¡Hola a todos! :3 Lamento no haber subido ayer, digamos que me sentía bastante triste por algo que pasó en la semana, pero bueno, hice el cap. más largo para compensarlo. Espero que lo disfruten, y me digan qué opinan... Ya sea respecto a la historia, o cómo escribo, o si no les está gustando. Todo me sirve para poder mejorar :3
Los quiero

¡Muchas gracias por leer este fic!

WhereIsTheBlack


La noticia de que Alan Blackwell ya no estaba disponible desilusionó a muchas chicas, sobre todo las de cuarto y quinto año, quienes al verlo pasar cuchicheaban y daban risitas tontas entre sí, pero cuando estaba Hermione con él, le dedicaban a ambos miradas frías y enfadadas.

Había pasado una semana desde que Alan y Hermione estaban juntos, y la chica no podía sentirse más feliz.

-Sabes, creo que me odian.- dijo Hermione mientras caminaban juntos hacia la cabaña de Hagrid.

-¿A qué te refieres?-

-Sólo mira.- dijo señalando a un grupo de chicas, quienes rápidamente disolvieron sus miradas y se apartaron del lugar. –A donde quiera que vaya me encuentro con chicas que me miran de esa manera.-

-¿Y eso importa?- dijo con expresión ligeramente preocupada.

Hermione se quedó callada unos instantes, pero en seguida le sonrió. –Claro que no.- dijo poniéndose de puntillas para darle al chico un beso en la mejilla.

Mientras iban de camino decidieron adentrarse a un campo de flores de todos los colores que había sembrado Hagrid como conmemoración del tres mil quinceavo aniversario de Hogwarts.

-¡Mira estas! - decía Hermione emocionada paseándose por el enorme jardín.

Alan simplemente la miraba.

-¿Qué?-

-Nada.- dijo encogiéndose de hombros. –Simplemente eres hermosa.-

Hermione sintió un escalofrío recorrer su cuerpo y el color subir a sus mejillas. Giró para que Alan no la viera, y el chico aprovechó para acercarse.

-Para ti.-

Hermione se volvió y observó que el ojiverde tenía una flor color azul parecida a una rosa, pero a diferencia de las otras flores, esta desprendía un olor diferente, como el de un perfume exquisito que Hermione nunca había olido jamás.

-Yo… no sé qué decir.- dijo avergonzada y estirándose de su posición en el suelo para tomarla.

-No tienes que decir nada. Eres mi novia, y me gusta hacerte feliz.-

Hermione sintió una calidez, y enseguida se puso de pie y se abalanzó sobre el chico, tirándolo hacia atrás, pero algunas flores amortiguando la caída.

-Te quiero.- dijo Hermione mirándolo a los ojos.

-Y yo a ti.- dijo sonriéndole tiernamente.


-Y así fue. Con montones de lechuzas revoloteando por la Sala Común.- dijo Ginny, terminando de contar a Hagrid el suceso de la semana pasada. –Fue tan romántico… Alan, deberías compartir con Harry tus ideas. Creo que podrían servirle de mucha ayuda.-

-¡Hey!- exclamó Harry dándole una mirada de acusación, con los ojos entrecerrados. – ¡Yo hago cosas románticas!-

-Ajá.-

Hermione, Alan y Ron simplemente rieron. Hagrid les preparaba chocolate caliente, ya que el clima comenzaba a estar cada vez más frío con el paso de los días.

-Me alegra que todos estén contentos. En especial Hermione, no sé cómo lo has hecho chico, pero sigue haciéndolo.- dijo Hagrid a Alan, sacándole una sonrisa. Comenzó a pasarles las tazas con el chocolate, pero cuando iba a entregarle la suya a Hermione, Alan asumió que era para él, por lo que sus manos chocaron y la taza cayó al suelo, derramando su hirviente contenido en el regazo de Hermione.

-¡Mierda!- gritó la chica sin poderse contener y poniéndose de pie de un salto.

-¡Por Merlín, ¿Hermione estás bien?! Lo lamento tanto…- dijo Alan tratando de ayudarle de alguna manera.

Ginny, Ron y Harry también se pusieron de pie de inmediato.

