Nunca mía
Disclaimer: Nada es mío, nada me pertenece. Los personajes son de JKRowling y de WB, y el fic en sí pertenece a Sarmoti. Solo soy una humilde traductora.
Este es uno de mis capítulos favoritos, espero que os guste!
Capítulo 11- Iris
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And I'd give up forever to touch you
Cause I know that you feel me somehow
You're the closets to heaven that I'll ever be
And I don't wanna go home right now
And all I cant taste in this moment
And all I can breath is your life
And sooner or later it's over
I just don't wanna miss you tonight
Iris - Goo Goo Dolls
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-Me has pegado una patada –gimió Ginny, rodando en el suelo.
-Tu cabeza estaba en mi pie. ¿Qué esperabas? –gruñó Ron.
-¿Es que no podéis callaros? –masculló Hermione desde su sofá.
-¿De quién fue la idea de que 'acampáramos' en el salón? –gruñó Harry, girándose sobre su espalda.
-Tuya, cariño –le recordó su mujer-. ¿Te acuerdas?
-Ah, sí –recordó. Después de su conversación con Ron, Harry se había decidido a mantener un ojo en su amigo. Por eso tuvo la idea de que los cuatro tuvieran una mini-fiesta y durmieran en el salón. Ron no sería capaz de irse si todos estaban a su alrededor.
-¿Qué hora es? –murmuró Hermione. A penas había dormido en toda la noche. Ginny y Harry se habían quedado dormidos en el suelo junto a la chimenea, juntos. Pero Ron se había despatarrado a sus anchas, donde sólo había habitación para uno.
-Las ocho de la mañana –respondió Harry, mirando su reloj.
-Mamá se levantará pronto a preparar el desayuno.
Hermione se levantó.
-Voy a darme una ducha.
-Yo voy a hacer café –dijo Ginny.
-Y yo voy a dormir otra vez –gruñó Harry, dándose la vuelta.
Ron miró la habitación mientras se incorporaba. Tenía que tomar la decisión hoy, Brenda o Hermione. Apartándose el pelo de la cara, se levantó y fue a la cocina. Fred y George estaban sentados en la mesa mientras Ginny les traía café caliente.
-Buenos días –murmuró Ron, sentándose frente a ellos.
-Buenos días –respondió George, mientras Fred sólo le saludaba con la cabeza, su usual sonrisa ausente.
-¿Fred?
-Ron –respondió secamente, antes de levantarse e irse de la habitación. Ron le miró irse.
-¿Qué le pasa?
George se encogió de hombros.
-No lo sé. No quiere decírmelo.
Ron sintió un nudo en el estómago. Fred no podía saberlo... ¿no?
-Creo que... voy a asearme.
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-¿Por qué estás durmiendo en el sofá? –le preguntó Tonks a Sirius, con sus manos en las caderas.
Sirius se incorporó lentamente, frotándose los ojos.
-No podía dormir en casa.
-Claro. Seguro que esa es la razón –respondió, con una sabihonda sonrisa en su rostro-. Me alegra que se lo contaras a Harry.
-¿Por qué? –preguntó-. ¿Qué diferencia hace?
-Que ahora tú sabes que tienes su apoyo si decides admitirle a Hermione lo que sientes –dijo Tonks, sentándose en el sofá junto a su primo.
-No voy a admitirle nada a Hermione, nunca. Dejadlo ya.
-Bien. Lo dejaré por ahora –sonrió-. Acuérdate de que no estaremos en casa esta noche. Hay luna llena así que Remus va a ir a Hogwarts y yo visitaré a una amiga del ministerio.
Sirius se levantó.
-Supongo que me iré a casa y me asearé. Tengo que limpiar algo la casa. Esa maldita lechuza de Ron hace un desastre de mi cocina siempre que viene.
-Yo voy a ver a Hermione antes de irme. Te llamaré cuando vuelva a casa mañana –dijo Tonks, besando su mejilla.
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-Adoro tu pelo de ese color –dijo Hermione, sentándose en una silla blanca en el jardín de la madriguera.
-Gracias –dijo Tonks, peinándose con sus dedos su pelo de color verde neón-. ¿Cómo están las cosas?
-Bien. Nos lo pasamos bien anoche. Harry decidió que tuviéramos una fiestecilla y luego nos quedamos todos a dormir en el salón –explicó.
-¿Puedo preguntarte algo y me prometerás que serás honesta conmigo? –preguntó Tonks, cogiendo la mano de Hermione.
-Claro. ¿El qué?
-¿Por qué no crees que vayas a encontrar el amor verdadero?
