo. Mis pechos se apretaron contra el fornido pecho de él. Nuestros labios se unieron en un demandante beso cargado de todo el deseo que estábamos sintiendo. Nuestras lenguas danzaron contra la otra mientras nuestras respiraciones agitadas y jadeos llenaron la habitación rompiendo el silencio. Sasuke salió de mi interior y de un rápido pero suave movimiento me dejó de nuevo de espaldas sobre el colchón. Estaba de pie, junto a la cama, mirándome directamente. Relamió sus labios y con la misma rapidez me tomó de las piernas y me obligó a ponerme boca abajo. ¡Oh, mierda! Sasuke me tomó con fuerza de los pies y me atrajo hacia la parte baja de la cama con rapidez. Pasó una de sus manos bajo mi abdomen y me obligó a levantar mi cuerpo pegando mi espalda a su pecho perlado por el sudor.
Sentí su aliento rozando mi cuello cuando apartó mi cabello de mi espalda. Su mano descendiendo desde mi abdomen hasta mi centro el cuál masajeó sin permiso y con sutil provocación.
-Eres perfecta. – Susurró en mi oído. La mano que tenía libre la llevó a mi barbilla y me obligó a girar el rostro para mirarle. – Demasiado… – Atrajo con rudeza mis labios a los suyos y metió su lengua en mi boca mientras sus dedos seguían tocándome descaradamente. A penas se separó de mi me sonrió con descaro y entonces, su miembro reemplazó abruptamente a sus dedos.
-¡Ahh! – Tuve que separarme de él para dejar salir los gemidos que había contenido anteriormente. Entró certero y rudo, pero placentero. Su miembro se deslizaba perfectamente por mi centro debido a lo húmeda que me tenía. Sus labios besaban mis hombros y cuello y sus manos me agarraban con fuerza por la cintura. – ¡Sasuke…!
-Hmm… – Un ronco gemido salió de sus labios rozándome con su aliento.
Era sumamente delicioso. ¡Oh, Dios! ¡Era perfecto!
Mi cuerpo temblaba ante sus movimientos y mis pechos rebotaban sin piedad. Sasuke estaba moviéndose deliciosamente y me movía a su antojo. Como una muñeca que necesitaba ser manejada para aprender a andar, y sin duda era así. Me estaba dando más de lo que había recibido en toda mi vida y no quería que terminara. Después de todo, sí yo disfrutaba enormemente del placer de beber café negro y amargo… el sexo rudo con él era comparable con la satisfacción que la cafeína provocaba en mi cuerpo.
-¡Ahh!... ¡Más! – Gemí sintiéndome perfecta. Definitivamente ese hombre no era de este mundo, era demasiado, demasiado bueno. – ¡Ahh! – Gemí en cuanto sentí que con sus dedos acariciaba ese punto en nuestra unión, provocándome aun más. Excitándome.
-Hmm. – Gimió aferrándose más a mí.
Estaba cerca de llegar de nuevo. Lo sabía. Mi cuerpo estaba sumido en ese temblor que el placer provocaba. La rudeza de sus movimientos me estaba volviendo loca.
Y entonces exploté de nuevo. Esta vez no escuché el coro de Viena. Fue tan fuerte y rudo que en mi cabeza estaban mezcladas todas las canciones de Queen, aerosmith, ac/dc y parecidos… ¡Fue la gloria! Mi cuerpo tembló ansioso y mis pulmones quedaron sin aire tras mis gemidos al llegar.
Sasuke soltó mi cuerpo y la fuerza me abandonó. Dejé caer mi cuerpo de boca sobre el colchón y mi rostro se escondió en una almohada mientras buscaba respirar de nuevo. Tomé una bocanada de aire tratando de recomponer mi cabeza mareada por la falta de oxígeno.
-¿Estás bien? – Le escuché decir aún detrás de mí. Asentí de inmediato porque en verdad estaba bien. Mi centro palpitante sobre su duro miembro le estaba agradecido por…
Levanté mi cuerpo con los brazos y apoyé mis codos en el colchón.
"…duro miembro."
¡Aún él…!
-No he terminado aún, Sakura. – Su imponente voz llenó la habitación. Me tensé. Oh, lo sentía. Él aún estaba duro. Tragué saliva asustada. ¿Qué hacía para aguantar tanto? Mi cuerpo ya estaba cansado y…
Se aferró a mi cintura de nuevo y la sostuvo elevada lo suficiente como para embestir contra mi interior de nuevo. Aun con mis pechos contra el colchón.
-¡Ahh! – Gemí por la sorpresiva intromisión mientras me aferraba a las sábanas ymis codos y antebrazos se apoyaban en el colchón.
-Hmp… – Embistió de nuevo contra mí.
Ahora si entendía porque era tan adictivo para sus amantes.
Aumentó de nuevo la fuerza de sus embestidas contra mi cuerpo y yo aferré mis manos a las sábanas bajo mi cuerpo.
-Mierda… – Gemí sintiendo como entraba y salía más fácilmente de mi interior. Su pelvis chocaba con mi trasero y una de sus manos se aferró a mi cintura mientras la otra buscaba darme placer de nuevo.
¡Qué maravilla!
Giré mi rostro para verle. Su expresión de placer perfecta como él. Sasuke dejó caer su cabeza hacia atrás mientras de sus labios se escapó mi nombre al mismo tiempo que se tensaba.
No le tomó mucho tiempo más. Sasuke aferró su cuerpo al mío. Un gemido escapó de sus labios mientras con sus últimas estocadas me corría de nuevo.
Era el fin. Ahora sí.
Satisfecha dejé caer de nuevo mi cuerpo contra el colchón y di otra gran bocanada de aire contra su almohada. Sin duda, tras mi estupor post orgásmico, fue agradable sentir que esas almohadas olían en su totalidad a él. Todo en esa cama tenía impregnada su esencia que me enloquecía. Busqué a Sasuke a mi lado sabiendo que quizá estaría igual de aturdido que yo. Estaba a mi lado, envuelto de la cintura por su sábana arrugada y con un brazo cubriendo sus ojos. Estaba sonrojado y definitivamente también estaba recuperando su respiración.
Sonreí de satisfacción. Nada mal. Él nunca me decepcionaba. En ningún sentido.
Sasuke ladeó la cabeza hacia mí y apartó el brazo de sus ojos. Nos miramos por breves segundos. Mi cuerpo aún boca abajo y el suyo aún agitado. Esa visión de nosotros sobre la cama, compartiendo un momento de silenciosa complicidad, fue perfecta. Y deseé pasar gran parte de mi vida viéndole, a mi lado.
Siempre me ha gustado el café, era adictivo para mí. Creo que te haces adicto a lo que sea que te dé satisfacción y te haga sentir bien por sólo un breve instante, aunque no sea bueno. Luego probé el sabor de Sasuke. Sus labios, su cuerpo, su persona regalándome un poquito de su humanidad perfecta y descubrí que se volvió el sabor de mi vida. Y estaba volviéndome adicta a ello. Y también me haría mal, en algún momento lo haría.
Entonces la culpa llegó a mí. Casi como cuando estás a dieta y te comes un postre extra grande, así. Supuestamente no debía caer más en tentaciones, pero acababa de volver a relacionarme sexualmente con aquél hombre.
Y entonces pensé: Sí bien el sexo y el amor pueden arruinar una amistad, es cierto que cualquier cosa podría arruinarla. Que mejor que arruinarla con sexo.
Le sonreí sintiendo como mi respiración se normalizaba.
Y ahora… ¿Debería dormir, abrazarle, besarle?
¿Qué procedía?
