Los meses pasaron volando después de hacer aquel trato con Snape. Severus estudió durante semanas todo lo que se había publicado sobre los Sviri, profundizó en su historia como si los poderes también los poseyera él mismo y fui testigo de cómo su mesa de estudio se llenó poco a poco de libros y de pergaminos donde hacía anotaciones en sucio de todo lo que le parecía interesante o útil para mi aprendizaje. Gracias a él, empecé a dedicar las noches a descubrirme a mí misma y las oportunidades que brindaban mis poderes.

Así fue también como, cada noche, cuando todo el castillo dormía y llegaba una hora determinada en la que los pasillos no estaban vigilados, ponía rumbo al despacho del director. Allí me solía encontrar a Snape, con cara de cansancio pero igualmente emocionado por sus últimos descubrimientos.

Lo primero que me enseñó a hacer es leer a los demás a través de sus auras:

- He descubierto algo muy interesante en mis últimas lecturas sobre los Sviri, Luna. - me dijo una noche en la que sus ojos le brillaban con una ilusión que nunca me habría imaginado en él - Hasta el momento, teníamos la certeza de que puedes tomar el control de los demás o adentrarte en sus pensamientos con sólo mirarlos a los ojos; pero he descubierto que lo puedes hacer de otro modo, sin ni siquiera tenerlos ante ti.

Aunque no me explicó nada más, la idea me fascinó.

- ¿Y cómo se hace?

- Esa es la parte complicada. Para ello es necesario salir de tu plano físico, al mundo trascendental.

- Pero eso ya lo hago cuando tomo control de otro mago, ¿no?

- No exactamente, tomas el control del ser trascendental, pero no llegas a ver el mundo per se. En el caso que yo te expongo puedes elegir de quien tomar el control de quien te plazca debido a que eres capaz de tomar el control de su alma.

- Vaya.

- Los libros no llegan a profundizar mucho en ello, pero describen esa realidad como un mundo igual que este, aunque oscuro, donde la única luz proviene de "las almas de los vivos".

Esa descripción me pareció tan siniestra que me dio un escalofrío muy fuerte.

- Como iba diciendo, lo complicado en este caso es enseñarte a ti acceder a esa parte de la realidad trascendental. Deberé educarte a tomar consciencia de tu propia alma dentro de ti misma, diferenciarla de las demás partes que te componen, y entonces deberás extraer esa fuerza de tu plano físico.

Y a eso nos dedicamos íntegramente las primeras semanas de mi entrenamiento. No fue una tarea fácil; de hecho fue lo más complicado de todo el aprendizaje durante esos meses. Tuve que trabajar durante semanas la concentración, dejar la mente totalmente en blanco y entonces tomar conciencia de cada función fisiológica de mi cuerpo, de tal forma que podría visualizar como un puzle cada una de las partes que me componían a mí misma, hasta que llegó el punto en el que fui capaz de percibir una parte de mi fisiología de la que emanaba una energía distinta.

- Céntrate en ella. Eso es lo que buscamos. - exclamó Severus cuando se lo conté a él - Céntrate en esa energía e intenta extraerla del resto.

Intenté hacerlo durante días, e incluso un par de semanas pero sin éxito. Era como si me faltaran fuerzas para empujar a esa energía y separarla de las demás.

Hubo una noche en la que logré focalizar toda mi concentración en el ejercicio y sentí, por fin, como esa parte se desprendía del resto de mi organismo por unas escasas milésimas de segundo en las cuales pude ver el mundo tal y como lo describían los libros de Severus, un mundo igual a este pero teñido un azul tan oscuro e impenetrable que era como estar sumergida en la profundidad del océano, donde no hay ni el más mínimo ápice de luz. La única luz que fui capaz de ver provenía del centro del pecho de la figura de Snape y la recuerdo igual que una bombilla en medio de la niebla, cosa que también le comenté a Severus:

- Esas fuentes de luz es la parte de la que tú, como Sviri, tomas control. En los libros las describen en múltiples ocasiones como "auras" o incluso como "almas", dependiendo del sentido religioso que le den. Son la esencia que define la existencia de los seres vivos, su parte más importante.

Poco a poco, conseguí pasar más tiempo en ese plano trascendental y pude comprobar que la vibración que trasmitía esa especie de "dimensión" era claramente lúgubre. Absolutamente todo, incluso las personas, estaban teñidas de ese color, a excepción de la luz de la esencia de los seres vivos, que es lo único que rompía esa monotonía.

