Derechos reservados a los personajes de Naruto y Dragon ball, y sus respectivos autores.

Crossover.

Resumen de anteriores capítulos: Hinata fue interrogada por la masacre de Kawarimi, es decir, el pueblo del primer capítulo donde tuvo su misión sola y Deidara la secuestró cuando vio su poder. Tsunade tiene una reunión con los ancianos y los líderes de los clanes y les habla del chisme y les dice que Hinata no es peligrosa y que tampoco es desleal a la Aldea. Se revela que el primer Shisui que salvó a Hinata era un genjutsu, pero la mayoría piensa que Hinata se lo inventó como un incentivo para salvarse a sí misma. El Shisui original, que ahora es un Edo Tensei de Danzo, está sorprendido. Tsunade decide quitarle el sello a Hinata, lo cual toma mucho esfuerzo y ella en el proceso parece en agonía. A Hinata le salen brillitos cuando Tsunade, que padece de borrachera por un genjutsu de Shisui, sale de la habitación; y Shisui descubre parte de sus poderes secretos. Asimismo, se van revelando los demás poderes de Hinata en la prueba de los Clanes, donde le toca primero con el Clan Akimichi, quien envenena su comida pero Hinata está más sana que quién sabe qué, lo cual es extraño y Tsunade lo suma a la lista de sus nuevos poderes, una lista que PREOCUPA MUCHO A HINATA, porque si se descubre que sí tiene poderes especiales puede ser que sea declarada culpable de la matanza Kawarimi (lo cual no sería un error, porque en realidad sí es culpable, es sólo que no lo hizo porque quiso), y quién sabe qué le pasaría...

¡Quién sabe si Shisui estaría obligado a matarla!

Ahora sí, sigamos...


Encuentro de dos mundos-Chapter 11

Hinata al parecer reaccionó positivamente a todos los tipos de pruebas efectuadas después. Contradictoriamente, respondió como no se esperara que lo hiciera y sus acusaciones se solidarizaron en las mentes de quienes le vieron efectuar habilidades extraordinarias para la normalidad de una ninja aún ni siquiera en pleno potencial, que comenzaba a los treinta, posterior a una larga vida de misiones, entrenamiento y ejercicio. Shisui nunca había visto esa maravilla de progreso en un periodo tan corto de tiempo, y como cualquier otro estaba impresionado.

La segunda prueba, junto al Clan Inuzuka, reveló que Hinata poseía una visión extrasensorial, como sospechó la primera vez que la espió. Le habían cegado su principal instinto con una bandana blanca, y le advirtieron que no usara el Byakugan, pero Hinata no se había quedado imposibilitada por su ceguera. La tenía en ella tan común como respirar después de cuatro meses. Analizaba el entorno con los pies y al más mínimo movimiento sus músculos danzaban y sus brazos firmes volaban. Hinata no estaba intentando ser fantástica, pero el simple hecho de no demostrarlo a propósito la volvía más sorprendente. Su naturalidad era carismática. Además se había vuelto sensor, por lo que de ahora en adelante ni la niebla, la bruma, la lluvia o cualquier tipo de trampa contra su visión del enemigo detendría sus estrategias.

En la Prueba del Clan Yamanaka analizaron su mente, que Inoichi de pronto describió como oscura y húmeda, como contaminada por los malos pensamientos. Y aunque Hinata reaccionó liberándolo y llena de confusión hacia sí misma, no determinaron exactamente de dónde venía esa reserva mental escabrosa. Los Yamanaka la intentaron doblegar y de ambas partes se sorprendieron porque nadie logró soportar la presión atemorizante de su cuerpo, de una energía inexacta tan desestabilizada y errática, que no se pudo estar mucho tiempo antes de huir despavoridos de su completamente inusual carácter. Controlar su mente joven era fácil, pero controlar su cuerpo era otra cosa. Los Yamanaka más dotados aguantaron bastante tiempo controlándola, quienes no lo eran, el cuerpo de Hinata los despachaba como si supiera que no eran una consciencia conocida.

En el Clan Nara utilizaron el control de sombras y Hinata esquivó sin problemas sus intentos frustrados. Parecía desconcertada de su propia rapidez. También le hicieron un examen por escrito y por medio del combate, y Hinata resultó bastante eficaz a la hora de producir estrategias en medio del enfrentamiento. En escrito, su cerebro no alcanzó a compararse a más que una alumna disciplinada pero común y corriente.