Hermione suspiró y miró al suelo. Tras unos instantes alzó la mirada a su amiga.
-Me enamoré una vez. Me enamoré de alguien que jamás me vio de esa manera, y que nunca lo hará. Me pasé meses soñando y deseando que algo sucediera, pero no pasó nada. No creo que jamás pudiera fijarme en nadie más porque siempre trataré de comparar a esa persona con la que amé. Y nadie puede comparársele.
Tonks frunció el ceño. No se había percatado de que Hermione hubiera amado a ese famoso jugador de quidditch con el que había estado saliendo.
-Pero si ya no le amas... ¿por qué no puedes intentar abrir tu corazón a alguien más?
Hermione se sonrojó.
-Ese es el problema –musitó-. Pensaba que ya no le amaba, pero... me he dado cuenta de que aún le quiero.
Tonks no dijo nada. ¿Estaba Hermione hablando de Krum? Por alguna razón, ya no lo creía. Suspiró.
-Escucha, tengo que irme. Ya llego tarde a la cita con mi amiga. Le dije que estaría allí a las cinco. ¿Quieres venir conmigo?
Hermione negó con la cabeza.
-No. Voy a hacer algo de comida y sorprender a Ron en la tienda. Creo que necesitamos algo de tiempo juntos esta noche.
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-Bromeas… ¿verdad? –masculló Brenda, girándose para mirar a Ron con rapidez, su melena rubia volando alrededor de su rostro. Estaban en la trastienda de los gemelos, y Ron agradeció mentalmente que hubiera invocado un hechizo silenciador.
-Yo no se lo dije. Ellos mismos lo adivinaron –se defendió.
-¿Y te sorprende que adivinaran dónde ibas? Ron... ¿de verdad creíste que alguno de ellos pensaba que estabas trabajando?
Ron meditó unos instantes.
-No sé lo que pensaba. No sé lo que estoy haciendo. Ya no sé nada.
Brenda suspiró, llegando hacia él y posando su mano sobre el brazo del chico.
-No voy a jugar más, Ron. Ellos tienen derecho a decir ella o yo. Depende de ti decidir quién de las dos será.
Ron deslizó su mano por la cara, con abatimiento.
-No sé lo que quiero.
Brenda sonrió mientras alzaba las manos para desabotonar su propia blusa lentamente.
-Déjame mostrarte lo que quieres –susurró, juguetona.
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-Eh, chicos. ¿Habéis visto a Ron? –preguntó Hermione, llegando a la tienda. Llevaba una cestita-. Le he traído la cena ya que trabaja hasta tarde.
A Fred se le oscureció la mirada. ¿Tenía que cubrir el engaño de su hermano o simplemente dejarla entrar y pillarles? Probablemente la destrozaría verles juntos, pero tenía que hacerlo ahora, y sería mejor que lo viera por sí misma.
-Está en la trastienda, Hermione –respondió Fred, sin un ápice de sonrisa.
-Gracias –dijo. Hermione se encogió de hombros y caminó hacia la parte trasera de la tienda. Pasar un tiempo con Ron la ayudaría a decidir qué hacer.
Fred salió del mostrador y la siguió. Tenía el presentimiento de que le necesitaría en unos instantes.
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Ron alzó a Brenda contra la pared, moviéndose más deprisa mientras se estiraba para besarla. Siempre que pensaba que podía abandonarla, aquello pasaba.
Brenda gemía y gruñía, y Ron no pudo oír la puerta abrirse hasta que era demasiado tarde.
-¿QUÉ DIABLOS...? –gritó su esposa, desde el marco de la puerta, una mirada de shock e ira en su rostro.
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Hermione sintió su sangre hervir en el cuerpo. Había sabido por mucho tiempo dónde estaba Ron, y con quién. Pero verles por sí misma era un nuevo nivel de sorpresa y dolor.
Dejando caer la cesta, Hermione se dio la vuelta y se chocó con Fred. Él rápidamente la rodeó con sus brazos. Fred la ayudó a salir de allí, y la llevó frente a la tienda, sin dejar de abrazarla.
-¿Estás bien?
Hermione le miró, y él se sorprendió de ver que sus ojos estaban secos.
-Tengo que irme –murmuró ella, antes de desaparecer de entre sus brazos.
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-¡TONKS! –gritó Hermione, apareciéndose en la cocina de su amiga-. ¡TONKS!
-No está aquí –dijo Sirius cuidadosamente, llegando a la cocina-. Se queda esta noche con una amiga¿recuerdas?
