La sangre cayó lentamente, pareciendo más roja de lo que Morty había visto jamás, sobre el suelo, las manos de Rick, su ropa, y el muchacho podía escuchar su corazón hacerse pedazos con cada gota que se derramaba bajo la silenciosa mirada del otro Morty, quien ya no encontró fuerzas para pronunciar sonido.

-¡Rick!.-Sollozo con la voz rota Morty mientras el otro lo liberaba por fin de su agarre, dejándolo arrastrarse hasta el cuerpo en el suelo, el arma sonando estruendosamente al caer de sus manos.-Rick, no, por favor, no vuelvas a irte, no vuelvas a dejarme. No, no por favor no.

-No tengo mucha opción, Morty.-Musito a través del dolor y la sangre difícilmente pronunciando, alzando la mirada hasta sus ojos. La vida escapándose en cada dolorosa respiración.

-Soy inteligente ahora. Puedo salvarte, encontraremos el modo, pero por favor no cierres los ojos, Rick. No me hagas esto ahora, tienes que volver conmigo a casa.-Las lágrimas cayeron de sus ojos mientras se aferraba con fuerza a la mano ensangrentada de Rick, y el sonrió fugazmente en su ilusa esperanza, sin embargo ambos sabían que no viviría más que unos minutos más con la herida en su pecho, y que lo había atravesado, arrancándole la sangre y la vida con excesiva rapidez.-Solo resiste, por favor.-Rogó.

-Nunca necesitaste ser inteligente para salvarme, Morty.-Murmuró casi sin aire, enfrentando los ojos inundados en llanto, esos que parecían tan dulces para el, y que deseaba poder ver unos segundos más como no había hecho antes antes de tener que ser arrastrado por la oscuridad una vez más, mientras la respiración se le dificultaba aún más.-A ti te bastaba con ser tu para quitarme el dolor, y lamento no haber podido saber como amarte como mereces, lamento no haber encontrado la manera.

-No te atrevas a despedirte todavía.-Casi le gritó, las lágrimas cayendo por sus mejillas, y Rick no pudo pensar en una razón por la que lloraría por el, por la que nadie lloraría por el.-Lo siento, yo no quería hacerte esto.-Sollozo.-Lo lamento, lo lamento, yo no quería, perdóname. No quería.

-No es tu culpa, Morty, nada de esto es tu culpa. Yo lo siento, yo lo arruine todo.-Le dijo, y Morty escondió su rostro en su pecho, sin importarle la sangre, aferrandose a el y el cálido aroma que pronto perdería.

-No me dejes...-Suplicó apenas audible, y Rick se inclinó ligeramente, cerca a su oido, sofocando el dolor en su garganta antes de hablar.

-Te mentí tanto, no eres un estorbo, no eres inútil, y jamas he podido odiarte, fuiste lo mejor que tuve...-Murmuró acariciando su rostro con su mano todavía encadenada, empujándolo cerca de si, dándole un último y cálido abrazo al rodear sus hombros, tratando de disipar el frío que lo inundaba en la perdida de sangre, y consciencia, antes de retroceder, desplomándose ligeramente en el suelo.-Tienes que ser bueno, tienes que ser mejor que yo, Morty...-Terminó de decir, su nombre siendo su última palabra mientras la inconsciencia lo abandonaba, sus ojos, finalmente cerrándose, y su cuerpo cayendo al suelo, el menor ayudándole a caer con suavidad, sin dolor.

El silencio lo golpeó con más fuerza que un disparo entonces, fue más doloroso que sentir los doscientos cincuenta voltios de electricidad recorrer cada nervio, y rincón de su cuerpo, fue más terrible que cualquier cosa que hubiera sentido antes, y se dio cuenta de lo mucho que se había equivocado, por que la terrible soledad y el sufrimiento que Rick le había causado no podía compararse con aquel sentimiento que lo inundaba, el que sentía en ese preciso momento destrozarle el corazón, aquel era mucho peor.

-Despierta, por favor, despierta, Rick...-Murmuró el muchacho con los ojos abiertos de par en par, moviendo su cuerpo desesperado por que despertara, escuchando la respiración del mayor volviéndose cada vez mas débil, hasta que finalmente se apagara.

Las manos de Morty permanecieron aferradas a Rick, simplemente sin poder controlar el llanto que le caía por las mejillas y que dolía tanto, su mente negándose a creer que estaba muerto, inclinándose hacia adelante.

Delicadamente, presionó su boca en sus labios todavía cálidos en un dulce beso, deseando haber podido tenido más tiempo, haber sido más valiente y no haberse callado su amor, por que ahora era tarde, siempre parecía ser demasiado tarde.