-¡Hermione, quítate la ropa!- dijo Ron apresuradamente.

-¡¿Qué?!-

-¡Ron tiene razón, si no lo haces, podría formarse una quemadura peor, ven!- dijo Ginny jalándola fuera de la cabaña para que los chicos no vieran nada.

Hermione apenas podía caminar. El dolor en sus piernas y parte de su brazo era casi insoportable. Sentía que el rozar de su falda contra ellos le desgarraba la piel lentamente, por lo que se desplomó al suelo.

Ginny se apresuró en quitarse la túnica y arrojársela, después de haber sacado su varita del bolsillo de ésta.

-Quítate la falda y ponte eso encima.- dijo insistente y girando para darle privacidad.

Hermione obedeció, y sujetando la túnica de Ginny alrededor de su torso y haciendo un nudo en él, se quitó la parte inferior de su ropa arruinada, haciéndola a un lado.

Observó con cuidado de no dejar caer la túnica, el aspecto de sus piernas. Se veían de un color rojizo, que poco a poco se iba intensificando a un tono más café. Hermione tomó su varita y en seguida se dispuso a curar sus heridas, haciéndolo de una manera sencilla, sin apresurarse y sintiendo el alivio del dolor poco a poco. Escuchó las voces de Hagrid y de los chicos, preguntando si todo marchaba bien.

Hermione giró la cabeza en sentido contrario para contestarles, pero en eso vio que un chico con cabellos rubios la observaba fijamente desde lejos, a través de la ligera capa de neblina. Hermione se quedó quieta, sin emitir ni un solo sonido, provocando que Ginny girara preocupada.

-¡Pero qué demonios cree ese idiota que hace aquí!- estalló Ginny con furia al notar la presencia lejana de Malfoy.

Los chicos al escuchar la voz de Ginny salieron con prisa de la cabaña, dirigiéndose las chicas.

-¿Qué sucede?- preguntó Alan alarmado mirando a Hermione, pero la chica seguía en un trance. Ginny tenía razón. ¿Qué demonios hacía Malfoy ahí? ¿Acaso los espiaba?

-¡El maldito de Malfoy está ahí!- dijo señalándolo con el dedo. Malfoy al parecer también observó esto, y se alejó lentamente hasta desaparecer detrás de la niebla.

-Maldito bastardo pervertido.- dijo Alan encaminándose hasta donde había desaparecido el rubio.

-¡Espera! ¿Qué haces?- dijo Hermione sujetándolo del brazo con una mano, ya que la otra aseguraba la túnica de Ginny en sus cintura.

-¿Qué parece que hago? Voy a destrozarle la cara a ese miserable.-

-¡No lo harás!- lo reprendió la chica.

-Hermione, ¿Qué demonios crees que hacía ahí? Pudo haberte visto.-

-¡No pudo haberme visto porque me puse la túnica antes de desnudarme en medio del maldito bosque!- exclamó con estrés y obviedad.

Alan se sonrojó un poco, pero las palabras de Hermione lograron calmarlo.

-¿Qué demonios hacía fuera del castillo a estas horas de todos modos? Comienza a oscurecer.- intervino Ron.

-Supongo que también está en su derecho de salir del castillo, como todos nosotros.- dijo Ginny, sorprendiéndolos a todos.

Alan miró de nuevo en dirección del rubio, enfadado. Hermione se dio cuenta de que tenía que lidiar con un novio protectivo, cosa que no le entusiasmaba en absoluto. Nunca le había agradado que los hombres pelearan por ella, mucho menos que la vengaran.

-¿Por qué no nos dirigimos al castillo?- dijo Hermione interrumpiendo los pensamientos de todos. –Comienza a hacer frío.-

-Creo que tengo algo que puede ayudarte, Hermione.- dijo Hagrid entrando en la cabaña y saliendo con una gruesa capa de piel de algún animal, que definitivamente haría que Hermione se viera ridícula, pero también la mantendría en calor.

-Gracias Hagrid…- dijo con media sonrisa. Se colocó la piel sobre la túnica y la cerró, cruzando los brazos para que esta no se abriera. Se volvió hacia Alan, cuya mirada seguía buscando entre la niebla al rubio.

