Gracias por sus comentarios en el capitulo anterior, aunque saben que el Fic es rated M, aviso que en este capitulo se utiliza un lenguaje sexual explicito.

Disfruten el capitulo


Peeta POV.

Despierto por el olor a comida y los sonidos de trastes moviéndose.

Por un momento pienso que estoy en mi casa, pero en cuanto miro las cosas a mí alrededor recuerdo en donde estoy.

Es una habitación de hotel, no me acuerdo haber visto tantas cosas anoche que llegué, es grande, tiene una pequeña sala de piel de lado derecho, una mesa con sillas de madera en el extremo izquierdo y una pequeña cocina al fondo, donde también hay un mini bar. Aunque todo está en el mismo cuarto, no se ve amontonado, se ve estético, como todas las habitaciones de hotel.

Gale está de espaldas a mí, lavando algo en el fregadero. Su torso está desnudo, por lo que puedo ver los músculos de su espalda, todos los trazos remarcados por las sombras que genera la luz entrante de la ventana izquierda. Lleva puesto un pants ligero color negro, que cae desde su cintura baja hasta sus pies descalzos.

Quisiera poder recordar exactamente como llegué aquí, pero no lo logro.

Vuelvo a recostarme, cubriendo mi rostro con la colcha cálida, pues no quiero ver mas luz.

Sigo escuchando movimiento a lo lejos durante un par de minutos más, y entonces decido que es momento de levantarme.

La puerta del baño está a mi lado derecho, me alegra pues Gale no tendrá que verme en este estado.

Me levanto intentando no hacer ruido, y me dirijo al sanitario. Decido tomar una ducha en cuanto veo la pila de toallas limpias y la espaciosa regadera.

El agua está tibia, y aunque siento el calor del alcohol saliendo de mi cuerpo, dejo que mis músculos se relajen durante más tiempo del necesario.

Cuando termino, tomo una toalla, trato de peinar mi cabello húmedo en el espejo y vuelvo a lavar mis dientes.

-¿Peeta? –pregunta Gale del otro lado de la puerta.

-Ya voy a salir –le digo.

-Traigo tu ropa, ¿Puedo pasar?

Quito el seguro de la puerta y la abro.

Gale entra, con una sonrisa tímida en sus labios.

-¿Te desperté? –inquiere mientras me entrega una maleta pequeña color negro. Mi maleta, de hecho.

-Un poco, pero hubiera terminado con un dolor de cabeza mas intenso si no lo hubieras hecho –me encojo de hombros.

-Tenía hambre, ¿Quieres comer algo?

-Si –asiento-. ¿Cómo conseguiste esto? –le pregunto señalando la maleta que había dejado sobre el lavabo hace un momento.

-Fuimos por ella al hotel, en la mañana –una vez que lo dice, lo recuerdo.

-Diablos, venia bastante tomado, ¿Verdad?

-Un poco –admite esbozando una sonrisa.

Siento como si me sonrojara, y de hecho lo hago, veo mi reflejo en el espejo, y siento el bochorno aun mas intenso.

-Bien, iré a preparar la mesa –dice.

-Okay, no me tardo.

Antes de salir se acerca a mi, toma mi rostro y junta nuestros labios, sin moverlos, simplemente disfrutando del tacto.

-Okay –susurra y cierra la puerta después de salir.

Me tomo un minuto frente al espejo mientras me recupero del alucinante efecto Hawthorne.

No puedo creer como un hombre como Gale pudo fijarse en mí, es hermoso físicamente, y en su interior es aun mejor. Y yo… yo me siento tan simple a su lado.

Termino de vestirme y me alegro de haber empacado ropa ligera, se supone que lo iba a usar en el after party, pero amanecí con el pantalón del esmoquin puesto, así que no se muy bien que sucedió. Necesito que Gale me lo recuerde.

Salgo una vez listo, Gale está sentado en el borde de la cama, utilizando su celular.

-¿Listo? –inquiere sonriendo.

-Listo.

Deja el teléfono en el buró, toma mi mano y caminamos hasta la mesa, en donde ya están los platos servidos.

-¿Tu lo preparaste? –le pregunto mientras nos sentamos en la mesa.

