Sí, estamos vivas. Sí, no nos hemos olvidado del fic. Pero entre mis clases, las suyas, su trabajo... Veréis, tenemos el capítulo entero escrito pero desgraciadamente Xochilt apenas tiene tiempo (nunca entenderé de dónde lo saca) por lo que falta la traducción de la segunda parte. La siguiente parte estará en menos tiempo de lo habitual, unas dos semanas. Creednos cuando os decimos que estamos emocionadas con este capítulo. ¡Por fin los recuerdos de Brennan! Esperamos que os guste.

Disclaimer: Bones pertenece a Fox.

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Capítulo 11

Angela dejó escapar un grito ahogado, colocando rápidamente una mano sobre su abultado vientre.

-Cielo, mira -dijo Angela con entusiasmo, contándole a su amiga que el bebé acababa de darle una patada. En respuesta Angela sintió la mano de su amiga agarrarla de los hombros y echarla hacia atrás. El chillido de los neumáticos fue inmediatamente seguido de un bocinazo y un desagradable "¡Cuidado, señora!". Angela parpadeó, dándose cuenta de que había estado demasiado excitada con lo del bebé para fijarse en la carretera -. Gracias, cielo, me has salvado la vida -Angela respiró hondo, tratando de borrar los horribles escenarios que aparecían en su mente. Si no hubiera sido por los rápidos reflejos de Brennan... No quería ni pensar en ello.

Una vez dentro del Diner y con su pedido en la mesa, Angela se regañó a sí misma en silencio por su falta de atención. Invitó a Brennan a que comieran juntas, mejor dicho prácticamente la sacó a comer, porque sabía que le pasaba algo a su amiga. La antropóloga había estado verdaderamente callada, más de lo normal, durante la última semana. Al principio Angela pensó que el aislamiento de su amiga tenía algo que ver con todo lo que les había exigido el último caso a todos ellos, pero ahora Angela tenía la sensación de que se trataba de algo completamente diferente.

La comida transcurrió sin acontecimientos, ninguna de las dos tocó apenas su comida y Angela sintió el fracaso de no ser capaz de romper el caparazón en el que Brennan se estaba escondiendo.

B&B

Cuando una solitaria lágrima rodó por la mejilla de Brennan Booth se encontró siguiendo su recorrido con la mirada.

-Hey, Huesos, sé que no estás lo bastante borracha para estar llorando –trató de bromear. Acababan de ir al Founding Fathers y estaban sólo con su primera cerveza.

Brennan tomó un largo trago de la botella. Suspiró mientras jugueteaba con la etiqueta. La preocupación de Booth aumentó. Ella parecía fuera de la realidad, muy lejos en sus pensamientos.

-¿Huesos? –Le dio una suave palmada en el brazo. Sus ojos azules, llenos de lágrimas no derramadas se hundieron en los de él-. Hey, ¿qué ocurre?

Los dedos de Brennan se curvaron alrededor de la botella. Su mano viajó hacia su brazo izquierdo, cubierto con la chaqueta, apretándolo hasta que llegó a su hombro. La manera en que se aferraba a su chaqueta hacía parecer que estaba tratando de agarrarse a algo, de agarrarse a él.

-Estos años… han ocurrido un montón de cosas… -Dejó escapar un fuerte resoplido, tratando de decirle lo mucho que su compañerismo significaba para ella.

-Huesos, ¿por qué eso suena como si estuvieras despidiéndote? –Sus palabras lo estaban asustando. ¿Se iba a ir? ¿A dónde?

Brennan lo miró, decidiendo que arrepentirse no merecía la pena y dejando que el instinto tomara el mando.

Sus labios sobre los de él fueron una sorpresa, una inesperada pero bienvenida sorpresa. Ella guió el beso, caliente y desesperado, mostrando el amor y todo lo que había entre ellos. La lengua de Booth siguió el movimiento de su lengua. Él no quería que el beso terminara, estaba tan lleno de sentimientos por parte de ambos.

Cuando se apartaron, con la respiración entrecortada, ella estaba prácticamente sentada en su regazo. Le costó unos segundos volver a enfocar la mirada y cuando lo hizo se apartó.

-Huesos… -Brennan se había levantado y caminaba entre la multitud hacia la puerta antes de que su nombre saliera de los labios de él.

