Por los pasillos del hospital central de la ciudad, caminaba un joven con prisa hasta llegar a una habitación común de pacientes. Al entrar pudo deslumbrar la persona que fue a ver.
Le dolía verlo en ese estado y lo peor de todo era no poder hace nada para ayudarlo. Llevaba años en esa situación y el culpable aún no había pagado por el hecho. Tomó la mano de su pariente y la sintió tan fría, su rostro pálido y su cuerpo en la misma posición de siempre.
Tanto tiempo y aún no había esperanza de que se recupere.
―Hola hermano ―sabía que no lo podía escuchar, aunque talvez sí, no lo sabía y realmente era lo mejor. ¿Cómo puede estar alguien consiente en ese estado de coma? Debía ser horrible escuchar todo a tu alrededor y no poder hacer nada para que tu cuerpo despierte.
―No sé si me escuchas, pero si así es sabes que estoy aquí para ti y que no pienso abandonarte nunca más.
―Estuve fuera por un tiempo, pero ya regresé. Volví para que la persona que te dejó en ese estado pague por lo que te hizo.
.
.
.
La verdad es que no estaba de humor, la situación se le estaba yendo de las manos y no sabía cómo manejar los problemas que sabía se le estaban avecinando. Sería tan fácil conseguir algo que lo tranquilizará.
―¿Qué quieres? ―su celular sonó. Contestó de la mala gana.
―¿Que pasa dobe? ―contestó la voz al otro lado del teléfono.
―Teme. Discúlpame pensé que era otra persona ―tan distraído estaba que no se dio cuenta quien llamaba.
―¿Todo bien?
―No tan bien. Pero eso te lo cuento después. ¿Dime como van las cosas con los accionistas?
―Mejor que bien. En unos días estaré de vuelta. ¿Cómo van las cosas con tu mujer? ―Sasuke era la única persona que conocía de sus sentimientos por Hinata, antes que mismo Gaara.
―Todo iba perfecto hasta que apareció nuestro amigo.
―Te refieres a Gaara. ¿No estaba preso ese tipo?
―Yo pensaba lo mismo, pero apareció y me está chantajeando con lo que pasó con su hermano.
―Dobe, ten mucho cuidado.
―Si. Hablaremos cuando vuelvas.
―No cometas una tontería y mantén la cabeza bien fría ―Sasuke conocía muy bien a su amigo y sabia porque se lo decía.
Colgó la llamada y se dispuso a recoger sus cosas y volver a casa. Al menos Hinata estaría allá esperándolo y de solo pensar eso se emocionaba y le quitaba el mar humor. Esta noche volvería a estar con ella haciendo el amor hasta mas no poder.
.
.
.
Lo que menos esperaba al entrar a su casa era encontrar al pelirrojo sentado en el salón conversando con su esposa muy animados ambos.
―¡Naruto! ―exclamó cuando lo vio entrar―. Te presento a Gaara. Lo conocí hace unos días y además me dijo que era nuestro vecino así que lo invité a pasar.
―Naruto y yo ya nos conocemos ―dijo con una sonrisa en los labios.
Hinata los miró a ambos. La expresión de Naruto era una mezcla de miedo y enojo. Parecía enojado por la presencia de Gaara.
―¿Verdad, Naruto? ―Insistió.
―Sí, nos conocemos ―respondió al fin.
―La verdad es que somos más que conocidos. Somos amigos de años.
―No me lo hubiera imaginado ―mencionó Hinata sorprendida.
―Compartimos muchas cosas en común ―para Gaara todo era una actuación.
―Les traeré algo de tomar ―dicho esto desapareció de la vista de ambos.
.
―¿Que demonio buscas aquí? ―estaba furioso.
―Cálmate. Cómo dijo tu esposa ahora soy su nuevo vecino ―tomó asiento como si fueran a tener una conversación civilizada.
―Sé muy bien que tu presencia aquí no es casualidad.
―La verdad es que no lo es ―respondió con cinismo.
―Te dije que te daría el dinero que pidieras para desaparecer de mi vida ―seguía parado frente a su adversario.
―No comas ansias. No estoy aquí para contarle la verdad a tu esposa.
―¿Entonces, qué quieres?
Estaba perdiendo la paciencia y con Hinata cerca no quería seguir esa conversación con Gaara.
―Vamos a otro sitio hablar ―hizo señas de que lo acompañara.
―Tienes miedo de que tu esposa sepa la verdad de lo que eres realmente.
―Ya basta ―siseó en voz baja.
―Tienes miedo de que tu esposa sepa que eres un drogadicto y no sólo eso ―hizo una pausa―, un asesino.
Lo siguiente que escuchó lo dejó en shock. Ambos giraron al mismo tiempo cuando escucharon unos vasos de vidrio romperse.
.
Hinata no podía creer lo que escuchaba. Lo que menos pudo imaginar era que al entrar al salón escuchara semejante conversación entre dos supuestos amigos y más que de quien se hablara fuera de su marido….
.
Lo que se le avecina a Naruto no es nada fácil…y lo que falta al pobre.