A punto de seguir al último Clan popular de la Aldea, el Clan Aburame, un Anbu apareció a informarle a la Hokage que Hiashi Hyūga y su hija habían regresado de su viaje. Hinata, por lo que notó él, estaba horrorizada y ansiosa. Como en una mezcla de fascinación, de emociones y miedo. Tsunade asintió, diciendo que en buena hora había llegado, y después sujetó su libreta blancas garabateada por muchas notas personas, leyéndola despacio sólo moviendo los labios, mientras Hinata la veía de soslayo, posiblemente expectante de qué cosas la Hokage había dicho sobre ella. Parecía más preocupada de no mostrar maravillas que de demostrarlas.

El Clan Aburame la guio hasta sus campos privados de entrenamiento, rodeados de muchas clases de insectos. Shisui sintió un impulso infantil de sacudirse el uniforme.

Hinata, que habituada a su compañero, rodeó el lugar sin sacudir siquiera la cabeza a los continuos zumbidos del aire, se posicionó en el centro a la cuenta de tres con un largo suspiro de desdicha y preparó una postura donde juntaba los dedos de la mano derecha y recogía la pierna, como expectante de usar el Byakugan.

Uno, dos, tres… Entonces miles de insectos se dirigieron a ella, quien activó el Byakugan sin cansancio aun habiendo sido utilizado incontables veces ya, cosa que hizo que Shisui sacudiera la cabeza admirado, porque cargar con un Dōjutsu por largos períodos de tiempo era un trabajo difícil y cargante. De repente, un haz de luz realmente inesperado opacó el escenario y un hombre bajo, de pelo en punta, mirada feroz, algo que parecía un circulo transparente pero compacto en la cabeza y un traje que era indiscutiblemente de un experto en el arte cuerpo a cuerpo, destruyó los insectos liberando una energía desconocida que lanzó a los demás hacia atrás. Shisui enterró sus pies con chakra, evitando ser empujado, activó el Sharingan y se echó a correr a la par de los que no se dejaron rezagar y permanecieron atentos. Tsunade gritó algo que reconoció como «¡Es él!». El dueño del sello estaba de pie frente a él, y debía detenerlo.

Pero, de repente, la energía se drenó y el ser desapareció sin explicación, sin técnicas, dejando el centro vacío, llevándose a Hinata con él. Los rostros de Shisui, Tsunade y Shizune se retorcieron de preocupación.

—¿Dónde se suponía que estaba esa estúpida cosa? Hum, haber… La ubicación dice que está en alguna parte de este mar. Pero ésta agua es demasiado ácida y si me lanzo moriré. ¡Por qué mierda debían de poner una de esas tontas esferas aquí! —Deidara lanzó un resoplido de fastidio, junto a un chasquido de lengua y cerró los ojos para pensar. Entonces se le ocurrió utilizar la técnica que muchas veces había usado cuando hallaba conflictos complejos. ¡Bombas! Y haciendo referencia a su inmensa adoración al arte pirotécnico, a Deidara le dio flojera planear metódicamente y se centró en la acción. Tomó una de sus bombas más increíbles, la acomodó en su mano guarneciéndola de su chakra como siempre y justo cuando se preparaba para impactarla a lo largo de ese ancho mar y hacer que la esfera, en alguna parte de su espesura, rebotara a un lado más seguro, una voz con tintes insatisfechos se dejó oír desde muy lejos.

—… ¡N-no!

Deidara giró la cabeza, y avistó dos figuras flotando lejanamente, en otro punto del mar, a metros donde la tierra debía verse con árboles pequeños y las Aldeas como civilizaciones diminutas. Una sostenía a la otra en brazos. Entonces lo atacó la curiosidad y de su boca cerrada un murmullo confuso fue su pregunta.

—¿Hum?

Nunca había visto a otra gente volando, además de su Tsuchikage, su hermana Kurotsuchi y suponía que por ser un equipo élite al cargo, el gordo Akatsuchi ya debía hacerlo también. Deidara, en cambio, se había ido demasiado temprano para atenderlo y nunca le llamó la atención.

Se quedó un minuto contemplando con fascinación el surgir de la nada de esos personajes por los cielos.

De repente, la figura que cargaba a la otra la soltó, a lo ancho del mar de ácido. Deidara hubiera esperado verla caer sin la menor preocupación, pero el pálpito le sonó como un tambor cuando escuchó su timbre de voz:

—¡Despliega tu ki, mocosa! ¡Oh morirás!

—¡Ve-egeta!

Reconoció rápidamente la súplica altisonante, llena y forzada desde la garganta, desde todos sus filtros de memoria. Conocía el timbre de esa boca.

