Una Fantasía Tentadora
Capítulo 10
Kanamese puso las gafas de sol y contempló el Atlántico. En Miami hacía calor, pero tan cerca del agua corría una brisa muy agradable. Se habían pasado la mayor parte de la tarde anterior y todo aquel día buscando candidatos para «Amante», pero a diferencia de lo ocurrido en Nueva Orleans y en Cleveland, aún no habían encontrado a nadie. Al final la suerte se puso de su lado cuando justo después de comer, encontraron a Herve Quintero, un joven que se ocupaba de chavales con problemas.
—No se me ocurre un sitio mejor que éste en el que finalizar la campaña de Amante —admitió Zero, contemplando el mar con un suspiro—. Es el paraíso. Parece una postal.
Kaname tomó su mano y al entrelazar sus dedos se preguntó cuándo hablarían de lo evidente: aquella tarde habían finalizado el encargo de Perfumes Desire. Quedaban unas cuantas fotos y unos cuantos detalles pendientes, pero ya tenían a sus seis candidatos.
¿Significaría eso que tenían que dar por concluida ya su aventura, o podían esperar un poco más?
El teléfono móvil sonó y descolgó. Sin tan siquiera mirar el número, supo sin duda que se trataba de Jeff Markland, el hombre que había sido su jefe en Markland y Jacobs. Jeff lo había llamado tres veces durante la última semana para obtener siempre la misma respuesta de él: rechazo.
Kaname miró a zero, que parecía absorto en el escenario, pero lo conocía bien no pro anda era uno de los mejores cazadorez de la asociación y sabía que aun oyendo sólo una parte de la conversación, adivinaría rápidamente de quién se trataba. En un primer momento pensó en entrar en el hotel, pero luego decidió no hacerlo. Tenía que ser sincero con Zero.
Jeff no perdió el tiempo y rápidamente se lanzó a enumerarle las razones por las que creía que debía volver.
Luego, cuando hubo terminado, Kaname le contestó:
—Jeff, te lo agradezco mucho, pero creo que no…
—Espera un segundo, Kaname . No he terminado. Nos gustó mucho tu campaña para Neat and Tidy y la de Amante es genial.
—Esa idea no es mía, sino de mi socio, Kiryuu zero.
Al oír su nombre, zero se volvió y lo miró con curiosidad. Al volver de la entrevista con Herve, se había cambiado de ropa para ponerse un pantalon color crem de lino que le sentaba de maravilla, aunque lo que él deseaba de verdad era quitárselo y pasarse el resto de la tarde y la noche en la cama.
Pero eso no sería justo, habiendo tantas preguntas sin respuesta entre ellos. Lo miró a los ojos, pero siguió hablando con Jeff.
—Stand y yo nos equivocamos al dejarte marchar —dijo Jeff—. Tienes visión y sabes tratar a la gente.
—Te agradezco los cumplidos, pero estoy satisfecho con mi situación actual.
Jeff se rió.
—Vamos, Kaname, que nos conocemos y sé que tú no eres feliz a menos que seas el mejor y tengo la oferta perfecta para ti.
—Sinceramente, Jeff, no puedo…
—Queremos que seas nuestro socio. Estamos dispuestos a darte acciones en la empresa, a fijar objetivos y a dejarte manos libres.
Kaname se quedó atónito. Con el dinero que podía ganar, sus preocupaciones económicas desaparecerían. Además, Jeff le estaba ofreciendo libertad creativa en la agencia. Tendría la posibilidad de hacer lo que quisiera con la libertad de contar con una sólida base de clientes. Era exactamente lo que quería, lo que siempre había querido y a Ichiru no le debía nada.
Pero sí a zero
Casi como si supiera que estaba pensando en él, lo vio volverse y mirarlo. Sí, con el sí que tenía un compromiso. Estaba en deuda por haberse quedado en D&S.
En el ámbito personal, lo que debía hacer era desaparecer de su vida para no enrevesársela más aún. Había sido muy egoísta permitiendo que las cosas llegaran a dónde habían llegado.
—¿Qué me dices? —preguntó Jeff—. ¿Estás a bordo? Querríamos que te vinieras lo antes posible, pero somos conscientes de que tendrás cabos sueltos.
Zero estaba junto a la ventana y se acercó a la mesa.
—Jeff, me interesa mucho tu proposición, pero necesito un par de días para pensarlo. Te llamaré a principios de la semana que viene.