Conforme fui capaz de percibirlas con más detenimiento, me di cuenta que esas luces estaban teñidas de colores y que cada persona tenía una tonalidad y tonos diferentes; en ocasiones incluso varios colores.

En el caso particular de Snape, esa luz estaba teñida de tres colores, que eran gris, verde y rosa, y cada uno me trasmitía una energía diferente. El color dominante era un verde muy brillante que era reflejo de una nueva pasión o un nuevo descubrimiento que Severus estaba experimentando con mucha ilusión en ese momento de su vida. Esa luz dominaba la parte central y luego, en forma de halo, estaba rodeada por las otras dos, una de un gris apagado que indicaba cierto sentimiento de culpabilidad y arrepentimiento por algo relacionado con su pasado y una rosa con una intensidad muy tenue que era como una especie de rastro de amor tormentoso que no dejaba de manchar la existencia de Severus, en forma de sufrimiento perpetuo. Ese color era Lily.

La vez que dominé completamente la dimensión de las auras me pasé horas fuera de mi cuerpo, curioseando otras almas, estudiando e interpretando qué significaban esos colores y la vibración que me trasmitía cada una de las luces del alma de los magos y brujas del colegio. Me pareció muy interesante comprobar que, efectivamente, la fachada que una persona se construye muchas veces no tiene nada que ver con su alma ni con la verdadera razón de su existencia.

En ese viaje perdí totalmente la noción del tiempo, hasta que recordé las palabras de Snape:

- Estar fuera de tu ser consume mucha de tu energía. Aunque no te percates de ello mientras estés en uno de tus viajes, tu físico sufre las consecuencias.

Decidí entonces poner fin a la exploración de la nueva visión que podía ahora tener del mundo y puse rumbo de vuelta a mi cuerpo.

Recuerdo reconocer mi propio cuerpo por el poco resto de mi aura que dejé al salir de él, y la poca intensidad con la que brillaba entonces me alarmó. Seguía teniendo un tono de azul muy clarito pero se estaba apagando. El temor de lo que eso podía significar me hizo saltar de cabeza de nuevo a mi cuerpo, pero todo lo que recuerdo después de eso es un breve e intenso dolor que sentí antes de que el resto de la realidad de fundiera a un negro impenetrable.

Perdí el conocimiento y no recuerdo nada más hasta que volví a despertar. Cada parte de mi cuerpo pesaba toneladas y conforme fui recobrando la consciencia y el control por completo, pude abrir los ojos y me encontré con Snape a mi lado, más blanco que de costumbre, que me decía:

- Has perdido la consciencia durante un día y medio.

- ¿Cómo? - dije incrédula, con un hilo de voz

- Pasaste horas fuera, ¿no es cierto? Me percaté de que volviste porque tu cuerpo dio una sacudida muy fuerte, pero después de eso no te movías. Me costó hasta oírte respirar.

Me dio un escalofrío solo de pensarlo.

- No vuelvas a hacerlo. Esta vez has tenido suerte, pero si quisieras prolongar demasiado tu poder, a lo mejor tu cuerpo no puede soportarlo.

Por eso vi la luz de mi aura con tan poca intensidad cuando volví a mi cuerpo. Mi energía se había drenado a un nivel muy peligroso.

- Podrías morir, Luna.

- De acuerdo, de acuerdo. No lo haré más.


Una vez dominada esa habilidad, Severus decidió hablarme sobre otro descubrimiento que tenía menos riesgo para mi propia vida, aunque no profundizó demasiado en la primera explicación:

- He descubierto que también eres capaz de manipular la línea de pensamiento. Puedes cambiarlas o directamente deshacerte de ellas.

- ¿Eso qué quiere decir exactamente?

- Te lo explicaré con un ejemplo. Imagina que quieres formular un hechizo, uno básico, que ya has aprendido con anterioridad, bien en la escuela o bien de forma independiente, con lo cual ya tienes una experiencia previa con él en el pasado.

- Sí…

- Bien, si quisieras formular ese hechizo justo ahora, tu cerebro debe conectar esa experiencia previa del hechizo con la experiencia que estás viviendo ahora mismo; y si queremos ser más concretos también deberá establecer otra unión con el área vocal para que puedas decirlo en voz alta. Y lo mismo ocurre con otras muchas acciones, hasta con los sentimientos.

