Los Teen Titans no me pertenecen.
-No, no, no, no, no, no! No puede ser, no puede ser, ¡¿Cómo es posible?!
Caminaba por los pasillos del Templo, apurada y algo enfadada consigo misma.
-No. No, no… ¡AH!
El pie descalzo de Arella chocó con la puerta abierta de su habitación, una ola de dolor invadió sus dedos y su ojo derecho.
-¡Carajo! – dejó de caminar un momento, tomándose de la puerta para no caer al piso del dolor. Casi estaba corriendo, el golpe era muy fuerte.
¿Por qué siempre que te golpeabas el pie, el ojo contrario te dolía?
-¡Maldición! ¡Maldición, maldición, maldición, maldición….! – dio pequeños saltos para recomponerse, y se tocó el pie con la mano. Apretó un poco.
-Maldición –susurró.
Siguió caminando, dando pequeños gritos de angustia por el dolor en su pie. Cojeaba un poco, pero intentaba que la velocidad no se redujera. Caminaba unos pasos y trotaba otros. Saltaba y volvía a su caminata rápida.
Llevaba un camisón blanco, el escote era cuadrado y no dejaba ver nada que ella no quisiera. Los tendones del cuello se le marcaban cuando no se permitía gritar por su pie. Las mangas eran largas y ajustadas hasta la muñeca, donde el corte cambiaba y la tela se abría en volados que tapaban sus manos. La falda llegaba hasta los tobillos.
El cabello lo tenía atado en una trenza cosida, ya algo desarmada puesto que había dormido con ella. Se había levantado hacía apenas unos minutos, con el presentimiento de que algo muy importante se le había pasado de largo. Era como una pesadilla, mientras dormía solo pensaba en que algo se le había escapado. Al despertar, lo supo.
Y ahora trotaba, cojeando con un pie, por el templo.
Pasó por al lado de una galería, por el comedor, las puertas corredizas abiertas le indicaban que esa hora era algo tardía para despertarse. Todos los ministros, monjes y sacerdotisas meditaban afuera. Oía sus voces recitando, en susurros, canciones azarathianas con melodías relajantes. A veces se ponían de acuerdo y cantaban, en vez de hacer silencio.
Muy raras veces.
El dolor casi había desaparecido.
Corrió.
Atravesó el gran espacio frente a las puertas, el pasillo principal. Afuera se veían las sombras del edificio, el sol salía por detrás. Pasó al otro pasillo, el que solo Azar, Raven, a veces Gayla y las hijas de Azar podían usar. Y ella misma, claro. Subió las escaleras a las corridas, salteándose escalones.
Dos, tres, cuatro. Tenía las piernas muy largas. Corría por los escalones como desesperada.
Llegó. Dos puertas a los lados y otra escalera justo enfrente, la que llevaba al último piso, el de la campana.
Se dirigió, jadeando, a la puerta de la izquierda. El pasillo era amplio, el techo algo alto. Las puertas eran dobles y tan altas como el techo. De madera y con ventanas con dibujos en cada puerta. Tocó.
Una leve, muy leve sombra apareció por los vidrios oscuros. Podría haber jurado que se trataba de su imaginación, hasta que Azar abrió una de las puertas. Asomó la cabeza por el hueco, y la miró, como si Arella fuese más alta que ella, cuando tenían la misma altura. La miraba con la cabeza ladeada y el cuerpo agachado. El cuarto estaba a oscuras.
Cuando abría la puerta así, Ángela no podía evitar pensar que Azar se la pasaba desnuda en su habitación.
-Azar…
Se quedó sin palabras. ¿Cómo decirlo?
-Ah…mmmh, Azar, la verdad quiero…
-¿Qué? Me interrumpiste.
-¿Por qué? ¿Qué hacías?
-¡Dormir! – respondió la mujer, con su mejor expresión de "Es obvio…"-. En serio, ¿Qué necesitas?
-Azar, es algo serio – Arella ensombreció su semblante, agachando un poco la cabeza y juntando las cejas con pena -. Realmente no puedo creer que nos olvidásemos, hemos sido unas tontas…Me siento tan avergonzada de todo esto.
-Por mi abuela, suéltalo ya, Ángela.
Arella alzó la cabeza. Azar debía de estar muy enfadada, apurada u alguna otra emoción fuerte para llamarla con su nombre verdadero. Aunque Trigon ya la había encontrado, por lo que ocultarse bajo un nombre falso no valía nada, ella siempre la llamaba "Arella".
