5907 palabras.
Holiwi~ tengo unas ganas inmensas de volver a meter a Polonia, ¿no sería genial? Pero será otro día.
Hoy seré perversa y los tendré de conejillos de Indias, hohohohoho, ya verán.
¿Conocen esta canción: www .youtube (aquí va un punto com slash) watch?v=Q3UqusEWGeo ? Bien, si no lo hacen pueden escucharla para descubrir lo lenta y romanticona que es (corazones, hoy Tari anda medio rara) ¿Ya la conocieron?
Ahora pasemos a la segunda parte de mi plan malévolo. Abran esta página y carguen el video, tal vez más de alguno lo conozca www .youtube (aquí va otro punto com slach) watch?v=A9DzJbKxw0c (También hay espacios que deben quitar)
Y la tercera parte es la siguiente: cuando estén en la escena de la clase de Toño, cuando dice: "El sonido de unos violines" pongan a andar el video y retomen la lectura. No se preocupen por nada, lean como si fuera cualquier otra parte, si mi plan no funciona no debería alterarse la importancia de la escena.
¡Los amo!
Escribo sin fin de lucro.
Hetalia Axis Powers y todos sus personajes -desde el más liberal hasta el más posesivo- perteneces a Hidekaz Himaruya.
La Torpeza de tus Pasos: Capítulo 11: Antonio
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El salpicar del agua chocaba con sus tímpanos, con sus piernas y con su mente. Se sentía torpe, ¿cómo no hacerlo? Estaba a dos pasos de tener sexo con un hombre al que aborrecía pero al que extrañamente aguantaba. Era pobre su razonamiento y las ansias sedimentaban en su estómago.
¿Cuánto tiempo llevaba sin acostarse con alguien? No sabría precisarlo. Antes se largaba con la primera persona que le diera un billete de más en su trabajo y ya estaba listo para soportar sus instintos el resto del mes. Pero ahora ni ganas de eso tenía. Sus energías eran absorbidas por sus trabajos –"mañana debo llegar temprano a la reunión"-, por sus idas y venidas, por World Reference y por su familia. Porque aunque no les dedicase tiempo de forma física, siempre ocupaban parte de su mente. Rondando, atándolo, aplastándolo, provocándole ganas de no esperar hasta fin de año, de no conocer un nuevo amanecer.
Sumiéndolo en una monotonía cruel.
Era cierto que estaba más tenso que de costumbre. Pero eso no justificaba el torpe paso que daría. ¿O sí lo hacía? Al menos era una mejor excusa que el estar drogado. Podía agradecerle mentalmente a la rana por pararle el carro.
Si con Matt lo hubiese hecho, se hubiese controlado, no hubiese escuchado a la hipotética opinión externa.
Ya que lo curioso aquí es que Arthur se siente parte de una familia, pero cree que socialmente no debería hacerlo. Es un instinto básico, más allá de la evolución de las sociedades y los conceptos.
Si hubiese sido un cliente en la Antigua Roma se sentiría con más derechos que ahora.
El vapor le quema la cara y el agua se desliza por su espalda y su pecho.
De algún modo, esa pugna entre el instinto del clan y la evolución de las sociedades se mantiene en él. Arthur se ha perdido en alguna parte del camino de los cambios culturales.
Los clientes pasaban a formar parte de la familia, pero el no es un cliente que sabe que su situación depende de las relaciones con su señor, independiente del parentesco.
Los sirvientes eran considerados parte de la familia, pero él no es un sirviente con menos derechos.
Las mujeres pasaban a formar parte de la familia de su esposo, pero él no es ni mujer ni esposa de nadie ni ha tenido que ser consciente de un cambio durante el transcurso de éste.
Los protegidos de los señores recibían educación y a cambio le rendían vasallaje, mas él no es un protegido que deba aprovechar su situación.
El es un joven cuyo mundo fue derrumbado, cuyas dudas fueron resueltas pero desmintiendo cualquier suposición propia, golpeándolo con la realidad.
Y ahora está en casa de un hombre que le gustaría decir que apenas conoce, pero que sabe conoce mejor de lo que quisiera.
Se refriega el cabello frenéticamente mas pronto su ritmo se acompasa, perdiendo la noción del tiempo por culpa de sus pensamientos, buscando un sendero en sus corrientes de conciencia que no lo obliguen a enfrentarse a esa monotonía cruel de no entender, de no asimilar y de no ubicarse.
Su cuerpo desnudo y delgado le recuerdan a Lily y su problema con la comida. Y viéndose bien, nota que él mismo no está bien alimentado. ¿Qué será de Lily? Seguramente está con su hermano, disfrutando las últimas horas de esas fechas familiares. En ningún caso se la imagina vomitando a escondidas en el baño de su cuarto como realmente está sucediendo.
Ella es una chiquilla hermosa, si le gustaran las mujeres estaría enamorado de ella. Es menuda, tímida y recatada.
Recuerda su mano tomada a la de ella y un movimiento de muñeca. Ve a Lily girando.
