"Y regreso a ti" - Capítulo 11
XXX0
Había tenido una idea estupenda. Era tan maravillosa que seguro que se ganaría los halagos del español. Segurísimo. Siempre tenían problemas con la comunicación. Y es que una persona llamaba la atención y tenía necesidades que requerían tiempo. Estaba dispuesto a que aquello se terminara de una vez por todas.
- La solución a la falta de información ha llegado, chéri~ -dijo Francia sonriendo triunfal.
España, que estaba ocupado leyendo papeles, se había sobresaltado un poco al escuchar el ruido brusco que había provocado el otro al entrar. Alzó la mirada y se encontró a Francis, cargando un gato marrón monísimo que captó su atención al instante. Se levantó y se fue hacia el francés, que ya creía que España lo iba a abrazar preso del mismo estupor ante una idea tan maravillosa. Sin embargo, el hispano le arrebató al gato de los brazos y lo envolvió en un abrazo, con un aura de corazones a su alrededor.
- Ay~ ¡Qué gato tan mono~! Es tan bonito~ -exclamó Antonio contento, acariciando un poco al animal.
- ¿Verdad que sí? Lo he traído para... -empezó Francis.
- ¡No me digas que...! ¡¿Es para mí? -proclamó el hispano mirándole con ilusión desbordante.
- Ah...
Francia miró a su vecino, arqueando cejas. No, no era para él. Debería ser capaz de decírselo directamente y luego explicarle que el gato sería su mensajero y que lo entrenarían para que hiciera el recorrido entre ambas casas en menos tiempo que una persona. Debería ser capaz... Pero no lo era. Y menos si el español le miraba con esa aura de felicidad, esos ojos brillantes y esa ilusión. Suspiró resignadamente y desvió la vista hacia un lado, un poco sonrojado.
- S-sí, así es. Lo vi y me acordé de ti. -dijo a media voz. Adiós gato mensajero.
- ¡Uaah! ¡Es adorable! ¡Me encanta! Gracias, Francia. -exclamó totalmente emocionado el de pelo castaño.
- Te tengo demasiado mimado, mon amí. Podrías agradecérmelo al menos, ¿no? Ya que tanto me acuerdo de ti~
Bueno, no podía negar que se esperaba algo por el estilo. A veces, Francia era peor que un niño. Caprichoso como el que más. España se acercó hasta llegar al lado de su vecino, aún con el gato entre los brazos. Se acercó y le dio un beso en la mejilla.
- Gracias por el regalo, Francia. -dijo sonriendo de una manera tan adorable que a Francia se le aceleró el corazón y todo por unos segundos.
Mientras Antonio se iba a "enseñarle la casa al gato", Francia se acercó hasta la ventana y miró con solemnidad hacia el horizonte. Bueno... Había perdido un gato. Aún no tenía una solución al problema de comunicación. El otro ni tan siquiera se había enterado de que había un "problema". Pero España estaba contento como unas pascuas y, además, se había llevado un beso en la mejilla. Tampoco era tan malo...
Días después. España.
- ¿Y el gato? -preguntó Francia mirando al español de reojo. En sus brazos podía apreciar algunos arañazos.
- No sé. Se ha escapado y no ha vuelto aún. -apuntó España.
- Eso es porque lo has agobiado con excesivo amor. Ha huido de ti. -comentó Francia sonriendo mordazmente. El hispano le miró de reojo. Uf. Quizás le había hecho enfadar.
- Eres imbécil. -sentenció Antonio después de un largo silencio.
La puerta de la casa del hispano se abrió y se escucharon los pasos acelerados de una persona seguidos de las pisadas inquietas de algo más. El español se levantó de la silla y arqueó una ceja. Se acabó apartando del escritorio y justo en ese momento la puerta se abrió.
- ¡Adórame, España! ¡He encontrado la solución a nuestro problema! ¡Se llama Juliet! -exclamó Francia contento. En ese momento, su acompañante, un perro de mediano tamaño y de color café, se adentró correteando en la estancia.
- ¡Un perro! ¡Ay qué mono! -profirió Antonio, agachándose para acariciar al animal, que se había acercado a él.
Mientras el francés se perdía en divagaciones, explicaciones sobre el origen del can y las características de la raza, se fue fijando en el español. El susodicho estaba enfrascado totalmente en el perro. Primero se había visto "atacado" por el animal, el cual le empezó a lamer la cara en un gesto cariñoso. Antonio rió enternecido y le instaba a que parara. A continuación, se había visto abatido ligeramente contra el suelo y finalmente, aún tirado allí, empezó a juguetear con el perro. Francia fue perdiendo el hilo de lo que iba explicando gradualmente. Observaba cada expresión que el hispano ponía, llena de ternura y felicidad. Se le veía bastante ilusionado con el animal...
Llegó un momento que el galo había ya dejado de hablar. Tan sólo se dedicaba a observar, con una sonrisa en el rostro, como España jugueteaba con el perro y hablaba con él. Era una imagen demasiado adorable.
- ¿Y para qué has traído el perro, Francia? -dijo el español levantando la cabeza repentinamente y mirando con una sonrisa al galo.