-Si, las tiras de pollo están un poco picosas, te ayudará con la resaca.

-Gracias, ¿Qué horas son?

-Van a ser las siete de la tarde.

-Diablos –mascullo-. Dormí todo el día.

-Llegamos aquí como a las nueve de la mañana, yo también dormí casi lo mismo que tu.

-¿Puedes recordarme que sucedió después de que nos fuimos del salón?

Sonríe.

-bueno, ya ibas un poco tomado, debo decirlo –sonrío-. Seguí a tus amigas hacia donde iba a ser el after, y una vez que llegamos dijiste que querías Whisky, así que fuimos a comprarlo –diablos, es cierto, comienzo a recordar que me comporté como un idiota-. Regresamos a la fiesta, estuvimos ahí el resto de la madrugada y después, cuando el sol había salido y todos se estaban yendo, fuimos al hotel por tus cosas.

-Ya, ya. Creo que lo recuerdo bien –me encojo de hombros-. Lamento que hubieras tenido que verme en ese estado.

-No es algo nuevo para mi, Peeta. He estado peor, la verdad. Te sabes comportar.

Me encojo de hombros.

-Come –ordena-. Tomaste mucho alcohol anoche y necesitas algo en el estomago.

Asiento, sin hablar, pues no me siento de muy bien humor con el calor de mi cuerpo y el sol entrando por la ventana.

Comenzamos a comer, el pollo y la pasta me caen de maravilla, lo único que me distrae es el chico semidesnudo frente a mí.

Cuando terminamos de comer nos levantamos y comenzamos a arreglar la cocina.

-¿Te ayudo? –le pregunto cuando termino de limpiar la barra.

-Ya terminé –responde mientras cierra la llave del fregadero y deja el ultimo plato en el escurridero.

Camina hasta mi y se pone a mis espaldas, acercando su cuerpo al mío y abrazándome mientras coloca su barbilla sobre mi hombro.

-Vamos a acostarnos –masculla en mi oído.

Asiento mientras le doy un beso en los labios.

Caminamos así, con sus brazos pasando sobre mi torso y su pecho pegado a mi espalda. Es complicado, si, pero me gusta estar lo mas cerca posible de él.

La cama es suficientemente amplia para los dos, aun así nos acostamos muy juntos, yo sobre su brazo derecho, mientras coloca su antebrazo sobre mi pecho y yo tomo su mano.

Hay una televisión en la parte superior, la enciende y la deja en un canal de películas, pero no les presto atención porque sigo teniendo sueño.

Me cuesta recuperarme de una borrachera, así que vuelvo a dormir plácidamente toda la noche, aunque de hecho acababa de despertar hace un par de horas.

Por la mañana cuando despierto es bastante temprano, Gale no está en la cama, ni en la habitación, así que después de checar la hora en mi teléfono celular (Ocho de la mañana), voy al baño y me doy una ducha, poniéndome la misma ropa que traía, pues no había salido de la habitación desde que me la puse ayer por la tarde y además ya no traía mas cambios.

Cuando salgo del baño Gale viene entrando.

Caminamos hasta que nos encontramos a mitad de la habitación y me da un beso en los labios.

-¿Pasa algo? –le pregunto al percatarme de su seriedad.

-Tengo que regresar a Chicago antes de lo esperado.

Me limito a fruncir los labios, pues no quiero expresar mi inconformidad con palabras. No quiero detenerlo o ser un obstáculo para él.

-¿Cuándo? –le pregunto, tratando de parecer casual.

-Tengo que irme hoy mismo –masculla.

Después de un momento de silencio, logro hablar:

-Está bien, tienes que poner en orden tus cosas allá –sonrío.

-Lo se, solo esperaba tener mas tiempo contigo.

-Tendremos tiempo para eso –vuelvo a sonreír para darle ánimos.

-Yo… no esperaba hacer esto tan rápido, pero no me queda opción. Tenemos que hablar, Peeta.

Lo miro a los ojos, confundido.

-Hablemos –le digo.

Con seriedad me indica que lo siga, y dejando la toalla extendida en la cama lo sigo hasta la sala, en una de las paredes hay una puerta cristalina tras de una cortina, no la había visto, pero lleva hacia un pequeño balcón con un par de sillas y una mesita.