Recuerda el local de Francis y cómo este lugar para nada acogedor se ha convertido en su pequeño limbo entre día y día, entre pensamiento cruel y pensamiento monótono.
Recuerda las lagartijas que Francis lo obliga a hacer cada vez que va. Cincuenta. Y las que por su parte realiza en casa.
Francis piensa que es un vago y no se prepara. El no lo desmiente ni le dice que dobla la cifra.
Y los abdominales, las sentadillas, las pesas de dos kilos empolvadas que Francis sacó de entre sus cachureos y que le prestó. Sus intentos por encontrar el centro de equilibrio de su propio cuerpo.
Los golpes de Francis en su estómago, en sus piernas, en sus glúteos, diciéndole que tiene que tensar sus músculos. La mirada divertida de Lily, de Sandra, de Jenny o de cualquiera de las chicas con las que coincida. Sus respuestas verbales a las instrucciones de Francis.
"-¡Eso hago, maldito idiota! Eres tú el que se inventa trabajos tan complicados.-" Se oye decir en su mente. Y Lily estalla en una carcajada sincera cuando se desploma sobre el suelo incapaz de mover un solo dedo.
Arthur recuerda que está gastando agua innecesariamente, que perdió la cuenta de cuanto está tardando y de que lo están esperando. De que lo está esperando.
Cierra la llave del agua, se seca un poco y da un paso más hacia la salida.
+'+'+'+'+
Francis ronronea apoyado contra la pared de su cuarto. Se distrajo vigilando que la ropa de Arthur se hubiese secado y dándole de comer a Pierre para que se callara de una buena vez. Sentía una especie de reproche en sus agudos chillidos, para nada armoniosos como los usuales.
¡Nunca traigas a tus conquistas a casa! Parecía decirle. ¡No te lo aguantaré!
Francis agradeció que guardase silencio.
"Sería horrible si las trajera a todas."
Lentamente recorrió el cuerpo inglés en su mente, realizando hipótesis sobre éste a partir de lo que ha logrado observar en sus clases.
Cree que si aprieta allí… sí, le ha visto la cara cuando lo hace, seguramente es un sector sensible… y allí también…
Cuando Arthur sale del baño, con los calzoncillos puestos y el cabello húmedo, Francis lo está esperando sentado en la cama, con unos boxers y su camisa abierta.
Sellando un pacto de silencio, Arthur se sube a la cama y lo arrincona, soltando de a poco su nerviosismo y dejándose llevar, disfrutando. Si no lo hiciera, ¿cuál sería el sentido?
Francis introduce el dedo por el aro del pezón de Arthur y tira de la argolla juguetonamente. Es el izquierdo. Y le queda endemoniadamente bien.
Arthur no se queja, ni siquiera cuando se lo tira con más fuerza y lo obliga con ellos a encorvarse. Sin mirarlo ataca sus labios, sin detenerse a pensar en a quien besa.
Francis toca su cuerpo delgado y desliza sus dedos por las costillas. Le llama la atención que no esté tan deteriorado como esperaba tanto como los tatuajes del inglés.
El del costado apenas lo vio unos segundos con nitidez antes de que Arthur lo obligase a darse la vuelta. El tallo de un rosa sangrante. Espinas entre las que se deslizan cabellos, capilares rojos. Una forma delicada y moribunda, amoldada por el singular pegamento que mantiene a los pétalos unidos entre sí.
La seguridad de haberlo visto antes o después de notar los nombres tatuados en su tobillo es nula. Si en unos días le pidieran a Francis que reestructurara cronológicamente su noche con Arthur no podría hacerlo.
O podría, recurriendo a la lógica. Sabe que vio la rosa antes de que Arthur lo penetrara y los nombres después, cuando se recostó a su lado y encendió un cigarro.
Fue también entonces cuando vio el contorno de una fina tiara entre sus omóplatos, tatuaje que viera en parte con anterioridad cuando el inglés usaba camisetas. Parecía a medio hacer, puesto que no estaba pintada por dentro.
Tampoco podría precisar el momento de los jadeos detrás de su oído, aunque no los confundiría con la voracidad que el inglés demostró en su entrepierna.
Seguramente, lo único que podría determinar sería el momento en que introdujo sus dedos en el británico sin sospechar que le darían vuelta el juego. Al final, el placer que sintió Arthur bien valía darle a Francis la idea efímera de estar dominándolo.
Recordaría, eso sí, los gritos del inglés cuando el verde desapareció dentro del negro plástico. Pero eso no sería sino hasta la mañana siguiente.
- ¿Y esos nombres en tu tobillo?- Arthur miró de reojo hacia atrás y volvió a llevarse el cigarrillo a la boca.- ¿Antiguos amantes?-
- Son mis hermanos. Alfred y Matthew, son gemelos.- Respondió mirando hacia abajo, entre sus brazos. Francis, de espaldas, se apoyaba en sus codos para tener una mejor perspectiva de la espalda del inglés y de sus marcas.