El rubio se mordió ligeramente el labio, dibujando una sonrisa nerviosa por un momento. Casi empezó a visualizar el aura radiante de su vecino, mientras brillitos se acercaban a él y le cegaban. Notaba que el corazón le latía rápido mientras se debatía entre qué hacer y qué opción era la más beneficiosa. España le miraba interrogante después de tanto tiempo en silencio. Francis suspiró ligeramente, resignado y sonriendo.
- E-es un regalo que he pensado en hacerte. -dijo el rubio finalmente.
- ¿¡En serio! ¿P-por qué? No es mi cumpleaños ni nada... -el perro ladró como acompañamiento a la emoción del hispano, cuyos ojos brillaban de la misma.
- Ya pero... eh... -divagó el francés, buscando un motivo de peso que justificara tal acto- ¿Acaso necesita un amigo un motivo para regalarle algo a otro amigo?
España gritó de felicidad mientras se incorporaba y se iba corriendo hasta el francés. Tuvo que poner su empeño en no ceder hacia detrás bajo el peso del hispano, que se había lanzado a sus brazos y exclamaba halagos. El perro había empezado a corretear alrededor de ambos, ladrando insistentemente, como si quisiera que le dejasen participar en el juego. Francia volvió a morderse el labio, intentando calmar el impulso que crecía en su interior y que le decía que hiciera muchas cosas (muchas muy censurables). Se conformó con meter la mano por debajo de la camiseta y acariciar la espalda. Tan sólo con eso, Francia ya se había adentrado en su paraíso personal. España seguía dándole las gracias, se apartó y lo miró por unos segundos. En un ataque de espontaneidad, el de ojos verdes se avanzó y le dio un beso en los labios al galo, que se quedó completamente helado.
- ¡Gracias otra vez, Francia! -exclamó sonriendo de manera adorable. Bajó la mirada hacia el perro, que repentinamente se paró y le miró moviendo el rabo- ¡Vamos, Centurión! ¡Te voy a enseñar toda la casa!
El perro ladró y Antonio salió correteando de la habitación, seguido por el animal. Francia seguía con la misma expresión facial que se le había quedado con el beso. Repentinamente fue como si lo descongelaran: anduvo unos cuantos pasos hacia su derecha y se apoyó en una pared. Sus mejillas estaban sonrojadas y una extraña expresión facial se había instalado en su rostro: una mezcla de emoción, perversión y asombro por lo ocurrido.
- Si hace esto por un sólo perro... ¿Qué hará por dos? O tres... -murmuró con un tono de voz irregular mientras por su mente pasaban mil y una imágenes. Se llevó una mano a la cara y rió un poco, con cierta resignación- Ah~ ¿Pues no acabo de regalarle el perro que nos iba a servir de comunicación? Seré idiota~
No era la primera vez que caía en las garras de esa mirada inocente. Con ese tono de voz agradable, ese brillo en los ojos y ese sonrojo que se instalaba en sus mejillas. No era fácil luchar contra la imagen que salía a resultas. Tampoco podía afirmar que no se hubiese aprovechado de la situación. No sólo había toqueteado, ¡él lo había besado! ¡ÉL! Jah... Le daba cuatro perros si hacía falta. No se arrepentía. Lo único que esperaba era que Antonio no se diera cuenta de la debilidad que aquello le provocaba. No quería que ahora se pusiera en plan abusivo. Se quedó pensativo unos segundos y al final rió.
- Es España, no se dará cuenta. -concluyó Francia riendo al imaginarse a su amigo diciendo "¿Eh?". Tan ajeno a todo, como siempre.
Se apartó de la pared y suspiró un poco. Mejor iba a buscar al perro y al nuevo dueño. Si no, de la emoción, España era capaz de olvidarse de él.
Semanas después. Francia.
La puerta de casa del galo sonaba con insistencia. Francia empezaba a estar de los nervios ya ante tanto golpe. ¡Que tirase ya la puerta, pero que lo dejase tranquilo! El taladrante sonido de la madera siendo golpeada inundaba el pasillo.
- ¡Ya voy! ¡Ya voy!
Abrió la puerta con una expresión enfadada. Esa expresión se tornó ligeramente confundida al ver al hispano mirándole con los ojos llorosos.
- M-me han robado a Centurión... -dijo con un tono de voz compungido. Ahora entendía Francia el porqué del estado del español.
- ¿Quieres pasar, mon amí? Será mejor que te sientes y te relajes. Así podrás contarme qué ha ocurrido.
Se dio la vuelta para hacerse a un lado y que entrara. En ese momento, Antonio se abalanzó ligeramente sobre el francés, abrazándolo por la espalda. Francia pegó un grito asustado. Se quedó en silencio y escuchó el sollozo del otro. Suspiró un poquito y le dio palmadas amistosas en el brazo. Estuvo esperando unos segundos, a ver si España se apartaba y así podía cerrar la puerta y caminaban hacia alguna de las salas de estar del francés. El de pelo castaño no tenía intención alguna de moverse. Finalmente caminó, no sin hacer bastante esfuerzo, hasta la puerta y la cerró. Luego fue arrastrando al español por todo el camino hacia alguna sala. Por el bien de su columna vertebral, Francia decidió ir a una que quedaba cerca.