Gale no se sienta, sino que se recarga en la bardita.

Por un momento creí que el balcón daría hacia la ciudad, pero no, da hacia el interior del hotel, al centro del hotel de hecho. Estamos en uno de los pisos más altos, y aunque no es un hotel muy grande, la alberca al fondo se ve pequeña, aun mas las personas que están dentro.

-¿E s bonito, verdad?- me pregunta, mirando hacia abajo.

Solo me encojo de hombros.

-Sabes… -comienza, evitando mirarme a los ojos-. Quiero que hablemos porque esto… tu y yo… es algo serio. Algo serio para mi, Peeta. Nunca he sentido esto por nadie. Y es como si te necesitara para seguir viviendo –por fin fija su mirada en mi, sus tiernos ojos, inocentes, como los de un niño asustado-. El tiempo que estuvimos separados fue horrible, obscuro… lo único que me mantenía caminando era saber que cuando terminara de arreglar todo el desorden que yo mismo había provocado, te volvería a ver.

-Gale, yo…

-Espera –me silencia-. Te quiero Peeta, te quiero como nunca he querido a nadie… yo no quiero asustarte, pero podría estar seguro de que te amo. Y necesito que lo sepas. Pero también necesito que sepas algo más: Estoy enfermo, Peeta. Estoy enfermo y no voy a curarme nunca. Tu me viste en mi momento mas obscuro, sabes quien fui, como estaba… y quizá eso quedó en el pasado, pero una parte de eso va a seguirme de por vida. Tengo… tengo que tomar medicamentos, Peeta. No soy alguien normal, no lo volveré a ser. Y antes de que me digas cualquier cosa, quiero que pienses en eso. Quiero que pienses que puedo ser una carga. Que no seré como el resto de los jóvenes. Tú… dijiste que querías que definiéramos lo que somos. Quiero hacerlo, pero quiero que tu pienses en las cosas malas sobre mi, y si estás dispuesto a soportarlas. No quiero que lo hagas. No quiero que estés conmigo, pero soy demasiado egoísta. No puedo dejarte. Aunque se que te hago mal. No puedo irme.

-Gale, no tengo nada que pensar –y era cierto, no iba a detenerme a pensar en eso porque no era necesario-. Es cierto, te vi en un momento difícil, pero recuérdalo Gale, yo estuve ahí. Te quise aun sin siquiera saber si podrías salir de eso. Estuve dispuesto a estar contigo aun y cuando tu estado era mucho peor que el del chico que está frente a mi en estos momentos. No eres ni la mitad de vulnerable de lo que eras en esos momentos. Y cuando te vi así… no me importó. Y ahora menos, por Dios. Mírate, puedes lograr muchas cosas. Y no me importa con lo que tenga que cargar, según tu. Yo estoy dispuesto a hacerlo, porque cuando alguien ama a otra persona, la ama por todo lo bueno, y por todo lo malo que esa persona tiene. Yo tampoco soy perfecto, de hecho soy mas imperfecto que tu. Tengo también mis problemas. Y no solo soy yo quien tiene que estar dispuesto a ayudarte. También tu tienes que estar dispuesto a ayudarme.

Mientras me mira a los ojos me doy cuenta de lo brillosos que se han puesto, y que está a punto de derramar un par de lagrimas.

Antes de que lo haga me acerco a él y le doy el abrazo más fuerte que puedo.

Sentir sus brazos en torno a mi espalda y su pecho inflado bajo mi mejilla me da mucha mas decisión de la que ya tenia antes.

-No seas idiota –mascullo en media burla-. No pienses en eso. Yo ya se como eres. No tienes por que decírmelo. Y te amo así tal cual.

Gale me separa con sus manos sobre mis hombros, sus mejillas están rojas por las lágrimas, pero tiene una sonrisa en los labios.

-Siento que tengo demasiada suerte por haberte conocido –y junta nuestros labios.

-Te amo –susurro en la primera oportunidad que tengo.

Me sujeta de los glúteos inesperadamente y sin esfuerzo me eleva en el aire, sentándome sobre la barda y juntando su cuerpo al mío.