Siguiendo el impulso de la nada, Deidara chasqueó la lengua con fastidio y enseguida desplegó sus alas como un cañón, y el ave cayó en picada hasta las aguas mortales. No creía que la fuera a alcanzar porque el hombre la dejó caer con un violento impulso y caía como si la gravedad la hubiera hecho más pesada que un asteroide del espacio, así que con la fuerza de su brazo alcanzó a crear un ave pequeña y la lanzó hasta ella. Un ave apareció sobrevolando por los pelos al agua marchita, aguantando su peso y envolviéndola en sus blandos brazos artísticos; Hinata se salvó por suerte. Saltó de su ave a la suya, y se plantó frente a ella con un embote de sopetón: la chica había conseguido de algún lado sus ojos originales, con el mismo tono de gris, y tenía el cabello suelto. Le alivió verla bien, sólo para ver esa mirada que le dio, tan intensa; incrédula, conmocionada por el susto, el delicioso miedo al reconocerlo. Él sintió que habían pasado milenios desde que la había visto. Una cobarde que volvía a aparecer después de causarle un mal genio que le duró muchas horas.

—¿Deidara?

—¿Hinata?—repitió imitando burlonamente su forma de sorprenderse.

Lo único que alcanzó a asustarlo fue la familiaridad de ambos. Se pasó de un ave a otra y cuando se acercó, ella retrocedió como si le intimidara su presencia, muy diferente a cuando lo trataba en el baño toda dispuesta y siempre aventándole agua como si fuera su pasatiempo favorito, pero no comentó nada. Soltó un corto sonido melódico, un sonido que sonó como una risa sarcástica.

—Increíble. ¡Tú… que te atreviste a abandonarme después de todo lo que te cuide!

Contestó con un silencio tímido, pero Deidara en una bruma tormentosa en su interior sintió un enojo inmenso, inusual en él, y sintió un impulso involuntario de sonsacarle con violencia qué mierdas había andado haciendo, aclararle que su escape lo sacó de quicio y que realmente no entendía cómo logró escaparse de su arcilla impenetrable y por qué de todas formas lo hizo cuando ni siquiera tenía una bendita memoria u ojos para saber qué hacer después en el exterior.

Sin embargo, una explosión sonó a los lejos, como un cráter formándose por un peligroso terremoto y ambos voltearon hacia el ruido enfrascados en su peligrosidad latente. El agua ácida salpicó virulentamente los cielos, como una amenaza.

—¡Maldición!—juró él.

Deidara tomó arcilla, tan férrea como el hierro, e hizo un escudo de elemento tierra con una rapidez extraordinaria. Hinata no hizo nada por su cuenta, sólo se echó más para atrás en pánico, y aún más asustadiza, tan similar como antaño. Procuró, incluso con esa molestia continua carcomiéndole, cuidar que no fuese tan idiota para caerse por error, o su favor de salvarla antes habría sido un desperdicio de su arcilla y chakra. Hinata podía recuperarse de cualquier cosa, menos de la muerte. Aún no quería que se muriera sin hacerla pagar primero lo que había hecho y sobre qué había confesado a los indeseables de su Aldea.

El sujeto de los cielos tomó la esfera que él debía recolectar y Deidara se sorprendió que llegara hacía él en el tiempo que necesitaba para parpadear. La barrera de tierra que creó se había destrozado, porque el vapor del ácido era un ambiente insoportable para seguir en pie.

—¡Toma, mocoso afeminado!—exclamó de un modo que le desagradó, y le lanzó la esfera a las manos libres. Deidara la atrapó callado y con gesto sorprendido, mirándolo como se mira a un intruso.

—¿Quién eres tú?—inquirió bruscamente.

El sujeto era un enano, pero su expresión, su porte y sus poderes misteriosos imponían un respeto que su intuición reconoció, mas Deidara era un ninja poderoso y no se dejó amedrentar.

—Él es m-mi… maestro—dijo la chiquilla detrás suyo con voz vergonzosa.

—¿Maestro, hum?—repitió pensando que jamás espero que Hinata tuviera un maestro de ese nivel, porque era una ninja bastante débil.

El sujeto elevó una comisura con saña. Tenía una expresión tan ruda como un brabucón.

—¿Asustado?

Deidara apretó el ceño a la provocación, porque tenía un carácter muy competitivo.

—Sólo por tu ayuda no te pondré un explosivo en el culo.

Pareció aún más risueño. Empero era tan serio que la risa en él era algo semejante a lo grotesco en su rostro.

Se acercó lentamente flotando, titánico, y Deidara preparó un kunai escurridizo detrás de su manga. Saiyajin versus Ninja. Como el encuentro de dos mundos.