Con la respiración temblorosa, escuchando los pasos a su espalda Morty se alejó del cuerpo inconsciente de Rick, sin poder formular pensamiento o moverse al sentarse sobre sus rodillas por encima de la sangre que todavía abandonaba su pecho.

"No es tu culpa, Morty".

No era cierto, si era su culpa. Era su culpa por no haber sido lo suficientemente fuerte para luchar, no ser lo suficientemente inteligente, no importaba lo que hiciera, el nunca era suficiente. Era demasiado ingenuo, tonto, y cobarde, jamás sería suficiente.

-Eso fue más rápido de lo que esperaba.-Escuchó su propia voz decir en los labios ajenos, y sólo deseo poder callarla, no tener que volver a oírla.-Será mejor irnos, todavía quedan muchos Rick allá afuera, y deberás ayudarme a encontrarlos. El ya no vale la pena, no es más que un cadáver ahora. Vámonos.

El muchacho trató de levantarlo, poniendo su mano en su brazo, y Morty se tenso, de pronto pareciendo reaccionar, la furia hirviendo en su interior hasta explotar en su cuerpo, quemandole la garganta, por un momento cubriendo el dolor y la pena.

Se puso de pie de manera obediente por que no podía hacer otra cosa, sin hablar, temblando antes de ver al otro, alzando la cabeza, viendo un frío recuerdo de lo que había perdido, un exacto reflejo de su oscuridad, esa que finalmente parecía alcanzarlo en el amargo sentimiento en su interior, y con fuerza lo empujó lejos de si, luchando en su contra con las manos en puños.

-¡Morty!, ¡Ya basta!.-Le gritó furiosamente el otro sin poder quitárselo de encima, deteniendo sus muñecas, sin embargo el otro ya no era capaz de escuchar al estar atrapado en el mismo abrumador sentimiento de furia, y resbalando con la sangre derramada, ambos cayeron dolorosamente al suelo a unos centímetros de la pistola láser.

-¡Es tu culpa!, ¡Lo mataste!, ¡Lo mataste!.-Morty se desmoronó en las erráticas emociones, las lágrimas volviendo a sus ojos, perdiendo por un segundo la fuerza, el otro empujando su cuerpo lejos de si, entonces ambos quedando de frente, derrotados y de rodillas en el suelo carmesí, la mirada de Morty perdiéndose un instante entre agitadas respiraciones.-Lo mataste.

-Sabes que lo merecía, Morty, el no era más que un bastardo egoísta incapaz de amar a nadie, y como siempre fuimos tan idiotas como para creerle que si podía amarnos a nosotros, ahora estaremos a salvo, ya no puede dañarnos,¿Acaso no ves que esto era lo mejor para ambos?.-Su voz se tambaleo un segundo entre la furia, soltando sus manos, viendo sus brazos caer débilmente a sus costados.-El debía morir. No era más que un parásito, uno que sólo destruye y consume todo lo bueno que toca. Tenía que morir.

Lentamente la mirada de Morty se alzó hacía los ojos de su otro yo, el término de nosotros repitiéndose en su mente, y supo que aunque siguiera vivo jamás sería libre, el no lo dejaría ir, por que estaba demasiado sólo para dejarlo marchar.

El quería que fueran iguales para no estar tan sólo en el universo, jamás podría irse, no mientras tuviera todo ese control sobre el, y Morty ya no tenía mucho que perder tampoco, sólo esa libertad, y no dejaría que se le arrebatara lo último que todavía le quedaba, lo único por lo que todavía podía luchar.

-Tu también.-Soltó en un tono de fría furia el muchacho, un segundo antes de tomar el objeto en el bolsillo de la bata, un segundo antes a empuñar con fuerza la jeringa que traía consigo en su contra, el otro trató de detenerlo y defenderse, sin embargo fue tarde, y la aguja velozmente de enterró en su rostro, un grito desgarrador escapando de su boca ante el dolor.-Supongo que ahora si necesitaras ese parche.-Le dijo murmurando con rencor cerca de su rostro Morty.

Sin más, alejo la aguja de el, dejándola caer y rodar por el suelo, escuchando el dolor de su otro yo al retroceder por el suelo al ser soltado, y mientras que por las mejillas de Morty corrían las lágrimas, por las suyas corriendo la sangre.

Morty lo miró con las manos en puños temblando, y entonces, en un movimiento violento, su mano vuelta un puño golpeando su rostro fuertemente, aturdiendolo un momento para que no fuera capaz de detenerlo con el chip de obediencia, un segundo antes de que el control se le escapara entre las manos.

