Perdonen el tiempo que tardé en actualizar, lamento que a veces los capítulos estén tan espaciados, intento que no sea así pero no puedo prometer nada. Si les gusta, no se olviden de dejar un review.
Jehanne.d'ancy: Muchas gracias por tu lindo comentario, espero este capítulo te guste, creo que tiene un punto central de la historia que quizá no se aprecie a simple vista.
HarukaSou: Eres muy amable, ojalá no te decepcione en futuros capítulos. Espero poder agrandar los episodios, creo que están un poco cortos. Conoceremos más de ciertos personajes en los siguientes capítulos.
Kod97: Nunca dejo las historias a la mitad, no te preocupes de ello, espero disfrutes de este avance en el desarrollo de los personajes.
Haruhi no supo qué pensar, la chica que viera esa mañana no parecía ser humana, pero tampoco entendía hasta que punto estaba vinculada con Hikaru. Tal vez no debió contemplarles, tal vez debió desviar el rostro y fingir que nada pasaba, mas sus ojos permanecieron fijos en ellos, observando cómo ella gemía suavemente cuando de su cuello brotaron unas pequeñas gotas de sangre que fueron inmediatamente lamidas por Akuma, con lentitud, con deseo.
–¡Hey, Haruhi!
Tamaki llegó en ese momento, sonriéndole afablemente mientras reverenciaba por llegar tarde, sacándole de sus pensamientos. Sólo entonces recordó que se había ofrecido para llevarla a su casa, la castaña agradeció con una sonrisa, después de todo era eso lo que le había pedido a Akuma, ¿no? El amor de Tamaki. Lo que el otro hiciera en su tiempo libre no era de su incumbencia, él estaba allí para cumplir su deseo y después devorar su alma, sólo eso, era una presa, tenía que recordarlo.
Tamaki cargó con su portafolio como todo un caballero; lentamente fueron dejando tras de sí las instalaciones del colegio Ouran.
–Hace un poco de calor, ¿no? –preguntó cortésmente el rubio.
–Sí –corroboró.
–¿Te gustaría tomar un helado? –le dedicó una sonrisa de ensueño– Cerca del parque hay una heladería que hace los mejores helados de todo Tokio, te lo puedo asegurar.
–¿Sólo Tokio? –bromeó.
–Te mentiría si dijera que del mundo, en París conozco una excelente –aclaró.
–De acuerdo, comprobemos si tienes razón –aceptó su ofrecimiento.
Tamaki le condujo a una hermosa y enorme heladería a sólo unas cuadras de allí, ya algunas veces la castaña había escuchado hablar de ella a sus amigas, pero le parecía que sus precios eran algo elevados por un cono de helado, razón por la cual no había comprado allí. El rubio entró como si fuera cliente frecuente, dirigiéndose a una chica a la que parecía conocer, preguntando cuál era el sabor del día. La joven amablemente indicó que el de pistacho tenía un ingrediente especial y que lo recomendaba ampliamente, mas al verle en compañía de Haruhi no pudo ocultar su molestia.
El chico era muy apuesto, más de una estaba interesada en él, incluso si no volvían a verlo en toda su vida, era como si un campo magnético les atrajera irremediablemente a su alrededor. Haruhi se sentía orgullosa de ser su acompañante, aquella a quien le prestase atención, aquella a quien dedicaba dulces palabras y miraba con esos ojos transparentes. Salieron del establecimiento para degustar el postre en el pequeño balcón del edificio donde algunas personas disfrutaban de ese día de verano.
–¿Qué opinas, Haruhi? ¿Te gusta? –le contempló con detenimiento.
–Es delicioso –se asombró tras probar de la copa de vidrio donde reposaba el helado adornado con algunas galletas y un sorbete.
–¿De veras te parece así? –le sonrió.
–Claro. ¿Sabes, sepai? A mí madre le encantaba el helado, todos los días de regreso del colegio comprábamos un cono a un viejecito que vivía cerca de nuestra casa. Luego de que muriese tuve que aprender a regresar sola, pues papá trabajaba a esas horas, entonces él comenzó a regalarme algunos helados de vez en cuando en recuerdo a mi madre.
Tamaki sintió su ritmo cardíaco acelerarse ligeramente cuando ella curvó sus labios en una sonrisa sincera, mirando el postre como una niña pequeña, perdiéndose en sus recuerdos. Se sonrojó ligeramente y metió una cucharada del postre rápidamente en la boca para disimular el color de sus mejillas, luego clavó la mirada en la mesa intentando no pensar en la joven frente a él. No podía explicarlo, simplemente algo en Haruhi le había descolocado en ese instante.
–¿A ti te gusta mucho el helado? –oyó le preguntaba.
–Bueno… sí, pero no tanto… supongo que prefiero algunos postres franceses, pasé mi infancia en el País del Amor, así que conozco varios –explicó levantando ligeramente la vista.