-Alan, vámonos por favor.-

Alan la miró y asintió con la cabeza, siguiéndola. El camino de regreso fue en silencio a causa del cansancio de los chicos y del incidente.

En cuanto llegaron a la Sala Común, se desplomaron en los sillones, dispuestos a empezar tareas, pero la pronta entrada de Neville por el retrato de la Señora Gorda hizo que pausaran sus planes.

-¡Harry, al fin te encuentro!- dijo jadeando, como si hubiera estado corriendo y captando la atención de los que estaban en la sala. –McGonagall quiere verte, han seleccionado una nueva fecha para reanudar el partido.-

Harry, Ginny, Ron, se miraron entre sí, y rápidamente salieron de la Sala, dejando a Hermione y Alan solos.

Hermione rodó los ojos y se puso de pie. –No puedo creer que Quidditch les pueda llegar a ser más importante que las tareas.- dijo haciendo a Alan reír.

-En fin, debo cambiarme y deshacerme de esta cosa.- dijo señalando la piel que la había dado Hagrid.

-Está bien, te esperaré aquí.-

Hermione subió las escaleras, y al llegar al cuarto de las chicas se cambió a los pantalones del uniforme, para estar un poco más cómoda. Al retirar su túnica se percató que tenía un olor extraño, y buscando en los bolsillos encontró la flor que Alan le había dado esa mañana. Feliz, la pegó a sus labios para aspirar su deliciosa fragancia, y después la colocó en el buró a un lado de su cama.

Bajó las escaleras y se encontró a Alan conversando con Lavender, lo cual hizo que despertara algo en su interior. No eran celos, ya que no sentía las ganas de arrancarle la cabeza a la chica, pero sentía algo extraño. Escuchó a Alan reír y entonces se dio cuenta de lo que era… comenzaba a dudar de sí misma.

Hermione siempre había sido una chica inteligente, pero nunca había sido completamente segura o confiada. ¿Qué pasaría si Alan se aburría de ella? O peor, ¿La dejaba? La chica sacudió la cabeza, prácticamente obligándose a ignorar esto, y se encaminó hacia donde ellos estaban.

-¿De qué me perdí?- interrumpió Hermione sentándose a un lado de Alan.

-¡Hey!- replicó Alan alegre. –Sólo charlábamos de unos nuevos dulces que Lavender ha conseguido de Fred y George.- dijo mostrándole un pequeño caramelo azul en cuya envoltura decía "Rompe quijadas interminable". –Prácticamente es un dulce que nunca se acaba.-

Hermione se limitó a sonreír y asentir la cabeza. Lavender, advirtiendo su sequedad, aclaró la garganta.

-Bueno, fue un gusto charlar contigo, Alan.- dijo sonriéndole y después enfocándose en Hermione. –Adiós.-

Alan la observó con una expresión confundida, sin saber qué era lo que acababa de pasar.

-¿Todo está bien?-

Hermione le sonrió levemente y se encogió de hombros. –Todo está bien.-

Alan no parecía muy convencido con su respuesta y se quedó pensativo. –Escucha, si no quieres que hable con Lavender por alguna cierta razón o cosas de chicas, yo lo entiendo…-

-¡No!- interrumpió Hermione sobresaltándolo. –No es eso, es sólo que yo…- dijo sin poder terminar la frase y apretando los puños en signo de frustración.

Alan al notar su estrés, la tomó de la mano. –Ven, salgamos un rato.-

Hermione se dejó guiar por el chico por los pasillos oscuros de Hogwarts por segunda vez. Estaba agradecida en cierta manera que Alan tomara el control en este tipo de situaciones, porque ella no era capaz de expresarse o de tener iniciativa para hablar de cosas personales. En cuanto llegaron al jardín en donde se habían besado por primera vez, Alan se sentó en una de las bancas que lo decoraban, y jaló para que la chica se sentara a un lado de él.

Tomando sus dos manos, se acercó a ella y la besó tiernamente, sobresaltándola. Hermione le respondió, cerrando los ojos y dejándose guiar por el momento. Después de unos cuantos segundos más, Alan se separó lentamente.