Viendo que España seguía sollozando ahí agarrado, Francia suspiró de nuevo. Agarró las manos que estaban entrelazadas sobre su pecho y deshizo el agarre. Soltó una de ellas para poder girar sobre sí mismo y, cuando tenía de frente al hispano, la volvió a agarrar. Se inclinó hacia delante y atrajo con sus manos a Antonio. Soltó una mano para sujetar el mentón y lamer la lágrima que surcaba una mejilla del hispano. El susodicho se sonrojó un poco y se apartó de manera brusca.
- Esto no es broma. Además, no te aproveches de la situación. -le reprochó golpeándole ligeramente en el pecho.
- Désolé. Te veías tan mono que no lo he podido evitar. Siéntate. -dijo Francia haciendo lo propio. España le hizo caso y empezó a frotarse los ojos. El rubio le agarró la mano- No hagas eso. Te van a quedar los ojos rojizos si te los frotas tan fuerte. Déjame a mí. Esta vez no hago nada raro.
Buscó en sus bolsillos y encontró un pañuelo con sus iniciales bordadas. Lo dobló con cuidado y le secó los ojos a España, el cual sólo los cerró, con un gesto de angustia por el rostro del que Francia no podía perder detalle. Mientras escuchaba la historia de Antonio, algo le quedó claro. Encontraría a esos ladrones y les haría escarmentar. Él era el único con derecho a hacer llorar a España. Y no pensaba permitir que nadie le quitara ese privilegio.
Después de algún intento más, Francia ya empezaba a estar desesperado. ¿Es que nunca iba a poder conseguir un sistema fiable para enviar la información? ¿Y por qué a Antonio le fascinaba todo ser viviente? Aunque estaba ilusionado, Francia se sentía falto de coraje. Tenía casi la absoluta certeza de que el plan no iba a funcionar. Miró el pájaro amarillo que revoloteaba a su alrededor y acabó por suspirar. ¡No iba a funcionar!
Dejó de pensar cuando vio al hispano cuidando del huerto, bastante agachado. Sonrió con perversión y se sonrojó ante la estupenda visión del trasero de España. Si no fuera porque se llevaría un buen golpe, ya lo habría toqueteado... Su mirada seguía allí fija, como si le pagaran por cada segundo que lo observaba. Aún analizaba la posibilidad. Finalmente, su informe salió positivo. Merecía la pena arriesgarse. Siempre merecía la pena. Se acercó por la espalda de su vecino, aún agachado de manera que el trasero sobresalía, pasó una mano por la cintura y pegó la suya propia al trasero del otro. El gesto era provocativo, sensual y Francia se sentía morir de la misma emoción y alegría.
España se alertó cuando notó que alguien se le había pegado. Giró la cabeza, aún en la misma posición, y vio al rubio.
- ¿Qué haces? -preguntó España
- Tan sólo miraba si estabas bien~ Quizás te había dado un tirón en la espalda y tenía que ayudarte a levantarte, ¿sabes? -dijo Francia con una sonrisa encantadora. Antonio se incorporó y le miró arqueando una ceja.
- Es una excusa bastante mala, ¿sabes? -respondió ahora medio risueño.
Las manos de Francia ya se encontraban explorando el torso del español. El susodicho giró la cabeza y de repente notó algo. Bajó la mirada y vio que algo se movía bajo su camisa. No había que ser un experto para saber qué ocurría. Metió una mano dentro de l prenda de ropa y golpeó las de Francia, el cual se quejó del porrazo.
- Eres tan mezquino cuando quieres~ -se quejó el francés frotando la zona del golpe.
- Le dijo la sartén al cazo. -dijo España apoyándose en el rastrillo que usaba para la tierra. Se quedó repentinamente en silencio al ver que un pajarito volaba y se posaba en el hombro de Francia- Tienes un pájaro en el hombro.
- ¡Ah, sí! ¡Yo venía para eso! -acercó el dedo al pájaro, que se subió, y lo acercó al hispano, que parecía asombrado- ¡Te presento a nuestro nuevo medio de comunicación!
España ya estaba enfrascado en acercar el dedo (y el dichoso pájaro le pilló cariño enseguida puesto que se había ido con él en menos de un segundo) y acariciar la cabeza del pájaro con el dedo índice de la otra mano, muy sonriente. Estaba claro, se estaba enamorando del animalillo. Seguro que ni había escuchado lo de "medio de comunicación"
- ¿Eh? -preguntó el hispano algo después, percatándose de que el francés había dicho algo y no lo había entendido. Francia suspiró sonriendo resignado: Lo sabía.
- Te decía que ése será nuestro nuevo medio de comunicación. Llevo un tiempo pensando en cómo mejorar la velocidad y la seguridad de la información que nos enviamos. Creo que el pájaro nos ayudará.
Sabía lo que venía a continuación. España empezaría a decirle que era una pena que un animalito así fuera enviando mensajes, que si se lo podía quedar, le pondría ojitos de cordero degollado y Francia, como un soberano gilipollas, le diría que se lo podía quedar con tal de verlo sonreír, que se le abrazara y que quizás le diera algún beso. Si lo pensaba fríamente, era patético.
- Está bien. -dijo España.
- ¿Eh?
- Me parece buena idea. -insistió el español. Volvió a mirar el pájaro y continuó acariciándole, sin dejar de sonreír.
- ¿No te lo quieres quedar? -preguntó Francis totalmente desconcertado.