Mientras me decidía, estiré mis brazos sobre mi cabeza sintiéndome ligeramente incómoda. Mis piernas y brazos dolían y en mi cintura sentía cierta incomodidad. Llevé una de mis manos discretamente al punto exacto donde tenía una punzada de dolor. Ah, claro. Sus dedos seguro habían dejado marca.
Suspiré tratando de relajarme. ¿Qué estaría haciendo él?
Volví a mirarle. Observando curiosa cada uno de sus movimientos incontrolados. Preguntándome en qué estaba pensando él. Su pecho subía y bajaba cada vez más lento por su respiración a penas recuperándose. Sus ojos estaban cerrados. Sus labios estaban entreabiertos y sus mejillas se veían aún coloradas.
Y sonreí para mí misma. Porque ahora era consciente de lo que en verdad tenía a mi lado. Su anatomía. Su cabello negro y húmedo. Sus labios suaves y antojables.
¿Cómo era posible que yo tuviera a este hombre a escasos centímetros de mí y al mismo tiempo tan ajeno?
Su cuerpo había sido mío en demasiadas ocasiones, pero nada más que su cuerpo. En mi cabeza, la idea de verle alejarse de mí se hacía cada vez más y más presente. Pero no quería pensar en eso. No en ese momento. Lo tenía a mi lado en esos momentos y lo disfrutaría como Temari me había aconsejado.
Así que me quedé acostada, a su lado. Sin preocuparme demasiado si tenía que levantarme y marcharme. Ni siquiera me preocupó demasiado que al final, ya ni estaba lloviendo. O eso aparentaba desde la ventana que ocupaba casi toda la pared derecha de su habitación. Afuera, se observaba un viejo árbol de cerezos cuyas ramas se mecían con lo último que había dejado la lluvia.
Y por un segundo estar ahí, a su lado, se volvió perfecto.
No necesitábamos de palabras para sentirnos a gusto al lado del otro. En ese momento el hecho de que estuviéramos ambos desnudos sobre la misma cama no me resultó excitante. Todo en lo que pensaba era en lo maravilloso que se sentía estar ahí.
La respiración de Sasuke poco a poco se volvió regular. ¿Estaría durmiendo? Pensé en levantarme de la cama para ir al baño, sin embargo su voz me impidió mover si quiera un músculo.
-¿Tienes hambre? – Suspiró. Probablemente resultaba, hasta para él, extraño darse cuenta que ese día él era quien estaba rompiendo el silencio cada vez que se presentaba.
-Para nada. – Negué de inmediato recordando la sopa sin sabor y el café que había tomado horas antes. – ¿Tú sí?
-De hecho, no. – Sonrió.
Esa sonrisa retorcida… Oh, Sasuke. Sí supieras los efectos que causas en mi persona…
Sasuke parpadeó un par de veces antes de preguntarme:
-Me encantan tus ojos. – Aseguró, y yo sonreí como una tonta. Porque mientras yo le miraba a él, él me miraba a mí. Directo a los ojos, a la puerta del alma…
Y aquello, extrañamente, fue la pauta que dio pie a una plática que transcurrió mientras por la ventana todo iba oscureciéndose. Tras responderle a Sasuke, nos dedicamos a hablar de todo. Sin prisas porque aunque el cuarto se volvía cada vez más oscuro, no importaba nada más.
Sasuke me platicó demasiadas cosas de su trabajo mientras trataba de explicármelo y yo reía porque no entendía mucho. Por mi parte, le platicaba de lo que sea que se me ocurriera en ese momento. De mi trabajo, de la primera vez que lloré con un paciente y del primer 'gracias' que recibí de un niño. No era algo que él no supiera, fue más bien algo para no romper la conversación cálida y fluida que llevábamos.
Nada como esas pláticas post sexo que te hacen sentir, de alguna manera, querida.
Y aunque seguíamos acostados en la misma posición en que acabamos, aunque seguíamos tendidos en la cama con la sabana enredándose en nuestro cuerpo, me sentí feliz. Porque me di cuenta que era esa clase de momentos que son perfectos porque no los buscas, aunque sabes que los necesitas.
-Tú padre… ¿está bien? – Pregunté en algún momento en que los temas de plática se habían reducido. Ciertamente no era el mejor tema para prolongar el tiempo a su lado. De hecho, hasta tuve un poco de temor por preguntarle. No sabía si sería bueno recordarle la imprudencia que había cometido mientras él hablaba por teléfono con Fugaku. Pero lo intenté.
Su rostro cambió casi de inmediato por uno más serio. Oh-oh. No había sido bueno.
-Lo está. – Asintió – Él está bien… Demasiado bien. – Frunció el ceño.
Fue imposible no detectar algo oculto tras sus palabras. Algo había pasado, algo le había dicho. Algo no muy grato de oír para él y que no sabía si sería prudente preguntar. ¿Podría? Quizá y eso sólo nos llevaría a romper el ambiente de armonía que había tratado de llevar…
-¿Todo bien? – me arriesgué. La idea de verle con esa cara sombría no me agradaba. Era como si estuviera en un funeral, aunque dudaba que así fuera el caso.
-Se va a casar. – Respondió rodando los ojos.
-Oh, cierto. – Asentí. – Ya me lo habías comentado…
-Sí, será este fin de semana. – Una mueca en sus labios resaltó que él no estaba de acuerdo con ello.
-Supongo que no te agrada la idea. – Crucé mis brazos sobre la almohada y descansé mi cabeza sobre ellas.
-Para nada. – Se sentó en la cama y llevó un par de almohadas a su espalda para recargarse sobre ellas. – Por suerte no estaré solo ahí. – Se cruzó de brazos.
¿A qué se refería? Arqueé una ceja sintiéndome insegura. ¿Acaso estaría tratando de decirme algo? Quizá iría con alguna… Hasta donde tenía entendido, él no presentaba ninguna chica a sus padres. Sin embargo, ellos conocían a Karin. Quizá ella…
-Mi padre te manda saludos. – Cortó el hilo de mis pensamientos con una grave voz.
-Lo agradezco. – Traté de sonreírle.
¿A quién llevarás pedazo de…?
-Hmp.
-Entonces, ¿Irás con…? – "Alguna chica."
-¿Irás conmigo, cierto? – Me interrumpió sin siquiera escucharme y me observó esperando una respuesta. No había suplica ni necesidad en su mirada. Él estaba confiado porque sabía que le diría que sí. ¿Cómo negarle algo a él?
No seas tan suave, Sakura. – Me dije en mi mente.
-No. – Respondí con una cínica sonrisa.
-¿No? – Arqueó las cejas, confundido.
-Creí que habías dicho que no era bueno llevar chicas a las fiestas familiares. – Le recordé sus propias palabras, dichas antes de la boda de Hinata y Naruto.
-Hmp. ¿Eres una chica? – Volvió a sonreírme cínicamente.
-¿Enserio? Esa pregunta de nuevo…– Le miré con ironía.
-Me gustó como resultaron las cosas la última vez que te pregunté eso. – Le vi encogerse de hombros. Juro que me mojé de nuevo.
-Te acompañé a la última boda de tu madre, no creo que tu familia vea bien que lleves a la misma chica a dos bodas familiares.
-Pues no irás solo tú conmigo, molesta. – Me cortó.
-¿Qué…?
-También llevaré a un par de idiotas. – Hizo una mueca.
-¿Hablas de…?
-Mi padre quiere que vayan ustedes. Todos. – Se encogió de hombros.
-¿A qué debemos el honor? – Traté de ocultar la sorpresa tras la burla.
-Él cree que ésta es la última vez.
-Como sea, ¿Qué número es esta?