- ¿Por qué en tu tobillo? Debió doler mucho.-
- Lo suficiente.- La piel de su estómago se tensó cuando Arthur miró el techo.- Porque ellos son la base de mi vida.- Arthur se llevó la mano libre a los ojos y la restregó allí y en su frente. Deslizó sus dedos por entre su cabello y lo agarró con fuerza.
- Pasa algo.- Francis se ladeó, acercando una mano al hombro inglés y acariciándolo. Arthur volvió a llevarse el cigarro a la boca y tras un momento se soltó el cabello.
- Mat está enamorado de Al y yo…- Arthur arrugó los ojos, sin llegar a cerrarlos. La nariz comenzó a picarle. –Y Mat. Casi nos acostamos… nos besamos… nos tocamos...-
- El amor debe ser libre.- Lo interrumpió sin querer Francis, retirando su mano. –Claro, has pasado una línea moral, y aunque no estoy de acuerdo con ello, debo respetarte. Es tu realidad y dentro de ella debes ver lo que está bien y lo que está mal, ceñirte a esas nuevas reglas. Pero, insisto, no lo acep…-
- Yo tampoco, wanker.- Arthur miró en otra dirección, llevándose el cigarro de nueva cuenta a la boca pero sin calarlo.- Y él tampoco. Se metió conmigo porque soy lo más cercano a Alfred de lo que estará jamás.-
- No veo la diferen…-
-Soy adoptado.-
Francis soltó un "oh" largo y de realización al comprender. Un poco.
- Pero eso no cambia que sean hermanos.- Dictaminó al final, frunciendo el ceño y pidiéndole a Arthur el cigarro. – Es como si yo me metiese con mi hermana, por favor.-
- ¿La mulata?- Arthur levantó sus gruesas cejas.- Es adoptada, ¿verdad?-
- No, tenemos madres diferentes. Pero Marianne me crió como a un hijo, es mi madre.-
- Al menos comparten sangre.- Rezongo Arthur, cogiendo la almohada y atrayéndola. Francis no respondió.
- Si tienes algo más que sacar de tu sistema, deberías aprovechar.- Cambio su gesto sonriendo ladino, tramposo y confiado.- O si no nuestro espléndido trabajo no habrá servido de nada.-
- Debo dormir, mañana tengo una reunión con mi jefe.- Arthur se permitió desplomarse sobre la almohada.- Aunque piensan que soy demasiado inmaduro y antisocial como para confiar en mí. Mi futuro con ellos no es más que una tontería, los dejaré en cuanto pueda.-
- Deberías aprender a fingir.-
Arthur miró atento a Francis, levantando las cejas y arrugando su frente. Siempre fingía. Consigo mismo o con su familia o con Caroline o con sus amigos o con… no podría precisar con quien realmente. Sentía que su vida era una constante mentira pero no dejaba de encontrar atisbos de verdad en ella.
- En los momentos adecuados, como tu trabajo.-
Bajó las cejas. Sonaba fácil, pero si mentía con todas las personas, ¿por qué no podía ser él mismo cuando se enfrentaba no a una persona, sino a un ente incorpóreo? Dejando de lado la figura de su superior.
- De verdad, sino no llegarás a ninguna parte con esa pinta que tienes. Eso sólo pasa en los libros de Stieg Larsson.-
Una idea antagónica tomó forma en la cabeza de Arthur, ¿por qué no fingir frente al ente incorpóreo y ser real con las personas? El equilibrio continuaba manteniéndose. Pronto la idea volvió a derrumbarse. Porque las personas siempre están contigo y tienen sentimientos. El ente incorpóreo no.
- Me parece extraño que tengas hermanos que son hijos biológicos de tus padres. Si ya los tenían a ellos, digo yo.-
- ¿Has oído decir que el mismo estrés de no poder tener hijos mantiene infértiles a muchas parejas? Eso les pasó. Una vez que obtuvieron mi custodia… al año mi mamá quedó embarazada. Aborto espontáneo. Y años después llegaron esos dos.
Francis apagó el cigarro contra… bueno, al parecer fue contra el velador, ya que Arthur no recordaba haber visto un cenicero allí. Ni en ninguna parte de la casa.
La idea de Arthur, si bien efímera, fue más un inicio, un primer paso.
Después del segundo cigarro resolvieron dormir. Arthur reconoció para sí que se sentía mucho mejor después de la conversación, el sexo, las conclusiones y el cigarro. Mucho mejor.
Al despertar, Francis volteó a ver al inglés. Estaba de espaldas a él y le permitía admirar el tatuaje de la tiara y su mechón verde, además de varios piercings.
Recordó que Arthur tenía asuntos importantes ese día y tuvo una idea. Abrió el cajón de su velador y sacó un objeto de él.
Arthur abrió los ojos al sentir tan cerca de su oído el zaz de las tijeras.
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Apoyaba su rostro en sus manos, inclinado hacia delante y mirando la carta que recibiera del correo esa mañana.
Arriba Antonio, los niños no lloran.