Por un momento me siento nervioso al saber que detrás de mi solo hay un gran espacio entre el suelo y mi espalda, pero me siento seguro cuando sus manos me sujetan.

Aunque se que en cualquier movimiento en falso podría caer, y estamos a la vista de un montón de ventanas a nuestro alrededor, me doy la libertad de desabrochar la camisa de Gale y arrojarla al suelo. Siento su espalda desnuda entre mis manos, y lo único que tengo en mente es que necesito tenerlo completamente y en todos los aspectos.

Me ayuda a bajarme, y sin despegar nuestros labios regresamos a la habitación.

Una vez dentro me quita la playera y comienza a desabrochar mí pantalón y no me importa cuando con un movimiento rápido lo deja caer al suelo.

Por un momento me siento incomodo por estar semidesnudo entre sus brazos, pero en cuanto comienza a acariciar mi espalda y a besar mi cuello todas mis dudas desaparecen.

Doy media vuelta y Gale se recarga en la pared mientras comienzo a besar su cuello y su pecho, lentamente, tratando de darle el mismo placer que el me provoca.

Mis dedos no son tan agiles como los suyos, así que me trabo un poco con el botón de su pantalón, pero termino por quitárselo y con un movimiento de piernas lo aparta de nuestro camino.

Vuelve a atraerme con sus brazos y ahora con nuestras piernas desnudas entrelazándose incrementa todas mis sensaciones.

Llegamos a la cama, no se exactamente como, pero me hace acostarme en ella, antes de que se recueste sobre mi tengo oportunidad de ver la perfección de sus rasgos.

Desde su rostro impecable, hasta su pecho inflado, sus brazos torneados y sus piernas desnudas tonificadas. Además de un exquisito abdomen remarcado.

Su cuerpo es mucho mas pesado que el mío, pero no me importa que haga presión sobre mi, pues quiero sentirlo mas de lo que lo estoy haciendo.

No me detengo ni un momento mientras bajo con mis manos por su espalda y después las coloco sobre sus firmes glúteos.

Gale gime entre mis labios cuando meto mis manos por la tela de su bóxer y toco su piel desnuda.

Sujeta mi muslo y comienza a mover sus caderas, rosando mi pubis con el suyo en cada movimiento.

Comienza a besar mi cuello nuevamente y todo a mi alrededor desaparece, solo soy yo y sus labios jugosos.

Sujeto el elástico de su bóxer y comienzo a retirar la tela lentamente, sabiendo que es lo único que nos ha separado anteriormente, y que deseo quitársela desde la primera vez que lo vi semidesnudo.

Con otro ágil movimiento termina por quitarse la última prenda y se recuesta lentamente sobre mí, sin separar sus labios de mi boca, mi cuello o mi pecho.

Claro que aunque puedo sentir sus manos acariciando mi muslo, sus piernas entrelazadas con las mías y cada parte de mi torso cubierto completamente por el suyo, ahora mismo la única sensación a la que le presto atención es a su pubis colocándose lentamente sobre la parte superior de mi muslo izquierdo. Y no es en si su pubis, sino su miembro que comienza a frotarse lentamente con cada movimiento. Es tanto el deseo que me provoca que un gemido sale de mi garganta.

Con todas mis fuerzas empujo su cuerpo y lo hago dar media vuelta en el colchón para quedar sobre él, y sentándome sobre su pubis comienzo a besarlo nuevamente.

Sus manos sujetan mi cintura y comienza a mover sus caderas, haciendo que pueda sentir su erección entre mis glúteos, rosando partes de mi entrepierna en cada movimiento.

Rueda nuevamente, dejándome bajo su pesado cuerpo otra vez, pero ahora siendo cuidadoso en no dejar caer totalmente su peso sobre el mío.

Cuando colocó su mano en mi ropa interior estuve a punto de detenerlo, pero una vez que sus labios tocaron mi cuello, todo perdió el sentido. Lo único que importaba era él, y sus carisias.

Cuando ambos quedamos desnudos, con nuestros cuerpos entrelazados en todos los extremos, el calor que irradio de mi interior comienza a envolverme cada vez mas, haciendo que todas mis sensaciones se intensifiquen.

Apoya sus manos en el colchón y levanta únicamente su torso para mirarme.