El instinto de Booth le decía que no podía dejarla marcharse. No después de aquel increíblemente maravilloso beso. Dejó un par de billetes al lado de su bebida y salió tras ella.

Para cuando logró salir de la multitud y alcanzó la acera, Brennan no estaba por ninguna parte. Se imaginó que no podía estar muy lejos incluso si había tomado un taxi. Pescó las llaves de su bolsillo y corrió hacia la furgoneta aparcada al final de la manzana.

El trayecto hasta casa de ella se le hizo eterno y pesado desde el momento en que parecía que todos y cada uno de los semáforos que se encontraba conspiraban contra él poniéndose en rojo.

Golpeó su puerta, sintiendo un chute de adrenalina dentro de él. Sentía que aquel era el momento. El momento en el que ambos arderían o partirían en distintas direcciones.

-¡Huesos! –gruñó cuando no recibió respuesta a su llamada en la puerta. Dudaba que estuviera en casa pero simplemente no podía renunciar a intentarlo.

-Señor –Booth vio al portero del edificio a su lado. Al parecer los vecinos se habían quejado del ruido.

Se dirigió al Jeffersonian, con la sirena encendida.

Su oficina estaba cerrada y sumida en la oscuridad por lo que no rompió el paso y se dirigió directamente al almacén de huesos. No estaba allí y su preocupación comenzó a convertirse en miedo.

Toda la situación era estrafalaria. Booth había notado un cambio en ella durante la última semana y no podía concretar el qué. Su cambio se había manifestado a la vez que el comienzo del caso que acababan de cerrar; pero conociéndola tenía la sensación de que su lucha interna, la que sea que fuera, no era profesional.

Y si esa conclusión no era suficiente para él para localizar con exactitud su origen, el beso que ella había iniciando en Founding Fathers gritaba alto y claro que definitivamente era PERSONAL.

Aproximadamente media hora después la encontró sentada en el último escalón del Lincoln Memorial.

-Aquí estás –susurró Booth para sí mismo, recorriendo a grandes zancadas la distancia que los separaba-. No puedes simplemente besarme y después esperar que te deje marchar –su voz interrumpió sus pensamientos. Por supuesto que ella sabía que él la encontraría-. Huesos, háblame.

Cuando Brennan finalmente lo miró Booth reconoció el miedo en su mirada. Las únicas veces que le había visto esa mirada había sido cuando él mismo había estado cerca de morir.

-Hey, ¿qué pasa? –preguntó-. Puedes confiar en mí –Su ruego la hizo abrirse.

El hecho de que ella le diera la versión del médico sólo sirvió para mostrarle lo angustiada que estaba. Le habló de una versión rutinaria y cómo el resultado de las pruebas había resultado "inconcluyente". En una ocasión anterior él podría haberle pedido que se lo simplificara, pero sabía a lo que se estaba refiriendo.

-No –dijo con firmeza, tratando de tranquilizarlos a ambos-. No puedes estar enferma – Negó con la cabeza categóricamente, negándose a creer que estuviera gravemente enferma-. Eres la persona más sana que conozco –Era verdad-. Comes todas las cosas verdes y haces ejercicio… -Su voz fue apagándose, entrelazó su brazo con el de ella y se dejó caer junto a ella en el escalón -¿Por qué no les has pedido que vuelvan a hacerte las pruebas? Verás… -Brennan lo interrumpió.

-Porque tengo miedo –confesó y colocó la cabeza en su hombro, llorando suavemente. Booth colocó automáticamente un brazo a su alrededor, apretándola contra su costado. Su mente iba a toda velocidad con preguntas sin responder y la posibilidad de perderla.

Se sentaron en silencio hasta que la fresca brisa nocturna se convirtió insoportable.

-Vamos –Booth se levantó, alzándola junto a él -. Te llevaré a tu casa.

-No –Brennan se secó los ojos, negando con la cabeza. Booth asintió, tomando su mano y guiándola.

B&B

Mientras Brennan se duchaba después de que Booth le hubiera asegurado que era lo que necesitaba para calmarse y dormir, éste se levantó para cambiar las sábanas. Estaba hasta arriba de colada así que dejó caer las sábanas sucias al lado de la casi rebosante cesta. La puerta que conectaba el baño con el dormitorio se abrió y Brennan se unió a él.