¡Sí, papá!
Antonio Fernández Carriedo, un joven de cabellos castaños y alegres ojos verdes, apasionado por naturaleza, vivió su primer gran amor a los cinco años de edad. Ella era un niñita de cabellos oscuros con la que se besaba bajo el resbalín del patio del jardín infantil. Se tomaban de las manos manchadas con tierra, arena y plasticina y juntaban sus labios en besos babosos y enardecidamente infantiles. Le tocaba las mejillas sonrosadas y le sonreía, para luego continuar el resto del día cogidos de la mano.
Sufrió mucho cuando entraron al colegio y se separaron.
Estos maricas, ¡hace falta que regrese Franco para que España vuelva a glorificarse!
Papá, Franco está muerto.
Calla, Antonio y escucha, tú llevas un nombre importante. Los hombres mueren, se equivocan, pero las ideas quedan aquí –el índice golpeando su sien.- Aquí viven y se fortalecen.
Su segundo gran amor fue una muchacha de manos suaves. ¡Se escapaban todos los viernes en la tarde! Ella saltaba por la ventana de su cuarto –en un segundo piso- hasta los brazos de Antonio. Nunca la dejó caer.
Apenas descubrió lo que era en su totalidad un cuerpo femenino cuando ella se mudó y perdió todo contacto con él. El padre de la chica fue hasta su casa a quejarse con el señor Fernández. Este sólo dijo que Antonio era todo un hombre.
Es un nombre de hombre, de alguien que se atrevió a hacer algo por España.
No hizo nada, papá, sólo…
Estudiarás ciencias políticas y me comprenderás. Seguirás mis pasos y los de tu abuelo.
Antonio suspiró sin despegar la vista de la misiva. Tenía suerte de no llamarse Francisco.
Y la recordó a ella, una muchacha portuguesa. Y lo recordó a él. Su tercer gran amor.
Podría decirse que todos los amores de Antonio son "grandes amores". Cinco hasta la fecha.
João era atractivo y su cabello –entre otras cosas- enloquecía a Antonio. Era el color y el aroma. Algo similar le sucedía con las marcas de su cuerpo y con sus brazos torneados. Nunca había sido tan apasionado con alguien en la cama, ni con Francis ni con Lovino. Era un choque desbordante.
Estudiaré pedagogía en castellano. Y me mudaré con João. Nos vamos a Madrid.
Tal vez darle a entender a su padre que era bisexual al mismo tiempo que le daba a conocer su decisión sobre qué estudiar no fue una buena idea.
El sonido del televisor lo distrajo y Lovino apoyó la cabeza en su hombro.
- ¿Qué te pasa que estás tan callado, eh? ¿Qué mierdas te pasan por la cabeza? No, no me digas, de seguro son sandeces.-
- Nada.- Miró el televisor, un documental sobre el lavado del dinero. Se acomodó mejor y esperó a que el menor hiciese lo mismo.- No entiendo de qué les sirve gastar dinero en una mole sino la ocuparán.-
- Es simple, los ingresos por drogas o putadas así se hacen pasar por arriendos de departamentos.- Lovino tenía un cuenco en la mano con trozos de tomate y pinchó uno con el tenedor.- esos son los grandes. Los más pequeños no los necesitan.-
- ¿Y los medianos?- Le preguntó juguetón, girando el rostro hacia Vargas.
- A esos les sirve cualquier mierda… trucar donaciones, arrendar un par de departamentos…-
Lovino le dio en la boca un trozo de tomate al español.
- Te amo.-
Lovino se levantó.
- ¡Mierda, bastardo! Siempre arruinas los momentos. Mejor mantén callada esa mierda de boca que tienes.-
- Pero Loooooviiiiinooooo.-
Se paró mas el menor ya se alejaba.
Por supuesto que no fue una buena idea; fue una tontería. Por algo no lo recibió cuando volvió a casa. Por algo lo vetó.
- No seas malo, Lovino.-
Lo siguió.
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-Ve~ mmm… ¿te gusta, Lud?-
- Ja.-
- Mmm…- Feliciano se lamió la comisura de la boca. Al alemán la escena le pareció atrayente.- ¿Quieres más?-
- Sí, por favor.-
- Espera aquí mientras voy por más gelato.-
El castaño se levantó y desapareció un momento. Ludwig echó su cabeza hacia atrás y suspiró, quitándose los lentes. Sobre la mesa estaban sus apuntes y muchos, muchos ejercicios.
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Natasha se paseaba por el comedor y miraba de reojo a Gilbert. No le gustaba la cercanía que tenía con su hermano, físicamente hablando. La ponía nerviosa.
- Yo quiero hacerme uno aquí.- Decía Ekaterine señalándose la parte superior de pecho con un ligero sonrojo.
- Cuando quieras, preciosa.- Le respondió el albino.
Iván lo miraba con la mano apoyando su mentón. Cuando el diálogo cambió de tema, se enderezó y apoyó cuidadosamente ambos antebrazos sobre la mesa.