Por un momento jadié de desesperación para que sus labios regresaran a los míos.

Aparta un mechón de cabello que estaba sobre mi frente y sonríe.

-Te amo –masculla.

Escuchar las palabras mas importantes que puedan existir saliendo de sus labios carnosos y resonando con su voz profunda y gruesa hace que todo en mi interior tiemble, y no del tipo de temblor que tengo ahora mismo en mi exterior por la excitación, sino uno mas intenso, mas… vivo.

-También te amo –logro decir mientras sujeto su rostro para atraerlo a mis labios.

Nos besamos lentamente, disfrutando el uno del otro, sin importarnos el exterior, nos besamos hasta que nos duelen los labios, hasta que tenemos que detenernos para respirar.

Coloco mis manos en sus glúteos y al tiempo que elevo mis caderas, atraigo las suyas a mí, y disfruto la exquisita sensación de su erección apretándose contra mi entrepierna.

Comienzo a mover sus caderas con mis manos, apretándolas contra mi cuerpo, y moviéndolas de un lado a otro, dejándome disfrutar de su virilidad.

Vuelve a separarse de mis labios y me mira a los ojos, están ardiendo en pasión y no necesita hablarme con palabras para que pueda entenderlo.

Asiento, decidido.

-¿Estás seguro? –masculla.

-Totalmente.

En cuanto termino de hablar busca mis labios con desesperación, siento su lengua entrando y saliendo de mi boca, robándome mi respiración, robándome mi alma entera.

Con una de sus manos eleva mi cadera y la junta a su cuerpo, dejándome sentir su erección en la parte inferior de mis glúteos.

-Peeta –jadea entre besos.

No respondo, por lo que tiene que separarse un par de segundos para continuar.

-No tengo preservativos –susurra con dificultad. No puedo evitar esbozar una sonrisa. ¿A quien le importa usar preservativo en una situación como esta? Solo quiero que me tome de todas las maneras posibles, quiero ser suyo. Quiero entregarme a él.

-No quiero quedar embarazado –mascullo.

Ríe entre dientes y se separa de mi, llevando sus manos a mi rostro.

-Puede haber dolor –dice.

Me estiro para comenzar a besarlo nuevamente.

-No me importa –susurro-. Solo quiero ser tuyo.

Después de eso lo hago girar en el colchón y me coloco sobre su cuerpo, y con mis piernas en cada uno de sus costados me levanto para sentarme sobre su pubis. Su erección se aprieta contra mis glúteos y termino colocando mis manos sobre sus muslos para detenerme.

Comienza a mover su cuerpo lentamente mientras sonríe.

-Eres precioso –masculla.

Tengo que regresar a besarlo porque no soporto ver unos labios tan perfectos, rosados, hinchados y brillantes por la pasión.

Mientras nos besamos llevo mi mano hasta su abdomen y dudo un instante en mi siguiente acción, pero hago lo que he deseado desde que nos recostamos en la cama: Envuelvo mi mano en su erección.

Es estúpido, pero el primer pensamiento que tengo es que su miembro es demasiado grande para mi mano.

Gale suelta un gemido sonoro y tanto sus labios como sus manos comienzan a moverse con desesperación.

Cuidadosamente comienzo a mover mi mano, sintiendo lo largo de su miembro, intentando imaginar como luce a la vista. Debe ser precioso.

Con un rugido en su garganta toma mi cuerpo y sin dificultad me hace caer boca abajo en el colchón.

Se coloca rápidamente sobre mi, colocando instantáneamente su pubis sobre mis glúteos y recostando su cuerpo completo en el mío. Besa mi hombro y después susurra en mi oído:

-Tienes que decirme si te duele.

-Hazlo –ordeno jadeando.

-No quiero lastimarte –masculla, sus labios moviéndose en mi oreja y su aliento rosándome para lo único que sirven es para desesperarme mas.

Elevo mi cadera, juntando mas mis glúteos contra su erección, provocando un gemido en Gale.

-Diablos, Peeta –masculla.

Con una de sus manos comienza a acariciar mi brazo, desde mi hombro hasta mi muñeca y me hace extender mis dedos para entrelazar los suyos, cierra su mano en un puño, haciendo que yo la cierre también, mientras que con su otra mano comienza a acomodar su miembro para hacerme suyo.