-El cumpleaños de Raven pasó hace seis meses. Y nos olvidamos.
Azar abrió los ojos con sorpresa. Era verdad. Intentó recordar el día del cumpleaños de la niña. Estaba el día en que aprendió a caminar, cuando tenía un año, y luego cuando llegó Gayla, y luego… Ah…
-Ah…
Arella la miraba como si acabara de comunicarle una muerte.
-Ah…Arella, no sé qué decirte… -suspiró con fastidio, cuando una idea llegó a su cabeza-. Imagino, no, deja que adivine: estás en ese estado porque quieres festejar su cumpleaños.
Ahora era el turno de Arella para mirarla con su mejor cara de "Es obvio". Azar abrió más la puerta, y salió al pasillo. Luego se tele transportó enfrente de la puerta de su despacho, con la pelivioleta al lado. La hizo entrar con un gesto de manos.
Miró a un lado y al otro del pasillo. No había nadie, y todos los residentes de Templo meditaban afuera.
No hay moros en la costa.
Cerró las puertas corredizas, y entró ella también. Arella estaba arrodillada frente a la mesa baja, Azar fue detrás del escritorio y se sentó también.
Azar estaba algo preocupada. Arella a veces podía ser tan inocente, tan aniñada… Ella también se sentía mal por haber olvidado una fecha tan importante… y vaya que aquella fecha sería importante. Simplemente lo había olvidado porque Raven no tenía dieciséis, por lo que ella sabía, y festejar su cumpleaños… se le escapó un gruñido mientras miraba la madera de la mesa.
No se le había ocurrido que Arella sería tan sentimental.
Aunque, debería haberlo supuesto en el momento en el que la conoció, debería haberse dado cuenta de que era verdad que ella quería a ese bebé, el cual podía matarla sin mirarla dos veces, que lo quería pero de verdad. Y que quería criarlo… a la manera tradicional. Humana.
En Azarath los cumpleaños se festejaban. Pero el rumor del…
-… y entonces la gema…
"Pequeño incidente", como lo había llamado Shira en su momento, se había corrido rápido por los oídos de la población. Era completamente comprensible que nadie hubiera preguntado qué sucedía con la niña, porque ya había pasado más de un año y ¿la fiesta donde estaba?
-Arella.
La pelivioleta dejó de mirar la nada y alzó los ojos hacia la sacerdotisa. Se veía algo resignada, aunque también había una pizca de enojo y preocupación. Azar habló, intentando hacerla razonar.
-Querida… quiero que pienses bien en esto… ¿De acuerdo? Lo que tú sugieres es festejar el cumpleaños de Raven. No sé si sea lo correcto, Arella.
Ella la miró con pena.
-Pero… Azar… ¡es que no creo que sea justo! – para la última frase alzó el tono. Era una verdadera injusticia. La mirada de azar se ensombreció.
-Claro que no es justo. No es para nada justo. La vida de tu hija siempre será así, injusta, triste, mala incluso. No es justo que una niña inocente deba cargar con el peso de todo un legado demoníaco, ni que deba servirle a un plan maligno, que su propio cuerpo sea el portal para maldades que ella nunca ha pensado en cometer. No es justo, eso es cierto. Pero tampoco es justo que no sepa nada de eso – Arella bajó la mirada con lentitud mientras Azar seguía.
-Si le damos a entender que su cumpleaños es… algo para festejar… no sé Arella, me parece que lo estaremos haciendo todo mal. ¿Qué pasará cuando se vuelva una caprichosa adolescente humana y pida una gran fiesta de quince, como acostumbran hacer los humanos? ¿Se la daremos? ¿Y si decimos que no? Al año siguiente pedirá que la recompensemos con una gran fiesta para sus dieciséis. No quiero ni pensar en lo que tendré que decirle entonces. No quiero arruinarle los sueños, ni las esperanzas…
-Yo no quiero negarle el placer de tener sueños o esperanzas- replicó Arella con voz amarga. La sacerdotisa se quedó muda por un momento.
Ambas se entristecían más y más con cada segundo de silencio que pasaba.