-Cuatro. – Suspiró. – Esta es la número 4.
-Vaya. – No pude ocultar la sorpresa. – ¿Y qué le hace pensar que es esta la última vez?
-Es su número de la suerte. – Una mueca en su rostro me hizo pensar que él pensaba que era absurdo. Porque realmente lo era.
-¿En serio? – Entrecerré los ojos. – Qué absurdo.
-Lo sé. – Frunció el ceño. – Como sea, ¿irás, cierto?
-Lo pensaré. – Sonreí mientras me impulsaba con los brazos para levantarme de la cama. Consideré cubrir mi desnudez con la sábana, pero eso le dejaría a él sin nada encima y además estaba oscura la habitación. No vería nada aunque quisiera. Aunque estaba oscuro y…
No vería nada aunque quisiera… Yo no veía nada.
-Eh… – Carraspeé. – ¿Sasuke? – Busqué a mí alrededor sin encontrar algo que me diera algo de luz.
-¿Si? – Le escuché removerse sobre la cama.
-Bueno… Nunca he estado en tu habitación tan… tarde. Está oscuro y no estoy segura de dónde encender la luz… ¿podrías…?
Escuché su risa burlándose de mí y luego las sabanas apartándose de su cuerpo. Estaba de pie. Por un momento sus pasos fueron firmes detrás de mí, y luego… se hizo la luz.
-Justo aquí. – Me señaló con un dedo el lugar exacto. Separé los labios, sorprendida. Estaba justo frente a mí. Qué torpe.
Volví la mirada a la cama ahora detrás de mí. Estaba vacía y revuelta en una clara invitación a ocuparla de nuevo. Quizá después de que fuera al baño podría volver con Sasuke y…
Miré de nuevo frente a mí. Sasuke seguía con esa cálida sonrisa de lado, observándome. Demoré un par de segundos en darme cuenta de que su mirada estaba fija en mi cuerpo. Estaba desnuda, y él también. Pero no estaba observando eso. Él estaba mirando las marcas que había dejado en mi cintura. Las marcas rojas en mi cuello y pechos. Eran por él. No sólo tenía los que me había hecho horas atrás, también tenía algunos viejos de la vez en el hotel, o en su oficina. Él los había hecho en mi cuerpo y yo se lo había permitido porque me gustaba.
Y entonces volver a la cama con él se volvió algo más necesario que ir al baño primero.
"Inventé pretextos para no quererle y él me dio motivos para hacerlo, levanté barreras para evitarlo y él derribó miedos. Huí para no sentir, pero las ondas de su radar fueron más rápidas y aquí estoy nuevamente desarmada, vulnerable, nostálgica, alegre, triste. Enamorada."
…
-¿Me llevas a casa? – Le pregunté cuando volví a su habitación con mi ropa interior puesta y el resto entre mis brazos.
-¿Por qué? – Él estaba acostado, observando la televisión mientras cambiaba repetidamente de canales. – Está lloviendo de nuevo. – Ladeó un poco la cabeza para señalarme hacia la ventana. Él tenía razón. La lluvia había vuelto y esta vez con más fuerza.
-Oh. – Mordí mi labio inferior.
-Puedes quedarte aquí. – Seguía sin mirarme. – Le llamaré a los chicos para desayunar mañana temprano.
-¿Mañana? – Pregunté. – Mañana es sábado.
-Lo sé. – Obvió. – Y después será domingo, luego lunes y así sucesivamente.
-Chistosito. – Murmuré caminando hacía su cama.
-El domingo será la boda de mi padre y debo avisarles.
-Ah, ya entiendo. – Me senté a su lado y ladeé la cabeza de un lado a otro. – Entonces ¿mañana me llevarías a casa para buscar otra ropa y luego ir a desayunar con los chicos a Ichiraku?
-Por supuesto. – Asintió apagando la tele. – ¿Café? – Me miró fijamente.
-Cargado, por favor. – Saqué del bolsillo de mi pantalón mi celular y comprobé que aún con la lluvia y la caída que tuve estuviera bien. Estaba bien. Pero no tenía llamada o mensaje alguno. – Hmm… – Triste y solitaria vida.
-Yo quiero uno, también. – Dijo con cierta orden en su voz.
Aquello fue confuso. Aparté el celular de mi vista y volví el rostro para mirarle.
-¿Disculpa?
-¿Puedes prepararlos tú? A mí no me sale tan bien.
-Es tu casa y yo soy tu invitada, levanta el trasero y tráeme café. – Le di un suave golpe en el dorso desnudo.
-Es mi casa y tú eres mi invitada, levanta el trasero y tráeme café cargado, sin azúcar. Sé una buena huésped.
-No lo haré. – Repetí sintiéndome chantajeada por él.
-¿Por qué no?
-Está oscuro y mi ceguera nocturna provocará que tire un par de cosas en el camino.
-Entonces iré contigo y encenderé una a una las luces a tu paso. – Se levantó de la cama. El pants negro que cubría sus piernas le sentaba de maravilla. Aunque no me agradó mucho que se hubiera cubierto, yo también lo había hecho. – ¿Qué? – Preguntó extendiendo su mano para que yo la tomara.
-Necesito ropa. – Ignoré el gesto y me miré a mí misma para que él me imitara. Tenía ropa interior que no estaba nada mal. Era normal. Nada vergonzosa. Sin embargo, seguía apenándome el hecho de que ni siquiera era un conjunto del mismo color. Sólo a mí se me ocurría salir de casa con un sostén blanco y pantis negras. Igual y siempre lo hacía, excepto cuando sabía que acabaría teniendo sexo. Ahí era en extremo cuidadosa con mi ropa íntima.
-¿Por qué? – Preguntó bajando la mano.
-No pienso ir así por la vida.
-Sólo harás café. – Se encogió de hombros. – Además esta tarde dijiste que no necesitaríamos de ropa.
-Vamos, Uchiha. – Hice una mueca con mis labios, tratando de ser tierna como las de Ino. Aparentemente solo funcionaban con ella. Sasuke ni se inmutó. – No seas tacaño y préstame aunque sea una camisa tuya.
Sasuke seguía mirándome sin moverse.
-No. – Respondió.
-Por favor. – Repetí.
-No me molesta en absoluto que andes así por mi casa. – Me indicó.
-A mi sí. – Me crucé de brazos.
-Oh, vamos. ¿Y después qué? No me digas que también querrás dormir en el sillón para no dormir en la misma cama conmigo.
-Tú dormirás en el sillón. – Sonreí por su comentario. No era mala idea.
-Vamos por el café. – Me ignoró.
-Bien. – fingí estar enfadada y rebelde. – La tomaré yo misma. – Caminé hacía el enorme mueble de madera en donde sabía que él guardaba su ropa.
-Bien. – Gritó a mis espaldas. Caminó hacía mi y abrió el cajón dejándome ver su ropa limpia perfectamente acomodada por colores. ¿Qué era la obsesión de este hombre por el orden? Me sentí avergonzada de recordar mis cajones con ropa revuelta y arrugada. Seguramente él moriría si llegaba a verlo alguna vez.
Sasuke sacó una camiseta blanca y me la ofreció. Me la puse con rapidez, sólo para darme cuenta de que me quedaba grande. Lo suficiente como para cubrirme bien con ella.
-Perfecto. – Le sonreí sabiendo que me había salido con la mía. – Vamos.
Caminé a largos pasos tratando de seguir de cerca a Sasuke. Por el pasillo, tal y como prometió, encendió una a una las luces hasta la cocina. Encendió la cafetera y sacó de un mueble un par de tazas.
-El azúcar está en aquella repisa, arriba. – Me indicó con la cabeza mientras removía con sus manos su cabello.