Pasó muy rápido. Parándose frente a su rostro, su expresión falsamente risueña se despejó y el ceño airado que le dedicó le indicó que no planeaba nada bueno, que lo había hecho enojar, y Deidara esperó acertadamente un ataque brusco. El fortachón lo tomó del cuello de su capa con una tenacidad de la que no pudo zafarse, más afianzada que muchos otros ninjas que conoció en su corta y ocupada vida de misiones, enfrentamientos y muchos asesinatos; una espesa energía le borboteó de la mano. Un círculo definido. La energía le brilló frente al rostro y Deidara pensó en la irracionalidad de la conmoción que estaba viendo magia, porque jamás había visto nada parecido en su existencia. Así que, terminó de deslizar el kunai para hincárselo en el cuello desprotegido, y se contrarió su rostro cuando Hinata lo abrazó por detrás, pasándole los brazos por los hombros. Pensó que se había dado cuenta de sus intenciones y lo estaba deteniendo con una técnica muy patética, pero no. La observó con molestia y resultó sorprendido; en ella brillaban unos nítidos ojos plateados en la oscuridad que formaban las sombras de la energía mágica, como si poseyera otro tipo de Dōjutsu extraordinario aún desconocido en el mundo. Dos esferas pequeñas aparecieron en sus manos extendidas, apoyados sus delgados antebrazos en sus hombros fornidos, y se fundieron de azul oscuro y espeso. Cerca como estaba le enturbió notar que las tres esferas desprendían calor y la cercanía lo estaba acalorando aceleradamente.

El hombre rezongó una maldición y apagó el jutsu, soltando el cuello de su capa y devolviéndole la normalidad del aire. Hinata se rindió a su espalda apagando los suyos también.

—Estúpida mocosa—le insultó el hombre, rabioso. Deidara se dio cuenta que ella le había protegido—. ¡Más te vale quitarte del camino, o les daré a los dos!

Hinata apartó sus brazos, pero no se escapó de su lado otra vez. Se fue a su costado con compañerismo, de modo que la sintió cerca, con su media espalda derecha y sus ojos obnubilados, resplandecientes; contemplando a su oponente sin ninguna expresión específica.

—No… daño… —murmuró sin sentido, como si las palabras no tuvieran coherencia pero el significado mereciera atención; con un tono bajo. Deidara notó qué decía y su respiración, tan cerca de ella, se incrementó y disminuyó, a un ritmo irregular, estremecido por su voz oscura y ronca—. No quiero que le hagas daño. —Fue su respuesta compacta.

Vegeta, sin embargo, fue otra vez a él intentando pegarle un puñetazo que él planeaba esquivar echándose a un lado, pero para un total inesperado resultado, Hinata lo protegió sujetando esos nudillos exagerada y absurdamente gruesos con su pequeña palma, sin moverse un milímetro y no imposibilitada por el obstáculo de su propio cuerpo. Entonces la mirada de Hinata se volvió más persistente, más sublime, de modo que se sintió cautivado por un instante tan efímero como ese momento; y ella comenzó a brillar con una energía que comenzó a quemarle los brazos, por lo que se echó hacia atrás con demasiada perturbación.

El sujeto volvió a intentarlo de inmediato. Uno a uno la chica tomó sus ataques con las manos a una velocidad que en un punto un admirado Deidara ya no pudo seguir, y eso lo trastornó de puro y llano pasmo. Hinata intercambió una patada de costado, pasando la pierna hasta los cielos y doblando el cuerpo de maneras increíbles, y Vegeta se apartó. A pesar de su mala cara, estaba sonriendo, como si estuviera orgulloso, y Deidara creyó lo que Hinata le dijo minutos atrás. El robusto hombre dejó su agresivo temple sonriendo torcido, destensó los brazos exageradamente marcados y los cruzó sobre el pecho.

—Por fin demuestras algo.

—No le dejaré que le hagas daño—repitió como en una especie de mantra.

—¿Aún si te secuestro por un largo tiempo? ¿Te da igual? Bueno, esa sí es una consideración estúpida.

Deidara reaccionó de un largo periodo sin gestos, y se enojó por la acusación. La había tratado bien, ¡la cuidó! Ese hombre no entendía lo fácil que para él simplemente hubiera sido matarla por peligrosa.

—¡YO la cuidé!—exclamó realmente enfurruñado—. ¡La traté bien!

—Cállate—lo cortó Vegeta con saña, dirigiéndole una mirada irritada fulminante, que si Deidara hubiera sido un cobarde, su boca instantáneamente se hubiera cerrado—. Nadie pidió tu opinión.

Deidara enrojeció de ira, de forma automática y Hinata pareció a punto de pronunciar algo más con firmeza, mas un sonido atronador la interrumpió desde lejos. ¡Boooooom! Y un rayo de energía impactó contra su ave, que se desparramó en el ácido. Deidara, alarmado por el peligro, no alcanzó a hacer otra, y Hinata lo agarró por las axilas, salvándole de una muerte segura. Había conseguido dominar también el vuelo en el clímax, y lo sostuvo flotando mientras las continuas ondas del mar mortífero se mecían regularmente por el poder de su próximo enemigo.