- Pero si has dicho que lo vamos a usar para comunicarnos, ¿no? -el hispano había levantado la vista y le miró arqueando una ceja- No tiene sentido nada de lo que dices, Francis.
El rubio se había quedado con cara de desconcierto y no había quien se la quitara. Es decir... ¿Por qué? No entendía la lógica que gobernaba la mente del español. ¡Y eso que hacía años que lo conocía! Pues nada... De vez en cuando hacía algo que lo dejaba totalmente anonadado. Ésta era una de esas veces.
- ¿Y cómo se llama? -preguntó España. Francis despertó de su letargo y el español tuvo que repetir de nuevo la pregunta.
- Pues la verdad es que no tenía nombre. "Al último que le puse nombre, se lo cambiaste cuando te lo quedaste." -pensó el galo al recordar al perro.
- Podemos llamarlo François~ -dijo Antonio sonriendo mordazmente.
- ¡Eh! ¿¡Por qué debe llamarse como yo! Podemos llamarlo Antonio entonces. -replicó el galo.
- ¡Pero es que entonces cuando le llamaras a él, yo me confundiría! -bajó la vista hacia el pájaro- ¡Y cuando me llamaras a mí, él se confundiría! -ahora miró a Francia- No se puede llamar Antonio. Nos daría muchos quebraderos de cabeza.
- "¿Eso es lo único que te preocupa...?" -pensó el galo mientras le miraba con expresión indefinida, conteniendo la incredulidad que la respuesta del otro le había producido.
- Como la idea es tuya, te dejo que le pongas un nombre en francés. ¡Pero que no sea Antonio! -apuntó enseguida al ver la sonrisilla que se le dibujaba al otro.
Mientras el español jugueteaba con el pajarillo, que se puso a volar a su alrededor, Francis se llevó un dedo al mentón, pensativo. Debía escoger un nombre que le gustara. Después de un rato cavilando, levantó la mirada.
- Pierre. -dijo Francia. España le miró por unos segundos y acabó afirmando con la cabeza.
- Me parece bien. "Red de comunicaciones Pierre" -dijo sonriente.
- Siempre dispuesto a traerle noticias de su adorado vecino~ -murmuró Francia acercándose hábilmente y abrazando por detrás al hispano.
- ¡Otra vez! -rió España- ¡Te pasas la vida pegado a mí!
- Si no lo hiciera, me echarías de menos y te pondrías a llorar: "Ay~, Francia no me quiere~ ¿Por qué? Me entregaré en cuerpo y alma a él." -dijo el rubio exagerando el tono.
- Como si eso fuera a ocurrir. Además, yo no hablo así. -concluyó Antonio.
Muchos, muchos años después.
Francia estaba sentado en una confortable silla de cuero que había comprado dos días antes. Ah~... Sin duda había sido una gran elección. Abrió el periódico y continuó leyéndolo por donde lo había dejado antes de que le interrumpieran. Escuchó un piar de fondo. No le dio importancia hasta que notó que se acercaba y el ruido de alas batir. Levantó la vista.
- ¿Pierre? -murmuró sorprendido Francia.
Con tanta tecnología, los había dejado bastante abandonados. Acogió al pájaro entre las manos y lo observó con curiosidad y detenimiento. Era el número uno, venía de España. No pudo evitar reír un poco. Niño malcriado que no dejaba de cometer travesuras... Cogió la nota que transportaba y leyó: "Ábreme la puerta". Justo en ese momento, el timbre empezó a sonar. Levantó la vista y arqueó las cejas, sorprendido. No podía ser.
A paso ligero, recorrió el pasillo y disuadió a la criada de abrir la puerta. Cuando la abrió, Antonio extendió los brazos y sonrió triunfalmente.
- ¡Tadah!
Se hizo un silencio largo. España seguía con su pose y Francia le miraba casi sin expresión en el rostro. Finalmente, el rubio se apoyó contra el marco de la puerta y se llevó una mano a la cara mientras empezaba a reír. El hispano se dio por satisfecho con esa reacción y dejó la pose, observando divertido como su amigo aún seguía riendo. Finalmente logró recuperarse lo suficiente para hablar.
- ¿No me digas que lo has calculado para llegar justo en el momento?
- Hace mucho tiempo que aprendí cuánto tarda Pierre en llegar. -replicó Antonio encogiéndose de hombros- Pensé que sería divertido.
- Pasa, mon amí. Como premio a tu espectacular aparición, te invito a pastel.
Mientras el francés iba a por su premio, España se acomodó en el sofá, con todas las confianzas del mundo. Se incorporó un poco al ver el hermoso trozo de pastel que Francia traía. Le empezó a dar salivera y todo.
- ¡Que aproveche~! -exclamó antes de coger el cubierto y empezar a atacar el pastel.
- Hacía tiempo que no usábamos a Pierre, ¿eh? ¡Con lo que me costó encontrar un animal que no intentaras quedarte!
- ¡Eh! Eso no es mi culpa. Si tienes flojera en cuanto a regalar cosas, no es mi problema. -dijo entre cacho y cacho de pastel.
- Por cierto, ¿qué fue del caballo? Ése me gustaba... Me lo podría haber quedado yo. No sé ni por qué te lo regalé.