La menor de los presentes se sentó con una taza con brebaje caliente junto a los demás y se unió a la conversación.
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Matthew conectó el computador al parlante que Antonio llevó a clases.
- Chicos, atención, Matthew cantará una de mis canciones preferidas, una de las más hermosas, románticas y sensibles que he oído en mi vida, aunque he oído bastantes, como la vez en la que fui a un concierto de…-
- ¡Cierra la puta boca y deja al muchacho cantar, maledizione!-
Antonio miró a su novio de manera… curiosa. Torciendo un poco la boca.
-Por favor- retomó como si nada- recibamos con un aplauso a este chico que me alegrará el alma con el tema "Un beso y una flor" de Nino Bravo.-
Antonio empezó el aplauso con una radiante sonrisa, dándole el micrófono que tenía sobre la mesa al joven Kirkland. Matt frunció imperceptiblemente el ceño, confundido con las palabras del español… ¿dijo Nino Bravo? El portátil del amigo de su hermano decía "Los Mox".
El sonido de unos violines –probablemente eléctricos- dieron una introducción frenética y una batería se les unió inmediatamente. Matt, con un leve sonrojo, comenzó a cantar con un ligero acento anglosajón.
- Dejaré mi tierra por ti, dejaré mis campos y me iré lejos de aquí. Cruzaré llorando el jardín y con tus recuerdos partiré lejos de aquí.-
Por un segundo efímero, Matt tuvo un atisbo de comprensión, tanto del idioma como de su hermano. Más allá de su voz forzada a sonar más ronca y del miedo a que su lengua se trabara, una parte racionalmente sentimental unió cabos sueltos, miradas sentidas y roces eléctricos antes de esfumarse, siendo una luz. Recordó las palabras de Al. "Volveré pronto, Matt". Era como si…
- Al partir, un beso y una flor, un 'te quiero', una caricia y un adiós.-
Era como si lo pudiese comprender de pronto, como si el mismo Alfred estuviese cantando en su lugar. Como si la explicación a todas sus dudas estuvieran allí, diciéndole que existía un lugar en que no los juzgarían, un lugar donde no los conocerían y podrían estar juntos. Podía ver el Océano Atlántico y la explicación a la huida repentina de Alfred. La explicación que su hermano les diera en un principio, esa de conocer "el país de sus sueños", caía como una máscara pesada y le daba una esperanza que se le antojaba ridícula y difícil, pero deseada.
- Lo que nos es querido siempre queda.- Respiró profundo para continuar, moviendo levemente la cabeza en una versión simplificada de las sacudidas de Arthur. Ignorando todo y a todos.- Buscaré un lugar para ti, donde el cielo se une con el mar, lejos de aquí. Con mis manos y con tu amor lograré encontrar otra ilusión, lejos de aquí.-
Y una parte de ese atisbo era completamente suyo, convirtiendo sus sentimientos en los de su hermano, mezclándolos y escapando de sus dedos, derritiéndose y llegando hasta su corazón, fundiéndose en él.
Evitó ver a la gente a su alrededor, cada vez más rojo.
De pronto, quiso hablar con quien fuese y darle a conocer su realización.
Su comprensión.
El paso más importante, aquel que le daba seguridad. Que convertían a su hermano en una posibilidad. Su voz eran las disculpas de Alfred, su promesa de volver.
- Al partir, un beso y una flor, un 'te quiero' una caricia y un adiós.-
Antonio no sabía si reír o llorar ante lo que presenciaba; la destrucción de su canción favorita. Pero aún así se unió a los aplausos que comenzaron a estallar en la sala.
-Más allá del mar habrá un lugar donde el sol cada mañana brille más.-
Lamentó que ni Arthur ni Alfred estuvieran allí para acompañarlo en ese momento. Con la seguridad de que nunca volvería a albergar un sentimiento como aquel, terminó.
- Lo que nos es querido siempre queda.-
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- Básicamente fue eso, ¿me pasas mis lentes, por favor? Gracias, me recordó mucho a vosotros -¡para que veáis que os escucho tocar, eh!- aunque el tono era más suave que el vuestro, que sois unos verdaderos dolores de cabeza. He terminado con los oídos zumbando por culpa vuestra, ¿conoces algún modo de quitar el sonido de tus tímpanos?- Antonio levantó la mirada, Gilbert abrió la boca para contestar más Fernández volvió a la carga.- Dicen que masticar goma de mascar sirve, pero ni eso funciona, pero claro, hay que intentar los remedios caseros, como los que usaba mi abuela, tenía muchas hiervas en el jardín, aunque no creo que una hierva sirva para los zumbidos en los oídos.- Dejó la prueba que revisaba a un lado y empezó con otra.- ¡Mira esta letra, coño! ¿Cómo esperan que uno los corrija? Me pone de los cojones que se me acumulen documentos para estas fechas, ¿a ti no? Las cuentas de fin de mes, el arriendo, estas personas que se atrasan en pagarte, las boletas que debes hacer, las cartas de madres dolidas, ¡me pone de los nervios! Y encima estar corrigiendo pruebas de inglesitos que no saben ni escribir, aunque no diré que en España los chicos no escribieran mal, eso se da en todas partes, como los partidos de fútbol, mientras se sepa a quien apoyar todo bien, pero no voy a apoyar a los ingleses en algo así, prefiero a los españoles. Hablo del fútbol, no de la caligrafía, eso es esperable…-
- ¡Primero que nada cállate! ¡Segundo: no sé hablar castellano!-
- ¿Y a ti quién te está hablando en castellano?-
Gilbert abrió los ojos y levantó la mirada al techo, "Was, Got, was?"