Separa mis glúteos con su mano y lentamente comienza a entrar.

No se ha movido prácticamente nada y ya estoy comenzando a sentir dolor.

-¿Estás bien? –me pregunta mientras aprieta mi mano entre la suya en cuanto mi cuerpo se tensa.

-Estoy bien –aseguro.

Trato de relajar mi cuerpo lo mas que puedo, sabiendo que de nada servirá la tensión.

Besa mi cuello y mi mejilla mientras comienza a dejar caer su pubis, lentamente, intentando que sea soportable para mí.

Tengo que concentrarme demasiado, no voy a negar que el dolor llegó a ser insoportable, tanto que tuve que pedirle que se detuviera.

-Espera –mascullé. Gale estuvo a punto de salir pero lo detuve-. No te muevas, solo quédate así.

No se cuanto ha entrado en mi, pero el dolor no me deja disfrutarlo, y solo comienzo a olvidarlo cuando sus labios encuentran los míos. Y ni siquiera me doy cuenta que está terminando de entrar hasta que logro sentir su pubis completo contra mis glúteos y su abdomen sobre mi espalda.

-No me voy a mover –susurra, dejando su cuerpo sobre el mío.

-Estoy bien –aseguro, aunque la incomodada por el cuerpo extraño que entró en mi me parezca excesiva.

-Nos quedaremos así un momento –masculla-. Démosle tiempo a tu cuerpo para que se adapte.

-Okay –gimo mientras comienza a besar mi hombro.

-Te amo –susurra en mi oído.

No puedo contestar, pero busco sus labios para transmitirle lo que con palabras no podría hacer.

Comienza a moverse lentamente, y tampoco voy a negar que el dolor fue muy intenso, no se si es por ser mi primera vez, o por el tamaño de su miembro, pero me fue difícil dejar a un lado del dolor, por lo menos en los primeros minutos.

Porque mientras el tiempo pasaba, y sus movimientos se hacían mas rítmicos, el dolor iba desapareciendo, y lo sustituía un placer tan intenso que lograba engarrotarme los músculos completamente.

Diablos, ¿Qué es esto? –me pregunté a mi mismo, el placer que Gale me provocaba era demasiado, había algo dentro de mi que había sido inexplorado, algo que cobraba vida y hacia que mi excitación aumentara a un nivel que no había imaginado antes.

En cada movimiento sale un gemido de mi garganta, igual que de la de él, y solo sirve para excitarme mas.

Mueve ligeramente mi cuerpo hacia uno de mis costados y coloca su mano en mi miembro, provocándome otro espasmo de placer que engarrota mis músculos.

-Terminaré pronto –me avisa al oído.

No logro responderle, porque ahora mismo lo único en que logro concentrarme es en el movimiento de su mano en torno a mi erección, y su miembro en mi interior.

Aprieto mis puños en cuanto siento el orgasmo venir y Gale nota la inflamación en mi erección, pues comienza a mover su mano mas rápidamente.

Estuve a punto de decirle que se detuviera, pues mientras mas rápido hacia sus movimientos, mas pronto me haría llegar al clímax, pero alcanzo mi máximo nivel y todo desaparece en unos segundos, no queda mas que una oleada de placer que me ciega por completo.

Solo logro sentir sus embestidas más pronunciadas y el rugir de su garganta. Aun estoy en mi éxtasis cuando suelta mi erección rápidamente y coloca su mano en la cama, apretando con fuerza, tanto las sabanas como mi otra mano entre la suya.

Con un rugido sonoro y una última embestida pronunciada Gale termina envuelto en éxtasis, con espasmos en su cuerpo y un sinfín de sonidos saliendo de su garganta.

Ambos tardamos un par de segundos, o minutos, no sabría decirlo, en recuperarnos.

No se aparta de mí, sino que comienza a acariciar mi hombro con sus labios.

Cuando ambos hemos recuperado el aliento, cuidadosamente se va apartando de mi cuerpo, dejándose caer a mi lado.

Giro para mirar su cuerpo, está brillante por el sudor, y su respiración es igual de irregular que la mía.