-Lo siento, lo olvidé –dijo. Sirius se dio cuenta de que estaba agitada y pálida-. ¿Te quedas tú aquí mientras no están?
-No. Simplemente decidí venir aquí y coger algunos libros... –mintió Sirius. No quería admitir que había estado acurrucado en el sofá. Parecía ser el único sitio donde quería estar.
-Oh. Lo siento. No pretendía molestarte. Quería ver a Tonks... –dijo, sintiendo su control empezar a desaparecer conforme sus ojos comenzaban a arderle.
-¿Estás bien? –preguntó él, percatándose.
Hermione le miró. Estaba apoyado en la puerta de la cocina, con unos pantalones negros y una camisa blanca. Su pelo ligeramente desordenado y cayendo por su frente. Sus ojos mostraban su preocupación por ella. Hermione tomó aire.
-No... –susurró, dejándose caer en su abrazo conforme él la alcanzaba rápidamente.
Sirius la abrazó mientras ella empezaba a llorar. No le preguntó qué le ocurría; simplemente la abrazó, acariciando su pelo.
Después de lo que parecieron horas, Hermione se separó de él, mirándole con los ojos enrojecidos.
-Dije que no volvería a llorar...
-¿Qué ha pasado? –preguntó, con sus manos aún en los brazos de la chica.
-No quiero hablar de ello aún –murmuró, no queriendo admitir lo estúpida que era-. Por favor... ¿puedes quedarte conmigo? No quiero estar sola.
-Claro. Ahora iba a irme a casa. ¿Quieres venir conmigo?
Ella asintió con la cabeza y le rodeó con sus brazos mientras se aparecían en la cocina del animago.
Hermione se apartó de él, sentándose en la silla más cercana. Sirius miró a su alrededor en su pequeña casa, agradeciendo que la hubiera limpiado.
-¿Tienes hambre... sed? –le preguntó.
Ella le observó, con mirada ausente.
-No mucho –murmuró.
-El sol se está poniendo. ¿Quieres que vayamos afuera?
-Vale –dijo Hermione, levantándose y yendo a la puerta trasera. Sirius rápidamente la siguió tras ella.
-Es precioso –susurró ella mirando la puesta de sol.
Sirius se colocó a su lado.
-¿Quieres hablar de lo ocurrido?
Hermione le miró.
-Decidí llevarle la cena a Ron al trabajo. Pensé que podríamos pasar un tiempo solos y decidir qué íbamos a hacer y... me lo encontré follándose a su amante contra la pared.
Sirius se vio dividido entre aparecer delante de Ron y matarle o ir a ella y abrazarla. Decidiendo que ella le necesitaba más en esos momentos, abrió sus brazos a ella, atrayéndola contra su pecho.
-Dios, Hermione... –susurró.
-No puedo creerlo. Lo sabía todo hace tiempo. No soy estúpida. Pero supongo que verlo delante de mi cara me recuerda qué clase de matrimonio tenemos. La estaba besando en lugares en los que yo nunca he sido besada y ella estaba gimiendo y los dos parecían tan felices... maldita sea –masculló entre sollozos-. Me ha hecho darme cuenta del fracaso que soy. Ni siquiera puedo cumplir como esposa.
-No te culpes ni por un momento, Hermione. Tú no eres un fracaso –le dijo Sirius, abrazándola más fuerte. Su corazón palpitaba con fuerza y no deseaba nada más que admitirle todo. Confesarle cómo se sentía. Arrodillarse y pedirle que le diera una oportunidad.
Hermione movió su cabeza para mirarle. El sol poniente estaba reflejado en los ojos de Sirius, más oscuros que lo habitual.
-Yo soy...
-Perfecta –terminó él, inclinándose y presionando sus labios con los de ella.
Fin del capitulo 11
Bueno, bueno... ahí tenéis el anhelado roce jaja. Y el siguiente capítulo, pues bastante más roce jajajaja. Sí, los que habéis leído el fic en inglés ya sabéis a lo que me refiero. Me gusta mucho el siguiente capítulo, y ya lo tengo a medio traducir. Así que si os portáis bien –si me dejáis muchos reviews XD-, puedo colgarlo este mismo fin de semana. ¿Este sábado, este domingo...? Depende de vosotros. Sí, sí, ya salió mi vena chantajista. Cuanto antes alcance el número de reviews que espero para este capítulo, antes llegará la continuación!
Un besito del sabor que queráis! (De Sirius no, que su boca está actualmente ocupada por la de Hermione jujuju)
Dream-kat
Miembro Weaver