- Ya es tarde, llevas una hora con esos papeles y ya van a cerrar.-
- ¿Una hora, dices? Tampoco es tan de noche, deben ser como las siete.-
- Son las nueve, Antonio.-
- ¡Santísima Virgen!- Antonio se levantó de golpe, juntando apresuradamente todos los papeles que estaban sobre la mesa.- ¡De seguro se me pasó la hora! No me di cuenta de cómo corrió el tiempo de tanto que nos divertimos. ¿Debo ayudarte con el amplificador, no, seguro que te lo puedes tú sólo?-
- Sí, sí, lo llevaré de vuelta al garaje.- Contestó al tiempo que Antonio se abrigaba apresurado y le abría la puerta.
- ¿Te voy a dejar? Tengo el auto aparcado a unas cuadras de aquí.-
- Iván vendrá a buscarme, sólo espera que lo llame.-
- Tú y ese ruso os estáis haciendo muy cercanos.-
- Castellano.-
- Disculpa, me pasa cuando estoy enojado… y cuando estoy triste. No, miento, cuando estoy triste me sale el catalán, que tampoco es tanta la di…- Beillschmidt no esperó a que Antonio terminara de cerrar la puerta con llave.
- Si me ayudas con el cable y el micrófono no me quejo.-
- No te librarás de un interrogatorio, Gilbert.-
- Was?-
- Sobre tu noviecito.- Gilbert se confundió.
- ¿El tuyo? No sé a qué cuento viene el imbécil de Vargas en esto. Diablos, te he dicho que no te metas con ese tipo.-
- Y yo te he dicho que es un buen chico. No entiendo la tirria que le tienes.- Antonio principió a caminar a largas zancadas.-
- No importa.- Gilbert rodó los ojos, sin decidirse ni en ese momento ni en ningún otro que viniese posteriormente a decirle la verdad sobre Lovino Vargas a su amigo. – Sólo ten cuidado… nah, olvídalo.
Después de todo, Lovino era más de palabras que de actos, ¿no le había dicho eso mismo a Eli?
Elizabeta, Ludwig.
Incluso Roderich.
Gilbert se distrajo con el cuidado que tuvo al bajar los escalones.
- ¡Dios mío!- Exclamó el español en cuanto viera el reloj que adornaba –si se pudiese llamar adornar- la pared de la placita interior. - ¡Quedé con Lovino hace media hora, lo había olvidado! Le dije que no se fuera sin mí. Como sea, adiós Gilbert, gracias y nos vemos pronto.-
El albino se quedó mirando la figura que corría hacia la salida tras dejar el precario equilibrio el micrófono sobre el amplificador. Dejó el parlante apoyado en una banca y sacó su celular.
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- ¡Heracles-san!-
- Dijiste que lo arreglara y lo hice.-
- ¡Entonces explíqueme porque hay más gatos!-
- Bueno, los pequeños necesitan quien los entrene y les legue sus costumbres gatunas y ellos son gatos adultos que no tienen…-
- ¡Eso no fue lo que le pedí!-
- ¿No?- Karpusi lucía contrariado. - ¿Entonces que querías decir con "arréglalo"?-
- Que se deshiciera de ellos.-
- No puedo hacer eso, Kiku.- Dijo el castaño, recogiendo a un gato del suelo y atrayéndolo hacia sí. Estaban en el vestíbulo, rodeados de gatos. Unos estaban recostados sobre el sofá, otros se escondían detrás de los maceteros y los menores jugaban con las cortinas.- Eso es crueldad, no los podemos dejar en la calle así como así.-
- Yo no le dije que los dejara en la calle, sólo que se deshiciera de ellos, que los regalara.-
- ¿A desconocidos que después los abandonarán de nuevo?- El gato se torció para bajarse de los brazos del mayor hasta conseguirlo. - ¿A gente cuyas costumbres y valores desconozco?- Heracles se acercó un paso más a Kiku, haciendo visible la diferencia de estaturas.- ¿Para que después los acuchillen por diversión o los arrojen al río y hagan apuestas de cual de ellos llega hasta la orilla? Te creí diferente Kiku.-
Karpusi no quiso escuchar las explicaciones y los sonidos de impaciencia del asiático y cogió su chaqueta. Se aseguró de llevar dinero y abrió la puerta.