Caminé lentamente hacia el mueble y me paré de puntitas para tratar de alcanzar el azúcar.
-Mierda. – Estiré mis brazos lo más que pude, pero definitivamente no lo alcancé.
Pegué un pequeño brinco pero nada.
-Enana. – Sentí el cuerpo de Sasuke pegado a mi espalda y vi su mano sobrepasando la mía. No le costó nada de esfuerzo alcanzar el azúcar y dejarla en la mesilla frente a mí. – Listo.
Al final, él fue quien terminó preparando el café para ambos.
…
-¿A quién le hablas a esta hora? – Pregunté mientras me levantaba de la silla en que me había sentado.
-A Ino. – Respondió. – Ella siempre está despierta… – Se encogió de hombros. – ¿Hola? Yamanaka, soy yo… Si... Desayunaremos mañana, ¿está bien?... Si, es un caso especial… El domingo tenemos un compromiso los 8… Mañana les explico. Avísales a los demás… – Pausó. – Excepto a Sakura… ella está… – Esperé a que dijera que estaba con él. No sabía si sería bueno o no volver a ser interrogada. – Ella está enterada. – Me sonrió. – Hasta mañana. – Dejó el celular en la mesa tan pronto colgó. – Listo.
-Que eficaz. – Estiré mi cuerpo mientras llevaba mi taza al lavabo.
-Ahora deberíamos dormir, mañana será un largo día. – Me advirtió.
Y pese a que estaba de acuerdo con ello. Esperaba con sinceridad que en su cuarto lo que menos hiciéramos fuera dormir.
-Entonces, ¿dormirás en el sillón? – Bromeé encarándole.
-Sólo si tú duermes conmigo. – Su sonrisa torcida fue lo último que vi antes de que se diera la vuelta rumbo a las escaleras que nos llevarían de vuelta a su habitación.
Cuando estuve de nuevo en su cama, bajo las suaves sábanas, me sentí cohibida. Era una enorme cama, mucho más que la mía, y ni que decir acerca de su habitación. Todo tan pulcro, a pesar de que casi no veía bien por lo oscuro que estaba todo.
Me encontraba boca arriba, cubierta con la sábana hasta los pechos y consciente de que había un masculino cuerpo durmiendo a mi lado. No era la primera vez, pero ciertamente era algo diferente para mí. E inclusive irónico. Me di media vuelta para observar a Sasuke. Él llevaba casi media hora durmiendo. Sus espesas pestañas resaltando contra su pálido rostro y su respiración sonaba relajada y pausada.
Y yo, que inicialmente solo había querido con él sexo, acabé por verle dormir. Había escuchado sus historias y problemas en vez de sólo sus jadeos. Yo que sólo había pensado en tocar su cuerpo con descaro, terminé deseando tocar sus manos y enrollarlas en mi cintura para que me abrazara más fuerte contra su pecho. Yo que sólo quería noches, terminé deseando días. Y pasé de desear comerme su cuerpo, a desear comerme al mundo a su lado.
-¿Qué mierda estás haciendo, Haruno? – Susurré mientras cerraba lentamente los ojos. En algún momento, sabiendo que bastaban algunos minutos más para quedarme dormida, tomé el brazo de Sasuke y me escondí bajo él. Me acomodé en el hueco de su cuerpo y me acurruqué con mi cabeza contra su pecho sintiendo, escuchando.
…
Gilbert no me recibió con amabilidad al día siguiente.
-Perdóname, bebé. – Dije acunándolo entre mis brazos. – De verdad lo siento. – Caminé con él hacía la cocina en donde le serví un enorme tazón de croquetas. – Mami es la peor. Te dejé toda la tarde sin comida. – Me senté a su lado viendo como devoraba de su tazón sin mirarme. – Vamos, Gil. ¡No seas princeso! Hazme caso, bebé.
-Mierda, Sakura, ¿Qué pretendes? – A mi lado, un par de relucientes zapatos negros se detuvieron. – ¿Qué el perro te responda?
-No conoces a Gil como yo. – Bufé. – Él mueve su colita cada que me ve, pero hoy no lo hace. Él me odia. – Chillé sintiéndome deprimida.
-Y yo lo haré, también, si no llevas ese delicioso trasero al baño y te cambias rápidamente. Tenemos que ver a los chicos en media hora. – Me reprendió. – Te dije que fuéramos directo a Ichiraku pero tu…
-Necesito cambiarme por ropa limpia, bañarme en tu casa no es suficiente. – Me puse de pie rápidamente. – Las chicas me vieron con esta ropa ayer, ellas comenzaran a bombardearnos con preguntas si me ven llegar contigo y con la misma ropa que llevaba ayer.
-¿Qué más da? Ellas ya lo saben todo. – Se encogió de hombros.
-Además Gil moría de hambre.
-Eso es lo único creíble y considerado de tu respuesta. –Entrecerró los ojos. – Pero ahora Gilbert está comiendo y tú sigues sin vestirte. ¿Necesitas que yo mismo te desnude y te vista?
-Bien. – Me di la vuelta dejando que mi cabello suelto golpeara el rostro de Sasuke.
-Joder. – Se quejó.
-Estoy yendo a cambiarme, deja de quejarte.
Y así lo hice. Me desvestí sin prisas y saqué del cajón de ropa interior un conjunto blanco. Si bien nada me garantizaba que la tarde noche anterior con Sasuke se repitiera, tampoco quería correr el riesgo de exponerme con un conjunto completamente desigual. Me puse una cómoda falda azul y una fresca blusa blanca, agradecida de que la lluvia del día anterior haya dejado el clima caluroso. Apliqué en mi rostro un suave y sutil maquillaje y cepillé mi cabello decidida a amarrarlo en una cola alta para ocultar el desastre en que había amanecido. Tomé de mi cuarto un par de zapatos bajos y mi bolso a juego.
-Estoy lista. – Mi celular y llaves estaban en la mesita de la sala en donde Sasuke se encontraba. – Vámonos. – Volví a la cocina y serví a Gil un poco más de croquetas y agua y acaricié un par de veces su peluda cabeza. – Mami lo siente, bebé. Volveré más tarde.
-¿Lista? – Sasuke miraba con desesperación su celular.
-Sí, sí. – Le hice un gesto de fastidio con la mano y cerré mi puerta a penas estuvimos fuera.
Sasuke abrió la puerta del auto para mí y arrancó el auto a penas estuvo dentro.
La mañana era agradable y afortunadamente muy pocos coches transitaban por el camino que Sasuke llevaba. Afortunadamente, considerando que Uchiha era un obseso con la puntualidad.
-¿Tu hermano sigue siendo amigo de un tal Usui? – Pregunté tratando de distraerlo del reloj de su tablero.
-Shisui. – Me corrigió. – Es nuestro primo, así que si.
-¿Y él irá a la boda?
-Supongo. – Se encogió de hombros restándole importancia. – ¿Por qué el repentino interés por él?
-Sólo curiosidad. – respondí con sinceridad.
-¿Por qué la curiosidad? – Me miró por breves segundos y después volvió a concentrarse en el camino.
Mordí mi labio inferior sabiendo que él insistiría hasta escuchar una respuesta de mi parte. No estaría mal decirle, ¿no?
-Ino salió con él hace algunos años. – Suspiré.
-¿Cuándo? – Se veía confundido. Como si tratara de recordarlo y no pudiera. No podía. Él nunca se enteró.
-En la universidad. – Respondí.
-No, no es verdad. – Negó como sí creyera que yo estaba bromeando.
-Sí que lo es. – Asentí de nuevo.
-Hmp. ¿Por qué no me enteré? – Frunció el ceño.