–¿Y cuál es tu favorito?
–Veamos… –se llevó la mano a la barbilla intentando recordar– Supongo que el Croquembrouche.
–¿Croque…?
–Perdón –se excuso al ver su cara de turbación–. Se trata de una tarta de gran tamaño hecha de profiteroles rellenos con crema pastelera y sujetos los unos a los otros con caramelo. También es el favorito de mi madre.
Un pétalo de los cerezos en flor cayó sobre la chica, posándose en su cabello, Tamaki notó tal hecho.
–Tienes…
Se inclinó sobre la mesa, quitándolo con cuidado de las hebras castañas, Haruhi se sonrojó de su repentina cercanía. Cuando el rubio fue consciente de lo que hacía su cara también se tiñó del color de la grana, retirándose de inmediato.
–¡Lo siento! –se disculpó– Tenías un pétalo de cerezo en tu cabeza y me ha parecido bien acercarme… se me olvida que en Europa y Japón las distancias son muy diferentes.
Porque para él eso era normal, pero para Haruhi tal cercanía implicaba algo más. Tamaki era el único chico que había estado tan cerca de sí al punto de notar cómo se entreabrían sus labios y sentir su respiración tan cerca de su rostro… mentira… lo cierto es… que había otro.
–Curioso –sonrió el rubio, captando su atención–. Este pétalo tiene forma de corazón.
Le mostró el pequeño objeto entre sus dedos, corroborando lo que decía. Haruhi sintió como si su corazón latiera con fuerza, casi como un tambor, pero no tenía que ver con su nerviosismo al estar con el rubio o su timidez ante la repentina confianza, era como si su corazón llamase a Hikaru, indicándole que lentamente era llenado con el deseo solicitado.
–Mientras más hambre tenga el demonio… más apetitosa resulta la presa… –murmuró el azabache, sentado en el cerezo a las afueras de la tienda.
AKUMA NA EROS
Haruhi llegó un poco más tarde de lo normal a casa, todavía se sentía flotando ante la tarde tan placentera en compañía del rubio, sonrió tontamente al contemplar el pétalo rosado entre sus dedos, era un recuerdo que pensaba atesorar por siempre. ¿Acaso no había sido ésa su primer cita? Se sentía increíble, casi como si pudiera lograr cualquier cosa en ese instante. Llegó a su pequeño departamento pero allí no había nadie. Revisó cada uno de los cuartos pero no halló rastros de Hikaru o Kaoru, ¿dónde podía estar el pequeño pelinaranja? Le había comprado un poco de helado y de no comerlo pronto se derretiría. Fue hasta el refrigerador para guardarlo y al dar media vuelta se topó con el gato naranja mirándola con detenimiento.
–¿Qué haces? –le preguntó sin abrir la boca.
–¡Me has espantado, Kaoru! –se quejó, llevándose una mano al pecho ante el repentino susto.
–Qué miedosa eres –se sentó frente a ella.
–¿Por qué eres un gato? –le miró curiosa.
–A veces ocupo esta forma para investigar –se lamió una pata delantera.
–Ohhh, ¿entonces estabas buscando información? –se sentó a su lado.
–Eres muy curiosa, niña –comenzó a lamerse la otra pata.
–Casi nunca me cuentan sobre ustedes, es normal que tenga interés en saber qué hacen cuando no los veo. Además… nuestra última plática me ha dejado pensando mucho… –susurró.
–¿Te preocupa Hikaru? –se rió sin dejar de acicalarse.
–Sí… –corroboró– Sé que es tonto inquietarme por el demonio que comerá mi alma sin remordimientos ni culpa… pero lo hago…
–Entonces eres muy tonta –le miró con sus ojos ámbar.
–Tal vez lo soy –comenzó a acariciarle la barbilla.
–Hikaru puede cuidarse solo –informó, cerrando los ojos y dejándose acariciar.
–Lo sé… sólo… yo… realmente no sé por qué me angustio.
–¿Qué ganas con ello? –ronroneó ante los mimos– Los problemas que él pueda o no tener no competen a los humanos, ¿acaso crees poder hacer algo al respecto?
–Entonces sí tiene dificultades.
–No más de las normales –se acostó panza arriba, dejando que le rascase.
–¿Y eso significa…?
–Hoy estás muy curiosa… –abrió los ojos, contemplándola fijamente.
–Anoche… –se detuvo, no estando muy segura de lo que diría.
–¿Qué pasó anoche? –se enderezó, dejando su lado juguetón.
–No es nada… –desvió el rostro.
–Dime.
–¿Es una orden?
–Una sugerencia, cualquier cosa que pase debo reportarla a Hikaru.
–Si te cuento, ¿me dirás qué problemas tiene?