- Espero que cuando vuelva muestres un poco más de respeto por la vida, Kiku.-
Honda se quedó solo. Solo y rodeado de gatos.
Fue hasta el sofá y les hizo una seña para que se apartaran. Lentamente le obedecieron, permitiéndole sentarse.
- ¿A qué se debe esa obsesión con los gatos que tiene?- Se preguntó.
Un gatito tanteó sobre sus manos y lo acarició con delicadeza.
- ¿A qué se deberá?
+'+'+'+'+
Contra su costumbre de aparecer en las mañanas, Martín se paró frente a la ventana de Manuel con no precisamente mate en el cuerpo.
- MIRÁ HIJO DE LA REVERENDA PUTA MADRE, SOS UN BOLUDO IMBÉCIL, CONCHUDO, ¿PENSÁS QUE SOS EL ÚNICO? APRENDÉ MANUEL, ¿POR QUÉ NO MEJOR ME CHUPÁS BIEN LA PELOTA IZQUIERDA MIENTRAS ME COJO A UNA DE ESAS PUTAS, EH? ¡PORQUE SOS UNA PUTA, PENDEJO! ABRIME LA PUERTA Y DA LA CARA COMO EL CARADURA QUE SOS, HIJO DE PUTA. ¡¿TE ESTAS COJIENDO AL INGLESITO PAJERO ESE? PELOTUDO, VOS EMPEZASTE, VOS TERMINALA, PEDAZO DE FORRO.
Arthur se asomó a la ventana y se apoyó en ella con una sonrisa, Si bien no entendía nada, ver al pretendiente de su amigo con la cara roja de la rabia y tambaleándose en el umbral era un espectáculo digno de verse. Tampoco se perdía de mucho puesto que el discurso argentino no vestía de mucha lógica. Soltó una risotada que al latino no le pareció amigable.
- ¿Y A TI QUE TE PARECE TAN GRACIOSO, ENFERMO MALPARIDO? PARA QUE LO SEPAS, YO LO VI PRIMERO Y SU CULO ME PERTENECE POR DERECHO. LA PUTA QUE TE PARIO, PIRATA IMPERIALISTA DE MIERDA.-
Arthur lo escuchó gritar un poco más, de muy buen humor por primera vez en mucho tiempo. Se sentía feliz y de algún modo realizado, ¿podía su día mejorar más? Dejando de lado la perdida de su cola verde, todo lo demás había resultado perfecto. Cuando el argentino se detuvo para tomar aire, tuvo la osadía de cometer un acto de altruismo y le respondió en inglés.
- Manuel no está, si lo buscas. Fue a su casa y vuelve en unos días. ¿No te parece más de caballeros el tocar a la puerta en lugar de despertarnos todos los días con tus melódicas y desagradables canciones?-
Martín no respondió, se limito a mirar desafiante al inglés.-
- Espera, bajo y te abro la puerta. Hace un frío de mierda.-
Martín no pudo creer que realmente le estuviera abriendo la puerta y que lo invitara a pasar.
Pero ciertamente, el ambiente estaba más cálido dentro.
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Matthew, como un niño travieso y tímido, dio la opción de copiar con el puntero y esperó a que los archivos de texto escrito se traspasaran desde el portátil hasta su pendrive. ¿Quién podía culparlo? No todos los días se tiene la oportunidad de conocer un idioma desde sus hablantes nativos. Tampoco pensaba utilizar para otros fines ese material.
Unos días después, pocas horas antes de que llegara Alfred, Arthur fue a buscar el computador que le robaron temporalmente a su amigo. Matthew no mencionó nada sobre los poemas y microcuentos allí escritos y que ahora tenían un respaldo en su propio computador.
+'+'+'+'+
- ¿Aló? Ah, Francis, ¿y este número? ¿Del chico ése de la semana pasada?-
- Oye, no me gastes el saldo, idiota.-
Francis ignoró fácilmente al rubio enredado entre sus sábanas, quien con un bufido se enrolló otro poco con la tela, para luego arrojarle lo primero que encontró a su alcance –una billetera- y darle la espalda.
- Sí, está de visita otra vez y tuve el antojo –resaltó el sustantivo- de preguntarte como sigue tu celoso compañero.-
- Allí, refunfuñando en la cocina.- Fernández atisbó por la puerta de su habitación antes de seguir.- Llamas en un mal momento. Lovino se la ha pasado de mal humor desde que quedé con ustedes y le cancelé. Me tiene restringido el teléfono, así que, si llamaste para decirme algo, hazlo ya.-
- Quería invitarte a comer.- Francis hizo un puchero que si bien Fernández no podía ver, Kirkland no desestimó. –Me siento un poco solo…-
Arthur le pegó una patada amortiguada por el cubrecama con el talón y se dio la vuelta para mirarlo de mala manera.