Jeff suspiró.
—No es la respuesta que quería, pero me resignaré. A ver si puedes decidirte pronto. Markland y Jacobs quiere tenerte de vuelta enseguida.
—Te llamaré —le prometió y colgó.
—¿Problemas? —preguntó el cazador sentándose a su lado.
—Supongo que ya sabrás quién era.
Zero movió el té frío que tenía en el vaso.
—Jeff Markland, ¿no? El hombre para el que trabajabas antes.
—Quiere que vuelva —admitió, e hizo ademán de tomar su mano, pero el las alejo en un rápido movimiento.
—Creía que querías ser tu propio jefe —dijo
Kaname sintió como si alguien le estuviese estrujando el corazón.
—Y eso es lo que quiero, pero es que Jeff y Stan me han ofrecido una participación en la empresa.
zero apretó los labios frunció el entrecejo
—Ya. Parece una oportunidad perfecta.
— zero, aún no he dicho que sí.
No estaba seguro de por qué le decía algo así, pero es que parecía tan resignado, tan dispuesto a admitir que lo abandonase.
Entonces se dio cuenta. Es que de verdad estaba resignado. Después de cómo se habían portado Ichiru y su padre, seguramente pensaría que era sólo cuestión de tiempo que él hiciera lo mismo. Y allí estaba él, a punto de demostrar que tenía razón.
—Vas a decir que sí —adivinó .
—Seguramente —admitió—, pero tú quieres irte de D&S y me parece que Ichiru no va a volver. Con el dinero de la cuenta de Amante, podrás recuperar la inversión inicial. Incluso Ichiru podrá recuperarla. Markland y Jacobs me han ofrecido lo suficiente como para que no me importe el dinero que he invertido en D&S, así que todos contentos.
Pero no él, aunque sabía que lo estaba intentando.
—Comprendo lo que dices y también comprendo por qué quieres volver a Markland y Jacobs. Puedes hacer lo que quieras y ganar un gran sueldo. Sé que es importante para ti, sobre todo teniendo que ayudar a tu madre y tu hermana.
Kaname suspiró. ¡Diablos! ¿Por qué tenía que ser tan difícil? No quería herir a zero, porque le importaba; seguramente incluso demasiado. Pero las cosas iban demasiado despacio en la empresa como para esperar que sus dificultades financieras se solventaran en breve, lo cual significaba que tendría que pedir un préstamo o buscar un inversor, lo cual acarrearía reglas y restricciones. La gente no invertía el dinero en una empresa sin querer después tener voz y voto en las decisiones que se tomaran en ella.
Se inclinó hacia delante. Quería que zero comprendiera lo mucho que le dolía aquella decisión.
—He hablado con varios bancos y grupos de inversión, zero y todos quieren tomar parte en la dirección de D&S. No será como tener un negocio propio, sino como trabajar para otros. Sinceramente, tendré más autonomía trabajando para Markland y Jacobs.
Zero asintió despacio, pero Kaname no tenía ni idea de lo que estaba pensando. ¿Lo odiaría? Seguramente.
—Yo no voy a dejarte, zero. No soy como tu padre o como tu hermano. Tú eres quien quiere marcharse de la empresa. ¿Qué puede importarte que yo también me marche?
Zero sonrió con tristeza.
—Lo gracioso del caso es que he cambiado de opinión y quiero quedarme.
—¿Estás decidido?
—Creo que sí. Sé que el comienzo va a ser un poco accidentado, pero creo que voy a intentarlo —pasó el pulgar por el vaso y la condensación se hizo gota. Cuando lo miró, tenía los ojos velados—. Me ha gustado mucho trabajar contigo. Creía que lo hacíamos bien.
—Y es así, pero tengo obligaciones, zero. Responsabilidades. Jeff Markland me ha ofrecido un salario magnífico y una participación en la empresa.
Se sentía como un cerdo dejándolo así, pero ¿qué otra cosa podía hacer? ¿Quedarse con D&S y decirle a su hermana que no podía seguir estudiando?
—Es una maravillosa oportunidad —dijo zero.
Kaname se pasó una mano por el pelo.
—zero, imaginemos que te quedas con D&S y que hay que buscar financiación. ¿Es esa la clase de empresa para la que quieres trabajar? ¿Una empresa por la que tendrías que responder ante otras personas?
El negó con la cabeza.