–Jajajaja –comenzó a reírse–, ¿quieres negociar con un demonio? Entiéndelo, nosotros sólo hacemos intercambios cuando hay almas de por medio y la tuya, niña, ya tiene un contrato… incluso si hay un hueco en el mismo.
–¿Qué quieres decir? –le miró la castaña.
–Si él te toma antes de cumplir con su promesa, quedarás libre… pero eso nunca pasará –sonrió.
–¿Entonces no me dirás? –preguntó decidida.
–Seguramente él te dirá –se estiró antes de marcharse.
–¿Ehhh?
Haruhi comprendió a lo que se refería Kaoru esa misma noche cuando abrió la puerta de su cuarto y encontró a Hikaru recostado en su cama con sus pantaletas en las manos. Se sonrojó enormemente al verle así, acercándose decidida a quitárselas.
–¡¿Qué te pasa, pervertido?! –hiso el intento, pero él retiró la prenda de su alcance.
–Oh, sólo verifico tu ropa interior… no es nada sexy, créeme que con ella no atraerás a Tamaki, parecen gustarle las cosas refinadas –le miró superiormente.
–¡¿Nos has espiado?! –su rostro se tornó más rojo.
–Sabes que soy el que se encarga de encaminar sus sentimientos –le restó importancia.
–¡Eso no te da derecho!
–No lo entiendo, Haruhi –miró el techo–. Tamaki y tú son muy diferentes, ¿realmente quieres obtener su amor?
–Sí –contestó, aunque ella misma notase la verdad de sus palabras. Quizá ella no era muy diferente al resto de las estudiantes del Ouran.
–Como ordene, mi ama –dijo seriamente, enderezándose de la cama–. Sus deseos para mí son órdenes, cumpliré mi parte del contrato y cuando lo haga recibiré mi recompensa.
Haruhi tembló ligeramente al oírle hablar gravemente, sintió los vellos de su nuca erizarse al ver cómo sus ojos brillaban tornándose rojos y se relamía el labio superior, seguramente imaginando a qué sabría. Por reflejo retrocedió un par de pasos, el aura que irradiaba era muy fuerte, era pecaminosa, lujuriosa.
–Esta noche no estaré –avisó, retornando su mirada ambarina.
–¿Ehhh? –la noticia le tomó por sorpresa.
–Hay una reunión en el Infierno. Volveré lo más pronto posible.
–¿Tienes que ir? –le miró suplicante.
–¿Dirás acaso que me extrañarás? –se burló.
–N-No es eso… –desvió el rostro, no podía decirle que simplemente había tenido un mal sueño.
–Kaoru se quedará contigo –informó.
–¿Él no debe ir?
–Preferiría que no fuera… así como él cuidará de ti, tú cuida de él… –avisó.
En un parpadeo Akuma se colocó una larga capa negra, de la nada apareció la misma chica que Haruhi viera esa tarde, reverenciando al ver a su Señor. Su atuendo también parecía ser más formal que el que la castaña contemplase antes. Hikaru hiso un movimiento con la mano permitiéndole pararse.
–¿Nos vamos, mi Señor? –preguntó cortésmente ignorando a Haruhi.
–En un momento te alcanzo, Eclair –informó.
–Debemos llegar juntos, es el protocolo –le recordó.
–Entonces espera afuera –ordenó tajantemente.
La castaña de larga cabellera se mordió el labio inferior molesta, hizo una reverencia y salió de la habitación de inmediato. Haruhi no entendía nada, ¿a dónde iba con esa chica? ¿Qué debía discutir en el Infierno? Sabía que no era de su incumbencia y que no se trataba de un adolescente débil ni desamparado, pero simplemente no soportaba la idea de que algo pudiese ocurrirle.
–¿Kaoru no va contigo pero ella sí? –le miró a los ojos.
–No tengo que darte explicaciones, eres una mortal, no entiendes cómo funciona el estrato social en el Infierno y tampoco tienes por qué saberlo.
–Te ordeno me digas.
No entendía por qué se lo decía, tal vez era para molestarle un poco o simplemente era la impotencia de no saber qué ocurría. Vio cómo los ojos de Akuma se volvían color carmesí, no podía desobedecer una orden dada por su ama, incluso si no quisiera cumplirla. Masculló molesto ante ello.
–¿Me estás retando, Haruhi? –se enfadó.
–No era mi intención… sólo no me gusta no saber qué pasa contigo.