Morty se levantó entonces con rapidez, casi tropezando, caminando en la distracción del otro hasta la pistola de láser, tomándola entre sus manos, y apuntándole con sus manos temblando, viendo la mirada iracunda y sombría del otro en su ojo sano mientras su mano presionaba el otro, el líquido rojo deslizándose entre sus dedos.

-No vas a dispararme, hice lo mejor para ambos, y lo sabes.-Pronunció el, enfrentando el cañón, negando con la cabeza al ponerse de pie tambaleante, sus palabras dudosas al decir, por que no podía descifrar la mirada en sus ojos.-Somos iguales, Morty, aunque quieras negarlo, debes aceptar que también lo querías muerto, que tampoco podías perdonar todo el daño que te hizo, que estas igual de manchado que yo. Sabes que obtuvo sólo lo que merecía.

-Tienes razón, estamos igual de dañados, y ambos queríamos y odiabamos a Rick, por que se que a pesar de odiarlo tanto y de todo esto, tu aún lo querías, pero se fue, te abandonó y te rompió, no podías perdonarlo. Lo entiendo, somos iguales, por eso...-Dijo con voz fría, muy parecida a la que Rick tenía, sus dedos rozando el gatillo entonces.-...No soy capaz de perdonarte tampoco.

El disparo escapó con una fuerza estruendosa, el sonido del impacto sonando con fuerza en los oídos de Morty, viendo en silencio como atravesaba la cabeza de su otro yo, y su cuerpo finalmente caía.

Dejó escapar toda la respiración contenida al ver su cuerpo desmoronarse, todo finalmente terminando, su corazón herido lanzandolo a las lágrimas una vez más, soltando el arma, quedándose inmóvil en el silencio y la sangre, de nuevo, quedándose completamente sólo en el universo.

Tiempo después.

Los pasos de Morty rompieron el silencio de la habitación mientras se movía a través del lugar oscuro y los pasillos, vestido con la blanca bata que un día había sido de Rick, entre sus manos sosteniendo el destrozado pedazo de papel al que se había aferrado las noches donde no había más que dolor, en las que respirar se hacía más difícil, y no creía poder seguir adelante entre la tristeza y la culpa que le quemaba por dentro.

Las lágrimas nublaron sus ojos un instante, su corazón acelerado latiendo dolorosamente en su pecho, volviendo a sentir el mismo dolor que sintió cuando perdió a Rick, su respiración volviéndose inestable a través del nudo que apretaba su garganta, uno que esperaba pronto desapareciera.

Recordaba perfectamente haber permanecido unos segundos sólo en la habitación después de haber soltado el arma, rodeado por los cuerpos y la sangre, hasta que un disparo rompió el sistema de seguridad de la puerta, y Sia apareció frente a el, mirando la escena horrorizada, acercándose con rapidez.

-¿Que sucedió?.-Su preocupada voz preguntó, acompañada de sus pasos y Morty alzó la mirada sin dejar de llorar, atrapado en la tristeza que se aferraba a el dolorosamente.

-El lo mató.-Le dijo con la voz rota, y la mirada de nuevo pérdida, y el corazón de la muchacha pudo sentir su dolor como suyo, y se negó a esa posibilidad, por que no dejaría que Morty perdiera a Rick como lo había hecho ella, y rápidamente, se acercó bajo su confusa mirada.-¿Qué estas haciendo?.

Sus rodillas tocaron el suelo, su oido contra el corazón de Rick, ese que ya no latía no emitía sonido alguno, igual que sus pulmones, vacíos de vida.

-Respondeme algo, ¿Cuánto tiempo tarda el cerebro en apagarse cuando el corazón deja de latir, Morty?.-Preguntó velozmente, tratando de arrancarlo de ese estado entumecido, y aún en su confusión, tratando de pensar a través de su dolor el encontró la respuesta.-Dime, Morty.

-Veinte minutos.-Forzó las palabras fuera de su garganta.

-Rick lleva muerto sólo once.-Le informó, y el corazón dio un vuelco asustado, lleno de una pequeña luz de esperanza que se apagó demasiado rápido, que solo duró un instante antes de apagarse.

-Pero no podemos curar su herida, y su corazón ya no late.-Murmuró débilmente, por que un cuerpo no podía funcionar sin él, no importaba lo que hicieran, jamás funcionaría sin corazón.

-No necesitamos que lo haga.-Declaró la muchacha negando, levantando el cuerpo del suelo, tomando el arma de portales.-Tienes que confiar en mi, todavía podemos salvarlo.