- Lo mataste. -dijo Antonio tranquilamente.
- ¿¡Eeh! -exclamó Francia acercándose al otro, atónito.
- Sí. En una de nuestras peleas. Te dio un arrebato y mataste el caballo que me regalaste. Pensaba que lo hiciste a propósito.
- ¡¿Yo? Pero si no sabía que ese caballo era el que... ¡Ah, qué horror! ¡Con lo hermoso que era! -se quedaron en silencio un rato, hasta que Francis volvió a hablar- Parece que fue ayer cuando creamos la "Red de comunicación Pierre"... Menudo nombre más largo.
- ¡Tenía gancho! Has de reconocerlo.
- Quizás un poco. Pero ahora ya existen unos cuantos homólogos. Pierre tiene hermanitos~ -dijo con aire ensoñador Francia.
- Ya, pero el Pierre que viene a mi casa fue el original. El primero. -dijo Antonio con ciertos aires.
- Aw, chéri. ¿Estás celoso~? -exclamó pegándose a su cintura y apoyando la cabeza en su hombro.
- Calla y come. -sentenció España acercándole el cubierto con pastel a Francia.
Puede que ahora aceptara la comida. Y puede que luego intentara jugar a dejarle sabor dulce en los labios al español con algún que otro beso francés. Pero luego volvería a abordar el tema. Era algo que le gustaba demasiado.
1525
- ¡Serás hijo de perra! -gritó España mientras se abalanzaba, espada en mano, contra el francés
El rubio, cansado y respirando algo agitado por la batalla que se desarrollaba a su alrededor, levantó la espada. Se preparó mentalmente para el impacto que iba a recibir. Observó el semblante serio del español y le dedicó una sonrisa de lado, provocador. Como esperaba, España correspondió a su desafío y un deje de rabia se apoderó de su semblante. El golpe venía a la de ya.
Retrocedió cosa de un metro cuando la espada de Antonio chocó con la suya. Se quedaron unos segundos estáticos, mirándose intensamente. Acto seguido, como si ambos hubieran hecho un pacto sin hablarlo, apartaron las espadas y prepararon otro ataque. El metal volvió a resonar cuando ambas armas chocaron, unos cuantos centímetros por encima de sus hombros.
- ¿Por qué no te rindes y me cedes Pavía? -dijo Francia con la voz extraña por la fuerza que empleaba en mantener al español a raya.
- En tus sueños más remotos. -pronunció España en un tono similar al del francés.
Casi había perdido la cuenta del tiempo que llevaban sitiados en aquella ciudad. Su situación era deplorable y lo peor de todo es que el francés tenía conocimiento de ella. Escaseaban los alimentos y él había sido el primero en privarse de ello (engañando a los que le preguntaban si ya había comido y diciendo que su plato era de otro). Pero, aún así, los gastos que aquella contienda le estaban suponiendo eran demasiados. ¡Hasta había empezado a sacar todo el oro que llevaba encima para empeñarlo! ¡Había perdido la parte de valor de sus pertenencias con tal de poder pagar a los mercenarios alemanes y suizos! Y aún así les faltaba dinero. Si no fuera por el valor de los arcabuceros españoles, no sabría cómo se hubiera podido mantener en aquella posición por tanto tiempo.
¿Y acaso pensarías que los galos se habían dedicado a atacarles como hombres? No, a Francis nunca le vino bien esa estrategia. Daba la impresión de que aún menos si era él quien era su enemigo. Conocedor de la situación en la que se encontraban, el francés se había retirado a esperar que cayera en su propia ruina. Quizás hubiera funcionado si no se hubiesen envalentonado y hubieran decidido atacar puntualmente. El error fue mostrarse y hacerles ver que los galos eran la fuente de aprovisionamiento perfecta.
A cada nuevo ataque exitoso, Francia odiaba al español un poco más. Lo tenía arrinconado y aún así no dejaba de fastidiarle. ¡Hubiera sido tan fácil rendirse y dejar de complicarle las cosas! El ataque fue inminente cuando su rey tomó la decisión de atacar con toda la caballería. Francis fue con ellos. El gran problema es que los españoles (inferiores en número) se escudaban sin problema tras la gran caballería francesa. Tuvo que ordenar que cesara el fuego para que no murieran más hombres por fuego amigo. Los refuerzos españoles no les dejaban un segundo de respiro y, para rematarlo, las tropas hispanas que había en la ciudad, salieron para ayudarles.
El fuego estaba por ambas partes y lo tenían muy difícil. A pesar de estar hambrientos y cansados, los españoles seguían dando guerra. ¿Por qué tenía que resistirse tanto a darle un pedazo de tierra? España era tan egoísta. Aunque claro, él no se amilanaba cuando se trataba de invadir territorios que no eran suyos. Cuando los cadáveres galos empezaron a adornar el terreno, Francia se había topado de frente con España. En ese preciso momento, sin necesidad de intercambiar ni una sola palabra, se habían lanzado el uno al ataque del otro.