—No. Mira, sé que tardaríamos un tiempo en crecer, pero no puedo dejar de pensar…
No le gustó tener que hacer aquella pregunta, pero la hizo.
—¿Tiene que ver con nosotros, con nuestra relación? ¿Crees que si los dos nos quedásemos con D&S podríamos seguir siendo amantes?
Zero lo miró a los ojos.
—Soy realista con nuestra relación, Kaname. Sé que tiene que terminar.
—¿Ahora?
Al decir aquella palabra, una sensación muy intensa lo sacudió, seguida inmediatamente por la certeza de saber que quería a zero . Llevaba queriéndolo un tiempo, pero hasta aquel momento no lo había sentido dentro del alma. Lo quería de verdad, lo amaba.
Pero quererlo o amarlo no cambiaba las cosas. Si acaso le empujaba a poner punto final a su relación, antes de que pudiera llegar a hacerle daño. Zero se merecía algo mejor de lo que él podía darle. Él necesitaba establecerse en su carrera y el trabajo en Markland y Jacobs iba a absorberle al menos durante unos años. No podría estar a su lado como el se merecía.
—¿Cuándo vas a empezar en el trabajo nuevo?
—Aún no he dicho que sí.
—Pero vas a hacerlo. ¿Cuándo empezarás?
Su mirada era franca, resignada y él no quería imaginar cuántas veces habría tenido que asumir las desilusiones en el pasado. Zero parecía ser un profesional del abandono.
—No me marcharé hasta que hayamos terminado con Amante. Aun queda mucho por hacer.
—No tanto. Un par de semanas a lo sumo.
Un camarero se acercó a la mesa pero Kaname le despidió.
—No quiero hacerlo, zero, pero desde el principio supimos que no íbamos a durar.
—Eso es cierto y no me va a pasar nada por eso, Kaname. Sé que no me crees, pero es verdad.
Tenía razón, no la creía. Él tampoco se sentía a gusto con aquella ruptura, pero era lo mejor.
Durante un par de minutos, el siguió contemplando el mar, hasta que luego se volvió a él.
—Tengo que pedirte algo: como este parece que va a ser el último día de nuestra aventura, quiero pedirte que esta noche sea algo especial —dijo y toda la tristeza parecía haberse evaporado de su rostro—. Deberíamos ponerle punto final como adultos. Ser civilizados. Cenemos juntos y hagamos el amor. Una vez —sonrió—. O más de una. Mañana volveremos a Chicago y allí pondremos el punto final.
Kaname lo miró sorprendido. No podía estar hablando en serio.
—Estás de broma, ¿no?
—En absoluto. ¿Por qué no íbamos a ponerle punto final a esta aventura del mismo modo que la empezamos?
La verdad es que le había dejado sin palabras y cuando se recuperó, lo único que pudo decir fue:
—Pues porque nadie rompe así de bien.
Zero se echó a reír, aparentemente satisfecho y gozando de cómo estaban saliendo las cosas.
—Pues siempre debería ser así. ¿Quién dice que se deba tener una pelea horrible para romper? Ya te dije desde un principio que sabía que nuestra relación personal no iba a durar para siempre. Y tú también lo sabías.
—Sí ya, pero…
—¿Estás enfadado por haber tenido una aventura conmigo? —le preguntó, apoyándose en la mesa.
—No, claro que no.
—Y los dos estamos de acuerdo en que este momento es el adecuado para romper, ¿no?
Diablos… pretendía que aquello sonase racional, pero no lo era. ¿Quién rompía así? No podía estar hablando en serio.
—zero, fingir que no te afecta no va a servir de nada.
—Yo sé lo que quiero. Lo supe desde el principio. Me gusta estar contigo y me vuelve loco que me hagas el amor, pero tú y yo no íbamos a durar. Tú lo sabías y yo lo sabía. Ahorrémonos las lágrimas, no soy una maldita mujer, pasémoslo bien esta noche y volvamos mañana a casa con tranquilidad. ¿Qué tiene eso de malo?
Seguro que si lo pensaba detenidamente, podría encontrar un par de razones que aducir, pero desgraciadamente no se le ocurrió nada con la suficiente rapidez.
—No tiene nada de malo, supongo. Simplemente me resulta extraño.
Zero se terminó el té y sonrió.
—maldición Pues a mí no me lo parece, pero si lo prefieres, puedo echarme a llorar y salir corriendo a mi habitación. ¿Te sentirías mejor así?
A pesar de todo, sonrió.