Me abraza con su brazo izquierdo y recuesto mi mejilla en su pectoral, colocando mi mano en su abdomen.

Nos quedamos otro par de minutos en silencio, escuchando la respiración del otro acompasarse.

-¿Estás bien? –me pregunta con una voz tan tierna que me hace sonreír.

Me limito a asentir.

Comienza a jugar con mi cabello y trazo figuras en su pecho con mi dedo.

-¿Quieres que nos demos una ducha? –inquiere.

Elevo mi rostro y lo miro a los ojos.

Está despeinado, con sus mejillas ardiendo por el calor y sus labios demasiado rojos. Además de unos ojos tan profundos y grises que me parecen irreales.

-¿Tu estás bien? –le pregunto por fin.

-Nunca había estado mejor.

-Yo tampoco –aseguro.

Eleva su cabeza y juntamos nuestros labios.

-Vamos –digo palmeando su pecho y levantándome de la cama.

Durante un segundo me sentí incomodo al estar desnudo frente a él, pero en cuanto se levanta de la cama sujeta mi cintura y acerca nuestros cuerpos para besarnos nuevamente.

No logro entender como soy capaz de tanto, acabo de hacer el amor con él, y comienzo a sentir las ganas de hacerlo de nuevo.

Me separo de él, sabiendo que debo refrescarme para lograr salir de su aura atrayente.

Nos metemos juntos a la regadera, es bastante espaciosa para que la ducha no sea incomoda, ni tengamos que estar pegados a la pared, aun así nos mantenemos cerca.

Cuando comienza a enjuagar su cabellera llena de jabón, me permito mirar su escultural cuerpo.

Desde sus dedos masajeando su cabello lentamente mientras el agua cae sobre él, sus brazos anchos y su pecho inflado, por donde pasan varios caminos de agua y jabón, su abdomen exquisitamente marcado, sus piernas tonificadas y adornadas con un ligero vello obscuro y por ultimo su miembro, que aun estando en su estado natural, está adornado por un conjunto de venas que le dan mas virilidad de la que ya tiene. Ni siquiera está erecto, y me parece lo suficientemente grande para provocarme dolor si entra en mí. Me tomo todo el tiempo que puedo para apreciarlo, porque sinceramente, aunque sus ojos son preciosos y el resto de su cuerpo también, esa parte del hombre que se oculta la mayor parte del tiempo es exquisita. Y no quiero quitar la vista de él. Pero tengo que hacerlo cuando sus ojos se abren.

Terminamos de ducharnos, y trato de mantener la imagen de su miembro fuera de mi cabeza, pero me es un poco imposible ahora que lo tengo tan cerca de mí.

Aun así logramos terminar el baño sin ningún percance erótico. Excepto por las miradas.

Anudamos las toallas en nuestra cintura antes de salir del baño y una vez afuera nos damos cuenta del desorden que hicimos. Las lámparas de los burós están tiradas, hay prendas de vestir por todo el suelo y las cobijas están tanto en la cama como sobre la alfombra.

Ambos sonreímos, y Gale me conduce hasta el pequeño guardarropa.

Se pone su ropa interior y me entrega un bóxer de mi talla. Comienzo a creer que Gale usa ropa interior chica para remarcar su virilidad.

Se viste con un pants y una playera blanca lisa, y me presta un conjunto parecido, que aunque dijo que era lo mas chico que tenia, seguía quedándome grande.

-¿Qué hora es? –le pregunto mientras me siento en el borde del colchón.

-Van a ser las doce –masculla.

-¡¿Las doce?! –inquiero sorprendido.

-¿Cómo rayos pasó tanto tiempo? –se pregunta a él mismo y voltea a mirarme con una sonrisa en los labios.

-Con razón tengo tanta hambre.

-Yo también –dice acercándose a mi e inclinándose para besarme.

-Hambre de comida –corrijo entre sus labios.

-Oh, eso. Si, también –bromea.

Sujeta mi mano y me pone de pie.

-¿Vamos al restaurante del hotel o preparamos algo?

Frunzo los labios.

-Creo que mejor el restaurante, me siento exhausto –admito ligeramente avergonzado.

Suspira.

-Diablos, de por si era difícil dejarte así de rápido –dice-. No podré irme, no así.