Eran cuatro pinceladas de lo que había ocurrido hasta llegar a esa lucha de la que no parecían poder salir. España batió la espada y logró provocar un hueco en la defensa del otro. El rubio tuvo el tiempo justo de apartarse y evitar el filo del arma del español. Recibió otro golpe en la espada que hizo que se fuera para un lado. Viró sobre sí mismo a tiempo para parar la siguiente estocada del de pelo castaño. Volvió a girar sobre sí mismo y detuvo otra estocada del hispano por el otro lado. Empujó la espada de Antonio y atacó con la propia, logrando hacerle un rasguño en el brazo. Lo que ya no pudo esquivar fue el puñetazo que España le propinó con la otra mano.
Ambos se separaron unos metros, respirando agitadamente y mirándose. Estaban atentos a cualquier movimiento que denotase que la lucha se retomaba. España pegó una patada, clavando la punta del zapato en el suelo, y levantó una cortina de polvo. Francia se llevó una mano delante de los ojos para que no le entrase nada y justo en ese momento, Antonio se le venía encima. Paró la espada, usando la propia, a pocos centímetros de su cara. Sonrió tensamente durante medio segundo, poniendo todo su esfuerzo en no ceder ante la fuerza del hispano. Sabía que si jugaba limpio no ganaría. Si Antonio vencía en esa lucha de espadas, el golpe iba a ser tremendo. No se lo podía permitir. El español apretó los dientes cuando notó una patada en el estómago. Antes de poder recomponerse y reforzar su defensa, el filo de Francia estaba contra su cuello.
- R-ríndete de una vez. -dijo el galo respirando a bocanadas- Deberías haberlo hecho hace un buen rato.
- No me jodas, Francia. -contestó con inusitada calma el otro.
España miraba hacia su derecha y sonrió. Maldito fuera. ¿Refuerzos? Pero, en realidad, había caído en la trampa de su contrincante al desviar la mirada. Escuchó el grito que Antonio pegó mientras empuñaba la espada con las dos manos y, con fuerza, apartó el filo de su cuello. Acto seguido recibió un golpe fuerte en el torso y cayó de espaldas al suelo. Cuando se incorporó un poco, tenía el filo de la espada del español en su cuello. El hispano sonrió de lado, sabiéndose victorioso. Encima, desde el suelo, la facilidad para maniobrar del galo era prácticamente nula. Miró a su alrededor... Todos los que podían echarle una mano, estaban muertos o huían.
- Ahora, mi amigo, te portarás bien mientras establecemos las condiciones de tu rendición. ¿De acuerdo? -dijo España sonriendo superior.
El rubio apretó los dientes con rabia. Ah, sí... Ahora el hispano tenía la sartén por el mango. Encima, de una patada, apartó su espada lejos de su alcance. Tenía un as oculto pero si se movía, era capaz de rebanarle el cuello. En ese instante, dos hombres se acercaron a España. Eran ambos soldados españoles.
- Señor, dos soldados dicen haber capturado a alguien importante. Creo que debería verlo por sí mismo.
No habían estado hablando casi nada pero fue el tiempo suficiente para que Francia desenfundara el trabuco que llevaba guardado entre los ropajes. Sus soldados le gritaron que tuviera cuidado y que llevaba un arma. España tuvo el tiempo suficiente para apartarse y esquivar el tiro lo suficiente como para que sólo le provocara un rasguño. En esos eternos segundos, Francia se había incorporado y había huido hacia el bosque. Sus soldados se movieron para seguirle pero Antonio hizo un gesto con el brazo para que se detuvieran.
- Dejadlo. Cuando quiere, es una rata huidiza. No lo vais a encontrar. -dijo la nación con semblante serio, pasándose la mano por la mejilla para limpiar el hilo de sangre de la herida.
Lo recibieron Juan de Urbieta, Diego Dávila y más allá estaba Alonso Pita da Veiga. No pudo ver al prisionero puesto que se encontraba custodiado por otros soldados y además estaba arrodillado en el suelo. Cuando Urbieta se apartó, la expresión de España se transformó en una de sorpresa e incredulidad. A pesar de tener el filo de una espada en el cuello, Francisco I de Francia le dirigía una mirada cargada de soberbia.
- Derribaron su caballo y por las ropas deduje que se trataba de alguien importante, así que decidimos hacerlo prisionero. ¿Hemos hecho bien?
Paulatinamente, una sonrisa victoriosa adornó el rostro del hispano. ¿Que si habían hecho bien? ¡Tenía prisionero al mismísimo rey de Francia! Claro que habían hecho bien. El rey era la máxima autoridad. Siendo prisionero, negociarían unas condiciones estupendas. Casi era mejor que si hubieran capturado a Francis. Se puso de cuclillas para quedar a la altura del rey de Francia.
- Buenas, Francisco... Qué agradable sorpresa. No hagas ver que no me entiendes, sé que hablas perfectamente español. -se fijó en que el otro hizo un gesto a disgusto- Espero que te comportes como toca y que lleguemos a negociar de manera correcta. Ahora lleváoslo.
El rey Carlos seguía dándole el sermón. España se encontraba sentado sobre una silla acolchada, con el brazo apoyado sobre la mesa y la cara apoyada en la mano. Algún día quizás se cansaría de darle la brasa.
- ¿Me estás escuchando, Antonio? -inquirió.
- Que sí... Que si trate a tu "hermano" bien, que si sigue siendo un rey y que hay que darle los lujos que se merece por su título.