-Es cierto, Ángela… - Azar suspiró. ¡Como odiaba los suspiros penosos! – eso tampoco es justo para la niña. Lo que lleva a mi punto… nada es justo para ella. Escucha, no quiero acostumbrarla a un mundo donde las hadas cantan y las campanas suenan con cada respiración suya, ¡está mal ocultarle la verdad así! Y festejar su cumpleaños, cuando en apenas quince años más estaremos luchando por nuestras vidas en el mismo dia, justamente porque otros estarán celebrando que ya es el gran día… No sé. Es inmoral. Está mal. No me parece respetuoso ni justo.
-Pero, Azar… yo, ah, ya sé que por ser su madre la veo como una niña solamente, pero, no quiero que pase toda su vida lamentándose. Quiero que disfrute mientras pueda… Y ya sé que está mal mostrarle solo la parte feliz de la moneda. Pero quiero… que sea feliz cada vez que se le presente la oportunidad, porque no serán muchas, eso es verdad. Los pequeños momentos son los que hacen la diferencia ¿No? –concluyó con una media sonrisa esperanzadora. Azar también sonrió a medias y ladeó la cabeza.
-Muy bien… propongo que le celebremos este cumpleaños – dijo Arella, ya con la voz algo más alegre -. Y que el resto, no. Haremos que vea que los cumpleaños no son tan geniales como verdaderamente son, y así no estará tan triste ¿no?
Azar soltó una risa con la expresión de ruego que mostraba Ángela.
-Pero por favor Azar… ¡este es un cumpleaños muuuy importante! No puedo creer que mi naranja esté tan grande y quiero festejarlo. ¿Sí?
Veinte minutos más tarde, los Rumpstein recibieron un mensaje urgente del Templo: estaban invitados a una fiesta de cumpleaños, a celebrarse el día siguiente.
Las lámparas violetas, unidas por lazos negros, estaban colocadas en casi todas las paredes del Templo, puestas a la mitad exacta de los muros. Eran bolas grandes y huecas con fuego en su interior. El papel violeta hacía que la luz se volviera del mismo color. El resto de las luces del Templo estaban apagadas, dándole un ambiente oscuro al lugar. Pero agradable. Suave… tranquilo.
Perfecto.
Eso era lo que pensaba Gayla mientras, parada al lado de una pared, terminaba con el último tramo de lámparas. Las sostuvo con un nudo a un gancho, y bajó al suelo. Tomó una caja, en onde habían estado las lámparas. Estaba en la parte del Templo donde el techo era bajo. Las paredes y puertas se veían hermosas con el color, las sombras creaban el ambiente perfecto que, obviamente, buscaba Arella. La tranquilidad para Raven era esencial.
Caminó por el pasillo. Llegó al comedor y luego a la cocina, donde Evaristo terminaba de decorar una gran torta de cumpleaños, de dos pisos. Estaba cubierta de chocolate derretido y de dulces pintados de marrón con forma de círculos. Era una receta de…
De…
-Hola Gayla. ¿Ya terminaste? – preguntó el joven, que, al lado de la mesada, acababa de verla entrar.
-Sí… ya terminé – respondió con su típica voz dulce. Aunque sonaba cansada.
La receta del padre de los Monetti.
La madre de Evaristo no solía cocinar, era su padre el que siempre hacía los dulces en los cumpleaños, era él el que le había hecho ese pastel, su favorito, en los últimos cincuenta años… Era su esposa quien había acertado siempre con la canción que habían de cantarle, como dictaba su tradición. Cada año, una melodía única y distinta.
-¿Estás bien?
Gayla dio un pequeño respingo, sin darse cuenta tenía al moreno justo enfrente de ella, a unos centímetros. Evaristo la miraba de una forma tan paternal que le dió risa.
Ella pensaba que eso le daría ganas de llorar… pero ahora Azarath era distinto.
-Claro que sí Eva… solo que estoy cansada. Iré a guardar esto, ¿de acuerdo?
Salió del lugar con la caja, y la guardó en el depósito justo enfrente.
Comenzó a sonreír cuando un impulso cruzó por su mente. Voló por los pasillos hasta la habitación de Azar, escaleras arriba. No necesitó tocar ya que ambas puertas estaban abiertas. Se asomó con una gran sonrisa, para ver a Azar mirándose frente al espejo, con una túnica roja algo distinta a la usual.