-Aún no eras parte del grupo, y fue algo muy breve. – Respondí.
-¿Qué tanto?
-No terminó bien. – Fui clara y sincera.
-No me sorprende. – Frunció el ceño. – El tipo es muy idiota.
-Ella lo terminó por Sai. – Le avisé.
-No me digas. – Resopló.
-Sólo trataba de darle celos. – Sonreí recordando los vagos intentos de Ino por enfadar a Sai. ¿Quién diría que acabarían justo como estaban?
-No entiendo porque lo hacen. – Sasuke negó un par de veces. – Ustedes son demasiado… complicadas.
-No es así. – Sonreí. – Sólo debes… intentar un poco más.
-Si no fuera porque eres mi mejor amiga, quizá… – Dejó de hablar de repente, como si temiera del impacto que sus palabras pudieran causar.
-¿Qué? – Insistí. Vamos, habla.
Sí yo no fuera tu amiga, tú ¿…qué?
-Ya sabes, somos afortunados de que se te ocurriera esta idea brillante, ¿eh?
Asentí y volví mi mirada hacia la ventanilla, ocultando mi rostro de él.
Si. Grandioso, Sakura.
Ahora una nueva pregunta comenzó a sonar como una alarma en mi cabeza. Sentía algo por él… y ahora, ¿Cuánto tiempo nos quedaba para hacer lo que hacíamos… sin que mis sentimientos estúpidos me delataran?
Este trato, ¿Por cuánto tiempo más funcionaría?
-Llegamos. – Sasuke anunció logrando que me sobresaltara.
-Ah, sí. – Asentí aferrando mi bolso entre mis manos. – ¿Tan rápido?
-No vas a estar distraída hoy también, ¿cierto?
-Supéralo. – Rodé los ojos. Sasuke se estacionó en cuanto encontró un buen lugar y salimos del auto casi al mismo tiempo.
El grupo nos esperaba ahí, con los ánimos al máximo y regodeados de buen humor. Aparentemente, Shikamaru estaba bromeando de algo con Naruto y el resto se reía con sincero gozo. Qué agradable verles así. Hasta me levantaban el ánimo a mí y sin saberlo.
-Buen día. – Me senté en mi silla correspondiente. Sasuke hizo lo mismo, a mi lado.
-Buenos días. – Sasuke saludó antes de llamar con un gesto de manos al camarero.
-Buenos días, Sakura, Sasuke. – Hinata fue la primera en saludar. – Hace un caluroso día hoy, ¿no creen?
-Muy contrario a ayer, cuando la lluvia estuvo terrible. – Temari se soplaba a sí misma con un pequeño abanico, parecido al que había llevado a la playa. – ¿Llegaste bien a tu departamento ayer, Sakura?
-Ehh… si. – Asentí sintiendo el rubor subir a mis mejillas. – Es decir, me mojé un poco y hasta resbalé, pero llegué a salvo… a mi departamento.
-Oh, ¿te encuentras bien? – Hinata se alarmó al escuchar de mi caída.
-Y casi es atropellada. – Sasuke remató.
-Sakura, frentona ¿te encuentras bien, cómo pasó? – Ino me observó con determinación, tratando de encontrar algún leve rasguño en mi piel.
-Estoy bien, sólo… fue un momento de torpeza.
-Típico en ti. – Shikamaru asintió después de comprobar por sí mismo que me encontraba a salvo.
-¿Tú estabas con ella, Sasuke? – Naruto nos observó a ambos. Él buscaba no sólo algo diferente en mí, nos estaba escaneando a ambos.
-No. Yo… ehh… yo se lo comenté hace poco en el coche. – Mentí.
Sasuke me miró con el ceño fruncido y un gesto de disgusto. Lo siento. Tendría que disculparme, pero no deseaba ser interrogada esa mañana.
-Y bien, ¿Qué es aquello tan importante que nos reúne aquí esta mañana? – Ino llevó la taza de porcelana a sus labios carmesí.
-Mi padre se casará mañana. – Sasuke anunció a tiempo que el camarero se acercaba a la mesa. – Un café sin azúcar y… omelette, por favor.
-Yo quiero un jugo de naranja y panecillos de mantequilla, por favor. – Pedí consciente de que necesitaba algo dulce para relajarme.
-¿Dónde estábamos? – Sasuke dijo cuando el camarero se fue. – Mi padre se casa mañana y me ha pedido que les invite.
-Me siento halagada, después de poco más de 5 años de amistad, Fugaku Uchiha se ha dignado a invitarnos a una de sus extravagantes bodas.
-Ocurre que las otras bodas eran en su casa, muy intimas. Esta vez lo hará en grande porque la chica es 20 años más joven que él pero cree que será la última vez que se casará. – Sasuke negó repetidas veces.
-¿Qué le hace pensar eso? – Sai jugueteaba con su cucharilla dentro del plato de gelatina.
-El 4 es su número de la suerte. – Respondí por él. – Absurdo, ¿no?
-Lo es. – Temari asintió sin disimulo.
-¿Sabes que es más absurdo? – Naruto fijó su vista en Sasuke. Sus brillantes ojos azules resaltaban a simple vista que diría algo absurdo para molestar a Sasuke. ¿Cómo estaría el humor de Uchiha esa mañana? Ahora lo sabríamos. – Hasta tu padre se casa antes que tu. – Naruto le señaló con reproche. – ¡Y por cuarta vez! ¿No piensas…?
-No. – Sasuke le cortó.
-Pero… – Naruto protestó.
-No. – Estaba de buen humor. De lo contrario, no quiero ni pensar como…
-Deja de molestarle, Naruto. – Ino le reprendió.
-Claro. – Shikamaru asintió. – Ya sabes, él ya tiene a alguien.
Fue difícil no notar los ojos azules clavados en mí. Y yo me hice pequeñita en mi asiento tratando de ocultarme de la mirada de 6 curiosos pares de ojos.
Trágame tierra. De nuevo.
El camarero volvió con una enorme bandeja entre sus manos. Mi jugo de naranja se veía delicioso y el café de Sasuke humeante.
-Estoy perfectamente bien así, Naruto. – Sasuke bebió de su taza restándole importancia a las quejas de Naruto que estaban a punto de volver a empezar.
-Oye… – Susurré tratando de que sólo él me escuchara.
-¿Si? – Inclinó su cabeza lo suficiente como para que susurrara en su oído.
-¿Me dejas probar tu café? Por fi… – Chillé.
-No. – Volvió a erguirse. – Toma tu jugo. – Me miró con fastidio mientras a nuestro alrededor la mesa volvía a concentrarse en algún otro tema ajeno a nosotros.
-Vamos, quiero probarlo. – Chillé de nuevo, como niña pequeña.
-Bien. – Suspiró acercando su taza a mi rostro. Di un pequeño sorbo a su café y relamí mis labios en cuanto la alejó de nuevo de mí. Amargo, pero agradable.
-Gracias. – Suspiré tomando mi copa de jugo y sorbiendo del popote. Contrario al café, este era dulce y helado.
-… como sea, lo tiene todo. – La voz de Sai me hizo concentrarme en lo que a mi alrededor se decía. – Maldito bastardo. – Sonrió amablemente.
-Y nada a la vez. – Naruto replicó.
-Es Sakura. – Shikamaru contraatacó señalándome. ¿Yo qué? – Hermosa, inteligente… y… no quiere casarse. – Recalcó.
-¿Qué…? – Murmuré.