—¿Y ahora quién será la sabandija verde?—se burló Vegeta desde espaldas. A pesar de mantener a Deidara cerca, Hinata no parecía nerviosa. No escuchaba su respiración y estaba en seriedad absoluta. El Akatsuki se zafó de uno de sus agarres y eso fue lo único que la sacó de su estupor, porque allí la torpe con firmeza inesperadamente intentó sostenerlo otra vezy sin querer lo tomó muy cerca de donde no se debe coger a un hombre. Deidara se quedó en vilo, conteniendo la respiración. Luego soltó una palabrota muy fuerte. Hinata sujetó entonces el costado de su estrecha cadera, lo que le provocó una agradable e infortunada vibración en la entrepierna; con torpeza y las mejillas rojísimas.

—L-lo lamento—se disculpó queda, con una voz que había vuelto a ser débil y quebradiza como el cristal.

Deidara decidió que luego se vengaría.

—Sólo llévame al maldito cielo, Hinata. Luego suéltame. Puedo cuidarme por mí mismo, gracias.

—T-tu…

—¿Qué?

—T-u cabello…

—¿Cabello? —Tenía un carácter en la voz completamente confundido.

—Hu-uele a verbena. —Siempre él usaba esa planta para lavarse el pelo y el cuerpo.

—Hum, eres tan rara—repuso extrañado y luego confesó: —Siempre cuido mi pelo en realidad. —Envuelto en esa situación tan extraña, agregó exigente—: Como sea… Ya llévame. ¡Ni creas que tu broma nos pone en buena relación! ¡Eso no perdona que me abandonaras!

—¡Tú me secuestraste!—le reclamó al oído.

—Eso es verdad, hum. Pero no te hice daño. Deberías estar más bien plenamente agradecida que con el rencor que me tratas.

Una Hinata afectada por el rencor aflojó los agarres y Deidara asió bien sus manos, cubriéndoselas con las suyas, con más pánico que sorpresa.

—¡Espera! ¡¿Qué se supone estás haciendo?! ¡Ten cuidado!

Tal vez eso retorció el rencor en alguna parte de la calmada e introvertida Hinata, porque ella perdió la transformación. La luz desapareció, su vista redujo su fulgor y pronto las luces plateadas abandonaron sus pupilas. De las alturas falló y la gravedad comenzó a hacer su trabajo. Asustada por su desestabilización, Hinata soltó un chillido y lo liberó en el jaleo. Deidara se mostró apurado, pero no alarmado; tomó arcilla al afán, la mordió diez veces seguidas en un intervalo de diez segundos, y la lanzó contra el aire. Un enorme pájaro inmaculado los atrapó. Él sujetó a Hinata de la ropa por instinto, aupándose y evitando que cayera al ácido letal.

Cuando Hinata, sin aire por el susto, agradeció por costumbre y volvió a verlo, Deidara no la veía y permaneció callado a sus gracias, mirando el horizonte. Inquiría a un hombre a un bloque de su posición, de apariencia exótica, con la cabeza sin cabellos, y la piel verde, envuelto en un traje extravagante de muchos pliegues. Vegeta le hacía frente desde también muy lejos.

Hinata le advirtió que seguía viva cuando le habló por detrás, con una voz que se seguía asemejando como a la de un niño que ha sido regañado:

—¿P-podrías ir a-allá?

—Eso es lo que planeaba hacer, de cualquier forma—murmuró abstraído.

Desplegó las alas de su ave y arrancó sin darle tiempo a Hinata de sujetarse apropiadamente, porque poco le importaba si ahora sí le pasaba algo. De cualquier manera, ella lo tomó a él por la ropa con un gemido aterrado.

—¡Agg! ¡No te agarres de mí!—se quejó Deidara inexorable. Sin embargo, ya que Hinata en una inclinación imprudente casi cae, sin obedecerlo lo aferró de la cintura con insistencia, de modo que volvió a tensarse como si Hinata le estuviera en vez de los brazos, apoyándole un kunai rozándole la ropa; y ella se puso contra su espalda.

—Hum, es un tipo bastante raro—opinó Deidara en voz alta, una vez estuvieron más cerca. Hinata dejó de sostenerlo enfrascada y él se percató con alivio que la presión contra su capa había dejado de existir. Su ojo azul se enfrascó en el campo de batalla, en concentración—. Y también vuela… ¿Cómo demonios puede volar? ¡Oye tú, hum! —Hinata lo giró a ver, con una lentitud desesperante para su paciencia—. ¿Por qué puedes volar? ¿Y que eso de que los ojos te cambien de color-? ¿Qué demonios pasa aquí?