Las mangas se cortaban a lo largo de todo el brazo, y la falda era más ajustada y sencilla. Seguramente le incomodaba. Pero las fiestas eran las fiestas, no importaba si el único vestido que te gustaba era incómodo.
-Es lindo –dijo.
Azar se dio la vuelta con sorpresa. Raven estaba a su lado, mirándola desde un pequeño banco. La niña llevaba un vestido azul, y estaba comiendo una barra de chocolate.
-Gracias – respondió la sacerdotisa, más tranquila -. Pero… me aprieta un poco aquí – mostró su disconformidad y señaló sus rodillas, que bajo la tela quedaban algo más juntas de lo normal. Gayla se rió un poco.
-Sí, me lo imaginé.
Raven estaba con la cabeza alzada para ver los rostros de las dos mujeres, que se veían gigantes desde su humilde puesto en el banquito. Sus emociones eran… ah…
Extraño, es extraño…
No las había sentido antes.
Pero había algo más. ¡La ponían feliz!
Las emociones de los demás eran como vibraciones, como luz, como saberes dstinto que llegaban hasta ella e intentaban adentrarse en su ser. Lo que Azar intentaba hacer era enseñarle a mantenerlas fuera de sí misma. Pero había sentimientos tan hermosos. Eran como melodías armoniosas, que cantaban solo para ella, como manos suaves que la acariciaban. ¡Y su abrazo se sentía tan bien! Lentamente, una sonrisa de pura felicidad tonta se formó en sus labios. Era tonto sonreír, puesto que las cosas en el Templo estaban algo raras, su madre estaba muy excitada y ansiosa con todo, y Azar se había puesto un vestido qe la hacía sentir mal.
Pero las auras de Gayla y Azar se sentían sedosas… eran como las nubes del cielo, como algodón celestial…
¡¿Celestial?!
Y eran emociones poderosas… Raven no podía evadirlas como solía hacer con las demás. Así que, mientras sonreía, miraba hacia arriba, a los rostros de las mujeres. Intentando descubrir que era lo que las tenía tan contentas.
Era una felicidad pura, intensa, tranquila y a la vez estruendosa. Quemaba como el fuego, y la serenaba como el agua. Era hermoso.
¿Pero qué era?
¿Qué es? Se preguntó mentalmente. No valía la pena preguntarlo en voz alta, ya que por experiencia sabía que sus palabras solo obtenían miradas raras por respuestas. Y si le hablaba a su madre, ella se ponía a repetirle la misma palabra una y otra vez, sin cansarse.
Decidió que lo mejor era guardárselo adentro, guardar el recuerdo de esa felicidad en lo más hondo. Era tan bello…
Cortó con los dientes un gran pedazo de chocolate, mientras sonreía a Gayla y a Azar.
-Ya terminé de decorar todo- dijo Gayla.
Sus ojos están raros.
-¡Qué bien! Lamento no haber ayudado… Arella se puso como loca con los horarios y las tareas individuales, ya sabes…
Los ojos de Azar también están diferentes…
Gayla estaba a su derecha, y Azar a su izquierda. Ella, en el medio de las dos, recibía todo el impacto de las auras. La mojaban con sus sentimientos. Pero esa noche ella se sentía bien. Quizá era el chocolate el que causaba sus emociones alegres pero…
Brillan… los ojos de ambas brillan… pero no es porque quieran llorar. No es eso, es más como si…
Azar y Gayla se miraron intensamente, por solo un segundo, pero para Raven fueron años, mientras descifraba sus emociones y veía lo diferentes que estaban los ojos de ambas. Cuando Arella entró en la habitación y las mujeres rompieron el contacto visual, Raven seguía pensando en ese brillo.
Quizá la felicidad tiene efectos adversos.
Quizá…
Quizá así es como expresan… lo que guardan dentro.
Abrió la boca, mientras tragaba mucho aire, y formó una "O" con los labios. Luego sopló… sopló hasta que no pudo más y el aire se le terminó. Sus manitas pequeñas y rechonchas estaban sobre la mesa, sujetándose. Estaba arrodillada sobre un taburete alto, inclinada sobre la mesada y esperaba no caerse.
Las velas se apagaron.
El humo salió, formando dibujos etéreos en el aire… mientras todos se quedaban mudos.
-¿Así está bien?- Preguntó la niña de apenas un año y medio, de vestido rojo que resaltaba el color violeta de sus cabellos sueltos, de voz dulce, tranquila y tímida, que continuaba bajo los efectos de la felicidad que Azar y Gayla le habían dado sin querer.