—Claro que no. Yo no quiero que seas infeliz.
—Bien. En ese caso, pongámonos en marcha —miró el reloj—. ¿Por qué no vamos a darnos un baño? Luego podríamos hacer el amor antes de cenar. Como no tenemos mucho tiempo antes de que salga mañana el avión, podemos cenar en el hotel —la mirada que le dedicó fue muy explícita y lujuriosa —. También podríamos pedir que nos subieran algo a la habitación.
—Mmm, zero …
—También sería romántico cenar en el comedor y luego ir a bailar. Después podríamos volver a la habitación y hacer otra vez el amor. ¿Qué te parece? – sonrio malicioso el cazador -
¿Que qué le parecía? Pues que estaba loco, pero si quería programar su última noche juntos, ¿quién era él para discutírselo?
—¿Por qué no nos dejamos llevar por lo que nos dicte la noche?
Aquella vez, al verlo sonreír, le pareció que estaba demasiado contento, demasiado emocionado. No quería que sufriera, por supuesto, pero tampoco se esperaba que aceptase la situación con tanta facilidad. Unas cuantas quejas y maldiciones habrían añadido un toque sentimental, pero el parecía decidido a organizar el fin de fiesta.
Qué pena que él no sintiera su mismo entusiasmo. Pero tanto si iba en serio o si sólo fingía, iba a hacer todo lo que estuviera en su mano para hacer que pasar una noche maravillosa una noche llena de pasión y lujuria que nunca olvidaria
De ese modo, al pasar de los años y cuando recordase su aventura, no llegase quizás a odiarlo. Pero no podía contar con ello.
—¿Lo has recogido todo? —le preguntó zero al entrar en su despacho dos semanas más tarde. La habitación parecía desierta, tal y como se imaginaba y al mirar a su alrededor se sintió indeciblemente triste. Kaname se iba de verdad, pero se obligó a sonreír—. Sí, parece que lo tienes todo.
Kaname se apoyó en su mesa, vacía de objetos personales.
—Sí, lo tengo todo.
—Bien. Es mejor que no te dejes nada.
Zero se obligaba a parecer alegre, pero sabía que Kaname no la creía.
—Siento que las cosas hayan terminado así —dijo.
Hizo ademán de acercarse, pero el retrocedió. No quería que lo tocase. Si lo hacía, se echaría a llorar y eso para un cazador no era apropiado donde quedaría su maldito orgullo.
—Las cosas han salido como tenían que salir —le dijo —. El único modo en que podían salir. Lo hemos pasado de maravilla —respiró hondo—. Siempre te recordaré.
Kaname dio un paso hacia el.
—zero , dime que estás bien, que estaras bien .
—La empresa va a ir bien. Estaré bien —él frunció el ceño—. Estoy bien.
—Ojalá pudiera creerte.
El cazador lo miró con el corazón en la garganta. La conversación estaba resultando más difícil de lo que esperaba. Durante el último par de semanas, desde la vuelta de Miami, habían estado tensos. Muy tensos. Aunque los dos se habían esforzado por solucionarlo, no lo habían conseguido. Verlo todos los días, hablar del trabajo y no poder tocarlo había sido un tormento para zero .
Y ahora se marchaba. Ojalá cuando ya no estuviera pudiera empezar a recomponer su corazón.
—Te agradezco todo lo que has hecho por D&S —le dijo, intentando conducir la conversación a un ámbito menos personal—. Los anuncios de Amante han salido de maravilla. Y aun con Yori de baja, la oficina funciona como una máquina bien engrasada.
—¿Hay algo más que pueda hacer por ti?
Buena pregunta. Se le ocurrían un millón de cosas que podían hacerlo feliz, pero no dijo nada. Se limitó a negar con la cabeza.
—¿Qué harás si Ichiru no vuelve?
—Volverá. Pronto estará aquí engatusando a los clientes como si no hubiera pasado nada. Como si no hubiera desaparecido. Pero si no vuelve, también saldré adelante —intentó sonreír con las lágrimas escociéndole en los ojos—. Estaré bien y encontrar financiación no será muy difícil. Cuando tenga los fondos, te enviaré un cheque por el importe de tu inversión.
—Ya te he dicho cien veces que no tienes que pagarme nada.
El lo miró a los ojos con decisión. Aquel punto no era negociable.
—Voy a hacerlo.