Pura patraña. Un preso había de verse privado de libertades, lujos y condescendencia. La misma palabra implicaba eso, por muy rey que fuera. Al parecer, Carlos no coincidía con su manera de ver las cosas. Por eso seguía defendiéndolo a pesar de lo que había hecho. Tampoco se arrepentía de lo que había hecho él a posteriori. Se lo había buscado.
- Ay, ya vale. -cortó Antonio- Al menos he conseguido que por fin firmara el tratado. El Milanesado, Génova, Nápoles, Tournai, Flandes, Borgoña y Artois son nuestras. Su hermana tendrá marido (ya que él se casará con ella) y además nos apoyará con lo de Navarra. ¡Que alguien me traiga a Pierre! -dibujó una sonrisilla- Es hora de escribirle una carta a Francia para que venga a buscar a su rey...
La copia del Tratado de Madrid, la cual había ido leyendo de camino a España, le parecía ultrajante. Todo había sido bastante caótico en su casa desde que su rey fue hecho prisionero. Se lo había dicho muchas veces: era peligroso participar activamente en las batallas de tal envergadura. Cuando llegó, España estaba reunido con gente importante. Le llevaron hasta donde su rey estaba preso y pudo hablar con él un rato. Pensaba ya que se libraría de afrontar al español cuando se lo cruzó por el pasillo, justo cuando ya se iban. Sonrió ácidamente al ver la superioridad en la expresión facial del otro.
- Vaya, ¿ya te ibas? Creí que querrías quedarte a picar algo. -dijo Antonio con un tono de voz cargado de rintintín.
- Tengo prisa. -se hizo un silencio de algunos segundos que acabó por romper el mismo galo- Tanto presumir de que ibas a tratarlo lo mejor posible y eran todo patrañas.
- Lo hemos tratado asquerosamente bien. No debería poder tener queja alguna. -replicó el hispano adoptando un semblante serio de repente.
- Me ha dicho que le has golpeado. Si eso es tratar bien en tu casa, debería añadir que sois una pandilla de bárbaros.
- Tienes valor a venir a insultarme a mi casa, gabacho. -se le dibujó una sonrisa iracunda. Eso sí que no lo aceptaba- Intentó pasarse de listo y no se lo permito. Ha adoptado tus sucias costumbres de intentar convencerme para que me hiciera francés. No le valió una negativa, tuvo que intentar toquetearme. Por muy rey que sea, no se lo tolero. Así que le pegué un puñetazo. Ese es todo el maltrato que ha tenido y encima se lo merecía.
- Sus intenciones no eran malas. Aunque quizás debería darle algunos consejos y advertencias... "Como que la parte física me la deje exclusivamente a mí."
- Deberías dejarte de delirios pasajeros, Francia. No sé si leíste la copia que te envié, pero te recomendaría que lo hicieras. -dijo España volviendo a sonreír altivo. Se fijó en el gesto de disgusto que adoptó el galo. Su sonrisa se acentuó un poco más- Veo que sí. Espero que seas consecuente y dejes que gestione Borgoña y Artois a mi manera. Ahora, parte de ti me pertenece. Qué lástima, ¿no, Francia? Es tu sueño a la inversa.
- Suficiente. No pienso aguantar más palabrería barata. Adieu.
Francis salió de la casa pegando un portazo. Antonio seguía mirando con superioridad hacia el lugar por el que había salido el gabacho. Aquello iba a ser divertido. Un soldado se acercó hasta él, habían estado reunidos hasta hace poco.
- ¿Cree que respetarán el tratado?
- Claro que no. Cuando lleguen ya buscará algún modo de romperlo y de traicionarme. -dijo España cruzado de brazos- Pero ya me encargaré yo de castigarlo.
EL BUZÓN DE SUGERENCIAS SIGUE ABIERTO (Fr: ... ¿Cómo de abierto? -perv smile-)
- Se arrastra muriendo de sueño- Hoooolaaaa ;w; Aquí estoy, una semana más, puntual. Con nueva ración de capítulo. Ya empecé con las sugerencias que me fuisteis enviando y que me gustaron. Lo primero fue lo que me pidieron sobre Pierre (he de decir que yo decidí escribir sobre cómo se creó esa "red de comunicación") Me imagino la desesperación del pobre Francia intentando que a Antonio le gustara algún animal para montar esa red de comunicación y que al final cediera y dejara que el hispano se quedara con todo (me parece adorable también x'D) Disfruté escribiendo la flojera de Francis xD
Por otra parte tenemos el tema que fue: Batalla de Pavía. He de confesar que el cambio es brutal xDDDD El trozo anterior acaba tope de dulzón y este empieza con un señor insulto xDDD. Tuve que controlarme mucho porque... podría haberme extendido demasiado. Es más, podría haber hecho un Oneshot sólo con esto. Porque podría haber ido más lenta explicando. Pero no quería embarcarme en la aventura de un oneshot ahora (cuando aún tengo tantas cosas por escribir orz) Eso sí, me gustó poder poner esta contrapartida. Me gusta el puterío que hay y me gusta que Francia esté jodido xD Hell yeah! Antonio dominante ò.o xD Está basado en hechos reales y los nombres de los personajes son reales of course. Se decía que el rey de Francia sabía hablar español y que lo usó para las negociaciones (es un rumor, no se sabe si es cierto) Todo lo que estaba en cursiva era español real (lo otro se supone que es como esperanto, whatever XD) España sabiendo que va a ser traicionado pero aún así queriendo fastidiar a Francia es love. Y ya está.