-Ahora, ¿Vas a decirme qué te sucede?-

Hermione giró la cabeza y sintió que los ojos comenzaban a arderle. Poco a poco su vista comenzó a nublarse y sin previo aviso, las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas. No sabía realmente por qué estaba llorando, tal vez por su inseguridad o tal vez por la atención que Alan le daba.

-Hey… ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras?- preguntó Alan abrazándola y poniendo una mano detrás de su cabeza.

Una vez que se hubo calmado, Hermione comenzó a hablar.

-Yo… no lo sé, no soy una chica hermosa… o popular. Simplemente no lo soy, y pienso que tal vez podrías estar perdiendo el tiempo conmigo… Es decir hay muchas chicas que podrían ser mucho mejores opciones que yo, y…-

Alan la interrumpió con un beso, sujetando su rostro entre las manos, sin dejarla terminar.

-Yo te quiero a ti.- dijo sonriendo. – Yo no te pregunté si querías ser mi novia por ninguna de esas cosas, sino porque en verdad me ves como soy, y puedo ser quien realmente soy contigo.-

-Pero…-

-Te prometo que no me arrepiento de nada, y quiero que sepas que puedes hablar de cualquier inseguridad conmigo. Quiero saber todo de ti, en verdad. Yo nunca te haría daño.- dijo abrazándola nuevamente.

Ambos se quedaron en silencio por unos minutos, abrazados. Después, Hermione rompió el abrazo, secándose las lágrimas con una risita nerviosa.

-Lo lamento, no debería de actuar de una manera tan inmadura.-

-No te preocupes, yo entiendo. Además, me agrada que te sientas en confianza de hablar de esto conmigo.-

-Te lo agradezco, enserio. Y sabes que también puedes decirme cualquier cosa que te moleste, o que te haga sentir triste.-

-Gracias, lo haré.-

Se quedaron en los brazos del otro, disfrutando del momento y del calor que cada uno propiciaba. Después escucharon varias voces de alumnos provenir de los corredores.

-Será mejor que regresemos, creo que los de Gryffindor ya están regresando a la Sala Común.-

En cuanto llegaron observaron que la mayoría de los Gryffindors estaban despiertos, cosa que a Hermione le pareció extraña. Sacudiendo la cabeza, Alan y Hermione se acercaron a sus amigos, quienes hablaban ávidamente entre ellos.

-Entonces… ¿Les han dado fecha para el partido?- preguntó la morena

-Dentro de una semana. Tenemos que entrenar duro si es que queremos ganar esto. Estoy seguro que Slytherin querrá apartar el campo para practicar, y debemos adelantárnosles.- dijo Harry motivado.

-Pero…- dijo Ginny sonriente. -¡Hay una buena noticia!- dijo en voz alta, atrayendo la atención de los demás hacia ella. A medida que los alumnos se fueron acercando, comenzó a hablar.

-Todos sabemos que se acercan las fiestas, así que a causa de que los dementores estarán más presentes en esas fechas, ¡Dumbledore ha concedido que mañana vayamos a Hogsmeade!-

Un estallido de felicidad irrumpió en la habitación, con gritos y exclamaciones de emoción.

Hermione se sintió aliviada y contenta. Hogsmeade era uno de los lugares del mundo mágico a donde más le gustaba ir, además que habría libros nuevos por leer y cosas para la ocasión.

Giró emocionada para ver la expresión de Alan, pero el chico permanecía en silencio, con una leve sonrisa en la comisura de sus labios. Fue entonces que Hermione entendió: Alan recientemente había perdido a su padre, dudaba seriamente que alguien más hubiera firmado su permiso para salir del castillo.

Hermione se acercó a él y lo abrazó tiernamente, regresándolo a la realidad. Él le devolvió el abrazo, pero no le contestó.

-Podemos quedarnos ambos aquí. No necesito ir a Hogsmeade este año.- mintió.

-No.- dijo deshaciendo el abrazo. –Quiero que vayas, yo estaré bien, lo prometo.-

-Pero…-

-Pero nada. Vi lo mucho que te entusiasmó la noticia, así que no quiero arruinar nada.-

Hermione tomó su rostro entre sus manos, obligándolo a mirarla.