Kaname no debía querer empezar con la discusión que ya habían tenido un montón de veces porque no contestó. Se limitó a encogerse de hombros.
—Lo que quieras.
—Lo que quiero es comprar tu parte y eso es lo que voy a hacer. Lo que pasa es que tardaré un tiempo.
—No tengo prisa.
—Te agradezco que seas tan comprensivo —dijo. Era horrible estar tan distantes y difícil de creer, que apenas dos semanas antes, habían sido amantes. Ahora parecían extraños.
—Eres unapersona extraordinaria zero —dijo él con suavidad.
Sus palabras a punto estuvieron de hacerle llorar.
—Gracias, Kaname. Que todo te vaya bien.
—Yo te deseo lo mismo.
Y antes de que pudiera hacer algo de lo que pudiera avergonzarse, dio media vuelta y salió.
Kaname contempló el montón de correo que le esperaba en su mesa de Markland y Jacobs y se dio cuenta de que odiaba aquel trabajo. En el fondo lo odiaba, lo cual era una estupidez ya que aquel trabajo era lo que llevaba esperando durante años. Pero ahora que ya lo tenía, lo odiaba. El último mes había sido una auténtica tortura.
Qué ironía. Todo era culpa de zero . El le había hecho detestar aquel trabajo siendo divertido y extrovertido. Siendo inteligente. Siendo sexy y sensual. Maldición Lo echaba tanto de menos que a veces tenía ganas de echarse a llorar. ¿Elcazador también le echaría de menos? Aunque fuese sólo un poco.
Seguramente no. Su vida estaba completa. Tenía la agencia y su hermano volvería seguramente.
Contempló el reloj perfecto que lucía en su mesa perfecta con la sensación de llevar días allí. Pero en lugar de marcar las cinco de la tarde, marcaba sólo las once de la mañana. No podía ser.
Decidió comer temprano. Puede que incluso se fuese a dar una vuelta para despejarse, para intentar explicarse por qué, ahora que tenía todo lo que quería en la vida, se sentía tan sumamente miserable.
Pero en cuanto salió de la oficina, no se encaminó a su restaurante favorito. Ni siquiera tuvo intención de dar una vuelta, sino que se encaminó a casa de su madre.
—¿Qué ocurre? —preguntó Juri en cuanto lo vio entrar.
—Pero bueno, ¿es que no puedo pasarme a comer contigo sin que ocurra algo?
Juri Kuran entró con él en la cocina.
—Un hombre normal, sí, pero un adicto al trabajo como tú, no. ¿Qué te pasa?
Kaname se echó a reír y abrió la nevera. La había llenado la semana anterior, así que había mucho que comer. Eligió pollo frío, lechuga y mostaza.
—¿Te apetece un sandwich?
Juri intentó quitarle la comida de las manos, pero él señaló la mesa.
—Siéntate. Yo preparo la comida.
Pero quizás había cometido un error, porque ahora su madre no tendría nada más que hacer que hacerle todas las preguntas que se le ocurrieran. Y no iba a parar hasta que no le sacara por qué estaba allí.
—Es que estaba un poco cansado hoy de la oficina, nada más.
—Yo creía que tenía un hijo listo.
Kaname la miró por encima del hombro.
—Eh, cuidado con insultarme.
—Ese trabajo no te gusta nada. Está más claro que el agua. No te gusta nada porque te encantaba estar en D&S.
Kaname terminó de preparar los dos sandwiches y los puso sobre la mesa. Luego sirvió dos vasos de té frío y se sentó frente a su madre.
—D&S era divertido, mamá, pero ahora gano cuatro veces más. Además, sin estar Ichiru, no tenía mucho sentido que me quedara —se apresuró a añadir—. Entré en la empresa por él.
Su madre lo miró frunciendo el ceño.
—Bah. No me creo ni una palabra y tú tampoco. Puede que te metieras en la empresa por ichiru, pero te gustaba trabajar allí por zero.
Sí, zero era divertido.
Dio un mordisco al sandwich, esperando que su madre cambiase de tema pero, como era de esperar, no fue así.
—Dime, Kaname ¿te marchaste porque Markland y Jacobs te ofreció mucho más dinero, o porque tu aventura con zero terminó mal?
Kaname estuvo a punto de ahogarse.
—Por el dinero, mamá.
Ella asintió despacio.
—Ya veo. Entonces ¿has roto con zero, o seguís viéndoos?
—Somos amigos. Y socios.