-¿Qué más puede pedir? – Sai señaló a Sasuke. Y por esa fracción de segundos, mi pecho se contrajo tanto que casi no pude respirar. Ellos hablaban de nuestra situación y no fue agradable por el hecho de que ellos ignoraban como en realidad me sentía. No fue difícil detectar tres pares de ojos fijos en mí. Ino, Hinata y Temari me miraron fijamente al mismo tiempo, y después disimularon en cuanto asentí hacía ellas.
-Dejen ese tema de una vez por todas y díganme, ¿Irán a la boda o no? – Sasuke cambió de tema abruptamente.
-Sabes que sí. – Ino asintió entusiasmada. – Amo las bodas ¡oh! Y justamente ayer compré un vestido lila hermoso. – Su voz sonaba más chillona y entusiasmada de lo normal. – Al fin tengo un pretexto para ponérmelo.
-No necesitas de una boda para ponerte uno de tus llamativos vestidos. – Shikamaru volvió a su habitual insistencia en llevarle la contraria. – ¿Alguien te lo ha dicho?
-Ahorita no, vago. – Ino extendió la mano hacía él, mostrándole la palma para hacer que se callara. – Estoy tratando de recordar donde guardé los zapatos a juego con mi vestido. Quizá deba comprar unos nuevos.
-Ino, tienes muchos zapatos en casa… – Sai le recordó. Ino hizo un gesto tratando de enfadarse, pero sabiendo que su esposo tenía la razón.
-Cariño, sí sabes lo que te conviene… – Traté de ayudar a Sai. – Cállate.
-Nunca se es suficiente con Ino. – Hinata asintió.
-¿Lo ves? – Ino casi se enfadó con su esposo. – Ellas saben.
-Será mañana a las 10:00am. – Sasuke anunció.
-¿Ellos ya tienen bien organizada su boda? – Ino aporreó las manos en la mesa recordando su afición por meter sus narices en las bodas de los demás.
-Completamente lista. – Sasuke fingió pena al decirle. – Lo siento, Ino.
-Creo que esta vez no podrás meter tu cuchara en una boda, Ino. – Shikamaru se burló.
-Ya veremos, vagos.
-Amigo, la chica es 20 años más joven, ¿en serio? – Sai abrió los ojos sorprendido.
Sasuke asintió.
-He llegado a la conclusión de que un día terminará casándose con un feto.
-Qué desagradable, Uchiha. – Ino hizo una mueca. – Veo muchos de esos dentro de las mujeres que atiendo y no es gracioso el comentario.
-Bueno, bueno… ¿Tu madre qué piensa? – Shikamaru cortó a Ino.
-Se casó hace 8 meses con un tipo más joven que ella.
-¿Qué tanto más joven? – Indagó más en el asunto.
-No tanto. – Respondió. – Uno años menor que ella.
-Bueno, suena mejor. – Ino suspiró.
-Será mejor que yo me retire. – Temari anunció. – No viajé preparada para ir a una boda y necesito un vestido.
-Lo siento, Temari. – Sasuke se lamentó.
-No te preocupes. – Ella sonrió con gusto. – Shikamaru es el que lo sentirá más porque tendrá que acompañarme a buscar un vestido lindo.
-¿No puedes ir con alguno de los que traes? – Shikamaru bostezó.
-Por supuesto que no. – Respondió tomando su bolso. – Ino llevará un vestido nuevo. Debo comprar uno o te avergonzaré mañana y a Uchiha también. Levántate. – Fue gracioso ver a Shikamaru obedecer al instante.
-El poder de una mujer sobre el hombre. – Sai rió sin saber que su esposa estaba también levantándose de la silla.
-Cariño, debemos irnos. – Ino le indicó.
-¿Pasa algo? – Sai sacó su billetera mientras ayudaba a Ino a levantarse.
-Sí, necesito hacer una parada antes de ir a casa.
-Ino, ¿cuento contigo para… mañana? – Pregunté no queriendo gritar con fuerza que no podía peinarme o maquillarme decentemente por mí misma.
-¿Por qué? – Ino no entendió el comentario.
-Ya sabes, – Hice un gesto con mis manos sobre mi rostro. – Para la boda…
-Estaré ahí a tiempo, Sakura. – Se encogió de hombros.
-¡Ino! – Alcé sólo un poco la voz. – ¿Me ayudarás a maquillarme y peinarme?
-¡Oh! – Ino asintió entusiasmada. – ¡Por supuesto! – Tomó su bolso y me guiñó el ojo. – Quedarás hermosa. Finalmente podré meter mis manos en algo de la boda.
-¿A qué te refieres? – Sasuke arqueó una ceja sin comprender, al igual que yo.
-Créeme. – Ino suspiró. – Sakura quedará tan hermosa, que será la invitada más distinguida de la fiesta.
…
Sasuke le pasó a Ino un pañuelo blanco. Ella se secó los ojos y limpió de sus mejillas los restos de lágrimas.
¿Qué había entre esa mujer y las bodas? Toda la mañana le había visto entusiasmada y de un ánimo estupendo. Incluso mientras me maquillaba y rizaba mi cabello estaba tarareando canciones que nunca había escuchado en mi vida. Y ahora, esto.
Me recliné contra la banca de la iglesia lo suficiente como para observar a Naruto con la cabeza recargada en un hombro de Hinata y el rostro oculto entre los cabellos negros de su esposa. Hinata estaba concentrada en la ceremonia mientras sonreía quizá nostálgica al recordar su momento especial tiempo atrás. Shikamaru estaba cabeceando de un lado a otro, porque llevaba casi toda la ceremonia durmiendo y Temari simplemente miraba la boda como sí nada.
Sasuke, por otro lado, estaba entre Ino y yo y se veía por completo aburrido. Siendo la cuarta boda de su padre, quizá era algo trivial y aburrido para él.
Me miró apenas unos segundos y sonrió con pesadez. Estaba aburrido pero su perfecta compostura no le permitiría demostrarlo. Suspiró y centró su atención otra vez en la ceremonia. El sacerdote hablaba con lenta parsimonia. Llevaba casi media hora repitiendo la importancia del amor y la paciencia en el matrimonio. Bla, bla. ¿En qué momento les diría lo realmente importante antes de empezar un matrimonio?... aunque fuera por cuarta vez.
Dejando a un lado el amor y paciencia, ellos deberían saber que tan compatibles eran en realidad. No sólo sexualmente. Yo sabía bien que el padre de Sasuke amaba una copa de vino tinto por las noches antes de dormir, ¿lo sabría ella? Qué tal y la chica prefería el té o café antes de dormir. Quizá Fugaku era como Sasuke y él al igual que su hijo se levantaba temprano por las mañanas. Quizá la chica era como yo y se despertaba pasado el medio día en un fin de semana. O qué tal y ella amaba a los perros como yo a Gil, y él odiaba a las mascotas como Sasuke, quien sólo toleraba a Gil por sus buenos modales, pero despreciaba a las mascotas en general.
Pero claro, en las bodas no decían nada de eso. Sólo recalcaban en la salud y enfermedad, prospero y adverso y bla, bla. Nada que garantizara que el matrimonio duraría lo suficiente como para organizar una boda a lo grande.
El sacerdote finalmente hizo las preguntas oportunas. Fugaku Uchiha y la chica, cuyo nombre ni tomé importancia en escuchar, pronunciaron sus votos y sellaron su amor con un discreto beso.
Shikamaru despertó justo a tiempo para aplaudir junto con el resto de los invitados.