—E-es mi maestro… —La escuchó hablar con trabas, y al encontrarse con sus ojos temerosos Hinata los dejó caer de súbito, escandalizada, tan roja que daba vergüenza ajena. Con ese tartamudeo que le quitaba las ganas de escucharla. Cuando tenía amnesia casi nunca tenía esa manía incoherente de balbucear, a excepción de cuando se atoraba o le daba vergüenza pedirle favores—. Desd-de p-pequeña s-se ha desempeñado en ello por… a-alguna razón. H-h-hace poco me tomó de mi Ald-dea… de la Hoja. Dice que es sobre las es-sferas del dragón.

—¿El cuento de niños? Supongo que no es una total tontería si un tipo así está interesado en eso. ¿Qué fue lo que dijo el líder?—pensó en voz alta, habló con voz rápida. Meneaba la mano en su bolsa de arcilla, como si ya se estuviera preparando para atacar—. ¿Qué conceden cualquier deseo?

—Así es…—respondió ella con timidez.

—¿Por qué ese tipo me dio esto? —Señalo la esfera en sus manos, brillando tenuemente de naranja fosforescente—. Si eso es verdad, ¿no lo quiere para él? Es estúpido lo que hizo, hum.

—C-creo que busca que las esferas sean encontradas…—dijo Hinata, como la voz de un mal presagio.

—¿Para qué? ¿Para el corrupto tipo de la Hoja? En ese caso espero que lo logre, porque me pagan por llevar esas jodidas cosas. Pero no creo que sirvan igual. No creo que nada en este mundo realmente te haga pedir lo que deseas.

Hinata se quedó callada y enseguida metió las narices donde no la llamaban.

—¿T-t-t-tipo de la Hoja?

Deidara le dirigió una sonrisa maliciosa y arrojó el comentario al viento.

—Danzo…

Ella pareció comprender y se tapó la boca con la mano, sorprendida de saber que el anciano moribundo ese era un corrupto. Aunque si él fuera de la Hoja, ya se lo hubiera esperado.

El viento tronó y el hombre verde gritó de rabia desde lejos, cuando Deidara regresó pretenciosamente al asunto y encaminó su ave al campo de batalla…

El Namekiano, con un rostro muy serio, se quedó mirando a Vegeta y preguntó con voz casi robótica:

—¿Qué buscas perturbando este lugar con bombas?

—Busco las malditas esferas—ladró Vegeta, preparando sus muñequeras y su postura.

El hombre cerró los ojos un segundo, y los volvió a abrir. Había un brillo en sus pupilas de erudición. Vegeta encontró en él lo que distinguía a los Namekiano: terquedad, lo que significaba que tal vez daría una pelea embravecida, que era lo único que lo importaba de perder su tiempo con un debilucho.

—Ya vi que robaste la esfera. ¿Acaso los humanos no se contentan con matar a su propia gente en guerras, que ahora quieren pedir deseos egoístas?

—Espero que seas igual de bueno peleando que hablando, porque eres realmente irritante. —Vegeta sonrió con prepotencia.

Picado, el hombre verde entrecerró sus ojos duros y marcados.

—Vamos a ver si es así. —El Namekiano desapareció y reapareció frente suyo, y Vegeta bloqueó una patada furibunda, sin embargo, la fuerza ejercida hizo que retrocediera, y el Saiyajin tronó su mano agarrotada enfurruñado, dándose cuenta que su oponente demandaba más esfuerzo suyo del que debería.

Una bomba relampagueó, casi en su cara, y ambos contrincantes fueron cubiertos por una bruma de humo confuso.

—¡Les di!—gritó Deidara desde arriba. Hasta que abrió la boca porque tanto uno como el otro no se apartaron por la corriente. Ambos guerreros lo taladraron desde arriba, y sus miradas de calma, pero fastidio, percutieron en el poderoso ninja como si le dieran un puñetazo y le dijeran que era insignificante— ¡Dejen esa mirada de mierda de superioridad!—bramó entonces, enfurecido—. ¡Les mostraré mi arte…! ¡Tomen el C…!

Vegeta le lanzó una esfera de energía, enorme, concentrada, hecha en segundos. Deidara fue otra vez sorprendido y Hinata gritó desinhibida porque les daría a los dos. El ninja rodó su ave con una contracción violenta y el enloquecido relámpago pasó de largo, con un sonido parecido al de un lanzallamas. Y las aguas sobrantes que aún se mecían contra los alrededores rugieron entre choques contra las rocas. El ataque fue tan ruidoso y brillante que lastimó el cielo, y debió ser visto kilómetros después.

—¡No te metas en esta pelea!—rugió Vegeta, intimidante, y después de esa afirmación arremetió contra el hombre verde, quien lo recibió con una postura vista en Piccolo, otro Namekiano que conoció cuando intentó conquistar la Tierra en sus días de soldado: una postura de defensa donde acercaba las manos a sí y doblaba sus dedos hacia dentro.