-No arruinarás nada…-

-Me sentiría más tranquilo si fueras.- dijo sonriente. – ¡En serio! Podrás contarme cómo lo han decorado y qué cosas nuevas hay. Además de que quiero una rana de chocolate desde hace meses.-

Hermione rió alegremente soltando al chico.

-Está bien… te traeré tu rana de chocolate.-


La mañana llegó sin avisar rápidamente, con un clima tres veces más helado que el día anterior. Hermione sentía que el frío se colaba hasta sus huesos, posiblemente más que a las otras chicas porque su cama estaba a un lado de la ventana.

Escuchó el sonido de pies en el suelo, acercándose rápidamente hacia donde estaba. De repente sintió como el aire abandonaba sus pulmones al sentir un peso caer sobre su cuerpo duramente.

-¡Está nevando!- exclamó una pelirroja sonriente desde encima de la chica.

Hermione maldijo por lo bajo, tratando de hablar sin escucharse como una anciana cuyo último aliento salía de su cuerpo.

-¡Ginny, maldita sea! ¡Quítate de encima!-

Ginny rodó fuera de la cama de la morena, sonriente, aplastándola más en el suceso. Después tomó sus ropas y se dirigió al baño cantando mientras Hermione se quedaba quieta recuperándose. Hermione captó después de un rato lo que Ginny había dicho y se incorporó para asomarse por la ventana. El suelo estaba cubierto por una gruesa capa de escarcha blanca, y copos de nieve podían verse caer desde el cielo. Al ver la nieve sintió el espíritu Navideño invadir su interior, y se sintió alegre inexplicablemente.

Después de haberse duchado y haberse vestido con ropas de invierno, Ginny y Hermione se dirigieron al Gran Comedor, sólo para encontrarlo casi vacío.

-Seguramente ya están en la entrada.- dijo Ginny entusiasmada cambiando su rumbo.

Hermione dio una revisada al Gran Comedor pero no vio a Alan en ninguna parte. Se desilusionó un poco ya que quería despedirse, pero siguió a la pelirroja.

Al llegar a la entrada de Hogwarts, se encontraron con los alumnos que asistirían. Hermione pudo divisar a Neville, quien hablaba con Dean Thomas acerca de una nueva recordadora, a Lavender y a Parvati, a Colin Creevey señalando animosamente su cámara fotográfica, y a un rubio en un abrigo de cuero negro, igual como el que había visto el día del suceso en la cabaña de Hagrid.

Hermione se quedó quieta observando al chico. Sintió un rencor genuino recorrer sus venas e inundar sus pensamientos. Cuando Malfoy se volvió hacia ella se le quedó viendo con una expresión fría, la cual el chico le devolvió. No se hacían malos gestos, ni se insultaban por lo bajo, simplemente se observaban el uno al otro, como si fuera un duelo entre quién podría sostener más la mirada.

Malfoy se volvió a sus amigos, ignorándola, por lo que Hermione concentró su atención en los suyos.


Al llegar a Hogsmeade, los alumnos se dispersaron por el lugar, sin antes oír a McGonagall decir que se verían en el lugar de inicio en seis horas.

-Bien, ¿A dónde iremos primero? Muero de hambre.- dijo Ginny mientras se frotaba el estómago con los guantes.

-¿Las Tres Escobas?- dijo Ron. Y ahí se dirigieron.

Se sentaron en una mesa apartada y ordenaron los cuatro una cerveza de mantequilla cada uno. Conversaron por unos cuantos minutos, pero su conversación se vio interrumpida cuando alguien tocó el hombro de Hermione para llamar su atención.

Un hombre alto y de barba, con una capa gruesa y roja yacía a un metro de distancia de ella. La chica, al reconocer quien era, se sobresaltó tanto que casi derrama su bebida, la cual Ron detuvo antes de que se hiciera un desastre.

-¡Víctor! Yo… es decir… ¡Hola!- dijo algo incómoda y acercándose para saludarlo con un abrazo.