-Tranquilo, estaré esperándote aquí –le aseguro.

Caminamos tomados de la mano rumbo a la salida, pero se detiene en medio del pasillo que divide la sala del comedor.

-¿Por qué no te vas conmigo? –me pregunta con sus ojos abiertos de sorpresa, como preguntándose a si mismo por qué no lo había pensado antes.

-¿A Chicago? Yo… no lo se, no quiero estorbarte.

-¿Estorbarme? ¿Estás loco? La única razón por la que tengo que irme es porque los socios harán una reunión emergente con el presidente de la empresa petrolera que los introducirá a ese mercado, y necesitan mi presencia y mi firma. Y estaré mucho mas tranquilo si tu estás conmigo, así no tendré que andar presionado por querer regresar aquí.

-Tiene lógica lo que dices –sonrío-. Pero aun así, no necesitas estar presionado por regresar. Tomate tu tiempo, estaremos bien.

-¿Bromeas? No podría pasar un rato sin ti desde ahora, ya era difícil antes.

Por desgracia yo también me sentía de esa manera.

-Creo que… podríamos hacerlo. Si no tienes inconveniente.

-Por supuesto que no. Será increíble. Sabes, estaba buscando reabrir la casa de mis padres, te necesitaré ahí.

Esbozo una sonrisa y me acerco a él para besarlo.

-Estaré contigo –aseguro una vez que nos separamos.

-Gracias –masculla, demasiado contento como para esconder la sonrisa-. Solo necesito hacer acto de presencia, de hecho no se por qué me necesitan, pero para firmar cualquier cosa importante, la empresa necesita a todos los miembros de la junta, y aunque aun no tomo mi lugar, soy un representante legal.

-Lo entiendo, y me emociona viajar contigo, de verdad –aseguro sonriendo-. Solo necesito ir por dinero a mi casa, ropa y pues tengo que avisarle a mis amigos.

-¿A tus amigos? –inquiere.

-Si, son… como mi familia, no puedo simplemente desaparecer.

-Okay, iremos a verlos –sonríe-. ¿Está bien si te acompaño?

-Por supuesto –contesto-. De hecho, creo que es hora de que te presente formalmente.

-Creo que eso ya lo hiciste, estaban todos borrachos, pero cuenta de todas formas ¿No?

-Diablos, las chicas estarán esperando tener "la platica" conmigo.

-Puedo estar ahí para apoyarte –sonríe-. De todas formas ya les demostré que te quiero y que nada te pasará si estás conmigo.

Sacudo mi cabeza, intentando sacar las imágenes de la noche de graduación, que me parecen bastante idiotas por lo que él alcohol nos había hecho.

-Por ahora solo preocupémonos por comer algo –mascullo-. Tengo que pensar en lo que les diré.

-No creo que tengan muchas dudas. Nos vieron juntos ya.

-Lo se –suspiro-. Es solo que… me conocen desde hace mucho tiempo, sabes, no puedo solo llegar un día con un chico a mi lado, al cual tomo de la mano y lo beso.

-Te entiendo, yo también he pensado sobre eso. Yo… también tengo gente que aun está alrededor mío, y quiero que te conozcan. Aun así no puedo evitar sentirme nervioso.

-Pero ¿sabes que?… No me importa mucho –sonrío-. Te tengo a ti, y es lo único que quiero.

-Nuevamente pensamos igual –asegura-. Solo quiero que todo a nuestro alrededor esté equilibrado.

Asiento y me estiro para besar sus labios.

Vuelve a tomarme de la mano y seguimos caminando hacia la salida, pero una vez mas, antes de abrir la puerta, se detiene bruscamente.

-¿Qué tienes? –le pregunto cuando me mira con sus labios entreabiertos y otra expresión de sorpresa.

-Peeta, ¿Por qué no te vienes conmigo a Chicago? –me pregunta, ligeramente emocionado.

Entrecierro los ojos y lo miro fijamente.

-Ya te dije que si ¿Estás bien?

Niega con la cabeza, ampliando su sonrisa.

-No eso, a vivir. ¿Por qué no te vienes a vivir a Chicago… conmigo?

Y mi respiración se corta abruptamente.


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