Empezaron a golpearse entre sí. No obstante, el Namekiano era bueno para los contraataques, y a cada golpe surgía con una fuerza desde los brazos tan potente que destruiría una montaña con un toque, por lo que Vegeta comenzó después de diez minutos peleando y lanzando energía a diestra y siniestra, a cansarse, porque había comprobado que el tipo verde era más poderoso de los que normalmente conocía; debía entusiasmarle, pero no era así. Eso significaba que el tiempo de victoria aumentaría a niveles ridículos y no tenía tiempo. Los alrededores estaban destruidos, los árboles quemados, el cielo oscurecido, y Deidara finalmente dejó de entrometerse al ver el daño que se era capaz de hacer sin bombas ni trucos. Hinata estaba anonadada. Sin embargo, reaccionó consternada al ver a Vegeta temblar como un hilo movido por un dedo invisible, cuando en un intervalo corto de fatiga el hombre verde le pateó férreamente, como un fierro de hierro y lo lanzó contra el lago sin misericordia. Allí Hinata saltó de emergencia, pese a que no estaba transformada y él la traicionó tirándole desde alturas absurdas y atacando a alguien con ella a su lado.

—¡Idiota!—despotricó Deidara al ver su acción.

Hinata tomó un puñado de kunais al azar de su ropa ninja y en una acción igual de desesperada que su salto los lanzó alarmadamente contra las aguas, cuya superficie había decrecido para su fortuna, luego alcanzó a sujetar a Vegeta con toda la fuerza de sus brazos, fortalecidos por la liberación del sello, y mugió de agonía al enfrentarse contra las empuñaduras de los kunais contra sus pies, cuyo metal se estaba desintegrando por debajo en el ácido y debía causar en sus plantas un dolor indescriptible.

—¡Deidara! ¡Ayúdame, por favor!—suplicó por su ayuda, entre lágrimas.

No obstante, él la vio fijamente y le dedicó una sonrisa de matices arrogantes.

—¿Para qué, hum? Si ya no te necesito viva.

El chico ajustó el ceño. El ave flotaba, el bate de sus alas minucioso y regular. Hinata, desde abajo, contempló lo último que vería antes de ser devorada junto con su maestro moribundo en las aguas más ácidas de todo el planeta, cuya lección le reveló Iruka-sensei a los seis años y a la que ella prestó muchísima atención. Lo escuchó hablar crudo al respecto, desde los tiempos donde para probar la valía de un ninja lo mandaban a aventurarse por esos lares y resistir en bote varios días para ir a la isla del centro del mar letal, donde los peligros hacían a muchos ninjas fallecer en la faena. El ácido era tan penetrante que la piel literalmente quedaba en huesos y la agonía no podía ser descrita.

Deidara desde arriba vislumbró al hombre verde y preguntó su nombre.

—¿Me dices tu nombre?

El ser emergió como un dios desde las raíces de la tierra, ileso de todas partes y sin rasgaduras.

—Mi nombre es Kei, orgulloso Namek y uno de los protectores de las esferas de este planeta.

—No es algo que realmente mi importe, pero ¿eso significa que tengo que matarte o no me permitirás llevarme ésta esfera?

—Así como dices, porque yo sólo puedo darle la esfera a quien merezca la esfera. Pero ustedes humanos son engañosos y tú pareces tener un corazón maligno.

Deidara amplió su sonrisa, ácida, como envenenada por la falta de compostura.

—¿Por qué no soy digno, hum?

—Porque acabas de dejar a tu amiga para morir en el ácido.

Deidara volvió a sonreír, enfermizamente.

—Ella no es mi amiga.

—¿Entonces qué es?

—Ella no es nada. Es una cobarde. Yo no tengo amigos. Ahora mismo sólo deseo que se muera rápido. Le prometí a Sasori-no Danna que no dejaría cabos sueltos de ella—dijo con desinterés—. Prepárate. Porque el estúpido enano musculoso y tú me han agotado la maldita paciencia.

El hombre se quedó callado.

—¿Te hace sentir inútil que seamos más fuertes que tú?

—¡Voy a callarte esa boca insolente con bombas!

Deidara perdió la calma y la recuperó a medias, y sonrió nuevamente.

—Definitivamente eres fuerte, pero no por ello podrás librarte de mí técnica definitiva. —La sonrisa se le congeló, la cara le cambió. Hinata gritaba desde lejos, pero sus súplicas no eran escuchadas por sus oídos donde ahora el tintineo de la brutalidad atacaba sin misericordia.