Eso dijo, antes de que Arella abriera la boca grande, pero no para soplas velas sino para quedarse muda del asombro.
Después, todos batieron palmas.
Arella sonrió mientras el recuerdo comenzaba a desvanecerse. Miraba el cielo estrellado, el azul oscuro, las luces de las casas lejanas a la plaza. Tenía algo de frío, por la ventana abierta. Se sujetó los bordes del vestido blanco, no le hacía bien estar allí con algo que era para el verano. Iba descalza y la falda llegaba a sus muslos solamente.
Pero tenía que esperar.
La mitad de Azarath debía estar en la cama. La noche estaba muy avanzada. Luego de que todos los invitados se fueran y de que la fiesta terminara oficialmente, Azar se había llevado a Raven y le había dicho a Arella que esperase en la habitación de la sacerdotisa por un rato. Tenían algo que mostrarle.
Habían invitado a los Rumpstein… los ministros habían ido también, y personas que Azar conocía, con las que se trataba diariamente en Azarath, al igual que Gayla, los hermanos Monetti y las hijas de Azar con sus respectivas familias.
Sintió unos pasos en la escalera. El bastón de Azar entró antes que su dueña, asomandose por la puerta. Raven seguía con el vestido rojo. Tenía una voluminosa falda, casi de bailarina de ballet, que Ángela adoraba. Los zapatitos blancos habían desaparecido a mitad del cumpleaños.
-Muy bien. Vamos – la llamó Azar, con una sonrisa.
-¿Vamos? ¿A dónde? – Arella sentía que las azarathianas se traían algo entre manos.
-Si no vienes, no vas a saberlo.
La sonrisa de Raven era suave, mientras que la de la sacerdotisa se hacía cada vez más picara.
Arella fue con ellas, sin que le importara que pudieran gastarle alguna broma.
Bajaron las escaleras, y en vez de doblar hacia el pasillo que llegaba a las puertas principales, Azar continuó hasta una puerta que había justo enfrente del fin de los escalones. Arella creía que iba a un depósito en el sótano.
Así era, pero antes había un minúsculo pasillo. Dos puertas… eligieron la de la derecha. Más escaleras.
Llegaron a un rellano amplio, más bien a una habitación, una sala grande, con un gran ventanal del lado izquierdo, con vista a los patios traseros del Templo. La misma vista que había desde la habitación de Azar, ambos cuartos estaban separados por solo una pared.
Era inmensa, la verdad. Arella caminó un poco por el lugar, para darse cuenta de que había mucho más espacio del que ella creía. Era una sala de baile. Como para una fiesta. Una gran, gran fiesta.
Las paredes eran de madera chocolate, y una gran araña colgaba del techo, siendo acompañada por otras de menor tamaño y belleza.
Arella se imaginó que Raven, Azar y ella misma eran hormigas en comparación al tamaño de esa sala.
Sus pasos se oían por la madera del suelo. Caminó, hasta un recoveco que no se veía al entrar, justo al lado de una ventana. Vió el balcón de la habitación de Azar, las estrellas…
-¡Aea!- la llamó su hija. Ella se dio media vuelta para verlas, con una sonrisa.
-Date la vuelta – dijo Azar con impaciencia, moviendo su dedo índice en círculos.
Detrás de la mujer de cabellos violetas, un gran piano de cola negro, lustroso, brillante, lujoso. Hermoso.
Arella caminó hacia él. Lentamente, sonreía.
Se sentó en la banca doble con lentitud.
-Puedes tocarlo, ¿sabes? No se va a romper.
-¿Por qué? ¿Por qué me dejas que yo…?
-Para eso están los amigos. Para hacer felices a sus amigos.
-Eso es demasiado caro, ni sueñes que gastaremos dinero en un armatoste como ese…
-Roth, tú sabes tocar, pasa al frente y muéstrales a tus compañeros como se hace.
-Niña, si no vas a comprar el piano, vete. Esto es una tienda, no un instituto para que practiques.
-Pssst, Ángela, si vas a tocar, toca hoy, porque esta niña tuya ya está que se duerme de pie.
Arella volvió a la realidad con un suspiro de alivio. Ni siquiera se atrevía a hacer la pregunta. Azar le leyó la mente.