-Hola Hermione.- dijo con un acento marcado y con voz grave. –Lamento si te molesté, sólo quería saludarte. Y los chicos.- dijo añadiendo para no quedar mal y dándoles un gesto con la cabeza, al cual ellos respondieron con un hola.

-¡Pues me alegra que lo hayas hecho! ¿Cómo van las cosas en Durmstrang? Ahora tenemos a uno de tus compañeros en nuestros terrenos.- dijo orgullosa refiriéndose a Alan.

Víctor no pareció entender lo que decía.

-¿Compañero?-

-Alan, Alan Blackwell. Antes estudiaba en Durmstrang, aunque es de nuestra edad.-

-Vaya, nunca había oído de él.-

-Oh… seguramente no habrán coincidido en el instituto.-

-Seguramente.-

Un silencio incómodo se asentó entre ellos, y Hermione comenzaba a contar los segundos como si fueran horas.

-Bueno, me dio gusto saludarte.- dijo Víctor acercándose a Hermione para darle un abrazo de despedida.

-Lo mismo digo, ¡Adiós!-

Hermione se sentó, y observó a Harry, Ginny a Ron, quienes estaban en silencio, pero después rompieron a reír.

-Definitivamente fue una de las conversaciones más incómodas que he presenciado.- dijo Ron sin parar de reír, a lo que Hermione le arrojó una servilleta arrugada mientras fingía estar molesta con ellos.

Después de comer, se pasearon por el lugar observando los arreglos Navideños y escuchando la música proveniente de los cantores.

-Vayamos a Honeydukes. Le prometí a Alan una rana de chocolate.- dijo Hermione, pero enseguida recordó algo ligeramente más importante. –Aunque también debo ir a Galdrags por una falda nueva...-

-¿Por qué no te adelantas mientras hacemos fila para Galdrags? Así no perdemos más tiempo.- dijo Ginny.

-Me parece bien.-

Hermione se fue por un lado y sus amigos por otro. Estaba a punto de llegar a Honeydukes cuando un cierto suceso la detuvo. Malfoy estaba completamente solo dirigiéndose con paso decidido a algún lugar. Hermione rodó los ojos y siguió su camino, pero volvió a detenerse. Pensamientos comenzaron a invadir su cabeza, llenándola de curiosidad. ¿A dónde iría Malfoy solo?

Hermione se debatió internamente, mordiéndose el labio inferior. ¿Debería seguirlo? Pero, ¿Por qué habría de hacerlo? Tal vez Malfoy solo se dirigía a un lugar como cualquier otro… ¿O no?

Hermione sacudió la cabeza y se dejó vencer por la curiosidad. Observó a Malfoy desde lejos y comenzó a seguirlo sigilosamente. El rubio dobló la esquina a un lugar que reconoció inmediatamente. Había sido allí donde habían peleado en tercer año, y Harry los había espantado con su capa invisible. Pero de lo que más se percató era que ese era el uno de los caminos para llegar a la Casa de los Gritos.

Se acercó con cuidado, pero pisó accidentalmente una de las ramas que habían caído de los árboles, por lo que Malfoy se volvió alerta. Sin embargo, la chica logró esconderse tras a nieve antes de que pudiera divisarla.

Malfoy se quedó unos instantes observando sus alrededores, pero siguió con su camino… hacia la Casa de los Gritos.

Hermione dejó que se alejara antes de seguirlo, para no arriesgar ser descubierta. Al cabo de un tiempo continuó con su destino, llegando cansada de caminar sobre la nieve a la choza vieja y desaliñada, entrando por uno de los pasadizos secretos.

En cuanto entró, los recuerdos comenzaron a invadirla. Recordó la noche que descubrieron que Sirius era inocente, que Peter Pettigrew había escapado y que Ron había estado mal herido en una de las camas de arriba. Sin pensarlo se dirigió a la misma habitación de los sucesos, lentamente y con cuidado de no hacer crujir a los tablones de madera.

En cuanto llegó, vio todo como estaba. La cama, la mesa, los cuadros…

En eso escuchó cómo la puerta detrás de ella se cerraba con un estruendo, sobresaltándola y casi sacándole un grito.

-Sabía que me seguirías, Granger.-


¿Y si me das un review, y yo te doy un abrazo virtual? :D