«Soy poderoso», pensó Deidara apretando la boca sin piedad hasta que un hilo de sangre le cayó por la mandíbula, «Mi habilidad es perfecta, mi arte es imparable… ¡ESTOS IMBÉCILES ME HAN ESTADO HUMILLANDO! ¡El maldito enano fortachón, el tipo verde que piensa que no soy digno, la mocosa bastarda que me abandona y tiene el descaro de defenderme, cuando ella es todavía un Genin y yo un ninja rango S!».

Deidara agarró con sus dedos trémulos de rabia un cúmulo de arcilla explosiva con su mano izquierda y la engulló, hasta que su sangre se juntó con el material y la garganta casi se le oprimió. El desgaste físico era inmenso y antes de soltar su técnica más grandiosa, un pájaro mediano esperó a Hinata desde su izquierda. Ella inmediatamente comprendió y giró la cabeza, contemplándolo con maravilla.

—¡Huye, Hinata!—le advirtió por primera y última vez. Ese fue el acto más humano que Deidara pronunció antes de ejecutar su técnica. Una técnica que Hinata no vio en persona, porque el ave desesperadamente voló para salvarla a ella y a su maestro de un destino fatal.


Notas de Carolina:

~Con mi burrito sabanero voy camino de Belén, si me ven si me ven, voy camino de Belén!

¡Y TAMBIÉN AL FIC QUE HE ABANDONADO POR UN LARGO TIEMPO!

Espero que me perdonen por varias de estás cosas:

-Ahora mismo, ni siquiera estoy segura si contesté reviews. Por favor, los reviews anónimos obvio los contesto pero si son PM los contestaré vía correo, es más fácil btw.

-Me demoré mucho porque he estado dando duro con el estudio. Y la verdad en mi tiempo libre me he sentido frustrada con la historia. Muchos autores sienten ésta frustración porque no tienen ideas, en mi caso, a veces tengo demasiadas ideas.

-Metí a Deidara aunque sé que mucha gente lo odia. Y confieso ahora que mi rumbo de planes probablemente convertirán el fic DeiHina. Ni siquiera he intentado poner al personaje a propósito, simplemente me salió. No planeo que se enamoren bien rápido ni nada, pero de que habrá cosas románticas entre ellos posiblemente sí.. Me apena mucho por quienes realmente parecen no gustar de la pareja, pero aunque todavía mi repertorio de ideas da para que me inventé a Hinata emparejada con otras parejas, no puedo prometer como ya deje entredicho que se quedará con Naruto, u otro...

Bueno, en fin. Sinceramente estoy muy apenada. Creo que mi afán de hacer historias perfectas siempre me afecta también, no puedo evitar pulir y pulir más la idea para que todos los hechos correlacionen. Para todos los detalles, sinónimos... Hago un trabajo pesado xP

Si algún curioso leyó mi perfil recientemente he estado haciendo estupideces. Cambié el perfil, puse algo más personal y quién leyó lo que puse, sabrá que me gustó un coreano y en esas épocas de amor como de cuatro semanas sólo lo he estado pensando, bueno, terrible... Ya se fue el sujeto y ya se me apaciguó más el interior. Supongo que el sentimiento de atracción está desapareciendo.

¿Qué hace ésta vieja hablando de coreanos, se preguntaran? Bueno como me gustó, andaba distraída.. Quería compartir eso con ustedes :p Era un sujeto decente, por lo menos.

Ya lo cambié, claro, por si alguien tenía pensado stalkearme.

Creo que intentaré tomarme ésta historia particularmente relax, le estoy poniendo mucho estrés y siempre siento que ESTO NO VA, que así, que allá, que acá, a veces ni sé qué idea es mejor o no. Agggh así que en conclusión me la tomaré más relax. Intentaré no estar siempre de perfeccionista y demorarme menos.

Déjenme contestar ahora a las hermosas personitas que me dejaron reviews :D

Jasd, Inuyasha: Aloooo! Los extrañé, personitas hermosas. Hey si la última vez ya habían dicho que me demoré un buen rato, ni me quiero imaginar qué dirán en esta. Estoy muuuy apenada con ustedes D:

DianaMounr: Me alegra que hayan sido dos capítulos para ti jajaja, porque en realidad me demoré un buen rato. Cuando tienes los días ocupados pasas a diciembre en un suspiro. GRACIAS POR LOS REVIEWS LARGOS! Me llenan de alegría. En serio en serio me gustan harto. Me encantan todas las hipótesis que te inventas y lo que pasa por tu cabeza, es interesante. No estás mal con lo de Vegeta, lo único erróneo es que los Namekianos son más poderosos de lo que se esperaba y ahora mismo Vegeta ya está teniendo problemas. Me lo inventé mientras lo escribía xD

Me encanta el ShisuixHinata, lo adorooo.

Calzonesenllamas: Bueno la verdad tu review fue bien raro jaja con el nombre, la apuesta de guaraníes y lo de venga tía. Disfruta entonces, ombe.