–¿Entonces te quedarás más tranquila si te digo que Kaoru no es un demonio completo? ¿Que está bajo mi cuidado constante para evitar que el resto le mate en cualquier instante para subir de rango social o simplemente por placer? ¿Que Hani y Mori irán también e intentarán destruir mi prestigio ante el resto? ¿Es eso lo que quieres saber? –Akuma se acercó más, Haruhi retrocedió hasta chocar con la puerta– ¿Te sientes mejor si te digo que debo asistir a una Junta donde discutiremos la división del Infierno y cómo es gobernada por cada uno de los Custodios de los Siete Sellos? ¿Que nos burlaremos de la cantidad de almas que hemos devorado esta centuria y escucharemos sus gritos mientras torturamos a los recién llegados? ¿Que detesto ir pero no tengo otra opción? –Akuma respiró entrecortadamente en su cuello, sintiendo la tensión de la chica– Dime, Haruhi, ¿quieres saber que me follaré a mi Sargento como en cada reunión oficial? ¿Que fantasearé mientras me tiro a Eclair, imaginando que eres tú la que gime mi nombre y tu cuerpo el que corrompo? ¿Te sientes mejor sabiendo eso?
No… no se sentía mejor… no entendía por qué había preguntado. Quería olvidar lo que acababa de descubrir y al mismo tiempo sabía que no podía. Porque ella también debía decirle algo. Sintió cómo besaba su cuello con necesidad y atrapaba su cuerpo entre el suyo, se sonrojó al sentir su tacto por encima de la ropa y gimió suavemente cuando bajó lentamente hasta su entrepierna.
–No quiero ir, Haruhi… quiero quedarme contigo y tomar tu cuerpo ahora mismo, quiero poseer tu alma por completo, degustarla lentamente hasta que desaparezca… Quiero corromperte… No sabes cuánto te deseo…
Haruhi volvió a gemir cuando él desabotonó su blusa y alzó su brasier, comenzando a besar sus pechos. Era masoquista. Demasiado masoquista, quería que él se quedara, que continuase con eso, que la tomase por completo tal y como había dicho… todo era preferible a que se fuera, porque sabía que algo pasaría esa noche.
–No vayas… –murmuró.
–¿Es una orden? –le contempló con ese par de iris color rubí.
Haruhi quedó muda, ¿debía hacerlo? ¿Debía pedirle que permaneciera a su lado? ¿Incluso si eso significaba…?
–Una sugerencia… –aclaró.
–No puedo, es mi deber… –explicó.
–Entonces te ordeno que tengas cuidado –pidió.
–¿Por qué? ¿Qué sabes?
Sentía la impotencia de la chica, se resistía a decirle algo y él quería saberlo, ansiaba conocerla completamente. Podía entrar en su mente y violar la misma las veces que fuera, descubrir cada uno de sus secretos, de sus miedos, dudas e inseguridades si se lo proponía, pero le tenía respeto, en un aspecto retorcido y enfermo, le tenía respeto.
–No es lo que sepa –le oyó responder–, es lo que presiento.
–¿Y qué presientes?
–Sonará tonto…
–Dime –demandó.
–Te vi en mis sueños… –confesó.
–No sabía que fantaseabas conmigo –una sonrisa de satisfacción se posó en su rostro.
–N-No es eso… –desvió el rostro sonrojada. ¡Joder, esa mujer le volvía loco!
–¿Entonces? –pidió más seriamente.
–Yo te vi… entre más demonios… –volteó a verle, hallando esos iris ámbar– Había llamas por todos lados… y gritos… estabas herido… también vi una sombra con una espada en la mano.
Hikaru quedó mudo, luego se apartó de Haruhi, la castaña se acomodó la ropa con prontitud, ¿a qué se debía ese cambio en su actitud? No comprendía nada.
–¿Dices que tenía una espada? –preguntó gravemente.
–Sí.
–Entonces no tienes nada qué temer hoy… hoy no…
–¿Y debo preocuparme el resto de los días?
–Nada me pasará, lo prometo.
–¿Lo prometes? ¡¿Cómo puedes prometer es-?!
No pudo hablar, Hikaru le besó en los labios con rapidez, impidiéndole pensar. Haruhi cerró los ojos al sentir el tacto de los mismos, se sentía demasiado bien, era como si todo su cuerpo experimentase un ligero cosquilleo que se concentraba en su estómago. Rodeó su cuello con sus brazos al tiempo que el demonio le tomaba de la cintura y atraía contra sí. Sintió su lengua abriéndose paso en su boca mientras exploraba todos sus rincones, gimiendo suavemente ante esto, era como si él tocase algo más que su cuerpo, como si despertara sentidos que no sabía existían. Se separaron por la falta de aire, mirándose a los ojos.
–¿Tienes que ir? –volvió a preguntar.
–¿Quieres me quede?
–Quiero que me hagas cosas que no puedes…
–A la media noche cierra los ojos y concéntrate en mi rostro.
–¿Por qué? –quiso saber.
–Si realmente quieres… hazlo… llámame y haré contacto contigo, entonces podré tomarte sin tocarte.
Haruhi asintió. Ella misma no sabía por qué…
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