- Creo que estará bien, si a Lovi no le molesta.-
- ¿"Si a Lovi no le molesta"? Antonio, ese chico te está controlando demasiado.-
- No sé que hice, sólo hay que esperar a que se le quite. ¿Te parece el próximo domingo? Imagino que para entonces ya me habrá perdonado.-
- Perfecto, llamaré a Gilbert y le avisaré del cambio. Au revoir.-
- Adiós.-
Antonio miró el celular y se dirigió inmediatamente a borrar el historial de llamadas.
- ¿Y tú a donde pretendes ir el domingo? ¿Con quién hablabas?-
Antonio se sobresaltó y miró hacia atrás, sabiendo con lo que se encontraría.
- Con Francis… pensaba quedar con él y un amigo que no conoces para comer.-
- ¿Un amigo que no conozco? ¿Otro puto ex novio tuyo?-
- No.-
- No irás a ningún lado, Fernández.- Lovino se le acercó y lo cogió posesivamente de la cintura.-
- Vale, ya entiendo, quieres un abrazo.- Antonio lo apretó contra su pecho y lo movió un poco de un lado a otro. –Yo también te he extrañado, amor.-
Lovino aflojó el ceño pronto, incapaz de seguir enojado.
- ¿Salgamos a dar una vuelta, cielo?-
- Che palle, está bien.-
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- No entiendo como te puede ir tan bien con tus novias si buscas compañía para más tarde aún estando con ellas.-
- Es un amigo. Si quisiera quedar con alguien elegiría a una de las bellezas que tengo en mi agenda.- Se recostó sobre Arthur, arrojando el celular en algún lugar sobre la cama. – A diferencia tuya, yo si tengo vida social.-
- ¿Y qué sabes tú? Yo también tengo conquistas por allí.
- ¿Te has acostado con alguien más aparte de mí esta última semana?-
- Por supuesto que sí.- Mintió. -¿No sé nota?-
- Debo reconocer que estás mucho más calmado y de mejor humor que de costumbre.- Aceptó el francés mientras empezaba a masajear la espalda y el cuello del inglés, quien ronroneo de felicidad por el buen resultado de su falacia y por la caricia.
- ¿Te duele?- Le preguntó Francis.- Cuando te la meten.-
- No seas ridículo, a mí no me la mete nadie, ¿no te ha quedado claro?-
Francis continuó haciendo círculos.
- ¿Y a ti?- Se atrevió a devolver la pregunta pocos segundos después.-
- Un poco.- Reconoció Francis, deteniéndose y dejándose caer a su lado. Arthur se arrastró unos centímetros para quedar sobre el abdomen del mayor.
- Si esto se convertirá en una costumbre, habrán reglas.- Empezó el de ojos azules. – Primero, nada de celos.-
- Segundo, yo seré siempre quien elija.-
- Segundo- lo corrigió Francis con una mirada de advertencia- no soy tu esclavo sexual, ese papel te queda mejor a ti. No me molesta que seas tú quien elija, mientras me dejes hacerlo cuando quiera.-
- Sin problemas.- Aceptó Arthur.- Tercero: quiero comida y donde dormir cuando venga.-
- Si vienes cuando te llame, lo tendrás.-
- ¿Hablas de cuando no te den la pasada?-
- Sí.-
- Ser un segundo plato… no me molesta viniendo de ti. ¿Por qué no me sorprende?- Arthur fingió estar dubitativo y agregó.- ¿Y te tendré a ti cada vez que te llame?-
-No, yo soy el dueño de casa. Tú vienes cuando te llame y cuando quieras, pero si estoy ocupado te quedas con las ganas.-
- Está bien. Tampoco te necesito tanto.- Remarcó el británico.- Como ya dije, la gente hace fila por pasarme su culo.-
Francis selló ese pacto de no amor con un beso liviano de sentimientos.
Partiendo por esa pequeña mentira, iniciaron las demás.
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Cosillas:
¡Al fin llegué al FrUK! Me siento realizada, aunque este capi no es ni la sombra de los anteriores (?)
¿Les encajó la música con la escena de Matt cantando? ¿Si, no?
Stieg Larsson es el autor de la trilogía Millenium: su personaje femenino tiene una pinta muy... poco ortodoxa, pero la lleva igual n.n
Lo que dice Martín es algo así como que está muy molesto y dice casi puros garabatos. Alguien me pidió su lado turro, ya veremos si sale jejeje.
A los españoles espero no haberles insultado con mi pésima comprensión de la política del siglo XX, sólo quería hacer ver que Papi Toño y Toño Junior tenían visiones diferentes y que al chico no le interesa seguir los pasos de sus antepasados.
Trivia idiota: el capítulo de Matthew, en un inicio, estaba planeado para durar hasta cuando Francis le corta el mechón a Arthur. ¿Se imaginan cuanto habría tardado en publicarlo si no lo hubiese cortado?
¡Y tenemos ganador! Es la señorita Miss Androgeny que tendrá su premio. Estoy escribiendo una serie de microdrabbles, así que dime el tema, pareja o personaje del que quieras que trate y te lo escribiré. A las demás, sigan participando, anímense. ¿Cómo se llamará el capítulo 13?
¿Reviews?
Próximo capítulo: Martín