- Ajá…

- Ahí es donde entras tú. Puedes manipular o incluso romper esas líneas, de tal manera que puedes intercambiarlas e incluso borrarlas temporalmente.

- ¿Temporalmente?

- Sí, el cerebro siempre tiende a restablecer las conexiones anteriores, pero ese proceso es algo lento.

Después de esa explicación, Snape me pidió que entrara en su mente e intentara visualizar y manipular las líneas de pensamiento en él. Una vez dentro, la tarea no me resultó demasiado difícil y cambié solo dos cosas sin importancia.

- ¿Qué has hecho? ¿Ha funcionado? - me preguntó, cuando se dio cuenta de que ya había salido

- Vamos a comprobarlo. - le contesté sin poder evitar sonreír - ¿Me podrías decir qué color es éste?

Señalé al jersey que llevaba esa noche, de color morado, y Snape lo miró confundido, tomó aire para hablar pero no fue capaz de articular ninguna palabra. Yo sonreí aun más y él me miró abriendo mucho los ojos. Cogió aire para intentar decir algo de nuevo pero su garganta seguía sin emitir ningún tipo sonido.

- He quebrado la línea de pensamiento que une el recuerdo que tienes de este color y tus cuerdas vocales, por eso no puedes decir ese color, aunque sí que lo recuerdas.

- Fascinante. - dijo, con ese brillo que invadía su mirada cada vez más frecuentemente - ¿Has hecho algo más?

- Sí. Prueba a coger la pluma y a escribir cualquier cosa en un pergamino.

- ¿Has hecho que olvide escribir?

No contesté, solo me limité a ver como Snape obedecía mis órdenes sentándose a la mesa de su escritorio, y alzaba su mano izquierda para coger la pluma. Ni él mismo se percató de lo que estaba pasando hasta que se dio cuenta de que el botecito de tinta estaba justo en el lado contrario. Entonces me volvió a mirar sorprendido antes de mojar la pluma en tinta y escribir con la mano izquierda una letra perfectamente legible.

- Me complace decirte que ahora eres zurdo, Severus.

Los efectos de ese truco duraron solo un par de horas, pero fue suficiente para comprobar que podía controlar esa habilidad sin problemas.


Después pasamos a algo que, si soy sincera, no me pareció muy útil teniendo en cuenta que se puede hacer lo mismo con magia:

- Puedes focalizar tu fortaleza mental en objetos inanimados. Podrías cambiarlos de lugar, destruirlos, manipular sus características físicas,...

- ¿Y qué tengo que hacer?

- Tienes que concentrar todas tus fuerzas en un objeto, percibir cada uno de sus componentes, visualizar las características que lo definen…

Snape se levantó de la silla de su escritorio y se dirigió a la estantería que se encontraba a mis espaldas, cogió el reloj de arena dorada de a estantería y volvió sobre sus pasos a la mesa y posó el reloj sobre ella, justo delante de mí.

- Intenta hacerlo con esto.

- De acuerdo.

Y eso hice. Centré toda mi atención en ese recipiente de cristal. Sentí el débil material de cristal, el hechizo que lo hacía girarse solo cuando todos los granos de arena dorada caían abajo, sentí también los millones de granos de arena y, cuando lo hice, me di cuenta de que no era arena, sino eran virutas de oro puro.

Cuando pude sentir cada centímetro del reloj de oro como si fueran parte de mi propio cuerpo, centré toda mi atención en las virutas doradas que caían de la esfera de arriba a la de abajo y entonces me centré en la idea de revertir el proceso. De esa forma, el oro de la cámara de abajo subió en contra de las leyes de la gravedad a la cámara de arriba

- Estupendo. - susurró Snape orgulloso - ¿Quieres conocer un dato curioso? A esto los muggles lo llaman "telequinesia".

Esa habilidad sí que la llegué a usar fuera del despacho de Snape. A pesar de lo que pensaba en un principio, es muy útil cuando no tienes a varita cerca, y teniendo en cuenta mi mente olvidadiza, eso ocurre muy a menudo.