-Hey –le dedicó una sonrisa avergonzada, bloqueando la montaña de ropa sucia de su vista. Ella asintió en su dirección y se dejó caer en la cama. Booth sintió formarse un nudo en la garganta cuando la escuchó suspirar-. Aah, Huesos –susurró, sentándose a su lado en la cama-. Lo resolveremos –le prometió. Era el turno de él de ser su roca-. Todo irá bien –la tranquilizó.

-¿Sí? –preguntó Brennan mientras lo abrazaba. La fuerza del momento extrajo parte de su optimismo. Se tumbó en la cama, sujetándola. No había mucho que pudieran decir, por lo que se agarraron el uno al otro en silencio.

Había sido un idiota. No era que acabara de darse cuenta de que ella era la mujer que iba a amarlo durante los próximos treinta o cuarenta o cincuenta años. No, sus acciones de los últimos meses y a lo largo de los años hablaban por sí solas. Quizá su mayor error había sido pensar que tenían tiempo. Tiempo… él entre todas las personas debería saber lo rápido que pasaba.

Mientras la cabeza de ella descansaba en su pecho y escuchaba los latidos de su corazón se quedó dormida. Probablemente por primera en días, pensó Booth. Con cuidado se levantó de la cama, la colocó en una posición más cómoda y la envolvió con una manta. Volvió a unirse a ella, pasando un brazo por encima de su cadera para mantenerla cerca. Posó un beso suave en su melena, prometiéndose silenciosamente que no la dejaría marchar.

A la mañana siguiente Brennan se levantó al sentir una suave palmada en el hombro. Booth le estaba haciendo el gesto para que se levantara.

El agente condujo en silencio y ella no quiso preguntarle a dónde se dirigían.

La clínica estaba desierta cuando llegaron. Se dirigieron directamente al mostrador a dar su nombre.

-¿A qué hora tienen cita? –preguntó distraídamente una excesivamente maquillada recepcionista.

-No tenemos cita –respondió Booth.

-De acuerdo. ¿Nombre, por favor?

-Temperance Brennan –contestó la antropóloga. La mujer alzó la cabeza tan rápido que casi se cayó de la silla. Booth no pasó por alto la estupefacción de la mujer. Se dio cuenta de que la sorpresa en la cara de la mujer no era porque Brennan estuviera llevando una sudadera que le quedaba enorme y pantalones de chándal.

-El doctor Garber está con un paciente ahora mismo –La recepcionista les dijo rápidamente que se sentaran, corriendo a notificarle la presencia de Brennan al doctor.

Pasaron sus buenos quince minutos esperando a que un hombre bajito de pelo canoso los hiciera pasar a su oficina.

El doctor había intentado contactar con Brennan varias veces desde que ésta se había ido de su oficina hacía una semana. El hombre sentado a su lado debía de ser la razón por la que había dejado de huir y había venido a verlo. Aprovechándose de su repentina buena voluntad, se puso manos a la obra.

B&B

-Vamos, Huesos. Tienes que comer –A pesar de su insistencia en que no tenía hambre Booth le sirvió un bol de sopa de tomate y un sándwich de queso a la parrilla. Recurrió a hacer algo rápido de comer con la esperanza de convencerla.

-No soy una niña, Booth –lo fulminó con la mirada para dejar claro su punto de vista. Él balanceó una cuchara frente a ella, dándole un codazo de broma en el brazo.

-Vamos. Sabes que quieres –El agente encendió todos los voltios de su sonrisa. Brennan negó con la cabeza, claramente divertida, y cogió la cuchara que le ofrecía.

Cuando terminó de comer Booth le sugirió que dieran un paseo.

-¿Qué pasa con tu colada? –Brennan se preguntaba durante cuánto tiempo iba a aplazarla.

Booth hizo una mueca.

-Es un montón de ropa.

-Te ayudaré –Booth aceptó, en parte porque necesitaba la ayuda y en parte porque sabía que la ayudaría a distraerse.

Ella le tomó el pelo una y otra vez y discutieron las casi dos horas que pasaron en la lavandería. Booth estaba embelesado con su risa y ese pequeño resoplido que se le escapaba cuando se reía realmente fuerte.

Cuando finalmente hubieron recogido la ropa limpia ambos estaban exhaustos. Booth ni siquiera le preguntó si pensaba pasar la noche. Simplemente le pasó ropa para que se cambiara y se acurrucó con ella bajo las mantas.

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