Sasuke me tomó de la mano y me llevó adelante a pasos firmes. Nos detuvimos justo frente a la pareja y después de felicitarles, nos tomamos una foto con ellos… y el resto del grupo. Por un segundo, mientras la pareja posaba para las fotos, me imaginé en su lugar con Sasuke a mi lado. En nuestra boda. La cuál sería el inicio de una vida llena de rarezas que nunca creí en mi vida. Una vida juntos, fotos juntos, hijos, hacer el amor, alimentar bebés, tener sexo por las mañanas en que ellos fueran al jardín de infantes y envejecer despertando cada mañana con una sonrisa. Deseché esa idea con la misma rapidez en que llegó. De nuevo, volví a ser la chica sentada en la segunda fila de la capilla justo a tiempo para ver a la pareja de recién casados salir juntos y tomados de la mano.
.
-Firmemente opino que esto de las bodas debería empezar con un juego de preguntas y respuestas. – Dije en la recepción, con una copa de vino en la mano derecha.
-¿Porqué? – Ino me observó confundida mientras degustaba de un plato de fresas con chocolate que Sai le había conseguido de la mesa de postres.
-Sólo ideas mías. – Respondí.
Ino se había arreglado el maquillaje borrando todo rastro de lágrimas sentimentales y ahora estaba de nuevo con los ánimos hasta el tope. El asiento reservado para Sasuke, a mi lado, estaba vacío. No le había visto en aproximados 20 minutos y no teníamos ni idea de dónde estaría.
-Buenas noches. – sabia, sin verle, que se trataba del hermano mayor de Sasuke. Esa calma y acento respetuoso en su voz era inigualable.
-Hola, Itachi. – Ino fue la primera en saludar. – Cuanto tiempo sin verte.
-Volví esta mañana de los Ángeles. – Nos informó saludándonos a todos. – Hola, Sai.
-¿Cómo has estado? – Sai respondió el saludo.
-Excelente. – Sonrió. – Felicidades por la boda, Naruto, señorita Hyuuga.
-Ahora Uzumaki… – Naruto le corrigió.
-Correcto. – Itachi se disculpó.
-Se lo agradezco, Itachi. – Hinata permitió que Itachi le dé un cálido y rápido abrazo.
-Shikamaru, un placer. – Itachi estrechó su mano con Shikamaru y él le presentó a Temari. – ¿Tu… novia?
-Así es. – Temari le saludó sonrojada.
Y ese era el comúnmente conocido: "Efecto Itachi." Aquel que todas las chicas presentaban cuando veían a Itachi por primera vez. Ino hasta hiperventiló la primera vez que él le dio un beso en la mejilla como gesto de saludo.
-Sakura. – Fui la ultima en ser saludada por él. Me dio un rápido abrazo y un cálido beso en la mejilla. – Como siempre, encantadora.
-Y tú tan… tú. – Itachi me sonrió de nuevo. Su sonrisa no era para nada parecida a la de su hermano. En la de él, había cierto toque de misterio encantador. De esa clase que enloquece y fascina al mismo tiempo. – ¿Has visto a Sasuke?
-Hace un momento. – Respondió. – Está saludando los mayores. Toda la familia ansiaba verle, ya saben que él siempre gusta de desaparecerse por un buen tiempo de la familia.
-Típico de él. – Ino concordó.
-Sí me disculpan, debo hablar con mi padre. – Itachi se despidió cortésmente.
-Hasta luego. – Nos despedimos en cuanto Itachi se fue, dejándonos solos y aburridos de nuevo.
-¿Y bien…? – Fue mi oportunidad de hostigar a alguien. – Temari, ¿Qué te pareció?
-¡Sí! – Ino chilló. – ¿No es un encanto?
-Lo es. – Tema asintió en tusiasmada. – No puedo creer que tenga los mismos genes que Sasuke.
El efecto Itachi hacía las suyas de nuevo.
-No estamos seguras, pero creemos que Sasuke es adoptado. – Ino susurró.
-Yo diría que más bien Itachi es el adoptado. – Shikamaru saboreó un sorbo de vino.
-No se parece a nadie de su familia. – Naruto concordó con él. – Sasuke sin duda tiene el mismo carácter que su padre.
-Amargado y sin afecto. – Me burlé.
-¿No creen que Naori lucía hermosa? – Hinata suspiró cambiando el tema.
-¿Quién? – Pregunté sintiéndome ajena a su conversación por no saber de quien hablaban.
-La novia. – Ino respondió como si fuera de lo más obvio. – ¿Dónde estuviste toda la boda? – Me miró con impaciencia.
-Lo siento, sólo no presté atención al nombre de la chica. – Me excusé.
-Como sea, ella es joven. – Hinata suspiró. – Seguro querrá tener hijos pronto. – Ino se tensó al escuchar aquel comentario. Oh-oh. ¿Aún seguía insegura por su prueba negativa?
-Oh, ¿crees que él también quiera hijos? – Temari prolongó el tema. ¿Debería cambiar de conversación…?
-Dudo mucho que quiera, ya saben, él es mayor. – Shikamaru intervino.
-Hey, ¿Por qué no brindamos? – Pedí.
-¿Por qué? – La voz de Ino sonó diferente, algo rara. No logré descubrir a qué se debía pero no parecía normal.
-Yo que sé. – Me encogí de hombros. – Aquí nadie parece notarnos y tendremos que buscar diversión por nuestra cuenta si queremos mantenernos despiertos hasta la hora del pastel.
-¿Pastel? – Shikamaru hizo una mueca de desagrado.
-Sí, no pienso irme de aquí sin pastel. – Me hice la ofendida. – Sólo por eso vine.
-Entonces brindemos. – Ino sonrió de forma tierna. – De hecho… – Miró a Sai y se acercó a susurrarle algo al oído. Ambos observaron el salón en búsqueda de algo y finalmente Sai se levantó de la silla marchándose a pasos lentos.
-¿Qué sucede? – Pregunté sintiéndome confundida. Miré a Hinata en búsqueda de alguna respuesta. Quizá ella estaba enterada de algo que yo no. Hinata se encogió de hombros y miró a Naruto con inquietud.
-¿Todo bien, Ino? – Temari lucía inquieta.
-Ino, ¿te encuentras…? – Shikamaru lucía preocupado por su eterna rival.
Volví a mirar a Ino dispuesta a exigir una respuesta, cuando Sai volvió a la mesa, seguido de Sasuke. Ambos se sentaron en sus respectivos asientos y Sai pidió al camarero más próximo a nosotros unas copas nuevas de vino, excepto para Ino.
-Tenemos que anunciarles algo. – Dijo alzando su copa hacía nosotros. Las mesas a nuestro alrededor estaban ajenas en sus propias pláticas y nadie notaba la conmoción en la nuestra. Sai le dio un ligero beso en la mejilla a su esposa y tomó su mano entrelazando sus dedos para infundirle valor.
Sentí que mi estomago se contrajo repentinamente y mi corazón latía a un ritmo inimaginable. Casi tuve ganas de devolver el estómago.
-Sin rodeos, Ino. – Le animé.
-¡Sai y yo seremos padres! – Soltó en medio de un chillido de alegría. Sus preciosos ojos verdes se llenaron de lágrimas y sus mejillas sonrojadas le hicieron justicia a su hermoso rostro.
Con una sonrisa más resplandeciente que el sol, mi mejor amiga anunció que finalmente sería madre.
La mesa estalló en gritos de júbilo. Por unos segundos el universo entero se detuvo y todo se concentró en la felicidad que todos experimentábamos en ese momento. Era la más maravillosa del mundo. Ningún bebé sería más afortunado y querido que el de Ino y Sai. Porque no sólo ellos le esperaban, también nosotros éramos parte de aquello desde aquel momento.