-Sí, es tuyo. Te lo regalo. Porque, ¿sabes? Hoy es tu cumpleaños, no el de Raven, por eso recordaste que se nos había olvidado el de ella. Ya pasó la medianoche, así que técnicamente fue ayer, pero… ya sabes. Es mi regalo. Y la sala también es para ti solita.
Raven y Azar se habían sentado en un sillón, con vista al ventanal, en el recoveco detrás del piano. Arella giró la cabeza hacia la izquierda, y tocó con la mano el frío vidrio de la ventana. Las luces de las arañas se apagaron. Las estrellas iluminaron las teclas.
Sus dedos se acercaron, con seguridad, a las teclas, buscando que nota tocar.
Y tocó.
-Gracias –dijo.
Azar vió como la paz se instalaba en el rostro de Ángela, como sus labios mantenían la sonrisa durante toda la pieza, su mirada de concentración y de placer. Sintió la respiración de la dormida Gayla, en su cuarto, sintió a sus hijas, cada una acostada plácida en su casa, sintió la tranquilidad de su protegida Raven, justo al lado.
Sus ojos vieron la oscuridad de la noche, las estrellas, y escuchó, casi sin darse cuenta, la pieza que tocaban los dedos de la mujer pelivioleta. Sintió su felicidad, y comenzó a sentirse feliz ella también.
-De nada – contestó.
Sus labios sonreían.
N/A: ¡Hi! ¿Cómo están? Yo tan bien como puede estar una en medio de una gripe ¬¬.
Tengo una pregunta y un pedido para todos ustedes
Primero: ¿Qué les gustaría que pusiera en mi profile? He visto varias veces que se dice que nadie los lee, pero yo siempre los leo, y me encantan. Así que, como mis lectores, me gustaría ver que les interesa saber de mí. Quiero respuestas, ¿ok?
Segundo: Hace AÑOS que subí una historia de Terra, "Inmortal", y la verdad que estoy muy orgullosa de ella. Me encantó como quedó, y todo eso… pero tiene solo dos Reviews. Así que… si tienen algo para comentar allí, se los agradecería mucho. Los mismo con otro fic, "Hey Artemis", que solo tiene un review (Además es del fandom de Yonug Justice). Pero "Inmortal" es mi mayor orgullo. Exagero…
Reviews:
Bjlauri: Ah... ¿dos entidades? Mi intención no era asustarte xD NADA MALO VA A PASARLE A RAE! Te lo aseguro! :) (Por ahora... no te puedo prometer nada para dentro de unos diez capitulos más xD))
Darkraven24601: Gracias! El bien y el mal, muy bien dicho, son temas que cuestionaré a menudo en el fic, porque en la vida de Raven es algo que aparece constantemente. Y me encanta tratarlo, así que puedes esperarlo pra algunos capis más adelante. Que halagadora! Gracias ;) me alegra que te gusten.
Speisla Cartoon Cartoon: Yeah! Adoro el misterio jajaja lo malo es todos entienden cada cosa... No digo que lo tuyo esté bien o mal, pero a veces no doy a entendr lo que yo quiero. pero ya mejoraré. XD! Yo lo mismo! Ahora shippeo al cien por ciento a la pareja. Me encanta lo que dices de Ángela! jajaja No te preocupes, para el 2030 yo voy a suplantar a Cristina y te voy a dar tu título aunque no sepas un pomo xDDD.
Chica Cuervo: Claro! Tu opinión es exactamente la que tengo yo del capitulo, Raven realmente se siente así. Gracias!
Laami: En realidad, a Gayla la saqué del cómic, aunque claro allí no tiene tanto protagonismo. A Evaristo sí lo inventé... Y bueno, si no te has dado cuenta por "Monetti", Antonia es Argenta, de los jovenes titanes. Toni Monetti es su verdadero nombre. Yeah, opino lo mismo de los integrantes de mi Batrella querido jeje.
J Todd Lives: ¡Me alegra que te haya gustado! ¡Por eso quiero tanto a Ángela! Su historia va a tener gran importancia aquí. No te disculpes :)
Bueno... 50 REVIEWS! MUCHAS GRACIAS! En serio :) Al ver ese número, el sol salió en mi día nublado :D (Qué cursi). pero bueno, gracias por el apoyo y los reviews.
¡Y no se olviden de la pregunta!
BB.