—Y amantes —añadió su madre—. No estoy ciega y lo sé. A el se le ve en la cara que te quiere.
No tenía sentido fingir con su madre. Era demasiado lista.
—Estoy preocupado por zero —admitió, dejando el sandwich en el plato.
—Llámale. Dile que tú también lo quieres.
—No lo quiero.
Su madre se rió.
—Por supuesto que lo quieres. Se te nota con sólo mirarte. Tú lo quieres y eres idiota si pretendes engañarte.
—Es que, aunque volviéramos a estar juntos, ¿cuánto duraría? ¿Otro mes? ¿Un año? Luego zero y yo estaríamos exactamente donde estamos ahora.
—¿Cómo puedes saberlo? Hay mucha gente que consigue que el amor perdure.
—Dime quién.
Su madre suspiró.
—Sé que tu vida no ha sido perfecta. Has tenido que ayudar mucho tras la muerte de tu padre, pero aun hoy sigo echándolo de menos. No me malinterpretes: el matrimonio es algo que requiere esfuerzo, pero no conozco un trabajador más infatigable que tú. Las cosas podrían funcionar entre zero y tú.
—¿Y si no es así? Terminaría haciéndole mucho daño.
Su madre sonrió.
—Estoy convencida de que ya está sufriendo. Esta es tu oportunidad y la suya de ser feliz, kaname. No la desaproveches por cobardía.
¿De verdad era él un cobarde? Quizás. ¿Y si su madre tenía razón y aquella era su oportunidad de ser feliz? ¿De verdad podía alejarse de zero?
Sabía que no. Se lo debía a sí mismo y a ese orgulloso cazador intentar al menos conseguir un final feliz.
Ya decidido, miró a su madre.
—Al menos tengo que decirle lo que siento.
—Exacto. Lo único que tienes que hacer es ir a ver a zero, decirle que lo quieres y vivir feliz.
—No es tan fácil. ¿Y si no me cree? Además, puede que ya esté saliendo con otra persoan.
—Tonterías. El te quiere, estoy segura. Pero si quieres convencerlo de que te acepte, haz algo grande. Algo tan maravilloso que no pueda dejar de percibir que lo quieres de verdad. Sorpréndelo. A las personas hombres o mujeres, vampiro o cazadores nos gusta eso.
La tensión que venía sintiendo en el pecho quedó reemplazada por la expectación. Su madre tenía razón. Podía hacerlo. Podía tenerlo todo. Pero…
—Puedo pedirle a zero que se case conmigo, pero no puedo dejar Markland y Jacobs. Yuki es todavía muy joven.
Su madre descolgó inmediatamente el teléfono de la cocina.
—Voy a llamar a yuki para que venga. Tenemos que hablar. Si dejaste D&S para ganar dinero y poder mantenernos a yuki y a mí, eso va a tener que cambiar.
—Estás yendo demasiado lejos, mamá —le dijo, poniendo su mano sobre la de ella—. Primero, me gusta ayudaros. Sois mi familia y os quiero.
—Lo sé, pero no pienso permitir que sigas en un trabajo que detestas por mí. Y yuki tampoco. Voy a llamarla para que venga y vamos a ver cómo podemos reducir nuestros gastos. Así podrás volver a D&S.
Tras llamar a su hija y pedirle que fuera a casa, juri sonrió feliz.
—Esto es maravilloso. Maravilloso —repitió—. Voy a tener un yerno otro hijo.
—¡Eh! ¿No te estás acelerando? Puede que zero me mande a paseo. Te olvidas de que todos los hombres que ha conocido tienden a abandonarlo: su padre, su hermano… y yo.
Juri se acercó a él, con los ojos llenos de amor.
—Puede que no sepa muchas cosas, pero esto sí lo sé: dejaste a zero y D&S por yuki y por mí. Eres un hombre responsable y zero lo sabe. Sabe que no eres como los hombres de su familia. Eres una buena persona, Kaname . Puede que incluso demasiado bueno a veces —acarició su mano—. No te preocupes. Yuki y yo te ayudaremos a convencerlo de que se case contigo. Puede que le diga que no a un Kuran, pero a tres no podrá resistirse.
Kaname sonrió, sintiéndose mejor por primera vez desde que estuviera en Miami con zero. Puede que su madre tuviera razón. Puede que consiguiera convencerlo de que se casara con él.
Resistirse a tres Kuran sería prácticamente imposible.
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