¿Ha quedado ya claro que Francia se reserva el derecho de hacer llorar a España? XDDDD Obsesiones raras xD También comentar que el primer año es XXX0 por unos motivos sencillos: 1- No quería situarlo en una época concreta, de ahí las 'X'. 2- Como tengo más trozos que no quiero situar, este es el número 0 (vendrá un XXX1 etc)
Ahora sí que paso a comentar vuestros reviews~
Victoria Balck, Yo creo que Francia no debe ser capaz de entender todo en todo momento. Además, creo que debe hacérsele hasta extraño que pueda estar celoso. Por mucho que lo dijera en plan chulito, creo que no debe creérselo. La pelea del final es mona xD porque son idiotas xD.
Sawako 3, Hoolas~ Creo que España se vuelve más certero (en todo) cuando se mosquea xDDD De repente puntería, más fuerza, de todo xD Aww m-me amas por seguir... g-gracias -blush- Aquí otro capítulo más. Si se te ocurre alguna idea no dudes en decírmelo, si me ilumina la bombilla, escribiré (y prolongaré tu felicidad xD)
Misao Kurosaki, ¿moriste? Pero si intentaba matar al gabacho... *XD* Los celos son algo que transforma xD Y algo tan radical lo veo muy español xD. Sí, son como niños pequeños xDDD. Uuuh... sobre la idea que me diste sin dármela... secretooo~ 8D
Veritas Temporis Filia, ... Me gusta tu nick *lol, random* Tranqui, te perdono 8D xDDD ¿Relajarte en la uni? Hombre, depende de qué carrera quieras hacer xD. Asdf, gracias, intento esforzarme para que todo salga medio decente y plasmar la relación como toca. Aww que no acabara nunca... en parte me gustaría xD pero me faltan ideas (de ahí que esté abierto el buzón de sugerencias) No te denunciaría por abuso del pairing. SI LOS AMO D: -hearts- Es que España le pone a raya pero a la vez le da un poco más de cancha. Y tu review no es ninguna rallada! Me encantan todos y cada uno de vuestros reviews! -hugs-
Shuuru, ahahaha... l-lo siento, uso un vocabulario un poco... *?* España es glorioso y ya está 8D *?* Yo también puedo imaginar perfectamente la peleita final y por eso me parecen cute xD. Si se te ocurren más cosas, no dudes en decírmelo ò0ó
Infantasancha, Aw... g-gracias, yo me siento feliz viendo que apreciáis mi esfuerzo y me dedicáis unos minutos para dejarme un review. Me hace inmensamente feliz, aunque pueda parecer tonto. Ay los lloros... espero que no. A mí también me dará lástima cuando este fic termine. Lo adoro. Paso muy buenos ratos escribiéndolo. Sé que hay portugueses que quieren ser españoles. Pero también he visto los políticos renegando de todo intento de colaboración con españa, retrasando el ave y diversas cosas. Viendo más atrás en la historia, me da la sensación de que hay como un "miedo" a invasión y en plan: Tenemos que ser mejores que España, tenemos que ser mejores. Y en España hay el sentimiento generalizado de que Portugal.. si bueno... no sé... No nos fijamos demasiado. Eso sí, en competiciones, a por ellos como si nos fuera la vida XD Creo que el 99% de la gente que conozco es así. Y por eso generalizo. La idea de Francia e Italia peleando por España... Me ha parecido interesante, la barajaré a ver si la puedo desarrollar de una manera que me quede bien. Un beso~
Atsun, ahahahaha XDDD inicio de review épico xDDDD Antonio en plan mafioso... you know you like it xDDD Le podría haber dado dos leches pero... ¿qué mejor que hacer algo rebuscado e impulsivo e irracional? No le tiene tirria (más bien lo ignora), pero no quiere que le arrebate a Francia. Es su amigo desde hace mucho tiempo y sabe que no puede ser amigo de ambos XD. Ambas cosas son monas, esa es la verdad XD. Yo creo que la que más pena me da es cuando se le hunde el barco xDDDDDD No era un lápiz, era una pluma! XDDDD No te trauma, no mientas. Quieres que me sienta culpable y que por eso no deje de escribir. Lo que no sabes es que sin que me sienta culpable seguiré haciéndolo mientras tenga ideas x'D. He de decir que lo de Antonio cabalgando en el toro, con una metralleta, disparando a Portugal me ha matado de la risa xDDDDDDDD Pero lo de "Por mi gabacho MA-TO" pfff xDDDDDDDDDDDDDDD no puedo dejar de reír aún XDDD. Hazlo, me río mucho xDDD Me encantan tus reviews. XDDDDD
Kanai, sé que estás ahí, que no te dio tiempo a terminar el review *que me lo estás diciendo ahora* no te preocupes -lanza besitos a Kanai-
Y eso es todo. OMG... 92 reviews! Os quiero mucho a todos los que leéis y a los que dejáis review os adoro! Gracias por seguirme. Espero que no me abandonéis hasta que termine *les lanza besitos y corazones y sparklea*
Nos vemos la semana que viene.
Miruru.