Las palabras de repitieron con fuerza en la mente de Morty, y sin esperar un segundo se acercó, movido por una fugaz ilusión de esperanza, la ayudó a cargar el cuerpo de Rick a través del portal, ya que, de todas maneras no tenía nada que perder, llegaron al garaje de la dimensión de Sia, hasta el cuarto secreto bajo la habitación donde su Rick había estado trabajando, donde le había devuelto la vida.

Rápidamente Morty pudo ver lo que quería hacer al ver unos cuerpos en tubos, unos idénticos a los que Rick había destruido con el hacha luego del incidente con Mini Rick.

Cargando con todo su peso, lo puso en el asiento cercano a la máquina, tomando los electrodos y poniéndolos en su cabeza como le había dicho ese día, rogando por una esperanza mientras Sia encendía el artefacto de transferencia, tecleando con rapidez sobre las teclas de la maquina, mientras el luchaba por ver a través de las lágrimas.

Había una pantalla frente a los tubos que mostraban los signos vitales estables y constantes, cuerpos que no eran más que hojas en blanco, simples cuerpos vacíos sin consciencia.

-Por favor...-Suplicó con los ojos inundados, conteniendo la respiración, sin poder dejar de temblar, entonces la mano de uno de ellos moviéndose levemente, sus ojos parpadeando un instante antes de cerrarse, una pequeña respuesta, la única que Morty necesitó para que su corazón volviera a latir.

Después de eso, consciente de que no podía hacer más que esperar, el logró hacer que cada Morty prisionero volviera a su dimensión luego de encontrar y destruir la máquina que controlaba los chip de obediencia, fue fácil para Sia y para el quitarlos todos cuando lo hizo, y los Morty finalmente fueron libres, pudieron irse igual que los Rick, algunos de ellos reecontrandose con sus Morty.

Pudo ver que no todos eran malos, algunos de verdad querían a los Morty, había sido como Sia le dijo, no todos son buenos, sin embargo no todas las personas lo eran. Eso era algo que su otro yo, su captor, no podía entender, no todos los Rick eran iguales, no todos eran malos y egoístas, algunos si eran capaz de amar, y pudo verlo cuando esos Morty volvieron felices con sus Rick como el ya no podía hacer.

Sus pasos nerviosos avanzaron entonces, acercándose al lugar donde había estado encerrado entre experimentos durante días en los que incluso se había perdido de su cumpleaños número quince, ahora, su corazón temblaba lleno de miedo, sudaba frío debido al nerviosismo, y a momentos sentía que no podía respirar al pensar en lo que le esperaba detrás de la puerta.

-Todo saldrá bien, Morty.-Le dijo Sia tratando de calmarlo, mirándolo tranquila en el nerviosismo que veía en el.

-¿Como sabes?.-Preguntó dolorosamente.

-Tengo esperanza.-Sonrió al decir, y Morty deseo poder tenerla también, sin embargo su miedo era más grande que cualquier cosa, sabía que un mínimo error, podía arruinarlo todo.

Las puertas se abrieron al acercarse, entrando en la amplia habitación, aquella que lo había acompañado en el desvelo de los últimos días.

Ahora estaba ahí, a punto de despertar aquel cuerpo en el que esperaba estuviera Rick, uno que finalmente estaba listo, uno que no era exactamente igual al que había dejado atrás, ya que el Rick de Sia no estaba planeando seguir viviendo en un cuerpo de su edad, y este era unos cuantos años más joven.

Habían tenido que esperar para que el cuerpo terminara de desarrollarse en ese experimento incompleto, y esperaron que la consciencia puesta en el tomara la correcta posesión de el, intentando cerrar cualquier posibilidad en que aquello saliera mal.

Con rapidez, y luego de que la muchacha presionara los botones correctos, el agua se dreno y la cápsula se abrió, dejando que Morty ayudado del otro lo sacarán de alli y lo subieran a la casa, seguía inconsciente y con dificultad lo vistieron y recostaron en la cama que era del Rick que Sia y Morty habían perdido.

Lo dejaron cuidar de el, y mientras el tiempo avanzaba, la esperanza del muchacho sólo lograba romperse más, hasta estar tan destrozada como su corazón herido. Las lágrimas finalmente cayeron cuando el reloj contó con la medianoche, y aferrandose a su mano sobre la cama, Morty rompió en llanto, sin poder soportar el dolor y la culpa que se aferraba a su pecho más tiempo.

Eventualmente el cansancio fue demasiado luego de días sin dormir, y sus ojos se cerraron sumiendolo en la oscuridad, todavía sentado al lado de la cama, todavía sujeto de su mano, todavía rogando por un milagro que podría jamás alcanzar.

Gracias por leer.