Las lágrimas que con tanto cuidado ella había eliminado de su rostro, regresaron para vengarse. Esa mujer, ¿Cómo conseguía que todo el mundo se concentrara en ella? Nuevamente volvía a hacer de las suyas en una fiesta que no le pertenecía, pero qué más daba. A nadie le importaba eso en ese momento. Todos estábamos entusiasmados mientras nos poníamos de pie y nos turnábamos para abrazarle. En algún momento, también lloré. Abracé a Ino y lloramos por unos segundos, juntas, cómplices de aquello. Me separé de ella sabiendo que alguien detrás de mí esperaba para abrazarle igual y tropecé, sin querer, con Sasuke. No supe de qué manera, pero acabé entre sus brazos. Abrazándonos como si el logro fuera nuestro. Nuestras miradas se encontraron por varios segundos y deseé besarle. Estábamos tan cerca y tan lejanos al resto que nadie lo notaria.
Pero no lo hicimos.
Porque no era el lugar, ni nuestro momento. De hecho, aquel futuro que yo imaginé tampoco lo estaba. Un futuro tan claro que casi podía tocarlo, un futuro que jamás podría estar a mi alcance.
Rompí el abrazo con una suave sonrisa y bebí de un trago casi media copa.
De vuelta a la realidad, me di cuenta que el mundo había vuelto a girar y nadie parecía notar la celebración en nuestra mesa. Quizá, la familia de Sasuke nos veía como el típico grupo de ebrios colados que más vale ignorar.
Me senté de nuevo en la silla, aún con la copa entre mis manos. Bebí el resto y con una seña pedí al camarero una más.
El resto de la mesa poco a poco comenzaba a sentarse y a bajar los tonos de su voz, pero aún comentaban sobre el acontecimiento de la noche. No, la boda no. El bebé de Ino y Sai.
-¿Cuánto tiempo tienes? – Temari cuestionó aún sonriente.
-A penas 4 semanas. – Respondió entusiasmada.
-Supongo que es muy pronto para preguntar si saben qué será. – Shikamaru lucía demasiado contento.
-Así es, pero esperamos que sea niño. – Ino respondió entusiasmada.
-Yo preferiría una niña. – Sai contradijo a su esposa. Ino le miró con cierto enfado y amenazadora. – Pero un niño, uff, sería lindo. – El miedo con que lo dijo no dejaba lugar a dudas de quien mandaba en esa relación.
-Es increíble. – Mi sonrisa llevaba allí más de 5 minutos y no podía borrarla.
-Felicidades a ambos. – Sasuke habló. – Será el bebé más amado.
-Teniendo 6 tíos que le llenen de mimos, yo esperaría que fuera el más berrinchudo. – Naruto opinó mientras abrazaba con un brazo a Hinata.
-O caprichoso. – Concordé con él.
-Como su madre.
-Cállate, vago. – Ino reprendió a Shikamaru. – Ya te habías tardado.
-Sasuke... – Le llamé mientras una pelea daba inicio en la mesa. – Voy al baño.
-¿Te encuentras bien? – Hizo ademán de querer levantarse.
-Descuida, es el vino. – Respondí. – Sólo debo ir a hacer pis, no tardo.
-Bien. – Asintió mientras volvía a concentrarse en la plática.
Me levanté de la silla y comencé a caminar a pasos rápidos por el salón, como si la vida se me fuese en ello. Prácticamente así era.
¿Dónde estaba el maldito baño?
Un grito por parte de una chica se escuchó cerca de mí. La conmoción creció mientras bajaron tenuemente el tono de la luz y varias chicas se juntaron en un punto al medio del salón.
Perfecto.
-¿Acaso no saben que en este lugar hay una linda chica con ceguera nocturna y muchas ganas de ir a un baño? – Gemí enfadada.
Seguí caminando en busca de algún camarero que me indicara donde hallar un baño. Sin duda, eso era más difícil ahora.
De pronto, mi cuerpo chocó contra el de alguna persona igual de distraída que yo. Era un hombre. Su deliciosa colonia le delataba, al igual que sus fuertes manos en mis hombros.
-Disculpe. – Dije apenada.
-Fue mi culpa, lo lamento. – Una ronca voz me respondió.
Algo cayó cerca de mis pies y las luces se encendieron de repente dejándome un poco más aturdida de lo que ya estaba. Parpadeé un par de veces. El enorme y hermoso ramo de flores lilas y rosas estaba a mis pies. Unas manos pálidas se agacharon a recoger el ramo antes de que yo intentara hacerlo.
-Aquí tienes. – Me lo ofreció sin dudar. Me perdí absorta en la belleza de las flores y me sentí nostálgica. –…Sakura.
-Te lo agradezco, yo… – Y me detuve en cuanto comprendí que aquella persona sabía mi nombre. Alcé el rostro para mirar a la persona con que había chocado y fue inevitable soltar el ramo a mis pies, de nuevo. – ¡Sasori! – chillé asustada.
La aparición de cabellos rojizos y sonrisa encantadora estaba frente a mí. Con su hermoso porte, sus brazos fuertes y sus perfectas manos.
-Hola, Sakura.
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¡Hola de nuevo!
Mil disculpas con ustedes por tenerles tantos meses esperando. Comprendo que el tiempo es algo esencial cuando escribes pero la verdad es que no fue mi intención. Tuve la idea de cómo sería cada capítulo desde que comencé la historia, sin embargo ya saben que por una cosa u otra al final nada es como lo planeaste desde el primer momento. Esta historia es una de esas. Al finalizar el capitulo anterior ya tenía la idea de que pasaría, sin embargo… si, adivinaron, no supe plasmarlo en un primer momento.
Entonces pasó un mes y sólo tenía la plática con Ino y demás, y era todo. Después el sexo con Sasuke (no podía faltar) y así… Luego tuve un bloqueo mental terrible. No supe que poner intermedio a todo y no sabía qué más decir. Varias veces estuve a punto de subir una nota pidiendo auxilio, ya saben, alguien que tuviera tiempo de leer mis borradores para opinar su punto de vista y me ayudara a acomodarlo, sin embargo por pena no lo hice xD
El caso es que cuando me decidí a como estructurarlo, me di cuenta que el tiempo había pasado y que por la espera se merecían algo poderoso :D y mi idea primeramente era subir un capitulo aún más largo que este. Créanme, me faltaron demasiadas cosas que quería meter en este capítulo. Sin embargo, me di cuenta que entre más agregara, mas me tardaría. Por los rellenos xD y demás y decidí subirlo así.
Y prometo no volver a tardar tanto como ahora. Es que la neta si me pase de ver… JAJJA tardé MESES.
Espero me perdonen y sigan reviewwseandome románticamente con: VAGA INMUNDA, SUBE CAPITULO Y DEJA DE ESTAR ECHADA SIN ESCRIBIR, con amor.
Gracias a quienes me mandaron mensajes privados también. Nekatniss, te debo las gracias porque tu mensaje fue el que me ayudó a decir: son tonteras, debo subir capi HOY.
Y yo sé, lo sé que no son horas de subir capi, pero quería también desearles que tuvieran un excelente inicio de semana.
Y bien, ¿Qué les pareció
Ya sabemos que sakura si le quiere, namás que es muy menza para decirlo. Y a las personas cuya teoría dice que Sasuke igual… ;D jajaja
Por ahora, se complicarán algunas cosas.
Gracias por la espera, y espero disfruten de este capítulo tanto como yo (:
Porfis reviewwseenme diciendo que tal este capítulo, si les gustó, si no les gustó, si lo odiaron, si me odiaron, si lo amodiaron….
Así que ya saben ;)
Nos estamos leyendo. Como siempre espero sus consejos y críticas constructivas. Y sus teorías y opiniones :D
Besos :*
Una muy apenada AngelliH.