Otra cosa que también me ha encantó conocer durante esos meses fue al propio Severus. Resultó muy interesante e enriquecedor aprender sobre las oportunidades que me brindaba mi don, pero también agradecía mucho los momentos en los que Snape se abría a mí.

Recuerdo una noche en la que acudí a su despacho con una brecha en la frente que no le pasó desapercibida y que no puedo evitar comentar con tan solo verla:

- ¿Cómo ha ocurrido?

- Unos chicos me pusieron la zancadilla a la salida de mi última clase de la mañana. Llevaba las manos ocupadas cargando los libros, así que no pude frenar la caída y para cuando me he dado cuenta ya había aterrizado con la cabeza en el suelo.

Snape suspiró muy pesadamente y me preguntó:

- ¿Los han castigado?

- No. De hecho, creo que los guardianes no los han visto.

- ¿Eran de Slytherin?

- Eso es lo de menos.

Me percaté de que Snape parecía afectarle demasiado el hecho de que me hubieran hecho daño y los responsables no lo hubieran pagado, así que traté de tranquilizarle:

- No te preocupes, ya estoy acostumbrada.

Snape me miró directamente a los ojos y empatizó conmigo, compartiendo conmigo por primera vez un episodio de su pasado:

- Yo también crecí así, Luna. Pero a diferencia de ti, yo acumulé mucho odio y sed de venganza que luego usé para los propósitos equivocados. Desearía haber tenido tu templanza entonces.

No dijo nada más, pero pude leer entre líneas su arrepentimiento con todo lo que había hecho relacionado con los mortífagos y con Voldemort.

- No tiene sentido quedarse en el pasado, Severus. Yo opino que debemos dejar esa melancolía de no poder cambiar aquello de lo que nos arrepentimos y simplemente aprender de ello para no cometer los mismos errores en el futuro.

Hubo otra noche en la que Severus también me impresionó con su repentino interés hacia mí, ya que me preguntó por mis planes de futuro:

- ¿Habías pensado en qué dedicarte en el futuro, Luna?

- No realmente. - contesté confusa - Ese mismo tema surgió también con mi padre el verano pasado, ¿sabes?

- ¿Te dedicarías a seguir con la revista "El Quisquilloso" junto con él?

- No. Creo que me gustaría dedicarme a otra cosa. ¡Como a las Criaturas Mágicas! Hecho tanto de menos esa asignatura… - dije melancólica

- ¿Criaturas Mágicas? - me preguntó Snape irónicamente, como si yo estuviera de broma

- Si, me parece muy interesantes estudiarlas. Es muy cautivador descubrir que cada uno de esos seres tienen una característica que define su naturaleza, comportamiento y estilo de vida. A lo mejor me hubiera podido dedicar a trabajar con ellos.

Severus me dio un discurso de diez minutos en el que, a grandes rasgos, me decía que él opinaba que yo tenía mucho más potencial, que era muy inteligente y que además, usando bien mi don, podría haber conseguido puestos de trabajo de mucha más importancia.

- Podrías haber llegado a trabajar para el mismo ministerio; que sería una ocupación de mucho más prestigio que trabajar con criaturas mágicas.

- Pero Severus, a mi no me importa que para los demás esté mejor visto tener el mejor puesto de trabajo posible con las mejores condiciones. Yo preferiría dedicarme a algo que me hiciera feliz, y más teniendo en cuenta el tiempo de mi vida que le tendría que dedicar.

No querría sonar arrogante, pero en ocasiones me gusta pensar que yo también pude llegar a enseñarle algo a Severus durante esas semanas del curso. No me cuesta admitir que los meses del curso se me hicieron más fáciles gracias a la relación que construí con él. Fue una vía de escape para la tristeza y desazón que se respiraba en el resto de la escuela ante la incertidumbre de lo que estaba ocurriendo en el mundo exterior, del que continuábamos sin recibir muchas noticias a causa de la censura obligada por Voldemort.

El gran golpe nos lo llevamos sin duda cuando, pocas semanas antes de que acabara mi penúltimo año de escuela, se desató una repentina guerra en Hogwarts en la que Voldemort se propuso derramar toda la sangre que hiciera falta para alcanzar su propósito.

Todo nuestro mundo se empezó a caer irremediablemente en pedazos y me vi en la obligación de actuar por mi cuenta y riesgo propios.

Era el momento de poner en práctica todo lo que había aprendido durante tantas noches en vela con Severus.